Gracias por leer y por sus mensajes. Son de gran ayuda para el progreso de la historia.

Los personajes de CCS son propiedad de CLAMP.

Sakura espero hasta que Tomoyo se hubo sosegado parcialmente, después de descargar todo el contenido de su estomago en la bolsa que había traído el de seguridad.

No tenía experiencia pero al humilde parecer de Sakura la reacción de Tomoyo no parecía ser por causa del vuelo, parecía sintomatología de virus, por lo que había visto en la villa.

Sakura no quería pensar en que el estado de salud de Tomoyo podía empeorar, vomito un par de veces más y cuando estuvo nuevamente sentada y a punto de quedarse dormida le dijo a Sakura que podía ir a dar el paseo que quería para observar los detalles de la estructura en donde estaba viajando.

Dejo a Tomoyo durmiendo cómodamente en su silla y camino lentamente sosteniéndose de cuanto podía a pesar de que no pareciera que estuvieran volando, a cada paso que daba continuaba asombrándose de la cantidad de cosas que veía, cuando lo elegante termino y quedo casi frente a la cabina supo que había llegado el momento de regresar, pero seguramente guardaría en su memoria todo lo que acababa de ver para archivarlo y recordarlo siempre que pudiera como su primera experiencia en viajar en un avión, y un avión como ese en el que estaba viajando.

Regreso al lado de Tomoyo y se acomodo en su silla, intento que su cabeza no se llenara de recuerdos sobre lo que había hablado con su esposo.

Pero inevitablemente esas imágenes, palabras y gestos se habían quedado grabados muy hondo en su conciencia, no estaba enfadada, debía admitirlo, sorprendida, un poco, asustada, bastante, pero no enfadada, casi lo comprendía y comprendía ahora la razón por la cual él la odiaba a ella y odiaba todo lo que habían hecho, era porque el también había sido forzado a esto, no entendió bien las razones de él, que a distancia eran un poco diferentes de las de ella, solamente le había dado a entender que ese matrimonio le parecía una farsa y que creía que la culpable era ella por no haberse revelado ante lo que su padre había planeado.

Lo que había contestado había estado bien, esas eran, en general, las razones por las cuales había aceptado con sumisión la decisión de su padre, porque le temía, por que durante su vida se había visto subyugada a las decisiones que él quisiera tomar para ella porque no estaba su madre para protegerla. Pero por lo que había dicho el ni siquiera vivirían juntos, le había comprado una casa y estaría recluida en ella, lo único que esperaba es que esa casa tuviera muchos libros, habría que entretenerse con algo y que mejor que espacio para sí.

Tomoyo se removió un poco y abrió sus ojos amatistas que estaban enrojecidos, Sakura no se imaginaba que le iba a afectar tanto el viaje, pensó que al menos ella no había presenciado la conversación con Shaoran porque si lo hubiera hecho seguramente estaría asustada, más que la misma Sakura.

No sabía qué hora era, y no quería llamar a nadie para averiguarlo, una nimiedad así daría que hablar entre ese estricto personal de seguridad y no quería hacer nada que llamara la atención.

- ¿Como estas, Tomoyo? – pregunto Sakura cuando la muchacha se enderezo en la silla. Y se froto los ojos delicadamente.

- Con el estomago como un cedazo, señora – contestó con tanta sinceridad y elegancia que arranco una sonrisa a Sakura. – pero creo que sobreviviré.

- Que bueno, me estaba preguntando si contaría con tu presencia en mi boda.- dijo Sakura sonriendo y apretando cariñosamente la mano de la joven.

- Por supuesto, señora, estoy segura que cuando el aparato este en tierra mi malestar se ira. – dijo Tomoyo con ansiedad, como esperando que Sakura se enfadara.

Sakura también lo esperaba. Pero no iba a arriesgarme a que algo le pasara. Pediría a uno de los de seguridad si podría consultar a alguien que supiera de enfermedades y virus, si tenía que prescindir de Tomoyo en su malograda boda China, quería saberlo lo antes posible, y aunque se iba a sentir más sola que nunca, no iba a arriesgar a Tomoyo.

Tomoyo dijo que tenía sed después de unos minutos, Sakura levanto la bocina que había dicho el de seguridad y pidió una botella de agua para ella.

Esta llego en menos de dos minutos y Sakura se sintió un poco abrumada por su rapidez.

Tomoyo bebió un par de sorbos pero desgraciadamente eso estimulo a su estomago negativamente ya que la chica volvió a trasbocar y comenzó a apretarse el estomago inconscientemente.

Ahora sí que estaba preocupada.

- ¿Cree que la pueda ver un medico cuando aterricemos? – pregunto Sakura ansiosa cuando el hombre movió unas cuantas palancas debajo de la silla en la que estaba Tomoyo y esta se reclino suavemente hacia atrás haciendo que la llorosa Tomoyo quedara suavemente recostada, como en una cama pequeña.

- No debe faltar mucho para que lleguemos, me comunicare por radio con alguien en tierra para que esté listo un equipo médico.

Sakura asintió mirando la pálida cara de Tomoyo.

-Gracias, eso sería maravilloso – dijo dirigiéndose al de seguridad.

- Perdóneme señora, no cumplir mi promesa – dijo Tomoyo negando con la cabeza para sí misma.

-Ahora eso no importa, estás enferma. – le respondió Sakura intentando que volviera a recostarse.

El hombre salió y Sakura se quedo a solas con Tomoyo.

La joven estaba ardiendo en fiebre.

El hombre volvió a la estancia y le dijo que quedaba media hora de vuelo aproximadamente, Sakura asintió aunque pensó que media hora con dolor abdominal era algo casi insoportable.

El, que también sabia de primeros auxilios, le dijo a Sakura que pusiera paños en la frente de Tomoyo y que él le haría una vía intravenosa para pasarle algún analgésico de amplio espectro y para hidratarla y posiblemente antipirético (quita la fiebre).

Sakura observo la manera pulcra, educada y sobre todo profesional del hombre cuando trabajo de Tomoyo, la muchacha seguía ardiendo en fiebre y había comenzado a delirar llamando a su madre y al hombre que se iba a casar con su hermana mayor.
Le aseguro la intravenosa y colgó una bolsa de suero en la pared, en un ganchillo que sobresalía. Haciendo una reverencia se retiro.

/. /

- Tenemos un percance – dijo Liu interrumpiendo a Shaoran que estaba en medio de una videoconferencia con algunas directivas de las empresas Li.

-¿Qué pasa? – pregunto sacándose el audífono.

- La doncella de su esposa se encuentra en mal estado de salud – dijo Liu – al parecer es algo serio.

Genial, pensó Shaoran, lo que le faltaba.

- ¿Qué tiene? – pregunto irritado.

- No sabemos, pero por sus síntomas podríamos decir que un ataque de apendicitis-

-¿Avisaste en tierra? – pregunto Shaoran pasado un momento, pensando en cómo cambiarían sus planes y dándose cuenta de que eso no los alteraría en absoluto, lo mejor era casarse cuanto antes y salir de ese embrollo en vez de darle más largas esperando que por algún tipo de milagro la boda no se llevara a cabo, porque conocía a su tío sabía que si se enteraba de que el curso de la programación cambiaria por que la doncella de su esposa estaba enferma, seguramente iría al mismo hospital a casarlos, y Shaoran pensó que no tenía tiempo ni ganas de acudir a ningún hospital. Liu asintió por lo que Shaoran continuó – Vamos a hacer lo siguiente, en cuanto el avión toque tierra ordena a algunos de tus hombres que escolten a la doncella a uno de los hospitales cercanos, el resto traerá a mi esposa conmigo, supongo que tendrán que prepararla para la ceremonia. Después se reunirán en la casa, que ninguno de los hombres que asignas se aleje de la doncella.

Liu asintió y salió y Shaoran volvió a su videoconferencia sin que le preocupara nada más.

Estaba debatiendo sobre el valor de algunas acciones cuando una llamada entro al móvil, no alcanzo a contestarlo por lo que segundos después llego un mensaje.

Se trataba de Eriol y le decía que estaría esperándolo en el aeropuerto, no podía negar que era una perspectiva agradable ver a su amigo, si contaba con suerte él estaría presente en la boda lo cual al menos le daría cierto alivio.

Le respondió que llegarían en unos minutos y que le agradaría volver a verlo. Era cierto, seguramente Eriol era la única conexión que le quedaba con su pasado, ya que ni siquiera podía ponerse en contacto con sus hermanas.

Cerró el móvil y volvió a concentrarse en la videoconferencia.

/ . /

- Señora, voy a tener que pedirle que se siente y ajuste su cinturón de seguridad, en unos momentos estaremos aterrizando. – el hombre entro en la estancia.

- ¿Qué pasara con Tomoyo? - pregunto ella mientras intentaba ajustar el cinturón con manos temblorosas, al final el hombre de seguridad tuvo que ponérselo.

-Un equipo médico la estará esperando – dijo él, cuando termino de ajustarla a ella saco una serie de cinturones de la bien equipada silla con la que aseguro a Tomoyo cuidando de no apretarle el vientre que según miro Sakura por encima del kimono, estaba aumentado de tamaño.

Cuando el avión aterrizo la sensación de vacío volvió a darse en el estomago de Sakura que no quería imaginarse que sentiría Tomoyo con ese descenso en su maltrecho estomago.

Una vez el avión permaneció quieto en el sitio tres hombres entraron con una de las camillas de emergencia del avión, uno de ellos desaseguro rápidamente a Tomoyo y la subieron con cuidado, por los músculos de ellos Sakura sabía que uno solo d ellos podría transportar la camilla de Tomoyo pero entre los tres la sacaron procurando moverla lo menos posible, Sakura se desato y salió detrás de ella, cuando iban a cruzar la salida otro de los hombres de seguridad se adelanto y le cerró el paso.

- Lo siento, señora, usted debe venir conmigo – Sakura que no había apartado la vista de Tomoyo miro al hombre horrorizada.

- No, yo debo ir con Tomoyo – dijo intentando sortearlo.

- Las órdenes del señor Li es que se quede usted conmigo y mis demás compañeros, será conducida al templo para su boda.

-No me importa la boda, ella es mi doncella y debo estar con ella, está muy enferma y…- intento explicar ella pero el hombre no se movió, Sakura se sintió desesperada, en ese momento, y solo ahí, se rebeló que sus decisiones tampoco iban a ser tomadas en cuenta en ese país, había guardado la ligera esperanza de que fuera diferente y aunque había aceptado sumisamente la decisión que Shaoran había tomado para ella, no podía alejarse de Tomoyo, era como su hermana y era la única compañía que le quedaba.

-Hágase a un lado, se lo ordeno – dijo con una voz que no parecía la de ella.

-Lo siento, señora – dijo el hombre permaneciendo impasible e intacto en su puesto.

Sakura se movió rápidamente y lo esquivo para bajar corriendo las escaleras del avión, a lo lejos vio que Tomoyo estaba siendo acomodada en una camilla de ruedas y que su rostro estaba aun mas pálido que antes.

Corrió todo lo más rápidamente que sus piernas la impulsaron y se estaba acercando cuando un par de brazos la aferraron por la espalda y la empujaron hacia atrás. Sakura intento sacudirse pero no era rival para esos brazos de acero.

Cuando miro hacia atrás vio que era el mismo hombre que la había retenido en la puerta del avión, estaba haciendo grandes esfuerzos por no lastimarla y parecía contener toda la fuerza que poseía y solo estar usando una parte de ella.

- ¡Suéltame! – dijo Sakura casi rugiendo.

- En el momento en que Liu te suelte te dejare en la calle y te devolveré a tu padre, no creo que esa idea te agrade – dijo una voz detrás del hombre. Este se volvió y Sakura enfoco a Shaoran que caminaba lenta y seguramente, como un león, elegante, frio y distante.

- Tengo que ir con ella, por favor – rogo Sakura desesperada, intentando trasmitir con sus ojos y con su voz su deseo ferviente de ir con Tomoyo, pensando, inocentemente, que podía ser la última vez que la vería.

- No, no tienes que ir con ella porque es tu sirvienta y está siendo atendida, tú vas a venir conmigo porque tenemos que finiquitar este tedioso asunto de nuestra boda antes de tener que aguantar alguna perorata de mi tío. – dijo Shaoran mirándola desdeñosamente.

- Pero…- intento discutir ella pero él se acerco hasta que quedaron a una distancia casi mínima.

-Pero nada, te vienes conmigo y después veremos cómo está tu sirvienta.

La inflexibilidad de los ojos de Shaoran convenció a Sakura que por más que le pidiera y rogara él la iba a separar de Tomoyo, quizá nunca la volviera a ver, podría morir…sintió un acceso de ira mezclado con lagrimas que no derramo. Tan solo devolvió la mirada a su "esposo" completamente convencida de que era un ser sin alma, un acceso de rencor hacia él y hacia los hombres en general la sacudió completamente, nunca había pensado en tener ese sentimiento hacia alguien, aunque oportunidades en la vida no le habían faltado, pero ese rencor contenido tanto tiempo decidió hacer sevicia en su cuerpo en ese momento, pero sabía que no le serviría de nada, y aun así estaba invadiéndola completamente.

Shaoran sintió como los ojos de Sakura cambiaron, el verde sorprendente de ellos se oscureció por una emoción que no supo leer, su aliento agitado le golpeaba el rostro al mismo tiempo que sentía el enfado manar de ella, lastima, pensó, porque no le serviría de nada su pequeño ataque de rebeldía, ella no iba a hacer lo que quisiera y sería mejor que lo empezara a entenderlo.

Cuando Sakura bajo la cabeza completamente vencida el dio una cabezada al hombre que la sujetaba quien la apoyo en el suelo nuevamente y la insto a caminar detrás de Shaoran, iban por otro camino diferente al que había tomado Tomoyo pero en la misma área, quizá podría verla… pero no entraron a otro aeropuerto igual de monstruoso que el de Japón, y la camilla se perdió de vista. Sintió que un brazo la aprehendía delicadamente a que caminara y así lo hizo, no se sentía especialmente fuerte, así que nuevamente su voluntad se vio doblegada por los deseos de los demás.

A lo lejos vio que Shaoran caminaba en sentido recto y sus ojos parecían también estar buscando a alguien.

/. /

Shaoran seguía pensando en los ojos de su esposa, parecía insólito que aun se sintiera presa bajo ellos, que los ojos de una niña pudieran transmitir tanto y nada al mismo tiempo.

Pero sacudió la cabeza y volvió a la realidad para encontrarse de frente con un sonriente, crecido y siempre con gafas Eriol Hiragizawa.

Ambos muchachos sabían que habían cambiado, cada golpe de la vida había hecho de ellos lo que eran en esos momentos, aun podía recordar la última vez que se habían visto y jugado, cuando la vida tal como la conocía había sido arrebatada de Shaoran, sabía que no tenia derecho pero envidiaba la sonrisa de amistad que manaba de la cara de Eriol y que la frialdad y altivez con la que había sido criado le impidiera devolvérsela del mismo modo. Pero Eriol no se amedrento, el sabia, al menos lo más relevante, que era lo que había pasado con Shaoran y aunque entre su padre y el habían tratado de encontrarlo siempre habían contado con la oposición de Fen, pero sabía que tendrían que hablar de ello cuando tuvieran tiempo. Shaoran estaba próximo a casarse.

Ambos se estrecharon las manos como medios conocidos.

- Es un gusto volver a verte, Shaoran Li-dijo Eriol como si se tratara de algún diplomático

-Lo mismo digo, Hiragizawa…aunque… por lo que veo, aun sigo siendo el más apuesto de los dos, madre lo decía…- dijo Shaoran sin poder evitar que una descarnada y casi forzada risa saliera a su rostro. Los ojos de Eriol brillaron también a punto de lanzar carcajadas. Parecía que con Eriol, el dolor de hablar de su madre se mitigaba, y sabia que tendría oportunidad de hablar de eso y de mucho más con Eriol, pero ahora, ahora tendría que ir a su ceremonia, no quería que su tío se enterara de la presencia de Eriol hasta que no fuera absolutamente necesario.

-¿y no vas a presentarme a tu esposa? – dijo Eriol mirando por encima del hombro a Sakura que caminaba lentamente al lado del hombre de seguridad.

Shaoran se volvió contrariado, no le importaba ser maleducado con Eriol pero no quería hacer ningún tipo de presentación ni alarde de su nueva esposa.

- No, no merece tal distinción – dijo descarnadamente ignorando olímpicamente la petición de Eriol.

- ¿Es esa niña que camina al lado de tu escolta? – dijo Eriol sin hacerle caso. Shaoran afirmo con un gruñido.

- Es…demasiado hermosa – comento con un deje de sorpresa en la voz, Shaoran se sorprendió a sí mismo por la irritación con la que salió su voz.

- No servirá de nada que sea hermosa o no…no la quiero, ni la querré nunca.

-Aun no puedo creer que te hayas visto atado por un matrimonio de conveniencia.

- Conoces los alcances de mi tío, tuve que acceder a esto…y a otros detalles, pero también tengo mis condiciones, claro que al viejo no le importa con tal de que me una a la familia de Kinomoto.

- Kinomoto… ¿los Kinomoto de los guerreros de las Montañas? - dijo Eriol con sorpresa.

-Si – gruño Shaoran comenzando a caminar hacia la salida del aeropuerto en donde debía estarlo esperando todo el equipo de seguridad.

- Pero…es una de las jóvenes más codiciadas para matrimonio, por su excelente dote… dicen que nadie le ha visto nunca el rostro.

- Pues lo estás viendo ahora – dijo mordazmente Shaoran – mi tío concluye que una unión entre la dinastía y ellos proveerá ingresos y ventajas a grandes rasgos a la empresa, y analizando la situación detenidamente no puedo más que aceptar que tiene razón, el muy anciano, hicimos una proyección en secreto con mi nueva junta directiva, y necesitaremos de esa alianza para muchos proyectos que vienen en camino.

Eriol asintió todavía dando la vuelta a su cabeza para mirar a la figura de Sakura, seguramente en unos años, cuando hubiera convivido con ella Shaoran no tendría reparos en aceptarla como su esposa, aunque era su belleza, la que hablaba por su manera de caminar y otros factores que saltaban a la vista, la muchacha podría ser una excelente esposa.

Sakura observo al hombre que se acerco a Shaoran y que desde hacía unos minutos había empezado a caminar con él, no podía esperarlo de Shaoran después de lo que le había hecho pero al parecer eran amigos o se conocían, no podía comprender como el teniendo un amigo se rehusara a dejarla ir con Tomoyo, pero él era el hombre, nada mas valido que eso.

Notaba que el hombre se volvía a verla varias veces y creía saber el motivo, había permanecido oculta por ordenes de su padre, su único contacto con el exterior había sido en la villa y con nadie más, pero había escuchado cosas durante su corte vida, comentarios sobre como su padre guardaba celosamente su privacidad en todo lo referente a ella.

Cuando llegaron a la entrada del hospital el hombre de seguridad que iba a su lado se hizo aun más cerca haciéndola sentir incomoda, pero hasta que no estuvo dentro del lujoso auto negro no comprendió que se había acercado a ella para servirle de escudo, volvió a pensar en el hombre que había visto en el aeropuerto y la razón por la que insistían en su seguridad y la de su esposo.

Miro hacia la ventaba pensando en Tomoyo y en lo que estaría pasando con ella en ese momento.

Partieron a toda velocidad, apenas le daba tiempo de mirar cada casa, cada edificio, cada parque, cada parte d esa ciudad desconocida que veía con sus ojos, que nunca creyeron que verían algo más que la villa donde creció. Intento grabarlo todo tal como en el avión, ya que sabia la vida de reclusa que le esperaba en el futuro y seguía queriendo tener algo que recordar.

Arribo a una mansión gigantesca cuyas puertas enrejadas y blancas se abrieron para dar paso a toda la comitiva de autos que entraban en fila entre los que se encontraba el de ellos, entraron con rapidez pero esa velocidad no se sentía en el cómodo interior de los autos, cuando se detuvieron alguien le abrió la puerta para que bajase, cuando lo hizo comenzaron a guiarla al interior de la casa en donde se encontró de frente con una mujer que se veía tan seria e inamovible como la que la arreglo para su primera boda en Japón.

La mujer hizo una reverencia y con un gesto magistral de la mano se volvió haciendo que la joven Sakura la siguiera. Entraron a una habitación y Sakura no se entero de nada más.

Con la mente llena de preocupación hacia Tomoyo, odio y rencor hacia Shaoran, decepción hacia su padre y su hermano, y depresión consigo misma permaneció sentada y quieta mientras era nuevamente tratada como una muñeca a la que hay que perfeccionar, sin sentimientos y quieta como una estatua.

Su rostro siguió ocultándose bajo las sucesivas capas de maquillaje, no tuvo que usar tocado pero su cabello fue peinado de tal manera que parecía que tuviera un tocado pero de pelo. Cando su rostro, otra mascara irreconocible, quedo listo se puso de pie y la mujer le puso un kimono de color rojo. Adornado con telas de varios materiales y diseños pero con mucho color rojo, que segundo lo que había oído Sakura era el color tradicional de las bodas.

Cuando estuvo lista, podrían haber pasado tres o cuatro horas o tal vez solo minutos, la mujer la dejo en paz, no le dijo nada y Sakura ni siquiera le agradeció, tenía la suficiente educación pero también podía hacer un poco de dignidad dentro del abanico de sus buenos modales y si la mujer había permanecido en silencio todo el rato pues Sakura haría lo mismo.

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Cuando llego al auto que lo llevaría se dio la vuelta y le dijo a Eriol.

- no quiero que mi tío se percate de que me has encontrado, Eriol, si quieres estar presente en esta bazofia vas a tener que fingir que eres algún empresario que me acompaña o algo similar, si mi tío se entera de quien eres, no quiero asustarte, pero aun estando moribundo, en silla de ruedas y dependiendo de una enfermera, es capaz de hacerte daño.

- No te preocupes, yo también tengo escoltas – dijo señalando otra hilera de coches – hare lo que dices, veremos que tiene preparado el viejo para ti.

Shaoran no quería imaginárselo y mientras el equipo de seguridad hacia despliegue de todo su entrenamiento para conducir como animales en selva y época de casa, en menos de media hora hizo el camino del aeropuerto hasta la casa de su tío, lugar, para horror, desazón y maldición de Shaoran, en donde se celebraría la boda.

Tuvo razón al temer por lo que su tío había hecho con esa casa, la que pensaba vender cuando él se muriera, había adornos rojos por todas partes, parecía que había entrado al infierno y no se le ocurrió mejor analogía que esa al pensar en lo que le esperaba. Malditas tradiciones, maldito matrimonio y maldito todo desde que lo separaron de su madre.

Se volvió para que uno de los encargados de organizar la boda le indicara el camino a seguir para componer un poco la apariencia que le había dado el viaje. No se vestiría con aquel ridículo vestido rojo para emular algo que no era real.

Una de las sirvientas le informo que su tío se hallaba en camino, claro, como no, el viejo no iba a dejar pasar oportunidad de ver con sus propios ojos como terminaba de arruinar su vida. No, arruinar no, Shaoran se iba a encargar de olvidares de esta parte de su destino y concentrarse solamente en el dinero de las empresas y en vivir la vida que había empezado a vivir recientemente antes de que su ti saliera con las del matrimonio, sexo casual, mujeres hermosas, y dinero extra de las inversiones de las empresas para gastar como siempre había querido, sin importar Dinastía, sin importar nada más que si mismo, y tal vez quizá Eriol quisiera unirse a su próxima vida de iniquidad.

Cuando le informaron que su tío estaba en la casa ya todo lo demás era cuestión de minutos que estuviera listo.

Así como el, listo para ir al deshuesadero, una vez más. Camino con lentitud como si estuviera dirigiéndose a la horca al sitio de la casa, la sala múltiple en donde se celebraría la unión.

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Sakura se quedo sentada en la silla rezando al Dios de la buena fortuna por la recuperación de Tomoyo.

Pensar en ella afloro sus sentimientos y esta vez no pudo evitar que las lagrimas brotaran, las sentía cálidas recorriendo la gruesa capa de maquillaje y seguramente minimizando el efecto de este, ¿que importaba que la vieran llorar?

A estas alturas todo el mundo debía saber que su matrimonio no era más que una farsa.

Tocaron suavemente la puerta y por ella entro el mismo hombre que tan amablemente la había atendido en el avión a ella y a Tomoyo.

- Todo está listo, señora –

- ¿Dónde está mi doncella? – pregunto deseando poder morderse la lengua.

El hombre parecía querer debatirse entre decirles o cumplir, seguramente, las ordenes del tirano de Shaoran, pero, pensó Sakura, ella debía simpatizarle ya que le comento.

- Tuvieron que intervenirla de urgencias, tenía un ataque de apendicitis, un problema de inflamación en el abdomen –comento al ver que Sakura lo miraba sin comprender. – es un anexo que debe ser retirado y eso es lo que le hicieron a la señorita Daidoji. Ahora se está recuperando pero seguramente no podrá venir a hacerle compañía hasta dentro de unos días.

A Sakura no le importaba, solo le había preocupado que Tomoyo no estuviera bien, pero sentía que podía confiar en este hombre así que le dijo.-

- Gracias –

El hombre pudo notar cómo se transformaban los rasgos de Sakura al saber del bienestar de su amiga y aun no podía comprender por qué el señor se empeñaba en torturar a esa muchacha que parecía hermosa, majestuosa, y al mismo tiempo, vacía y vulnerable.

Se pus de pie el la escolto a el sitio de la casa en donde se celebraría la unión, la casa tenia adornos en su mayoría rojos y que sospechaba que no estaban ahí siempre, solamente era por la boda y por hacer honor a las tradiciones.

Bajo las escaleras que antes había tenido que subir y más adornos rojos le dieron la bienvenida.

El hombre la condujo y no pudo evitar mirar la casa, esa era una casa demasiado grande, más incluso que la de su padre en la villa, parecía un castillo sacado de los muchos cuentos que leía cuando devoraba los libros sin encuadernar que su padre tenía.

Cuando entraron a la sala Sakura vio que estaba dispuesta por varias sillas, al fondo estaba el altar, en donde un Shaoran vestido como si fuera otro día de oficina, esperaba de pie al lado de otras personas entre las cuales estaba el hombre con el que lo había visto en el aeropuerto. Camino ayudada por el hombre a su lado como el único soporte en medio de todos esos extraños que a su vez la miraban a ella como una extraña.

Soporta, pensaba para sí misma, una vez estés casada vas a vivir en una casa en donde ninguno de ellos te vera, donde vivirás feliz con Tomoyo, pasaran tus días, cumplirás 17, 18, 19… hasta que llegara el día de tu vejez, y morirás enclaustrada como viviste…

Si, no era un panorama muy alentador. Ya lo sabía. Ya lo había aceptado. Y como ya había hecho ese recorrido antes ya no se sintió intimidada por la fría presencia de quien sería su marido por segunda, vez, estaba preparada para su mirada fría, calculadora, desdeñosa, odiosa…pues bien, el sentimiento era completamente mutuo, jamás olvidaría que paso por alto sus ruegos cuando solamente quería ir a ver y estar con Tomoyo. Pero la alegría que sentía por el bienestar de su única compañera le hizo frente a todos sus sentimientos de desolación, ganando por poco, pero ganando.

Cuando estuvo frente a Shaoran permitió que él le tomara la mano y que el ministro de ceremonia pronunciara los votos que ellos debían repetir, había notado la mirada de Shaoran sobre ella más veces en Japón y no podía saber que significaban.

Ahí estaba ella otra vez, pensó Shaoran.

Parecía que no se daba cuenta pero todos se quedaban mirándola como si fuera alguna especie de ángel del cielo que había bajado a iluminar con su presencia, Shaoran la miro, si con su vestido tradicional japonés había sido, debía aceptarlo de una buena vez, reluciente, en esos momentos brillaba con su propia belleza de una manera alarmante, el color rojo del kimono tradicional hacia contraste con su piel, el color de sus ojos y su cabello, y sabia que los invitados de su tío no esperaban que la hija de un hombre de la selva, como llamaban a Kinomoto, tuviera los rasgos que tenia la hija de este.

No podía dejar que la fascinación que estaba empezando a sentir por esa chica nublara todo lo que se había propuesto a si mismo sentir por ella.

No se iba a dejar cegar por una belleza infantil que podía llegar a ser lo suficientemente fuerte para manipularlo, no se dejaría controlar nunca más.

Ella camino en compañía de uno de los más veteranos en su equipo de seguridad, el hombre parecía no estar seguro de que estar haciendo al lado de esa chica, pero caminaba con ella.

Había averiguado sobre la salud de la doncella Daidoji y le habían informado que estaba estable por lo que pronto se reuniría con Sakura en la casa destinada para ellas y su enclaustramiento.

El ministro comenzó a mencionar los votos una y otra vez, las promesas a los dioses, los pagos del alma, las preguntas de rigor en toda ceremonia y las respuestas austeras y faltas de vida de los respectivos casados.

Cuando se termino Sakura suspiro para sí, era oficialmente y bajo la ley y tradiciones de China y Japón, la esposa de Shaoran Li, Sakura Li.