Buenas Noches

Sé que ha pasado tiempo desde la última vez que tuvieron oportunidad de leer algo de este fic, las actualizaciones se han vuelto más lentas y créanme que lo siento mucho por eso, quisiera justificarme como lo hago siempre pero sería repetitivo porque saben por la situación que estoy atravesando si han leído los capítulos anteriores, pero vuelvo a prometer que aunque me demore esta historia tendrá su final sea como sea. Aprecio de verdad a quienes me tienen paciencia y créanme que a quienes no entiendo perfectamente. Nuevamente excusas y aquí va un capítulo más, espero que nos e aburran por que el siguiente tiene planeado varias cositas especiales.

Nuevamente gracias a Mizuno Otto por toda la paciencia que debes tener al revisar mis escritos he intentado mejorar lo que he podido pero siento y veo que todavía me falta mucho, te agradezco por todo lo que haces, sin ti esta historia no sería lo mismo.

Un fuerte abrazo a todas y espero volver pronto. Carmen

DINASTIA LI

CAPITULO 15

Tomoyo se quedó mirando a Shaoran mientras este le daba todos los detalles de lo que iba a suceder a partir de ese momento y sobre el nuevo cargo de enfermera que le iba a asignar. Aunque no le molestaba hacer eso ultimo si lo hacia el hecho de que él quisiera que ella permaneciera en la ignorancia, pero sabía que era una orden que no podía desobedecer si quería que la vida de su señora fuera para mejor.

– Por nada debe enterarse de lo que le pasa, el médico dijo que podía controlarse con medicamentos y es lo que vamos a hacer –

Eriol quien estaba al lado de Tomoyo también lo miraba impasible, pero en el fondo sabía que Shaoran había cambiado un poco la perspectiva que tenia de su matrimonio, presentía que las cosas iban a mejorar para las dos mujeres. Tomoyo se volvió a mirarlo como si le estuviera pidiendo consejo sobre cómo proceder.

– Creo que Shaoran tiene razón, la señora Li no puede estar bajo más presión de la que ha estado hasta ahora – miró rápidamente hacia Shaoran quien hizo un olímpico esfuerzo por ignorarlo. – saber que está enferma hará que se sienta bajo más estrés y recuerde que es uno de los factores que el médico dijo que había evitar –

Ante esa opinión Tomoyo no tuvo otra opción salvo obedecer, en parte porque confiaba en el concepto de Eriol, en él y porque sabía que tenía razón aunque no le gustara el hecho de mentirle a su señora. Asintió lentamente y comenzó a prestar atención cuando el médico salió para darle todas las indicaciones de los medicamentos que Sakura iba a tener que consumir de ese momento en adelante, acordaron con el profesional de salud, Shaoran, Tomoyo y Eriol a decirle a Sakura que eran medicamentos relajantes, anti estresantes y algunas vitaminas. Cuando el médico terminó le dijo.

–Va a tener que quedarse un día más en observación aunque no esperamos que surja nada que deba preocuparnos –

– Gracias, doctor – dijo Shaoran sorprendiendo internamente a Eriol, jamás había escuchado a Shaoran darle las gracias a nadie, ni siquiera a él.

Cuando el médico se hubo retirado Tomoyo fue conducida a la habitación de Sakura, era la persona designada a pasar la noche con ella, aunque el doctor había asegurado que no era necesario, pero Eriol lo convenció. Estaba consciente que Tomoyo no podría guardar reposo si sabía a Sakura lejos, en la fría cama de una clínica. Shaoran partió con Eriol en el auto de seguridad de este. Una vez se detuvieron en la casa donde ellas vivieron Eriol lo miro interrogante.

– Entra, tenemos que hablar – Eriol no esperaba la confrontación tan pronto pero supuso que habría que hacerle frente.

Se bajaron con los escoltas y entraron en la casa, Kajo los esperaba en la sala. Los saludó con un lúgubre "Buenas Noches" que ellos respondieron. Quería preguntarles por la joven pero se resistió, sabía que no era de su incumbencia y que posiblemente el hacerlo enfadaría al señor Li pero Eriol se volvió, como si de repente hubiera comprendido su preocupación.

– Ella está bien, volverá mañana asumo que en la tarde – él pensó que Kajo tampoco debía conocer la verdad de lo que había pasado con Sakura, entre menos personas lo supieran menor era riesgo de que se enterara.

– Gracias, señor – dijo la mujer, no sonrió ni dijo nada pero el alivio en su voz fue tangible, nuevamente Eriol se sorprendió de que Sakura hubiera podido penetrar la fría barrera que siempre había parecido rodear a Kajo. Definitivamente esa joven tenía algo especial.

Después de ese pequeño intercambio Eriol siguió a Shaoran a la habitación que había sido designada para ser un despacho pero que no se utilizaba nunca en esa casa ya que él nunca la visitaba. Cerró la puerta tras de sí y se quedó de pie mientras Shaoran se sentaba. Ambos hombres volvieron a mirarse como horas antes, ninguno de los dos parecía querer hablar, pero finalmente fue Shaoran quien tomo la voz cantante.

– Gracias por lo de antes –dijo como si le costara un trabajo descomunal hacerlo – por llevarla y por reaccionar con rapidez –

– De nada – dijo Eriol – habría hecho lo mismo por cualquiera – pero ambos sabían que no era verdad, esa era la cuestión, lo había hecho para evitarle sufrimiento a Tomoyo Daidoji.

– ¿Desde cuándo? – preguntó Shaoran al aire libre seguro de que su amigo entendería de que hablaba y aunque sabía la respuesta desde hacía tiempo había querido escucharlo de sus propios labios, no habría querido que los sentimientos de su amigo llegaran tan lejos pero cuando los vio horas antes se percató de que ya era demasiado tarde.

– Desde que la vi – confesó sin ningún tipo de pudor haciendo a Shaoran aún más consciente de la veracidad de sus sentimientos. – Quiero que sea mi esposa –

– Pero, ¿siquiera la conoces? – preguntó Shaoran

– No, pero no tengo que hacerlo, sé que suena inmaduro pero al verla a los ojos nos vi en un futuro, como una visión, con montones de hijos a nuestro alrededor. La necesito en mi vida y sé que ella me necesita a mi – Shaoran no podía entenderlo, nunca había sentido nada así por nadie y Eriol hablaba casi con desesperación, como si se tratara de un amor no correspondido, pero al haberlos visto seguido Shaoran comprendió que a la doncella no le era indiferente Eriol, no haría nada porque sabía que nada podría hacer cambiar de opinión a su amigo.

– Pues…pídele que sea tu esposa – dijo como si fuera lo más normal del mundo hacerlo.

– No puedo pedírselo tan pronto, tengo que acercarme, hacer que me quiera como yo la quiero, saber porque es tan reservada – Shaoran podía decirle que era reservada por la crianza que había tenido y Eriol pareció leerle el pensamiento porque dijo – No se trata de haber crecido en la villa, es algo más, algo que sus ojos dejan ver aun cuando ella no se da cuenta –

Shaoran tampoco había mirado alguna vez a los ojos de alguien con la profundidad necesaria para ver dentro de la persona y saber lo que le pasaba así que no podía decir nada tampoco a ese respecto.

– Está bien, no creo que necesites mi autorización, veo que estas muy decidido –

– Así es – dijo Eriol, luego habló nuevamente después de unos segundos. – Ahora vamos a hablar de ti. ¿Por qué no quieres que ella se entere de que está enferma? – Eriol fue tan directo como Shaoran al hacer la pregunta y esperaba la misma sinceridad, sabía que algo en la amistad de ambos había cambiado, ambos se habían quitado la máscara de cordialidad para decir la verdad, aunque les fuera difícil.

– Fue la doncella – respondió Shaoran muchos minutos después, como si hubiese estado debatiendo para sí mismo responder a Eriol – Ella me dijo más o menos que lo que había pasado con Sakura fue por causa del encierro –

– Pero el médico dijo que es una afección congénita –

– Si, pero creo que fue un desencadenante y decidí que a pesar de lo mucho que la odio no quiero que muera, no quiero convertirme en su asesino –

Eriol lo miró en silencio, aquello decía mucho de la integridad de Shaoran, esa que, a pesar de ser amigos, jamás tuvo noción de que existiera. Ahora podía verlo con otra cara, con otro tipo de sentimientos que podían llegar más allá de la fría reserva con la que había sido criado.

– ¿Y qué piensas hacer ahora? –

– Dejare que viva a sus anchas, como no la dejé antes, si lo que necesita es mejorar asumo que su libertad la curará. –

– Pero no puedes dejarla solamente así, necesitara protección y demás cosas, recuerda lo que paso hace tiempo –

– Ese es otro problema, aquellos que perpetraron ese atentado lograron aguijar la mayoría de mis propiedades, menos esta, en este momento esta casa es como un bunker para mí, tendré que vivir acá –

– Deberías explicarle eso a ella, ahora que dices dejarla libre tendrá que entender que a pesar de que puede serlo no debe arriesgarse, tienes que protegerla –

– Lo sé, eso haré. Tendré tiempo de arreglarlo todo antes de que se termine de recuperar –

Eriol no podía creer que finalmente Shaoran estuviera cediendo de la manera en que lo hacía, parecía como si no se tratara de su amigo, no sabía cómo reaccionar, pensó que lo mejor sería llevar las cosas con calma. Entre ambos hombres comenzaron a discutir cómo se venía haciendo costumbre, sobre las medidas de seguridad para aplicarlas a la casa, ya que ahora no solo parecían estar en juego la vida de ellos, sino la de la esposa de Shaoran y el amor de Eriol.

Tomoyo apretó los labios cuando escuchó el suspiro de cansancio de Sakura al retornar de una ida al baño, aunque les habían dicho que estaba bien la joven Daidoji no podía dejar de preocuparse así fuera en exceso, la sola idea de que la señora muriera era suficiente para traerle el peor de los miedos.

– Esto no era necesario – comentó Sakura poniéndose el oxígeno nuevamente en la nariz y recostándose en las almohadas. Para ella, que no sabía lo que había pasado, solamente era un caso de estrés.

– Es mejor prevenir – comentó Tomoyo acomodándole las almohadas.

– Me da la impresión de que me estas ocultando algo – dijo Sakura luego de que Tomoyo le arropara con excesivo cuidado los pies. Los ojos verdes de ella se fijaron en la doncella que conocía demasiado bien. Le dolía que no confiara pero comprendía que si le mentía debía ser por una razón poderosa, una de la que se enteraría tarde o temprano. Tomoyo no podía guardar un secreto, no porque fuera cotilla en absoluto sino porque no sabía mentir.

– ¿Qué podría estar ocultando yo? – preguntó lanzando una risa nerviosa. Sakura sonrió tristemente y sintió una extraña e incómoda picazón en el pecho que no había tenido antes. No le comentó ese síntoma al médico pero esperaba que como decía él no se tratara de nada más que estrés.

Tomoyo encendió la televisión y esperó que Sakura le indicara el canal que quería ver, pero la ojiverde no podía concentrarse en la televisión porque aparte del hecho de sospechar de Tomoyo aún no podía olvidar la conversación que había mantenido con su esposo. Ese hombre que le había dicho que sería su esposa en todos los sentidos. Ella conocía los deberes de las esposas de la villa pero ignoraba completamente que tareas tenía que cumplir la esposa de un hombre como Shaoran Li, supuso que tendría que decirle que no sería una conyugue cosmopolita como él. Aun no se podía creer que después de lo que había pasado toda su situación fuera a cambiar de manera tan radical como parecía haberlo hecho, esperaba que en esa ocasión las cosas sí que fueran diferentes pero por el año anterior sabía que era mejor no fiarse y esperar que lo que viniera se fuera dando. Deseaba enormemente ese cambio y ahora que el médico lo indicaba debía hacer más hincapié en obedecer.

Por un instante se imaginó dándose besos con Shaoran como hacían las esposas de la villa con sus maridos cuando volvían a casa después de días duros de cosecha y otras tareas agrícolas. Nunca había sentido contacto diferente al de sus propios dedos en sus labios que desde que había cumplido los quince años se habían vuelto más delineados y abultados, se los acarició inconscientemente con los dedos pensando en que también se habían vuelto sensibles. Bajó la mano pero eso no hizo que su imaginación se detuviera y le reprodujera imágenes de besos entre ellos. Pero la desvaneció rápidamente pensando que nunca serian esa clase de esposos. No al ver cómo era Shaoran en realidad. Ella sabía, porque se conocía perfectamente, que si él quisiera conquistarla le quedaría muy fácil hacer que se enamorara y ella sería la parte amorosa de la relación pero dudaba sobremanera que Shaoran algún día tuviera un sentimiento tierno hacia ella, quizá piedad, compasión e incluso lastima. Hasta con ese último Sakura podría aprender a amarlo, pero no sería así. Nunca se enamoraría de Shaoran Li.

Tomoyo se durmió primero que ella, quería acudir al baño pero se levantó y fue despacio para no despertarla, seguramente estaba cansada después de todo el ajetreo y sabía que no se había despegado de su silla en la sala ni lo haría hasta el momento en que vivieran en la casa.

Amaneció más pronto de lo que Shaoran pensó. Se levantó de la cama. No recordaba haber dormido nunca con tanta paz y se preguntó si tenía que ver el hecho de que se trataba de esa casa o del olor que parecía provenir del jardín. Aun le sorprendía el cambio que se había efectuado en él y por la persona que lo llevó a cabo, ese día volvía del hospital y la noche anterior habia terminado todo lo referente a su traslado seguro. Se bañó lentamente y cuando estuvo listo habló con los escoltas, él tendría que estar presente ya que quería que todo saliera bien y sabía que en el fondo la compasión seguía manchando su frio corazón. La consideración a Sakura estaba alcanzando límites que él no quería cruzar, procuraría no hacerlo. Ser blando nunca fue una opción bajo la crianza de Fen y no lo sería en ese momento. Dos horas más adelante partieron rumbo a la clínica. Cuando estaban doblando una de las esquinas el celular de Shaoran sonó.

– Soy Wei – dijo el hombre apenas pegó la bocina a su oreja.

– ¿Qué pasa? – Preguntó mientras daban la vuelta lentamente en el camino a la verja de seguridad de la casa.

– Hemos descubierto una señal cifrada hace unos momentos, un mecanismo parasito intentando interferir con las llamadas de su celular y todos los operativos de los escoltas que se manejan por red, no sabemos determinar cuanta información tienen ya que tengo entendido que ha tenido bastante contacto con el señor Hiragizawa pero será mejor que llegue a la clínica lo más pronto posible, no podemos asegurar que su esposa este fuera de peligro –

Shaoran cortó la línea, si se suponía que lo buscaban a él ¿por qué la señal que interceptaron daba otras direcciones, como por ejemplo a su esposa?

Hablando por radio con uno de los escoltas que andaban en moto tras del blindado indicó que la velocidad se iba a incrementar y dio también la indicación al conductor. Puede que la odiara, tal como le había dicho a Eriol, pero tampoco quería verla morir. La camioneta aceleró al máximo pasando con rapidez la verja que manejaba uno de los guardias, levantando polvo todos los autos y motocicletas comenzaron a descender rápidamente hasta el tráfico de la ciudad y una vez en el evitando otros autos habilidosamente haciendo en menos de cinco minutos el tramo que a una velocidad normal les habría costado quince. Una vez estacionados en la entrada de la clínica establecieron perímetro y salieron rápidamente de los autos pero con orden.

Sakura estaba sentada en la silla que daba a la ventaba de su habitación de hospital vestida simplemente con un camisón limpio. Tomoyo estaba en el baño empacando las toallas que había utilizado y el resto de su ropa. Se empeñó en hacerlo sola y Sakura no encontró manera de disuadirla. Desde su ventana veía como el sol continuaba despuntando dándole la agradable sensación de calor en la cara. Sintió el destello de algo mas pero lo asoció simplemente a algún auto que le había enviado un rayo proyectado de luz a través del parabrisas o algo así, solo que ocurrió más veces de lo que era considerado normal así que abrió los ojos y miró hacia abajo para ver como varios autos negros estacionaban rápidamente en la entrada del edificio. Creyó reconocer aun a la altura en que se encontraba a los hombres de Shaoran pero no podía estar segura. Espero sentada mientras la enfermera entraba y retiraba las sabanas y demás deseándole que se terminara de mejorar. Sintió un picor en su nariz y se removió con cuidado la cánula de oxígeno que le habían dicho que debía llevar por unos días. Al lado de su silla había una pipeta pequeña con más oxígeno que le serviría para trasladarse sin necesidad de retirarlo de su rostro. Dejo de rascarse la nariz y suspiró con pesadez. Esperaría sentada a que Shaoran o a quien fuera que hubiese mandado subiera por ellas y les diera todas las indicaciones sobre cómo iban a salir.

Un hombre caminó hacia el mostrador de la enfermera jefe del piso hospitalario mirando en varias direcciones y sintiéndose inquieto por ser descubierto. A pesar de la valiosa información que recabó no habia podido determinar cuál sería el día en que le darían el alta a la esposa de Li, pero quería verla viva al menos mientras descubría la manera de darla de baja. Quería evaluar terreno para así pasarle la información al señor. Aunque lo más fácil sería sacar la diminuta arma que había logrado pasar los estrictos controles de seguridad y dispararle entre los ojos cuando se la encontrara de frente, aunque la impaciencia del señor iba en aumento lo que él quería era tenerla en su poder y torturarla por los pecados de su madre. Así que, por ahora, tendría que contentarse con observar y si se daba la oportunidad intentar llevársela para dejarla con el señor y que dejara su humor irascible.

– Discúlpeme. ¿En dónde puedo encontrar la habitación de la señora Li? – dijo el hombre mirando cándidamente a la enfermera a quien pareció hacerle poco efecto su mirada.

– ¿Quién la solicita? – preguntó suspicaz. Claro, sería muy estúpido creer que Li no la habia protegido pero el señor dijo que Li pensaba que la explosión en la casa un año atrás y los sucesos anteriores tenían que ver con él, no con su esposa y el señor decía que era conveniente que así siguiera creyéndolo ya que a la larga dejaría a su esposa vulnerable por tratar de protegerse. Aunque el señor llevaba esperando un año toda su gente se percataba de que cada día que pasaba y la joven seguía viviendo era un gramo más de desesperación. Él seguía diciendo que la hora llegaría. El hombre esperaba que fuera así, que su jefe por fin pudiera encontrar la solución a su problema de juventud.

– Me llamo Hanaka y vengo en representación de seguros de vida Equidad, quiero ofrecerle nuestro paquete de servicios a la señora – Inventó rápidamente consciente de que esa excusa podría funcionar o fracasar, en cualquiera de los dos casos no le importaría.

– La señora Li tiene restringidas las visitas, solamente su esposo y su enfermera personal tienen autorización para verla, así que será mejor que se entienda con ellos, le dan alta hoy así que podrá preguntarle directamente –

Asintiendo el hombre se alejó y se acomodó un poco el micrófono por donde seguramente se había trasmitido toda la valiosa información que sin saberlo la enfermera le dio. Esa información llegaría al centro de contacto y de ahí al señor, aún no habían podido intervenir la vivienda donde la señora Li había vivido, ya que todo el circulo de seguridad era bastante avanzado e impenetrable, aún no habían encontrado a nadie que pudiera venderse por dar la información apropiada para conocer a fondo la casa y saber dónde meterle mano. Se ajustó nuevamente el micrófono haciendo como que se estaba acomodando la corbata y lanzó una mirada fugaz hacia una de las puertas de las habitaciones en donde se asomaba una cabellera negra que al hombre le pareció brillante y hermosa. Cerró los dedos en la culata de la mini arma que tenía bajo su chaqueta, tal vez esta fuera su oportunidad.

Tomoyo cerró la puerta y caminó por el pasillo para entregar en el estar las toallas recogidas, intentó no mirar al gran hombre detrás de ella que parecía observar casi con demasiada premura el pasillo por donde se entraba a la habitación de Sakura. Se dio la vuelta para regresar a la habitación y siguió andando sin saber que el hombre que la miraba en distancia y que lentamente comenzó a caminar hacia el pasillo aferraba un arma para matarla, porque decidió que sería recompensado. Podía matar a las dos mujeres y salir diciendo que había sido posiblemente un francotirador, eso crearía el caos suficiente para poder escabullirse. Iba a dar el segundo paso cuando escuchó varios más, pesados y rápidos llegando desde el ascensor.

– ¿Dónde está mi esposa? – dijo Shaoran caminando rápidamente al entrar y hablándole a la enfermera que lo miró sorprendida.

– En la habitación esperando ser trasladada a su domicilio – dijo la enfermera estoicamente sin entender por qué razón él estaba tan agitado.

Shaoran entró por el pasillo pasando casi por encima de un hombre que se quedó en el sitio mientras miraba como él y los escoltas comenzaban a asegurar el área frustrando cualquier intento que hubiera podido convertirse en un hecho. Sacó la mano de la culata y del abrigo y se obligó a dar media vuelta antes de que cualquiera de los otros pudiera considerarlo peligroso.

Shaoran irrumpió en la habitación mientras Tomoyo estaba vistiendo a Sakura quien con el traslucido camisón que portaba bajo la bata más bien parecía desnuda.

– ¡Señor Li! – exclamó Tomoyo inocentemente poniéndose delante de su señora mientras la imagen de Sakura quedaba nítidamente grabada en los ojos de Shaoran. Intentado no distraerse por la ardorosa imagen tomó la bata que Tomoyo había retirado y se la lanzó casi con delicadeza a su joven esposa.

– Póntela, cúbrete con algo, nos vamos de aquí en seguida – comentó mientras se asomaba cautelosamente a la ventana y hacia algún tipo de señal hacia abajo.

– ¿Sucede algo? – La débil voz de Sakura lo trajo de vuelta del silencioso discurso de señas que estaba dando en la ventana, eran indicaciones de por dónde saldrían, no sabían si alguien más o algún asesino estaba intentando acercarse. Tomoyo escuchó el ruido de frenos de varios carros más. Intentando que no le temblara la mano al pensar que podría llegar a repetirse lo mismo de un año atrás cuando esa bomba o lo que fuera estalló, pasó sobre los brazos de su señora la bata del camisón cerrándosela con premura. Sakura se volvió con la cánula en la nariz y la doncella tomó la pipeta de oxígeno.

– No – respondió tácitamente mientras su móvil comenzaba a sonar, lo levantó cauteloso – Eriol… – dijo rápidamente mirando a Tomoyo cuyas mejillas lentamente se estaban poniendo de color rojo – Si, aquí están conmigo, ¿ese es tu equipo de seguridad? – por el silencio que siguió y la expresión de Shaoran, Sakura determinó que sí se trataba de ellos. – Ven a la habitación, necesitaré que te lleves a la doncella, yo me iré con la muchacha –

Cerró el móvil y volvió a acercarse a la ventana. Un destello y Shaoran se apartó rápidamente. Algo no estaba bien. Cuando se alejó de la ventaba llegó al lado de Sakura.

– ¿Puedes caminar? – preguntó solemnemente al tiempo que Eriol entraba en la habitación, Sakura señaló lentamente la pipeta y su cánula. Shaoran hizo un gesto para que se la retirara y se volvió cuando su amigo comenzó a hablar.

– Había un hombre, la enfermera dice que preguntó por… –

– Hablamos después – dijo Shaoran interrumpiéndolo – así fuera un espía no podemos arriesgarnos a que haya otros como él dispuestos a hacer por lo que les han pagado – Eriol asintió y se volvió a la ahora nuevamente pálida doncella – Tenemos que irnos – le habló con inusitada ternura, una que la ojiverde pudo identificar. – Vendrá conmigo y su señora irá con Shaoran – Tomoyo la miró aterrorizada y Sakura asintió lentamente.

– No entorpezcamos sus movimientos. Vete con él, nos veremos en la casa – Al menos era lo que esperaba.

Eriol esperó a que Tomoyo saliera, poniéndose sobreprotectoramente a su derecha se perdieron por el pasillo. Sakura caminó hacia la salida con tanta lentitud como un caracol, respirando profundamente por la nariz, pero Shaoran no podía reprochárselo, el médico dijo que después de la crisis el corazón habia quedado muy débil, que mientras se adecuaba a los medicamentos la fatiga se iba a convertir en el principal problema. Impacientemente porque no quería arriesgar la vida de nadie se acercó a ella lo suficiente para tener sus rodillas y su espalda en sus manos. Ella se volvió sorprendida a mirarlo y antes de que pudiera negarse la levantó en brazos. Se tambaleó un poco no por su peso sino por el movimiento de rechazo que hizo ella pero la sostuvo con fuerza contra él sintiendo bajo sus manos la ligereza de la tela del camisón que la cubría.

– No te muevas, aun estas demasiado débil para caminar, no tienes el oxígeno y por si no te has dado cuenta nos encontramos en una situación delicada –

– Yo pregunté qué estaba pasando y no quisiste responderme – dijo Sakura, su aliento rozó delicadamente, como una pluma casi invisible, el cuello de Shaoran que se vio profunda e intolerablemente afectado por ello. Quería apartarla de si, nunca le había pasado nada similar con nadie. Ella finalmente se quedó quieta.

– Cógete más fuerte de mi cuello – dijo aunque deseaba que hiciera lo contrario, pero entre más aferrada estuviera a él menos pesaría y sería más fácil de trasportar. Sintió las manos pequeñas entrelazarse en su cuello y su respiración ahora un poco más relajada le rozaba ahora los cabellos.

Caminó lentamente hacia la salida de la habitación, ahí estaban los escoltas en formación esperando, cuando hubo salido trazaron un perímetro de seguridad alrededor de ellos. Una vez estuvieron listos avanzaron por las escaleras, no era seguro bajar por el ascensor en ese momento cuando podían haberle instalado una bomba o algo más fuerte. Era un edificio alto pero en ningún momento se sintió cansado con su carga, tenía brazos fuertes y ella no pesaba mucho. La cabeza estaba apoyada en su hombro y sus ojos cerrados como pudo comprobar cuando su propia mirada se atrevió a reconocerla a la poca distancia en que se encontraban. Cuando salieron la sombra de todos los hombres que los cubrían creaban un escudo humano contra cualquier bala de francotirador que se pudiera presentar.

Subió con ella lentamente a la parte de atrás del auto y la puerta se cerró con violencia, el conductor piso a fondo el acelerador y enfilaron con rapidez hacia la autopista principal con carros y motos detrás de ellos protegiéndolos.

Intentó desasir el abrazo de Sakura pero solo su cuerpo inerte le devolvió ahora la mirada, intento no notar el acceso de preocupación que no tenía ni pies ni cabeza y que estaba atenazándolo en ese momento. Pensó que se habia desmayado pero al acercar nuevamente la piel de su cuello a la suave respiración de su nariz se percató de que se habia dormido. La fatiga debía ser excesiva ya que habia mucho ruido alrededor como para que eso hubiera sucedido, mas sin embargo no lo cuestionó, en la casa todo estaba listo para su llegada incluido el hecho de que habían trasladado las cosas de ella a la habitación principal del primer piso de la casa para evitarle subir y bajar escaleras. Shaoran sabía que solo era cuestión de tiempo que ella se percatara de algo especialmente cuando introdujo esos cambios a las vidas de ambos.

Recordó las palabras que le habia dicho y de cómo se convertiría en su esposa de verdad. No sabía realmente porque lo dijo de esa manera ya que, claramente, el hecho de consumar su matrimonio no se encontraba entre sus planes inmediatos ni tardíos. Como decidió con anterioridad vivirían bajo el mismo techo y si las circunstancias lo requerían incluso se harían buenos conocidos. Pero nada más allá. La imagen de ella en camisón vino a perturbar su infranqueable determinación. El año que pasó parecía haber dejado sobre ella una huella de feminidad más que latente. Parte de la inocencia de su rostro de niña habia desaparecido dando paso a una lánguida e ingenua feminidad que le daba un aire demasiado seductor… como el olor que en ese momento impregnaba suavemente su nariz, que estaba a centímetros del cabello. Olía a cerezo…como su nombre. Y le apetecía igual.

Calló su sucia conciencia cuando se dio cuenta de la dirección que estaban tomando sus pensamientos, él no podía ni quería encontrar atractiva a Sakura, ella fue, y seguiría siendo el medio para obtener dinero para financiaciones, como una moneda de cambio aunque ninguna moneda oliera de la manera en que ella lo hacía.

Arribaron a la casa en tiempo record, no se presentó ninguna novedad como reportó Wei antes de que entraran. La señal habia sido suprimida pero él le advirtió advertido que si lo habían hecho una vez muy posiblemente lo repetirían. Pero estarían preparados, el ataque a la seguridad fue imprevisto pero les dio ideas para evitar que volviera a suceder. Uno de los escoltas removió con suavidad a Sakura del regazo de Shaoran para que este pudiera salir. La miraba con devoción, se percató cuando salió y quedaron frente a frente con el cuerpo de ella en el medio, pero era hombre y sabia cuando otro hombre deseaba a una mujer, la mirada que tenía el escolta era tan sencilla como compasiva. Había caído también en el hechizo de fragilidad que Sakura proyectaba. Contuvo el infantil y para nada apto impulso de decirle al escolta que se la devolviera, pero lo calló y alejándose entró solo a la casa a dirigirse al que sería su nuevo despacho y encerrarse ahí hasta que cualquier emoción diferente a la indiferencia fuera completamente suprimida.

Eriol se puso delante de Tomoyo cuando miró a un hombre que se acercaba a indagar en el estar de enfermería momentos después de que dejaran la habitación. Uno de sus propios escoltas se acercó al hombre y comenzó a requisarlo, pero Eriol no se quedó para ver si era sospechoso o no, tal como Shaoran había dicho era mejor que salieran de ahí de inmediato. Había recibido la llamada de Wei cuando estaba en su oficina y se puso en marcha inmediatamente sintiendo miedo de que cualquier cosa pudiera pasarle a la que sería su esposa. La mano fría y suave de ella se aferraba a la suya mientras caminaban rápidamente por las escaleras.

– ¿Me va a decir que es lo que está pasando? – pregunto Tomoyo cuando iban por el piso dos. – Creo que debemos saberlo, siempre estamos rodeadas de equipos de seguridad ¿acaso…? –

– En algún momentos las haremos participes, pero no puedo demorarme explicándole lo que pasa, le prometo que se lo diré en su debido momento, pero no se angustie, lo último que deseo es que tenga preocupaciones. – dijo esto último mirándola a la cara, habia tal grado de intimidad que Tomoyo se sintió… ¿Incomoda? No lo sabía, solo asintió confiando plenamente en que él le diría la verdad, hasta ese momento no sabía que le hubiera mentido en algo y eso era bueno para ella, no como él… que le mintió pensando que la quería cuando solo la usaba para llegar a su hermana. Aferro aun más fuerte la mano en señal de admisión y siguieron caminando ahora hacia la salida del hospital donde él volvió a ponerse delante de ella como un fiel protector por si se presentaba algún inconveniente. Subieron al auto y partieron en seguida. Tomoyo intentó ver cuando salieron si su señora la seguía pero fue inútil porque se mezclaron entre el tránsito con mucha rapidez.

Los minutos pasaban y ellos seguían avanzando en lo que reconoció como la dirección a la casa. Miraba por la ventaba polarizada pensando en cómo se sentiría volver a caminar entre personas. En una ciudad como esa que se veía tan… moderna.

– Intento de homicidio – comentó suavemente la voz de Eriol desde la dirección en que se encontraba. Tomoyo volvió su rostro lentamente y enfoco su mirada en él.

– ¿Perdóneme? – pregunto sin entender lo que le dijo.

– Quería saber por qué se toman medidas de seguridad con usted, su señora y nosotros mismos. Es porque alguien está intentando matar a uno de nosotros. No hemos podido determinar a quién pero lo que sí sabemos es que estamos en peligro –

Tomoyo se llevó lentamente una mano a la boca y lo miro horrorizada, si su señora lo supiera… Pero en ese momento comprendió por que Eriol se lo dijo, porque sabía que ella no se lo contaría a Sakura, por que estar sometida a cualquier cosa que pudiera alertarla ponía en riesgo su vida. No quería creer o no se atrevía a pensar que él se lo habia dicho por que confiaba. En el fondo era así, pero Tomoyo aún estaba muy herida por su experiencia para comprender que Eriol intentaba establecer intimidad y secretos con ella a fin de poder alcanzar sus sentimientos.

– Pero… no hemos hecho nada… no… ¿Por qué alguien querría…? – Eriol se sintió mal de que la inocencia de ella se viera truncada por lo que le estaba diciendo, pero sabía que era mejor para todos que ambas mujeres pronto fueran despertando a la realidad que no tenían en la villa.

– Por venganza, por gusto, envidia, dinero… Hay muchas razones por las cuales una persona quiere matar a otra, simplemente no hemos podido determinar quién es el amenazado ni tampoco que es la amenaza –

– Pero… no se puede vivir así… con miedo a ser asesinado – decía Tomoyo con los ojos muy abiertos.

– Estamos haciendo lo posible por determinar que está pasando, por favor no quiero que este bajo preocupación, solo le pido que confíe, mientras yo exista nada ni nadie le hará daño a usted… ni a su señora – añadió a sabiendas que la seguridad de Tomoyo Daidoji estaba en sus manos y la de Sakura Li en las de Shaoran. Ambos habían sido claros desde que habían hablado, Eriol tenía intención de hacer a Tomoyo su esposa a toda costa. Eso implicaba ser la primera persona a cargo de la seguridad de ella.

Tomoyo no le dijo nada más, probablemente estaba analizando y aceptado todo lo que él le contó, no quiso perturbarla pero cuando llegaron la expresión de tranquilidad habia vuelto al rostro de ella. Eriol no sabía que camino habían tomado los escoltas de Shaoran pero habían llegado primero que ellos. Se bajó antes que sus escoltas y le abrió la puerta a Tomoyo para que saliera, una vez dentro de la seguridad de la casa pudo volver a pensar un poco más claramente. No se arrepentía de haberle contado la verdad y seguramente Shaoran se enteraría pronto de que así lo habia hecho y no le importaba en lo más mínimo que se lo reprochara porque a la larga entendería las razones y ya no podía devolver el tiempo.

Tomoyo hizo una primorosa reverencia para despedirse y se fue con Kajo quien le mostró a donde estaba ahora ubicada la habitación en donde dormiría la señora Li. Eriol la observo irse con el corazón tan apretado por lo que sentía por ella que se llevó una mano al pecho para calmar la tensión. "Un paso a la vez, Hiragizawa, uno a la vez…" dijo para sí mientras buscaba a Shaoran para preguntarle más a fondo sobre la información que les suministró suministrado Wei.

Cuando Sakura abrió los ojos pensó que estaba en un ataúd, ciertamente la somnolencia podría ser la causante de la sensación de estar encerrada en una caja e intentó tranquilizarse cuando se percató de que el hecho de que el corazón le palpitara con más velocidad de la normal hacia que le doliera el pecho. La falta de vitaminas, seguramente.

Se sosegó esperando poder reconocer el lugar en donde estaba. Lo último que recordaba era haber estado entre los brazos de su esposo, por primera y última vez, pero el hecho de que la hubiera acunado así, como si fuera algún tipo de bebe, despertó la somnolencia que tenia de trasfondo la tranquilidad de saberse a salvo. Así él se estuviera protegiendo a sí mismo de cualquier atacante, como pensó que hacía en la clínica, el hecho de que la hubiera llevado en brazos había despertado profundas sensaciones dentro de ella y quería ignorarlas, no solo porque no la llevarían a ningún lado sino porque podría hacer enfadar a Shaoran y era lo último que quería. Sus ojos marrones habían estado dentro de esos sueños desde que se durmiera en sus brazos, y su memoria se tomó el trabajo en ese momento de recordarle lo que sintió cuando las manos de él la rozaron. El calor de la piel habia traspasado la ligera tela del primoroso camisón que Tomoyo eligió para ella la noche anterior, seguramente para que el calor de la habitación no la incomodara pero ninguna de las dos se imaginó que Shaoran iba a venir a llevársela como hombre de cavernas… como uno preocupado.

Todo estaba a oscuras a su alrededor por lo que resultaba difícil enfocar cualquier cosa que no fueran las sombras. Alargó la mano y rozó con la punta de los dedos la reconocible lámpara que estaba en su habitación. Accionó el mecanismo de encendido y la tenue luz iluminó el lugar haciéndolo tan irreconocible como estaba a oscuras. Esa no era su habitación. Intentó sentarse y escuchó unos suaves golpecitos en la puerta.

– Adelante – dijo acomodando sus almohadas mullidas.

Tomoyo entró con una taza de té que con el hambre que tenía Sakura hasta le pareció un delicioso manjar.

– Dejamos que durmiera bastante, se veía agotada – dijo mirándola conmovida. Si, pensó Sakura prácticamente habia dormido doce horas. Preguntó a Tomoyo quien se lo confirmó. También le explicó que debido a su falta de vitaminas lo mejor era no exponerse a una caída o un desmayo cuando bajara las escaleras por lo que fue estipulado que su dormitorio fuese en el primer piso. Sakura continúo dudando de que esos fueran los motivos pero siguió prefiriendo callar.

Cuando terminó de tomar el té Tomoyo dijo que le iba a traer la cena, pero Sakura, que habia conseguido sentirse agobiada por todas las atenciones de las que fue parte en la clínica, le dijo con toda la seguridad del caso que iría a la mesa a cenar como todos los demás.

– Pero… – dijo utilizando argumentos valederos pero Sakura permaneció impasible. Finalmente asintió pero sabía que tendría que decírselo al señor Li, no es que fuera a consultarle sobre todos los movimientos de su esposa, pero sabía que la señora era muy obstinada cuando quería y esa obstinación podría desembocar en enterarse de la verdad.

Salió diciéndole que la esperara mientras dejaba la taza en la cocina y la ayudaba a levantarse. Se dirigió hacia el despacho de Shaoran y tocó delicadamente la puerta hasta esperar la orden de entrar. Cuando esta fue dada Tomoyo ingresó y cerró la puerta tras de ella. Aun sentía miedo de la imponente presencia de él y por la aversión que le producía por todo lo que hizo con Sakura, pero por el bien de ella hizo todo eso a un lado.

– ¿Qué pasa? – le preguntó el indiferentemente.

– Mi señora quiere ir al comedor a tomar su cena, se rehúsa a que se la lleve a la cama, como el médico informó que por lo menos en unos días tendría que reposar completamente y aunque le mencioné lo que acordamos de las vitaminas se niega a quedarse en cama –

Shaoran levantó la mirada de los textos que estaba leyendo, Tomoyo le devolvió la vista estoicamente esperando las indicaciones. Él no sabía que contestarle ya que esperaba la docilidad de Sakura para no tener problemas, pero ahí seguía, causándole inconvenientes. Supo que solo habría una manera de convencerla de quedarse en la habitación; asegurándose él mismo de que así fuera.

– Dígale que decidí tomar mi cena con ella, que no se puede levantar de la cama –

Si a la doncella le sorprendió esa afirmación no lo notó se dio media vuelta sin asentir ni decir palabra y se retiró del despacho. Pero a Tomoyo sí que le había pasmado el hecho de que fueran a cenar en la habitación de ella. Ahora sí que no podía determinar qué consecuencias traería en las vidas de ambas el hecho de que Shaoran hubiera cambiado tanto. Se dio la vuelta cuando sonó suavemente la campana de la puerta que avisaba que alguien estaba ingresando a la verja de seguridad.

Tomoyo se dirigió a la cocina a darle las indicaciones a Kajo ya que esta le había dicho que le comunicara que se decidiría respecto a la cena, cuando informó lo que el señor decidió la sorpresa invadió el rostro de Kajo.

Sakura estaba de pie en la habitación mirando su ropero. En el estaban acomodadas todas las prendas que habían comprado antes del incidente, y se preguntaba qué pasaría si comenzaba a hacer uso de esos utensilios. Acarició la camisa que recordó haberse puesto de color verde. Suspirando cerró la puerta lentamente y cuando se dio la vuelta vio a Shaoran parado en el umbral mirándola impasiblemente. Sintió un aguijonazo de miedo a la primera impresión y le dolió perceptiblemente el pecho, se llevó una mano a este y vio que los ojos de Shaoran estaban fijos en donde tenía apoyada su mano.

– ¿Qué haces levantada? – le dijo cruzando la puerta y caminando por la habitación con las manos en los bolsillos del pantalón mirándola con fijeza mientras avanzaba hasta quedar a los pies de la cama.

– Tenia frio, estaba buscando una franela – dijo Sakura mintiéndole un poco, pero no podía decirle que lo habia hecho para mirar ropa, no quería que pensara que era superficial, al mismo tiempo se preguntaba por qué tenía que importarle lo que el pensara de ella después de cómo la trató en el pasado.

Para él fue como si de repente le hubieran puesto frente a si la imagen que había vislumbrado en la clínica con los rayos del sol trasluciéndole la figura, presenció tiempo atrás una imagen similar pero con la luz de la nevera, pero su memoria sabía que ahora tenía una figura aún más curvilínea. No debía tener esos recuerdos, pensó Shaoran para sí pero su mente decidía no hacerle caso en ocasiones y esta parecía ser una de ellas. Comenzaba a conjurar imágenes que no pidió y que no quería tener frente a sí y tal era su poder que obligaba a su mismo cuerpo a reaccionar y a… ¿Desearla?

Levantó inquisitivamente una ceja.

– ¿Para qué entonces tienes una doncella sino es para que realice esas actividades por ti? –

– Como puedes ver no se encuentra – dijo ella retirando la mano de su pecho cuando su miedo se evaporó siendo sustituido por el enojo, se sentía decepcionada de ver que nada en él habia cambiado, seguía con ese tono autoritario que no admitía negativa. – Además no la voy a hacer mi esclava solamente porque esté enferma. –

– Precisamente por eso, ella está para ayudarte, ayúdate tú misma y no pongas en riesgo tu salud por nimiedades. Vuelve a la cama. – le ordenó lentamente sintiéndose súbitamente agitado por dentro.

– Hay que cenar – respondió ella pensando profundamente en si él tenía razón y estaba abusando de su lenta recuperación. Sucedía algo en el ambiente, algo que no podía reconocer porque nunca lo había sentido pero que sabía que se debía a la presencia de él.

– Cenaras acá y no habrá discusión, estarás en cama hasta que te recuperes – el latigazo de orden de su voz impactó en Sakura muy profundamente, pero intentó ignorar la decepción en aumento que seguía sintiendo.

– Pero… – sus emociones se traslucieron en su rostro sin saberlo, la pena del desengaño, la tristeza y la desolación. Shaoran pudo leerlos cada uno y se dio cuenta de que mintió mentalmente a Eriol cuando pensó que nunca habia mirado a los ojos de nadie ni sabía cómo leer emociones y ahora ahí estaba, experimentando exitosamente con la mujer más… expresiva del mundo.

Ella caminó lentamente hacia la cama y se sentó sintiendo opresión física y espiritual en el pecho.

– ¿Ahora mi encierro residirá solo en esta habitación? – dijo con la cabeza gacha y tan bajito que le costó un poco de trabajo entenderla. Ahora, pensó él, también se habia convertido en un lector de voces por que el dolor que identificó en la de ella devolvió ese picor de compasión en el pecho que no parecía querer dejarlo vivir en paz.

– No estás encerrada, estás enferma – le respondió él intentando apartar toda la compasión de su propia voz, quiso teñirla de inflexión para que ella acatara la orden – y mientras lo estés tienes que cuidarte. –

Como él no habia pasado un año encerrado en una casa no sabía lo que para ella significaba estar confinada a una habitación.

– No te estoy aprisionando, lo que dije en la clínica era cierto – dijo pensando que con ese recordatorio quizá fuera un poco más sumisa. – Pero para poder ser libre como dices querer ser tienes que tener salud, algo de lo que estas careciendo –

Ella intentaba comprenderlo pero le costaba trabajo especialmente porque no podía confiar en él. Cerró los ojos y dejo que la desolación pasara lentamente. El silencio era roto solamente por el tictac del reloj que habia sobre la mesa de noche. Se escuchó el lento chocar de porcelanas y cuando Sakura miró hacia la puerta vio que Tomoyo y Kajo traía unas bandejas con comida. ¿No estaría pensando cenar con ella o sí? Cuando Kajo puso la bandeja de él encima del tocador se percató de que efectivamente era lo que iba a hacer. Se sorprendió bastante pero decidió no decir nada. No quería saber que significaba el hecho de que él estuviera cenando con ella en su habitación, tampoco quería ilusionarse con falsedades. Una vez la cena de ambos estuvo instalada donde debía ser (la de Shaoran encima del tocador, la de Sakura encima de una bandeja especial para comer en la cama) Kajo y Tomoyo se retiraron de la habitación. Sakura se sintió intimidada por la presencia de Shaoran así que decidió comenzar a consumir su cena sin mirarlo, aun tratando de ignorar eso que habia en el ambiente.

Shaoran observaba a la muchacha tomar con lentitud la cena. Su mente seguía divagando sobre lo que ella le estaba produciendo. Por esos momentos mientras la miraba su maldita conciencia se olvidó de los problemas que tenía tanto en la oficina (que en realidad no eran muchos) y lo que apremiaba en ese momento, la seguridad de la casa. Era el epitome de la educación, comía sus alimentos con delicadeza tal que parecía… una muñeca. No se le ocurría en ese momento con que más compararla. Si, había algo más con lo que podía hacerlo… era una mujer, apenas saliendo de la adolescencia pero era una mujer. Una que estaba consiguiendo despertar en él algo que no quería sentir, algo que despreciaba. En ese punto no sabía si era lastima… ni tampoco quería saberlo.

Ella levantó la mirada antes de que él pudiera retirar la suya y los ojos de ambos conectaron. Sakura sintió una descarga eléctrica cuando comprobó lo que solamente habia estado mirando por el rabillo de ojo. Sintió una especie de aguijonazo que le decía que él la estaba observando y cuando levantó sus ojos se habían encontrado con los de él. Se sintió tan atrapada a pesar de que la expresión de él era tan seca que no pudo retirar sus propios ojos. Tenía la mano fija sobre el tenedor encima del plato pero no hizo ningún ademán de moverse, tan solo se quedó mirando esos orbes cafés sintiendo como su corazón espiritual y no físico se contraía dolorosamente. Por unos momentos quiso saber que estaba pensando él pero pensó que tal vez no fuera bueno saberlo, no sabía leer los ojos y él bien podría estarla maldiciendo.

Pero los pensamientos de Shaoran distaban de ser algo desagradable, al menos hacia ella, era hacia sí mismo que sentía desprecio. Porque aún no podía determinar lo que ella estaba haciéndole a su vida. Mientras la miraba intentaba sentir por ella ese odio manifiesto que le habia servido de arma y coraza, pero entre más lo buscaba menos se sentía en capacidad de encontrarlo. Recordó su determinación de no consumar su matrimonio, pero al verla sintió que si algún día decidía hacerlo no sería algo desagradable en absoluto. Los ojos de la mujer eran simplemente magníficos, tan extraños en su color y forma que estaba hipnotizado aun sin proponérselos. Ella le devolvía la mirada estoicamente y ninguno de los dos parecía querer ceder. Él quería que dejara de mirarlo, pero ella seguía ahí. Dejó sus cubiertos a un lado sin retirar sus ojos de los de ella y mientras se ponía de pie y se acercaba a la cama se preguntaba qué demonios estaba haciendo.

Sakura sintió la garganta seca ante la intensidad que ahora los ojos de él dejaban traslucir. No debía estarlo pero se sentía completamente atrapada por esa mirada casi ámbar del hombre por quien no debía… sentir más que desprecio. Mientras él se acercaba no podía pensar, sentía sus pulmones llenarse dolorosamente de aire y no quería parecer nerviosa, no quería que él notara que era débil.

– Deja de mirarme – le dijo él cuando llegó a los pies de la cama. Sonaba como una orden, pero era la primera que no daba con tono mortífero. Era como si le estuviera ordenando a un niño que tomara su leche.

– No…puedo – contestó ella completamente concentrada en los orbes de él. Quería aprender a llegar un poco a las emociones heladas de su esposo y aunque no sabía si este camino que estaba tomando en ese momento era el correcto, se sentía en la obligación de intentarlo para mejorar lo que sea que fueran a tener a partir de ese momento.

– Yo tampoco – contesto él completamente fuera de si dentro de su cuerpo pero con expresión tranquila en sus ojos.

Ninguno de los dos dijo nadas más. Pero finalmente ella fue la que se quebró. Retiró su mirada antes que él como si eso significara su derrota pero no sintiéndose capaz durante más tiempo de soportar la tensión sensorial que los ojos de él le despertaban.

Shaoran observó cómo bajaba ella la cabeza, al perder el contacto su razón parecía haber vuelto a él. ¿Qué estaba haciendo? En ese momento escuchó un toque lento en la puerta y se volvió a ver a Eriol que interrumpió el instante, fue como si su amigo fuera el catalizador, volvió a la realidad sacudiendo un poco la cabeza. Pero sabía que tendría que hacer algo con todo lo que habia pasado. Debía hacerlo muy pronto.

– Tengo noticias, será mejor que vayamos a tu despacho –

Asintiendo Shaoran se retiró. Una vez él cruzó la puerta pudo volver a respirar con normalidad. Llenar sus pulmones de aire tan rápidamente la mareó un poco pero se serenó de inmediato. Aquello no habia sido normal, sintió sentido a Shaoran dentro de su cabeza, como si hubiera plantado ahí su imagen. Dejó los cubiertos a un lado al perder sorpresivamente el apetito. Debía hablar con Tomoyo.

Fujitaka tenía entre sus dedos la fotografía de Sakura, tenía tres años y habia sido tomada aproximadamente tres meses antes de que Nadeshiko muriera. Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos cansados. Su espía le informó que Sakura habia estado enferma la semana anterior. Cerró los ojos con lágrimas cuando le contó lo que sucedió. Habia esperado que Sakura no la portara pero tenía la misma afección que propició la muerte de su madre. Nunca se lo dijo a nadie y habia esperado que Nadeshiko no le hubiera heredado la enfermedad pero quedaba patente que era así. Pero sabía que el hombre no se detendría por eso. Su informante le dijo que estaban teniendo dificultades para contener los ataques cibernéticos que revelarían toda la información sobre el diseño del plan de seguridad que tenían para con ella. Envió una fuerte cantidad de dinero para que su espía utilizara toda la tecnología al alcance para evitar que eso pasara. Su propio sistema de seguridad habia dado con unas pistas sobre el paradero del hombre, no quería intervenir aun hasta no tener algo más concreto pero el tiempo parecía estarse acabando y la vida de su hija cada día peligraba más. Tendría que hablar con Shaoran Li en poco tiempo y contarle la verdad sobre Sakura, pero no en ese momento, primero tendría que agotar todas sus opciones.