Hola, yo por acá, resucite dirían algunas, pero saben por lo que he pasado, y por lo que lamentablemente tendré que pasar, no puedo decirles nada por ahora, solo que mi mama sigue un poco enfermita y debido a esto se dio este retraso y lamentablemente se que se darán más, sé que estoy en riesgo de perder a muchas de ustedes por estas demoras, pero espero y quiero que sepan comprenderme, ya dije una vez que planeo llevar esta historia hasta el final, pero no sé con qué frecuencia pueda actualizar aunque intentare hacerlo lo más rápido que se pueda, sé que mis anteriores actualizaciones no son testimonio de mi veracidad, pero les juro que hare mi mejor esfuerzo, por el momento les dejo el siguiente Cap. de esta historia esperando que lo disfruten, muchas gracias por leer y por su maravillosa paciencia.
Gracias y gracias otra vez a mi superbeta Mizuno Otto, no te preocupes por lo que paso, todos tenemos una vida y en ocasiones hay que dejar de hacer lo que nos gustaría hacer por darle frente. Agradezco que te tomes el trabajo de revisar todos mis monumentales errores , te quiero y gracias otra vez.
Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP
DINASTIA LI
CAPTULO 13
Los pasos sonaron con suavidad en el piso de la sala, Eriol se volvió para mirar a la señorita Daidoji quien no pudo ocultar su sorpresa al verlo, la joven intentó no sonrojarse fallando estrepitosamente, como se percató Eriol sonriendo para sí, orgulloso.
– Buenos Días, señorita Daidoji – dijo haciendo la respectiva reverencia.
Tomoyo correspondió en silencio mientras escuchaba tras ella los pasos de Sakura quien se puso a su lado y saludó a Eriol.
– ¿Cómo le va, señor Hiragizawa? – una mano se levanto delicadamente y tal como había hecho Kajo le ofreció la silla más próxima y cómoda de la sala. – Por favor, tome asiento –
– En realidad los motivos de mi visita me lo impiden– dijo Eriol sonriendo bondadosamente a Sakura, Tomoyo se tensó imperceptiblemente. A ella no le había sonreído así.
¿Que, en nombre de todos los kimonos del planeta, estaba pensando? Se sacudió mentalmente e intentó que la expresión serena que siempre caracterizaba su rostro no se moviera de su sitio.
– Creo que no le entiendo – dijo Sakura borrando un poco su expresión de tranquilidad.
– No se asuste, quiero decir que vamos a salir, por lo que no me permito ponerme cómodo. – explico Eriol rápidamente.
– ¿Vamos? – dejo escapar Tomoyo llevándose las manos a la boca rápidamente y adoptando una actitud tan contrita que Sakura reprimió una mueca.
– ¿Vamos? – repitió Sakura apartando lentamente la mirada de su doncella y posándola nuevamente en Eriol.
–Sí. Usted, yo y su doncella, por supuesto – dijo Eriol con la voz más gruesa.
Tomoyo levanto la mirada rápidamente del suelo y la clavó directamente en los ojos de Eriol quien se la devolvió olvidándose por un momento de que se hallaba también en presencia de Sakura.
Pudieron haber pasado, segundos, minutos, horas, pero Eriol grabó, ahora personalmente, la forma almendrada y el precioso color de ojos de la señorita Daidoji, sabía que el recuerdo de esa mirada le llenaría de regocijo en las noches, tiempo en el cual más pensaba en ella. Apartó sus ojos con lentitud de Tomoyo y se volvió a Sakura que lo miraba sin comprender.
– Creo que… – en realidad no tenía idea de que responder – mi esposo no…Shaoran me dijo que no debía salir de esta casa –.
Eriol percibió la nota de congoja y tal vez algo de miedo en la voz de la joven, le parecía que ahora estando frente a ella su belleza salía a nueva luz, una que las cámaras no ignoraban pero no podían reproducir de manera exacta.
–Bueno pues…– Eriol tosió sonoramente, intentando no alterarlas con lo que iba a decir, recordando muy por encima que Shaoran lo había citado a algo en la mañana – creo que él no se encuentra aquí ahora, no demoraremos demasiado, les prometo que todo va a estar bien, iremos con toda la protección de la que disponen –.
En los rostros de ambas mujeres se dibujaron diferentes expresiones de regocijo, Sakura sintió que su propio corazón casi volvía a la vida al pensar siquiera en abandonar el hogar en el que había estado confinada durante un año, parecía casi demasiado bueno para ser cierto. Pero él estaba ahí, y no pudo evitar que un pensamiento rebelde se cruzara por su cabeza, Shaoran no se daría cuenta de que salían, y si se percataba ellas ya estarían fuera para entonces, al menos ya habrían respirado un aire diferente al de la misma casa, no sabía cuáles eran los planes que tenia Eriol pero podía determinar que era mejor que estar encerrada.
– No sé… – Sakura miró a Tomoyo quien parecía encontrarse casi en el mismo estado de shock que ella. Pero tampoco podía ignorar el fugaz brillo de esperanza en su rostro, y el que seguramente también se veía en los suyos. Asintiendo se volvió hacia Eriol tomando la decisión por las dos.
– Este bien. – la resolución en su voz fue casi inapreciable – pero… no sabemos qué debemos usar para…– dijo mirándose y mirando a Tomoyo.
Eriol negó lentamente con la cabeza evaluándola con rapidez y después a Tomoyo, poniendo especial cuidado a toda ella, algo de lo que Sakura fue incómodamente consciente.
– Así como visten estarán perfectas, no me considero un amo de las compras, pero he tenido varios indicios por mis primas y mi madre, puedo asegurarle que su vestimenta está bien, como también lo estará la que ustedes escojan, las mujeres siempre compran ropa…– no supo que mas agregar. Su comentario salió espontáneamente, olvidándose por un momento de que la crianza de ambas mujeres había sido claramente ortodoxa y no se podía decir que tuvieran un concepto de vanguardia, pero pensó que sería alguna especie de deleitante proyecto ver como unas mujeres con tal belleza se veían bajo ropajes diferentes a los recatados kimonos.
No era compasión, se dijo, era una necesidad de cambiar en algo la monotonía de la que había sido casi fiel seguidor durante ese año. Eriol volvía a mirar fijamente hacia las mejillas de Tomoyo que se sonrojaron de una manera especial que hizo que su propia sangre hirviera. Por un momento tuvo una imagen en su mente de la chica vestida de una manera que… decidió apartar esos pensamientos, aunque debía admitir que la belleza de la señorita Daidoji era la única que había despertado sentimientos que hacía mucho tiempo no tenía.
Los pensamientos de Sakura, por el contrario, saltaban en su cabeza, la necesidad de retractarse y obedecer a su esposo era el más poderoso de ellos, le sorprendía no estar echando humo por las orejas, pero por una vez en su vida decidió dejar su cautela en esa prisión y dar los pasos que hacían falta para estar lo suficientemente cerca de Eriol Hiragizawa y todo su equipo de seguridad.
En ese momento Kajo se quedo mirando como el señor Hiragizawa sacaba a las mujeres de la casa, no hizo ningún movimiento ni gesto para notificar a quien se suponía que tenía que hacerlo, por la sencilla razón de que ella también estaba de acuerdo en sacar de prisión a esas dos mujeres que había llegado a conocer bien en ese año, a pesar de no haber tenido casi contacto con ellas, la ingenuidad de ambas era algo que no se podía fingir, eran lo que aparentaban ser y descubrir eso había sido importante para Kajo, por que había llegado a sentir aprecio por ambas jóvenes, y mucha lástima también.
Los escoltas de Eriol las siguieron hablando y comunicándose entre señas con los que habían sido asignados para la protección de ellas por Shaoran. En un conjunto, cubierto y muy bien planeado movimiento ambas mujeres entraron en el auto de vidrios polarizados que Eriol había seleccionado para su traslado.
– Supongo que va a ser un poco incomodo estar todo el camino bajo la vigilancia de los escoltas, pero saben que es por… seguridad – dijo en tono inseguro mirándolas desde la silla de adelante. En su afán por hacer algo para que la señorita Daidoji sonriera un poco no se había parado a pensar en lo que podía suceder si se presentaba alguna situación peligrosa, pero sabía que bien valía la pena correr el riesgo, comenzaba a descubrir que sus sentimientos por la joven Daidoji eran mucho más poderosos de los que jamás había sentido por nadie.
A Sakura no le hubiera podido importar menos la presencia de los escoltas, la agradecida sobremanera pero aun más agradecía el simple hecho de haber recibido esa brizna de aire diferente que había pegado en su rostro nada más poner un pie fuera de la casa. No pudo evitar que una sonrisa cruzara por sus facciones, secundada en ese gesto por Tomoyo, que asió su mano como si fuera algún tipo de salvavidas. Eriol, al percatarse del gesto de la segunda se dio servido por completo. Ninguna se dijo nada, parecía que con ese tacto cada una estaba manifestando la amalgama de emociones que tenían.
El ver algo diferente así fuera por medio de ese vidrio fue como una revelación. A medida que el auto se metía más y más en la ciudad los ojos de ambas jóvenes se perdían en cada cosa sin que fueran consientes, los de Eriol las miraban desde el espejo retrovisor. Curiosamente se sentía como algún tipo de héroe.
– El área es segura, puede estacionarse, estaremos esperando – Esas instrucciones escuetas fueron dadas por el radio y segundos después el auto se detuvo frente a lo que parecía ser una boutique llena de ropa de diferentes formas, colores, y texturas. En la fachada se leía Qiqi. Alrededor de ella había tiendas de otras categorías, la zona parecía en pleno apogeo.
Los hombres descendieron primero, uno de los escoltas estableció un perímetro de seguridad coordinando ordenes rápidamente, le hubiera gustado que todos sus protegidos tuvieran chalecos antibalas, pero ese escolta tampoco quería arruinar esa felicidad que había trasformado el rostro de las dos mujeres.
La primera en descender fue Tomoyo, tomó la mano que Eriol le ofrecía mirándolo a los ojos ahora sin ningún tipo de retraimiento, parecía como si ambos estuvieran hablando un lenguaje que resultaría incomprensible para quien mirara desde fuera. Sakura salió por su cuenta intentando que no notaran cuan consiente estaba de ellos. Sus ojos se perdieron en lo primero que llego a ellos, en toda la ropa y esos colores que nunca había visto sino repartidos en sus kimonos, los diseños de cada prenda eran sumamente atrayentes y la mujer en ella salto interiormente de emoción al pensar siquiera en portar algo de lo que había allí.
Tomoyo se aparto de Eriol con lentitud, como si no quisiera hacerlo, para ir al lado de su señora, la vio absorta en la ropa y pareció caer bajo el mismo hechizo. En ese momento se escucharon los pasos de una mujer que iba vestida a la última moda, le recordó dolorosamente a Sakura a alguna de esas tipas con las que había visto a Shaoran en la T.V. En un impulso deseo verse igual a ella, ser igual de atrayente para los hombres.
La mujer miró a Sakura y a Tomoyo con una admiración que dejo traslucir muy bien, luego miro un poco más seria a Eriol y a los tres escoltas dentro de la boutique.
– ¿En qué puedo servirles? – pregunto amablemente.
– Venimos por…ropa…femenina – el silencio le respondió, ninguna de las dos se atrevió a decir nada, fue Eriol quien hablo un poco acongojado. La mujer oculto una sonrisa de suficiencia y pregunto para aligerar el ambiente.
– ¿Para usted? – Eriol la miro abriendo mucho los ojos, Sakura se puso una mano en la boca para no reír.
– No, para ellas – respondió señalando a las jóvenes, intentando no reír tampoco.
La mujer volvió a mirarlas, parecía que le habían dado alguna especie de dulce especial que planeaba degustar, la razón la ignoraban.
–Queremos un guardarropas completo, para cada una– dijo Eriol, la mujer detallo a ambas jóvenes y dio un par de palmadas, inmediatamente a su lado aparecieron otras dos vestidas con el mismo estilo.
– Por supuesto, señor, lo que usted diga, si quieren esperar allá…– la mujer alargó sus manos, de uñas perfectamente cuidadas y largas, aferro los brazos de ambas mujeres, acción que valió que dos de los escoltas saltaran de su posición de estatuas directamente hacia ellas, la mujer los miro sorprendida. Eriol levanto la mano dirigiéndose a ellos.
– No hay problema, dudo mucho que las mujeres necesiten protección en un vestier–.
Ellos asintieron, el más joven con reticencia, retrocedieron y se volvieron a poner en posición alerta pero ahora en la puerta de la boutique.
La mujer condujo a ambas jóvenes al interior del almacén, aun más amplio que la entrada, en ese interior había incluso más ropa de la que podía verse en exhibición.
– Chise, tu iras con la señorita…– la mujer miro a Sakura quien dio su nombre en un susurro – Iras con la señorita Sakura, y Yang iras con….la señorita Daidoji.
Sakura siguió obedientemente a la mujer a la que fue asignada a la parte de los vestieres que le señalo, luego volvió dos segundos después cargada hasta las uñas de ropa, muy hermosa, que deposito en una amplia banca del vestidor.
– Pruébese esto mientras consigo más, creo que son su talla, tiene una figura muy armoniosa y será fácil escoger su guardarropa. –
Sakura se quedo quieta mientras la mujer se iba, su cohibición estaba alcanzando límites insospechados, sentía que se estaba arrepintiendo de todo ello, dio un paso con la firme intención de pedirle a Eriol que la sacara de ahí cuando sus ojos se cruzaron con el espejo de cuerpo entero. La delgada figura allí le devolvió la mirada. Los ojos grandes, verdes y llenos de temor, la garganta contraída por el esfuerzo que estaba haciendo para no desmoronarse, su cuerpo cubierto por el kimono por el que se había decidido en la mañana, las manos cerradas en sendos puños, la postura rígida y un poco altiva, sin que ella lo supiera. ¿Eso se consideraba armonioso? A su mente volvieron las imágenes de Shaoran y su espíritu rebelde la hizo volver a la vida. Lentamente, sin apartar la mirada del espejo, levanto una de sus manos y comenzó a desabrochar con lentitud el kimono.
Cuando lo retiro volvió a examinar su cuerpo ahora sin nada más que la ropa interior. No sabía por qué estaba evaluándose de la manera en que lo hacía, nunca antes había reparado en si tan profundamente, a pesar de tener espejos en su casa. Su mano se acerco a una blusa con los hombros caídos de color verde botella con arabescos de hilo de un verde muy oscuro.
La paso por su cabeza y cuando la tuvo sobre si se sintió casi desnuda, el recuerdo de Shaoran seguía martilleando en su cabeza, tomo uno de los pantalones de color negro y se lo puso rápidamente antes de arrepentirse. Jamás había usado una prenda como esa y descubría que la sensación era mucho más liberadora de lo que imaginó, se podía adivinar la forma de sus piernas, pero asimismo estas estaban cubiertas lo cual no la convertía en alguien indecente, la inocencia de sus propios pensamientos la ofendió cuando la imagen de Shaoran en su mente, con mujeres vestidas con poco más que aire, seguía haciéndole guiños. El color de la blusa armonizaba con sus ojos y con la abundante piel blanca que dejaba al descubierto en los hombros y brazos. La tela era sedosa y transparente, excepto en la zona del busto. A partir de ahí se veía traslucida en el verde toda la piel de su espalda y abdomen.
Estaba retirándola lentamente para dejarla a un lado, puede que a ella misma le gustara como se veía, pero no tenía el criterio para determinarlo, pero antes de poder moverla un poco la mujer, Chise, entro al vestier sin abrir la cortina.
– ¿Puedo verla? – dijo animada.
Sakura lo pensó por unos segundos, suspirando y algo temerosa abrió la cortina y dejo que la mujer la viera.
– Mi señora tenía razón, es usted material de primera para toda la ropa que diseña acá…
– ¿Disculpe? – dijo Sakura sin comprender, jamás había sido llamada "material" a pesar de haberse sentido así muchas veces, como una cosa.
– Mi señora dice que usted es una de las mujeres más hermosas que ha cruzado por la puerta de su tienda, y que sería un honor para ella que usara la ropa que vende aquí, mírese, casi parece que lo que tiene puesto hubiera sido cosido exactamente a su medida, le queda como un guante–.
Sakura no sabía cómo interpretar sus palabras especialmente porque nunca nadie le había dirigido un cumplido, que fuera una mujer quien se lo dijera hacia de la experiencia algo mucho más extraño.
Chise la tomo de la mano con elegancia e hizo que caminara hasta donde Eriol estaba sentado.
Este inmediatamente se puso de pie cuando la vio, Sakura se sintió acomplejada por el lento escrutinio, el sonrió de lado con aprobación.
– ¿Le gusta? – pregunto al ver que Sakura a pesar de su recta posición miraba al piso. Ella no sabía que contestar, le gustaba, pero no estaba segura de poder usarlo en un día normal…luego Shaoran bailo en su mente.
– Si, me gusta – dijo con decisión. Parecía que conjurar los recuerdos dolorosos de su esposo creaba en ella una especie de catalizador entre la sumisa que fue durante un año, y en la mujer que parecía transformarse al tener esa ropa puesta.
– Bueno, este será el primer conjunto del guardarropa, esperaremos… – Sakura vio que Eriol estaba mirando por encima de su cabeza. Sospechando los motivos se dio la vuelta lentamente y ahogo una exclamación de sorpresa. Tomoyo le devolvía la mirada, Yang había ido un poco más lejos y había hecho que se probara una ajustada blusa sin mangas cuyo frente simulaba un ajustado corsé cuya sugestión era innecesaria por la brevedad de la cintura de la mujer que lo portaba, era de color vino y el material parecía tan breve como el de la blusa de Sakura, dejando mucha piel al descubierto. También portaba pantalones negros perfectamente cortados a su figura, demasiado similar a la de Sakura. Una gran sonrisa cruzo el rostro de la joven que se acerco a su doncella.
– Te ves hermosa Tomoyo – dijo haciéndola que se diera una vuelta.
– ¿No cree que es muy…poco? – seguramente también estaba acongojada por no haber usado en su vida algo similar y su referencia de "poco" trataba de la brevedad de la blusa.
–Yo debería decir lo mismo – dijo Sakura dando la vuelta ella misma.
– ¡No! – exclamo Tomoyo – usted se ve…es increíble.
Ambas mujeres rieron, Eriol fue ardorosamente consiente de la diferencia entre la sonrisa taimada de una mujer que sabía que era atractiva y la de esas dos jóvenes, tan inocente y pura. Estaba sin aliento, pero hizo un esfuerzo grande para disimular lo mucho que le gustaba lo que veía, puede que estuviera fascinado por la inocencia, el silencio y la expresión de los ojos de Tomoyo Daidoji, pero era hombre y como tal no podía negar lo que verla le hacía.
– Hermoso – dijo la dueña de la tienda mirándolas desde atrás – pero estoy segura de que no es lo único que se verá bien en ustedes.
Aun reticentes ambas jóvenes se marcharon a sus respectivos vestieres, de repente la tienda se convirtió en una especie de pasarela para Eriol y los escoltas, quienes a pesar de sus estoicas expresiones no podían negar el deleite de las mujeres y menos la belleza que cada una de ellas había mantenido oculta hasta ese momento. Eriol pensaba que le hubiera gustado mucho que Shaoran estuviera allí, para que viera lo que estaba desperdiciando, puede que no tuviera los mismos sentimientos por Sakura pero su condición masculina le daba el conocimiento suficiente para saber que, superficial como era Shaoran, Sakura podría tenerlo en la palma de su mano con un vestido de aquellos que se estaban probando.
Cuando terminaron de probarse todo Eriol pago toda la cuenta. No le importo ya que, adinerado como era, ese gasto lo podía permitir y el doble si así lo quisiera. Ambas salieron con los kimonos, los escoltas se llevaron la ropa primero para acomodarla en los vehículos, después regresaron por ellos.
El desarrollo de la seguridad fue el mismo. Sakura no quería que el día terminara y su deseo se vio luminosamente recompensado cuando Eriol dijo al conductor que los llevara a un restaurante.
–Tienen hambre…espero – se volvió en su asiento mirándolas con una sonrisa.
– Si – confeso Sakura rápidamente, de alguna manera la mirada del señor Hiragizawa le inspiraba un tipo de confianza que no esperó encontrar. Lo que había hecho por ella y Tomoyo era mucho más de lo que alguien alguna vez hizo, no podía incluir a su padre en esa ecuación, sentía que no pensaba en él lo suficiente pero él hacía lo mismo por ella, ni siquiera la llamaba, nadie le había dado ninguna razón. Por un momento pensó en la posibilidad de que estuviera…no, estaba segura de que si algo así pasaba ella se enteraría. Posiblemente sentía lo que le hizo, o tal vez no quisiera recordarla…
– Entonces las llevare a un restaurante cerca de la zona – la voz de Eriol interrumpió los pensamientos de Sakura.
Salieron rápidamente de la boutique con la mirada sonriente y respondiendo al amable gesto de despedida de la dueña. Una vez estuvieron dentro del auto enfilaron con rapidez hacia una vía concurrida de la ciudad. El móvil de Eriol sonó.
Lo levanto sin mirar quien era y se tenso notablemente cuando Shaoran hablo al otro lado.
He llamado a la mansión y tu ama de llaves me dijo que habías salido en la mañana sin decir nada. Debes regresar inmediatamente, tenemos que cerrar ese negocio del que te hablé – Eriol se golpeo la frente en silencio.
– Tú puedes resolverlo mejor que yo y lo sabes. – dijo intentando sonar indiferente.
– ¿Estas evadiendo tus responsabilidades? – Preguntó Shaoran con un deje de humor. Eriol se pregunto cómo cambiaria este si supiera a quien tenía en la parte de atrás de la camioneta.
– Para nada, solo tenía cosas que hacer. – dijo mirando por el espejo retrovisor a ambas mujeres que miraban ensimismadas por las ventanas polarizadas.
– Bien, entonces creo que pasare a recogerte a la oficina, es indispensable…
– ¡No! – contesto Eriol rápidamente llamando la atención de Sakura y Tomoyo – no puedes recogerme porque no estoy ahí – dijo rápidamente.
– ¿Qué estas ocultándome? – dijo Shaoran con tono serio.
Eriol considero decirle mentiras, pero al fin de cuentas sabia que se iba a enterar tarde o temprano, aunque no visitaría la casa bajo ninguna circunstancia Kajo podría decirle todo en el momento en que se dignara a averiguar
– Estoy en Hong Kong, con tu esposa y su doncella –.
El silencio reino en la línea por unos momentos. Sakura emitió un gemido ahogado que intento reprimir tapándose la boca. Tomoyo miró a Eriol, la piel de su rostro se había vuelto pálida.
– ¿Qué? –Dijo Shaoran seguro de haber entendido mal.
– Lo que oíste – dijo Eriol sin darle más largas al asunto.
–Y… ¿qué demonios haces con ellas? ¡¿Acaso no debían estar en la casa como ordene?–
– ¿Te has puesto a pensar que si demoraban un segundo más encerradas en eso que tu llamas casa ambas mujeres iban a terminar bajo suicidio? –
– ¿Y qué me importa? ¡Mejor, así puedo deshacerme de ella más fácilmente! –
A pesar de que Eriol estaba hablando por el móvil Sakura escucho claramente esa frase.
– Ambos sabemos que no piensas eso en verdad, y no me voy a retractar ni voy a dejar que sigas haciendo lo que estás haciendo, es inhumano, podrías ir a prisión –
Al otro lado de la línea Shaoran miraba iracundo a su secretaria a la que despidió con un gesto de la mano, era cierto que no había vuelto a mirar nada referente a ella en ese año trascurrido, pero eso no quería decir que no hubiera pensando en la existencia de ella en su vida. Si se pusiera a analizar sus sentimientos se percataría de que estaba enfadado porque se imaginaba a la sonriente niña ingenua con Eriol, el bastardo.
– Tú no sabes lo que pienso, ni tampoco puedes interferir en mis decisiones como si nada–
–Despídeme, eso no va a impedir que vaya a algún tipo de comisaría o algo que te obligue a parar con esto de una vez por todas. Si, estas casado, pero si no la quieres, divórciate, finaliza este, trato, anúlalo, haz lo que quieras, pero no impidas que siquiera deslice su delgada existencia fuera de esa prisión agobiante en que la encerraste mientras disfrutas del dinero que te provee estar casado con ella –
Sakura cerró los ojos ante eso, Eriol procuraba hablar en voz baja, pero el silencio dentro del coche era tal que podía escuchar cada silaba que pronunciaba, la felicidad que había sentido momentos antes se había evaporado sustituida nuevamente por ese desasosiego, sentía que cada palabra que escuchaba, viniera de quien viniera, la hería en lo profundo. ¿En qué momento creyó que tenía derecho a ser feliz, aunque fuera por unas horas?, claramente estaba vetada para ese sentimiento.
– Tienes que llevarlas de vuelta. ¿que demonios has estado haciendo? –
– Solamente entreteniéndolas, comprando ropa y nos disponíamos a almorzar…–
– Tú no puedes…–
– Shaoran, soy tu amigo y lo sabes bien, pero lo que haces se sale de cualquier consideración –
Shaoran se paso la mano por el pelo. En ningún momento en ese año se había puesto siquiera a pensar en estar en los zapatos de una mujer, una que había vivido encerrada desde que había nacido, y que ahora en medio de toda la sofisticación de la que era parte, gritaba silenciosamente por un poco de compasión, no comprendía porque sentía que cada palabra que le decía Eriol le hacía abrir un poco más los ojos.
– No van a almorzar, las llevas a la casa, me reuniré allí contigo. Es una orden Eriol –
Estuvo a punto de decirle por donde podía meterse su orden, pero el tono mesurado de la voz de Shaoran al pronunciar ese veredicto le hizo cambiar de opinión, puede que si hablaban con más tranquilidad y personalmente, él podría ceder un poco en lo que a su esposa referiría. Cerro el móvil sin dar ninguna respuesta de si las iba a llevar o no, pero sabía que era mejor que hiciera lo primero.
– Debemos regresar – comento al aire, sintiéndose ahora indigno de posar sus ojos siquiera en el retrovisor para mirarlas a través de él.
– Lo sentimos mucho – dijo la voz susurrante de Sakura – jamás quisimos que esto le ocasionara problemas–
–Esto iba a pasar tarde o temprano – dijo Eriol dándose la vuelta – usted es muy joven, estoy seguro de que se ha puesto a pensar en toda la vida que le espera en donde está. Año tras año en el mismo sitio, con las mismas cosas, enloquecería, o algo peor. No temo a Shaoran, aunque sé que es un bastardo desalmado…– Sakura respingó cuando el pronuncio esa palabra que tantas veces se le vino a ella a la mente mientras se probaba la ropa. –lo quiero, es el único amigo verdadero que tengo, y como soy su amigo es mi deber mostrarle los errores garrafales que comete. No podía tolerar más esto y estoy seguro de que ustedes, perdone mi crudeza, hubieran acabado colgadas de alguna viga en otro año o dos de la misma situación. Hablaremos, pero tengan por seguro que haré todo cuanto esté en mis manos para hacer cambiar de opinión a Shaoran –
Tomoyo lo miro con ojos brillantes, Sakura siguió mirándose las manos sintiéndose infinitamente culpable, a medida que volvían por el mismo camino de bajada a la ciudad el nudo en su garganta y estomago parecía apretarse mucho más.
Shaoran bajo rápidamente las escaleras, entro en su auto seguido de sus escoltas, estos salieron rápidamente y se enfilaron en la dirección que les dijo, hacía mucho tiempo, muchos meses que no visitaba esa casa, ni mandaba a nadie a vigilarla excepto por radioteléfono, hablando exclusivamente con el personal de seguridad, suprimió sus necedades e impulsos de mirar las cámaras, se concentro en su trabajo y en su vilipendiosa existencia, que consideraba excitante, sin preocuparse de nada más.
Él llego primero lo cual le demostró que habían estado muy lejos, en alguna parte de la gigantesca ciudad, en peligro…
No, no era preocupación se dijo, si mantenía a Sakura y a su doncella encerradas era porque… ya sabía sus razones, el maldito matrimonio arreglado, pero ella no había interferido en su vida de mujeres y diversión, ni en su trabajo, ni…
¿Qué demonios…?
Los escoltas estacionaron el auto en la entrada de la casa, aun a través de la alta reja de color blanco era evidente algún tipo de claridad dentro, por un momento pensó que era alguna clase de incendio, hasta que uno de los escoltas digito la clave y la reja comenzó a abrirse revelando…un paraíso. No había otra palabra para describirlo, el escolta condujo por el camino, a ambos lados de este se erigían plantas majestuosas, de cualquier color y textura, plantas que Shaoran no creía que existieran. Se bajo lentamente cuando estacionaron en la puerta, sentía que de alguna manera estaba olfateando un frutero, todo por la gama de suaves olores que no eran exagerados, era como entrar en otro mundo.
Kajo abrió la puerta, se veía tan seria como hacia un año, tal vez con una arruga o dos.
– ¿Por qué?–
– Porque si no se marchaban de aquí, al menos por una hora, muy pronto se iban a convertir en sombras…mas fantasmagóricas de lo que son ahora. – Dijo Kajo sin amedrentarse por la amenazadora mirada de Shaoran.
– No comprendes… – dijo Shaoran pasando por el lado de ella, sorteándola para entrar en la sala y aspirar silenciosamente el aroma a cerezo que había en ella.
– Se equivoca, comprendo más de lo que cree, pero no a usted, la comprendo a ella, entiendo por lo que ha tenido que pasar– dijo Kajo cerrando la puerta tras de ella y caminado elegantemente a la sala.
– ¿Y por lo que he tenido que pasar yo?– dijo Shaoran mirándola con odio desde el sillón de la sala. – ¿Acaso es justo que este atado a ella odiándola como lo hago? – preguntó lleno de amargura, repentinamente enfadado de que la maldita niña hubiera puesto de su parte no solo a Eriol sino a su ama de llaves también.
– Ella no le ha hecho nada, no directamente. Usted no la ha visto en más de un año. ¿Lo que ha tenido que pasar?, usted vive de fiesta y ella lo sabe, no encuentra otra manera mas de entretenerse que mirar todos los días ese plasma donde aparece usted del brazo de una mujer diferente cada noche... – Shaoran volvió a mirar a Kajo mientras lo que le decía hacia que se sintiera sorprendido. Eso no era cierto…– no me cree pero yo he estado aquí, con ella, no me habla, no le hablo realmente, su doncella tampoco, he tenido que cruzarme de brazos por muchos días para impedirme acercarme a esas niñas y abrazarlas como seguramente nadie ha hecho en la vida – el tono implícito de Kajo no subía, no sonaba siquiera como una reprimenda. Sonaba a la defensa de un abogado profesional.
– ¿Que te dijo que te convenció tan rápido siendo de acero como eres?, ¿te conquisto con su cara de victima?, ¿te dijo sandeces sobre como la maltrataba papi? ¡¿Qué demonios quieren todos ustedes de mí? ¡Entiendan que no la puedo ver como algo bueno, la odio! – dijo Shaoran elevando la voz paulatinamente y poniéndose de pie con su amenazadora estatura
– No me dio nada más que los buenos días, tardes y noches durante los 365 días de este año, y aun así puedo ver por debajo de ella tan limpiamente como veo a las mujeres con las que sale. Puedo decirle, poniendo mis manos a fuego, que esa niña no merece nada de lo que le está pasando. Creí que era una caza fortunas, como las que usted frecuenta – Shaoran aparto la mirada enfadado– pero me di cuenta de que solo es una niña…una mujer con sentimientos, fuertemente escondidos, pero persona, como usted, como yo, como cualquier ser humano que se precie de serlo. Lo que usted está haciendo, señor, es torturándola… a ella y a la joven que la acompaña –
Después de esas palabras el silencio fue el rey. Shaoran volvió la cabeza hacia el comedor y la ventaba que daba al jardín le devolvió la mirada. Camino lentamente hasta la puerta que estaba en el comedor y el olor a frutero volvió a inundar sus fosas nasales, tan diferente del olor a congestión de ciudad, contaminación, perfumes caros…
– ¿Qué es esto? – dijo volviéndose a mirar a Kajo.
– Su obra… lo que produce en esa joven y en su doncella un año de prisión… sin otro contacto que el de las flores –
Era aun mas mágico que en la fachada, aun no podía creer que se tratara del mismo jardín que mirara meses atrás. Las cámaras que había dejado de mirar no podrían haberle hecho justicia a ese jardín. No quería imaginarse lo que harían si estuvieran encerradas otro año, seguramente las deliciosas flores consumirían toda la casa, y se daba cuenta de que si eso pasaba… si ese olor mágico iba a prevalecer no le hubiera importado…
Basta, se dijo. No por que viera un poco de color iba a contar para todo. Por algo estaba donde estaba, por ser tan implacable como su tío le había enseñado.
Escuchó las ruedas de un auto estacionarse. Caminó rápidamente a la sala a esperar que ellos entraran, escuchó las voces de los escoltas dando órdenes y se preguntó si había pasado algo. Kajo caminó hasta la puerta y abrió, la entrada de muchas personas congestionó la sala, eran los escoltas y los tres protegidos.
Cuando los escoltas retrocedieron vio a tres personas, dos de ellas mirando hacia el suelo, y la tercera, más alta, de frente altiva, completamente impasible.
– ¿Que es lo que tienes que decir…?–
–Shaoran…– comenzó Eriol, pero fue detenido por el portador de ese nombre que hizo un gesto con la mano para que se callara.
– No estoy hablando contigo, sino con ella. – su dedo señalo a Sakura que levanto lentamente la barbilla y miro a Tomoyo que pareció darle ánimo para hablar.
En el momento en que la detalló más profundamente se dio cuenta de que parecía más…no quería pensar en ello pero debía admitir que parecía más mujer. Cuando los ojos le devolvieron la mirada retrocedió casi imperceptiblemente luego de que su belleza volviera a golpearlo, no importaban los profundos círculos bajo sus ojos, eso no desmeritaba nada de lo que la rodeaba, ya no era una niña a pesar de que hubiera pasado un año… Intento ser fuerte, no dejarse llevar por esa sensación que hacía un año no sentía, pero ahí estaba, inexplicable para él, completamente desconocida.
– Tengo…yo… – la voz sonaba tomada, como a llanto, pero por sus ojos enrojecidos no estaba corriendo ninguna lagrima.
– ¡Te hice una pregunta! – Sakura salto imperceptiblemente y Tomoyo miraba horrorizada a Shaoran.
Sakura sentía que el corazón se le iba a salir por la garganta, ahí estaba él, de pie ante ella, enfadado cuando debería ser ella la enfadada, se obligo a recordarse las bases sobre las que estaba cimentado su matrimonio, los celos no eran un derecho concedido, como no lo era nada… ni siquiera vivir.
– Yo…accedí…– negó con la cabeza y luego pareció armarse de valor – yo le pedí al señor Hiragizawa que me sacara a mí y a Tomoyo de esta casa – dijo rápidamente, Tomoyo y Eriol intentaron hablar, pero un gesto de la mano de Sakura, que hasta el momento había permanecido un poco rígida, les hizo un gesto. – necesitaba respirar… por favor…–
– Hablaste conmigo y te mencione las reglas, manifestaste entenderlas y ahora mírate donde estas, ¿acaso tengo monos en la cara para que estés burlándote de una orden que te di? –
– Salir de esta casa no implica una burla a tu persona, implica un deseo muy profundo de…–
– Me desobedeciste, te dije claramente lo que iba a ser tu vida desde el momento en que no tuviste el valor de negarte a casarte conmigo. – dijo interrumpiéndola con grosería.
– Sabes que lo hice porque mi padre…–
– Si, por obligación – dijo Shaoran callándola deliberadamente. – pero no has perdido el tiempo, ¿verdad? ¿Qué clase de brujería enseñan en tu preciosa villa que haces que la gente no vea lo que en realidad eres? – Sakura sacudió la cabeza lentamente mientras Eriol daba un paso delante de Tomoyo, sabía lo que cada palabra le estaba haciendo a Sakura.
– Y que soy, según tu, Shaoran? – dijo el nombre lentamente, recordando como él le había pedido que lo llamara así. Él se quedo mirándole la boca en ese microsegundo en que ella pronuncio su nombre, como si estuviera hechizado por unos segundos.
– Una mentirosa, desobediente y estúpida – escupió la última palabra como si al mismo tiempo le diera asco haberla pronunciado.
Sakura se lleno de ira, especialmente porque sabía que nada de lo que él la acusaba era cierto. Antes de poder callarse exploto.
– Tú no eres nadie para darme lecciones de mentiras, menos decirme estúpida–
El grito ahogado de Tomoyo resonó en la sala silenciosa, Shaoran se volvió a mirarla completamente.
– ¿Qué? –
– Lo que oíste – dijo Sakura con la voz temblorosa. – Yo solo quería salir de aquí una vez, tú no lo entiendes por que vives fuera todo el tiempo, te diviertes, sales con mujeres, si, es cierto que sabía lo que me esperaba, pero de haber sabido que tú serias mi marido hubiera preferido morir. Mientras me explicabas como seria el infierno de vida que tenias planeado conmigo me decía a mi misma que sería suficiente con tal de no vivir más como lo había hecho hasta ese momento, pero salté del caso al fuego, ¡Porque me estoy quemando viva en esta prisión!, ¡No aguanto un segundo más aquí! – la desesperación, combinada con otros sentimientos venenosos hicieron que ella definitivamente se quebrantara. - ¡Mátame!, ¡Mátame ahora, cualquier cosa es mejor que seguir viendo tu rostro! –
Parecía que había enloquecido, Tomoyo intento acercarse pero los gemidos estrangulados que salían de la garganta de Sakura parecían estar ahogándola. Eriol se adelanto antes de que esta cayera al piso de madera y la tomo en brazos.
– Tiene una crisis nerviosa – dijo Eriol, si antes se había preguntado quien de las dos hubiera caído primero, acababa de darse cuenta de la respuesta. – Kajo, llévame a su habitación, llamare al médico.
Eriol subió las escaleras rápidamente mientras la respiración entrecortada de la mujer que llevaba en sus brazos se hacía más difícil y los labios comenzaban a ponerse morados. No era solo una crisis nerviosa, algo más le pasaba.
Tomoyo corrió hasta donde Eriol y miro el rostro pálido de Sakura.
– No está bien, por favor llévela a un medico. –
Eriol sabía que tenía razón. Se devolvió con ella en brazos y caminó hasta la salida.
– ¡Espera! – grito Shaoran adelantándose –
– No tengo tiempo para que le digas mas barbaridades, si no la llevamos a una clínica a que le suministren algo de oxigeno acabara como querías–
Abrió la puerta y los escoltas se lanzaron en manada para hacer ellos mismos de chaleco salvavidas. Kajo cerró la puerta cuando salieron todos y solamente pudieron escuchar el chirrido de los neumáticos cuando el auto salió a toda velocidad.
Shaoran permanecía de pie mirando a la puerta aun sin poder creer ese usurpamiento de su autoridad, dividido entre el sentimiento de culpa, aquella pequeña molestia que apenas florecía dentro de él y sorpresa. Sorpresa porque ella le hubiera hablado de esa manera, transformándose en esa fiera que de repente le pedía que la matara. Los dioses sabían que había tenido el deseo de apretar ese pequeño cuello pero por motivos muy diferentes al homicidio, motivos en los que no quería pensar en ese momento. Llamo por radio a sus escoltas, para que aseguraran su salida de ahí y posteriormente lo llevaran a donde el otro equipo de seguridad acompañaba a Eriol y a su esposa.
