Capítulo 5: Katherine (Segunda Parte)
Era un lugar extraño. El mago estaba perdido en un páramo oscuro, y su única compañía era un hombre de tez oscura y ojos amarillos que vestía una túnica azul y un gorro de paja parecido al suyo.
-¿M..Maestra…? –Dijo Nathan, asustado.-
La pequeña maga que estaba en frente de Nathan alzó la vista hacia su aprendiz y, en el más absoluto silencio, se llevó su mano al pecho dibujando una X con su dedo.
El joven se agachó para poder estar a la altura de su mentor y la agarró de los hombros.
-¿Q-qué quieres decirme?... ¿Maestra? –Nathan empezó a zarandearlo, cada vez mas asustado por una razón que incluso el mismo desconocía.-
-Tú sabes a lo que me refiero, Nathan –La voz de la anciana maga parecía cansada.-
De repente, las nubes del cielo empezaron a moverse a gran velocidad hasta llegar al punto de desaparecer.
-Me voy, hijo –La vieja maga dio la espalda a su aprendiz y empezó a caminar hacia el oscuro horizonte con la ayuda de su roído bastón.-
-Maestra…
Al instante, todo se volvió negro. La única luz del lugar eran los ojos del joven.
-No… no entiendo nada… ¡NO ENTIENDO NADA!
Tras varios minutos de silencio y desesperación, una débil voz se oía desde la lejanía, por lo que Nathan se fue corriendo hacia el lugar de donde provenía.
-Nath… ierta…j..der…¡Desp…ta…!
-¿Quién es?
-¡DESPIERTA JODER!
En aquel instante, el Mago despertó. A su alrededor estaban Edgar y Taz, ambos con las caras pálidas y horrorizadas.
-(Fue todo un… sueño…) –Al pensar aquello, miró con sus siniestros ojos a sus compañeros- ¿Qué pasa…?
-¡DEMONIOS! –Gritó el arquero- ¡NOS ESTÁN ATACANDO!
El mago se llevó la mano a la cara, pues lo que él pensaba que era una broma no le hizo ninguna gracia.
-Aun es muy temprano para que digas tonterías, Taz…
Edgar agarró bruscamente la cabeza del mago y la giró para que pudiese ver la ventana. En ella se veía como una gigantesca piedra en llamas atravesaba el cielo colisionando con el castillo de Zirce. Tras eso, el Mago reaccionó asustado.
-¡¿QUÉ COJONES?! –De un salto se levantó del suelo y abrió la puerta de la casa- ¡¿QU…COMO HAN…?!
Las llamas consumían los hogares de los habitantes de Zirce mientras que estos corrían desesperados por las calles, los heridos se arrastraban por los escombros de las casas destruidas por las catapultas suplicando ayuda a los supervivientes, sin recibirla, los niños lloraban junto a los cuerpos despedazados de sus padres. Zirce se había convertido en el infierno.
Nathan quedó conmocionado ante aquella situación. Sus piernas comenzaron a flaquear mientras que sus ojos reflejaban el horror del momento. Se giró hacia sus compañeros sin saber que decir. No se lo esperaba.
-¡Tenemos que ir al frente chicos! –Gritó el Arquero mientras se armaba con su arco de mitrilo y su carcaj- ¡La gente necesita a los Guardianes!
Edgar asintió y lanzó una mirada seria al Mago.
-Antes de partir, toma esto –Edgar lanzó un bollo de pan al Mago para que tuviese fuerzas para el combate- Vamos.
-No tardes, Nathan.
Edgar y Taz salieron corriendo de la casa marchando hacia el frente, donde cualquier ayuda, por mínima que fuese, era necesaria.
Nathan decidió no quedarse atrás, por lo que tomó su báculo y se recolocó el sombrero mientras se llevaba el bollo a la boca. Tras eso, salió de la casa y cerró la puerta. A pesar de estar listo para aquel combate, tenía un mal presentimiento, pero eso no impediría que fuese a luchar, y más si Taz tenía razón al decir lo de los demonios.
Comenzó a correr a través de las calles de Zirce mientras observaba el caos desatado por las catapultas.
Aquello le traía malos recuerdos.
"¡Hay que evitar que pase lo de Antiqoa… y tengo que encontrar más respuestas!" dijo para sí mismo. Tras atravesar las calles, llegó a la antigua entrada principal, que se convirtió en un amasijo de escombros. Allí estaban sus compañeros junto con Anna, Vlad y Caín.
-¡Eh! –Gritó el Mago para llamar la atención de sus amigos- ¡Ya estoy aquí!
Todos se giraron hacia él y, nada más verlo, miraron de nuevo al frente.
Al notar que todos le ignoraron, se acercó al grupo con cierto enojo y alzó la voz.
-¡¿Qué ha pasa-?!
Katherine se giró hacia él. Su rostro reflejaba tristeza y desesperación.
-Nathan… -Dijo con la voz completamente quebrada.-
Al verla en aquel estado, Nathan intentó relajarse y comprender lo que pasaba realmente.
-¿Qué ha… pasado…? –Dijo por segunda vez, pero esta vez con un tono "menos seco".-
-Ugh… -La chica agachó la cabeza, sin saber qué decir.-
Amanda se giró hacia él con cierto aire dramático y con los ojos llorosos. Miró a Nathan y abrió levemente la boca, intentando decir algo, pero no pudo.
-Nathan… mira allí –Dijo el Guerrero mientras señalaba al frente.-
El Mago miró hacia el frente y observó como tres regimientos de soldados Zirzanos formaban una formación justo en la entrada de Zirce mientras miles de soldados demoníacos armados con grandes espadas y armaduras de hierro se acercaban en la lejanía. Pero lo que más le llamó la atención fue un ser rojo armado con un látigo de fuego, de unos 9 metros, que avanzaba justo detrás de los enemigos.
Era un demonio.
-Un demonio…
Aunque aquello fuese impactante, Nathan no se sorprendió. En aquel instante, recordó el "sueño" que había tenido anteriormente, lo que provocó que este esbozará una sonrisa siniestra. El demonio, su maestro, todo empezaba a encajar.
-Ese demonio ha matado a casi todos los regimientos que lo han atacado con un golpe de su látigo… -Respondió Edgar, algo atemorizado. Las ganas que tenía de combatir se desvanecieron nada más ver al ser rojo.-
De repente, el silencio se hizo en el lugar.
-¿Por ese tío estáis así? –Preguntó con despreocupación- ¿Teméis al bicho ese? Tss…
Todos se giraron hacia él, asustados por lo que había dicho.
-¡PUES CLARO QUE LE TEMEMOS IDIOTA, VAMOS A MORIR! –Dijo violentamente la guerrera- ¡No podemos hacer nada contra un enemigo así!
El Oscuro sacó rápidamente su cuchillo de mitrilo y lo empuñó a la vez que sonreía atrevidamente.
-¡Panda de inútiles, olvidáis lo más importante! –Estiró su brazo apuntando al demonio con el cuchillo- ¡LA PROFECÍA DICE QUE TENEMOS QUE PROTEGER A AMANDA A TODA COSTA, INDEPENDIENTEMENTE DEL ENEMIGO QUE TENGAMOS ANTE NOSOTROS…!
Aquellas palabras resonaron por todo Zirce, llamando la atención de los regimientos de soldados que aguardaban en las afueras.
-¡Si os rendís ya, no sois dignos de ser Guardianes de la Luz…! –Desvió la mirada hacia el trío de los Guardianes de Zirce- ¡…Y de vosotros digo lo mismo!
-¡No seas estúpido Nathan! –Gritó la Maga- ¡Si piensas así morirás… y… y…! –La voz de la joven comenzó a quebrarse- ¡…No quiero que ninguno de vosotros muera!
Edgar y Cónrad miraron sorprendidos al mago tras escucharle, mientras que éste ni se inmutó ante las palabras de la maga.
Al ver que el Mago no le prestó atención, lo agarró del brazo y lo giró hacia ella.
-¡¿Es que quieres morir?! –Gritó la rubia, llena de temor y de enojo, pues no comprendía su postura.-
-¡Claro que no, pero yo acepté este trabajo asumiendo los riesgos que tenía! -Dio varios pasos hacia delante dejando atrás al resto del grupo.-
-¡Per...! –Amanda se derrumbó por dentro. Sabía que si él iba a luchar saldría malparado.-
Cónrad se colocó al lado de Nathan con una sonrisa atrevida en su rostro. Confiaba plenamente en sí mismo. Edgar y Taz no se quedaron atrás.
-¡Gente! –Dijo Taz- ¡Quien se cargue a más tíos hoy dormirá con las chicas!
Los ojos de Edgar, Cónrad, Nathan, Caín, e incluso Vlad, comenzaron a brillar exageradamente. La idea de dormir en la misma habitación de Amanda, Anna y Katherine hizo que estos se motivaran.
-¡ENTONCES VAMOS ALLÁ! –Las intenciones de Cónrad estaban más que claras.-
Todos los chicos comenzaron a correr hacia el frente, guiados por la esperanza de pasar una gran noche.
-Amanda, yo también iré a luchar.
Con un paso ligero, Anna siguió a los chicos mientras arrastraba su gigantesco mandoble por el suelo.
Una triste lágrima recorrió el pálido rostro de la rubia. De alguna manera, sentía que algo malo iba a pasar.
-Amy, no te preocupes –La taumaturga, que había estado en silencio hasta entonces, puso una mano sobre el hombro de la chica- Confía en ellos, si no mira…
La maga se giró hacia atrás y observó como los habitantes de la ciudad mantenían la esperanza de que los legendarios guerreros los sacaran de aquel infierno.
-Ellos los necesitan, y además, ellos lo hacen por ti… -Una sonrisilla se dibujó en su morenos y lindo rostro- ¡Déjalos luchar, no fallaran! –Tras decir esas palabras, se distanció un poco de Amanda.-
-…
-¡Yo voy a cumplir mi deber como defensora… ten cuidado!
Katherine corrió hacia la entrada de Zirce con su báculo en mano, dispuesta a luchar.
…
Mientras el ejército enemigo se acercaba a Zirce, había un hombre montado en Chocobo que comandaba los regimientos de Escuderos, Piqueros y Ballesteros. El capitán Grant.
-¡Guerreros, ellos son los que han dejado así nuestro hogar! –Con un gesto de odio, apuntó a la marabunta de soldados que iban hacia ellos- ¡DENTRO DE UN MINUTO LLEGARÁN AQUÍ, ASÍ QUE SI QUEREMOS DETENERLOS TENEMOS QUE LUCHAR!
-¡SEÑOR, SI SEÑOR! –Gritaron todos los soldados al unísono.-
El capitán marchó hacia la retaguardia para poder comandarlos desde un lugar seguro, mientras que los soldados se preparaban para el ataque.
-¡Formación A3! –Ordenó el sargento de los ballesteros.-
Tras recibir aquella orden, los escuderos se colocaron en primera línea formando una enorme línea recta. Los piqueros se colocaron detrás de los escuderos con sus picas apuntando hacia el cielo. Los ballesteros se quedaron atrás del todo y, armados con sus ballestas automáticas, cargaron sus armas para el conflicto inminente. "Podremos llevarnos a unos cuantos por delante pero… sin el apoyo de Katherine, Caín y Vlad… no podremos acabar con el demonio" pensó el capitán, casi dominado por sus nervios.
El ruido creado por las pisadas del ejército demoníaco hacia que el suelo retumbase cada vez con más fuerza. Ninguno de los soldados había vivido una batalla como la que iban a librar en aquel momento, sus piernas flaqueaban, pero gracias a una moral de hierro, consiguieron no ceder ante el miedo.
-¡AAAAAAAGHH! –Los sonidos de los demonios eran extraños e inhumanos.-
-¡En 5 segundos, primera y segunda abajo y tercera al ataque! –Comandó Grant.-
Tras aquella orden, los escuderos y los piqueros se agacharon y esperaron a que pasaran 5 segundos. Cuando el tiempo pasó, el ejército enemigo se encontraba en línea de tiro.
-¡APUNTEN…!
En aquel instante, los ballesteros subieron sus armas a la altura de la cabeza y apuntaron con éstas a los enemigos.
-¡FUEGO!
Los dedos de los tiradores respondieron por éstos al apretar el gatillo. Una oleada de flechas fue disparada a gran velocidad impactando en la primera línea de ataque de los demonios, cayendo todos al suelo, muertos.
-¡Formación A2!
Mientras que los ballesteros recargaban con lentitud sus pesadas armas, los Escuderos se pusieron de pie formando una línea, a primera vista, impenetrable. Los piqueros se posicionaron detrás de ellos otra vez y colocaron sus picas sobre los huecos que dejaban los escudos.
Los demonios, sedientos de sangre, corrieron aun más hacia los escuderos, con la intención de cargar contra ellos.
-¡Ahora!
Los escuderos clavaron sus gigantescos escudos en el suelo, formando una muralla difícil de quebrar. Justo en ese instante, una masa ingente de soldados enemigos chocaron contra los escudos, quedando aturdidos por el golpe.
-¡HYAAA! –Gritaron los humanos, asustados, al ver como los demonios golpeaban sin descanso los escudos.-
Los piqueros golpeaban una y otra vez a los enemigos con sus picas, dejando un número elevado de bajas, pero no eran suficientes.
Grant se acercó a los ballesteros rápidamente, intentando presionarles para acelerar la recarga de sus armas.
-¡¿QUÉ COÑO OS PASA?! –Exclamó el capitán.-
-¡Señor, lo hacemos lo más rápido posible! –Respondió el Sargento, a la vez que colocaba un nuevo cargador sobre su ballesta.-
-¡VENGA!
Los escudos se debilitaban cada vez más por los golpes, andaban cortos de tiempo y las bajas del bando enemigo eran solo una décima parte del total.
-¡Listos! –Gritó el sargento de los ballesteros- ¡Apunten y disparen cuando los escudos caigan!
Al ver que los escudos no aguantarían más, los escuderos y piqueros desenfundaron sus espadas y retrocedieron a la altura de los ballesteros. La batalla de verdad está a punto de comenzar.
Los escudos cayeron al suelo y, durante un segundo, ambos ejércitos se miraron cara a cara. El horror se veía reflejado en los rostros humanos, al contrario que los demonios, que parecían divertirse ante aquello.
-¡ACABAD CON LA ESCORIA HUMANA YAAAAA! –Gritó el demonio esbozando una odiosa y siniestra sonrisa.-
Tras aquella orden, el ejército demoniaco comenzó a correr, eufórico, hacia los Zirzanos.
-¡AL ATAQUE! –Grant alzó su espada al cielo…- ¡Luchar por la gloria...! –…Y acto seguido, apuntó con esta al enemigo.- ¡LUCHAD POR ZIRCE!
Todos los soldados apuntaron sus espadas al frente y entonaron su grito de guerra.
Mientras el enemigo se acercaba, otra oleada de flechas fue disparada hacia la masa de soldados, acabando con la primera línea de nuevo. Tras eso, los ballesteros retrocedieron a la vez que los piqueros y escuderos cargaban contra los demonios.
Desde donde estaba Grant, todo era muy confuso. Solo podía ver una nube de polvo levantada por la carrera del enemigo, centenas de soldados luchando y el sonido del metal desgarrando la carne humana.
No habían pasado ni 5 minutos y el regimiento de escuderos había sido aniquilado por completo. "Esto no pinta bien… ¡Nada bien! ¡Necesitamos ayuda cuanto antes!" Pensó Grant.
-¡Retroceded a los muros, si nos quedamos aquí moriremos! –Gritaban los soldados que aun quedaban cuerdos.-
-¡Que no retroceda nadie!
Una voz femenina resonó en el campo de batalla.
-¡Piro! –Gritó la chica.-
Los Zirzanos miraron hacia atrás y vieron a la persona que andaban esperando desde el principio de la batalla. La Taumaturga.
Varias bolas de fuego salieron de sus manos directas a los enemigos, calcinándolos por completo.
-¡Katherine! –Exclamó Grant, feliz por ver que sus probabilidades de ganar aumentaban.-
-¡Capitán, no vengo sola!
Los soldados demoníacos retrocedieron al ver como el fuego consumía a sus compañeros.
-¿Caín y Vlad…?
-¡A parte, vienen los guerreros legendarios! –Sin desviar la mirada, apuntó con su mano izquierda al lugar por donde ella había venido.-
Grant se giró y observó como Caín, Vlad, Cónrad, Taz, Anna, Edgar y Nathan corrían hacia ellos, con sus armas desenfundadas y con ganas de pelear.
Suspiró algo más relajado y esbozó una pequeña sonrisa.
-Los Guardianes de la Luz…
Cónrad y Edgar dejaron atrás al resto. Nada más llegar al frente, el guerrero se abrió paso entre las filas enemigas con su espada, asestando golpes por doquier. El ladrón seguía al guerrero, cubriéndole la espalda con su sable y sus cuchillos. Nada los pararía.
Después llegaron Vlad y Anna con sus gigantescas espadas, lanzando por los aires a los enemigos de un solo espadazo.
Y al final estaban los Magos y Taz que, con sus potentes hechizos y los disparos, destrozaban a los enemigos que podían.
Caín miró de reojo al Mago Negro y a la Taumaturga, ambos se coordinaban a la perfección. Cuando Nathan necesitaba recargar un hechizo, Katherine lanzaba otro para apoyarlo. Hacían un gran dúo. Eso hizo que el odio de Caín hacia el Mago Negro creciese.
Amanda no tardó en llegar.
-¡Amanda…! –Sorprendido al ver a la Maga, Nathan aprovechó para ganar algo de maná mientras iba hacia ella- No creí que fueses a venir…
El bastón de la chica se iluminó y, tras unos segundos, varias bolas de luz blanca salieron disparadas de éste hacia un grupo de soldados heridos.
-Yo tampoco… -Sus ojos reflejaban seriedad, al igual que su tono. Parecía que no quería hablar con él.-
-¡Nathan, te necesito aquí! –Gritó la Taumaturga.-
-¡Ahora voy! –Tras mirar a la Maga durante unos instantes, volvió con su otra compañera.-
Por mucha ayuda que aportasen los magos, las fuerzas enemigas no cedían. Los superaban en número, y por si fuera poco, las fuerzas zirzanas eran reducidas a una velocidad de vértigo, no quedaba mucho que hacer.
Entre la masa ingente de soldados que retrocedían, Vlad, Cónrad y Edgar escaparon hacia el lugar en el que estaba Amanda, Katherine, Caín, Nathan y Taz.
-Chicos, hemos acabado con los que hemos podido…
Tras aquellas palabras, el paladín cayó al suelo malherido. Las múltiples heridas habían hecho que se desangrase.
-¡Vlad! –La maga se agachó rápidamente, posó sus manos sobre las heridas de este y éstas se iluminaron- ¡Aguanta…! –Desvió la mirada levemente hacia Katherine y Nathan, llena de rabia- ¡POR ESTO NO QUERÍA LUCHAR!
Aquellas palabras provocaron un silencio sepulcral entre el grupo.
-¡Hay un herido allí! –Dijo un soldado mientras corría hacia los muros de la ciudad.-
Mientras Amanda se ocupaba de Vlad, el resto se miraron, pues notaban que alguien faltaba.
-¡ANNA! –Dijeron todos al unísono.-
-¡No hay tiempo de ocuparse de ella! –Cónrad retrocedió unos pasos- ¡Los demonios se están acercando cada vez más, tenemos que huir!
Sin pensárselo dos veces, Taz salió corriendo en busca de la chica. No pensaba dejarla atrás por nada del mundo.
-¡ANNA! –Gritó el joven arquero mientras corría hacia ella.-
Varios soldados se interpusieron en su camino por lo que, en un instante, Taz colocó una flecha sobre su arco y la disparó eliminando a uno de los oponentes.
-¡APARTÁOS…! –Rápidamente, se colocó su arco en la espalda y desenfundó sus cuchillos- ¡…DE MI CAMINO!
Los humanoides fueron hacia él dispuestos a matarlo con sus espadas, pero el arco no era la única arma que dominaba el arquero. Paró brevemente y aprovechando que estos se pararon también, tomó un impulso para clavar sus cuchillos en las tripas de los oponentes.
Anna, que estaba tirada en el suelo cubierta de sangre, ladeó la cabeza levemente hacia el frente viendo como el joven se acercaba a ella.
-¡Anna…! –Taz paró en seco y se agachó rápidamente, levantando un poco la cabeza de la hermosa joven- ¡¿Es-estás bien…?!
La chica, enmudecida, cerró los ojos con una sonrisa dibujada en su rostro.
-¡Anna… por favor! –Una pequeña lágrima cayó de los ojos de Taz sobre el pecho de la guerrera- ¡N-n-no…! No… -Apoyó la cabeza sobre la frente de ella- no te mueras… por favor… ¡POR FAVOR!
-Ta…..Taz… -La chica intentó decir el nombre de éste sin ahogarse con su propia sangre.-
-¡ESTÁS VIVA!
Tomó lentamente el cuerpo de ella sobre sus brazos y echó a correr hacia la ciudad, buscando desesperadamente a la Maga.
Los soldados enemigos se acercaron aprisa al arquero, pero fueron calcinados por la magia del Oscuro.
Cuando el arquero llegó hasta ellos, se percató de que Vlad no estaba allí, por lo que dedujo que había huido tras recuperarse.
-¡AMANDA, AYÚDAME! –Gritó el arquero ahogando un llanto.-
-¡¿Taz?! –La maga se quedó horrorizada al ver el estado de la guerrera- ¡¿ANNA?!
El arquero dejó el cuerpo de la Guerrera en el suelo.
-¡Está muy grave…! –Dijo la Maga mientras sacudía sus manos para curarla- ¡Hermana, aguanta!
Los pocos soldados que quedaban en pie rodearon al grupo para defenderlos de los enemigos, pues los únicos que podían acabar con aquel caos eran ellos.
-¡Guardianes, intentaremos contener a los enemigos cuanto podamos…! –Exclamó el sargento de los ballesteros a la vez que disparaba flechas sobre las cabezas de los humanoides.-
Amanda susurró unas palabras que hicieron que sus manos brillasen con intensidad. Las posó sobre la cara de la guerrera y, de un momento a otro, el cuerpo de Anna absorbió el brillo.
-¿Se va a recuperar?
-C…c-creo que si… Taz… -La Maga se secó las lágrimas de su rostro y continuó con la curación de la guerrera.-
De repente, el suelo comenzó a temblar. Aquel temblor le pareció familiar a Amanda, era… el temblor de unas pisadas.
-¡POR BAHAMUT, RETROCEDED SOLDADOS! –Alarmado, el sargento de los ballesteros comenzó a retroceder.-
-¡¿Qué pasa?! –Exclamó el ladrón al ver el caos formado.-
-¡El demoni-!
Sin que el Sargento pudiese terminar sus palabras, un colosal látigo de fuego se alzó en el cielo creando el silencio en el lugar. Sin tiempo para reaccionar, el látigo golpeó sobre los Zirzanos y los Guardianes, tirándolos al suelo.
Nathan se levantó rápidamente y miró su alrededor. Todos los soldados estaban en el suelo malheridos, y de sus compañeros se podría decir lo mismo.
-¿Qu… qué ha pasado…?
En frente de él había un ser rojo, grande, de grandes y penetrantes ojos, musculoso, con alas y con una siniestra sonrisa en su demoníaco rostro.
-VAYA VAYA, MIRA A QUIÉN TENEMOS AQUÍ, UNA MAGA Y UN MAGO.
Edgar, Cónrad y Taz se levantaron del suelo y vieron como el demonio sujetaba a dos personas, eran…
-¡KATHERINE, CAÍN! –Exclamó Nathan.-
Ignorando a este, el demonio se relamió los labios al ver el cuerpo de la Taumaturga.
-HOY NO TENGO MUCHA HAMBRE, ASÍ QUE SOLO ME COMERÉ A UNO.
Amanda y Anna abrieron lentamente los ojos y, al ver lo que estaba ocurriendo, se horrorizaron.
-¡Suéltame, demonio! –Gritó Katherine entre llantos.-
-¡Demonio! –Dijo Caín- ¡Sabes de sobra que ella es un alimento más apetitoso, solo tienes que verla!
Nathan se quedó inmóvil y sin palabras, su cuerpo no respondía.
-UN HUMANO SENSATO, ME GUSTA… -El demonio lo tiró al suelo sin importarle como cayera- ME HAS CONVENCIDO, ME QUEDARÉ CON ESTA.
Nada mas caer al suelo, Caín se levantó y huyó despavoridamente del lugar.
-¿TUS ÚLTIMAS PALABRAS, MUÑECA?
-¡SUÉLTAME, POR FAVOR!
-¡NAH!
-¡NATHAAAN!
-¡S-su-suéltala… d-demonio..o! –El miedo se notaba en su voz.-
El demonio comenzó a acercar el cuerpo de Katherine hacia su boca.
-¡Nathan…! –Katherine lo miró desde la altura en la que se encontraba- ¡Cu… cuida de ella… por favor!
Las piernas del Mago comenzaron a flaquear mientras que este negaba con la cabeza, incapaz de hacer nada… pues se había quedado sin maná.
-¡KATHERINE, TE SALVARÉ…! –Rápidamente, tiró su capa al suelo dejando al descubierto su espada, pero no era una espada corriente, si no una espada oscura. Dejó caer su báculo y desenfundó la espada.-
La chica estaba a escasos metros de la gigantesca y apestosa boca del demonio, mientras que Nathan seguía inmóvil.
-Cuando estés mal… recuerda que… -Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Katherine- …yo siempre estaré contigo, porque te quie-
Sin que terminase sus palabras, las enormes mandíbulas del demonio partieron el cuerpo de la Taumaturga en dos, llenándose este de su sangre.
-DELICIOSO… -Se relamió los labios repetidas veces saboreando la sangre que chorreaba de su boca.-
La cabeza de Katherine cayó al suelo, ensangrentada, sin cuerpo… sin vida.
-No… no… -El Mago cayó al suelo de rodillas- no… no… no… no… -La espada que sostenían sus manos cayó- no puede… no… Katherine… no…
El resto de Guardianes no podían creer lo que había pasado, no eran capaces de aceptar que Katherine hubiese muerte de tal manera. Varias lágrimas brotaron de los ojos de Amanda y de Cónrad.
Nathan agarró los extremos de su sombrero y tiró de ellos hacia abajo.
-No… ella está… no… no puede… -Apartó la vista del suelo y vio la cabeza de esta- No… Katherine…
Sin poder aguantar más, el Mago rompió en un llanto.
-¡KATHERINEEEEEEEE!
-Fin del 5º capítulo.-
NOTA DEL AUTOR: ¡Ey! Ya se que prometí subir el capítulo en 1 semana, pero es que me demoro mucho escribiendo y encima no me ha salido como pensaba… el próximo lo tendréis antes y me esforzaré mas en el argumento y en la narrativa. Si no es molestia, dejad una review comentando que os ha parecido, que eso ayuda a mejorar el fic. ¡Espero que lo hayáis disfrutado!
