Capítulo 2: El creído, el vago, el odiado y la envidiosa

Cuando el efecto del destello desapareció, Nathan se adentró en la habitación para ver con mayor certeza el objeto que levitaba en medio de la sala. Parecía un cristal.

La sala era inmensa. A la derecha de el Mago había una gran cantidad de óleos de gran calidad colgados de una pared de color beige, algunos de ellos eran retratos de Amanda, también habían varias sillas y una mesa de madera talladas a la perfección y, lo que mas llamó la atención de Nathan, un arpa pequeña dorada. En frente había una gran cristalera que comunicaba con un balcón por el cual podía verse todo Sacral y las afueras del reino. Y, finalmente, a su izquierda había una alfombra con motivos abstractos, una enorme cama con un palio sujeto a ella y 4 personas.

Amanda entró justo después que él y miró al grupo de personas enfurecida.

-¡¿Quién demonios ha quitado el cristal de mi cetro?!

Todos se giraron hacía ella

-Ha sido el vil Edgar, mi Lady –Dijo una de ellas- Lo intenté detener pero si me hubiese enfrentado a el habría significado degradarme a su nivel.

Otra persona del grupo se volteó hacia la que habló y, molesta por el comentario, se acercó a él.

-¡Cónrad, lo que tienes de chivato y de mentiroso lo tienes de gilipollas! –Dijo Edgar.-

Las otras dos personas empezaron a reírse a carcajadas. Mientras, Nathan ignoró aquella patética situación, pues su atención estaba puesta en el cristal.

Amanda se llevó una mano a la cara, disgustada por el comportamiento infantil de los chicos del grupo.

-Chicos –Dijo Amanda con un tono seco y cortante.- Este de aquí es Nathan, el Mago Negro del que habla la profecía.

Cuando el grupo escuchó "Mago Negro", miraron todos a Nathan. Cónrad lo miró con odio, Edgar con una sonrisa en su rostro, le parecía divertido ver a Nathan. Un joven del grupo lo miró con desgana, parecía que le diese igual. Y la última persona del grupo, una chica, miró a Nathan con temor.

Al oir su nombre, Nathan se volteó hacía ellos e hizo una reverencia.

-Bueno, déjame que te presente a estas personas… -Amanda miró al grupo.- El joven aquel que viste de verde es Edgar.

-Kenway, Edgar Kenway –Añadió el ladrón.-

Edgar era un joven de 22 años, ladrón, de 1,88 m, cabello corto y rubio, ojos grises, atlético y vestía una camisa verde, llena de rajas, que hacía juego con sus pantalones verdes y largos. Tenía un pañuelo verde atado a la cabeza.

-Ey Nathan, un placer –Dijo con un tono chulesco el ladrón-

-Encantado, por cierto, ¿Cuál es tu oficio?

-Ladrón

-¿Ladrón? Eso no es un oficio… legal…

-Tss –Edgar movió una mano en signo de negación- Yo no robo, yo tomo las cosas prestadas por tiempo indefinido

El Mago y el Ladrón rieron a la vez, parecía que iban a llevarse bien.

-Bueno, ya basta de tonterías –Al decir esto, ambos pararon de reir.- Ese de allí es Taz, nuestro Arquero

-Encantado Taz

-Ey

Nathan arqueó una ceja al ver las ganas que le echaba Taz al asunto

Taz era otro joven de 17 años, Arquero, de pelo castaño y alborotado, de 1,60 m de estatura, canijo y de ojos marrones. Vestía el traje ceremonial de los arqueros de Sacral y una capa roja.

-Aquella chica de ahí es Anna

-Hola Nathan… encantada de conocerte

-Lo mismo digo… (Esa chica tiene la voz mas grave y viril que yo…) –Pensó Nathan al oir las palabras de Anna.-

Anna era una atractiva chica de 24 años, guerrera, pelo marrón y largo, 1,80 m, de grandes pechos, atlética también y de ojos marrones. Sus prendas eran un sostén de bronce que dejaba ver casi todo su torso excepto los pechos, también portaba una falda de malla que le llegaba a las rodillas y unas botas de cuero. Tenía un aire a las famosas bárbaras y a pesar de su atrevido físico, su carácter viril echaba hacia atrás a los hombres.

-Y por último…

Sin que la Maga terminase la frase, Cónrad se presentó.

-Mi nombre es Cónrad, guerrero del 2º regimiento de honor de infantería de Sacral, condecorado con premios al valor y la valentía por ser el sold...

Nathan interrumpió al guerrero

-Que vale, encantado de conocerte –Dijo el Mago con un tono cortante. No le agradaba en absoluto la actitud del guerrero.-

Cónrad era un Guerrero de 25 años, de pelo gris, ojos grises, tez pálida, 1,90 m y de constitución fuerte. Vestía una armadura que cualquier persona podría reconocer, la armadura de uno de los legendarios Guerreros de la Luz.

Tras acabar la presentación, Amanda tomó en mano su bastón y encajó el cristal en la punta de este. Edgar se acercó a la joven Maga con la mirada puesta en Nathan.

-Amy, sería conveniente que le explicaras de que va a ir el royo este de la leyenda y eso al negrillo –Dijo Edgar con su típico tono chulesco.-

-Tienes razón –La chica se giró hacía Nathan y se sentó sobre una silla de madera que había en el centro de la sala.- Nathan, hace casi mil años, los 4 Guerreros de la Luz derrotaron al legendario demonio Caos…

-Si, esa leyenda me la se –Añadió Nathan.-

-…Pero antes de esa leyenda, se oculta una profecía mas antigua, la del Gran Oscuro.

El Mago Negro frunció el ceño, confuso.

-Pero… ¿El Gran Oscuro ese es Calgar?

-Teóricamente si… -Amanda tragó saliva para poder seguir hablando.- El caso es que… -Cerró los ojos y se tomó una pausa para recordar lo que decían los manuscritos de la profecía.- "…Después de la muerte del Gran Demonio, el ejercito del mal surgirá de las profundidades del abismo para acabar con los seres que habitan en este mundo, y solo un humano con sangre pura puede acabar con su líder, el Gran Oscuro…"

-Pero… ¿Y ahí que tiene que ver el tema de los Guardianes?

-He ahí a lo que quería llegar, en el manuscrito de la profecía habla de que el humano puro, al que llaman "La Luz" debe ser escoltado por unos guardianes que lo protegerán hasta el final de su viaje, y ahí es donde entras tu y el resto.

El silencio se hizo en la sala. Todos querían preguntarle una cosa a la joven, pero nadie lo hizo por temor a su reacción. Tras unos minutos que parecían eternos, Nathan se atrevió a decir lo que nadie quiso preguntar.

-¿Y por qué tu eres una humana pura y no… Taz, por poner un ejemplo?

Los otros guardianes miraron con osadía al Mago. Pero para sorpresa de Nathan, Amanda no se tomó a mal la pregunta, es más, rió.

-Porque el Cristal de la Luz me eligió… lo tengo desde que soy consciente y el cristal solo aparece ante los humanos puros, además… –La chica esbozó una sonrisa y le guiñó un ojo al Mago- …Soy la única Maga Blanca del reino, y la magia blanca solo la pueden dominar por completo los humanos mas puros.

-Aaaahh, vale vale…

La joven chocó sus manos al notar que estaba anocheciendo, y miró con una enorme sonrisa a todos. Parecía emocionada.

-¡Chicos, mañana es el gran dia, así que preparaos! –Dijo la maga con una sonrisa radiante en su rostro-

Nathan y el resto asintieron al unísono con un "¡Sí!", aunque ellos no estaban tan emocionados ni felices como ella, pues sabían que a partir del dia siguiente sus vidas cambiarían para siempre.

-¡Bueno, iros a vuestros aposentos! –Exclamó Amanda mientras empujaba a todos hacía la salida menos a Anna.- ¡Que este es mi cuarto y aquí solo podemos estar chicas!

-¡Tranquila Amy, no nos trates como…! –La maga cerró la puerta de su cuarto aprovechando que los 4 chicos estaban fuera.- …perros…

Nathan miró confuso al resto.

-¿Y dónde están nuestros aposentos? –Preguntó el Mago.-

-Allí –Respondió Taz mientras señalaba a su izquierda- al final del pasillo.

-Pues vamos, que necesito escribir cuanto antes una carta a Lucy –Añadió Edgar.-

Todos empezaron a caminar hacía el cuarto que tenían cada uno asignado.

-Edgar, ¿Quién es Lucy? –Preguntó el joven de tez oscura.-

-Mi novia –El tono con el que le respondió fue bastante seco.-

-Yo también tengo novia, se llama Stacy

-A nadie le importa que tengas novia, Taz, la tuya tiene 17 años, la mia 19… está mas buena

-Calla Edgar

Cónrad paró en seco mientras el resto seguía su camino.

-No os olvidéis de que cuando todo esto termine y Lady Amanda acabe con Calgar con mi ayuda… puede que se case conmigo –Dijo Cónrad con orgullo.-

Taz y edgar empezaron a reir a carcajadas, mientras que a Nathan le parecía de todo menos cómico.

-Tio Cónrad, te voy a decir una cosa –Edgar puso un brazo sobre el hombro del soberbio guerrero- Yo era Amanda y lo primero que hacía era castrarte para que no te acercases mas a mi

-¡Calumnias! –El guerrero apartó el brazo del ladrón de su hombro y, acto seguido, se fue a su cuarto- ¡Tu lo que tienes es envidia sobre la relación que tenemos Mi Lady y yo!

Tras esas palabras, el guerrero entró en su cuarto y lo cerró de un portazo. Taz y Edgar siguieron riéndose del guerrero.

-¿El y Amanda son… pareja? –Preguntó Nathan.-

-Que va –Dijo el arquero entre risas- ese lo que es es un desesperado. Le gustan todas las tias que existen en el planeta, aunque con Amanda es mas coñazo que de costumbre

-Normal tio, ¿Tu has visto como está la chavala esa? –Añadió el ladrón.-

-Lo se, es muy guapa y encima tiene… -Movió las cejas de arriba abajo con cierta perversión- muy buenas curvas… ¿Tu que opinas, Nathan?

-Es guapa y amable.

Edgar puso apoyó su codo sobre el hombro del Mago y acercó su rostro al de Nathan.

-No te hagas el legal y el bonachón, sabemos que debajo de esa cara negra y de esos ojos fosforitos se esconde un tipo duro y atrevido, aunque claro… siendo un bicho como tú no creo que vayas a atraer a las chicas…

-No seas cruel con el, Edgar

-No soy un bicho –Golpeó con su bastón a Edgar en la cara- soy un humano, pero oculto mi rostro debajo de esta… "máscara", así que ahórrate tus comentarios racistas. Buenas noches.

Nathan se giró y encontró una puerta que llevaba su nombre grabado, por lo que dedujo que esa habitación debió ser la suya. Entró en ella dejando solos a Taz y Edgar.

-Edgar… creo que te has pasado…

Edgar se sobó el cuello mientras miraba al suelo algo arrepentido.

-Yo también lo creo… aunque ya se le pasará.

Mientras, Nathan observó todos los rincones de su habitación. Era pequeña y solo había una cama frente a la entrada, un espejo, un escritorio pequeño de madera pegado a la pared y una ventana.

Se sentó sobre la cama y dejó el bastón y su bolsa de viaje en el suelo, pues el escritorio estaba lleno de papeles.

-(Creo que he subestimado el trabajo de guardián… ¿En serio la chica esa tiene que matar un demonio…?) –Nathan apoyó su cabeza en sus manos y sus codos sobre las piernas- (¿Y si no lo consigue…?) –Agitó la cabeza- (¡La chica no me tiene que importar, yo he venido a por la recompensa y para llegar a Namestria…!)

Nathan se quitó el gorro y se acostó sobre su cama con la misma ropa con la que llegó al castillo. Tras varios minutos, una persona llamó a la puerta.

-Vengo a darte la comida, voy a entrar –Dijo la sirvienta.-

-No entres, déjala en el suelo y vete.

La sirvienta aceptó las ordenes del Mago y dejó una bandeja en la cual había 2 hogazas de pan y un vaso de vino. Nathan tomó la bandeja del pasillo cuando éste estaba vacío, pues no quería tener el infortunio de que alguien le viese su verdadero rostro.

Mientras, Amanda y Anna miraban la noche desde la gran terraza.

-Amy, ¿Estás nerviosa?

-Un poco, pero también emocionada…Cuando mate al demonio con el poder del cristal seré… ¡Seré famosa!

-Pero… ¿Y si no lo consigues? –La preocupación de Anna por el futuro es Amanda se notaba en su voz.-

-Pues… -Intentó decir algo, pero en aquel momento se quedó en blanco. No sabía que responder.-

-Perdona por hacerte pensar en esas cosas Amy, pero es que eres como una hermana para mí, y no quiero que te pase nada.

-Gracias Anna… intentaré ser el menor estorbo posible para ti y para el resto del grupo.

-No te preocupes.

Ambas miraron el reflejo de la Luna en el foso del Castillo, era hermoso. Todas las noches se quedaban mirando la misma escena, las calmaba.

-Por cierto –La guerrera intentó cambiar de conversación- ¿En serio ese tal Nathan es un Mago Negro?

-Por lo visto si.

-Pero eso es… imposible, los Magos Negros dejaron de existir hace cientos de años.

-Lo se, pero tenemos uno, y viene de Antiqoa.

Anna desvió la mirada hacía el rostro de su amiga, el cual parecía algo entristecido.

-¿Qué te pasa?

-Es que… solo ha venido por la recompensa, y una persona con esa actitud no es digna de mi confianza.

-¿Y eso es lo que te molesta de él?

-Si… o no… -Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos- No se porque me molesto por alguien así.

Anna esbozó una leve sonrisa y atrajo a la joven hacía sus brazos.

-Te preocupas por personas a las que acabas de conocer, eso demuestra que eres una chica genial Amy…

-Gracias Anna… pero… eso no me consuela… -Se separó de los brazos de su amiga y entró en su cuarto directa a la cama.-

La guerrera miró a su amiga con el ceño fruncido, no comprendía por qué estaba así. "Ya se le pasará" pensó mientras miraba las lucecillas del Reino de Sacral. Aquello era un espectáculo visual.

Era de madrugada, y el grupo formado por Nathan, Cónrad, Edgar, Taz, Anna y Amanda estaba en la sala del trono junto al rey Kamrir y dos paladines de unos 2 metros de altura equipados con sus brillantes armaduras de Mitrilo y sus gigantescas espadas.

El Rey se levantó de su trono dorado y se dirigió hacía la doncella tomando sus manos.

-Amanda, aunque no seas mi hija, siempre te he tratado como tal…

-Lo se padre –Dijo Amanda mientras forzaba una voz quebrada- Yo… no quiero irme…

-Hija, es la profecía, y tienes que cumplirla, confío en que estas 4 personas y el ser ese cuiden de ti como es debido.

Todos miraron de reojo a Nathan, pues lo de "ser" iba por el, aunque este ni se inmutó.

-¿Puedo confiar en vosotros, Guardianes de la Luz?

-Si, señor –Dijeron todos al unísono.-

-Pues podéis partir cuando gustéis. Y recordad, el ejército de Sacral os apoyará en lo que pueda.

Todos se hicieron una reverencia menos Nathan, que se quedó mirando el cetro del rey. En el había una pequeña piedra negra que le llamó la atención, pero lo acabó ignorando al final.

-Eh, Mago, espera –Exclamó el Rey.-

Todos salieron de la habitación excepto Nathan, el cual se quedó inmóvil con la mirada puesta en la piedra oscura del cetro.

-No le hagas nada raro a mi hijastra, o si no la muerte será bueno comparado con lo que te haré

-Descuide –Respondió el mago mientras se daba la vuelta- haré mi trabajo y me iré.

-Eso espero.

Nathan se dio la vuelta una vez mas y miró durante unos instantes al Rey. Tras aquello, abrió la puerta de la sala y salió de ella lo mas rápido que pudo.

Allí le estaban esperando el resto del grupo.

-¿Qué te ha dicho mi padre?

-N-nada en especial… -Nathan miró al resto del grupo, los cuales estaban en silencio esperando oir lo que le dijo el Rey- ¿Nos vamos ya?

-No estaría mal, la verdad –Dijo el arquero.-

Todos empezaron a caminar hacia la salida del castillo mientras pensaban en lo que sería de ellos en los próximos meses. Cuanto mas se acercaban al portón del castillo, mas se oían el sonido de las cornetas, pues parecía que habían preparado una marcha de despedida a los guardianes.

-(Allá vamos) –Nathan se quedó atrás con respecto al resto, pues no quería que la primera imagen que viera el pueblo de los guardianes fuese un Mago Negro, el tan odidado Mago Negro.-

El portón se abrió dejando ver a una cantidad ingente de personas por las calles de Sacral. Los guardianes avanzaron por las calles saludando a todo el mundo mientras los ciudadanos coreaban eufóricamente los nombres de la doncella y del guerrero. Tras llegar al portón principal de Sacral, todos menos Nathan y Edgar hicieron una reverencia al pueblo.

Cónrad dio un paso al frente y alzó la espada mientras miraba a la bandera de Sacral.

-¡Yo, Sir Cónrad de Sacral, serviré con mi espada y mi escudo a Lady Amanda!

La gente empezó a aplaudir y a gritar, encantada con el gesto del guerrero.

-¡Yo, Anna, hija de Amister, daré mi todo lo que tengo para proteger a la Doncella!

-Yo, Taz, usaré mi arco y mis flechas para evitar que los enemigos se acerquen a la Doncella y eso…

-¡Yo, Edgar Kenway, usaré mi sable y mi astucia para proteger a la hermosa Doncella!

Todo el pueblo puso la mirada en el joven Mago, el cual alzó su bastón al cielo y, en un frenesí de emociones, gritó con fuerza.

-¡Yo, Nathan, juro que protegeré la vida de la Doncella con mi bastón, mi magia… y con mi vida si es necesario!

-Fin del 2º capítulo-

Nota del autor: La apariencia de Nathan y Amanda son idénticas a las del Final Fantasy Tactics, la de Edgar al ladrón del Final Fantasy I y la de Cónrad a la del Guerrero de la Luz.