Capítulo doceavo: El salvajismo como forma de vida.

Habían pasado casi los seis meses, el mapa ya estaba dibujado completamente y el libro termino de catalogarse según los términos de peligrosidad. Haruka lo admitió lo último fue lo más difícil ya que estuvo a punto de morirse si no hubiese llegado antes a la cabaña. Su maestro la curo como obra de caridad y le explico que debía de hacer en esos momentos si una de esas serpientes la volvía a morder. Aunque ella estaba pensando nunca más encontrarse nuevamente con ese tipo de criatura, se iba a mantener lejos muy lejos de ellas. Se sentó lejos de la fogata, sabía que todavía no se había ganado ese respeto ante su maestro. Mientras estaba ahí se dedico a cambiar las vendas de sus brazos, le molestaba el color marón por la tierra del camino.

-Tate?- pregunto Haruka mientras dirigía sus ojos a la silueta de su maestro que seguía bebiendo vino como si fuera agua-

-Que pasa Mocoso?- el hombre de cabellos rojos aparto la bebida tirándola a la fogata provocando que una gran llama resurgiera hasta el punto de casi quemar la barba del hombre- No me digas que ya quieres bajar los brazos

Tate sonrió cínicamente a la vez que levantaba un garrote para caminar con el hasta el cuerpo de su alumno que esta vez logró darse cuenta antes y salto a un costado antes de que el garrote terminará rompiendo el tronco en donde antes estaba sentada. Desde hace tres meses que ya había logrado escaparse antes de recibir los golpes, su aprendizaje la llevo a mejorar sus reflejos hasta el punto de moverse con tanta rapidez que ya su maestro le costaba asestarle el golpe. Por eso Tate la había salvado, curado y le había dado alimentos. Él le costaba admitirlo pero su alumno le caía simpático.

-Cómo había sido Philip?- desde hace días que se preguntaba sobre el cómo era esa persona que supuestamente era su padre-

Tate detuvo su golpe en el aire y dejo de usar el garrote descansando unos minutos ante la sorpresa de esa pregunta.

-Era el mejor adversario que uno podía tener- el pelirrojo sonrió recordando a ese sujeto- una vez peleamos durante tres días seguidos y cuando ya estábamos cansados nos miramos y aceptamos sin decirnos ni una palabra que era un empate, luego nos fuimos de fiesta y duro cinco días- el hombre empezó a reírse mientras sacaba de dentro de la camisa abierta una petaca con whiskies- JAJAJA debiste de verlo… Era un caballero mal hablado!

Haruka escuchaba con mucha atención pero no abandonaba su posición de defensa y el cuchillo que estaba en su mano derecha preparado para ser usado.

-Fue una maldita bruja la que se lo llevo- tomo un largo trago intentando aplacar sus lágrimas llenas de rencor- Una bruja que lo hizo vestirse como un bastardo erudito con esos trajes llenos de perfume asqueroso y esos modales aristo… no se cuanto- tiro la petaca hasta la cabeza de Haruka pero no le dio en el blanco ya que ella la movió con rapidez y solo logro mojarle con unas gotas de ese liquido- Todos sabíamos que esa mujer lo iba a enfermar… Y lo peor es que a ti también te enfermaran, mi pequeño salvaje- El hombre cayó de rodillas luego de esa confesión sin soltar el arma-

Haruka bajo el cuchillo y sin saberlo esas palabras vaticinaban su futuro. Su maestro le había confesado como un oráculo lo que iba a pasarle, sin embargo en estos momentos esas palabras no tenían peso sobre ella. Los ojos verdes miraron a su maestro y con rapidez lo ataco. Este se volvió a levantar del piso y se defendió y ataco sin tener piedad.

-Mocoso tus piernas, tienes que ser más rápido- Tate enseño a Haruka durante la pelea lo iba a aconsejando- Todavía veo tus movimientos

Y con un movimiento suave y usando la punta del garrote golpeo con menos violencia el estomago de su alumno.

-Todavía te hace falta más, tus movimientos son buenos sin embargo no estás usando la cabeza- le golpeo la cabeza con su torpe mano para luego acariciarle la misma sobre la zona del cabello notando que estaba largo y mucho mas rebelde, cosa que le agrado a la vista- Te has vuelto guapo, Mocoso… si decides no volverte un sailor puedes quedarte y serás un muy buen prospecto de guerrero, tendrás tantas mujeres como tus dedos-

Tate sonrió y le agarro la mano para levantarlo.

-Ve a entrenar… ya conoces todo el monte así que no vale la pena llevarte. Ve a tu campamento y planifica que es lo que debes de hacer en contra de un adversario más grande y fuerte.

Haruka sonrió ente las palabras de su maestro pero antes de irse lo miro por última vez, notando que abría una nueva botella de vino y se dedicaba a beberlo mientras sus ojos miraban la danza que hacían las llamas sobre la fogata.

-Eres parecido a Phill, tienes sus ojos y eso me da miedo mocoso- murmuró el pelirrojo- Es como ver a un muerto caminando y joven de nuevo.

Se puso una vieja chaqueta de piel de animal cazado por él y se dispuso a seguir bebiendo. Solo Phill sabia el porqué se ahogaba de alcohol, perder a toda tu familia en solo unos minutos hacia que todo hombre no quisiera mantenerse sobrio. Sus manos llenas de cicatrices acariciaron la botella de vidrio y sin desearlo lloró tapando su rostro, no debía permitir que nadie viera su debilidad y menos ese mocoso impertinente que tenía en sus ojos una gran esperanza. Su esperanza de vida. Tiro la botella casi llena y con gran detenimiento hizo que la fogata creciera con cada botella tapada. Las llamas se alimentaban con su única forma de escape del mundo.

-Maldito Phill, hasta en la muerte haces que vuelva al camino correcto-

Entro a la cabaña en donde estaban todos los recuerdos de su familia para encontrar sus utensilios para higienizar y la vieja navaja que con solo verla supo que no tenía filo. Cuando llevo hasta la fogata con una piedra para afilar se dedico a pasarla por la extensión de la misma a la navaja. No le importaba el tiempo que le llevara por eso busco hacerlo con intima perfección a esa labor.

-Es tiempo de despertar y ser un buen maestro… quedan sólo dos semanas y este mocoso va a necesitar quien le enseñe bien a como batallar con la espada.

Esa mujer de cabellos color plata miraba los papeles que debía de firmar, los analizaba y releía cada párrafo, no era porque eran complejos o muy importantes sino que su mente estaba en otro lado haciendo que su trabajo terminara siendo tedioso y repetitivo. Por cada lectura su mayordomo y cochero negaba con la cabeza ya que tanto tiempo estando al lado de la dama de Urano hacían que era uno de los pocos que la conocía con perfección.

-Solo debe de firmar si va o no asistir a la fiesta de Saturno por el bautismo de su hija- menciono Leonar repitiendo las pocas palabras que estaban en ese documento oficial-

La mujer firmo el documento con la pluma que ya casi no contenía tinta por el tiempo que se había quedado pensando.

-Dama, sus preocupaciones son por el joven Haruka?- el hombre aparto el documento firmado del mostrador para guardarlo en un sobre y luego volvérselo a dar a su jefa para que lo cerrara con el sello de la casa de Urano- Usted sabe que ese niño es tan impertinente e indomable que va a ser capaz de sobrevivir, por lo que vi en el viaje ese niño tiene un gran talento y le corre un instinto que solo nosotros los de Urano poseemos

La mujer cuando escucho a Leonar decir con admiración de sus dotes heredadas, sonrió con delicadeza para no ofender a su amigo y protector.

-Sólo pensaba que es hora de preparar el viaje y no sé si este cuerpo cansado y viejo llegara a destino…

Y antes de objetar se vieron interrumpidos por una hermosa mucama que golpeo la puerta y entró al despacho cuando escuchó el permiso concedido por su jefa

-Ama, hay una persona que desea tener reunión con usted, sin permiso con posterioridad- la sirvienta bajo la cabeza y camino con sumo cuidado hasta estar cerca de la dama de Urano para colocarle entre sus manos un sello que reconoció de inmediato -

La anciana sonrió con amabilidad y agradeció a su mucama, dándole ordenes de hacerla pasar y llevarla a la biblioteca además de encargarle que prepare el té para ella y su invitado. A los pocos minutos ella estaba esperando a su invitado en la biblioteca descansando su cuerpo en una de las sillas cómodas y con un gran respaldar. Su bastón regalo de su hijo terminó descansando a su lado. Sus manos llenas de arrugas jugaron con el sello, sonriendo ante la hermosura de este, un color aquamarino y brilloso.

-Dama de Urano?- su visitante hablo-

La voz melodiosa y llena de delicadeza hizo que la mirara y le dirigiera con un ademan para que se siente frente suyo, en la silla que estaba vacía.

-Sayuki, estamos entre conocidas o no una de las pocas alumnas que salieron con grandes notas.

-Sí maestra Sayuki, se que estamos entre conocidas y lejos de la vista de todos, sin embargo la etiqueta dice que debo de llamarla Dama.

La anciana sonrió con picardía haciendo que sus arrugas se borraran y pareciera aun más joven.

-Entonces podríamos decir que entre Damas no debería de haber etiqueta…- comento con sagacidad- o No Dama de Neptuno, Felicity?

Felicity se acomodo su cabellera, tan igual como lo hacía su marido pero con mucha más femineidad. Se sentó con gracia de bailarina y acepto el té que le era servido de las mismas manos de la legendaria Dama.

-Lamento lo de su hija- comento restándole importancia- debe de ser difícil para ella.

La mujer más joven tomó un sorbo del té disfrutando el sabor en un principio y luego sintió el exquisito aroma.

-Es hija de Caspian- respondió sin inmutarse a la vez que acariciaba con suavidad la taza estudiando el dibujo en la porcelana- Por eso estoy hoy aquí, el está con ella y yo viaje porque están por pasar los seis meses y usted prometió que el joven Haruka regresaría bajo la tutela compartida de nuestras casas.

Sayuki disfruto el té antes de contestar. Siempre supo que debía de comportarse de cierta forma bajo una estricta forma que no era el ideal de ella. Cuando falleció su hermano ella se hizo cargo de llevar el titulo de líder, al principio muchos se negaron pero demostró que era una guerrera con un poderío irrefrenable y un ímpetu que invadía los corazones de todos. La guerra entre su casa y los de la casa del fuego fue imperiosa, los sobrevivientes recordaban el cómo su hermosa líder se enfrentaba contra los salvajes de cabellera roja. Sin embargo aunque la guerra estaba de su lado, las fuerzas de la luna llegaron a su territorio, para en un principio lograr la paz aunque también tenían órdenes del rey de que si no aceptaban ese trato las fuerzas de Urano iban a terminar de doblegarse en contra de ellos. Dos pueblos muy parecidos pero que estaban en continua guerra, si quizás era una guerra sin precedentes, dos castas, dos hermanos que se enfrentaron y la razón murió con ellos, pero el odio continúo entre sus hijos. Sayuki fue la primera en romper esa locura. Firmo un tratado entre los hermanos del fuego y ganó entre ellos aceptación. El Rey de la Luna vio en ella la líder que necesitaba el planeta de los soberbios guerreros de Urano. Ella acepto el ofrecimiento y se volvió Sailor y guerrera, ella siempre supo que tarde o temprano debían de someterse a las leyes del imperio de la luna y doblegarse a sus reglas. Los planetas que rodeaban Urano ya habían firmado el pacto, solo quedaban ellos.

Sayuki a la edad de 17 años se hizo cargo de aceptar y aprender las reglas de etiqueta, aunque siempre dentro suyo quiso negarse ante esos conocimientos. Sin embargo era imposible pelear contra ellos, la salvaje líder se domestico y se volvió en madre, luego quiso ser abuela pero se le fue negado. Y ahora mismo sentada frente a la casta de Neptuno escondía su salvajismo detrás de una máscara de sobriedad y tranquilidad digno de la aristocracia.

-Tienes razón, ya ha pasado el tiempo estipulado y ni me he dado cuenta- respondió con una mentira a la vez que seguía tomando su té- sin embargo tengo muchas responsabilidades para buscar a ese niño-

La Dama miró a Felicity como si le rogara que continuara con la idea que ya estaba organizando.

-Entonces si me lo permites, Sayuki, ire yo a buscarlo- Felicity se ofreció sin darse cuenta que había caído en la trampa de la anciana-

Sayuki sonrió amablemente ocultando sus intensiones, que mejor forma de saber que Tate hizo bien su trabajo que llevando a la Dama con mejores modales a la escena primordial del acto de salvajismo.

-Eres tan amable como siempre, Hija- agarro su mano y le dio el sello y un mapa con una carta para que usara a penas llegara al territorio de los hijos del fuego o del volcán

En el planeta Neptuno mucho antes de que esta conversación se diera entre ambas mujeres, algo sucedió que marco un conflicto entre los miembros del reino y sus nobles. Michiru había hecho algo malo lo cual iba perjudicarle toda su vida. Sin embargo la sangre que se hereda no hay forma de negarla, sus ojos azules eran especiales y lo cual la llevo a adquirir desde ese momento entre sus ex amigos y amigas del palacio de Neptuno la mote de Hechicera. No supo el porque en un principio sólo estaba mirando a un niño que era muy parecido a un príncipe de cuentos de hadas, no fue su culpa que cuando sus ojos se cruzaron y se miraron el haya hecho esa locura, como decía su Padre luego de explicarle.

Caspian estaba anonadado desde hace generaciones que no se veía este caso. Sí los genes de la hechicera maldita estaban entre sus ancestros, y ahora mismo su hija estaba siendo apartada por todos.

-Papá porque nadie me quiere ver?-

El guerrero de Neptuno sonrió a su pequeña princesa y la abrazo con fuerza.

-Ya aparecerá quien rompa esa maldición mi vida- sonrió para aminorar la carga de su hija mientras rezaba al dios del Mar que su hija conociera alguien que fuera capaz de mirarla sin atreverse a cometer locuras…

Michiru sabría mucho después que el niño que parecía un príncipe azul de los cuentos de hadas estaba internado en coma por haberse tirado al mar… según lo que todos decían por culpa del hechizo de la Sirena.