Capítulo 7: Perdón.

Como era de esperar, la época más dura de todas estaba al acecho, el Invierno. Aquello significaba dos cosas: bajísimas temperaturas y escasez de alimentos.

...

Tras varias semanas después de escapar de Zirce, el grupo se adentró en el colosal bosque de É'lhogar, cuna de los elfos y de otros seres cuya crueldad escapa de los límites del razonamiento humano. Finalmente, tras atravesar la zona más densa y peligrosa del bosque, se detuvieron en un pequeño pero apacible claro, pues era de noche y tanto el frío como la falta de visión dificultaba la marcha.

Mientras Anna y Cónrad se ocupaban de "preparar la cena" (Si que es que aquello se podía considerar comida), Edgar y Nathan permanecían cerca del fuego, ocupados cada uno con un libro distinto entre sus manos, y aquello llamó la atención del Arquero y la Maga.

-Nathan, ¿Todavía estás leyendo el diario ese? –El arquero se levantó y se sentó a su lado.-

El Oscuro asintió. Aquel libro le tenía completamente obsesionado, aunque ya de por sí sentía la necesidad de leerlo, pues desde que llegaron al claro, una extraña sensación que le era familiar le inundaba el cuerpo. Y aquello no le agradaba ni un pelo, "Nada como una buena lectura para calmar la mente" pensaba siempre.

Días atrás, cuando Edgar se lo entregó, creía que hablaba de él, pero como cualquier cosa que decía Edgar, no era verdad. "A lo mejor se confundió" pensaba. Pero aún así, seguía siendo un libro de alto valor… pues era el diario del Rey de Zirce.

-¿Y qué dice el diario del viejo?

-Habla de sus nosecuantas mil amantes, de lo bonita que es su vida, de una Orden o algo así y de cosas que no comprendo… -Se llevó una mano a la nuca con una mueca de desconcierto.- … aún.

La Maga se levantó rápidamente del suelo y apoyó su pecho contra la espalda del Oscuro, dejando caer su peso sobre él.

-¡¿LA ORDEN?! –Sus ojos brillaban con fuerza, quizás era un tema de interés.- ¡Dime lo que pone, porfa! –Agachó la cabeza para mirar al Mago con sus ojos tiernos y cristalinos.-

El chico, como no, se puso rojo como un tomate.

-¡AAAAHH! –Sin despegar su trasero del suelo, retrocedió lo suficiente como para separarse de ella.- Que susto…

Al no tener una punto de apoyo, la rubia cayó al suelo estrepitosamente, provocando las risas entre los demás.

-¿Estás bien? –Acercó su mano izquierda lentamente.-

-¡IDIOTA! –Con la voz cargada de ira, clavó sus ojos sobre los suyos.-

A pesar de sus diferencia, la Chica quiso entablar conversación con él de alguna manera. Ella odiaba a los Oscuros, por lo tanto también lo odiaba a él.

Pero en el fondo, sabía que no era como el Oscuro con el que se había topado años atrás.

Nathan era bueno.

-Perdona, yo no quería... agh... -El Mago se limitó a agachar la cabeza.-

Aquel "¡IDIOTA!" salió disparado de los labios de la Chica directo hacia su conciencia. De alguna manera, sintió como si se hubiera hundido por dentro ante tal simple palabra...

Tras levantarse se sacudió la túnica, procurando que su capucha siguiera tapando todo lo que no fuera su rostro y sus dos coletas rubias. Caminó hacia la otra punta de la hoguera y se sentó, sin decir siquiera una palabra.

-Mi Lady, si vos lo desea, puedo deleitarla con una canción preciosa, no tanto como vos, pero servirá para animarl-

La Guerrera le tiró de la oreja y acto seguido le pegó una colleja.

-¡El estofado no se hace solo, Cónrad!

-Hm… -El joven de pelo plateado se llevó una mano a la barbilla, pensativo.- Quiero agradar a Mi Lady, pero la Doncella Guerrera siente celos e intenta captar mi atención de cualquier forma… -Alzó la vista al cielo nocturno de tal modo que intentó aparentar ser alguien interesante.- La vida de un Héroe es tan compleja…

-¡Morirás virgen, Cónrad! –Dijo el Ladrón con una sonrisa traviesa.-

La mirada del fornido Soldado se cruzó con los grisáceos ojos del Ladrón, creando una extraña tensión entre ambos.

-Edgar, tus comentarios son tan innecesarios como tú. –Tras aclararse la garganta, sacó algo de pecho.-

Edgar arqueó una ceja, molesto.

-¿Innecesario yo? ¿A caso tu no eras el que, estando en plena forma física, se quedó tumbado en el suelo mirando como Amy iba a morir a manos de su propio hechizo?

-No podía hacer nada por ella, no como otros que siempre hacen locuras para llamar la atención… tsk.

El Mago se limitó a negar con la cabeza sin alzar la vista. Mientras, las dos chicas observaban la "pelea" que disputaban los dos chicos.

-Pobrecito... -Susurró la Espadachina tras llevarse una mano al pecho.-

-Eh… ¡Cambiemos de tema! –Gritó Taz a la par que buscaba con la mirada alguna manera de escapar de aquella incómoda situación, hasta que vio a Edgar.- ¡Edgar!, ¿Qué estás leyendo?

Tras soplar un poco el estofado, una pequeña risa se escapó por los carnosos labios del Guerrero.

-Edgar leyendo…

Edgar se levantó del suelo con una pose victoriosa.

-Soy un hombre culto, amante del arte y escritor, y esta obra… -Alzó el libro por encima de su cabeza.- Es mi libro, cosa que un paleto como no hará en su vida.

Todos se quedaron boquiabiertos y, tras permanecer así durante unos segundos, estallaron las risas.

-¡Que sí, este libro lo he escrito yo! –Frunció el ceño molesto.- ¡Y cuando Amy mate al Gran Oscuro, lo publicaré y me haré rico!

Las risas pasaron a ser carcajadas. Edgar se sentó en el suelo con una mueca de asco y al cabo de varios minutos el resto calló.

-¿Por qué no nos lees un poco de tu libro… o lo que se supone que estás leyendo? –Preguntó el Guerrero, removiendo el estofado en la olla.-

-¡VALE! –Respondió. Abrió el libro por la página que tenía marcada por una cinta de terciopelo rojo, acto seguido, leyó en voz alta.- ¡El libro se llama "50 Sombras de Edgar"! –Se llevó una mano a la boca mientras se despejaba la garganta.- "Capítulo 69. Nuestro héroe chasqueó los dedos y en frente de él apareció Lucy, su ángel con unas medidas de 90-60-90, ropa interior de encaje y ¡Oh! Con ganas de "jugar", y el joven y atractivo ladrón, como buena persona que era, jugaría con ella para no entristecerla. Qué grande es Edgar."

Cuando el Ladrón cerró su libro, alzó la vista hacia el resto de sus compañeros.

Mientras que las chicas lo miraban con cierta repulsión, los chicos no podían parar de reír.

-¡YO TE LO COMPRO! –Dijo el Arquero entre risas.-

-Eres un pervertido… -La Guerrera desvió la mirada hacia el estofado. Parecía que estaba ya casi hecho.- A saber lo que dirá Lucy cuando se entere…

Aquello molestaba realmente al Ladrón, pues se había esforzado bastante en escribir su libro.

-Le he dedicado el libro a Lucy, y aunque no sea una obra maestra, es una prueba de mi amor hacia ella.

Esas palabras sonaban extrañas de la boca de Edgar.

-Oye Edgar, ¿Cómo conociste a Lucy? –Preguntó Taz con curiosidad.- Ahora que lo pienso, no sabemos casi nada de tu pasado.

A pesar de que el grupo, exceptuando a Nathan, se conocían desde hace años, apenas conocían sobre lo que les sucedió antes de que ingresaran en los Guardianes.

La Maga miró de reojo al Arquero con frialdad. Parecía que había nombrado una especie de tabú. De alguna manera sabía en que iba a derivar aquella conversación.

Mientras, el Ladrón volvía a tomar asiento frente de la hoguera al igual que el Mago y el Arquero.

-¿Mi pasado dices? Si queréis os lo cuento. –Puntualizó alzando el índice.-

-¡Sí! –Respondió Taz.-

De una manera u otra, todos comenzaron a prestar atención a la historia que iba a contar el rubio.

-Yo nací en Gaia, una ciudad al oeste de Sacral. –Cerró momentáneamente los ojos, rememorando su infancia y su adolescencia.- Allí crecí con mi madre en una humilde casita hecha de paja, recuerdo que había una mesa con un jarrón y ver a mi madre sentada en frente de ella cosiendo… -Dejó escapar un suspiro cargado de nostalgia.- Bueno, crecí en ese hogar hasta los 5 años, que fue cuando mi Madre contrajo una enfermedad que se la llevó a un lugar mejor… desde entonces, comencé a vagar por Gaia hasta que un día, un ricachón (y a la vez cabronazo), el Señor Hálim, me acogió en su mansión a cambio de ser su sirviente… -Apretó el puño con fuerza con solo recordar el rostro de "su Amo".- El tío ese me trató como la mierda, me daba de comer una vez cada dos días, tenía que dormir en la bodega… era una putísima mierda. Así era hasta que conocí a su hija, Lucy –Y de repente, su rostro se iluminó, haciendo que cualquier seña de odio o frustración desapareciese, dejando ver una sonrisa bajo sus colorados mofletes.- una rubia de pelo largo de hermosas curvas, de metro sesenta más o menos, guapísima y… bueno… -Se sobó la nuca ruborizado a la vez que sonrojado.- me enamoré de ella al instante. Un día me escaqueé de mi turno de limpieza y me colé en su cuarto, ella se asustó, después, no sé muy bien lo que pasó pero al final acabó hablando conmigo, y así todos los días durante casi 10 años… fueron los días más felices de mi vida. El día de su 18º cumpleaños, hace unos 4 años, me confesé a ella y le robé un beso justo antes de que pudiese contestar a mis palabras, y justo en ese momento el capullo de su padre nos cató y me echó de la mansión inmediatamente.

Todos escuchaban con atención la historia de Edgar, asombrados.

-¿La volviste a ver? –Preguntó la Guerrera con un exagerado brillo en sus ojos.-

-Sí, diez minutos después, ella se fugó de su casa con un par de cosas para entregármelas y despedirse de mí, y en ese momento juré que volvería con dinero a buscarla para que se casara conmigo y que así pudiéramos vivir juntos en nuestro hogar… ella me juró que me esperaría, nos besamos y partí en mi viaje por el resto del continente en busca de alguna manera de hacer fortuna, así que vine a Sacral, conocí a Amy y…

Amanda miró con un leve rubor al Ladrón, cruzando sus miradas.

-Me hice su amigo, una cosa llegó a la otra y… ¡A aquí estoy!

Para la sorpresa del resto, la historia de Edgar les había impresionado. Jamás creyeron que su motivación fuese el poder estar con la mujer que amaba. Era un gesto muy noble.

-¡Ahora te toca a ti, Marimacha! –El Ladrón apuntó con su índice a la Guerrera que, al oír el mote que le puso, frunció el ceño.-

-¡Un respeto, Edgar! –Gritó Anna.- Si queréis os cuento mi historia, pero no es muy interesante…

-Da igual –Cónrad hundió el cazo con el que removía la comida en el estofado y, acto seguido, tomó asiento enfrente del fuego.- Seguro que es entretenida, Preciosa.

-Bueno… -se aclaró la garganta y se sentó al lado de Cónrad, así formando un círculo junto con los demás alrededor de aquella pequeña pero acogedora hoguera.- Yo nací en Lébhoum, un pueblo coqueto y mono cercano a Sacral. Mis padres habían servido al linaje de la familia real de Sacral durante generaciones, y yo no quería ser como ellos, así que desde que tenía apenas 5 añitos fui adiestrada en el combate con mandoble, pero el ejército no aceptaba chicas, por lo que se podría decir que aquello era más un hobbie que otra cosa. Tras muchos años viviendo por mi cuenta en Sacral, mis padres me dijeron que debía de cuidar de A-

La Guerrera notó cómo la Rubia le propinó un codazo en el antebrazo, captando el mensaje de la chica, "modérate con lo que dices, Anna".

-¿Qué pasa? –El Arquero se echó hacia atrás, dejando caer su lumbago sobre la mochila.-

-Perdonad, me dijeron que tenía que hacer un trabajo importante para el rey. –La chica forzó una risita para disimular su metedura de pata.- Al final accedí y durante mi estancia allí, hará unos 4 años, me topé con Amy. –Desvió la mirada a la Rubia al igual que Edgar, sonriente.- Y bueno… estuve con ella todo este tiempo tratándola como una hermana.

-¿Y cuál era ese trabajo? –Interrumpió el Oscuro con un tono curioso y agradable.-

La chica, confusa sin saber qué decir, se dejó interrumpir por la Maga.

-Ayudar a sus padres con las tareas del Rey, nada que sea de tu incumbencia. –Respondió con un tono desagradable.-

-Entiendo...

Nathan sabía que Amanda estaba intentando a toda costa que sus compañeros la nombraran lo menos posible en sus historias, pero… "¿Por qué?".

Al terminar de contar su historia, Anna tomó varios cuencos de madera y en ella sirvió el estofado que, junto al Guerrero, había preparado con tantísimo esmero.

Al cabo de varios minutos de silencio, todos consiguieron terminarse sus respectivos platos.

-¿Os ha gustado? –Preguntó Anna con dulzura.-

El Arquero se relamió los labios asintiendo, mientras que el Mago y el Ladrón se miraron el uno al otro con cara de asco.

-Edgar –Susurró el mago.-

-Nathan –Respondió con un tono de voz similar al de él.-

-Si seguimos comiendo esto moriremos como Cónrad. –Susurró en un intento de hablar con alguien que no se metiese con él a la mínima de cambio.-

Ambos comenzaron a reír a carcajadas y, acto seguido, comprendieron que si seguían comiendo la comida que les preparaba la pareja guerrera, sus vidas no durarían mucho más.

Tras eso, el silencio volvió a reinar en el grupo durante escasos segundos.

-¿Y qué hay de ti, Taz? –Sugirió Edgar.-

-¡Eso, cuéntanos tu historia! –Anna parecía realmente interesada en la vida del Joven arquero.-

Taz se limitó a agachar la cabeza.

-Si tantas ganas tenéis de oírla… –Dejó escapar un largo suspiro.-

Antes de comenzar, ya se encontraba completamente arrepentido de haber sido participe de crear aquella conversación.

Hace casi 18 años, nací en una Ciudad costera del Sur, Pravoca. Mis padres eran de familia bien, por lo que no tuve problema alguno con el dinero ni nada de eso… Yo, más o menos como Anna, tenía el hobbie de aprender a manejar las armas, en mi caso los cuchillos y el arco cuando iba de cacería. Cuando cumplí los 13 años, me enviaron a Senaán para estudiar en el Colegio Mayor, pero cuando mi carruaje atravesaba un puente perdido en el bosque, unos bandidos nos emboscaron y… mataron a los guardias que montaban los caballos y a mis protectores… -Sus palabras estaban cargadas de emoción, de una emoción que el mismo intentaba ocultar.- … perecieron…

El joven pausó durante unos instantes, espirando aire con rapidez, e inspirándolo.

-Taz, déjalo ya… -Amanda ladeó la cabeza con la mirada clavada en los llorosos ojos del Castaño.-

Pero el Arquero negó. Quería contarlo todo.

-Quiero seguir… bueno, mientras los guardias luchaban contra los bandidos, yo conseguí escapar por el bosque y, al cabo de varias horas, encontré una aldea donde Stacy, una chica que tenía mi edad, me refugió en su hogar.

"Stacy… ¿Esa no era la chica a la que…?" Poco a poco, las cosas que había oído el Oscuro días atrás de las bocas de sus compañeros comenzaban a encajar.

-Allí estuve casi 2 años viviendo con ella y su Madre en una humilde casita. Al principio tenía la mente sumida en la tristeza pero gracias a ella pude centrarme en lo que verdaderamente importaba, vivir el momento y adaptarse a la situación. Comencé a practicar de nuevo con el arco y mejoré muchísimo, mirad si mejoré que cazaba halcones con un ojo cerrado y todo.

-Que guapo. –Añadió Edgar.-

-Todo era genial, allí perdía la noción del tiempo al lado de ellas… pero no todo salió como pensaba…

"Vaya, esto parece que se va a poner interesante" Pensó el Guerrero, que no se había quedado dormido mientras oía la historia de Taz de milagro.

-Un día leí en el tablón del pueblo que un bandido de la zona había escapado de la cárcel de la aldea, pero lo ignoré… ese mismo día salí a cazar liebres temprano para celebrar que la madre de mi amiga había conseguido un trabajo en Zirce y… -Mantuvo los labios separados por unos instantes y, poco después, los juntó en el más sumo silencio.- Cuando volví a la casa, vi un pequeño rastro de sangre en la puerta… y cuando la abrí, Stacy y su madre… estaban... y allí estaba él y... y... -Su voz terminó de quebrarse por completo.- El bastardo que se había escapado de la cárcel era su padre... -Dijo en un casi imperceptible susurro.- No dudé ni un segundo en clavarle mi cuchillo en su puta cabeza...

Amanda comprendió el dolor y la ira que sentía Taz en sus adentros. Jamás lo había visto así, y tenía que evitar que su amigo siguiera de tal forma.

-Ya es suficiente... -La Maga se levantó del suelo, esperando a que los demás hicieran lo mismo.-

-Amy tiene razón -La Guerrera miró al Arquero apenada por su historia.- Vayámonos cuanto antes a descansar, ¡Que seguro que mañana será un día duro! -Juntó sus manos en un intento de llamar la atención.-

Con su espada en mano, Cónrad se puso de pie de un potente salto y señaló al Mago con ésta.

-No, aun falta su historia, ¿No creéis? No es justo que él lo sepa todo de nosotros mientras que nosotros sigamos sin saber nada de él, a lo mejor está conspirando contra nosotros.

Las chicas y Edgar desviaron la vista hacia el Oscuro, el cual permanecía sentado sobre el suelo un tanto sorprendido.

-¿Qué...?

-Eso, ahora hazte el sueco, pero no vas a salir de aquí hasta que me digas todo lo que te ha ocurrido.

Aun estando en pésimas condiciones anímicas, Taz se levantó y, tras aclararse la garganta, posó una mano sobre su hombro para intentar calmar a la Fiera.

-Cónrad, déjalo ya, es de los nuestros... -Lo soltó del hombro y empuñó su arco, dispuesto a guardarlo en su funda y descansar.-

-¿Quién dice que el sea de los nuestros? ¿Una prueba realizada por un conserje es lo necesario para llegar hasta aquí? -Apretó el puño con ira.- ¡Abrid los ojos, el es uno de los que masacraron a tantas personas junto con Caos, es la especie maldita, los que llegaron del otro mun-!

El estridente sonido de la fricción entre la cacerola y el cuchillo empuñado por la Maga calló a Cónrad.

-Él es de los nuestros porque lo digo yo, Cónrad. -Respondió con un tono imponente y firme.-

-Mi Alteza, déjeme recordarle que uno de los suyos fue el que asesinó a los Duques de Aldrich... o mejor dicho, sus padres.

Amanda separó los labios lentamente, sin saber que decir. Aquellas palabras le hicieron recordar el recuerdo más amargo de su vida: ella, apoyada de rodillas en el suelo, observaba como un enorme hombre de tez grisácea pasaba el filo de su hoja por los cuellos de los Duques de Aldrich.

No sabía si responder o salir corriendo de allí y llorar en algún lugar donde nadie pudiera encontrarla. Ese tema era el que siempre intentaba evadir, y ahí estaba él, manipulándola con el recuerdo de aquel momento para obtener lo que quería.

-Tus padres no habrían muerto de no ser por e-

-Ya basta Cónrad... -Los labios de Nathan se separaron momentáneamente dejando que, con un tono amargo, sus palabras callasen al soberbio Guerrero.- ...por favor.

Una brisa de aire fresco apareció de la nada y, cargada de una sensación de angustia y negatividad, acarició los jóvenes rostros de los Guardianes.

Todos se voltearon hacia él, mirándolo con el mismo sentimiento que había transmitido sus palabras.

-Realmente, no te comprendo... -Dio unos pasos hacia delante con una expresión distante y amarga.- puede que para tí sea un ser horrendo por pertenecer a una raza que cometió atrocidades en el pasado pero... -Alzó la mirada, dejando que la luz de la fogata iluminase por completo su rostro.- ¿Me llamas monstruo a mi de esa forma...? Es verdad que he cometido gravísimos errores a lo largo de mi vida… y con llamarme monstruo te quedarías corto…

Conforme su expresión iba decayendo más y más, se hacían perceptibles sus enormes y llamativas ojeras. Tenía un rostro enfermizo, como si el mundo le hubiera dado la espalda…

Como si su vida no mereciera la pena.

-Pero lo gracioso de todo es que tú, el supuesto mejor caballero de Sacral, noble, educado y respetuoso, intentas hundirme haciéndole daño a... -Desvió levemente la mirada hacia los ojos de la Joven, así cruzándose sus miradas por unos segundos.- ...la persona a la que tienes que proteger, ¿No te convierte eso en un monstruo también?

Y el silencio reinó de nuevo por unos instantes.

-Hagas lo que hagas, aguantaré todos los insultos que me caigan, los comentarios racistas y humillantes... -Con un tono apagado y constante, el Oscuro esbozó una pequeña pero triste sonrisa.- estoy acostumbrado a ello desde que la gente sabe lo que realmente soy... -De repente, la sonrisa desapareció, dando paso a una expresión de enfado.- Pero no voy a tolerar que hagas daño a los demás para obtener tu triunfo, recurras a lo que recurras… y menos a mis amigos.

Una lágrima emanó de los cristalinos ojos de la Maga. Recordar a sus padres, aquellas palabras… "No puede ser, ¿Por qué él? ¿Por qué tiene que apoyarme tras todo lo que le he hecho?" Una gran parte de ella se forzaba a seguir odiándole, pero otra pequeña se negaba a hacerlo… y esa pequeña fuerza ganó pues vio en él algo más que un Oscuro al que odiar sin razón, si no…

¿Alguien… que merecía la pena?

El Arquero y el Ladrón, boquiabiertos, salieron disparados hacia los lados del Mago, alargando sus brazos por los hombros del Oscuro, así quedando rodeado por ellos.

-¡Ya estabas tardando en responderle tio! -Gritó el Ladrón tras dejarse llevar.-

-Guau... ... -La admiración de Taz por su compañero Oscuro crecía por momentos, cosa que lo animó un poco.-

-Nath... -La joven Maga era incapaz de decir nada, por mucho que quisiese no podía.-

Tras retroceder unos pasos, el Guerrero enfundó su espada y lo maldijo entre dientes.

Tras varios segundos de incómodo silencio, el Mago se volteó de tal forma que quedó de espaldas a todos sus compañeros.

-¿A dónde vas? -Preguntó Edgar.-

-Creo… que … lo mejor que puedo hacer es que me vaya a descansar… no ha sido un buen día… -Respondió el Oscuro con un tono decadente mientras apoyaba sobre su hombro su saco de dormir.-

En silencio, se alejó un poco del lugar donde iban a descansar el resto de sus compañeros y tendió el saco cerca del tronco de un gran roble, metiéndose en él y así mirando el cielo nocturno en la más suma tranquilidad. "Ahora sé que no podré contar jamás con el apoyo de Cónrad… aunque tampoco es que me lo haya dado nunca pero… ¿Por qué tuve que saltar en aquel instante? Se pasa el día insultándome sin razón, pero solo he saltado porque se ha metido con ella… me estoy ablandando..."

Mientras tanto, después de que Cónrad se metiese en su saco de dormir sin decir apenas nada, el resto apagó la hoguera y recogió las cosas, así encaminándose hacia sus sacos de dormir.

Edgar, Anna y taz se metieron en sus respectivos sacos y se juntaron un poco.

-Ey… espero que mañana la cosa ande un poco mas relajada… -Dijo el Arquero mientras cerraba los ojos.-

-Ahora que Nathan le ha callado la boca a Cónrad, dudo que el vuelva a darle por culo… -Respondió el Ladrón haciendo lo mismo que Taz.-

Después de que todos menos Anna se durmieran, Amanda, que permanecía sentada inmóvil frente a los húmedos pero calcinados troncos de la fogata, se levantó y tomó su saco de dormir silenciosamente, intentando que nadie se diese cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

-¿Te vas a ir con él? -Musitó Anna tras abrir los ojos.-

Cuando pudo ver el rostro de Amanda, pudo sentir como un escalofrío recorría todo su cuerpo. Era la primera vez que la veía así, conteniéndose las lágrimas, sufriendo por otra persona y por ella misma a la vez, atravesando la inapreciable línea entre la emoción y la depresión.

-Y-yo… -Miró de reojo el saco de dormir de Nathan, que yacía unos metros de los del resto.-... n-neces-necesito pe-pedirle perd…

-Amy… -Comenzó a mover la cabeza hacia los lados, con un atisbo de felicidad.- … calla y vete.

"Sabía que ella era incapaz de odiarle… es demasiado buena como para hacerlo" Pensó la Guerrera mientras esbozaba una sonrisa para sí misma.

La Maga asintió y comenzó a caminar a través del frío y accidentado terreno en el que sus botas de cuero estaban posadas, así hasta tender su saco en el mismo árbol que el de su compañero pero en el lado opuesto.

Tras meterse, recogió sus piernas con sus brazos y apoyó su cabeza sobre esto, haciéndose una bolita junto con su larga y única melena. Al estar allí, comenzó a sentir una presión sobre su pecho, necesitaba pedirle disculpas por todo y muchas otras cosas más… pero no sabía si él las aceptaría… seguramente no. "El me odia…"

-N-Nathan… -Dijo con un pequeño hilo de voz para poder oír cómo quedarían sus palabras a la hora de disculparse.- lo siento… por todo… per… pérdoname… -Aunque todo se tratara de una especie de ensayo, no podía evitar emocionarse.- por favor…

Y justo en ese momento, el sonido de la brisa acariciando las hojas de los árboles inundó el ambiente del lugar, creando una atmósfera de paz y tranquilidad.

-No pasa... nada... -Respondió Nathan al cabo de unos minutos.-

Al instante, Amanda se sonrojó con violencia. "¡ESTÁ DESPIERTO Y ME HA ESCUCHADO! ¡AGH, QUÉ... QUÉ CORTE!" Pensó mientras se hacía un ovillo dentro del saco completamente avergonzada, pasando así el resto de la noche.

Aun así.

La había perdonado.

Y sin saber por qué... eso la hacía feliz.

Muy feliz.

NOTA DEL AUTOR: A partir de ahora voy a poder actualizar el fic en cosa de una semana por ahí, que he andado liado con los estudios y además he tenido que reinventar la trama casi por completo para que se vuelva mas atractiva… así que, tras varios meses de inactividad y este mediocre capítulo… ¡Nos vemos la semana que viene ~!