Buenas Noches. Regresé después de un poco de ausencia, siento mucho haberme demorado como ya sabrá, la mierda de vida. Nada ha mejorado pero he rezado por que las cosas pronto salgan bien, tal vez vean un poco aburrido el cap, pero aunque lo revisé de p a pa, no pude inspirarme mas y eso me hace sentirme mal, pero les prometo poner todo de mi, no lo abandonare y sé que se pondrá interesan pronto ya que cada vez nos acercamos mas a la situación del inicio. Pido disculpas a mi querida beta por volver a publicar sin su revisión pero me siento mal con los lectores por demorarme tanto y tenerlos en ascuas sé, Mizuno Otto, que sabras comprender y yo también comprendo que tu tienes una vida y que hay que hacerle frente. No te preocupes por eso.

Gracias por sus mensajes de apoyo.

Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP.

Dinastia Li Cap XVII

Al día siguiente Shaoran irrumpió en la cocina dando instrucciones rápida y secamente. Si Kajo demostró sorpresa ante la orden impartida por su jefe no lo demostró. Asintió estoicamente y se dio la vuelta para cumplirla con la ayuda de alguna de las mucamas que colaboraban con la limpieza de la gran casa. Los objetos en la habitación del segundo piso serian trasladados a la de la señora. Una vez se aseguró de que se cumpliría a cabalidad su mandado Shaoran partió a su oficina como todos los días. Intentando no pensar en todas las posibilidades que se abrían ante ese cambio.

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Sakura estaba cepillando su cabello frente al tocador cuando escuchó que la puerta se abría lentamente. Por ella apareció la digna Kajo quien saludó brevemente y después dio paso a una mucama que había visto en cierta ocasión. La mujer traía en los brazos múltiples ganchos de ropa con los trajes de Shaoran, cada uno de ellos mas fino que el anterior. Sakura permaneció en silencio mientras las veía trabajar. Kajo le indicaba donde y como acomodar las cosas.

La joven no había olvidado lo que Shaoran le dijo y lo que ella misma había sentido al pasar lo que pasó y al imaginar lo que ocurriría mas adelante. Desde pequeña había escuchado a hablar a algunas de las mujeres de la villa sobre el matrimonio. Nunca había entendido la expresión "yacer en la cama, con el camisón apropiado, esperando que su esposo cumpla con su deber" y menos lo de "plantar la semilla que dará fruto a los hijos" hasta que creció. Pero sabía que aun era demasiado ignorante en ese aspecto. Por unos momentos su imaginación se desbordó y muchas imágenes no pedidas de ella compartiendo un lecho con Shaoran asaltaron su visión. Las apartó rápidamente ya que no quería sugestionarse con el futuro. Al fin y al cabo lo único que había hecho desde que la habían casado había sido preocuparse por las cosas que en conclusión nunca iba a poder cambiar. No era que no le causara temor, pero a la vez admitió que sentía una terrible y nada deseada curiosidad. Supuso que solo el tiempo daría respuesta a su inquietud.

Siguió cepillándose el pelo intentando no mirar cada cosa que se iba poniendo al lado de las suyas.

Unos momentos después entró Tomoyo. Al mirar lo que estaba haciendo abrió la boca para preguntar que creían que hacían con las cosas de su señora pero su mirada se cruzó con la de Sakura en el espejo y comprendió que era mejor quedarse callada, su señora no parecía sorprendida por esos cambios y lo dejo estar.

Aunque Tomoyo era como su hermana Sakura no podía evitar sentir aprehensión y un poco de vergüenza al tener que confesarle que finalmente después de un año seria la verdadera mujer de Shaoran Li. Decidió contárselo todo en el jardín, debía salir de ahí antes de enloquecer. Tomoyo le pasó un chal por los hombros y maniobrando habilidosamente la bala del oxigeno salió caminando pasito a pasito.

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Shaoran tecleó por tercera vez la frase que intentaba escribir desde hacia mas de quince minutos. Siempre que la comprobaba tenia un fallo y no se trataba de ninguna avería en la maquina, simplemente no podía concentrarse en lo que estaba haciendo. Lo único que cruzaba por su cabeza era aquello que no podía olvidar, que parecía repetirse una y otra vez en su cabeza como un cd rayado ¿Cómo había hecho ella para meterse en sus pensamientos incluso ahora cuando más pendiente debía estar de su trabajo? Ahora su esposa alteraba completamente su tranquilidad. Le parecía que el tacto de sus dedos se había quedado grabado a fuego en su piel, que aun sin haber estado consiente de ello podía sentir sus manos en su cara, su cabello…

Nunca se había preciado de ser sentimental, eso había muerto en su niñez, pero ahí estaba, conmovido por la suave piel…

"¿Qué demonios estoy haciendo?" Se preguntó una vez mas presionando el botón de borrar varias veces. La sola perspectiva de verla esa noche, de pensar en compartir la misma cama con ella, de sentir lo que había sentido cuando la besó tenia mucho que ver con lo que le pasaba en ese momento. Se levantó con violencia casi tirando la silla en el proceso y caminó hacia la alta ventana de su oficina. Observó el mediodía en todo su esplendor. Pensó que tal vez no debería estar tan cerca de la ventana teniendo en cuenta todas las medidas de seguridad que se habían instaurado para protegerlo. Pronto volvería a tener la libertad de antes, una vez que se descubriera todo podría volver a la vida normal, como un esposo…

Se dio la vuelta y miró el computador desde arriba, de nada valdría que lo siguiera intentando así que ni se esforzó. Levantó el celular y llamó a Eriol para que fueran a almorzar a la cafetería de la oficina.

– Te ves demacrado – dijo Eriol apenas cruzó la puerta. Se estaba acomodando la chaqueta algo irritado lo cual demostraba que aborrecía tanto las medidas de seguridad como Shaoran, probablemente había sido victima de la requisa al entrar.

– Hola a ti también – dijo Shaoran con el sarcasmo supurando de su voz. – Vámonos, tengo hambre –

Eriol notó las marcas de cansancio en el rostro de Shaoran, parecía sumido en sus pensamientos y no hablaron de prácticamente nada mientras duró el almuerzo. A pesar de su charla sobre los progresos económicos era más que evidente que Shaoran no tenía la cabeza ahí.

Una vez terminó el almuerzo la hora de regresar a casa se hacia mas cercana. La anticipación volvió a llenar el cuerpo de Shaoran como si se tratara de una olla a presión a punto de explotar. Dejó todas las cosas en orden en la oficina y esperó a que Eriol llegara abajo, le había comentado en el almuerzo que vería a la doncella ese día. Ni siquiera le había pedido permiso y Shaoran sabía que ese era un pensamiento estúpido, pero no lo iba a detener, como había decidido tiempo antes, sabía que la determinación de Eriol de hacerse con la doncella era algo más que seguro.

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El agua caía del jarrón lentamente, como una lluvia, de la jarra que sostenía Sakura. Las rosas estaban comenzando a retoñar y pronto tendría todo un rosal adornando aun más el gigantesco jardín. Tomoyo veía a Sakura a la distancia, detrás de ella había dos hombres recios, mirando lentamente de un lado a otro como si fueran dos cámaras humanas. Parecía que el asunto de seguridad no se había resuelto, pensó la doncella mirando en su mano la cánula que Sakura había insistido en volver a retirarse. Recordó la conversación que ambas habían tenido antes de que Sakura se dedicara por completo al jardín. Tenia miedo por su señora, por lo que ese vital cambio que estaba a punto de darse en su vida la afectara de alguna manera, terminara por destruir lo poco que quedaba de ella. Para Tomoyo no era totalmente un secreto lo que sucedía en el dormitorio de las personas casadas. Su madre había sido bastante liberal a ese respecto informando un poco más allá de lo que sabía Sakura. "Yacer", la palabra que usaban todas las madres de la villa. Tomoyo también había sentido curiosidad pero esta, que había esperado ver satisfecha con quien la traicionó, se guardó en lo hondo de su corazón. Ella estaba completamente segura que alguien diferente a Liang no le haría sentir ese deseo de verse y sentirse abrazada por los brazos de un hombre. Su señora estaba tranquila, parecía resignada aunque tenia algo en su aura que la hacia parecer mas… ¿madura? Solo sirvió de escucha para Sakura y los pocos miedos que le había manifestado. Tomoyo no le había podido responder con algo coherente por que ni ella misma sabia qué hablar. Simplemente le dijo que pasaría lo que tendría que pasar a lo que Sakura afirmó antes de quitarse el oxigeno y caminar hacia el jardín en donde se ensimismó completamente.

Tomoyo miró nuevamente la cánula que tenia a la mano en caso de que las cosas se complicaran pero parecía que el aire puro de ese espacio hacia que Sakura respirara tan libremente como antes de enterarse de su enfermedad.

Dio lentos pasos hacia ella para no sobresaltarla, los blancos y largos dedos de Sakura acomodaban amorosamente los retoños y quitaban las hojas secas y cualquier maleza que se atravesara en su camino. La doncella pensó que ella podría llegar a ser una madre maravillosa, su señora parecía tener mucho amor para entregar pero no había tenido oportunidad de encontrar a la persona correcta. El amor que se tenían una a la otra era tan fraternal que Tomoyo quería que ella encontrar a alguien para amar verdaderamente, para entregar toda esa ternura guardada tras la fachada de soledad que siempre la cubría. Miró hacia las nubes pensando que la señora no había tenido oportunidad de hacerlo. La única persona con la que debía hacerlo era con su marido que la despreciaba a pesar de que pronto se convertirían en esposos para siempre. Luego recordó ella misma lo que pasaba en esos momentos por su corazón, abollado después de la decepción con su hermana. Pero el bienestar que le hacia ver al hombre de ojos amables parecía contrarrestar la fuerza de su propio y oscuro dolor.

– Tiene manos mágicas – comentó mirando como en un sutil movimiento la ultima mala hierba era retirada del rosal húmedo.

– ¿Porque dices eso? – respondió Sakura con una tenue sonrisa en los labios.

– Aun recuerdo el jardín de la casa de antes, como lo transformó y como parece estarlo haciendo con este –

– No tengo nada mejor que hacer– comento Sakura suspirando lentamente. Volvía a ella la sensación de inutilidad.

– Y… – ella misma también se aburría un poco, no de cuidarla sino de ver pasar días y días así como en ese momento, como en ese fatídico año anterior. – ¿Por qué no le pedimos a Kajo que nos deje intervenir en la cocina? Podríamos preparar nuestra comida, la de ella y la de todos los de seguridad que se apuestan en la entrada de la casa cuidándonos, recuerdo que sus colaciones gustaban mucho al señor Touya… –

Sakura sintió que su pecho se apretaba dolorosamente ante la mención de su hermano y aun más cuando los recuerdos comenzaron a invadirla. Su hermano siempre decía, cuando eran pequeños, que la comida que ella preparaba era de cuidado por que producía malestar estomacal. Ambos sabían que era mentira pero les gustaba molestarse uno a otro de esa manera. Ahora no tenía a nadie con quien bromear. Quería a Tomoyo pero bromear con ella no era apto especialmente cuando conocía la profunda pena que habitaba en el corazón de su doncella. Sonriendo brevemente se dio la vuelta y caminó con lentitud al lado de Tomoyo hasta llegar a la silla que estaba en la entrada al jardín, desde donde se podía contemplar todo.

– ¿Le puedo traer algo? – preguntó la doncella suavemente al ver que Sakura cerraba los ojos. Esta negó suavemente con la cabeza.

– Quiero quedarme aquí, y quiero que si tienes o quieres hacer algo mas lo hagas sin inconvenientes, no me va a pasar nada –

Tomoyo asintió y dio media vuelta para retirarse, la idea de estar en las cocinas aun resonaba en su cabeza y quería empezar cuanto antes. En esta ocasión no iba a dejar que el aburrimiento y lo demás se volvieran contra ellas. Ya convencería mas tarde a su señora.

Cuando Sakura abrió los ojos los vivos colores de las flores con el del atardecer le devolvieron la hermosa mirada. Volvía a sentir el corazón pesado pero no era algo fisiológico, era algo espiritual, era la conjunción de su órgano de vida con la de su alma. La congoja estaba dando paso a la anticipación, aquella voluble enemiga que iba muy ligada con la tentación. Su cuerpo parecía anhelar los besos, aquellos que había recibido la noche anterior, quería volver a saborear esa sensación de estar sensualmente atrapada bajo su esposo, quería….tantas cosas.

La espera la mataba, pero sabía que no podía hacer mayor cosa, de nada le serviría intentar imaginarse los posibles escenarios cuando Shaoran nunca hacia nada de lo que ella creía que haría. Se tocó lentamente el estomago donde parecían estar bailando tap todas las criaturas de un zoológico.

Las horas pasaron hasta que el ambiente se hizo demasiado frio para tolerarlo. Sintio que alguien le ponía un chal sobre los hombros que estaba tibio. Subió la mirada sonriente esperando ver a Tomoyo pero se encontró con la mirada de Kajo, quien aun permanecia con su estoica expresión pero su mirada no revelaba nada de lo que había visto antes en los ojos de ella.

– Gracias – dijo Sakura levantándose lentamente.

– Creo que tiene una doncella muy persistente – dijo Kajo esperando que Sakura pasara por el lado de ella para poder cerrar la puerta del jardín con llave. – Desde que la dejo acá hacia el medio día ha estado metiendo sus curiosas manitas en mi cocina – El tono de Kajo era de reproche, en realidad no podía encontrar nada negativo en este.

– Quiere distraerse en algo y es una manera de hacerlo, cocinando. Era la mejor cocinera de la villa – Sakura pensaba que si Kajo quería conversar bien podía seguirle la idea. No sabia que podría haber hecho para cambiar la actitud de la mujer hacia ellas, pero sea lo que fuere lo agradeció enormemente. Dentro de si y a pesar de todo agradecía tener al menos una aliada más. – Espero que pueda compartir sus conocimientos con ella –

– Ella quiere que usted también intervenga – comentó Kajo en voz baja.

– Mi hermano no opinaría lo mismo– comentó Sakura al azar sintiendo ganas de reírse como hacia mucho no le pasaba.

– Pues cuando quiera podemos renovar la opinión que tiene él de su cocina –

– Nunca lo volveré a ver – comentó secamente, no podía evitar sentir resentimiento hacia su hermano, que no la ayudó cuando se lo pidió – Pero me gustaría mucho hacer algo mas productivo que dormir –

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Sakura daba pasos lentos mientras se acercaba a la sala, Kajo la seguía mirándola atentamente esperando por algún signo que indicara que estaba mal.

– Puede iniciar mañana, siempre y cuando amanezca mejor – comentó Kajo.

Así que Kajo también le ocultaba la verdad. Decidió que no le importaba, lo que tuviera que pasar pasaría y lo afrontaría como siempre había hecho.

En ese momento las puertas de el frente sonaron lentamente y dos escoltas entraron portando armas en guardia. Ambas mujeres se volvieron y ellos saludaron fríamente antes de hacerse a un lado para dar paso a Eriol y a Shaoran. Siguiendo un impulso Sakura clavo su mirada en el piso haciendo la reverencia correspondiente al saludo y no mencionando una sola palabra.

– Buenas noches, Kajo. Buenas noches, señora Li – escuchó Sakura la voz de Eriol pero parecía que algo atenazaba su cuello y no podía obligarse a enfrentar la mirada de su esposo. Le daba risa interna haber pensado que podría controlar sus emociones al verlo, hasta ese momento se daba cuenta de cuan ingenua e inocente seguía siendo.

– Buenas noches, señor Hiragizawa – dijo Kajo – ¿Se quedará a cenar? –

– Si Shaoran me lo permite, aunque en realidad ese no era el motivo de mi visita –

– La señorita Daidoji esta en la cocina ayudándome a preparar la cena – dijo Kajo al azar presentándose como una inesperada aliada.

– Entonces creo que, aunque Shaoran no me invite a cenar, me quedaré – el silencio reinó por unos segundos luego fue brutalmente roto por la pregunta seca de Li.

– ¿Cómo estas? – el silencio respondió a la solitaria intervención de Shaoran que miraba la encorvada y delgada figura de su esposa con cierta inquietud, una que se partía entre la preocupación por su estado de salud (algo que no quería sentir) y entre la irritación por no poder verle la cara.

– Bien, gracias – fue la respuesta igualmente seca de Sakura.

Eriol se volvió a Kajo y le guiñó un ojo. Ambos se dieron a la sutil retirada dejando a los dos solos en la sala. Sakura quiso gritarles que no la dejaran sola, pero se daba cuenta de que era momento de enfrentar a su esposo y ver que sucedía, en qué se convertía toda esa anticipación.

Aun con la mirada baja sintió los pasos de él acercándose lentamente a donde ella estaba, la costosa alfombra no disminuía el peso de estos y ella sentía cada vibración dentro de su pecho. Quería mirarlo, ver su cara, sentía de pronto que moriría si no lo veía pero su propia timidez le impedía actuar.

Shaoran tuvo que reprimir un gruñido cuando sus propias emociones comenzaron a manifestarse en su cuerpo. Principalmente en su corazón que saltaba en su pecho como nunca antes le había pasado. A medida que se acercaba el olor de la piel de ella comenzó a llamarlo, lo identificó en seguida e hizo que la noche anterior volviera a repetirse. Los hombros estrechos estaban cubiertos por una costosa pashmina de seda y lana que servía para verse elegante y al mismo tiempo para abrigar. Aun con su cabeza gacha portaba la prenda con un aire de superioridad, de la que sabia perfectamente, ella no era consiente. Como si se tratara de una princesa… una reina. Sus poéticos pensamientos bien podrían parecerle tontos incluso a si mismo pero ahora que la observaba bien, que sabia como era la forma de su rostro, su piel impecable y sus imposibles ojos verdes podía afirmar con total seguridad que no desentonaría en ningún evento esnob.

– Levanta tu rostro y mírame – le ordenó con fuerza. ¿Acaso para ella era un suplicio mirarlo? Seguía inmóvil y al parecer sin ninguna intención de moverse – ¿No sabes que una esposa debe obedecer a su esposo? ¿Olvidaste tan pronto la determinación que tomé desde ayer? –

Eso hizo que la cabeza de ella se levantara como él lo había pedido, con tanta lentitud que Shaoran la veía como si fuera en cámara lenta, como la luz iluminaba su suave barbilla, después la nariz pequeña y finalmente los ojos que hicieron contacto con los suyos de una manera alarmantemente profunda. Si, sabía que los ojos de ella eran extrañamente bellos, pero hasta ese momento no se había dado cuenta de cuanto. Eran profundos almendrados y brillantes. Y lo miraban de una manera en la que nunca en su vida había sido mirando. Deslizo los suyos hacia los labios entreabiertos que le mostraban lo agitada que se sentía, pero no estaban morados como el día del colapso sino rosados, tentadoramente rojos. Se acercó dispuesto a besarla. Era su esposa y podía hacerlo. Ella no podría interpretar ese beso como un gesto de cariño. Sabía que ella tenía conocimiento de los sentimientos que le albergaba.

Se acercó aun más, hasta que solo un paso los separaba. Sakura se obligó a levantar la cabeza dada la elevada estatura de Shaoran y lo miró. Iba a besarla, lo sabía y secretamente lo ansiaba. El aire frio golpeó suavemente su cara cuando la palma de la mano de Shaoran se posó en su mejilla derecha abarcándola completamente. Shaoran sentía que su propia mano absorbía el calor de esa arrebolada mejilla.

La joven cerró los ojos y esperó lo que tanto deseaba que llegara, por lo que sentía que se estaba consumiendo. Percibía el aliento de él sobre su propia boca, quemándola. Lo único que deseaba hacer era desvanecerse, o aún peor apretar su boca a la de él y que le hiciera lo mismo que la noche anterior. Pero el beso nunca llegó. Sintio la emoción del rechazo y abrió los ojos llenos de lagrimas dispuesta a preguntarle por qué no la besaba y por qué jugaba con ella de esa manera. Era cierto que no la quería, pero no tenia por que tratarla así. Abrió la boca para empezar a reclamarle cuando miró hacia el comedor y vio que Eriol estaba ahí de pie, mirándolos, por su postura, desde hacia un tiempo.

– Kajo dice que la cena está servida – Miró seriamente a Shaoran que ignoró el interrogante en la mirada y se apartó de Sakura para caminar hacia el comedor.

Sakura secó disimuladamente sus lágrimas y siguió la misma dirección que Shaoran. Eriol le ofreció amablemente el brazo y la joven se apoyó en este sintiendo que podría caerse en cualquier momento si él no la sostenía. Sentía como si una aplanadora le hubiera pasado encima. Nunca hubiese creído que una persona podía sentir tantas cosas a la vez y vivir para contarlo. Hablaba por ella, por que había pasado del deseo, a la decepción, a la angustia y al rechazo en un santiamén. Descubrió a Eriol mirándola fijamente mientras caminaban hacia el comedor como si meditara sobre qué decirle, pero Sakura no quería escuchar nada. Simplemente quería quedarse en paz y no volver a sentir nada de esas tormentosas sensaciones.

El comedor estaba iluminado por la lámpara antigua. Le daba un aire de relajación que no conmovió a Sakura en ese momento cuando siempre lo había hecho. Tomoyo estaba sentada en un lado mirándola fijamente cuando llegó de brazo de Eriol. Shaoran también los vio y al igual de la doncella sintió una molestia en el pecho a la que no supo identificar. Eriol era un hombre atractivo y Sakura una joven hermosa, hacían tan bonita pareja que Shaoran tuvo el infantil impulso de preguntarle a Eriol por que no había aparecido antes de que se hubieran casado. El silencio era tan palpable como el ambiente pesado. Sakura recogió sus piernas y se sentó delicadamente al lado de Shaoran como le correspondía, más bien como estaba dispuesta la mesa ya que los platos estaban distribuidos con Shaoran a la cabecera y Sakura a su izquierda, a su derecha Eriol y frente a él la doncella.

Kajo trajo el arroz y los demás complementos de la comida y sirviéndolo ellos comenzaron a comer.

Sin poder evitarlo los ojos de Shaoran se volvieron hacia su esposa. Aun sentía en su cuerpo los fogonazos de calor que lo habían inundado cuando se había acercado a ella. Había algo en Sakura que lo atraía y tenia que descubrir pronto que era para poder quitarlo de en medio. No tenía intenciones de sentir por ella nada más que lo de ahora. Quiso retirar los ojos pero tal como le había pasado en otra cena con ella, le resultaba imposible. Ella sentía los latigazos de la mirada de él. Quería preguntarle que le estaba mirando y secretamente deseaba no tener nada desagradable en la cara o en la vestimenta que produjera que él la mirara así. Quería devolverle la mirada pero sabia que sus mejillas sonrosadas la delatarían al hacerlo y recordar lo que había estado a punto de pasar en la sala.

Tragó la comida pero le sabía a cartón, su lengua no se permitía saborear las delicias que había frente a ella objetivamente. Parecía que la había desconectado de su cerebro. Aun así pudo distinguir el sabor de esa salsamentaría especial producto de la imaginación y coccion de Tomoyo y que tantos buenos y pocos recuerdos le traía de la villa, pero no podía agradecerle ahora.

Aparto sus palitos lentamente sintiendo los ojos de Shaoran sobre todos sus movimientos. La mirada la estaba afectando y de una manera negativa, se sentía intimidada y su primer impulso fue huir, exactamente como iba a hacerlo en ese momento. Podía hacerle frente a Shaoran enfadada, era consiente de ello. Pero con su cuerpo bajo esa dolorosa y excitante presión no podía sentirse más débil.

Se levantó lentamente de la silla y haciendo una reverencia de disculpa caminó lentamente hacia la habitación.

Shaoran la vio desaparecer silenciosamente sintiendo que todos los impulsos de su cuerpo le gritaban que fuera tras ella. Sabia por que se había ido y en el fondo su intención no había sido incomodarla. Solamente que ella había lanzado sobre él ese hechizo que le impedía dejar de mirarla, que lo atraía a ella inexorablemente, que lo inducia a evaluar cada perfecto rasgo de su cara y congraciarse internamente de saber que toda esa belleza era involuntariamente suya, inclusive el juego de sus suaves músculos al masticar la poca comida que había ingerido había logrado fascinarlo.

A pesar de estar tan concentrado en ella también se percató de las pocas picadas que le dio a su plato y se preguntó que tan positivo era eso para una persona con la constitución tan delicada como parecía ser la de ella. Se puso de pie involuntaria o voluntariamente, ya no sabía como definirlo y lanzando la servilleta a la mesa salió siguiendo los pasos de Sakura. No la iba a dejar escapar. Ya habían tenido suficiente de huir los dos, era tiempo de… ¿de que? Se preguntaba una y otra vez mientras la distancia a la habitación parecía hacerse cada vez mas corta.

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El silencio reino en el comedor cuando los dos ser marcharon. Eriol había sido un poco mas sutil que Shaoran y había mirando a Tomoyo con mas disimulo pero podía respirar en el ambiente la presencia de la doncella de una manera casi enfermiza. Estar cerca de ella anulaba cualquier pensamiento coherente y eso quedó más que patente cuando de su boca brotaron las palabras que le hubiera gustado decirle cuando hubiesen tenido más confianza, pero que ahora escapaban de él sin poder contenerlas.

– Me gustaría poder verla mas seguido – soltó. Al final había concluido que lo mejor era comenzar a atacar de frente, ya no quería seguir perdiendo el tiempo. Quería saber lo que se sentía estar al lado de una mujer como Tomoyo Daidoji. Tuvo la secreta satisfacción de ver como ella tragaba y la comida se iba por el camino equivocado seguramente por la sorpresa. Eriol había creído dar muestras de su interés hacia ella pero parecía que no se había percatado. Hasta ese momento.

– Me esta viendo ahora – dijo después de toser delicadamente. Miraba fijamente sus manos que parecían haber comenzado a temblar casi imperceptiblemente.

– Creo que sabe perfectamente a que me refiero – atacó Eriol inclinándose sobre la mesa. Aunque la distancia de la madera los separaba podía percibir el olor a flores que emanaba de ella y esto hizo que se pusiera en tensión todo su cuerpo. La atracción que sentía hacia ella se estaba intensificando. Y que mejor momento que ese en el que ella no tenia a nadie detrás de quien esconderse.

– Me temo que no… – dijo la temblorosa voz.

Eriol suspiro podía hacerlo fácil o difícil pero ella tendría que saber cuales eran sus intenciones.

– Usted me gusta – era un termino vano para describir toda la gama de sensaciones que estar cerca de ella le producía, pero parecía que su pulcro vocablo se deshacía cuando esos ojos amatista se posaban en los suyos, muy abiertos por la sorpresa y tal vez por algo de dolor.

– No puedo gustarle – declaró con la seguridad de un hombre.

– Nadie manda en los sentimientos, puede que usted no me conozca y que yo no la conozca a usted pero me inspira algo especial, algo que no había sentido con ninguna mujer antes –

La negativa de Tomoyo radicaba en tres partes. La primera era que un hombre con tal distinción, atractivo y alegría no podía sentir nada por ella. La segunda que había escuchado un argumento similar de aquel que había traicionado sus sentimientos tiempo atrás. Y tercero… el aire parecía estar abandonando sus pulmones al sentir esa mirada que él tenia sobre ella. No podía hallarle significado, solamente podía compararla con la manera en la que Shaoran Li miraba a su señora. Secretamente había deseado despertar un sentimiento así en algún hombre, puede que el señor Li no se diera cuenta pero el ardor en su mirada lo delataba. Ahora sentía sobre ella esa que había deseado y la añoraba pero al mismo tiempo la temía. Temía por que Eriol hiciera más pedazos de su corazón.

– Yo no… – quería pedirle perdón, quería salir corriendo detrás de su señora, quería tantas cosas…

– Yo puedo gustarle, sé que no me cree pero puedo hacerlo, puedo hacer que corresponda a mis sentimientos si me deja acercarme – dijo Eriol imprimiendo tanta pasión en su voz como la que estaba consumiéndole el alma, junto con la ansiedad por su respuesta.

Tomoyo quiso decirle que ya le gustaba, pero se sentía tan tímida como una niña, la que en el fondo sabía que seguía siendo. Eriol se paró de su silla y por unos momentos la doncella pensó que tiraría abajo la mesa y descargaría su ira con ella, tal como su padre cuando era pequeña pero él simplemente le dio la vuelta a la mesa y se quedó de pie al lado de ella.

Sabia que se estaba humillando pero no podía esperar mas, tendría que saber de una vez por todas si Tomoyo Daidoji era o no la mujer por la que valía la pena luchar. Se arrodilló con una pierna a un lado de la silla de la doncella que lo miraba entre fascinada y horrorizada.

– ¿Qué esta haciendo? – le siseo consiente de que Kajo podía volver en cualquier momento, pero a él no parecía importarle.

– Me inclino ante usted para pedirle humildemente que sea mi esposa –

Shock, seguramente se trataba de eso, la visión de Tomoyo se oscureció por momentos, las manos temblaron mas fuerte y la respiración se agitó. No podía ser, no. Se pellizcó disimuladamente para convencerse de que no era un sueño y el dolor en su delicada piel terminó por darle la prueba.

Tenía miedo, este invadía sus venas con su pesadez, su fealdad. La comenzaba a abrumar y se llevaba la poca fortaleza que le quedaba….

No.

No quería volver a lo mismo. Por su sumisión con su familia había sacrificado su felicidad a cambio de un mal hombre que la había engañado. Por su docilidad con su familia ellos se habían aprovechado. La única persona que había manifestado cariño por ella era Sakura… y ahora Eriol. ¿Qué debía hacer? ¿A quien pedir concejo? ¿Debía decirle que si de una vez? Esas y miles de preguntas más se arremolinaban en su cabeza sin orden ni concordancia.

– No me haga responderle ahora – se volvió en la silla decidida a tomar las riendas de su vida por primera vez.

– ¿No va a decir que si? – A Tomoyo la sorprendió el profundo deseo de responderle afirmativamente pero sentía que no debía tomar esa decisión a la ligera como había hecho con tantas a lo largo de su vida. En los ojos de Eriol solo podía ver sinceridad, bondad. La tentación era grande pero… ¿Pero...? ¿Qué te detiene?

La idea de separarse de Sakura para aventurarse a una vida al lado de ese desconocido la turbaba pero podían conocerse…

– Yo creo…que… – se atragantó levemente pero consiguió fuerzas de donde no tenia para decirle – quiero verlo mas seguido – dijo retomando la idea original que Eriol había tornado en una proposición de matrimonio, mas rara incluso que el mismo matrimonio de Sakura.

Eriol sonrió para si mas mantuvo su estoica mascara facial. Era un paso y por la alegría que inundaba su pecho uno bastante grande. Cuando la visitara más seguido ella se acostumbraría a su presencia y tal vez así aceptaría. Asintiendo lentamente su puso de pie y le ofreció la mano. Tomoyo levanto la de ella dubitativamente y se la entregó en un símbolo pequeño de que comenzaba a confiar en él. Luego el llevó esa blanca mano a sus labios y la beso con tanta ternura que las lagrimas casi inundan los ojos de Tomoyo.

– No se arrepentirá. Verá que puede darme una oportunidad y le prometo que, sin importar lo que haya pasado en su vida anterior, no la voy a defraudar. –

Y a pesar de que muchas dudas se asentaban en su cabeza Tomoyo le creyó, porque necesitaba hacerlo. Porque necesitaba aferrarse a algo más que esa soledad seca que se había comido lentamente su alma… ese rencor tenía que desaparecer. Tuvo claridad en ese momento cuando sus instintos más profundos le decían que Eriol Hiragizawa era un buen hombre, que aun siendo amigo del señor Li era amable con ella y con su señora. Y que sentía celos cada vez que miraba con cariño fraternal a Sakura y no a ella. No sabia como se sellaba una promesa, tan solo levanto la mano de Eriol y la besó a su vez levemente esperando no estar siendo atrevida.

La mano de Eriol picó placenteramente al sentir el contacto de sus labios. Hubiese dado su vida por un beso pero las buenas cosas se hacían esperar. Sabía que el día que probara la boca de la doncella la antelación haría ese momento insólito e inolvidable.

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Sakura sabia que venia tras ella, lo percibía en su sangre como si su mismo cuerpo pudiera, con algún sentido animal, estar conectado al de él. Hizo lo posible por caminar rápido y poder llegar a la habitación. Cambiarse y meterse debajo de las sabanas como medio de protección. Ese había sido el plan original si no fuera por que en el fondo de si sabia que él la alcanzaría y tendría que confrontar su huida.

Cruzo el umbral de la habitación que estaba tenue y románticamente iluminada por las mesas de noche. Pero no había nada romántico entre las dos personas que se acostaría en esa cama, ya no, pensaba Sakura mientras en medio del silencio escuchaba los pasos leoninos de Shaoran acercarse mas y mas.

Cuando su sombra y su imponente presencia lleno la puerta de la habitación Sakura supo que no había escapatoria, pero una voz desconocida en su interior le hizo preguntarse feamente si verdaderamente quería escapar.

La florecilla temblaba tanto que aun a la distancia en que se encontraban Shaoran lo pudo notar. Pero no sabía si era de miedo o excitación. Todavía. La tensión sexual que sentía dentro de si parecía estarlo consumiendo lentamente apartando todo sentimiento diferente al de finalmente tener relaciones sexuales con su esposa. Hacia tiempo que no se acostaba con nadie y su cuerpo había comenzado a mendigar por atenciones placenteras intensificándose estas desde la noche anterior cuando había estado tan cerca, tan encima de ella. Era un amante experimentado pero aun así podía sentir como sus manos temblaban levemente al pensar en tocar esa inmaculada piel otra vez. Dio un paso mas entrando y cerrando la puerta de la habitación tras él, no quería que nadie interrumpiera esa seducción que estaba planeando para ella. Puede que no se gustaran en la vida diaria pero él haría que en la cama fueran compatibles. Después de todo ella era la única mujer que tenia a la mano que era segura hasta que no descubriera el complot.

Sakura escuchó el clic de la puerta al cerrarse y se intensifico su angustia. Que pasaría era lo que se preguntaba una y otra vez mientras sentía tras su espalda que él se acercaba más y más hasta que sintió en sus hombros el roce del pecho. El calor que emanaba de él parecía estarna asfixiando de una manera tolerable, deseable. Se sentía encerrada y cuando debía sentir miedo lo que percibía en ella era un profundo deseo de que él la abrazara de la manera en que ella necesitaba. Que había necesitado siempre. Un abrazo de anhelo. Percibió los dedos de Shaoran en su cabello apartándolo lentamente del lado derecho de su cuello. Escucho su inspiración lenta y seductora. Parecía estarle olfateando el pelo y eso era extraño. No pensaba que fuera de ese tipo de hombres que olían a las mujeres, aunque siempre pensó que las mujeres con las que siempre aparecía en la fotos eran de esas que usaban perfumes caros. Ella no usaba perfume, era terriblemente alérgica, solamente se ponía aguda de flores. Tomaba los pétalos que estaban por secarse y los mojaba aplicándolos tras sus orejas. Nadas más.

Maldito olor, pensaba Shaoran mientras este lentamente penetraba por sus fosas nasales, el resplandor de la blanca piel de su cuello cuando aparto el cabello lo llamaba intensamente a morderla y tal vez marcarla suavemente. Sabia que esa piel de porcelana era delicada pero aun si quería….saborearla? Nunca había sentido ese deseo por nadie, cuando estaba con las mujeres normalmente era para sacudirse una necesidad corporal. Jamás había prolongado el contacto entre la piel pero ahora con ella quería catarla suavemente. Y lo haría, solo que esperaría que ella estuviera cegada por la seducción, así se entregaría sin reservas y no la asustaría al cumplir ese extraño deseo de saborear la piel blanca. El cabello entre sus dedos era de una textura demasiado sedosa. Delgada como si el mismo cabello fuera de terciopelo. El color castaño brillaba aun a la tenue luz de la habitación y olía de forma malditamente maravillosa. Quería enterrar la nariz en el y olerla como un perro hasta cansarse de ese olor. Lentamente subió su otra mano y la poso en el estrecho hombro sintiendo como ella se estremecía suavemente. Bueno, no era del todo indiferente. Soltando el cabello sintiendo la brisa que este hizo al caer sobre los hombros le dio la vuelta lentamente y sus enormes ojos lo miraron sin mencionar palabra. No estaba en Shock pero tampoco estaba muy seguro de que no fuera estarlo si no hacia algo pronto.

De sus hombros sus manos subieron al cuello donde sintió en el lado izquierdo el palpitar alocado de su corazón. Sabia que debía ser cuidadoso, cuando estuvo enferma no se le ocurrió preguntarle al medico si ella podía tener vida sexual estando así. Pero nada de eso parecía importar… ¡Maldición! Claro que importaba. No quería matarla y que ese olor se extinguiera del planeta como ella. Ahuecó su cara en sus manos y procedió a besarla como había querido hacerlo una hora antes. Esperaba que ella se resistiera, de hecho estaba tensa mientras ponía sus labios sobre los de ella y los besaba castamente, pero cuando sintió que la pequeña boca se abría voluntariamente sus buenas intenciones se fueron a paseo. Impuso mas fuerza en su agarre y ella sorprendentemente le devolvió la ferocidad del beso haciéndole preguntarse cuando ella deseaba que pasara eso.

En el momento en que los labios de Shaoran la besaron Sakura supo que algo desconocido se había desatado en ella. Tenía toda la piel extremadamente sensible a él incluso desde antes de que le oliera el pelo. Sentía el fuego crecer en la parte baja del estomago algo que nunca le había pasado. La epidermis le cosquilleaba mendigando por una caricia algo que hiciera ese ardor menos intenso. Pero al sentir los labios besándola mas atrevidamente solo se sintió en capacidad de responder. Tal vez si le daba pasión a su cuerpo ese sentimiento que había empezado a invadirla menguara un poco.

Si Shaoran no tuviera la seguridad de que su esposa era mas virgen que ninguna otra mujer habría sentido dudas al verla responder de esa manera, de alguna forma equiparaba cada pedazo de pasión que el daba al momento, unos momentos antes estaban separados al siguiente sus manos se cerraron sobre la delgada cintura y la empujaron hacia él irremediablemente. Era blanda, porcelanica, delicada y aun así parecía ser tan apasionada como una mujer normal. Una de sus manos abandono su cintura para acariciarle con fuerza la mejilla sintiendo bajo las yemas de sus dedos una suavidad imposible. Ella lanzo un suspiro dentro de su propia boca, el sonido del gemido fue ahogado por los labios de Shaoran que devoraban la antes inocente boca con codicia.

"¿Que demonios estoy haciendo?" la retorica pregunta se desplazaba una y otra vez entre las descargas de adrenalina y neuronas de su cerebro pero cada vez la escuchaba con menos fuerza, ahora lo único que cantaba con magnitud era el llamado del instinto primario. Cerró los dedos suavemente sobre el cuello y después bajo su mano hasta el hombro. Quería ir mas allá pero no sabia como reaccionaria ella. Luego pensó que no importaba como reaccionara, era suya para cualquier cosa que deseara. Con ese pensamiento su mano atrapo suavemente el seno derecho descubriendo que no era en absoluto un pecho plano como había pensado desde que la vio. Es cierto que su constitución era delgada pero al retirar la mano de su cintura y cerrarla con fuerza sobre las caderas de Sakura se dio cuenta de que no era falta de curvas en absoluto. Solamente que los vestidos que usaba la hacían parecer así. Se dijo que desde ese momento la obligaría a usar la ropa que había comprado anteriormente con Eriol y con la doncella y a diario. Ya tenia suficiente de kimonos de la villa.

Una sensación eléctrica viajo desde el pecho de Sakura hasta su bajo vientre. Era una sensación cruda y deliciosa que hacia que todo su cuerpo quisiera apretarse contra esa mano. Un oscuro sentimiento de desear que le apretara el pecho un poco más fuerte la atenazo violentamente al igual que otra descarga eléctrica. Separo sus labios de los de Shaoran emitiendo un gemido bajo, de rendición, derrota, deseo, no podía saberlo solamente quería que terminara, que continuara… estaba agobiada por la confusión.

Shaoran pasó los labios lentamente por la nariz de su esposa sintiendo salir el aire de sus fosas nasales con gran rapidez. El corazón detrás del pecho que tocaba latía rápidamente, podía sentirlo. Pero ella no estaba morada ni sus labios tampoco. Al mirarla a los ojos vio que estaba agradable y sensualmente sonrojada sus ojos permanecían cerrados como si tuviera pena de mirarlo.

– Mírame – A él le gustaban sus ojos así que volvió a pedirle que lo mirara como una oración. No había nada frio en su voz solamente el pedido amable de un hombre a su esposa. Sakura no pudo hacer nada más que obedecer. el corazón bajo su palma redoblo el ritmo. – podemos hacer esto ahora o podemos detenernos pero en algún momento vas a tener que convertirte en mi esposa –

Los ojos de Sakura se oscurecieron. Sus manos habían permanecido a ambos lados de su cuerpo tenso, ahora se daba cuenta de que había sido él quien había realizado todos los movimientos. Una esposa podía tocar a su marido pero era tal su concentración en todas sus emociones que no había podido reaccionar y parecía que el había interpretado su inercia como signo de que no quería ser su esposa. Pero quería, claro que quería ser la esposa de Shaoran, quería que con esto desconocido que estaba a punto de experimentar pudieran subsanar algo de la situación en la que se encontraban y poderla hacer mas llevadera, quizá convertirse en buenos amigos… en amantes…

Sakura subió sus manos y las puso en los antebrazos de Shaoran en la misma posición en que él había dejado sus manos, una en su pecho y la otra rodeando sus caderas.

– Yo… quiero – sintió el fuego renacer en sus mejillas. Tenia el impulso de echarse sobre la cama cerrar los ojos y dejar el cuerpo quieto esperando que el reaccionara como quisiera, que la tomara en silencio y nada mas. Pero no podía hacerlo, ella también quería tocarlo y no sabía si ese pensamiento era el correcto. Deslizo lentamente sus dedos por el antebrazo que tocaba su seno hasta que encontró la barrera de la camisa, quería seguir, quería saber como era la textura de su piel, de sus músculos – Quiero ser tu esposa – dijo torpemente por el temblor en su voz.

– Así que si yo quiero…. – dijo el en un susurro ronco quitando la mano de su pecho y deslizándola suavemente por el de él – que me toques…. ¿Lo harás? – Detuvo su mano abarcando la parte superior derecha copiando el toque que había dado al cuerpo de Sakura pero en el de él mismo.

– ¿Quieres que lo haga? – pregunto ella igualando el tono de su voz pero con la vibración del miedo escondido tras la audacia que estaba a punto de flaquear.

– Si – respondió él solemnemente sintiendo como la sangre se concentraba en la parte inferior de su cuerpo.

– ¿Co –cómo? –

Shaoran se sorprendió y se sintió a la vez complacido de que ella le preguntara eso. En sus manos podía moldear a esa mujer para que se adaptara a sus necesidades parecía ser una mujer ávida de conocimiento y era una educación que solo quería darle él. Que solo le daría él.

Lentamente movió las manos del cuerpo de ella y las de ella también. Luego mirándola a los ojos comenzó a desabrochar lentamente los botones de su camisa hasta que se la sacó toda lentamente.

– Lo primero es estar en igualdad de condiciones – la pasión en su voz traicionaba el tono académico que quería imprimir en la lección. Sakura abrió mucho los ojos pero no fingió que no entendía lo que él quería decir. Asintiendo lentamente comenzó a desatar los botones laterales de su kimono. Lo hacia lentamente y Shaoran seguía pensando que si no supiera quien era ella habría dicho que lo quería provocar, pero la lentitud de sus movimientos obedecía al temblor de sus manos y su miedo.

Cuando el primer atisbo de piel desnuda quedó a la vista Shaoran supo que iba a disfrutar mucho con esa experiencia. Las capas de tela y prendas desaparecieron de los cuerpos de ambos hasta que el aire frio los rozaba completamente. Nunca en su vida se había sentido tan estimulado como en ese momento cuando contemplaba a la perfección hecha mujer tan desnuda como debió venir al mundo y tan pudorosa como la virgen que era. En un momento dado temió acercarse y también temió ser el corruptor de esa pureza, pero el instinto volvió a ganar la partida y de una manera radical. Ahora podía tocar, como lo estaba haciendo en ese momento toda la cálida piel sin en estorbo de la ropa. Ella seguía su ejemplo. Cada caricia que le prodigaba era duplicada por ella. Cada atrevido roce era igualado en pasión. Sakura sentía que se caldeaba por dentro presa de una tensión insoportable que parecía querer hacer explotar su cuerpo. Shaoran la besaba suavemente en el cuello en ese momento mientras sus brazos se deslizaban por su espalda hasta abarcar sus glúteos y empujarla suavemente contra el y contra lo que tenia entre las piernas, tan diferente a ella pero aun así tan hermoso en su rotunda virilidad. Al principio cuando pudo detallar todo el cuerpo de su esposo se pregunto por cuanto tiempo y cuantas veces su propia curiosidad la había llevado a imaginarlo de esa manera a pesar de la inocencia de su mente. Ahora su fantasía se hacia realidad y superaba sus expectativas. Era como un dios de literatura griega. No tenia realmente referencias con que compararlo pero sabia que él era magnifico. Se sentía minúscula e insignificante a su lado pero mientras el la tocaba. Mientras marcaba los lugares de su cuerpo que ni siquiera sabia que tenían tanta sensibilidad supo que de alguna bizarra manera él la valoraba.

Mientras apoyaba suavemente la cabeza en la almohada y sentía que él cernía su cuerpo suavemente sobre el de ella y la seguía besando mientras ella le acariciaba los hombros, la espalda, los glúteos. Esos pensamientos la consumieron en una alegría que jamás había sentido. Saberse deseada por Shaoran era mas de lo que podía haber querido. Solamente necesitó esa sensación para terminar de enamorarse de él y aunque sabia que este no sentía nada por ella podría manejarlo, podría si se esforzaba intentar que el siguiera deseándola y tal vez en tiempo él descubriera que podía amarla, por que ella lo amaría de vuelta.

Shaoran se sintió en el paraíso cuando se adentro suavemente en el cuerpo de su mujer. Era cálida receptiva y virgen. Sintio el estremecimiento cuando penetró esa intangible barrera. Nunca se había acostado con una virgen y contrario a la aversión que había esperado sentir lo que lo embargó fue un sentimiento de posesión demasiado primitivo. Porque era la única mujer que desde el inicio había sido suya. Había sido de su propiedad desde que los casaron, nunca había conocido el tacto de ningún hombre hasta él y sabia en el fondo de su ser que eso la hacia especial y que sin quererlo realmente le estaba otorgando un lugar dentro de su vida que jamás creyó. Quería apartarse, negarse el placer de copular con ella pero era demasiado placentero, más real que cualquier relación sexual que hubiese tenido con anterioridad y mientras sentía en su cuerpo que el momento cumbre estaba por llegar supo que ella había llegado más allá y que a pesar de lo muy placentero que fuera todo no podía permitírselo.

Sakura sintió que un puño invisible apretaba todo su cuerpo presa de una tensión altamente sensitiva que poco a poco fue ascendiendo hasta que llego a al cúspide y a un cielo que no creyó que existía, el puño dejo de apretarla lentamente dando paso a una sensación lenta y agobiante que poco a poco fue descansando hasta que se sintió laxa y con mucho sueño. Aun así no quito sus brazos de encima de Shaoran simplemente cayo dormida en medio de su placentera languidez.

Shaoran sintió el cuerpo de su esposa relajarse completamente hasta que por lo profundo de su respiración supo que se había quedado dormida. Se levanto lentamente cuidando de no despertarla y cuando salió de ella y de la cama la cama alcanzo sus pantalones, se sentó en una silla cercana y se dedico a observar el cuerpo levemente arropado por la sabana con el que momentos antes vivía el orgasmo más intenso que jamás había sentido.

Esto tenía que parar.

La pregunta era… ¿Cómo?