Ben 10 y sus personajes, no me pertenecen.
Capitulo III
"Destino"
"Los hombres son dueños de su propio destino. Pueden cometer los mismos errores o, incluso pueden huir de todo lo que desean y de lo que la vida, generosamente, coloca ante ellos"
Paulo Coelho.
La pelirroja se encontraba sentada sobre el gran sillón negro, leyendo tranquilamente. Pocas veces podía disfrutar de una tarde lejos de las provocaciones de su prima, y las meditaciones con su padre, y estaba dispuesta a sacarle provecho.
Como si el destino congeniara contra ella, el ambiente calmo se esfumó en segundos, cuando la puerta de la entrada se abrió y cerró con fuerza. La muchacha levantó su vista y rodó sus ojos viendo como el joven de cabellos rubios y ojos celestes se acercaba.
—Normalmente uno llama a la puerta y espera a que lo dejen entrar — le reprocha, para luego volver su vista hacia la lectura.
Sintió como el peso del muchacho se depositaba en el sillón, a centímetros de ella, provocando que su cuerpo se hunda hacia un costado.
—Siempre tan amable y cariñosa — él le respondió irónicamente, poniéndose cómodo.
— ¿Que quieres, Michael? — la pelirroja preguntó de muy mala gana, esperando a ponerle un fin a su conversación y poder continuar con el ambiente tranquilo.
Solamente cuándo vio una sonrisa pícara en el rostro del muchacho, supo que había formulado su pregunta de forma incorrecta.
— ¿Que es lo que quiero? — en un movimiento ágil, él pasó su brazo por sobre sus hombros y unió sus cuerpos. Su mano derecha se dirigió a la mejilla de la pelirroja, quedando a centímetros de su boca —. Sabes muy bien cuál es la respuesta.
Alice rápidamente golpeó con su codo las costillas del muchacho, escuchando un quejido como resultado y sonriendo por esto. Antes de que él pudiera intentar otra maniobra, ella se levantó y caminó en dirección opuesta pero se detuvo cuando la joven de cabello platinado bajó las escaleras, entrando en escena.
— ¿Sucede algo? — su prima no pudo evitar preguntar, al notar el ambiente un tanto extraño.
Alice intercambió una rápida mirada con el muchacho rubio, antes de responder.
—No, solamente estaba conversando con tu novio, quien cree que vive aquí — habló mientras rodaba sus ojos. Caminó de nuevo hasta el sillón y tomó en manos su libro —. Me iré a leer a mi cuarto.
Para su sorpresa, Charmcaster la tomó por la muñeca, evitando que dé un paso más.
—Oh, vamos. Eso es tan aburrido — su prima se burló de ella como lo hacía tantas veces más, antes proseguir — ¿Por qué no vienes con nosotros?
Esa propuesta la descolocó por completo. Ella nunca había tratado de incluirla en sus planes, o compartir una salida. Su repentina amabilidad le parecía sospechosa, haciéndola dudar si había algo más oscuro detrás, pero no podía darse el lujo de rechazar algo que podría unirlas de una vez por todas. Así que dejó a un lado su libro y se fue junto a ellos, aún con la sensación de que no todo saldría como esperaba.
Los tres jóvenes caminaban sin un rumbo específico, vagando por las calles de la ciudad. Habían pasado la mitad de la tarde caminando por la ciudad, luego de almorzar en un restaurante de comida rápida.
—Creo que veo algo interesante — Charmcaster susurró de repente, señalando hacia el frente.
Los jóvenes observaron en esa dirección, sólo para ver una joyería. Estaba cerrada, y en la puerta había un enorme cartel anunciando que ese día no permanecería abierto.
Antes de que Alice se pueda oponer, su prima y Michael ya habían cruzado la calle, dispuestos a actuar. Cuando de delitos se trataba, ella no era inocente. Varias veces había robado libros de hechizos y objetos mágicos, pero junto a Hex. No confiaba en Charmcaster, y mucho menos en Michael.
Muy a su pesar, la pelirroja caminó hacia la parte trasera del local y tan sólo pasaron unos segundos hasta que la puerta explotó. El ambiente se inundó de humo, y la alarma se activó inmediatamente.
Los mayores no tardaron en ingresar, pero Alice se quedó fuera.
—E-Esto no es muy seguro — habló, sabiendo que tendrían pocos minutos hasta que la policía llegué.
Charmcaster salió solamente para jalarla del brazo, y hacerla entrar a la joyería.
—Cállate y toma lo que puedas — ordenó, y rápidamente todos comenzaron a llenar sus bolsillos.
La sirena policial se oyó a los pocos segundos, sin darle tiempo a hacer nada.
— ¡Demonios! — la muchacha de cabello platinado maldijo — ¡Debemos salir de aquí!
Pero antes de que puedan escapar, al menos cinco policías derribaron la puerta, entrando en el lugar.
— ¡Manos arriba! — uno de ellos ordenó, pero definitivamente no sabían con quien se estaban metiendo.
Su prima no tardó en hacer uso de sus poderes, lanzando a los policías contra la pared. Apenas los derribaron, Charmcaster y Michael no tardaron en correr lejos. La pelirroja intentó hacer lo mismo, pero ni siquiera llegó a dar un paso cuando otro policía apareció por la parte trasera.
— ¡Manos arriba! — ordenó, y ella se paralizó.
— ¡E-Esto es un error! — Alice exclamó, pero sabía que ellos no creerían eso.
— ¡Manos arriba, ahora! — el uniformado volvió a repetir.
La pelirroja suspiró mientras cerraba sus ojos, sabiendo que no tenía escapatoria. Su prima ya había hecho uso de sus poderes, por lo que los plomeros no tardarían en llegar. Sería más fácil lidiar con la policía, que con ellos.
Un oficial se colocó tras ella, y la esposó, llevándola hacia la patrulla. Mientras era conducida hacia la estación, la pelirroja pudo observar a Charmcaster y Michael ocultos tras un contenedor de basura, sonriendo.
La pelirroja estaba de pie, bufando por lo bajo. Sus manos aún estaban esposadas, mientras era obligada a sostener un pequeño cartel con los datos de su arresto, para tomar una foto que iría directo a su prontuario.
—Oh, vamos muñeca — el policía encargado de la cámara, un hombre que la triplicaba en edad y peso, no dejaba de mirarla y lanzarle piropos, lo cual la hacía sentir asqueada — ¿Por qué no haces una linda pose para el viejo Joe?
Una sonrisa de lado apareció en el rostro de la muchacha, mientras posaba con más gracia.
— ¿Una linda pose? Oh, tal vez ésta te agrade — susurró con una voz provocadora y sensual, antes de alzar su dedo del medio frente a él.
El policía le dirigió un insulto, acusándola de insolente mientras se retiraba para que la encierren, y ella no podía estar más satisfecha.
En cuestión de minutos la encerraron en una de las habitaciones que solían usar para interrogar a sospechosos. Era un espacio muy pequeño, y ella comenzaba a sentir que su claustrofobia aumentaba con cada segundo que pasaba allí. Estaba sentada, aún con las esposas puestas. Una mesa de aluminio la separaba del detective que estaba ubicado en frente, encargado de vigilarla.
— ¿Y bien? — el uniformado habló mientras le acercaba una taza de café — ¿Por qué no me dices lo que sucedió en la joyería?
Alice tomó la taza con ambas manos, ya que no podía separarlas debido a sus ataduras, y bebió un poco del líquido. Podría no ser el mejor café del mundo, pero su estomago estaba vacío y gruñía a cada segundo, recordándoselo.
—Ya lo he hecho —ella respondió, dejando a un lado su bebida.
El hombre le dedicó una mirada seria, demostrándole que era una mala idea jugar con él.
—Dímelo de nuevo — ordenó, recostándose en su silla suavemente.
Antes de que la pelirroja pueda responder, el detective sacó un cigarro de su bolsillo y lo encendió. Tan pronto el humo inundó sus fosas nasales, ella comenzó a toser, indicándole que aquello le molestaba.
— ¿Podrías apagarlo? — la muchacha habló mientras nuevamente tosía, y fruncía el ceño — ¿Sabes que eso va a matarte? Tendrás suerte si llegas a los setenta.
Él no dejó de mirarla en forma casi fulminante, mientras apagaba el cigarrillo directo sobre la mesa de aluminio.
—Dime lo que sabes. Ahora.
La pelirroja solamente suspiró, mientras se sacudía suavemente por el frío del ambiente.
—No tengo nada que ver con el robo a la joyería — aseguró —. Solamente estaba allí en el momento equivocado.
—Oh, por supuesto — el hombre alzó una ceja — ¿Y también vas a decirme que no tenías ninguna relación con los dos jóvenes que escaparon?
Esas palabras hicieron que Alice reviviera en su mente el momento exacto donde su prima escapó junto a Michael. Se tomó unos momentos para maldecirlos en sus pensamientos, antes de responder.
—No conozco a ninguna de esas personas — dijo sin titubear.
—Pues déjame presentártelas — el detective dejó caer sobre la mesa dos expedientes, con la foto de los fugitivos — Charmcaster, veinte años, cargos por robo y vandalismo. Michael Morningstar, veintidós años, cargos por negocios ilegales.
—He dicho que no los conozco — la pelirroja volvió a repetir.
El hombre suspiró y pasó su mano por su frente, antes de levantarse de su asiento.
—Imagino que tampoco sabes que son especiales — susurró, caminando de un lado a otro —. Ya sabes, que tienen habilidades únicas.
Alice sonreía por dentro, al ver las palabras que utilizaba para describirlos. ¿Por qué simplemente no decía alienígenas?
—No creo que robar una joyería y escapar de la policía sea una habilidad única — decidió burlarse un poco del detective.
El hombre cayó en su trampa, ya que apoyó sus manos en la mesa, impaciente.
—Sabes a que me refiero, niña — masculló entre dientes —. Ella es una bruja, y él un mutante.
— ¿Una bruja? ¿Un mutante? — la pelirroja puso su mejor expresión de asombro, disfrutando de cada segundo que lo burlaba — ¿Qué sigue, monstruos, alienígenas?
—Tal vez tú seas parte alienígena — el hombre susurró, analizándola.
Ella dejó salir una pequeña risa, sacudiendo su cabeza.
—Oh, vamos detective. Lo creía más inteligente — exclamó — ¡Son todas leyendas y mitos!
—Bien, supongo que sólo hay una forma de demostrarlo — el hombre se levantó y caminó hasta una de las gavetas del mueble de madera a un costado del cuarto. Sacó una jeringa y volvió a acercarse a la sospechosa.
Para ese punto, la sonrisa y diversión de Alice se había esfumado.
—N-No vas a tocarme con eso — tragó saliva, mientras no le quitaba la mirada de encima.
—Solamente es una extracción de sangre — el hombre trató de calmarla —. No va a doler, lo prometo.
La pelirroja suspiró y dejó que el detective se acercara. Tan pronto él estuvo a centímetros de su lado, listo para extraerle sangre, hizo una enorme bola de maná, la cual envió al hombre al rincón opuesto, dejándolo mareado.
—Te dije que no me tocarías con eso — se burló una vez más, antes de romper las esposas y salir corriendo de allí.
Las alarmas comenzaron a sonar por toda la estación, tan solo unos minutos después, pero ya era demasiado tarde. Ella ya había logrado escabullirse, saltando por una de las ventanas, y estaba corriendo por la calle, rogando encontrar un lugar donde esconderse.
Escuchó la sirena del vehículo policial a varios metros, y entró en pánico. Observó un pequeño callejón y corrió hacia allí sin dudarlo. Cuando estaba a punto de perderse entre la oscuridad, chocó contra alguien y cayó al suelo. Rápidamente levantó su vista, y se sorprendió al ver un rostro que ya conocía.
— ¿Tú? — preguntó mirando a Benjamin Tennyson, quien estaba frente a ella.
—L-Lo siento — el muchacho se disculpó rápidamente, mientras le tendía su mano para ayudarla a incorporarse — ¿Estás bien?
Alice se levantó por su cuenta, sacudiendo el polvo de su falda.
—Si, estoy bien — respondió mirándolo.
—En verdad lo siento, no te vi — el héroe volvió a disculparse — ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
Las sirenas volvieron a escucharse, cada vez más cerca. Alice debía esconderse, pero estando frente al gran portador del omnitrix, sería bastante sospechoso que escape de allí.
Su mente recordó la última pregunta que el joven le había hecho, y una sonrisa adornó su rostro.
—Si, hay una cosa — fue lo único que dijo, antes de tomar al muchacho de su chaqueta, y jalarlo hacia el callejón junto a ella.
Rodeó sus hombros con sus manos y lo besó suavemente. Esto tomó por sorpresa al joven Tennyson, quien apenas comprendió lo que sucedía, tomó a la pelirroja por su cintura, continuando con el beso.
Alice sintió como Ben la pegaba a su cuerpo, quedando contra la pared. Sus manos se dirigieron a trazar cada musculo de su espalda. Debía admitir que estaba en muy buena forma.
Antes de que ella pueda notarlo, él aprovechó la pequeña abertura de su boca para introducir su lengua. El beso fue tomando cada vez más pasión y fuerza. Las sirenas ya no se oían, pero la pelirroja no rompió el beso.
Finalmente, se separaron luego de varios minutos, con la respiración agitada. Alice observó a Ben, quien estaba levemente sonrojado, y sorprendido.
La pelirroja conocía perfectamente cuáles eran sus atributos, y no dudaba en usarlos. Solo ella y su prima sabían cuantos favores habían conseguido con guiñar un ojo, levantar su falda unos centímetros o llevar una camisa escotada. Ambas eran expertas en seducir a los hombres. Los usaban, y cuando tenían lo que esperaban, los desechaban como si de un pañuelo se tratara.
Si bien Charmcaster era la más experimentada, ella tenía un encanto especial. Su rostro de niña buena la había salvado de más de una situación, y cuando dejaba salir su lado más sensual, los chicos enloquecían.
Alice subió su vista, y observó como Benjamin Tennyson abría la boca para decir algo. Su labio inferior temblaba un poco, mientras titubeaba nervioso. La expresión en su rostro no hizo más que complacer a la pelirroja. Amaba ver cómo tenía el control del héroe más grande del planeta Tierra, con tan sólo un simple beso.
—Ya debo irme — la muchacha susurró con una pequeña sonrisa, antes de salir corriendo de allí, dejando a Ben completamente confundido.
Max llegó a la estación y corrió de prisa hacia la oficina. Estaba a punto de tomar el picaporte en su mano, cuando vio a un costado a la persona que tanto buscaba.
—Oh, Max — el detective intentó acercarse y calmarlo.
— ¿Charles, donde está? — el plomero preguntó, ansioso.
Observó a su amigo titubear, rascando su nuca, y su preocupación aumentó.
—Ella... Escapó — él uniformado susurró, bajando la mirada —. En verdad lo siento, pensaba que lo tenía bajo control.
El anciano suspiró mientras caía sentado sobre una de las sillas. Había tenido varias decepciones en todos esos años, pero aún así no podía evitar sentir un vacío en su corazón.
—Lo siento — su amigo volvió a decir, mientras palmeaba su espalda, dándole apoyo.
El plomero pasó sus manos por su frente, cerrando sus ojos un momento.
— ¿Que es lo que sabemos sobre ella? — preguntó, mientras trataba de mantener la calma.
El detective tomó una carpeta con pocas hojas dentro, y tomó una respiración profunda antes de hablar.
—No mucho — suspiró lentamente —. Fue arrestada hace un par de horas, acusada de robar en una joyería. Estaba junto a dos jóvenes más, pero escaparon.
Max asintió suavemente, escuchando todo atentamente.
—A diferencia de sus cómplices, ella no tiene antecedentes, es por eso que me llamó la atención — Charles prosiguió —. No aparece en ningún registro. Luce como de quince años, tal vez diecisiete pero no más que eso. Al principio tenía mis dudas, pero cuando me atacó lo confirmé, es una anodita.
Tan pronto terminó de decir eso, Max sintió que su corazón daba un vuelco. Adolescente, sin antecedentes o señales en los registros, anodita. No podía haber tantas coincidencias.
— ¿Algo más? — el anciano preguntó.
—Si — su amigo tragó saliva, antes de extender su mano con el expediente —. Tenemos una foto de ella.
Max tomó en manos la carpeta, y en ese momento se percató de que estaba temblando. Se quedó varios segundos inmóvil, sin saber si tenía el coraje necesario para dar vuelta la página.
Finalmente, luego de lo que le pareció una eternidad, tomó una respiración profunda antes de abrir el expediente. Apenas lo hizo, una ola de sensaciones lo noqueó. Aún temblando, tomó la fotografía en su mano, observándola bien.
—Por favor, di algo — Charles susurró, sin saber que hacer o decir.
Max abrió su boca, pero inmediatamente comenzó a titubear.
—E-Es ella — dijo, con la voz totalmente quebrada. Estaba llorando, pero aún no se percataba de eso.
— ¿Qué? — la confirmación y emoción de su amigo tomó por sorpresa al detective — ¿Estás completamente seguro?
El plomero asintió con un nudo en su garganta. Finalmente, después de tantos años, su búsqueda había dado resultados. La sensación de alivio y felicidad, era algo que lo superaba.
—E-Es idéntica a Natalie, y tiene el mismo color de ojos que Ben y Ken — Max apretó con más fuerza la fotografía, antes de subir su vista con una enorme sonrisa —. Estoy completamente seguro. Es Gwendolyn Tennyson, mi nieta.
¡Hola!
Finalmente traigo el tercer capitulo de este fic.
Como habrán visto, ya hubo un beso Bwen, y se reveló la identidad de Alice/Gwen.
Espero que les guste.
¡Saludos!
