¡Hola!
Lo sé, deben estar odiándome tanto como yo a mi misma, ¡siento la demora!
El trabajo me tiene colgada del cielo y ya no se cómo distribuir mi tiempo.
Muchas gracias por todos sus mensajes de apoyo y por las alertas de la historia me llena de orgullo que les este gustando, ¡muchas gracias!
Muchas, pero muchísimas gracias a Mizuno Otto, mi nueva superbeta, te mando un abrazo y gracias por tu comprensión y ayuda.
Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP
DINASTIA LI
Capitulo Once
La camioneta seguía avanzando rápidamente andando sobre baches y haciendo a Sakura golpearse más de una vez contra la silla encima de ella, miró con dificultad su cuerpo para darse cuenta de la deplorable apariencia que tenía.
Aún en su incómoda posición levantó la manga de su brazo para detectar las marcas de los dedos del hombre que la había sacado de la casa, no se sentía enfadada ni nada por el estilo, esas marcas eran nada comparadas con lo que seguramente hubiera pasado si se hubieran quedado ahí más tiempo pero sentía que la circulación no era normal por ese lado. Siempre había tenido la piel demasiado delicada, motivo por el cual su padre la sobreprotegía aún mas.
Su mente era un caos pensando en Tomoyo y en el ama de llaves, aún no se atrevía a salir de debajo de la silla para preguntarle al hombre que conducía si sabía que ellas se encontraban bien, tenía miedo de morir atravesada por una bala o algo peor.
Escucho el sonido de un teléfono e irguió un poco su rostro para intentar detectar algo que le diera la información por la que estaba agonizando su estado mental. Pero solo escuchó hablar al hombre rápidamente y después continuar su marcha imperturbable. Nada parecía estar impactando el auto ahora y Sakura se sintió lo suficientemente valiente para salir de donde estaba e intentar sentarse, mirar por la ventaba y tratar de reconocer el camino que estaban siguiendo. Tampoco sabía si sería imprudente preguntarle al hombre algo.
Frente a sus ojos, en la ventana, pasaban una tras otra plantas, matorrales cuyo color le era imposible distinguir por lo oscuro de los vidrios.
Sintió que algo caía entre sus dedos, que estaban entrelazados con fuerza en silenciosa plegaria, tarde se dio cuenta de que eran sus propias lágrimas mientras su cerebro se estrujaba intentando hallarle lógica a esto que estaba pasando.
Balas y explosiones, hacia su casa, la casa de Shaoran, recordaba en su mente el objeto redondeado que había entrado en esta y que había hecho explosión después.
Nunca había vivido situación semejante y no se le ocurría pensar en que alguien tuviera razón alguna para volar a otra persona, a tres personas en pedazos, o llenarlas de agujeros de bala.
Lo que caía en sus manos eran lágrimas, pero no se sentía triste, eran de pánico, de la sensación retardada que estaba sintiendo en ese momento al comprender la magnitud de lo que había pasado.
No podía imaginar que había sido ella el objetivo principal de ese ataque, ni que la persona que lo había logrado perpetrar tenía razones muy personales para que ella sufriera y muriera.
Seco rápidamente las lágrimas de sus ojos, se había prometido así misma que no iba a volver a llorar por sentirse débil e impotente, y tenía verdadera intención de cumplirlo.
Después de unos minutos el camino por donde estaban metidos comenzó a aclararse, se veía algo más citadino y menos agreste, hasta que finalmente transitaban por lo que parecía la ciudad. Algunas personas de los otros autos, por lo poco que alcanzaban a ver, miraban sorprendidos como el auto donde ella iba se abría paso entre el tráfico pasando a uno y a otro sin sufrir ningún accidente, como si el conductor fuera experimentado en esas situaciones y tal vez lo fuera. Seguramente lo miraban también por que debía parecer salido de alguna proyección de avión, manchado de barro, tierra y tal vez con muchos orificios de bala en el. No podía estar segura.
Siguieron hasta que el camino volvió a hacerse un poco turbo, y finalmente llegaron a una casa cuya entrada era bastante parecida a la que había abandonado antes, parecía tener el mismo sistema de seguridad que recordaba de la anterior. Estacionaron violentamente y el hombre bajo rápidamente para abrirle a ella la puerta, ella lo miro consternada cuando él la halo del brazo que precisamente había lastimado antes, intento contener un grito de dolor y dejo que el hombre la protegiera con su cuerpo y la condujera rápidamente, sin que llegara a tocar realmente con los pies el piso hasta entrar en la casa y asegurarse con una mirada de halcón que todo estaba como debía estar, en perfecto orden y seguridad.
Cuando la puso en el piso le dijo que por ningún motivo, y hasta que él le dijera que era correcto hacerlo, se quitara el chaleco antibalas que le había puesto. Ella asintió completamente blanca esperando para ver cuál sería el siguiente movimiento.
Escucho que otro auto se estacionaba y tuvo el impulso de salir corriendo a la entrada para ver quién era, pero el hombre le puso un dedo en los labios y sacó del cinto un arma o eso le pareció a ella, no estaba familiarizada con nada semejante.
En la otra mano el hombre acciono un radio por el que hizo un intercambio de palabras, bajo el arma y abrió la puerta para dar paso a otro igual de gigante que el que traía en sus brazos a una desmayada Kajo.
Sakura se acercó ignorando la orden del que la había traído a ella y miro el semblante de Kajo, tal como había aprendido con algunos de los enfermos de la villa puso sus dedos en el cuello para tomarle el pulso que lenta pero simultáneamente.
―¿Que le sucedió?, ¿porque esta desmayada? ― Dijo yendo tras el hombre que puso a la mujer en uno de los muebles de la sala, estirando y subiéndole las piernas en un cojín.
―Tuvo una conmoción mientras subíamos al auto, creo que tuvo una fuerte impresión cuando vio de cerca que nos estaban apuntando con un arma, no podía detenerme debía traerla así estuviera inconsciente – dijo el escolta disculpándose, parecía haber tomado en un sentido completamente diferente el tono que Sakura había usado para interpelarlo, seguramente creía que ella era una histérica niña rica. La miraba con reproche, como si ella lo hubiera ofendido.
― Por favor no me mire de esa manera – dijo Sakura apoyando su mano en la frente de Kajo e intentando ignorar un nuevo acceso de lágrimas. – solo quería saber si había tenido algún golpe, suelen ser fatales si no se tratan a tiempo.
El escolta permaneció en silencio mientras escuchaban a otro auto estacionarse con la misma violencia de los anteriores, ambos hombre accionaros sus radios y se cercioraron de que todo estaba bien.
Por la puerta cruzaron rápidamente dos hombres, Sakura reconoció a Shaoran y al amigo de este que inspeccionó la estancia rápidamente aparentemente sin encontrar lo que buscaba.
Shaoran entro en la sala mirando hacia donde estaba apoyada Kajo, con Sakura arrodillada a su lado y tomándole el pulso en la muñeca.
― ¿Qué le paso? – pregunto acercándose y en sus prisas empujando a Sakura que se apartó con rapidez.
― Tuvo un desmayo, seguramente fue la impresión, no tardara en despertarse. – dijo el escolta respondiendo, Sakura permaneció el silencio, preocupada por el estado de Kajo, pero más aún, la suerte de Tomoyo.
Shaoran continuó haciendo preguntas que Sakura no quería oír, la preocupación le carcomía el alma junto con el remordimiento, había sacado a Tomoyo de la tranquilidad de la villa para traerla a esto.
"Fue mi decisión" casi creyó que la voz de Tomoyo acababa de hablarle en el oído. Se acerco al hombre y tomó su mano con el radio.
―Por favor – dijo pensando en que se arrodillaría si así lo requería – dígame como esta mi doncella, averigüe por medio de eso – dijo haciendo una débil presión hacia el radio, el hombre la miró impasible por encima del hombro solicitando indicaciones a Shaoran.
No, pensó Sakura, Shaoran no dejaría que llamara, lo sabía por la experiencia anterior, comenzó a negar con la cabeza pensando que en esa oportunidad las lágrimas no podrían ser detenidas pero se quedó de piedra al escuchar.
― Llama a Won, pregúntale donde está y si la chica está bien.
Sakura dudo en volverse pero cuando lo hizo lo logro con toda la serenidad que fue capaz de trasmitir.
―Gracias –
Él la miró durante unos momentos evaluando su apariencia desarreglada, pensando para sí mismo que en cualquier situación, no importara cómo se encontrara, a esa chica nunca iba a ser desagradable mirarla, por más sentimientos de odio que tuviera hacia ella debía admitir que su belleza, aún niña como lo era, no tenía comparación.
Luego desterró esos pensamientos de su cabeza y se volvió a Kajo quien en ese momento estaba reaccionando.
Sakura miró hacia el hombre que recibía el reporte del radio.
― Vienen por el camino escondido, les llevo más tiempo escapar del fuego cruzado.
― ¿Están bien?, ¿ambos? – dijo Sakura preocupándose también por el hombre que, al igual que con Kajo y ella, había arriesgado su vida para protegerla.
― Si, ninguno está herido –
Sakura dio gracias a los dioses en silenciosa plegaria y miro nuevamente a Kajo que la miraba de vuelta sin ninguna expresión en su rostro.
Kajo miraba las arrugas de preocupación en la joven frente de esa mujer. Que cerca hayan estado de morir, no sabía cómo el instinto le había ordenado gritar que se alejaran. Posiblemente estaban vivas de puro milagro y eso, sin saber porque, le había traído una nueva perspectiva sobre la vida, y misteriosamente sobre esa muchachita.
A los pocos minutos la última camioneta llego a la casa.
Sakura escucho los mismos sonidos que con ella y cuando la puerta se abrió vio a Tomoyo abrazada por el hombre.
El amigo de Shaoran se apartó enseguida de Kajo para caminar con grandes zancadas hacia donde estaban ellos, el escolta de Tomoyo cerró la puerta y activó completamente el sistema de seguridad.
Tomoyo corrió hasta donde su señora, que quería como una hermana y la abrazó llorando, Sakura volvió a contener sus sollozos tocando suavemente la cabeza de Tomoyo y diciéndole que todo estaba bien.
― Supongo que ahora te arrepientes de haber venido conmigo – dijo Sakura intentando ser graciosa para que la muchacha dejara de llorar, manifestando así en palabras lo que había pensado antes.
― No diga eso ―. Susurro Tomoyo separándose de ella y evaluándola de la misma manera en que Sakura la evaluaba a ella ― ¿Se encuentra bien? ¿Sufrió alguna lesión? – dijo tocándole suavemente el brazo lastimado, Sakura aparto rápidamente el contacto siseando suavemente y negando con la cabeza. El chaleco antibalas estaba comenzando a pesarle, esperaba poder quitárselo pronto
―Estoy bien, creo que Kajo se llevó la peor parte. – dijo susurrando, señalando a la mujer que yacía tumbada en el sofá.
―¡Ay! No me diga que se encuentra herida – dijo Tomoyo caminando hacia la sala bajo una fija y vigilante mirada de Eriol que había permanecido un poco al margen para no interrumpir el encuentro de ellas, no se percató de eso ni de que los ojos de él vagaban por todo su cuerpo intentando ver si estaba herida de alguna manera.
―No, solo desmayada, pero ya volvió en sí. – respondió Sakura a Tomoyo.
Amas miraron a Kajo que estaba ahora hablando rápidamente con Shaoran. Había retirado la mirada de la joven Sakura para mirar a su jefe quien parecía estar pidiéndole explicaciones sobre lo que había pasado.
Sakura suspiro triste y silenciosamente, su marido se empeñaba fuertemente en ignorarla, en vez de atormentar a la muy evidentemente agotada Kajo, debía haberle preguntado a ella o a Tomoyo, pero era evidente que prefería ignorarla. Eso le trajo una punzada nada cómoda en el pecho.
― Creo que iré a preparar un té o algo, lo necesitamos – dijo Tomoyo sacándola de sus pensamientos.― ¿Cree que podamos quitarnos esto – dijo señalándose antes de irse, se veía infinitamente más grande de lo que era con el chaleco antibalas
Sakura miro hacia Shaoran pensando en cómo podía preguntarle si era suficientemente seguro ahora, pero sus ojos se encontraron con los del amigo de él. Sakura pensó que estaba siendo atrevida pero señaló lentamente con su mano sana su propio chaleco, esperando ser lo suficientemente clara respecto a lo que quería preguntar. Eriol se volvió apartando suavemente sus ojos de Sakura y preguntó a uno de los escoltas.
― ¿Cree que puedan retirarles ya los chalecos? –
Shaoran miro a uno de los escoltas quien asintió severamente. Sakura no espero nuevas palabras, y ayudo a Tomoyo a quitarse el chaleco, y se quito el de ella. Tomoyo los tomo en su mano y volviéndose lentamente, con un gesto de agradecimiento, salió hacia donde ella consideraba que podía estar la cocina.
Sakura pensó en el té y considero que dado el estado de encogimiento en el que se encontraban todos los órganos de su cuerpo hubiera preferido vomitar a echarle algo a su estómago.
Cuando Kajo estuvo completamente restablecida Shaoran se dedicó a hacerle más preguntas respecto a lo sucedido ignorando olímpicamente a Sakura que se sentó en una silla cercana al largo pasillo por donde se había ido Tomoyo.
Volvía a sentirse como una intrusa.
Uno de los escoltas escuchaba las nuevas respuestas de Kajo, y cuando terminó dijo.
― La granada no entro porque alguien la lanzara, fue cuidadosamente disparada por un lanzagranadas a una distancia que excedía el perímetro de seguridad, por eso no vimos al francotirador, eso nos dice que debemos ampliarlo por más metros y doblar el numero de hombres, cuando se traslade a las mujeres a otra casa.
― ¿Y alguna idea de quien lo hizo? – pregunto Shaoran mientras su nariz comenzaba a oler el ambiente que se había vuelto cálido y oloroso a té de manzanas, y pensaba en si era viable la posibilidad de adquirir una casa sin que esta estuviera en riesgo de ser demolida o explotada con todos sus habitantes dentro.
― No pudimos identificar a ninguno de ellos por las miras, todos estaban cuidadosamente cubiertos y abandonaron en seguida las sacamos de ahí, algunos de ellos tuvieron los blindados a tiro durante mucho tiempo pero pudimos desviarnos y alejar el ataque.
Shaoran aún no comprendía lo que estaba sucediendo, podía involucrar facilmente a su tío pero hasta que la investigación no llegara más a fondo, que era lo que planeaba hacer, no podría estar seguro de nada.
La doncella llego minutos después con una bandeja cargada de tazas, había sido rápida y eficiente por que comenzó a repartir té a todo el que quisiera recibírselo. El olor que había sentido había sido exacto lo que imaginaba, te de manzanas que no probaba desde…desde hace mucho tiempo.
Sakura tomo su taza alargando sin querer la mano del brazo que estaba lastimado, cuando lo tomo el brazo le dolió terriblemente y soltó la taza que se rompió en el piso de madera.
Horrorizada contemplo la porcelana quebrarse mientras llevaba una mano a su boca para contener un gemido, mientras todos en la estancia se volvían a mirarla.
En el momento en que su mano cubría su boca la manga retrocedió revelando el estado en que se encontraba el brazo, tenía cerradas sobre la piel las marcas de los dedos que habían empezado a amoratarse.
Tomoyo ahogo un grito.
―¡Esta herida! ¡Se suponía que no le había pasado nada! – dijo Tomoyo dejando la bandeja suave y rápidamente sobre una mesa cercana e intentando tomar el brazo de Sakura, esta negó con la cabeza esperando que Tomoyo entendiera, lo último que quería hacer era un escándalo sobre su brazo, de todas maneras seguramente se curaría pronto.
Intento mirar a todos en la estancia a la vez y después murmurando una disculpa, se agachó para intentar recoger los trozos de taza, Tomoyo la detuvo bruscamente y tomando una servilleta de la bandeja que había llevado comenzó a recoger los pedazos cortantes.
Sakura se levantó de la silla para ayudarla pero sabía que su brazo estaba completamente inútil.
Todos los demás contemplaron en silencio como las dos mujeres se afanaban. Eriol pensaba que de no saber que la mujer de ojos verdes era la esposa de Shaoran y la otra muchacha su doncella, habría pensado que eran dos criadas novatas aterrorizadas, y sabía que cualquiera que lo mirara de afuera tendría la misma impresión de él.
Miro fijamente el brazo de la esposa de Shaoran, parecía que alguien le hubiera tatuado los dedos en el antebrazo y estaba…inflamado.
Miro a Shaoran quien se volvió a mirarlo con una expresión indescifrable. Luego se volvió hacia donde las dos mujeres estaban inclinadas y hablo con lentitud.
―Deja eso – aunque con lentitud su tono sonó cortante, dejando la taza en la mesa y preguntándose a sí mismo por qué demonios lo hacía camino hacia Sakura que se había erguido pero que tenía la cabeza inclinada como un perrillo que había hecho una travesura.
Miedo, podía olerlo a distancia a pesar de estarse acercando mas.
Sakura no comprendía como algo tan simple como que la taza se rompiera le produjo tanto terror, pensó en que esa no era su casa, en el odio que su marido le profesaba y en toda la desesperación de antes, se quedo simplemente petrificada pensando en las muchas maneras en que su marido podía hacerle pagar su torpeza.
Levanto la mirada y lo vio acercarse con la mirada fija en su brazo inerte.
Shaoran llego a la distancia suficiente para tomarle el brazo y comenzar a subir la manga nuevamente revelando las marcas. Y debió admitir para sí mismo que eran francamente espeluznantes, jamás había visto algo semejante y eso que conocía de cerca palizas y golpes.
― ¿Qué paso? –dijo volviéndose al escolta que había llegado con ella que miraba el brazo completamente anonadado.
―No lo sé – contesto sinceramente mirando hacia el piso, Sakura lo miró pensando en que alguien tan gigante no se veía bien asumiendo esa actitud tan… sumisa.
― Por favor…esposo – dijo ella sin saber cómo dirigirse a él después de todo. Él se volvió a mirarla con rapidez, ella pensaba que era porque el tono de su voz lo había alertado, pero lo que había alertado a Shaoran era que ella…no lo había llamado por su nombre – tuvo que levantarme del piso por qué tropecé en ese momento, si no lo hubiera hecho ambos estaríamos muertos. – Sakura sabía que eso no era del todo cierto y no dudaba que a él eso de que ella muriera le vendría de perlas pero se guardó sus dudas para otro momento. – no es algo grave, se puede curar con algún ungüento casero – continuo ella mirando rápidamente a Tomoyo que asintió haciendo una breve inclinación. Sakura esperaba que el dolor que comenzaba a sentir en el brazo fuera eso, nada grave.
Shaoran se volvió cuando ella hablo y miro la piel amoratada, la sintió fría bajo sus dedos, no sabía que una piel pudiera marcarse con tanta facilidad, y sentía bajo sus dedos algo de lo que no quería hacer parte. Soltó el brazo lentamente y dijo volviéndose.
―¿Todos están bien o hay alguna otra lesión de la que deba enterarme?
Sakura se quedó petrificada por sus palabras, no sabía cómo interpretarlas ya que su tono no dejaba entrever nada, pero por lo que sentía no se escuchaba como un reproche, más bien como una orden y al recibir solo silencio pareció satisfecho.
― Kajo, conoces esta casa, cuando te hayas recuperado indica a…Sakura, y a su doncella un par de habitaciones. – dijo Shaoran también dudando en cómo llamarla a ella y recordando, sin saber realmente porque, que ella le había llamado "esposo" de manera dubitativa.
En la casa no había servicio interno, solamente unas cuantas mucamas que hacían el orden tres veces por semana, de resto solo Shaoran vivía en ella, pero ahora, dadas las circunstancias parecía que el volumen de habitantes de la casa iba a subir.
Todos terminaron de beber el té y después de unas cuantas indicaciones más, comunicaciones por radio, los escoltas se retiraron lo mismo que Kajo y las dos mujeres.
Shaoran se sentó en la silla y se froto la frente con impaciencia.
― Tendremos que investigar esto a fondo – comento Eriol siguiendo su ejemplo y cambiando la taza de té vacía por un vaso de whisky con previa autorización de Shaoran, que pidió uno igual para él.
― Pueden ser muchas cosas, pero tienes razón.
― ¿En qué estas pensando? –
― Puede que sea algún deudo de mi tío, o puede que sea alguien más que quiera quedarse con la dinastía y todo lo que ella conlleva.
―Y vuelvo a decir, ¿no cabe dentro de tu cabeza la posibilidad de que esto se deba a… ella? – dijo Eriol después de unos momentos.
―No, después de esto no, no creo que tenga la suficiente importancia. Ahora debo incrementar las medidas de seguridad antes de que esto empeore y para poder resolverlo rápido.
―Conozco a un grupo de investigadores, una agencia pueden analizar la casa y todos los demás factores que te hacen sospechar― dijo Eriol recordando que esa agencia le había ayudado en más de una ocasión a descubrir intentos de desfalcos y salvar su propia empresa a tiempo.
― Si – dijo Shaoran asintiendo y dándole un largo trago a su bebida – has eso, quiero saber qué demonios es lo que está pasando.
Eriol le dio el contacto desde el móvil y al llamar Shaoran explico por encima lo que sospechaba y lo que había pasado.
― No se puede descartar que sea un intento de homicidio hacia su esposa, señor Li – dijo el investigador a quien le había estado contando todo. – así que sugeriría que la mantuviera bajo estricta vigilancia.
Shaoran se preguntaba por qué demonios todos a su alrededor se empeñaban en que existiera esa posibilidad cuando para él era más que evidente que no era viable. Pero decidió hacer las cosas al derecho, ese investigador podría llegar a descubrir algo oscuro que no tendría que ver con su esposa.
El investigador pedía que la vigilara y no era tonto ni estúpido, sabía que la mejor manera de hacerlo era tenerla cerca de él y con medidas de seguridad tan altas como las suyas propias. No podía vigilarla de otra manera más que dejándola vivir con él.
Mientras el investigador preguntaba por más detalles, Eriol miraba constantemente a la escalera y ese gesto no le pasó desapercibido a Shaoran, tampoco le había pasado desapercibido el gesto de Eriol al mirar a la doncella de su esposa ni la mirada y semblante de preocupación cuando habían llegado a la casa antes de que ella arribara.
No sabía que pensar respecto a esa atracción que era evidente, al menos de parte de Eriol, Shaoran había contemplado a la doncella y tenía que darle crédito a Eriol, era muy bonita y lo admitía como hombre que era. Pero había muchas cosas e impedimentos, además no podía saber si Eriol solo quería un rápido revolcón o si la cosa era más seria.
No estaba en contra de una o dos noches, pero si era algo más serio (y lo decía por que recordaba cuando abierto de corazón era Eriol cuando pequeño) tendría que mirar la posibilidad de intervenir.
Seguramente la familia Hiragizawa no vería con buenos ojos que el patriarca de ellos se uniera a una simple doncella.
Dijo su última palabra y cortó la línea.
― Dice que tendrá un informe parcial tan pronto como sea posible―
Su voz saco a Eriol de su abstracción, este aparto lentamente la mirada de la escalera y la concentro en su amigo.
― Lo tendrán listo muy pronto, ya te dije que era buenos.
― Eso espero – dijo Shaoran sirviendo más whisky en su vaso.― tampoco él descarta la posibilidad de que mi esposa esté involucrada en las razones por las cuales se dio ese evento.
Eriol asintió, a diferencia de Shaoran pensaba que su esposa podía tener mucho que ver, y con su tío también, pero no quería comentárselo, sabía que se negaría rotundamente a alguna teoría diferente de la que ya había hecho.
Eriol volvió a mirar a la escalera, en el fondo estaba esperando que la doncella bajara. No quería pensar en su nombre pero este se repetía una y otra vez como si se tratara de un CD en mal estado, grabándose en sus neuronas una por una.
Tomoyo.
Pero para su infortunio ella no volvió a bajar después de subir con la esposa de Shaoran, al menos no por esa escalera.
Llego la hora de retirarse por lo que se despidió de Shaoran deseándole suerte y esperando verlo al día siguiente.
Shaoran camino hacia su despacho decidido a adelantar el trabajo que, por lo sucedido, había dejado de lado. No esperaba que se tratara de mucho pero cuando confirmo sus correos y los informes en ellos suspiro diciéndose que era mejor que se preparara para una noche larga.
/ . /
Sakura rechino los dientes cuando Tomoyo le puso el trapo húmedo y tibio con una mezcla de polvos curativos en el brazo, sentía que le escocía pero sabía que pasaría pronto, de todas maneras los moretones se quedarían ahí durante mucho tiempo.
― Qué día, ¿verdad? – pregunto Tomoyo luego de unos momentos en silencio. – Aún no puedo creer que todo esto haya pasado en solo unas horas, le juro que casi se me sale el estómago por la boca cuando la camioneta giro de esa manera tan brusca, y escuchaba detrás de mí todos esos sonidos…― Tomoyo movió lentamente la cabeza como si fuera un recuerdo a eliminar de ella.
― Detrás de esto hay algo más de lo que se ve – dijo Sakura moviendo tentativamente su brazo y cerrando los ojos cuando sintió que la rigidez de este no había amainado.― Pero presiento que no seremos nosotras quienes nos enteremos de ello.
― ¿En que está pensando, señora? – dijo Tomoyo al ver la expresión un poco perdida de Sakura.
― Creo que esto tiene un poco que ver con el tío de mi esposo, aunque claro, puede que esté equivocada – dijo Sakura. Pero sabía que ninguna de esas dudas seria resuelta.
Tomoyo envolvió el paño en su brazo, inclusive la ayudo a ponerse el camisón y a meterse en la cama como si se tratara de su propia madre.
Sakura sentía que hacia un segundo había cerrado los ojos cuando imágenes distorsionadas llegaron a su campo de visión llenándola de un miedo visceral, eran retazos de lo que haba pasado y el miedo que sintió en ese momento estaba volviendo ahora a su pecho.
Cuando sintió que caía en un abismo sin fondo abrió rápidamente los ojos , se concentró en el techo oscuro de su habitación e intento determinar por la oscuridad que la rodeaba, que hora era.
Se tocó la frente que tenía empapada de sudor al igual que su pecho en donde podía sentir el latido acelerado de su corazón. Sus sueños siempre habían sido sensibles a lo que le pasaba en la vida real, si veía sol durante la mayor parte del día en la noche, casi inevitablemente, soñaba cosas relacionadas con el sol. De ahí la pesadilla sufrida, por lo que había pasado.
Algo dentro de su pecho parecía querer decirle o anunciarle algo, no quería hacer caso de eso, pero aunque lo hiciera la cosa permanecía ahí.
Se levantó alisando el camisón, seguramente a esa hora de la noche no habría nadie rondando y podría caminar a la cocina a conseguir algo que le quitara la resequedad que había comenzado a asentarse en su garganta.
Busco la bata, pero no la vió en ningún lado así que decidió prescindir de ella, seguramente no iba a encontrar a nadie, calzó sus chinelas y camino lentamente intentando no hacer ruido.
El brazo le escocía un poco cuando lo movía así que lo mantuvo apretado contra su costado mientras pisaba con suavidad.
Encontró la escalera, preciosamente manufacturada, y comenzó a bajar por ella, la madera no sonaba lo cual comprobaba el buen estado de esta.
Cuando la escalera termino camino hacia donde Tomoyo se había ido horas antes.
La cocina era un sitio admirable, pensó mirando a su alrededor, había una tenue luz, como si quien la hubiera dejado encendida supiera que alguien vagaba a esa hora de la noche.
Caminó hacia la nevera esperando poder encontrar algo de beber que aliviara la resequedad de su garganta, encontró una jarra que parecía contener agua fría así que tomando un vaso de la cómoda a su derecha y usando solamente su brazo funcional, sirvió de la jarra y bebió un largo trago sintiendo algo de alivio.
Así, con su figura recortada por la luz de la nevera y pudiéndose admirar cada forma que poseía se la encontró Shaoran que había venido de su despacho a beber un café cargado para evadir al sueño, aún tenía muchas cosas que hacer pero no se imaginaba que iba a encontrarse con semejante espectáculo.
Dado lo tenue de la iluminación la luz de la nevera se proyectaba como lo más luminoso de la estancia y Sakura con los ojos cerrados y bebiendo agua fría hasta que la cabeza comenzaba a dolerle, era inconsciente de que esa luz estaba haciendo casi invisible su camisón y que su recién esposo deslizaba su mirada lentamente por lo que veía.
Shaoran, quien en medio de su trabajo había tomado la definitiva determinación de tener a la muchacha y a su doncella en su casa para poder mantenerlas seguras, se comenzaba a preguntar en ese momento y con lo que tenía frente a sus ojos si no sería buena idea comprar otra casa.
Nuevamente imágenes de ella desde que se habían casado se deslizaban lentamente por su mente, nunca había sabido hasta ese momento que tuviera tan buena memoria, y menos que recordara exactamente como se veía el día que se casaron, haciendo a un lado sus sentimientos ambivalentes , pensaba que era hermosa. Muy hermosa, por lo que terminaba de ver. Sorprendente, pensó para sí.
Tosió lentamente esperando que ella se percatara de su presencia y, así lo hizó, aparto el vaso lentamente de su boca y se volvió a mirarlo.
― Buenas Noches – saludo ella con una seguridad que estaba lejos de sentir.
Shaoran camino por la cocina hasta quedar al lado de ella, sobrepasándola por mucho en estatura. Como no hablo Sakura pensó que iba a seguir ignorándola como lo hacía siempre, así fue ya que camino pasándola y concentrándose en preparar un café.
Sakura cerró la nevera con cuidado e intento lavar el vaso que había utilizado lo mejor que pudo con una mano.
Lo puso donde estaba y se dio la vuelta para irse pero la voz cortante de Shaoran la detuvo.
― No he dicho que puedas irte –
Sakura pensó en alguna especie de dictador y también pensó que era la primera vez que le decía algo semejante cuando en ocasiones anteriores había parecido más que deseoso de ignorarla.
Se dio la vuelta lentamente y lo miro intentando no mostrar nada en su expresión.
―¿Cómo está tu brazo? – dijo Shaoran mientras sus manos se movían con agilidad sobre una cafetera que a Sakura le pareció más un artefacto de otro mundo. Cuando pudo procesar lo que él le había dicho no pudo evitar que la sorpresa asomara a su rostro.
―Bi… ― tosió aclarándose la garganta – bien.
― Siéntate – dijo señalando una de las altas bancas que rodeaban el lado posterior del largo mesón en el centro de la cocina.
Sakura hizo lo que le ordeno. A Shaoran le pareció que flotaba en vez de caminar, como…un hada. No había tenido tiempo para los cuentos infantiles pero era a lo más a lo que podía llegar a compararla.
Mientras el café estaba tomo la decisión de comunicarle las nuevas directrices a seguir para que pudieran "convivir" en el mismo lugar. Aunque él no pasaba mucho en su casa, ya que la mayor parte del tiempo pasaba en el trabajo, también sabía que era inevitable que se encontraran, y también que de esa manera iba a ser más difícil mantenerla enclaustrada por venganza.
― Dadas las circunstancias –dijo cuando termino de preparar el café y se sentó al otro lado del mesón, sin dejar de sentir que, en vez del característico olor de las cocinas, olía a cerezo y que el olor provenía, evidentemente, de la mujer allí sentada. – he decidido que tú y tu muchacha tendrán que vivir aquí, en mi casa.
Sakura abrió los ojos sorprendida ya que pensaba que al día siguiente seria remitida a otra de las cuantiosas propiedades de Shaoran, pero parecía que ese era el día de las sorpresas, y de las sorpresas menos agradable.
No sabía qué diferencia suponía vivir en la casa de Shaoran o vivir en otra salvo que en la segunda tendría que verlo más seguido y se había hecho una idea de que no iba a verlo nunca. No se atrevía a preguntar por qué y pensando a profundidad adivino que todo eso tenía que ver con lo que paso.
Shaoran esperaba que tuviera algo para comentar, pero ella solo lo miraba a la cara con expresión sorprendida.
― Pero…dijiste… ― alcanzo a decir Sakura, haciendo referencia a algo que recordaba como si fuera un texto en su mente, lo que él le había dicho en el avión y sus posteriores y anteriores desaires.
― Si, se lo que dije, y quise decir cada palabra, pero las cosas han cambiado, por desgracia, y me veo en la penosa obligación de incluirte en mi propio sistema de seguridad personal.
Sakura quería decirle que si no quería hacerlo porque le decía eso, pero se cayó, no quería provocarlo, y debía admitir para sí que se sentía…segura en esa casa.
― Vivirás aquí, no saldrás, evidentemente, pero supongo que podrás tener acceso a todas las habitaciones que hay en esta casa menos mi habitación y mi despacho.
Su habitación….
Sakura se preguntaba por qué la excepción pero no iba a quebrantar esa regla, no tenia deseos de saber cómo lucia su esposo más amargado y enfadado de lo que ya lo hacía.
― Y deberás llamarme por mi nombre de ahora en adelante.
Sakura se quedó rígida ante esa orden, especialmente por la manera en que sonó su voz al decirlo.
Shaoran al igual que ella estaba sorprendido por haberle pedido algo semejante, quizá se debiera al hecho maldito de que no podía apartar la mirada de la boca de ella a pesar de que se encontraba a muchos metros de distancia. Su mente volvía una y otra vez a la imagen de la nevera. No, de la nevera no, de la figura de ella recortada por la luz de la nevera.
Además puede que no la escuchara llamarlo esa noche, ante el evidente miedo que parecía profesarle.
Su mirada bajo por el inexistente escote, que sabía que estaba ahí pero oculto por ese camisón de niña. Su brazo lastimado estaba sobre la mesa y las marcas se hacían un poco más tenues en el borde.
Tal vez…solo tal vez pudiera considerar el hecho de tener alguna cordialidad con ella. Al verla tan…patéticamente frágil, encorvada aunque digna y ocultado sus ojos de los de él, pensó por primera vez en justificar el hecho de que había sido tan obligada al matrimonio como él, y no lo refuto en seguida, puede que estuviera equivocado, pero sabía que la muerte cambiaba las perspectivas de muchos aspectos, y conocer un poco a la desconocida esposa con la que tendría que cargar el resto de su vida parecía ser uno de esos aspectos.
Sacudiendo la cabeza se retiró de la cocina pensando en que esa noche consultaría con su maldita almohada si había enloquecido completamente.
Gracias por leer.
