Hola:
Ha pasado un tiempo bastante largo desde la última publicación, se me cae la cara de la vergüenza con todas las personas que leen esta historia, la explicación de mi ausencia se encuentra al final del capítulo. Pido mil disculpas por todo este tiempo, pero han pasado muchas cosas que al final comprenderán, pero una cosa es segura, a pesar de lo que tarde y de lo que pase, esta historia no va a quedarse inconclusa, se los puedo prometer.
Gracias una vez más a Mizuno Otto, mi niña superbeta, te agradezco mucho que te tomes la molestia de señalarme, sugerirme y corregirme las cosas para que la historia se haga más interesante y comprensible, muchas gracias nuevamente, te mando un gran abrazo.
Si no nos alcanzamos a leer nuevamente este año, aunque intentare hacer lo posible por lograrlo, les deseo a todas y todos una muy pero muy Feliz Navidad y un precioso Año Nuevo, que estas fechas estén llenas de cosas lindas y que el año entrante les traiga prosperidad y felicidad.
DINASTIA LI
Capitulo 12
A pesar de todos sus razonamientos, hasta su conciencia le dijo lo que tenía que saber, Shaoran era consiente de que no serviria de nada intentar conocer a la chica, de todas maneras nunca podría olvidar de donde procedía, tampoco iba a poder quitársela de encima o si no perdería todo lo que había ganado hasta ese momento.
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Sakura observó a Shaoran irse y sintió que podía volver a respirar con normalidad. Vio algo en los ojos de él, que, pese a que lo había intentado, no pudo dejar de mirar, eso causo que su corazón se acelerara anormalmente, pero no por el miedo visceral que le tenía, sino por algo más, que no entendía y que le era completamente desconocido.
Sabía que en muchos aspectos su pensar y sentir era infantil. Por esta razón no comprendía que se trataba de la naturaleza de su propio despertar a ser una mujer, y que sentía algo muy parecido a la atracción hacia el único hombre que había visto diferente a los que poblaban la villa.
Suspirando, aún en conflicto con sus propios pensamientos, se marchó a dormir, esperando en esa ocasión, poder lograrlo.
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Fujitaka observó mientras el médico estaba realizado la curación de la herida de Touya. Fue una suerte, dijo cuando lo examinó y comprobó que la bala había tenido orificio de salida y en apariencia no dañó nada vital excepto piel y tejidos. Tendría que mantener reposo y evitar cualquier actividad que implicara fuerza.
El jefe de las montañas continuaba mirando a su hijo pensando en lo que hubiera pasado si Touya o su agresor se hubieran movido de manera diferente. Unos milímetros más o unos menos…
Podría haber muerto.
Sabía de qué se trataba y cuando pudo dejar de preocuparse por el estado de su hijo comenzó su mal presentimiento sobre la suerte de Sakura. Su instinto de padre le decía que algo estaba mal.
Bueno, en realidad nada andaba como debía desde hacía mucho tiempo.
Se alejó dejando al médico y caminó con pasos largos hasta su habitación, la principal, donde tenía todos sus números privados. Necesitaba uno de ellos, uno que no había planeado usar en un tiempo, creyendo que todo iba a estar en orden, pero que dada la situación se hacía apremiante usar.
Levantó la bocina y marcó el número que nadie sino él conocía.
– Buenas Tardes – le contesto la lúgubre voz.
–¿Cómo está mi hija? – preguntó Fujitaka sin andarse por las ramas.
Por el silencio agobiante que lo recibió pudo distinguir que algo no había ido como se suponia y que sus sospechas fueron confirmadas.
– Hubo un atentado…–
El hombre resumió lo que había pasado, pero eso no impidió que Fujitaka se quedara horrorizado por lo que escuchó.
– ¿Cómo fue posible?, ¡Pedí expresamente que la seguridad de mi hija fuera primordial!– arguyó con la voz y el semblante endurecido.
– No podía hacer nada con el señor Li vigilándome, la casa a la que la llevó a vivir estaba muy alejada del perímetro que habíamos establecido. – se justificó el hombre.
– ¿La casa que… ella no está viviendo con él? – pregunto Fujitaka sintiendo como este nuevo estrés estaba haciendo que su cabeza comenzara a doler más intensamente que la vez anterior.
El hombre respondió negativamente a su pregunta, al parecer había planeado aislarla. No podía sorprenderse pero eso no quería decir que le gustara ese hecho, sabía que el sobrino de Fen no estaba de acuerdo en la unión y que preferiría estar lejos de lo que le impusieron, pero no pensó que tanto…
– Los francotiradores estaban ubicados en un margen que mis hombres no pudieron cubrir, pero por fortuna a quienes asigné actuaron con rapidez, ahora la señora, su doncella y el ama de llaves están acá, en casa del señor Li y bajo todas las medidas de seguridad que sugirió.
Sintió un alivio que no pudo describir, pero después su voz se tornó la de un frío jefe.
– La prioridad es ella y que esté segura. Mi hijo y yo estuvimos a punto de morir, no quiero correr riesgos, no hasta que todo esto se haya acabado.
– Descuide – dijo la voz – fue una falencia que pretendo corregir.
Fujitaka guardo silencio, por ese error su hija podría haber muerto. Pensaba en los métodos que el hombre había utilizado, parecía estar desesperado por acabar con Sakura, por culminar su venganza en contra del mismo Fujitaka. Pero también dudaba que algo de lo que había pasado hubiera sido expresamente idea de él. Un hombre así no intentaría acabar con su hija haciéndola volar en mil pedazos y rápidamente, no, él era de esos que les gustaba ver sufrir a la gente, rogar por piedad, por la muerte.
Y sabía que el hombre había planeado esto desde hacía muchos años y no cesaría hasta saberse satisfecho.
– Necesitan doblar su vigilancia sobre ella, al menos cuando no esté con su esposo.
– Por ahora Li cree que todo lo que ha pasado tiene que ver con su tío, a causa de esto tendremos la excusa perfecta para multiplicar la seguridad sobre la señora sin que parezca fuera de lo normal.
– ¿Con Fen? – pregunto Fujitaka pensando en que, en apariencia, Fen pudo haber sido un hombre en medio de negocios turbios pero Fujitaka lo conocía mejor que eso.
– Así es – dijo la voz en la línea.
–Encárgate de eso, Liu, y que él no sospeche nada, y si por algún motivo llegas a enterarte de que ella no va a estar bajo el mismo techo que él, tienes que convencerlo de lo contrario, así no lo quiera y ni siquiera lo sepa, si esta con mi hija no puede pasarle nada malo a ella. No quiero más errores.
Liu asintió al otro lado de la línea, del número privado que solo el señor Kinomoto conocía. El mismo Liu que había estado en el avión con Sakura y con Tomoyo, un agente de seguridad que trabajaba, en ese momento, para dos personas con un propósito similar. Proteger a Sakura Kinomoto, aunque Shaoran Li no supiera que esa era específicamente su función, aparte de la seguridad de él mismo.
Antes de trabajar para Shaoran Li fue contactado secretamente por Fen Li, este le puso en empalme con una persona japonesa de nombre Kinomoto que quería contratarle para un servicio especial. Se enteró del matrimonio pactado entre Kinomoto y los Li. Kinomoto le conto las circunstancias especiales que rodeaban ese evento.
La paga era en extremo buena, pero a pesar de eso, y después de haber visto con sus propios ojos a la muchacha, a Liu le dio la impresión de que participaría en la protección de esta aún si no le pagaran un solo yen.
Después Fen le pidió que no mencionara nada del vínculo que tenía con Kinomoto y que se presentara a las pruebas de los hombres de seguridad que su sobrino quería tener.
Había pasado la prueba, siendo el mejor en combate mano a mano, en manejo de armas de fuego, cuchillos, entre otras sin nombre, en conducción violenta y normal. Había caído tan en gracia al joven señor Li que éste lo había contratado de inmediato, lo había puesto al frente de su equipo de seguridad para que adiestrara a los demás escoltas.
Shaoran no sospecho nunca que Liu había sido enviado por su tío, ni que sabía de antemano lo de su matrimonio arreglado y también el secreto por el cual esa misma mañana la esposa de Shaoran casi había sido abatida.
Cortó la comunicación sabiendo de memoria todas las indicaciones que le había dado Kinomoto, y casi creía comprenderlo .Si una hija de él estuviera en el peligro en que se encontraba ahora la de Kinomoto haría todo lo que estuviera en su propia mano para mantenerla a salvo.
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Sakura despertó temprano al día siguiente con profundas ojeras que intento disimular, durante toda la noche había pensado en su esposo y no era algo de que se sintiera orgullosa, especialmente por quien se había jurado a si misma mantenerse al margen de su matrimonio para no agobiarse ni agobiarlo a él.
Se vistió con parsimonia y esperó sentada en su cama a que apareciera Tomoyo, quería la compañía de la chica esa mañana, sentía que lo que había pasado le había arraigado algún tipo de temor en lo profundo de su ser. Así fuera o no en contra de ella, había estado lo suficientemente cerca de la muerte como para plantearse muchas cosas.
Pero no quería pensar en ello en ese momento, tal vez mientras pasara el tiempo la sensación de que algo iba mal se fuera definitivamente de ella.
Escuchó un golpeteo en la puerta y abrió Tomoyo que estaba lista como ella.
– Acabo de venir de la cocina, la señora Kajo me pidió que le dijera que podía bajar a desayunar cuando le apeteciera.
Sakura asintió aunque lo de comer lo haría por pura inercia, no tenía apetito y pero sabía que podía enfermarse si se adecuaba a los horarios en los que su cuerpo le daba la gana comer.
– Pero antes de bajar le aplicaré algo más de hiervas en el brazo, ¿Cómo lo tiene? – comento la joven preocupada.
Sakura no había reparado en eso mientras se vestía, levanto la manga y los dedos seguían ahí, seguramente no se irían por lo menos en una semana, pero afortunadamente no le dolía en absoluto.
– Bien – dijo solamente, pero Tomoyo insistió en ponerle algo más de sus recetas para que el moretón difuminara más rápidamente.
Cuando estuvo listo ambas mujeres bajaron la gigantesca escalera que las conduciría al comedor de la casa.
Cuando Sakura levantó la mirada hacia la mesa que aparecía conforme continuaba caminando, vio a Shaoran sentado en la mesa, estaba en la cabecera con su desayuno delante, leyendo un periódico muy tranquilamente, parecía ser completamente indiferente a la presencia de las dos, Sakura no logró determinar la razón por la que eso le produjo un picor algo doloroso en el pecho.
–Buenos Días, Shaoran – saludó educadamente la joven, con un ánimo que estaba lejos de sentir, especialmente cuando el aparto su periódico y las miró como si no fueran más grandes que las motas de polvo del aire. En Sakura se detuvo por mas segundos, esta se preguntó si era porque lo había llamado por el nombre, olvidándose tal vez de que el mismo le había pedido que así lo hiciera, e ignorando que ella había tenido ese nombre pegado a su pensamiento durante toda la noche.
Esa era la impresión de Sakura, que el ignoraba su presencia como siempre solía hacerlo, no podía saber que Shaoran intentaba mostrarse tan indiferente como siempre, pero internamente estaba haciendo lo posible porque su mente no recordara lo que había visto en la noche, cubierto por ese primoroso kimono, cuando paso sus ojos brevemente por la pálida figura de su esposa.
– Ya me iba – dijo respondiendo al cordial saludo de manera seca – Kajo servirá lo que quieran. Hizo una casi imperceptible reverencia y sin más se marchó.
Sakura siguió haciendo lo posible por no mirarlo mientras se iba, también por ignorar esa sorda picazón en su pecho, pero en ambas cosas falló estrepitosamente, solo que él no se percató, ella no sabía si sentirse afortunada por ello. ¿Qué era eso?
Evitó la mirada especulativa de Tomoyo y se sentó en la silla mientras la otra joven iba hacia la cocina a avisar a Kajo de la presencia de Sakura.
Esta se quedó sola en la mesa mirando hacia el hermoso exterior que dejaba entrever la ventana del comedor. El jardín era casi como un fetiche para Sakura que sin pensar en lo que hacía se levantó de la silla y caminó hacia la sala en donde había una puerta para salir.
Cuando llego allí se percató de que tenía el mismo aire insulso y sin color de su casa anterior. Su imaginación comenzó a correr pensando en cómo de hermosos se verían dos rosales en la pared del fondo, una enredadera que subiera por la intrincada y artesanal reja que protegía al jardín del otro exterior. Diferentes tipos de flores, azucenas, claveles y lirios en una esquina…
Sus ojos recorrían rápidamente la extensión de prado poniendo en cada centímetro que veía, imaginariamente, una flor diferente. Si, ¡sería un jardín precioso…!. Una sonrisa se dibujo en sus facciones.
Una mano se posó en su hombro, cuando se dio la vuelta se encontró con el hombre de seguridad que había estado con ella en el avión, no recordaba su nombre, se llevó una mano al pecho para intentar calmar el gran salto que pegó su corazón al ser interrumpida de ese modo cuando estaba más concentrada en su fantasía.
– Buenos Días – le dijo, Sakura se dio la vuelta para encararlo completamente y tuvo que levantar la cabeza, recordando nuevamente cuan alto era.
–Buenos Días – respondió ella haciendo una reverencia propia de su educación.
–Creo que no sería recomendable que salga así a este jardín sin protección.– dijo él respondiendo fríamente, recordándole dolorosamente a Shaoran.
Lo miró por unos segundos meditando sobre todo lo que podía sugerir lo que le había dicho.
Asintiendo se dio la vuelta para retirarse pasando por el lado del hombre que la miraba de una manera que podría considerarse inquisitiva.
Liu había salido del despacho privado de seguridad y se había encaminado rápidamente a buscar a la señora Li, ahora que había hablado con Fujitaka tenía más claro que nunca que proteger la vida de esa muchacha no era un juego.
Sakura siguió su camino hacia el comedor, durante el día no tuvo encuentros con nadie más, no sabía tampoco que él, desde distintos ángulos y obedeciendo una orden de Shaoran, que había propiciado para él mismo y su propio plan de vigilancia, dandole una ventaja enorme, podía ver cada uno de sus movimientos. Tambien se daba cuenta de que tarde o temprano esa muchachita iba a robarse el congelado corazón del joven Li.
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Shaoran podía decir, con todo el sentido de la palabra, que sentía asco de sí mismo, se sentía como una especie de enfermo mental. Y todo por ella.
El día había transcurrido todo lo normal que podía esperarse, realizando su rutina de costumbre, primero desayunó en su casa, segundo salió rodeado de una infinidad de escoltas, despues llegó a su oficina e hizo lo que le correspondía, ahora, mientras sentía el segundero del reloj de su oficina dar el sonido característico sin detenerse, su mente se revelaba en contra de sus deseos y lo conducía una y otra vez a pensar en su joven esposa, en la que no tendría por qué estar pensando, a la que deberia haber olvidado una vez que había terminado de hablar con ella el día anterior.
Pero ahí estaba y parecía no querer irse.
No sabía que era poseedor de memoria fotográfica, pero parecía que esos nuevos talentos se estaban descubriendo en ese momento, no recordaba haber mirado a la joven Sakura con detenimiento en el momento en que se estaban casando, pero todo indicaba que su cerebro había tomado la decisión por él haciéndole ver imágenes muy detalladas en el recuerdo de la apariencia de ella el día de la boda.
Blanca, etérea, de ojos profundamente esmeraldas y labios infantilmente rojos. Cuerpo de mujer, incuestionablemente, de adolescente volviéndose mujer, lo cual resultaba aún más excitante. En ese pensamiento radicaba su sentir de enfermo. Ella era eso, una adolescente, él ya era un adulto casi a punto de entrar en la treintena. No podía pensar en ver a esa jovencita como algo más que la molesta asignación que le había sido impuesta. Aún así, su mente seguía revelándose.
Levanto la mano y la paso por su frente en un intento vano de que esta se llevara de su cabeza todo el proceso que se estaba dando ahí, pero tal como esperaba, eso había sido inútil.
Decidió intentar concentrarse otro poco en el trabajo, así al menos su mente estaría ocupada con algo más que pensamientos que sabía que a la larga no le servirían de nada.
Y los frenó, con un empeño que hacía mucho no ponía en nada, su mente volvió a cerrarse a otro sentimiento que no fuera el odio por ella, por lo que significaba. Ignorarla sería su misión, no pensar en ella el lema del día, ignorar su existencia, la razón del diario vivir. Casi podía sentirse triunfador. Casi….
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El hombre cerró los ojos, ante lo que estaba viendo y escuchando. Se había ido a su retiro en un intento de despejar su mente, pero estaba seguro que a pesar de que intentara hacerlo nada podía evitar que recordara y que posteriormente se llenara de odio. El video que se proyectaba ante él contenía la mayor parte de la causa de lo que estaba sintiendo.
La risa cantarina, de pajarillo, tan seductora como inocente llenaba el ambiente de la espaciosa bastante cerrada sala de proyección.
La risa pertenecía a Nadeshiko, aquella niña que había conquistado mucho más de él que nadie.
En el video podía escucharse a sí mismo y eso era lo que le daba más enfado. Podrían haber sido felices, pero luego había llegado ese otro advenedizo a su vida.
Desde ahí nada fue lo mismo. Ni para ella. Mucho menos para él.
Enterró las manos en el pelo pensando en lo que se había convertido su vida, por culpa de Nadeshiko y de las decisiones erradas que esta tomó.
Y luego había salido esto…esa jovencita que se parecía tanto a ella y a la que quería acabar con sus propias manos, por ser hija de quien era.
El video se detuvo y el silencio se volvió el gobernante. Sería difícil penetrar las duras defensas que parecían concentrarse alrededor de la frágil hija de Nadeshiko, pero si algo había aprendido de la vida era que nada resultaba imposible si se le ponía verdadero empeño, estaba dispuesto a hacer lo que no estaba escrito para que Kinomoto pagara. Lo había jurado cuando había sido cruelmente despreciado y quería venganza.
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La determinación de Shaoran no fracaso, al menos no todo lo que él espero que lo hubiera hecho. Los días pasaban con una rapidez asombrosa seguramente por que utilizaba un poco menos de la mitad de ese tiempo batallando crudamente en su cabeza, pero el resultado era algo de lo que se sentía orgulloso, finalmente había llegado al punto en el que su vida se había acomodado a sus propios criterios.
Después de una ardua labor consiguió retomar lo que fue fugazmente arrebatado por planes siniestros de personas que ya en ese momento no existían, las visitas a los clubes exclusivos, las mujeres por doquier, todo eso y más diversiones hasta conseguían hacerle olvidar todo lo que pasaba por su cabeza cuando recordaba a lo que tenía viviendo con él.
En ese tiempo no había vuelto a hablarle, Sakura parecía evitarlo con una precisión casi milimétrica. Nunca coincidían en ningún encuentro, él o ella desayunaban antes que el otro, optaban por los pasillos no usados para transitar cuando sabían que el otro estaba usándolos.
No le molestaba, se decía a medida que los días pasaban hasta que estos se habían convertido en meses, rápidos meses que le habían pensar que alguien manipulaba los relojes del destino y se estaba dando un atracón de risa al hacer que el tiempo se pasara con tal rapidez.
Aun no conseguía comprender lo que le había alcanzado a suceder con ella, ni siquiera cuando le había pedido que lo llamara por su nombre solamente para escuchar cómo salía este pronunciado por su boca.
Pero en lo que consideraba su perfecta vida aún estaba ese paréntesis en el que usaba una mínima parte de su cerebro pero que sin embargo estaba ahí, como una espina clavada, pero no en el trasero.
Su desolación se hacía evidente a medida que los días y los meses pasaban, por más investigación rigurosa, por más esfuerzo, dinero y otros bienes no habían podido obtener toda la información que habría querido. La empresa de investigación era efectiva pero en esencia no habían dado con el objetivo principal de su contratación, averiguar qué o quién estaba detrás de los ataques de los meses anteriores, todo se iba quedando al garete.
Daban con nombres falsos, pistas trampa y siempre eran conducidos al mismo punto de partida. Pero algo en el fondo de Shaoran le había advertido que no cesara en su búsqueda, que más adelante podría servirle no solo para desenmascarar a los secuaces de su tío sino a otros que seguramente estaban detrás de su fracaso. Y a medida que el tiempo pasaba sus inspecciones a las cámaras de seguridad se hacían más infrecuentes, solamente era visto por su equipo de seguridad, no por el mismo.
Durante ese tiempo se había planteado la posibilidad de volver a separar a Sakura de sí, y así lo había sugerido al agente de seguridad algún tiempo atrás, algo a lo que Liu se había negado rotundamente alegando que el hecho de que ella saliera de la casa la hacía un blanco fácil para quien fuera que estaba planeando algo contra él.
Shaoran no rebatía, aunque una parte muy sádica y malvada de sí mismo le decía que si ella estaba en peligro no era su problema, porque después de todo él no la había querido en su vida. Pero luego recordaba la imagen de fragilidad que daba y le entraba un acceso ambulatorio de lástima que le impedía tomar las decisiones correspondientes. Tenía plena confianza en el criterio de Liu ya que pensaba que lo conocía bien, si él consideraba un peligro que la muchacha fuera trasladada a otro domicilio, pues él tendría que aprender a verlo de ese modo.
Después todo eso pareció dejar de tener importancia, o al menos la poca que le dio y su vida volvió a ser todo lo bohemia que podía esperarse.
Por otro lado Sakura había encontrado la entretención ideal y con Tomoyo, que parecía haberse prendado de la misma actividad, realizaban sus vegetales aventuras alrededor de la casa y del patio, era tan grande que resultaba imposible aburrirse.
Cuando salía en las mañanas podía visualizar a lo lejos la serie de rejas de alambre y otros materiales especiales que limitaban las normales de acero como si fueran algún tipo de detector especial, pero sabía que las plantas embellecerían hasta ese frio metal que se había convertido en su pared de vista habitual.
Pero cuando miraba a su alrededor y se percataba de que todo lo verde, de colores, ordenado y demás de ese gigantesco jardín, era su bella obra todo lo demás parecía carecer de sentido.
Solo que en las noches, cuando se escuchaba aun a los grillos cantar se preguntaba en que se había convertido su monótona vida, y se respondía que esa era la primera advertencia que Shaoran le había hecho cumpliéndose.
Shaoran…
Durante ese tiempo había contemplado furtivamente todo lo que él hacía en un intento de matar algo de la sensación de congoja a la que se veía sometida sin remedio. Parecía que los meses tocaban la piel de su rostro para añadir una que otra arruga más a su ceño permanente, ni siquiera la miraba o respondía los saludos matinales las raras veces que se encontraban, a pesar de usar su nombre como él se lo había pedido.
Había encontrado en la casa miles de maneras de entretenerse y en el patio igual, especialmente en las caballerizas olvidadas que había encontrado un día de camino al fondo del jardín en donde el sol pegaba con fuerza, pero estaba tan vacía como su propia existencia.
Bajo la vigilante mirada de varios hombres a los cuales ni siquiera conocía, caminaba lentamente por ese gigantesco pedazo de tierra del cual había hecho su hogar. Había logrado su propósito con este, embelleciéndolo y dándole el toque perfecto, pero ver esa caballeriza vacía le hacía desear pedirle a su esposo, o a cualquiera de sus muchos intermediarios, que le permitiera tener una cría de caballo en ese sitio.
Sí, claro, como si eso fuera a suceder.
No se atrevía a pedírselo a nadie, a cambio de eso, intentando contener sus deseos, había aprendido, bajo un silencioso tutelaje de Kajo, el manejo de la mayoría de los artefactos eléctricos de la casa. Ahora observaba televisión de vez en cuando ya que le parecía mortalmente aburrido ver siempre lo mismo, ponía música relajante de los millones de Cd que se concentraban alrededor del moderno sistema de sonido de la sala, entre otros. Había aprendido a distraerse pero se sentía tan encerrada en su propia prisión cómoda que se proliferaba en ella el impulso de gritar en más oportunidades de las que creía posibles.
Se había dicho a sí misma, desde el inicio, que podría soportarlo, después de todo era para lo que la habían educado, pero no conseguía hacerse a la idea de que esa fuera ser su vida de ese momento en adelante, temía pedir cosas, le atemorizaba hacer algo diferente a su rutina diaria, eso no le parecía que pudiera considerarse siquiera como existir. Pero sus temores estaban basándose en uno mucho más poderoso, uno que yacía en el fondo de su corazón y que a pesar de haber analizado muchas veces siempre la llevaba al mismo punto de partida, algo que descubrió en esos meses que habían pasado y que la atormentaba con lentitud con cada día que pasaba.
Temía separarse de Shaoran, así estuvieran tan unidos como el agua y el aceite.
Todo se concentraba en ese punto del cual la joven no había podido encontrar retorno. Y revelaba de sí misma esos secretos que su joven corazón quizo esconder.
Estaba fascinada por la vida de su esposo. Envidaba la libertad que él ostentaba, ¿Cómo sabia de esa vida? Durante una infructífera investigación de canales de televisión cierto día había dado con una noticia de prensa de un telediario que podía considerarse importante. Él era el protagonista de la nota, de su brazo colgaba una mujer, la más escultural que Sakura hubiese visto nunca. Él sonreía, algo que nunca hacía frente a ella, su rostro era blanco de flashes de cámaras una y otra vez. Decían que tenía una aventura extramarital (no comprendió el significado de esa palabra) con la famosa actriz a su lado.
Cuando el reportero mencionaba el hecho de que a el joven Li parecía no importarle lo que le esperaba en casa supo la verdad.
Ella era eso que le esperaba y que lo que Shaoran hacía, a los ojos de otros, podía considerarse malo. Algo que cuando lo analizo bien, le pareció humillante y despreciativo.
Cuando había alargado el dedo para apagar la televisión su yema toco ligeramente la cara de Shaoran a través de la pantalla.
Esos meses habían sido duros, pero parecía que para él la vida era un juego, desde ese día veía más y más reportajes. Él siempre en ellos, mujeres diferentes en otros. Aun le costaba trabajo creerse condenada a ese funesto destino, guardada como una maleta vieja, desde la casa la manera en que su marido parecía divertirse mientras ella permanecía bajo llave.
Él se lo había advertido, y ella creyó comprenderlo. En ese momento casi podía decirse que quería llevar a cabo algo diferente y dar a notar su presencia. Pero se desanimó en un segundo.
Ella no tenía nada que hacer al lado de esas mujeres hermosas, tan solo era una jovencita salida de una villa anticuada, hija de un hombre al que prefería no recordar y del cual no había recibido noticias desde que la entregó al matrimonio.
Algo cálido se deslizo por su mejilla mientras contemplaba desde la ventana del salón como las nubes cubrían parcialmente el cielo que en la mañana se veía azulado. Froto sus manos sobre la suave tela del kimono, un lujo que ella no había querido y que sin embargo llegaba puntualmente cada mes, como si ella misma fuera quien lo pidiera. Un surtido completo de vestidos especiales, de ropa de marca. Lo cual evidenciaba que tal vez su marido si pensaba en ella de vez en cuando, o solo se trataba de ella siendo estúpida y más bien era otra persona la que se encaraba de mantener bien vestida a la esposa secreta del magnate y patriarca Shaoran Li.
Secó la lágrima con una de sus manos mirándola de reojo como se deslizaba lentamente por su palma. Una lágrima, finalmente el tiempo había resquebrajado lo que se había prometido no hacer; Llorar nuevamente.
Sacudió la cabeza con enfado escuchando a lo lejos los pájaros. No lloraba desde hacía mucho tiempo, meses atrás cuando había hablado por penúltima vez con su padre, cuando le había prohibido montar.
Dio media vuelta y camino con decisión hacia el jardín, su único lugar personal para evadirse del revoltijo que era su cabeza en esos momentos, si no le era permitido salir de la casa, encontraría otro método para divertirse en ella sin tener que abandonarla.
Apenas cruzo la puerta que conducía al jardín un par de hombres la flanquearon como sombras. No se inmuto por ellos, casi se había acostumbrado. Sus pasos calzados con primorosos zapatos la condujeron de prisa a uno de los rincones más alejados del jardín, donde había plantado un rosal meses atrás y que al parecer enterró en tierra no fértil. Había hecho lo indecible para que creciera, pero se negaba a cooperar.
Se sentó a un lado del rosal, y comenzó a cantar lentamente, casi en un susurro, como si fuera la terapia que la planta necesitara para brotar.
La depresión de la que se hacía presa en ese momento parecía fluir lentamente de sus labios hacia fuera mientras intentaba expulsar por ese medio, en donde solo se escuchaba el silencio y su propia voz, todo lo que se concentraba en su cabeza.
Tomoyo observo a Sakura desde la entrada posterior al jardín. Que miserable le parecía ahora la joven dama después de esos meses que habían pasado, jamás había imaginado que el destino las conduciría por ese camino, no se arrepentía de su decisión, sabía que su señora la necesitaba, pero también que estaba entrando en una melancolía de la que solo ella se daba cuenta.
Podía deducir, por su posición que estaba cantándole al rosal que no florecía, para ayudarlo a revelarse, como siempre lo hacía. Que mujer tan maravillosa y sencilla será, pensaba Tomoyo mientras se daba la vuelta y se secaba las lágrimas de los ojos, la existencia de ambas estaba condenaba, solo esperaba no estar sola y que Sakura tampoco lo estuviera cuando el tiempo se convirtiera en algo más tedioso de lo que era ahora.
Una imagen no deseada de los ojos de el hombre que siempre andaba con el esposo de su señora, se cruzó por sus pensamientos más hondos de una manera casi alarmante, la reprimió y se guardo sus propios sentimientos, su trabajo, el que había escogido por convicción, no le permitía ser débil, debía ser fuerte por ella misma y por Sakura.
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Eriol observaba desde la oficina de Shaoran las cámaras de la casa. Allí estaba ella, de pie, con esa mirada que en esos meses había llegado a atraparlo de una manera perturbadora. El no conocía a Tomoyo Daidoji de otra manera más que de un par de saludos. Pero podía ver en sus ojos que la conocería durante toda la vida y jamás se cansaría de lo que vería en esas amatistas.
Tiempo atrás Shaoran se había percatado de que algo no andaba con normalidad en él, y que la causa era la doncella de su esposa, habló con él muchas veces en un intento de disuadirlo de que mirara con otros ojos a la dama, pero fue inútil, tal vez frente a Shaoran hubiera tenido que reprimir todo lo que esa mujer le hacía sentir, pero en su interior, era algo completamente diferente. Había encontrado la manera de acceder al sistema de seguridad de la casa que Shaoran no utilizaba desde hacía mucho tiempo, desde ahí siguió como un ave silenciosa todos los movimientos de Tomoyo, admirando su delicadeza, su amor incondicional, también su mirada perdida, lejana y triste, la de una persona que ha sufrido algún golpe doloroso en la vida y que aun así se mantiene en pie por la determinación de vivir, así fuera como lo hacian ella y la esposa de Shaoran.
Cuando miraba a Sakura pensaba que Shaoran estaba perdiendo una oportunidad terriblemente importante, pero no se lo decía porque sabía que nada cambiaría en la postura de Shaoran respecto a lo que significaba su matrimonio. A cambio de eso Eriol había visto cada mes como la mirada de esa jovencita se volvía turbia, como su belleza inapagable se ocultaba bajo ese aire de melancolía que la rodeaba a ella y a Tomoyo.
Habían sido meses difíciles, para él incluso, reprimir los sentimientos nunca había sido su fuerte y al ver ahora, frente a sus ojos a la triste Tomoyo, dejo de pensar en todo y apagando el monitor salió rápidamente la oficina y se dirigió al estacionamiento, compartía oficina con Shaoran para direccionar todos esos proyectos.
Esos casi doce meses habían sido de lo mejor para su empresa, formar una alianza con Li le permitió salvar las deudas y obtener activos que a la larga trayeron beneficios para los dos. Eriol tenía mucho dinero… el suficiente para ayudar a dos mujeres que parecían consumirse día a día.
Subió a su camioneta al mismo tiempo que los escoltas a su alrededor a los que no había querido renunciar, subían a sus propios vehículos para ir tras él.
Sabía que se iba a meter en problemas con Shaoran, pero su instinto de protección hacia la señorita Daidoji iba más allá de toda lógica.
Parecia que seria un largo día, pero estaba dispuesto a pasar por encima de lo que hubiera decidido Shaoran. Ya pensaría en las consecuencias.
Cuando estuvo dentro de su auto piso el fondo del acelerador como si lo persiguieran mil demonios y seguramente sus escoltas se verían en dificultades para seguirlo, el radio no demoraría en sonar para que uno de ellos comprobara que todo estaba bien, así fue dos segundos después, les dijo hacia donde se dirigía y ellos afirmaron que irían tras él.
La camioneta se estaciono con mucho ruido de frenos, levantando polvo en la gravilla una vez que cruzo por todos los sistemas de seguridad, los hombres lo miraban sorprendido, seguramente lo último que esperaban era verlo ahí, pero el trabajo de ellos era el mismo que el de los escoltas de Eriol y les explico fácilmente el motivo de su visita, cuando iba subiendo las escaleras una porción del patio que daba en la parte trasera de la casa salto a sus ojos dejándolo momentáneamente cegado por su belleza. Durante ese año la maleza, que Shaoran no se había preocupado por remover de su propia casa, fue reemplazada por magia en flores, no podía dejar de mirar y se imaginaba como se vería en el interior, sabía de antemano quien era el autor de esa obra porque había visto a Tomoyo ayudándola demasiadas veces, más de lo que podía contar, en ese tiempo aún no tuvo el valor de ir a sacarlas de ese encierro y aburrimiento pero ninguna de las dos chicas perdió el tiempo.
Sonrió de lado cuando toco la puerta de la entrada y abrió Kajo con un delantal.
–Joven Hiragizawa, es un gusto verlo. – dijo haciéndose a un lado para que él pasara. La mirada de este se posó inmediatamente en las escaleras.
– ¿A que debemos el honor de su visita? – pregunto Kajo señalando una silla para que se sentara.
–Gracias Kajo pero no tengo mucho tiempo, quiero que llames a la señora Li y a la señorita Daidoji, que se hagan presentes en este momento.
Si a Kajo le pareció una orden fuera de lo normal no dijo nada, tan solo se retiró silenciosamente mientras el intentaba agudizar su oído para escuchar el momento exacto en el que ambas hicieran su aparición.
El día prometía ser de lo más entretenido, o eso esperaba para ellas, que necesitaban entretención mucho más de lo que Eriol lo hacía.
*Muy valiente Eriol, ¿verdad?
* Debo disculparme con todas las personas que me leen por la tardanza en actualización, he tenido problemas muy graves de índole personal. Quiero contarles porque quiero que comprendan por qué no actualizare con tanta frecuencia este fic y los demás que venía planeando.
Mi mama está muy enferma y le están sospechando que tenga un cáncer en el seno, comprenden bien lo que es eso, no lo sabremos con certeza sino hasta dentro de unos días, pero la angustia y demás situaciones ha hecho que me retrase en todas las cosas que considero importantes. He estado acompañándola y velando por que le tomaran el bendito examen durante tres largos meses por culpa del seguro de salud al que se encuentra afiliada. Sé que no tengo cara para pedirles paciencia con las actualizaciones, y sé que he perdido a muchas lectoras a causa de mi ausencia, pero créanme cuando les digo que han sido los días más difíciles de mi vida. La idea de perder a mi mama me llena de un dolor terrible, creo que saben y comprenden esto. Espero sepan perdonarme y les juro que a pesar de esto, daré lo mejor de mí y no dejare la historia aunque me demore actualizándola más tiempo del pactado.
Gracias y nuevamente disculpas.
