¡Hello!

Gracias nuevamente por todos sus mensajes, espero que este también les guste.

Card Captor Sakura y sus personajes pertenecen a CLAMP.

(Si tienen un tiempito véanse nuevamente el capítulo 32 de Sakura, he reído una y otra vez con el jajajajajaj)

DINASTIA LI

CAPITULO 4

Hong Kong, Empresas Li.

Shaoran entró pasando por la recepción, ignorando olímpicamente, como siempre, a la recepcionista que le saludó educadamente.

En ese momento no tenía intención de ser amable con nadie, nunca lo era y no esperaba empezar en ese momento, ese día recibiría junto con su tío a los representantes de los líderes de las montañas.

Conocería al quienes serian su suegro y su cuñado. Y aun así seguiría sin conocer a la que sería su esposa.

Se rotó la frente con desesperación cuando el gigantesco ascensor cerró sus puertas, mientras pensaba en lo que iba a pasar ese día.

Su tío iba a ser traído desde su casa. Aun no podía creer como se las apañaba el anciano para tener la suficiente entereza de levantarse, arreglarse y acudir a este encuentro, enfermo como se encontraba, y asegurarse de que cumplía con lo pactado.

Gruño mientras las puertas del ascensor se abrían y daban paso al organizado pasillo por donde se iba a la oficina que le había sido asignada, aunque no se dirigía allí sino la oficina de su tío, la presidencial, estaba bastante cerca de la que había sido asignada para Shaoran, en un intento de Fen para controlar todos sus movimientos las raras veces que visitaba la empresa.

Miro hacia la puerta de madera labrada y suspirando pesadamente empujo para entrar.

Era el primero en llegar, claro, su tío aun demoraría y empezaría la reunión solamente hasta que él estuviera presente.

Se sentó en uno de los muebles de visitantes resistiendo el impulso infantil de sentare en la silla del presidente, sería un motivo para que su tío lo riñera y enfureciera, con suerte tendría un ataque o algo similar, pero en el fondo de sí rogaba por que la enfermedad que lo aquejara, cualquiera que fuera, se lo llevara pronto.

Si, era perverso, pero su tío había orquestado directa o indirectamente la muerte de su madre y secretamente siempre había deseado tomar venganza.

Pero ahora el viejo estaba enfermo y no tendría sentido vengarse, tal vez la naturaleza se encargara de cobrarle al maldito por todo lo que había hecho.

Escuchó unos pasos suaves y alguien abrió la puerta suavemente.

- Señor – dijo la secretaria de Fen mirando hacia el piso, tal vez porque el mismo Fen se había encargado de hacer que esa sumisión se diera en su secretaria – el señor Fujitaka Kinomoto y su hijo se encuentran en la sala de espera.

- Hágalos pasar – dijo Shaoran impulsivamente.

Puede que su tío no hubiera llegado y puede que no tuviera más opción que quedarse con ese matrimonio pactado, pero tal vez ver a esos familiares de su futura esposa podía hacerse una idea de lo que le esperaba con ella, factor que lo venia acosando desde que supo que se iba a casar en poco tiempo.

La mujer se retiró y volvió unos minutos después con dos hombres altos, el de más edad miraba a su alrededor lentamente, como si estuviera evaluando lo que lo rodeaba intentando sacar un veredicto, el otro muchacho miro a Shaoran demasiado fijamente para el gusto de él.

Ambos vestían sendos quimonos, realmente magníficos, debía admitir, parecían hacer un especial contraste contra la modernidad de la empresa que los rodeaba y ellos, como si fueran una puerta entre ambas épocas.

Devolviéndoles el gesto comprobó que nunca nadie se había atrevido a mirarlo de esa manera en que lo miraba el que supuso, era el hijo de Kinomoto y quería decirle que no lo hiciera, o tal vez emprenderla a patadas contra el por tener una hermana menor con la que estaba obligado a casarse.

- Buenas tardes – dijo Shaoran lentamente mirándolos a los dos con tensión. Ya los odiaba, por haber planeado casar a su hija menor con él, por existir.

Estaba teniendo algo parecido a una crisis emocional respecto a su boda pero seguía sin poder evitarlo, no quería hacerlo, quería tener presente, todo el tiempo, lo que este pacto de hace años iba a hacer a su vida futura.

- Buenas tardes – respondió el padre, parecía ejercer toda la autoridad sobre su hijo.

- Siéntense, por favor – dijo señalando las sillas de visitantes – mi tío no tardara en llegar.

- Así que usted es el joven Li – dijo Fujitaka mirándolo intensamente

- Así es – dijo Shaoran devolviéndole el gesto, esperando que el hombre entendiera, por su expresión, que no quería unirse a su hija en lo más mínimo.

- Me alegro por fin de conocerlo, su tío me hablo de usted hace algún tiempo, pero no lo conocía realmente –

Shaoran dudaba que, por lo que pasaba por su mente, el viejo realmente quisiera iniciar una charla con él.

- Sí, así como yo tampoco conozco nada de su familia – dijo Shaoran secamente

- Las leyes que nos rigen impiden que se den ese tipo de contactos – dijo Fujitaka hablando ceremoniosamente

- Y usted, como líder, ¿no cree que son leyes anticuadas? – pregunto Shaoran lentamente sin pensar en su grosería y devolviendo a Fujitaka la mirada fija.

- No voy a discutir eso con usted – dijo Fujitaka transformándose de viejo sumiso a líder de las montañas-

- Ah, sí. Esperara a mi tío para decidir el destino de su hija menor conmigo. – comentó Shaoran riéndose sarcásticamente.

Fujitaka miró al joven Li y súbitamente pensó en si estaba haciendo lo correcto o si estaba dejándose llevar por su instinto protector hacia su hija sin medir realmente las consecuencias.

- Si, fue con su tío con quien se pactó esta unión, y será con él con quien termine de concretarse – dijo después de unos segundos.

¿Y qué opina su hija de todo esto? – pregunto Shaoran sin dejarse amedrentar.

- Ella no tiene nada que decir respecto a esto, ha crecido sabiendo, desde que tiene memoria, que se casara con usted.

- ¿No cree que ella tenga algo que decir respecto a ser entregada en matrimonio como una mercancía de cambio? –

El joven al lado del Fujitaka tomo impulso para pararse, seguramente para lanzar algún tipo de acción física o de palabra contra Shaoran, pero un gesto de la mano de su padre le impidió hacer nada.

Parecía que Fujitaka estaba razonando y había llegado a la malditamente acertada conclusión de que Shaoran no quería esta unión.

Pero en ese momento ya no podía echarse para atrás.

- Como le dije, ninguna mujer de mi villa tiene derecho a cuestionar sobre nada. Cada una de ellas tiene muy claro cuál es su función para con la villa. Mi hija sabe cuál es su deber, así que no tendrá inconvenientes con ella en el momento del matrimonio.

El hombre parecía no entender que el inconveniente para Shaoran era el matrimonio mismo.

Se daba cuenta de que no había nada que pudiera alterar al hombre, o alentarlo a dar por terminado ese compromiso. Se veía calmado, tranquilo. Shaoran rechino los dientes. Hubiera sido más sencillo si todo terminara ahí y ya veía con demasiada distancia a la posibilidad de que ese matrimonio no llegara a darse.

El silencio reino por mucho más tiempo, Shaoran seguía analizando por momentos los rasgos de esos dos hombres intentando fusionarlos con algún rasgo femenino, pero la verdad era imposible, ninguno de ellos tenía nada de lejos que pudiera asociar a cambiar de sexo, parecía que se iba a llevar la sorpresa del siglo el día que conociera a su esposa, el mismo día en que contraería matrimonio con ella.

La puerta volvió a abrirse y por ella entro una silla de ruedas, en donde estaba sentado su tío, mas demacrado que hacía unos días, y Shaoran no podía sentir nada más que regocijo por ello.

Ya quedaba poco tiempo para que la dictadura terminara.

La puerta se cerró tras la enfermera de expresión severa que llevaba la silla, la cual ubico ordenadamente al lado de la silla del presidente.

El líder Kinomoto y su hijo se pusieron de pie lentamente para hacer respeto a la llegada de Fen, Shaoran se quedo en su silla, despreocupadamente despatarrado, la verdad quería pasar de eso cuanto antes.

- Siéntense por favor – dijo Fen sorprendiendo por sus palabras amables aunque faltas de respiración, jamás había escuchado decir a su tío esas palabras. Ambos hombres retornaron a sus sillas y se acomodaron en silencio mientras el ceño de Shaoran se acentuaba más. – les mande a llamar por que debemos ultimar los detalles de la ceremonia, la vinculación que habrá entre nuestras dos familias. Como podrá darse cuenta no estoy en el mejor de los estados y debido a muchas cosas – miro significativamente y con odio a Shaoran que le devolvió la mirada de la misma manera - creo que la fecha de la boda debe adelantarse.

Shaoran se irguió en la silla completamente lívida, pero no menciono una palabra al ver la severa mirada, cargada de odio que su tío le daba. Quería ponerse de pie y gritarle a su tío que estaba loco pero se mantuvo en sus trece sabiendo que cualquier cosa que hiciera, su tío se la cobraría por triplicado.

- Comprenderá que no podemos darle más largas a este asunto, los muchachos deben estar casados antes de que termine el mes. – concluyo Fen después de una serie de respiraciones rápidas.

- Es muy pronto – corroboro Fujitaka sin inmutarse, como si no le importara realmente que se llevara a cabo tarde o temprano esa boda, solamente que se celebrara. – ¿cree que pueda tener todo listo? Deben contraer matrimonio dos veces, bajo las tradiciones de china y las de Japón, no es algo que se deba organizar a la ligera, la seguridad…

- Lo sé, se puede contratar un equipo especial que ultime esos detalles, no esperamos tampoco que hayan bombos y platillos. Nunca podrá haberlos en un matrimonio arreglado y creo que ambos sabemos eso. Mi sobrino, seguramente, hizo gala de sus malos modales e intento desestimar esta unión, pero él no tiene voz ni voto en esto y esta situación está pactada desde hace muchos años. Yo conozco sus motivos – dijo mirando enigmáticamente a Fujitaka – y usted conoce los míos. Nada puede estar más claro -

- Sí, tiene razón. – dijo Fujitaka con gesto casi comprensivo, como si lo que acabara de decir Fen fuera absolutamente cierto. - Entonces debe decirme con que personas u organizadores va a contar para darles también indicaciones de la ceremonia japonesa.

- Sí, me puedo poner en contacto con ellos para avisarle. ¿Cuál de las dos se celebrara primero? – pregunto Fen, dejando que Fujitaka decidiera.

- La japonesa sería la más lógica, es decir, una vez casados ella vivirá con su hijo, lo cual la alejara de Japón así que después del matrimonio puede venir acá.

- Entonces fijaremos la fecha para dentro de un mes. Estaremos en su villa ese día, le enviare un mensajero con los números de los organizadores para que este todo listo en ese tiempo.

- Me parece perfecto. Esperaré su llegada -

Parecía que todo había terminado allí, Shaoran aun estaba en shock, no podía creer que lo que iba a darse en seis meses, en donde todo podía pasar, se iba a dar en un mes.

Ya no podía siquiera fantasear con la posibilidad de que el tiempo le diera la razón y sucediera algo que impidiera la unión.

Antes de que Fujitaka cerrara la puerta Shaoran hablo en voz baja.

- ¿Podría tener una fotografía de su hija, señor? –

Aun no supo de donde había sacado el valor necesario para hacer eso, y algo dentro de él le decía que no iba a obtener nada, lo cual se hizo realidad cuando Fujitaka se volvió lentamente y mirándolo impasiblemente dijo.

- No es posible, nuestras leyes no lo permiten -

Malditas condenadas leyes, ¿que eran sino pretextos para que la gente hiciera lo que quisiera con otras personas?

Basura, pura y física basura.

Intento mostrarse indiferente ante la negativa de Fujitaka pero sabía que sus ojos estaban mostrando todo lo que le desagradaba el hecho de que le hubiera negado esa petición.

Cuando la puerta se cerró volvió a hacer silencio, la enfermera que había traído a su tío permanecía de pie a un lado esperando la orden del enfermo. Shaoran sintió la mirada iracunda de su tío.

- ¿Cómo te atreves a cuestionar las leyes y tradiciones de un hombre como él?

- No porque usted le rinda pleitesía todos debemos hacer lo mismo – respondió Shaoran con los dientes apretados.

- ¡Tú me obedeces hasta que yo te diga lo contrario! – grito Fen, llenándose de ira y de tos, lo que lo obligo a taparse la cara y soportar ruidosamente un ataque masivo de tos.

Cuando se calmó lo suficiente enfoco los ojos enrojecidos en su sobrino, la vergüenza de su estirpe a pesar de que había intentando corregir muchas veces su comportamiento.

- No eres nada, debí haberte dejado con tu madre pudriéndose en la pobreza por no poder mantener el honor de esta dinastía en pie.

- Sí, así lo hubiera hecho, así me habría evitado tener que ver su maldito rostro todos los días – dijo Shaoran mirándolo con odio.

- ¡Vaya! El lobito sacó las garras…- dijo Fen sonriendo sarcásticamente – Mira por donde, estúpido muchacho, y de paso intenta ver más allá y comprender todos los beneficios que traerá el hecho de que te cases con esa chica -

- Me importa un bledo los beneficios, yo no me quiero casar –

- Pues vas a tener que hacerlo. Te conozco Shaoran, y sé que un matrimonio no hará cambiar tu conducta licenciosa. Y la verdad me importa poco, me vale si estas casado y tienes diez amantes, solamente me importa que sobre un papel y a los ojos de las dos familias, las vidas de ustedes dos estén unidas -

- Perfecto, lo ha dicho. Me casare con la hija de Kinomoto, veré que beneficios monetarios obtendrá la familia con ello, pero en lo que respecta a mí, en esta unión se acaba la dinastía Li – dijo sintiendo el odio corroyéndole las venas, iba lanzar la última carta que tenía en mano para que su tío la tomara y decidiera que hacer con ella. - Porque puede obligarme a casarme con ella, pero no puede obligarme a que la tome realmente como esposa, nunca me voy a acostar con ella, porque la desprecio ya, sin siquiera conocerla, y me vale cero. No voy a tocarla nunca, y nunca voy a tener hijos que vean lo que es pertenecer a una familia llena de locos. La dinastía será todo lo longeva que yo quiera -

Dio media vuelta y salió dejando que su tío pensara lo que quisiera, ignorando sus esfuerzos por llamarlo y obligarlo a que regresara.

Lo había dicho muy en serio. Aun si su tío se negaba a hacer caso de su última amenaza iba a cumplir con lo que había dicho. No pensaba perpetuar la Dinastía teniendo hijos con esa maldita, ya tenía suficiente con saber que estaba unido a ella.

De todas maneras ella no esperaría que le fuera fiel, y el no abandonaría su delicioso libertinaje por una alianza de locos.

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- ¿Un mes? – el sonido angustiado de la pregunta resonó en la habitación de Sakura. Casi como un gemido de dolor que salió desde lo más profundo de su alma. Nuevamente su padre le hablaba mirándola a los ojos, con una expresión inamovible. – Pero…todavía faltaba tiempo…papa…yo no…- Sakura se quedo sin palabras, no sabía que decir, había contado con esos meses para prepararse, aun mas, psicológicamente, para lo que le esperaba al lado de ese hombre, pero ahora, ahora no tendría una sola oportunidad.

- En un mes saldrás de esta casa, tienes que hacerlo, porque así está pactado –

Sakura reprimió el instinto de ponerse a llorar, sabía que con el llanto nada iba a cambiar, ella seguiría en ese mundo, en ese cuerpo, siendo testigo de toda la locura que estaba llevándose a cabo a su alrededor.

- Algún día entenderás, Sakura, lo que este matrimonio significa para ti… -

Sakura dejó de mirar a su padre, aunque ya no sabía si llamar padre al hombre frente a ella. Un padre no haría lo que ese hombre acaba de hacer, se sentía vendida, usada y humillada. Y lo soportaba estoicamente porque eso era lo que se suponía que tenía que hacer.

Se dejo caer en la cama y enterró la cara en las manos. Sus manos olían a cerezo, al aceite especial que Tomoyo siempre traía para ella, olerlo le daba consuelo, porque era la única conexión con la ilusión, la poca que aun quedaba con ella.

La puerta se cerró con un clic detrás de ella. Nuevamente su padre huía, sin darle explicaciones, sin mostrar por un instante la compasión que ella creía que tenía.

Se recostó en la cama y empapo la almohada con sus lágrimas. Que le esperaba al lado de Shaoran Li? Esperaba que el destino no se ensañara con ella.

Lloro hasta quedarse seca, hasta que la misma Tomoyo manejo su cuerpo y la vistió para meterla bajo las sabanas.

- No me dejes sola – pidió Sakura, tomando la mano de Tomoyo y apretándola – por favor, no me quiero quedar sola -

Tomoyo miró la mano de su señora y asintiendo se sentó en la silla que estaba al lado de la cama y la acompaño hasta que el llanto le permitió caer dormida.

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Al día siguiente, desde la casa de Fen, comenzó a darse un despliegue de actividades, todas ellas relacionadas con la organización de la boda del sobrino del magnate Li.

Una serie de personas iba y venía dentro de la habitación, algunos salían con un semblante normal, otros con el ceño fruncido, el hombre era bastante molesto, pero por su dinero, todo el mundo debía hacer lo que decía, cada detalle de las bodas era consultado con él y cada cosa tenía que estar bajo su supervisión para su aprobación o descarte

Dado que la ceremonia que se llevaría a cabo primero era la de Japón Fen mando al equipo a la villa de las montañas en primera estancia, para que tomaran nota y visualizaran los modos de una ceremonia de matrimonio japonesa, la llevarían a cabo y la novia partiría inmediatamente a China para llevar a cabo la otra ceremonia.

No habría luna de miel, eso era más que probable. Shaoran no iría a luna de miel cuando se empeñaba tanto en negarse a ese matrimonio.

El grupo de personas llego a la villa y fueron objeto de los simulacros de seguridad de las montañas, luego de que fueron analizados a fondo les fue permitido entrar, pero ni siquiera ellos pudieron ver a la hija de Kinomoto, para todo lo referente a ellos tuvieron que vérselas directamente con el jefe de las montañas.

Este les dio las respectivas indicaciones sobre cómo debía ir vestido el novio y los invitados y como se arreglaría el pequeño templo en donde se llevaría a cabo la ceremonia.

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Pasaron las semanas y la fecha del matrimonio se acercaba.

Las cosas comenzaban a estar listas lenta pero eficazmente, los ornamentos no variaban mucho, el vestido de Sakura era el kimono blanco con estampados de flores rosas. El tocado de su cabeza también tenía abalorios y flores blancas.

La joven contemplaba su reflejo en el espejo mientras la modista, contratada personalmente por su padre y obligatoriamente muda, le daba los últimos toques para tenerlo listo para el día de la boda.

Le acomodó las peinetas y los palitos, mientras la joven se perdía a sí misma en la esencia de sus ojos verdes, heredados de su madre. Oraba una y otra vez, en silencio, mentalmente, por la salvación del alma de su padre, por la salvación de ella misma, porque algo dentro de ella le decía que ese matrimonio traería la desgracia a su propia vida.

La mujer dejo el tocado listo sobre su cabeza y lo retiro para dejarlo especialmente sobre una madera destinada a sostenerlo. Sakura se puso de pie y volvió a sentarse en su cama, parecía que ese era el ritual de todos los días, se levantaba, la usaban como un maniquí y luego volvía a sentarse en su cama a bordar. Era una actividad que la quitaba de la realidad, parecía que bordaba por horas, y era un talento que nadie sabía que poseyera, solamente su hermano.

Ella había bordado todos los tapices que cubrían las paredes de su mansión. Su hermano argumentaba a su padre que era el mismo quien los compraba, pero en realidad era su hermana quien los bordaba.

Su padre no sabía por qué le había pedido a su hermano que mantuviera el secreto, los tapices eran algo que le gustaba mucho a su madre y Sakura sabía que si se enteraba de que era ella la que los bordaba se vería asediado por los recuerdos de ella.

Por eso dejo que pensara que eran idea de su hermano.

Tocaron la puerta suavemente, Sakura reconoció de inmediato los golpecitos de Tomoyo.

-Adelante – dijo en voz baja, en la que sabía que Tomoyo le escucharía.

Efectivamente, la joven de ojos amatistas entro lentamente y cerró la puerta detrás de ella.

- ¿Cómo le fue? – pregunto haciendo referencia a todo lo que hacían con ella día a día para preparar su ajuar de boda.

- Igual – dijo Sakura deslizando la aguja lentamente por la tela. – el tocado está listo, no tendré que seguir cargando con el por horas -

- Me alegra de que lo vea de esa manera, después de todo –

Sakura asintió y se volvió hacia Tomoyo.

- ¿Y tú?

La muchacha se sonrojo violentamente pero luego volvió a la palidez de su rostro de manera gradual.

- Sobreponiéndome… mi hermana, ella es feliz…no puedo sino desearle más felicidad, y convencerme de que nunca más me volveré a enamorar -

Sakura volvió a sentir lástima de Tomoyo, pero sabía que la muchacha tenía sentimientos nobles y era la más indicada para enamorarse y ser amada por alguien.

- ¿Aún estás segura de querer ser mi doncella?, puede que te estés privando de la oportunidad de amar nuevamente, de tener una familia…- dijo Sakura dividida entre el deseo de que Tomoyo dijera que no y a la vez que encontrara la felicidad.

- No quiero que piense eso señora. Yo quiero estar a su lado, quiero…- decía la joven como si estuviera adolorida porque su señora estuviera siquiera sugiriendo tal cosa.

- Quieres huir por que te sientes mal al ver como el hombre que amas se casa con tu prima – interrumpió Sakura mirando fijamente a Tomoyo, para que la muchacha no negara cuáles eran sus verdaderas intenciones al irse con su señora.

- Le ruego que no me aparte por eso, señora, para mí es un honor acompañarla y servirle, y puede que en el fondo esa sea mi intención, pero no menosprecio el honor que me ha sido asignado al cuidar de usted…- dijo Tomoyo casi arrodillándose.

- Me alegra que seas sincera, Tomoyo, y quiero que sepas que si algo llega a suceder, no dudes en tomar lo que el destino te ofrece y hacerte con ello. No olvides nunca que no hay un privilegio mejor que el de poder tener tu propio destino en tus manos y poder hacer tu voluntad de él. – dijo Sakura sonriéndole tristemente.

- No se angustie, mi señora. Estoy segura que entre toda esta desgracia que usted parecer ver, debe haber algo bueno -

- Yo quisiera creerlo, Tomoyo, pero algo, muy dentro de mi me dice que mi sufrimiento solo acaba de empezar -

- No entiendo porque el señor se empeña en casarla de esta manera, señora, debe tener unos motivos muy poderosos. – dijo la joven de cabello largo lanzando al aire una mirada pensativa.

- No se cuales sean sus motivos, Tomoyo, pero mi madre jamás le hubiera permitido hacerme esto – la mirada de Sakura se ensombreció cuando recordó a su madre.

- Animo, mi señora, estoy segura que ambas podremos sobreponernos -

Sakura esperaba que fuera así, dejo de mirar a Tomoyo y volvió a concentrarse en el tapiz que estaba tejiendo, en donde, inconscientemente, estaba bordando, con colores brumosos, y oscuros, la realidad de lo que era su vida, y la verdad de lo que la esperaba.

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La tensión inundaba todo el ambiente por que el Shaoran transitaba.

Parecía como si de un mal presagio ambulante se tratara.

Casi nadie se cruzaba con el por temor a resultar casi herido, ahora pasaba casi todo el tiempo en la empresa conociendo los procesos y todo lo demás, empapándose de todos los temas a la espera de asumir el rango cuando a su tío se le diera la gana dárselo.

Se encerró en la oficina cuando tuvo todos los procesos escritos y comenzó a estudiarlos sin ningún entusiasmo, pero aprendiéndolos con pertinaz eficacia.

Pero ese día estaba peor que nunca, había sido parte de la estúpida costurera que le dio a probarse un kimono de color negro, el color tradicional con el que tenían que vestirse los novios en los matrimonios japoneses.

Se veía bien, su kimono estaba bien, era de la mejor calidad y era cómodo, pero no podía olvidar, bajo ninguna circunstancia, para qué propósito estaba siendo diseñado, para arrastrarlo a un matrimonio arcaico que solamente le traería problemas a su vida de delicioso libertinaje.

Había sido presa de muchos encuentros con su tío, quien parecía cada vez más resistente, parecía que no quería dejar ese maldito mundo sin cumplir el cometido de convertir la vida de Shaoran en un completo infierno.

Cerró el libro que estaba leyendo y se sentó en la silla de su despacho.

Levanto la bocina y llamo a Wei.

- Joven Shaoran, es un placer saludarle, ¿como esta?- pregunto el hombre amablemente -

- ¿Cómo quieres que este, maldita sea? – preguntó Shaoran siendo presa del mal humor, como se estaba volviendo costumbre, cerro el libro que leía con violencia y lo lanzo sobre el escritorio como si este tuviera toda la culpa de lo que sucedía.

- Aun no comprendo porque simplemente no se niega a que su tío haga esto con usted. – dijo Wei cuando la respiración bramante y enfadada de Shaoran le permitió hablar.

- Créeme, lo he visto desde todos los ángulos, pero lamentablemente para mi, mi tío tiene la maldita razón. – dijo Shaoran admitiendo, dolorosamente, su ya predestinada derrota. - Hay muchos vínculos y negocios que nos pueden traer grandes beneficios si me caso con la hija de ese vernáculo. La ampliación de la empresa necesita de este vinculo…pero es un precio demasiado alto…- terminó de hablar el joven mientras veía por la ventana de su despacho en el alto edificio.

Tenía razón en lo que le estaba diciendo a Wei, en las últimas semanas, aparte de ser víctima de todos los arreglos de su "matrimonio", se había dedicado a analizar todo el acuerdo que se había dado desde que era un niño, todos los pormenores, beneficios, activos, negativos, pasivos y demás que traería para las empresas Li establecer vinculo con los japoneses. Y maldita sea, su maldito tío había tenido razón todo el tiempo. Unir a las dos familias haría a la dinastía invencible, si es que eso era posible, y la convertiría en la dinastía más rica de todas. Lo único malo era el precio a pagar por todas esas maravillas.

- Me parece que aprenderá a encontrar en su esposa el consuelo para todo lo que esta pasándole ahora. – dijo Wei después de unos momentos.

- Ella no me interesa, Wei, es solo un medio para un fin. Si fuera una mujer de verdad estaría oponiéndose con uñas y dientes a esta farsa, pero en cambio se esconde, se aísla y espera sumisamente a que su padre escoja un marido para ella. ¿De qué me sirve una esposa así?, de nada. No voy a acostarme con una adolescente solamente para darle el gusto a mi tío. – resopló Shaoran pensando siquiera en tocar alguna forma femenina que no estuviera completamente formada.

- No creo que la joven Kinomoto haya tenido otra opción, al crecer bajo la dominación del sexo masculino en las montañas donde, a pesar de todo lo moderno que tienen, aun les hace falta un poco mas de civilización -

- No me importa, ella debería oponerse, ninguna mujer que se precie de serlo aceptaría esto. – comento Shaoran con amargura.

Wei suspiró al otro lado de la línea, era evidente que el joven tenía mucho que aprender respecto a lo profundas que eran las creencias de las tradiciones de esa gente japonesa.

Y el joven también tendría que aprender que, cuando las cosas estaban destinadas a suceder, no había nada ni nadie que pudiera impedir su curso real.

Nos leemos en el next, bye