Capítulo 2. El encuentro

Al salir mire hacia todos partes buscando a Heiner, pero solo alcance a mirar a un chico unos centímetros más alto que yo, bastante más delgado incluso que Heiner, llevaba el pelo negro largo recogido en una coleta, no sé qué tenía pero no podía para de mirarle hasta que alguien me toco el hombro haciendo que pegara un brinco por el susto

-Tranquilo solo soy yo – miré a Heiner con una sonrisa burlona dibujada en su rostro, trate de hacerme al que no había pasado nada.

-Bien que debo hacer –le mire, apartando la mirada del otro chico.

-Bien, sígueme – me guio por entre las mesas mientras hablaba, yo estaba un poco nervioso y no lograba captar todo lo que me decía- primero cuando un cliente entra Evelyn lo recibe y le asigna mesa –me paso un menú- este es el menú, apenas los clientes tomen asiento tú debes entregarles los menús y preguntar si desean algo para beber en lo que deciden que pedir.

Me entrego una libretita- debes anotar todo con cuidado y de forma ordenada en la libreta, cuando pidan comida pasa la orden a la cocina, cuando pidan un trago ve a la barra y pídeselo a Natascha, al menos por ahora, con el tiempo cuando aprendas a prepararlos, lo aras tu solo, ven –caminamos por un pasillo hasta la cocina, cruzando junto al chico de la coleta quien se giró en ese momento y me sonrío, quede embobado con esa sonrisa y aun no sé porque.

-Esta es la cocina, hey todo mundo este es Tom y desde hoy laborara con nosotros- uno a uno comenzaron a decirme que era bienvenido y cosas así. –bien, bien todos a lo suyo – murmuro Heiner después de un rato- bien vamos a fuera te presento a Bill.

Caminamos fuera de la cocina y entonces Heiner llamo al chico de la coleta, así que ese era el mentado Bill- Bill él es Tom. Tom él es Bill- me estiro la mano para saludarme con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Le tome la mano y en ese momento sentí como una descarga eléctrica que me recorrió el cuerpo y me puso lo vellos de punta, y creo que el igual lo sintió porque su sonrisa se borró un instante antes de soltarme la mano

-Un gusto conocerte Tom –dijo educadamente.

-Un gusto – sonreí levemente y luego se hiso un silencio incómodo.

-mmm no se quien está más guapo de los dos –voltee buscando la fuente de esa voz y me encontré con una hermosa rubia de ojos verdes, delgada y con unas curvas que volverían loco a cualquiera, la clase de chica que cualquier hombre quisiera, sin embargo a mí en realidad no me llamo mucho la atención, sonreía melosamente mientras estiraba la mano para presentarse.

- Soy Natascha, y me ocupo de la caja, un placer conocerte – le estreche la mano y le sonreí levemente.

-Si muy bien Nat, pero tenemos que trabajar vengan chicos que hay gente a la cual atender – nos miró Heiner, haciendo un ademan para que le siguiéramos.

El resto de la mañana paso muy rápido, entre un ir y venir, conocí a Nils y a Bjôrn que también trabajaban como meseros, fueron muy amables y a las 12:00 que Heiner salió a comer nos dividieron a Bill y a mí, yo estaba con Bjôrn y Bill con Nils, lo cual fue bueno porque el tenerle cerca me ponía un poco nervioso por alguna extraña razón que aún no alcanzaba a entender, y si a eso le sumamos el acoso de Nat hacía cualquiera de nosotros dos, realmente no era muy divertido el asunto. A las 2:00 nos dejaron salir a comer, como la posada donde me hospedaba no me quedaba muy lejos decidí comprar algo de camino he ir a dormir una siesta ya que me sentía un poco cansado.

La tarde paso casi volando, y más debido a que el segundo turno me quede apoyando a Nils, quien me resulto un chico divertido, al terminar el turno me estaba invitando para ir a un club, pero la verdad con lo poco acostumbrado al trabajo extenuando, apenas y podía con mi alma, por lo que decidí declinar la oferta.

Por Bill.

Después del pleito con mis padres por dejar la universidad para dedicarme a cantar, me sentí tan molesto y humillado que la única salida que encontré fue marcharme de casa para poder ir detrás de mi sueño. Acabando en Frankfurt a varios kilómetros de casa, solo y con poco dinero, viéndome obligado a trabajar como mesero en un restaurante, pero estoy decidido a cumplir mis sueños y demostrarles a mis padres que este no es un simple capricho.

Hoy es mi primer día de trabajo, llegue muy temprano y me cambie como me indico Heiner ayer, cuando me daba las primeras instrucciones, pero oficialmente este es mi primer día.

-Buenos días Bill, que bueno que eres puntual, al jefe no le gusta mucho que nos retrasemos – comento Heiner- hay que apurarnos porque si nos hacen falta manos, de hecho según tengo entendido hoy entra un nuevo chico.

-Bien, tu dime que hacer y cómo y yo lo hago- le sonreí, si bien no era el mejor empleo, pero me gustaba hacer las cosas bien, eso era algo que mamá solía decirme todos los días "Bill cariño si vas a hacer algo, hazlo bien, de lo contrario ni lo intentes, porque será muy vergonzoso el resultado", suspire y me prepare para iniciar el día laboral.

Heiner me enseño desde como tomar una orden hasta como servir al cliente, la verdad es algo complicado y yo siempre he tenido la agilidad de una foca. A las 09:00 de la mañana llego un chico, se ve algo gracioso con el cabello atado en diminutas trenzas ocultas bajo esa pañoleta y con esos pantalones y camisas que le quedan extremadamente anchas, pero lo más gracioso es su cara de "no de que mierda hago aquí", me da algo de pena, de alguna manera creo que le jode más que a mí el hecho de trabajar en este sitio.

El jefe llamo a Heiner a su oficina, mientras tanto me dejo en la barra con Natascha, creo que esta chica está un poco alucinada con migo, y eso me pone un poco nervioso, no es que tenga miedo a las mujeres o no me guste tenerlas cerca, pero en Hamburgo, son un poco más, como decirlo, pasivas, dios esta mujer es tan directa y nada cohibida, a mí siempre me ha gustado ser el de la iniciativa en las relaciones, creo que con Nat eso tenemos en común, nos gusta tener el control.

Estaba sumido en mis pensamientos cuando sentí como se clavaba en mí, una mirada penetrante he insistente, que provoco que voltee y ahí estaba el chico de las trenzas mirándome como si fuera un bicho raro, será que tengo algo extraño?, solo atine a sonreírle antes de que Heiner lo lleve para darle indicaciones y mostrarle el lugar.

-Es muy apuesto verdad?- me pregunto Nat, sacándome de mi ensimismamiento.

-No lo sé, no es mi tipo- me encogí de hombros.

-Oh vamos, el que seas chico no implica que no puedas opinar de estos asuntos –me miro algo interesada, esperando mi respuesta.

Solté un largo suspiro y me dispuse a darle una respuesta- Si, tiene buena pinta, sobre todo ahora que lleva el uniforme, le hace resaltar los músculos del pecho y brazos.

Después de un buen rato salieron de la cocina y por fin nos presentaron, fue algo extraño, he incluso me atrevería a decir que fue excitante, sobre todo al momento en el que nos dimos las manos, fue como si hubiéramos hecho click, ¿pero cómo? si él es hombre y yo también y realmente no me imagino siendo un marica y por supuesto que este tío no se dejaría someter, se le miraba a leguas, por cada poro de su piel rezumaba su virilidad.

De pronto me sorprendí yo mismo de mis pensamientos, por dios que ser pobre me estaba jodiendo la mente, al grado de pasar de que de ser un mujeriego, me estaban empezando a gustar los tíos, creo que estoy loco de remate, así que sacudí la cabeza he intente concentrarme en la tarea del día.

A la hora de la comida camine a un parque, y me senté a comer un sándwich que compre por el camino y me dispuse a escribir una nueva canción, por alguna extraña jugada en este momento me sentía tan inspirado que fácilmente podría escribir muchas canciones y no se acabaría, definitivo ese chico estaba transformando mi mundo y él ni siquiera lo sabía, lo peor es que no sabía ni siquiera por qué.

Por la tarde el segundo turno paso volando y por fin en la noche me fui más que muerto a la pequeña posada donde me estaba quedando, pasando antes a comprar algo para la cena, apenas estuve en mi cuarto, tome una ducha y caí en la cama, sin despertar hasta el siguiente día.

Estaba en un enorme escenario, había mucha gente que gritaba eufórica, y coreaba cada una de mis interpretaciones, yo lucia muy seguro feliz con el look irreverente de siempre, mi cabello negro alborotado y suelto como me gusta, vestido con pantalones de cuero negros ajustados a mi cuerpo, camisa negra con diseños extraños, pero hermosos y mis botas, las mejores que alguna vez hubiera deseado, pero lo más impactante era que él estaba detrás de mí tocando una guitarra eléctrica, llevando mi ritmo, con cada acorde, como si fuéramos uno solo, almas gemelas, ¿gemelas?, si como almas gemelas destinadas para estar unidas, pese a todo, sin importar nada.

Todo era maravilloso, hasta que ese horrible sonido bip, bip, bip, bip, bip, me saco de golpe de mi sueño, con un gruñido tome el despertador y lo apague, no tenía ganas de levantarme, pero de súbito lo recordé, su rostro, su cuerpo y surgieron unas incontenibles ganas de verle, de oírle, de tenerle cerca, aunque él me ignorase e incluso he llegado a sentir que le causo algo de repulsión.

-Buenos días - me lo tope en los vestidores, estaba en bóxer y no pude evitar sonrojarme al ver su cuerpo prácticamente desnudo, expuesto a mi escrutinio, el levanto la vista me miro y soltó un seco.

-Ha hola- se puso los pantalones, metió la camisa debajo de ellos y se colocó los zapatos en tiempo record, era como si mi sola presencia no le agradara, lo sentía en sus muecas, sus movimientos y eso, de cierto modo me hiso sentir incómodo. Salió lo más rápido que pudo, sin mirarme mientras yo me cambiaba. Al terminar, salí para enfrentarme al segundo día de trabajo.

-Hola Bill- me Salud ó Nat.

-Hola Nat.

-Hoy no vendrá Heiner, por lo que ustedes dos –señalando a Tom y a mí- se harán cargo de sus mesas, puede apoyarse de Nils y Bjôrn- en respuesta Tom bufo y se adentró al espacio de las mesas dispuesto a hacer su trabajo y de paso a ignorarme, por dios ¿qué le había hecho para que me detestara de ese modo?

La mañana pasó muy rápida y a la hora del almuerzo me arme de valor y me decidí a hablarle.

-Tom- él se giró y me miro con cara de aburrimiento.

-¿Qué?

-Solo quería saber si he hecho algo que te ofendiera, ya que ….. te veo algo tenso cuando estoy cerca de ti

-Simplemente no me gustas – me miro con el ceño fruncido.

-Ni siquiera me conoces, ¿Cómo puedes detestarme?- le dije algo furioso, como podía juzgarme sin conocerme- no sabes nada de mí

-Mira niño no estoy de humor para juegos, la verdad solo quiero irme a descansar un poco- Salió dejándome solo en los vestidores.

Después de ese encuentro el ya no se mostraba tan distante, pero no me permitía estar muy cerca, y en mí se instaló una necesidad por tenerle cerca y no sabía él porque, aunque tampoco es que me importara mucho un porque en ese momento.

Pasaron 3 días, en los cuales ya había aprendido bien el trabajo, y me llevaba bastante bien con mis compañeros de trabajo, incluso Tom y yo, con quien ya había tenido algunas breves charlas de cosas sin superficiales, hasta que una noche nos reuniríamos Heiner, Nils Bjôrn, Tom y yo para ir a un club por lo que apenas llegue a la posada me di un buen baño, me peine con bastante laca para alborotar mi pelo, busque mi mejor ropa y las botas que había comprado hacía unas dos semanas, cuando aún vivía con mis padres, un poco de maquillaje, pinte mis ojos de negro como siempre, baya me veía genial.

Cuando llegue al punto de encuentro solo había llegado Nils.

-¿Bill?, en serio eres tu – se quedó mirándome como si no se creyera que ese era yo – pero si pareces toda una estrella de Rock

-Jajajajajaja eso decían mis amigos.

-Hola Nils, no sabía que invitarías a alguien más –me voltio a ver Bjôrn y se quedó con la boca abierta – ¿Bill?

-Jajajajajaja si yo igual me sorprendí cuando lo vi, el cabron parece toda una estrella de Rock

-Hola – nos saludó Heiner quien llego junto con Tom.

Ahora sí que estamos completos, bien vamos que la noche apenas comienza –dijo eufóricamente Nils. Caminamos hasta el club, una vez dentro bebimos unos tragos, reímos y de verdad en mucho tiempo me sentí feliz.

Al cabo de unas horas decidimos que era hora de irnos, y descubrimos que tanto Tom como yo nos estábamos hospedando en la misma posada.

-¿Cómo es que nunca nos hemos topado?

-No tengo ni la menor idea Tom, pero llevo estando en esa posada un poco más de una semana y ¿tu?.

-Yo apenas llegue hace 5 días y desde entonces estoy ahí, pero creo que ya es tiempo de buscar un departamento.

-Si eso de vivir en una posada no es muy barato – entonces encontré la excusa perfecta para estar juntos- y ¿si rentamos un departamento entre los dos?, así dividiríamos los gastos y el dinero nos rendiría mejor.

Si usted mira fijamente algo por un momento indeciso - Bueno, creo que tienes razón al n.

-Empezamos a buscar uno desde mañana.

-Sí, mientras más rápido mejor, eso de pagar un cuarto no es muy redituable - Sin darnos cuenta ya habíamos llegado a la posada y ambos nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones. Esa noche prácticamente no pude dormir pensando en que pronto compartiría un apartamento con él.

Así pasaron tres días más hasta que dimos con un apartamento a unas cinco calles del trabajo, era genial ya que tenía dos habitaciones, estaba amueblado y no era muy caro, justo lo que necesitábamos, así que nos mudamos de inmediato.