Buenos Días

Espero que estén bien, gracias por tomarse la molestia de leer esto.

Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP.

Cuando todo termino se quedo de pie frente al ministro que haciendo una venia se retiro, Sakura no sabía cómo proceder, que hacer, a donde mirar y como actuar. No se atrevía a mirar a Shaoran y muy dentro de ella, bueno no tan dentro, desearía no tener que volver a mirarlo en toda existencia, un propósito estúpido pero al menos lo intentaría.

Pensaba en si dar vuelta y pedirle que la llevara con Tomoyo acarrearía que lo ridiculizara en público, o si hablarle implicaría que él la humillara aun más.

Se quedo quieta mientras sentía que el se movía a su lado, era algo enfermizo sentir que el mundo podía caer sobre una persona si se atrevía a hacer algún movimiento pero así era como se sentía, imposibilitada para nada, se dio la vuelta lentamente y quedo frente a toda la gente que había asistido a su boda, no sabía que alguno de ellos tenía idea de cómo era el mecanismo bajo el cual esta se había realizado, o si conocían quien era ella, por las miradas que le lanzaban parecía que sí.

Unas mujeres la miraban por encima de sus abanicos con curiosidad, otras con franco odio, o eso le pareció, y los hombres que las acompañaban la miraban con abierta admiración, como si consideraran lo que había hecho como un acto de valentía, o, al ser tan inocente no podía percibir que lo que había era libido por la belleza que, sin saberlo, exudaba.

- Sígame, señora, la conduciré a su nuevo hogar –

El hombre que había estado cerca de ella en la ceremonia, el que vestía igual que todo el personal que parecía de seguridad, se acerco sin que él se diera cuenta de donde había venido, le estaba ofreciendo algo parecido a un soporte, como el que había estado con ella en el avión y en ese momento, con toda la tensión que sentía encima de sus hombros comenzaba a pensar que sería de ella si él se iba.

-¿No podría ir con Tomoyo? – pregunto Sakura esperanzada, la mirada en sus ojos le dijo que comprendía de quien y de que estaba hablando, y pensó que accedería pero sus deseos murieron cuando el hombre negó con la cabeza, no necesitaba decir mas, Shaoran había ordenado que fuera a casa, a su nueva casa.

El hombre extendió la mano y Sakura la tomo, miro por encima del hombro de él y vio que Shaoran era abordado en la entrada de la sala por un hombre anciano en silla de ruedas, en cuyo lado se encontraba una mujer que parecía ser enfermera, el hombre parecía estar haciendo un esfuerzo enorme por respirar y lucia como si estuviera discutiendo con Shaoran.

No quería pecar de curiosa así que retraso sus pasos lo más lentamente que pudo, para que así terminaran de discutir y ella pudiera pasar sin tener que enterarse por que Shaoran miraba a ese hombre con un odio tan manifiesto como con el que la miraba a ella.

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Finalmente había terminado, pensó Shaoran irónicamente mientras firmaba el acta en donde acreditaba a la chica como su esposa y su nueva, alta y no muy deseada responsabilidad.

Cuando todo termino pensó que podía irse sin problema, total esto era algo que él no había planeado y seguramente la gente que asistió, la mayoría de ellos compañeros de junta de su abuelo, sabría de antemano lo que era en realidad esa unión. Cuando iba a cruzar el umbral de la sala descubrió que la enfermera de su tío venia llevando la silla del anciano, él, aunque enfermo había ido a verificar con sus propios ojos lo que había orquestado con esa familia de las montañas, era sorprendente hasta que punto quería que las cosas se hicieran bajo su ojo avizor.

- Vaya, parece que para esto sí que no estás enfermo – dijo Shaoran con sorna negando con la cabeza y sonriendo fríamente mientras daba lentamente los pasos que lo acercaban a la persona que mas odiaba en su vida.

- Tengo que super…super….supervisar… que no hagas ninguna estupidez – contesto

- La única estupidez que he cometido es haber permitido que me llevaras contigo y no haberme matado cuando tuve oportunidad. Crees que te debo mucho pero no te debo nada, no pedí nada de lo que me diste así que de nada sirve que intentes echarme en cara algo. Y ratifico lo que dije, no vivirás lo suficiente para hacer nada ni cerciorarte de nada.

El anciano tuvo un ataque de tos que la enfermera se apresuro a sofocar con un poco de liquido de color azul. Shaoran miro al hombre, durante unos segundos sintió una lástima que prontamente enterró con todo el odio que el anciano le inspiraba, no merecía la piedad de nadie, de él mucho menos, había sido el artífice de la muerte de su madre y lo había amenazado con sus hermanas, no podía sentir nada por alguien así.

- Sabes que vas a aprovechar todo lo que este matrimonio te va a dar monetariamente, cumplí con mi cometido, y con… la promesa que hice a Kinomoto – dijo su tío respirando con estertores.

- ¿Promesa? ¿de qué promesa estás hablando? –

- Eso es algo que no te concierne – dijo el hombre mirándolo despectivamente.,

- Total ni me importaba, ahora si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer que ver tu rostro.

Siguió su camino mirando a su tío con indiferencia.

/./

Sakura sintió que el hombre a su lado seguía la velocidad de sus pasos como si se tratara de su fiel sombra, y así parecía, cuando vio que Shaoran se alejo finalmente camino más segura esperando que el hombre de la silla de ruedas se fuera, pero inevitablemente el se volvió y la miro, parecía sorprendido de verla, como si la conociera, pero ella no recordaba haber visto nunca ese rostro.

Cuando cruzo por el lado el anciano dijo, con dificultad.

- Así que eres tu – la enfermera acomodo la silla de manera que quedara frente a él. Sakura no podía evitarlo, y la cortesía que poseía le impedía hacer lo mismo que había hecho su nuevo esposo, dejar al hombre hablando solo.

- Buenas tardes, señor – dijo Sakura haciendo la inclinación correspondiente, sintió que una mano se cerraba suavemente sobre su brazo.

-Debemos irnos señora – dijo el hombre apremiándola a seguir, ella lo miro extrañada, parecía que Shaoran también le iba a prohibir hablar con ese hombre.

-Que parecida eres a tu madre jovencita – comentó el hombre tosiendo ruidosamente, Sakura endureció su figura para impedir que el hombre de seguridad siguiera halando de ella con premura.

- Mi madre… usted… ¿usted conocía a mi madre?

- Por fascinante que sea la charla no tienes ninguna autoridad para hablar con mi "esposa" – Sakura escucho la voz de Shaoran a lo lejos, pero sintió su voz como si le hubiera hablado al oído, la entonación que uso para nombrarla fue escalofriantemente despectiva, Sakura sintió que remordía algo dentro de ella.

- Tú no sabes nada de lo que tenga que hablar con ella – dijo el anciano.

- por lo que se dentro de poco no vas a hablar con nadie, y lamentablemente los voy a privar de la emotiva conversación porque ella debe ir a su nuevo hogar, al que estará confinada por haber accedido a esto.

- Pero…Shaoran…- dijo Sakura y al instante deseo haberse callado.

- no hables…- se dirigía a ella evidentemente aunque no lo estuviera viendo – y tu vete a tu asilo y déjame en paz de una buena vez. Tanaka, llévala de inmediato a la casa.

Sakura miro al anciano antes de que su brazo fuera llevado con más fuerza, no la suficiente para lastimarla, pero si para que obedeciera.

-Lo siento mucho, señor –

Se volvió antes de que él le respondiera y camino siendo escoltada por el llamado Tanaka.

Salieron de la casa con ella aun preguntándose como era que ese hombre conocía a su madre, pero sabía que no tendría tiempo de cuestionárselo, tal vez nunca lo volviera a ver.

El sol de la tarde le dio en la cara el tiempo suficiente para alcanzar a respirar de nuevo su calor, luego entro nuevamente al auto que la traía que salió inmediatamente de esa casa rumbo a su nueva prisión.

Sakura se sentía un poco ahogada portando aun su traje de matrimonio, el color rojo, que en una ocasión normal, representaba festividad y amor a los que se unían, ahora la ahogaba como una carga de que la que quería liberarse pronto. Tomoyo volvía a presenciar todos sus pensamientos importantes, quería preguntar como estaba, donde estaba, pero no sabía cómo hacerlo, se sentía atrapada.

Como una mosca en la telaraña.

Después de veinte minutos de viaje entraron ahora a la verja de una casa bastante amplia que aun por el frente se le podía notar que tenía un jardín inmenso, Sakura no pudo evitar emocionarse al pensar que ese espacio seria para ella, tendría un poco de libertad, no importaba si no volvía a salir a la calle, con tener ese jardín, decorarlo y hacerlo a su voluntad y semejanza le parecía la cosa más maravillosa del mundo.

Cuando cruzaron la verja hablo a Tanaka que estaba conduciendo.

- Usted sabe donde esa mi doncella, ¿verdad? – le pregunto, no entendía como todo ese equipo de seguridad sabia donde estaba Tomoyo y ella, que era su principal allegada, ignorara como estaba en ese momento, era cierto que antes le habían dicho que estaba bien, pero ahora su preocupación volvía a salir a flote al no saber nada de ella – le ruego que me diga como esta…donde esta…No estoy pidiendo que me lleve con ella, sé que no fue eso lo que le ordenaron, pero al menos dígame…por favor – Se sentía sucumbir un poco a la desesperación lo cual hacia que la voz le temblara, el hombre le dirigió una mirada rápida por el espejo retrovisor.

- En cuanto este recuperada se reunirá aquí con usted, se lo aseguro, confié en nosotros.

- ¿Cómo puedo confiar en alguien a quien nunca he visto?, no me pida eso, se que están bajo las ordenes de mi marido y no las mías, solamente quiero…

Pero lo que quería se quedo atascado en su garganta, la mirada del hombre se había vuelto igual de inflexible que la de su marido. Miro hacia la ventaba mirando como la casa iba a acercándose cada vez más a su campo de visión

Cuando tuvieron la puerta frente a ellos el auto se detuvo, Sakura abrió la puerta sin esperar a que el hombre la abriera por ella, no quería acercarse a él para nada más que lo necesario, el, al igual que todas las personas que la vigilaban, estaban en su contra, no podía verlo de otra manera.

El la siguió cuando camino hacia la casa, las puertas se abrieron lentamente en cuanto piso el frente, la visión de un amplio vestíbulo con una escalera descomunal le dio la bienvenida, todo estaba demasiado limpio, demasiado citadino, nada que ver con el campo, al cual estaba acostumbrada, ahora tendría que adaptarse a esta nueva casa, que aunque en mirad de superficialidad fuera suya, en realidad era otro objeto controlado por su marido, nada de ahí seria de ella al fin y al cabo, solamente su propia vida, aunque empezara a dudarlo seriamente. Miro hacia arriba cuando llego al pie de la escalera, había una cúpula de vidrio que dejaba entrever el color de las nubes que el sol estaba tinturando en ese momento, mientras terminaba de caer, miro hacia la derecha, la entrada a una enorme sala de muebles antiguos le devolvió la mirada, Sakura sentía que si se sentaba en uno de ellos se partiría de los antiguos que se veían, y sin embargo formaban un conjunto de asombrosa elegancia que la hacía preguntarse como haría para mantenerlo.

Escucho sobre el parque del suelo los pasos apresurados de alguien que venía desde detrás de la escalera. Sakura se volvió justo para ver a una mujer de mediana edad, aunque con el pelo llameante de color rojo y piel blanca.

- Señora Misuki – dijo Tanaka haciendo la respectiva reverencia, pero la mujer no lo miraba, estaba con los ojos puestos en Sakura y esta sintió como evaluaba cada rasgo de su cara y de su vestido de novia.

- Así que ella es la…Señora – Sakura no supo interpretar el tono de su voz, aunque se sentía prevenida, sabía que con la gente que trabajaba Shaoran no podía contar y debía atenerse a las consecuencias.

-Buenas Tardes – dijo educadamente inclinándose ante la mujer que abrió mucho los ojos ante el gesto de la joven. – Me llamo Sakura K…- estuvo a punto de usar su nombre anterior, pero casi podía ver que negar ser la esposa de Li podría acarrearle mas y mas del desdén de los sirvientes de Shaoran – Sakura Li, espero que podamos llevarnos bien.

La mujer no correspondió a la venia, parecía analizar cada uno de sus movimientos como si quisiera grabarlos en su mente y determinar cuál era la mejor manera de responder-

- Kajo Misuki es mi nombre, serví para el señor Fen Li, y ahora cuidare de esta casa por orden del Señor Shaoran Li.

Sakura asintió pensando en cómo sería la mejor manera de ganarse la simpatía de esa mujer, independientemente de que esta quisiera o no.

- . Espero contar con su apoyo, señora. No sé cómo dirigir una casa de este tamaño, pero se cocinar, coser, leer, escribir, hacer cálculos y montar a caballo, espero que pueda usar algunas de mis cualidades en su beneficio.

Lo que Sakura no sabía es que estaba impresionando a la mujer con su modestia y modales, la miraba fijamente porque desde que trabajaba para el viejo señor Li estaba acostumbrada a los insultos y había aprendido a responderlos y sobrellevarlos haciéndose imprescindible en su trabajo y volviéndose la más eficaz ama de llaves, estaba esperando que la esposa del señor Joven Li fuera una de esas princesitas estúpidas que se creían más que los demás por su cuna pero la sencillez manaba por cada poro de esa niñita que tenia frente a ella y que tenía los ojos más extraños que había visto nunca, ataviada con el vestido de novia se veía como una niña muy crecida, y muy bonita, Kajo conocía al señor joven Li, y sabia que la chica frente a ella no era el tipo de mujer a la que estaba acostumbrado, además de ser casi una niña, no debía tener ni 17 años.

Prefirió tratarla con cautela, podía ser que su apariencia le engañara y sus modales se fueran a la basura en cuanto se encontraran solas y no con Tanaka delante que la podía delatar.

- También espero poder ayudarle, señora. – dijo, Kajo aunque el titulo no le venía bien por la edad que debía tener.

- Bien, me voy. Nos veremos después Kajo.

Tanaka se dio la vuelta para irse-

- ¡Espere! –dijo Sakura haciendo una reverencia a Kajo y volviéndose hacia el – por favor, ¿cuando podre volver a ver a Tomoyo?

Tanaka la ignoro y salió tan deprisa como si lo estuviera persiguiendo el mismo demonio. Sakura sintió que las piernas le fallaron y se aferro a una de las columnas a su lado.

No, no podía desfallecer, no ahora. Había llegado muy lejos. Pero la sensación de desazón se apodero de ella de un momento para otro, dominando a cualquier otra emoción que se aproximo a su cerebro.

Aun se preguntaba que estaba haciendo en este sitio, ¿Por qué todo había terminado así?

- ¿Se encuentra bien? – escucho una voz detrás de ella, parecía que el desbordamiento de sus emociones se estaba haciendo evidente. Cerró los ojos y respiro profundamente, de nada valía que se desesperara, ya lo había comprobado con total crueldad, nadie sino Tomoyo, que no estaba y no sabía cuando estaría, tendría compasión de ella. Tendría que aprender a sostenerse…a no caer.

-Si, estoy bien- dijo intentando reducir al mínimo el temblor en su voz. – ¿sería tan amable de mostrarme la casa?, es tan grande que estoy segura de que me perderé.

Kajo asintió mirando la palidez de esa muchacha, aun tan evidente a pesar de la amplia mascara de maquillaje, que si no se equivocaba estaba empezando a sofocarla.

- Querrá cambiarse de ropa antes de empezar, los jardines son amplios y a esta hora hace demasiado calor.

Sakura asintió esperando que la mujer la condujera hacia donde se suponía que debía ir.

Siguió los pasos de la señora Misuki escaleras arriba hasta llegar al rellano del segundo piso en donde se abría un pasillo enormemente largo cargado de seis o siete puertas, un estar completamente igual en tamaño al vestidor estaba del otro lado de la cúpula, la casa parecía una mansión, un castillo…Sakura se sintió temblar ante tanta…"libertad"

Kajo tenía las indicaciones claras, la casa, las habitaciones, todo estaba adecuado para que dos personas vivieran en ella, aunque la otra chica no estaba no dudaba que la vería pronto, a pesar de que Tanaka ignorara la pregunta. La habitación de la señora había sido equipada por una serie de sencillos vestidos de casa de usanza china, todo el vestidor de la habitación principal había sido llenado de esa ropa, de accesorios que usaban las mujeres y de zapatos y demás.

Cuando abrió la puerta con su llave noto en seguida la sorpresa de la muchacha al ver el tamaño de la habitación. Aunque no parecía feliz, como lo hubiera estado cualquier otra de esas mujeres que abundaban en la vida del señor Li. Parecía que la resignación reemplazaba cualquier otro sentimiento en su semblante.

- Tiene todo lo que necesita para cambiarse, deje su vestido sobre la cama que me encargare de recogerlo y llevarlo a donde corresponda. La esperare en el piso de abajo para hacer el recorrido por la casa.

Sakura asintió sin poder creer realmente en lo que veía, era como si se tratara todo de un organizado cuaderno del cual debía seguir cada una de las indicaciones, esto no era una vida. Era solo un conjunto de organizadas reglas que debía seguir y seguir sin tener derecho a hacer algo diferente, a…desear algo diferente, y es que así era…

Volvió a infundirse fuerzas, rezo una plegaria tras otra por Tomoyo y fue hasta el baño, que estaba incluido dentro de la habitación y que parecía una habitación en si anexa a la suya, con una bañera enorme, grifos plateados y un enorme espejo que le devolvió la vista inevitablemente.

La máscara de si misma le devolvió la mirada, aquella era la mujer que se suponía que era, la que no conocía y la que se había casado para pasar de una jaula plateada, la que tenía en su casa, con su padre, a una dorada, un poco más grande pero jaula al fin y al cabo.

Un millar de cremas para el rostro, de pinceles para maquillaje, de maquillaje en si, y tonificantes le devolvió la vista, miro cada etiqueta buscando algo que la orientara sobre como quitarse eso que tenía en la cara que cubría a la verdadera. En otro el tónico que buscaba y miro a su alrededor, cada cosa que parecía necesitar aparecía ante sus ojos como si se tratara de magia, y aunque sabía que debía sentirse agradecida lo que sentía era una congoja sin precedentes.

Empapo en ese tónico un pomo de algodón y se lo paso varias veces por la cara, cambiándolo cada vez que quedaba cargado de la poderosa cantidad de maquillaje que había sido puesto.

Finalmente después de unos minutos su cara de niña le devolvía la mirada, solo que jamas vio una niña tan triste.

Se echo agua para limpiar los restos de tónico, se refresco un poco con ella y mojo una toalla para pasársela por el cuello. Luego procedió a quitarse el vestido cuidando de no dañarlo, no sabía a donde iría a parar una vez que se lo quitara, pero por su suave tela y sus impresionantes diseños hasta ella podía concluir que era un vestido en extremo costoso. Camino con él en manos hacia la cama y lo dejo extendido en ella tal como Kajo le había dicho. Luego se dirigió hacia el gigantesco guardarropa que también parecía una habitación anexa a la suya propia.

Estaba lleno de hermosos kimonos y vestidos que le llamaron la atención inexorablemente, no era que su padre no le diera ropas, pero estos Kimonos eran algo sin igual. Se sintió un poco frívola y se obligó a calmar esa emoción, sabia de antemano que no estaba ahí para disfrutar nada, casi creía que si alguien cercano notaba que algo le gustaba Shaoran se encargaría de que lo eliminaran por eso.

Eligio un sencillo Kimono de color rosa pastel y se lo puso rápidamente pensando en que seguramente Kajo debía estar impacientándose por su demora.

Bajo las escaleras terminando de calzarse una chinelas de lentejuelas blancas y vio que Kajo la esperaba al pie de la escalera como si nada, no parecía impaciente y enfadada lo cual le dio un gran alivio.

Hablando de la localización de cada lugar en la casa la señora Misuki le enseño con detalle la casa y el gigantesco patio. Era una casa magnifica, una que le hacía pensar en pasadizos secretos de aventuras y colores. Una casa en la que cualquier niño se sentiría feliz de corretear por la gran cantidad de espacio que había. Solo que no había niño, y nunca lo habría por lo que podía ver.

Siguió a Kajo hasta el último rincón que le mostro aprendiéndose todo el camino ya que estaba segura de que si no lo hacía podría llegar a perderse.

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Tomoyo abrió los ojos lentamente ante la luz que sentía cayendo directamente en ellos.

- Señorita Daidoji…Señorita Daidoji – la llamaba alguien, parpadeo para alejar la luz de sus ojos y sintió que sus parpados eran levantados para ser iluminados una y otra vez. Le dolía todo el cuero aunque casi de manera imperceptible, una molestia si que la estaba percibiendo en su abdomen, lo último que recordaba era haber vomitado en la bolsa de viaje que le habían dado en el avión y haberse recostado en la cómoda silla. Luego todo se había confundido con la fiebre que había hecho presa a su cuerpo.

-La anestesia está terminando, doctor. – dijo una voz en su propia penumbra.

- si, ya está despertando. Ponle dosis de analgesia ya que comenzara a sentir molestias en el abdomen. Luego pásale líquidos endovenosos hasta que la anestesia salga completamente y se le pueda administrar por horario.

- Si, señor. – contesto la voz.

Tomoyo escuchaba conceptos que eran desconocidos para ella. Se preguntaba en donde estaba y donde estaba su señora, de la que había jurado no separarse jamás. Abrió los ojos sintiendo que estos eran perforados por miles de agujas a la vez. Pero se obligo a hacerlo para ponerse totalmente consiente, y saber definitivamente en donde estaba, era evidente que no en el avión y no con su señora.

- Mi señora…mi señora.- dijo una y otra vez.

- Cálmate, muchacha, tu señora está bien… pronto podrás reunirte con ella.

- quien es… ¿quien me habla?

-Liu, muchacha, estaba contigo en el avión.

- ¿que paso? – pregunto Tomoyo todavía atontada.

- tuviste apendicitis y tuvieron que intervenirte de urgencias.

- y… ¿mi señora? – pregunto Tomoyo sin saber realmente de que estaba hablando el hombre de seguridad-

- Siguió derecho a su boda china con el señor Li.

-¡No! – dijo Tomoyo sintiéndose miserablemente- le prometí que iba a estar con ella…- las lagrimas comenzaron a inundar sus ojos – la he decepcionado…ya no me querrá con ella…-

-Eso no es cierto…ha estado muy preocupada y con deseos de verte.

- y ¿por que….no lo ha hecho?

El silencio se hizo patente en ese momento. Tomoyo sabía porque…por que su marido se lo había impedido. Ella jamás imagino que un matrimonio fuera esa horrible situación por la que estaba pasando su señora, dudaba mucho de haberlo disfrutado si se hubiera casado con ese hombre que había preferido a su hermana y no a ella. Si eso había sido lo que le esperaba, la misma desgracia que parecía estar sufriendo su señora, prefería quedarse sin esposo para el resto de su vida.

Sintió la boca seca y pidió agua a Liu. Este se la dio suavemente y la volvió a recostar.

-¿Cuando podre estar con mi señora? – pregunto-

-Por el momento deberás quedarte acá hasta que te recuperes, después de tu salidas serás llevada a donde esta ella ahora, a la casa en donde vivirán de ahora en adelante.

Tomoyo asintió aun sintiéndose mal, quería hablar con Sakura y quería ser como estaba después de haber tenido que afrontar sola la boda china.

Cerró los ojos y a pesar de no quererlo realmente se durmió.

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-La señorita Daidoji será dada de alta en un día o dos. – dijo Liu a Shaoran cuando entro a su despacho.

-Bien, llévala a la casa cuando se reponga. – dijo Shaoran sin apartar la vista del computador. Seguía al pie de la empresa que seguía aumentando sus ingresos, con una carta y correo de notificación a Fujitaka Kinomoto la millonaria suma de yenes había sido incluida en los haberes de las cuentas de empresas Li, estaban doblemente más ricos.

Mientras miraba el orden de las transacciones Shaoran volvió a sentir cierta poca de compasión por su esposa, parecía que su padre la había vendido como un objeto y él sabía de antemano lo que era ser convertido en un objeto de transacción o manipulación. Pero su compasión nuevamente fue mitigada por su odio por lo que siguió adentrándose en lo único que debería importarle. El dinero.

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Entrada la noche Sakura subió las escaleras rumbo a su habitación, la esplendida cena que Kajo había preparado habría sido realmente apetitosa para alguien diferente a ella, pero solamente había remoloneado con el tenedor entre los aperitivos sin probar realmente nada, esperaba que Kajo no se hubiera ofendido por su falta de apetito, pero la verdad era que lo último que le apetecía era comer. Solo quería rezar por Tomoyo y dormir para siempre.

Entro a su habitación y cerro la puerta lentamente, esperaba no encontrar inconveniente en dormirse ya que nunca había dormido en un sitio diferente a su habitación durante toda su vida.

Abrió el gigantesco guardarropa y selecciono un pijama al azar. Lo vistió con movimientos llenos de parsimonia y luego se dio la vuelta para destapar la cama y acurrucarse en ella, casi sentía que había un kilometro desde el borde de la cama hasta donde estaba acostada. Cerró los ojos y contrario a lo que creía se durmió rápidamente.

La mañana llego más rápido de lo que le hubiera gustado, había tenido una noche sin sueños y la experiencia había sido de lo mas relajante. Si hubiera sido floja en algún momento de su vida se habría quedado remoloneando en la sabanas más tiempo, pero desde siempre en la villa se levantaban temprano para saludar al sol y a honrar que estuviera iluminando al mundo una vez más.

Como si tuviera un reloj biológico sus ojos se abrieron automáticamente y aparto las sabanas de su cama que estaban casi tan intactas como cuando se acostó, al parecer su inmovilidad tambien se había transmitido en su cuerpo tanto como en su mente.

Estiro completa y correctamente cada sabana y cobija, se podría pensar que al ser quien era, al tener el estatus que tenía ese tipo de actividades le estaban vedadas, hacer el orden y demás, pero para ella era solo una manera más de pasar el tiempo y no aburrirse a sobremanera, cuando camino hacia las cortinas, que no recordaba haber cerrado en la noche, las echo a un lado para saludar al nuevo día, el sol estaba apenas asomando un poco de sus rayos en una de las puntas de las montañas que podía ver desde su habitación, esto sería un privilegio ciertamente, la ubicación de su habitación le permitiría observar cómodamente el amanecer década día.

Entro al baño y con la misma parsimonia con la que realizó los movimientos que la llevaron a dormir aseo su cuerpo su cabello y salió secándose para vestirse y enfrentar un día más de todo lo que ahora veía incierto en su futuro.

Cuando salió de la habitación procuro hacerlo con el menor ruido, no tenía muchos deseos de desayunar pero sabía que debía hacerlo por su salud, aunque no sabía a que hora se levantaba Kajo y no quería importunarla con su presencia ni obligarla a nada, sabía que sería mejor tenerla como alguna especie de aliada si iban a convivir juntas por lo que le quedaba de vida.

Siguiente el camino que la mujer le había mostrado el día anterior, salió hacia el gigantesco jardín mientras el día seguía clareando lentamente.

Había tal silencio que cada paso que daba por el pasto parecía resonar muchos decibeles más arriba de lo que era normal, en medio de ese silencio existía una paz demasiado profunda, casi dolorosa, pero era lo que necesitaba, lo que necesitaría y la ayudaría a sobrevivir a esa vida a la cual inevitablemente ya se había resignado.

/ . /

Shaoran miro fijamente la imagen que le daba la pantalla. Allí estaba ella, tan campante como sonante. Aun no comprendía como alguien podía aceptar ese destino funesto que él había planeado de manera tan estoica y pacífica.

Una mujer, una cualquier como con las que había estado a lo largo de su vida, estaría subiéndose por las paredes, pataleando, gritando y hasta amenazando con suicidarse si él hubiera sugerido tal manejo para ellas.

Contemplo la delgada figura que en esos momentos paseaba por el jardín como si hacerlo le proporcionara un bienestar que estaba lejos del mundo terrenal.

Toda la casa había sido intervenida por orden de él, expresamente, por su eficiente equipo de seguridad, no era que se fuera a pasar la vida vigilando cada movimiento en cada cámara de la casa, solamente quería controlarlo, como todo, no quería que nada anormal sucediera y si sucedía quería ser el primero en enterarse y el primero en aprender acciones. Dirigiría una mirada evaluadora de vez en cuando, esperando, casi deseando el día en que ella finalmente sucumbiera a la desesperación, al aburrimiento o a algo que lo hiciera librarse de ella. De ese matrimonio, de la carga pesada impuesta por su tío.

Haría lo posible por ignorarla, tal como lo había prometido, viviría encerrada en su casa sin contacto más que con su doncella, comería, y estaría bajo el ojo avizor de Kajo Misuki, la madre de uno de los integrantes de su equipo de seguridad, la mujer había sido casi una ama de llaves de su tío, pero ahora le servía a él, había accedido a vigilar a la joven cuando le conto un poco de los pormenores del asunto.

Esa sería la última vez en mucho tiempo que miraría ese monitor.

/ . /

- Se hizo como quería – dijo una voz pesada y falta de aire contra el auricular del teléfono que sostenía la enfermera.

- Gracias, jamás podre agradecerle lo suficiente – respondió la voz al otro lado que se escuchaba tan cansada como la del que respondió.

-Debía hacerse de esa manera, de otra forma ya sabe lo que podría pasarle. Además he asegurado mis propios intereses también– contesto el hombre intentando aspirar por su cánula de oxigeno mas aire del que sus pulmones querían recibir.

- Lo sé, se que corre un grave peligro, por eso quería asegurarme de que estaría en mejores manos que las que pueden protegerla acá. Y usted planeo algo que al fin de cuentas nos beneficio a ambos.

- Aun no puedo creer que ese hombre…ha pasado tanto tiempo. – dijo el hombre intentando no toser e intentando ignorar el terrible dolor que le producía el siquiera respirar.

- Las viejas heridas nunca sanan. No descansara hasta verme destruido de todas las maneras, y si quiero evitar que mi hija pase por esto a cambio de todo lo que le está pasando ahora, que así sea. – con esto la voz en el otro auricular.

- Hare mi mejor esfuerzo, no me queda mucho pero habrá personas a mi cargo, que tienen sus misiones asignadas.

- Otra vez, gracias.

- No hay problema, lo hago por ella, Nadeshiko era como una hija para mí. Y como le dije, esto también acomodo mis intereses de manera favorable.

La voz se turbo un poco al escuchar ese nombre, Nadeshiko, pero pareció recobrar la compostura en un santiamén.

- Estoy seguro que, desde donde sea que se encuentra, estará feliz de que hagamos esto para proteger a su más preciado tesoro.

La comunicación se corto silenciosamente.

Si, Nadeshiko estaría feliz, ¿pero que sería de Sakura?

Fujitaka dejo el auricular en su escritorio y camino hacia la ventaba pensando en su preciosa hija, tan preciosa para él como para hacer lo que hacía asegurando su protección, ella quizá lo entendería algún día, cuando dejara de correr peligro, pero por el momento, se alegraba de que viviera enclaustrada, bajo medidas de seguridad que ni siquiera su nuevo esposo estaba consciente. Era lo menos que podía hacer por ella después de todo. Viviría tanto como el tumor se lo permitiera, para ver que se cumplía su más grande anhelo

Ver a su hija viva.