Sé que este capítulo y los demás subsiguientes pueden despertar algún tipo de confusión respecto a la época en que se está desarrollando la historia, no puedo darles un año aproximado, podríamos interpretarlo como la época actual, con móviles y todo lo demás, pero la familia de Sakura y de Li son demasiado tradicionalistas y a pesar de tener conocimiento de empresas, economía, móviles y computadoras, deben regirse por las reglas que sus tradiciones les imponen. La familia de Sakura vive en las montañas, en una casa grande y campestre, y toda la familia vive por los alrededores en casas igual de ostentosas, a las mujeres de la familia Kinomoto no se les impartió ningún tipo de educación que no tuviera que ver con aptitudes curativas, sanación, cocina, y todo lo que implica ser una esposa de época, en pocas palabras sumisión.

He aquí la razón por la cual se pacto el matrimonio, por las tradiciones.

La familia de Li también es moderna respecto a la tecnología y la economía, pero aun siguen rigiéndose por muchas de las costumbres y leyes de las dinastías. Aunque no he estudiado mucho sobre dinastías y no quiero meterme mucho en el tema de ellas para no ofender a nadie, me parecen fascinantes y todo esto que escribo sobre ellas es pura ficción, nada que ver con la realidad.

He aquí la razón por la cual se pacto el matrimonio, por las tradiciones.

Espero que les este gustando.

CCS y sus personajes son propiedad de CLAMP

Capitulo Dos

Hieran pudo mantener la promesa de hacerse cargo de la educación de su hijo por el siguiente año, pero a pesar de que se encontraba en una época más actualizada que las llamadas dinastías, había algo que no podía hacer, y era detener al patriarca de la familia para hacer su voluntad…

La puerta sonaba una y otra vez, Hieran había dormido hasta tarde ese día por lo que le costó más trabajo que de costumbre salir de su sueño y asemejar el ruido que oía con la realidad.

Finalmente abrió los ojos y además del golpeteo escucho el sonido fuerte de la voz de una de sus hijas.

- ¡Madre!, ¡madre! Por favor despierta, rápido.- había una sutil desesperación en el tono de voz.

Hieran sacudió los últimos rescoldos de su sueño y corrió a abrir la puerta en camisón.

- ¿Qué es lo que pasa? – dijo intentando mirar a su hija a través de la oscuridad de la madrugada.

- ¡Es el tío Fen, se está llevando a Shaoran, madre no podemos permitirlo! – dijo la muchacha al borde de las lagrimas

Hieran sintió que se le helaba la sangre, lo que más había querido evitar, se volvería un hecho real si no actuaba. Se devolvió a la habitación y se puso la bata y siguió a Fuutie hacia la sala en donde se estaba armando un gran alboroto.

- ¿Que se supone que estás haciendo? –

El hombre, de mirada seria y despiadada miro hacia Hieran que bajaba corriendo las escaleras, intento debatirse con su sobrino que lanzaba gritos estruendosos mientras estiraba los brazos hacia su madre.

- No te metas en esto, no es cosa de mujeres – dijo el hombre ignorándola mientras se daba la vuelta e intentaba dar un paso pero los movimientos del niño se lo impedían. – ¡quédate quieto mocoso!-

- No quiere ir contigo, Fen, ya te dije que no puedes llevártelo de acá. – dijo la mujer intentando que su voz sonara firme, a pesar de que tenia los nervios de punta.

- Es sangre de mi sangre, puedo llevarlo a donde quiera-respondió el hombre sin inmutarse.

- Es cierto puedes hacerlo, pero no puedes apartarlo de acá para intervenir en su educación. Mi esposo tenía muy claro que era lo que había que hacer respecto a Shaoran…- Hieran fue interrumpida por el resoplido de el hombre.

- Mi hermano era un tonto, tenía el corazón demasiado blando, no sabría cómo educar a un niño para que mantuviera la dinastía, su hijo es el heredero por ley, y aunque no me agrade entregar el patriarcado a un hijo de un hombre tan débil como mi hermano, me tengo que asegurar de que la Dinastía se mantenga. – dijo Fen burlándose.

- Pero…- intento decir Hieran

- Tengo todo el derecho a esto, Hieran, no me obligues a actuar bajo las leyes que rigen a nuestros antepasados. – dijo Fen mirándola fieramente.

Hieran se quedó helada cuando comprendió lo que quería decir el hombre, en jerarquía, respecto a las dinastías, las mujeres estaban por debajo de las decisiones de los hombres, lo cual, para tener la custodia la custodia de su hijo, la situaban en una posición desfavorecedora.

En ese momento odio a Fen con todas sus fuerzas, quiso ser hombre, o que la que hubiera muerto hubiese sido ella en vez de su esposo, Shaoran, como sus hermanas, eran sus amados hijos, y no quería que nada los lastimara, y algo le decía que Fen sería implacable en la educación de Shaoran.

- ¡Madre, madre!- gritaba Shaoran extendiendo los brazos hacia Hieran, ella sin pensar en lo que hacía, se lanzo a intentar a rescatar a su hijo de los brazos de su tío, pero el hombre se dio la vuelta y sin soltarlo lanzo una bofetada a la mujer, quien frágil como era, cayó al piso en seguida sosteniéndose la mejilla.

- ¡¿Cómo te atreves, mujer?! – dijo Fen mirándola con ira y preparado para levantar la mano nuevamente.- creíste que podías desafiar mi autoridad, con esto me has dado todo lo que necesitaba paraqué no vuelvas a ver a tu hijo jamás.

- No por favor…- dijo la mujer mientras sentía el sabor de la sangre en la boca.

- Despídete de tu madre, mocoso –

El niño, que se había quedado completamente quieto y anonadado cuando su tío había levantado la mano a su madre y la observaba intentando alcanzarla con la vista, preguntándole silenciosamente si estaba bien. Hieran asintió levemente, para que Fen no se diera cuenta, a la mirada de interrogación de su hijo. Luego intento trasmitirle todo su amor, mientras la espalda de Fen se alejaba, manteniendo a Shaoran sujeto contra él.

No hubo más palabras, solo siguió el silencio que precedía a los eventos desagradables. La mayor de las hijas Li se acerco a su madre quien estaba en estado de shock, aun sin poder creer lo que había pasado, no importaba el dolor en su mejilla, no importaba el dolor en su cuerpo, tan solo importaba el dolor de su corazón, que se partía en mil pedazos nuevamente con la marcha de su hijo.

- ¿Qué voy a hacer? – pregunto a Fuutie mientras se apoyaba en ella para ponerse de pie, lagrimas silenciosas se desprendían de las pestañas de la joven.

- Esperemos que mi hermanito este bien, roguemos por que así sea -

Pero este no era un consuelo para Hieran. Lo único que podía salvarla de ese suplicio era tener a su hijo en sus brazos nuevamente y tener la seguridad de que nada iba a pasarle. Pero no confiaba en Fen, su esposo tenía a aversión a su hermano por la violencia y la maldad que siempre exhibió, aun incluso desde que era niño.

No podía denunciar a la policía ni a ningún grupo de ley porque ella seria la perjudicada, a los ojos de la ley ella había retenido por más de un año al heredero al patricidio de la Dinastía y Fen usaría eso para tener la custodia completa de Shaoran.

¿Qué podría hacer?

Puede que se hallaran en una época más actual que la histórica, pero las leyes y los mandatos de una dinastía no podían lanzarse por la borda.

Hieran aprendió esta lección de la manera más dura y cruel, a pesar del apoyo que tuvo de sus hijas mayores, nunca pudo recuperar a su hijo menor.

Y sus sospechas fueron ciertas.

La educación de joven Shaoran se dio de una manera brutalmente rígida, su tío influyo en sus estudios, en su vida, ignorando los deseos del niño y criándolo a su propia imagen y semejanza. Perdió la infancia y se convirtió en el regente patriarca de la dinastía cuando cumplió los veintiún años, edad en la que graduó sus estudios de economía, los necesarios para asumir el control de todas las propiedades y posesiones de la dinastía Li, que incluían una prestigiosa empresa directiva, muchas multinacionales en China y más.

Durante el tiempo que duró su educación su tío aprendió la manera de manejar a su sobrino, hasta que metió en la cabeza del chico cada aspecto de su propia psicología y carácter, se volvió un chico frio, desalmado, despiadado.

Desde el momento en que fue separado de su madre, nunca volvió a verla, solamente tuvo noticias de ella por las cartas que le llegaban de sus hermanas, las cuales, una vez que su tío se dio cuenta de que le llegaban, se encargo de administrar. Cada carta del correo que recibía el chico pasaba primero por sus manos. El decidía que cartas debía recibir y desechaba las que en su concepto reblandecerían el carácter del joven.

La última carta que recibió fue cuando cumplió quince años, de su hermana Fanren, decía que su madre se hallaba en mal estado de salud, y enviaba una petición para que fuera a verla. Como evidentemente paso, su tío ignoro la información de esa carta diciendo que las mujeres sentían que enfermaban con un simple resfriado.

Pero solamente el día en que se convirtió en patriarca se le notifico oficialmente que el resfriado del que había hablado su tío era en realidad una enfermedad muy grave que acabo con la vida de su madre.

Así que se entero del funeral y todo lo que precedía y antecedía a un funeral cuando ya se había llevado a cabo.

Al estar bajo la tutoría de su tío no podía demostrar nada. A todos les parecía que no le había afectado tanto como le afectaría a una persona normal la muerte de su madre, no podía trasmitir al plano físico sus emociones por culpa de su odiado tío.

Pero ahora que era mayor de edad, su tío no tenía poder en sus decisiones, la única decisión en la que tenía el poder era en la selección de su esposa, cosa que su tío había hecho desde que tenía diez años.

Cuando tenía doce años su tío le había comunicado que una vez que heredara el patriarcado contraería matrimonio con la hija menor del líder de los habitantes de las Montañas Kyûseishu* en Japón, aliados estratégicos de su tío tanto en el plano empresarial como en el personal. Su nombre podría ser malinterpretado por las personas que se sentían y vivían en la modernidad, pero según su tío, mantenían el nombre por tradición y respeto a sus creencias y aunque vivían en las montañas tenían todos los beneficios de la edad moderna.

Un matrimonio establecería los lazos con una de las familias más poderosas de Japón.

Bien, su tío podía casarlo con una de las hijas de esa gente, pero no estaba obligado a respetarla y guardarle fidelidad, pensó el joven cuando fue más grande y comprendió las implicaciones que traía lo que su tío llamaba matrimonio.

A pesar de la estricta educación de su tío, algo en lo que no había intervenido era en el desarrollo de los instintos de hombre de su sobrino y lo dejo descubrir su propia sexualidad de manera natural, al no tener que establecer ningún tipo de compromiso el joven había desarrollando una tendencia a ser mujeriego, superficial y frívolo con las relaciones que mantenía.

Por eso un matrimonio por conveniencia, unirse a una sola mujer al tener a tantas a su disposición, le importaba poco.

Pero su tío había sellado el pacto con el de las montañas y por ley y todas las demás emergentes debía contraer matrimonio con la hija de Kinomoto.

Todo por culpa de su estúpido tío.

Casarse a los 29 años era un sacrilegio, perdería, a los ojos del mundo que lo conocía, la libertad, tendría que ser cuidadoso con sus amantes y no mostrarse en público sino con su esposa.

Estaba a unos meses de que lo pactado por su tío se cumpliera así que no tenia opción.

Se encontraba en la gigantesca casa que le había sido asignada dos meses antes, cuando cumplió su mayoría de edad, estaba mirando por la ventaba hacia el amanecer cuando el teléfono antiguo retumbo.

- ¿Si?- contesto él con voz gélida.

- Señor, le llamo de parte de su tío, solicita su presencia en la mansión. – dijo un intercomunicador. Era la mujer que su tío había contratado hacía muchos años y que era igual de huraña y malvada que el.

- Iré en cuanto pueda – dijo el joven Shaoran sin entusiasmo pensando seriamente en las tareas que tendría que hacer de lado, por ir a atender el "llamado" de su tío.

Cortó la comunicación dándose la vuelta y mirando hacia la ventana una última vez, sintiendo el irreprimible deseo de salir volando.

Luego, sacudiendo la cabeza ante su propio estado de estupidez salió de la casa hacia el auto, en donde le esperaba también el conductor propio que había contratado bajo sus propias exigencias, era lo primero que hacía por si mismo desde que su tío había tomado el mando de su educación.

Subió a su auto y se dirigieron a la casa. Últimamente el viejo no se había sentido bien y cada nada exigía la presencia del muchacho para indicarle la manera de proceder con las cosas de la casa y las empresas. Y el obedecía por la ahora adulta razón de tener a seguro todo lo que iba a heredar, y el viejo podía ser lo que quisiera, pero administraba las empresas de manera que había dinero siempre que se necesitaba.

Un vez llegaron en la casa el fue recibido por el ama de llaves, quien le dijo que su tío estaba esperándolo.

Dejo el abrigo en la puerta y subió las escaleras como si estuviera dirigiéndose a la cámara de la tortura, pero era algo similar.

Toco la puerta de la habitación escuchando la fuerte tos que su tío emitía, le dijo que pasara entrecortadamente.

- Buenas Tardes – dijo el joven solamente, desde hacía mucho tiempo no le llamaba tío, había dejado de llamarle tío desde el día en que lo saco de la casa de su madre.

- Pasa, muchacho – dijo el hombre entre tos. Tampoco lo llamaba sobrino ni nada parecido – siéntate, necesito hablarte –

No se sentó, pero sabía que el viejo no diría nada, le diría lo que tenía que decirle sin importar la posición en la que se encontrara.

- Como bien sabrás, hace tiempo que mi salud no está en su mejor momento, pero espero mejorar pronto y lo suficiente como para seguir al frente de la compañía –

Shaoran permaneció en silencio mientras Fen continuaba hablando.

- Sabes que es lo que pasara en unos meses así que no necesito repetírtelo, tu matrimonio con la hija menor del líder Kinomoto es un hecho, todo está listo para que se celebre, pero antes que eso vas a tener que asumir la presidencia de las compañías –

- Pero…- dijo Shaoran –… apenas ahora empecé los estudios de economía.- dijo pensando en que, si no estuviera completamente convencido de lo contrario, se trataba de una broma. Su tío, suponía, no había bromeado desde que había salido del útero de su propia madre.

- Ya lo sé, tendrás mi guía, pero en estos momentos es imprescindible que la asumas, a la junta le preocupa mi estado de salud. – dijo el hombre antes de ponerse a toser nuevamente, dándole la idea a Shaoran de que, después de todo, su tío no estaba nada bien.

- Pero jamás van a creer que sea capaz de manejar la empresa a mi edad- dijo el joven mostrándose más razonable que su abuelo.

- Déjame a mí a la junta muchacho, preocúpate de todo lo demás.

Entre lo que saltaba en la mente de Shaoran estaba eso de casarse en unos meses, además de que no conocía como era que iba a ser su esposa.

- ¿Señor…?-pregunto dubitativo mientras sentía ese miedo visceral mezclado con la ira, que su tío le producía.

- Pregunta lo que quieras y luego vete a estudiar.- dijo el hombre respirando con dificultad

-Señor…no conozco a la hija de Kinomoto… ¿cómo podría…? No he visto ni siquiera una fotografía. –dijo el muchacho aun dudando y arrepintiéndose de lo que había dicho nada mas las palabras se formularon desde sus labios.

- No, no puedes, sus leyes lo prohíben, ahora lárgate que quiero dormir. – dijo el hombre cortantemente.

Sintiéndose mucho mas mal de cómo había entrado Shaoran salió de la habitación cuidando de no tirar la puerta para no perturbar la frágil tranquilidad de su maldito tío.

Bajó las escaleras pensando en todo lo que su tío le había dicho y cuestionándose si seria competente para asumir la responsabilidad que contraería, como patriarca de la dinastía y como jefe de todas las empresas.

Subió al auto con esos pensamientos rondando en su cabeza, pero no podía hacer nada, ya todo estaba pactado y pronto ese maldito matrimonio también se llevaría a cabo.

Pero había algo que si podía hacer, si su tío no quería decirle como era su prometida, tendría que averiguarlo por sí mismo.

Montañas Kyûseishu

Fujitaka dejó lo que estaba escribiendo y cerró los ojos mientras el dolor de cabeza volvía. Desde hacía unos meses se había incrementado su malestar y no podía hacer nada por evitarlo. Sabía lo que pasaría con él desde hacía meses cuando había ido a consultarse con un medico y este, después de muchas pruebas y exámenes había terminado diagnosticándole un tumor cerebral inoperable y que acabaría con su vida en poco tiempo.

El hombre solo sentía que se fuera a morir por el destino que seguirían sus hijos. Toya y Sakura, el porvenir de Sakura estaba asegurado desde que era una niña, y era lo que se le había inculcado hasta ese día, cuando cumpliría 17 años. Había pactado un matrimonio con una de las dinastías chinas más importantes. El estar casada con el hijo del jefe de esa dinastía Sakura estaría segura de todos los maleantes que habían querido hacerle daño desde hacia tiempo. Había recibido amenazas de secuestro y matanzas, y vivir en las montañas, a pesar de tenerlo todo, no era bueno para establecer la seguridad de ella. Así que con el matrimonio ella se iría a vivir a China y allí contaría con la seguridad que proveían a los miembros de esa dinastía.

Toya heredaría todo el dinero y las casas de ellos, Fujitaka era el único que quedaba de los guerreros de antes. Toya se había dedicado a estudiar y ahora era todo un empresario. Uno muy bueno.

Sabía que sus propiedades y todo lo demás quedarían seguro en manos de Toya. Y él podría manejar a la familia a la perfección.

Cerró los ojos y pensó en que pronto estaría con su esposa, fallecida cuando Sakura tenía tres años. Al fin podría encontrarse con ella en la otra vida, esa que estaba destinada a todos los líderes de las Montañas.

Esperaba haber hecho lo correcto con Sakura y su matrimonio, ella, como buena mujer, había sabido adaptarse a sus decisiones y las había aceptado sin rechistar. Aunque podía ver esa aura de melancolía que tenia con ella a medida que el día se iba acercando. Podía entenderla, no sería fácil para ella adaptarse a ser la esposa de un hombre al que no conocía, pero confiaba en que con el tiempo ambos llegaran a conocerse y llegaran a amarse tanto como Nadeshiko y él.

Suspirando se puso de pie y salió del despacho camino al gigantesco jardín.

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Sakura ajusto a la medida exacta el cinturón de su kimono mientras miraba hacia los campos bastos que se extendían ante ella, montones de montaña y campos verdes de los cuales tendría que despedirse pronto. Para casarse.

Era impensable que fuera a contraer matrimonio cuando apenas iba a cumplir los 17 años. Las mujeres de la familia pensaban que era afortunada, pero a ella no se le podía ocurrir porque.

Pero no tenía el valor ni nada para oponerse, especialmente cuando había sido entrenada para ser esposa exactamente a esa edad. Y sabia lo que tenía que hacer, no conocía a su esposo pero sabia quien era y la fama que tenia.

Aun no comprendía o perdonaba a su padre por lo que había hecho. Pero no podía juzgarlo, especialmente cuando había hecho todo lo posible por quererla y demostrarle su amor.

Pensó en su hermano y deseo haber nacido hombre, pero incluso así le sería imposible escoger a la persona que sería su pareja el resto de la vida.

Suspirando se alejo de la ventaba y camino hacia la cama. Sentándose toco la tela del vestido que su mejor amiga Tomoyo había confeccionado para ella, para su boda.

Tomoyo tenía una debilidad por el diseño de trajes, quimonos, vestidos y demás, y le pareció lo más apto dejar que ella lo diseñara.

Y le había quedado precioso, o al menos le hubiera quedado muy precioso si no fuera ella misma quien tuviera que usarlo.

Se puso de pie y salió de su habitación para dirigirse al hacia el jardín.

Cuando llego allí se dirigió hacia las caballerizas, intentaría encontrar algo de distracción.

Cuando llego allí encontró a su yegua favorita, de color blanco, llamada Yuki. La ensillo demorándose más tiempo del necesario. Y cuando el monto decidió sacarle todo el potencial, necesitaba esclarecer su mente… una vez más.

El viento arreciaba en sus oídos a medida que Yuki iba tomando velocidad. Saltaba los tocones y los troncos que se le atravesaban por que habían seguido ese camino muchas veces.

Cuando supo que la yegua necesitaba descansar se detuvo en una de las raíces de los múltiples arboles que rodeaban ese campo.

Se bajo del animal y se sentó a esperar que descansara.

Estaba escuchando el cantar de los pájaros y el sonido de las ramas que se movían con el viento cuando otro sonido más fuerte se escucho.

Tenía un oído muy agudo y pudo identificar el sonido de un pie pisando una hoja seca.

Se puso de pie lentamente y miro a su alrededor sin ver nada más que la vegetación.

Algo no estaba bien, sin pensar en lo que hacía corrió hacia Yuki y se subió en ella para huir. Algo destello en el rabillo de su ojo izquierdo pero no se detuvo a mirar que era, solamente espoleó a la yegua y la direcciono a la casa nuevamente.

Parecía que esos paseos también le serian prohibidos una vez le contara a su padre donde había estado.

Llego nuevamente a la casa en medio de un revuelo.

- ¿En dónde te habías metido? – escucho la voz oscura de su hermano teñida de preocupación.

- Estaba montando…- dijo la joven bajando del caballo, las riendas de este fueron recibidas por el mozo de volvió hacia su hermano que caminaba rápidamente hacia ella. Toya y ella eran diferentes, pero eso no le había impedido molestarla siempre que podía, desde que era niña.- ¿qué es lo que pasa? –

- Padre estaba preocupado, pensó que te había sucedido algo -

- Pero…- ella sintió que volvía a desesperarse, desde hacia un tiempo su seguridad era un asunto que mantenía a su padre en estado de alerta y aun no le había querido decir por qué. – yo siempre salgo con Yuki, no entiendo porque… -

- No discutas, es preciso que vayas y hables con él -

Sakura sabía que era lo que su padre iba a decirle. Le prohibiría salir y después de esto permanecería presa hasta el día de su boda.

Entró a la casa y vio a su padre sentado en uno de los muebles de la sala con una mano en la cabeza.

- Padre…- dijo la joven anunciando su presencia. El hombre levanto la mirada, parecía desesperado.

¿En dónde estabas?, te buscamos por toda la casa y no te encontramos… pensé…pensé –

- Estaba montando a Yuki, padre, es lo que hago de vez en cuando -

- Tienes que entender que debes dejar de salir de esa manera. Alguien pudo acompañarte -

- No podía pedirle a algún empleado que me acompañara, ya tienen suficientes cosas que hacer -

- No me importa, no volverás a salir sin una escolta -

- Pero papa- ella no le llamaba papa, siempre le decía padre, nunca pero su suplica había hecho que saliera esa manera de dirigirse a el que no usaba desde pequeña.

- No quiero peros, Sakura, no vuelves a salir a menos que alguien te acompañe -

Ella inclino la cabeza y asintió en silencio.

- ¿Desea algo mas, padre? – pregunto en voz baja.

- No, vete a tu habitación, te quedaras allá hasta el día de mañana, tienes prohibido bajar, se te hará llevar la comida -

Sintiéndose más prisionera que nunca, la chica subió hasta su habitación y cerró la puerta silenciosamente.

No lloró, había llorado lo suficiente desde que había sido niña. Pero sintió un profundo pesar.

Por lo que era, y por lo que le esperaba.

*Kyûseishu (salvador)