Buenas Noches

Y Feliz Año 2013

Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP.

Capitulo XIX

Dinastía Li

Eriol sintió los suaves brazos de Tomoyo ciñendolo y devolvió toda la fuerza que fue capaz hacia ella. Los hombros de esta se sacudian sin control como si estuviera llorando. Lo estaba haciendo, pensó el hombre cuando escuchó el primer sonido ahogado salir de su garganta. Intentó separarse de ella para que lo mirara y asi poder saber que era lo que la atormentaba de esa manera que le hacia llorar asi pero ella interpretó mal la fuerza que hizo para separarlos y se aferró aun mas a él casi sacadole el aire. Sentia cada parte del cuerpo de la mujer contra el suyo y aunque intentó que su mente pensara en otra cosa menos en algo lascivo seguia siendo un hombre, un hombre enamorado de esa mujer que lo abrazaba y no podia ser inmune.

Tomoyo sentia la resistencia de Eriol pero no podia imaginarse el motivo por el cual él queria apartarla, solamente sabia que necesitaba ese abrazo consolador mas que nada en el mundo y que no iba a dejar que nadie se lo quitara, ni siquiera la misma persona que se lo estaba dando. Cuando sus brazos protestaron a gritos por que dejara de hacer fuerza Tomoyo comprendió que habia llegado el momento de darle la razon a Eriol y separarse de él.

Dio un lento paso hacia atrás e intentó no mirarlo pero a diferencia de ella él no apartó las manos e hizo fuerza para que no se separara cuando volvio a intentar dar el paso. Esto propició lo que Eriol queria, que Tomoyo lo mirara a los ojos.

La joven sintió un calor en el estomago mezclado con una sensacion de revoloteo. Él la miraba intensamente como si quisiera meterse dentro de su alma y en el fondo de su ser queria permitirselo. Queria confiar y abrirse a él.

Eriol miró el rostro de su amada deseando profundamente besarla sin que ella se sobresaltara, sabia que era tan inocente como una niña, una infante metida en cuerpo de mujer, pero queria ser quien la despertara, no queria apartarse de ella nunca mas.

Inclinó su figura lentamente para intentar no subyugarla fijando su mirada en sus ojos esperando que en ellos, más allá del deseo carnal que sentía, ella pudiera ver el amor que estaba instalado en su corazón.

Tomoyo sentía cada vez más cerca y acercándose lentamente la respiración del señor Hiragizawa, era una caricia cálida que sentía sobre su nariz y boca que la hizo boquear a ella en respuesta en búsqueda de ese aire y el que respiraba para vivir. El corazón le palpitaba en la garganta y un gemido ahogado salió de está sorprendiéndola. Lo que sentía en ese momento no era nada, nada comparado con la situación que había vivido tiempo antes en donde ese hombre, tan diferente a Hiragizawa, tomó su boca sin miramientos mientras que ahora, él se acercaba lentamente como si de alguna manera estuviera pidiéndole permiso para proceder. Esta vez la que decidía era ella y no el hombre y pudo sentir la gran diferencia de trato, y también la diferencia de sentimientos. Con ese hombre todo había sido muda adoración y quizá algo de miedo y hubiera deseado más que nada que ningún miembro de su familia hubiera tenido nada que ver con él, pero su hermana había elegido, intentando ridiculizarla y seguramente ahora estaba sufriendo mientras que Tomoyo era ahora recompensada al fin con esta gama de sentimientos tan puros y aterradoramente desconocidos.

Cuando los labios de ambos hicieron contacto la joven sintió chispas que de esos labios se repartían a su cara y cuerpo, suspiró fuertemente dando la impresión de haber soltado otro sonido ahogado de su garganta. Eriol se quedó quieto ante el primer toque dándole tiempo de que se adaptara y tal vez lo apartara, esperando la reacción de ella y yéndosele la vida en ello. Ella seguía mirándolo y a la vez permanecia quieta como si quisiera…

- – Más…– murmuró Tomoyo suavemente cerrando finalmente los ojos para experimentar ese cosquilleo tan placentero de una manera más intensa. Con su autorización Eriol terminó de acortar la distancia entre ellos y acunando el rostro de la joven con ternura selló sus labios con ella y comenzó a moverlos suavemente guiándola con paciencia.

Tomoyo repetía los movimientos de Eriol, sentía los labios que la fascinaban besándola lentamente y cuando halló el modo volvió a querer más. Cuando el sonido pidiéndolo había salido de su boca se había dado cuenta de que había pensado en voz alta y cuando Eriol se lo dio no pensó en la vergüenza momentánea, él era todo lo que había soñado y más…

Más…

La lengua de Eriol trazó tímidamente el contorno de los labios de Tomoyo y esta automáticamente abrió la boca para darle paso. El desenfreno comenzó en menos de nada. Ambos después de unos segundos parecían querer devorar al otro y solamente en el momento en que ambos necesitaron más aire del que sus narices les podían proporcionar decidieron separarse. Eriol apoyo la frente con la de Tomoyo intentando recuperar el aliento y ella permanecia con los ojos cerrados como si estuviera soñando. Luego él la abrazó y ella apoyando la cabeza en su pecho escuchó cómo lentamente el corazón del hombre iba ralentizándose.

Esa era la última prueba que Eriol necesitaba para saber que Tomoyo Daidoji era la mujer de su vida. Su ternura y la pasión escondida bajo su caparazón de tristeza era complemento para él y estaba dispuesto a hacerla feliz y a esperar a que ella quisiera contarle por que la tristeza de sus ojos. Pero mientras tanto la abrazaría, como había querido hacer desde el momento en que la vio por primera vez

/../

La respiración seguía siendo errática, pensó Shaoran mientras observaba desde la entrada de la habitación el desigual subir y bajar del pecho de Sakura, había entrado segundos antes y había arropado sus tentadoras piernas. Eran más de las once de la mañana y aun a pesar de él mismo había estado pendiente de que bajara y cuando no lo había hecho se había preocupado. Cuando la había visto acomodada de cualquier manera en la cama pero siempre al lado izquierdo se había acercado al ver tanta piel al descubierto. Cuando la había arropado había escuchado el sonido ronco de su respiración y lentamente le había dado la vuelta, el sonido no se calmó lo cual le hizo pensar en una crisis que pudiera estar padeciendo, pero no estaba azul como la última vez y aunque su respiración era desigual el pulso seguía fuerte. Se lo había tomado en el cuello esperando que ese toque no la despertara y no lo había hecho, debía estar agotada.

Ahora la miraba nuevamente desde la distancia que le diera tiempo de escabullirse y que ella no se diera cuenta de su presencia, pero no parecía querer despertarse pronto lo cual no era un comportamiento normal según Kajo. Así que estaba agotada por otro motivo. No quería sentir curiosidad pero a su pesar lo hacía.

Había tomado una decisión y eso no incluía sentimientos por su esposa. Pero no podía dejarla sola si se volvía a enfermar y ahora que conocía la patología que la afectaba… no, no era prudente alejarse, pero la misma molesta pregunta le hacía comer el cerebro… ¿Y quién lo protegería a él?

/../

Sakura despertó cuando sintió una sensación de desvanecimiento, miró borrosamente el techo parpadeando varias veces hasta que pudo aclarar su visión. Por unos angustiantes segundos pensó que se había quedado ciega pero la luz volvió lentamente a ellos como si no estuvieran funcionando bien. Escuchó los pájaros trinar en sus oídos y cuando finalmente logro sobreponerse al persistente mareo se sentó lentamente en la cama. Seguía tan sola como se había despertado al inicio. Sentía todos los músculos de la cara inflamados e irritados de tanto llorar y de haberse secado las lágrimas con fuerza. Seguramente esa era la razón de su mareo y de los demás síntomas. Envolviéndose con fuerza en la sabana repitió con parsimonia la labor de arreglarse tal como la última noche que habían estado juntos. Necesitaba distraerse con algo, quería salir de la casa el tiempo suficiente para respirar aires diferentes. No quería huir al jardín como siempre lo hacía, quería… Dirigió su mirada al reloj de la mesa de noche y se dio cuenta de que sus planes bien podían irse a garete al menos por ese día ya que eran más de las tres de la tarde.

Seguramente su cuerpo había tratado de recuperar todas las energías que se habían ido en su sufrimiento pero se sintió avergonzada, probablemente sería considerada por todos en la casa como una perezosa sin remedio pero no había podido evitarlo. Una vez estuvo lista le pareció más conveniente aparecer en la cocina para ayudar con la cena, somo si esa rutina fuera lo que le estuviera destinado a vivir.

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Una silenciosa y muy pensativa Tomoyo estaba batiendo con bastante esmero un caldero fino con lo que olia como crema de puerros. Aunque sus movimientos eran precisos y añadia ingredientes con parsimonia era evidente que sus pensamientos estaban en otra parte. Cuando Sakura vio que Tomoyo estaba tomando la botella de aji (que la crema de puerros no llevaba) dispuesta a lanzar una cantidad inherente al caldero. Sakura la llamó. Contestó al segundo llamado mirandola sorprendida como si no se hubiera enterado de que estaba ahí.

- – ¡Ay, señora! Cuanto lo lamento… – dijo Tomoyo bajando la mirada avergonzada.

- – Esta bien, solo no quiero que incendies las bocas de los comensales que tomaran esa crema – dijo Sakura sonriendo bondadosamente, casi presintiendo el motivo por el que su doncella estaba tan distraída. Debía admitir que se moría de la curiosidad pero la educación impartida le impedía preguntarle a Tomoyo como iban las cosas.

- – ¿Se encuentra bien? – preguntó la doncella sin poder pasar por alto las grandes ojeras que había bajo los ojos de su señora ni los parpados inflamados y los ojos enrojecidos. Tampoco Tomoyo quiso pecar de cuenta chismes y no le preguntó nada. Decidió seguir batiendo su crema y Sakura comenzó a exprimirle el jugo a unas uvas para hacer un coctel.

/./

- – Pulso errático… respiración agitada y estertorosa mientras duerme… pausas en la respiración, palidez generalizada… –

El medico escuchaba lo que le decía el señor Li por teléfono, los síntomas típicos de la disfunción cardiaca, le sorprendía que la señora Li no hubiese mostrado más en esos escasos meses pero el esposo parecía estar ahora muy pendiente de ella o tal vez fuera su equipo de seguridad.

- – Deberemos aumentar la dosis de sus medicamentos unos gramos más, esto podrá ayudarla los dos meses siguientes, pero después de ese tiempo tendrá que hablar con ella para su operación, no puede dar más largas a ese asunto, tenga las razones que tenga para mantenerlo oculto –

Shaoran terminó la comunicación y miró hacia el frente de su escritorio. Tendria que explicarle la nueva situación a la doncella ya que ella era la encargada de la mayoría de medicamentos de Sakura. En un principio la idea de ocultar lo de su enfermedad había sido con el fin de protegerla de las emociones fuertes pero debía aceptar que él había menoscabado en las emociones de su esposa desde que habían iniciado su "vida sexual" y no sabía que repercusiones podría traer el hecho de que se enterara de que estaba enferma y que esa enfermedad podría matarla.

Una acidez nada conocida, una sensación absolutamente desagradable se asentó en el pecho de Shaoran cuando a su mente vino una imagen de Sakura muerta… Se llevó una mano al dolor intentando aplacar ese sentimiento pero nada lo alivió y no sabía cómo apartarlo de sí. Llamó a Eriol porque sentía que era la única persona con la que podía hablar de la situación de Sakura sin que lo cuestionara sobre sentimientos que no quería discutir pero se encontraba en una reunión y no lo pudo conseguir.

Trabajó hasta cerca de las tres de la tarde, hora en la que se decidió a volver a la casa, se dijo una y mil veces que no estaba preocupado por Sakura pero en el fondo sabía que la única razón era para verla… para hacerle el amor y para abandonarla como si fuera una rutina de la cual solo disfrutaba de las dos primeras partes… Abandonarla implicaba, a medida que recordaba su hermosa piel y sus adorables ojos, un reto cada vez más difícil de sortear.

/../

El escolta estaba apostado en una posición nada implacable en la cocina. La mesa de esta, en donde todo el equipo de seguridad comía por turnos se había desocupado momentos antes pero ese escolta se había quedado rezagado en su silla. Sakura pensaba que era porque sus órdenes eran protegerlas pero cuando el hombre habló quedaron claras cuáles eran sus intenciones.

- – ¿Podría…? – pidió como si le diera vergüenza hacerlo. Sakura miró a Tomoyo y ambas sonrieron con complicidad mal disimulada. La Kasutera era uno de los postres que mejor le salían a Sakura y se había empeñado en hacer ese porque hacía tiempo que no lo preparaba, parecía que al escolta le había gustado y quería más. Ambas asintieron sin dejar de sonreír y sirvieron otras dos porciones para que el escolta las degustara. Este sonrió como un niño y comenzó a devorarlas mientras Kajo miraba disimuladamente intentando parecer enfadada porque ese escolta, que parecía fascinado con la nueva culinaria, siguiera saqueando su cocina.

Tomoyo cerró la despensa en donde guardaron el resto del postre para degustarlo en la cena y suspirando pesadamente miró a su señora esperando a que esta le devolviera la mirada. Hizo un gesto casi imperceptible con la cabeza y Sakura que la conocía bien lo interpretó correctamente como que quería hablar con ella a solas.

Ambas mujeres caminaron hacia la sala y se sentaron en ella.

Tomoyo comenzó a relatar emotivamente el encuentro que había tenido con el señor Hiragizawa intentando con poco éxito obviar los detalles del contacto corporal, Sakura lo dedujo todo pero no la juzgó. No era porque la doncella hubiera creído por un momento que lo haría, pero estaba acostumbrada a la traición así que bien podría haber pasado.

Sakura la escuchaba en silencio intentando asimilar este nuevo giro en los asuntos. Los ojos de Tomoyo brillaban al contarlo, sus mejillas se enrojecieron y se quedaron de ese color durante todo el relato y sus manos antes quietas se movían ahora nerviosamente por el regazo del vestido… Estaba enamorada de Hiragizawa, finalmente alguien había abierto un hoyito en la coraza con la que se protegía Tomoyo de los demás. Quería decirle que confiara, quería decirle que todo saldría bien pero Sakura no era la indicada para darle concejo ya que ni ella misma tenía control sobre sus sentimientos.

- – ¿Que puedo decir? – opinó Sakura acariciando maternalmente la mano de Tomoyo. – Ve a por él –

- – Pero… no puedo hacer eso – dijo Tomoyo negando con la cabeza– ni siquiera sé dónde vive –

- – ¡Ay, Tomoyo! – dijo Sakura sonriendo – No soy la más indicada para decirte que hacer con este tipo de cosas… simplemente… no lo sé – Sentía que no servía de nada, ni siquiera podía dar a Tomoyo una guía sobre lo que hacer con sus sentimientos.

- – No se preocupe – Dijo Tomoyo – no quiero agobiarla con mis problemas –

- – ¿Verdaderamente es un problema para ti, Tomoyo? ¿Ves cómo un problema el hecho de que un hombre quiera estar a tu lado? –

- – Es solo que no sé qué decirle, no sé cómo… retenerlo… tal vez se aburra de mi – dijo Tomoyo casi susurrando pero Sakura entendió cada frase porque en ella había impreso algo de lo que ella misma estaba pasando en esos momentos. Ella no sabía cómo retener a Shaoran a su lado después de que estuvieran juntos.

- – No soy experta, pero supongo que cuando alguien verdaderamente quiere estar a tu lado… simplemente lo hace… sin importar lo demás… sin aburrirse de ti…– un sollozo escapó de los labios de Sakura antes de poder impedirlo, confesando sus propios miedos e inseguridades. Tomoyo se volvió alarmada y encontró su mirada destrozada. – Perdóname Tomoyo…– dijo intentando ponerse de pie pero la doncella se lo impidió.

- – No se disculpe…– respondió con angustia. – ¿Cree que no lo sé? – antes de que Sakura pudiera huir la doncella la empujó suavemente hasta que la cabeza de la ojiverde quedó apoyada en su regazo, comenzó a acariciarle el cabello suavemente mientras Sakura volvía a sacudirse en llanto a pesar de que se había prometido no hacerlo. Eso probaba una vez más que no era nada fuerte, no tenía la entereza necesaria para aceptar la situación de su matrimonio sin desear más… ese más que nunca iba a tener. – ¿Cree que no sé lo que siente por él? Usted y yo nos conocemos como la palma de nuestras manos, mi señora… Yo sé que usted…lo quiere. Quiere a su esposo… –

Sakura negó con la cabeza despeinándose contra las piernas de Tomoyo pero su negación silenciosa solo sirvió para aseverar lo que Tomoyo había afirmado…

- – ¿Qué puedo hacer? – pregunto Sakura en un gemido ahogado por sus sollozos. – No puedo más… –

Tomoyo se preguntó qué tan saludable era que el llanto de su señora fuera tan… fuerte… tan trágico pero pensó que una tristeza así era mejor sacarla del cuerpo en forma de llanto para que así no perjudicara su salud…

Su salud…

Si seguía así tarde o temprano volvería a entrar en crisis y mucho se temía Tomoyo que en esta ocasión bien no podría salir con vida.

Quitó esos pensamientos de su cabeza y se dedicó a consolar a su señora como sabía que debía hacer. Le parecía cruel sentirse tan feliz por lo que pasaba en su propia vida que no podía evitar tampoco sentirse miserable por lo que le pasaba a su señora. Como quisiera poder darle algo del señor Hiragizawa al señor Li para que pudiera querer a Sakura de la misma manera en que Eriol parecía quererla a ella.

- – No puedo más – seguía llorando Sakura – No quiero amarlo…. No quiero… no lo…. Porque a mi… no merezco esto – decía llena de autocompasión, desesperanza y desesperación.

Era cierto, no quería amarlo por hacerlo estaba terminando de destrozar su frágil corazón.

Siguió agobiándose hasta que se le secaron las lágrimas y aun así seguía estremeciéndose con sollozos de sufrimiento. Hasta que finalmente se quedó dormida temblorosamente.

Tomoyo no quería moverse para despertarla pero sabía que por la posición del cuerpo de la señora la respiración iba a dificultarse en cualquier momento. Estaba a punto de llamar cautelosamente a Kajo para que llamara a alguno de los guardaespaldas cuando sintió pasos detrás de ella.

Se dio la vuelva y vio al señor Li parado detrás del sillón mirándolas impasible.

- – Yo…– dijo ella como siempre atemorizándose de la presencia fría y sucinta de ese hombre. – Quisiera llamar a alguno de los guardias para que la lleve a su habitación… no oxigenará bien en esta posición –

Él se acercó más al sillón rodeándolo se agachó como un lobo ante su presa mirando intensamente a la señora. No dijo nada, solamente le dio la vuelta con suavidad, con una que no iba para nada con sus fríos rasgos y la tomó en sus brazos que apenas tuvieron que hacer fuerza para levantarla. Caminando con suavidad para no despertarla empezó a dirigirse hacia la habitación del fondo.

/./

Shaoran había llegado hacía mucho tiempo a la casa, el tráfico no lo había detenido y el equipo de seguridad había sido tan silencioso como siempre a la hora de asegurar su entrada a la casa. En el vestíbulo había dejado su chaqueta y había dado dos pasos para caminar hacia su despacho cuando había escuchado las voces de las mujeres. Nunca se había preciado de ser chismoso pero no podía evitar pensar que sentía curiosidad sobre las cosas que dos mujeres como ellas podrían confesarse una a otra.

Siempre había sido silencioso y en esta ocasión no había sido la excepción excepto por que cuando había dado dos pasos escucho los sollozos desgarradores de una de ellas. A juzgar por el sonido ronco y sibilante solo podía tratarse de su mujer.

- – ¿Qué puedo hacer? – decía la ronca voz exudando en esa pregunta tanta tristeza y dolor que Shaoran sintió como lo tocaba como una espada afilada haciendo un corte demasiado doloroso. – No puedo más … –

Lo más curioso es que quería saber a ciencia cierta qué era lo que su mujer ya no podía soportar más. ¿Acaso su encierro? ¿Acaso su indiferencia? ¿Acaso… a él mismo? Miles de preguntas se arrellanaron en la cabeza de Shaoran y cada una de ellas más controversial que la otra, los llantos aumentaban en desesperación y luego la voz ahogada.

- – No puedo másNo quiero amarlo…. No quiero… no lo…. ¿Porque a mi…? no merezco esto – cada palabra parecía ser arrancada del pecho de su esposa, y él solamente estaba ahí paralizado, escuchando lo que nunca había escuchado desde que su madre vivía y estaba a su lado.

Era amado y tenía que ser justamente ella quien le profesara esos sentimientos. Intentó ignorar la dulce sensación que se propagaba por su cuerpo, la satisfacción de conocer ese secreto y luego la desesperanza por tener que ser precisamente esa mujer la que decidiera amarlo finalmente. Ella no quería amarlo, parecía que tanto como él no quería ser amado por ella. Pero ahí estaba, diciendo que no quería y sintiéndolo de todas maneras, porque Shaoran sabía que nadie podía mandar sobre los sentimientos. Nuevamente se preguntaba que debía hacer, que debía decirle y que le diría para no enfermarla más.

Lentamente los sollozos se fueron calmando hasta que solo fueron balbuceos, luego el silencio y otra vez esa respiración lenta y borboteaste que le ponía los pelos de la nuca de punta. Pudo ver entre las sombras en las que estaba oculto a la doncella intentando darse la vuelta lentamente para no despertarla, los estertores leves de Sakura se habían evidentes a cada minuto que pasaba y comprendió que al tener el cuello en la posición en que lo hacía (apoyada en el regazo de Tomoyo ) su respiración se iba a empeorar. Caminó hacia el sofá saliendo de su escondite esperando que la doncella pensara que acababa de llegar. Los grandes ojos zafirinos se posaron en él con la misma cautela de siempre y quizá con algo de resentimiento mal disimulado. Se quedó parado un momento hasta que ella habló.

- – Yo…– un tartamudeo casi la abandono pero luego hablo de corrido– Quisiera llamar a alguno de los guardias para que la lleve a su habitación… no oxigenará bien en esta posición –

Un guardia se demoraría y él no tenía problema en llevarla. Quizá fuera su deber o quizá solamente quería estar cerca de esa mujer que había dicho que lo amaba aunque no supiera que él la había descubierto. Dio los pasos que faltaban para rodear el mueble y clavó sus ojos en su esposa, su frágil mujer que espiraba toscamente. Las mejillas estaban rojas e irritadas, los parpados se adivinaban inflamados aunque los tuviera cerrados y el delicado cuello se contaría con cada dificultosa respiración que daba. La tomó en sus brazos suavemente como si de un bebé se tratara y comenzó a caminar a igual paso para evitar que el movimiento fuerte la despertara. Su cuello seguía contrayéndose de esa manera alarmante y lo primero que hizo Shaoran después de entrar a la habitación y dejarla en la cama fue alargar su mano hacia la cánula de oxígeno y ponérsela para que respirara mejor. Sabia por sus videos que ella no la había usado en las últimas semanas por que ya toleraba estar sin ella pero parecía que su necesidad había vuelto… Y todo por su culpa.

Culpa…

Era lo que sentía, no tenía otro concepto para definirlo. Ahora que sabía un poco más sobre la verdad de Sakura se daba cuenta de hasta qué punto los simples actos diarios podían afectar a esa persona a la que le importabas. No pensaba en ella cuando había visto a todas esas mujeres a lo largo del tiempo desde que ella se había convertido en su esposa. No pensaba en ella cuando estaba trabajando tiempo atrás. No pensaba en ella hasta que se enfermó y descubrió que ella si le importaba así fuera un poco. A partir de ese momento comenzó a sentir su presencia en sus pensamientos con más frecuencia de la que se hubiera permitido.

Y ahora esto.

Amor.

Este sentimiento había entrado en la ecuación y no sabía cómo manejarlo. No sabía lo que era ser amado y mucho menos amar. No quería aprender. Pero sentía que era egoísta algo que nunca le había pasado ni tampoco importado antes.

Ahora mientras la miraba sentía que si se preocupaba por ella y tal vez pudiera empezar a verla realmente como su esposa no solo en la cama.

- –Shaoran… – murmuró ella en sueños removiéndose como si estuviera incomoda. Pocas veces si es que acaso lo había hecho alguna, había escuchado su nombre en los labios de ella. Siempre le llamaba esposo y descubría cuanto le agradaba la manera en que lo hacía.

La respiración se volvió menos trabajosa hasta dejar el estertor casi inexistente. Y Shaoran seguía allí, sentado a los pies de la cama mirándola, como si no se cansara de hacerlo y en efecto así era. La había tenido en sus manos, había tenido su cuerpo y aun así le parecía que no era suficiente, que la belleza de esa joven era algo como para descubrir y adorar día a día.

Lo que ella merecía…

La noche cayó. Shaoran no se retiró, simplemente se quedó vigilando el sueño de ella, esperando que despertara. Quería hablarle, quería…

Quería acostarse con ella y sentir ese amor del que había hablado que profesaba hacia él así no quisiera sentirlo. Era una amante apasionada y podría serlo más.

Con el tiempo.

/./

El olor a comida sacó a Sakura lentamente de su sueño. Si no la engañaba su olfato había carne en bistec, algo de verdura hervida y… aire oxigenado.

Se llevó las manos a la cara lentamente y palpó sobre su mejilla el paso de la delgada cánula nasal. Sus dedos se enredaron en ella delicadamente para retirarla pero una mano más grande la detuvo. Abrió los ojos gimiendo molesta cuando estos se encontraron con los de su marido. Tan cerca que sintió que su cuerpo se retraía involuntariamente ante tal cercanía.

- –Lo siento… yo… – dijo ella entrecortadamente – me asustaste – confesó sintiendo a sus traicioneras mejillas sonrojarse otra vez.

- – Vaya – comentó Shaoran soltando lentamente los dedos de Sakura en muda advertencia de que dejara la cánula en su sitio. Pero no se retiró, si acaso se inclinó un poco más. No podía negar que estaba disfrutando de ver a su esposa tan ruborizada, eso la hacía más bella. Su inocente inocencia. – No estoy seguro de que sea el sentimiento que quiera provocarte –

Sakura Sintio el picor conocido en el pecho cuando el tono de esas palabras penetró por su conciencia. No había querido decir que tenía miedo de él (aunque una parte de sí misma sí que le temía) simplemente le asustaba toda la gama de emociones que sentía cuando él se le acercaba. Con su sentimiento especial de amor hacia él no podía evitar sentirse nerviosa ante su presencia. Lo cual era tonto considerando que tan lejos habían llegado ambos, al menos en el ámbito físico de su matrimonio. Pero nada más allá.

La tristeza en Sakura volvió de manera tan repentina al recordar la razón de su llanto que incluso Shaoran sintió como sus emociones se dibujaban incólumes en su rostro. ¿En que estaba pensando? Se preguntaba el castaño sin poder leer nada más que lamento en los ojos ahora carentes de expresión de su esposa.

Se apartó por inercia de la pena que ella emanaba como si esta tuviera forma física y lo estuviera empujando lejos. Odió por un momento ser el causante de ello, si es que lo era…

Sí, claro que lo era, las palabras que había escuchado en la sala así se lo confirmaban.

- – Tienes que cenar – dijo poniéndose de pie y caminando hacia el tocador de la habitación en donde había posado la cena que Kajo había enviado para ella.

- – Gracias – dijo ella sintiendo el rechazo de Shaoran una vez más, sin saber realmente cual era el motivo del retiro repentino de él. Había deseado que se acercara más, quizá que la besara pero tal vez estaba pidiendo demasiado.

Se sentó dispuesta a levantarse pero él le puso la bandeja en las piernas.

Esperó un momento que él se retirara pero se sentó cómodamente a los pies de la cama con los brazos cruzados y observándola. Sakura se sintió incomoda como cada vez que le pasaba cuando él hacia eso. Recordaba las veces anteriores y donde habían terminado ambos cuando la mirada de este la seguía de manera tan intensa. Intentó actuar con normalidad tomando el tenedor y comiendo. Gracias a dios no habían hashi (palitos) porque su pulso estaba lo suficientemente errático y tembloroso como para haber podido sostener la comida. Se preguntaba y no por primera vez que era lo que veía Shaoran con tanta insistencia cuando la miraba. ¿Sería que la encontraba deficiente? ¿Estaba tratando de buscar alguna imperfección? ¿Tal vez le gustaba alguna parte de ella?

Shaoran la miraba, si, y lo que veía le gustaba y ella no lo sabía. La delicada forma de su rostro era algo que no se cansaba de mirar y lo hechizaba de manera alarmante.

Toda ella en realidad.

"Me ama" se repitió con orgullo aunque no tenía derecho a sentir eso. Pero no podía evitarlo.

Llevaba menos dela mitad del plato cuando Sakura se detuvo, un bocado a punto de entrar entre los sonrosados labios que Shaoran había visto moverse con sensualidad involuntaria.

- – ¿Puedo preguntar por qué me miras con tanta insistencia? – dejó salir Sakura antes de poder contentarse con otro bocado. Dejó el tenedor en el plato y apartó la bandeja. Sentía que si comía mas se iba a envenenar.

- – Quiero que comas, por eso te miro – No, no debía sentirse decepcionada de que esa fuera la respuesta, había esperado algo así.

- – No tienes que mirarme para que lo haga – respondió limpiándose delicadamente la boca y poniendo la servilleta encima del plato.

- – Que en ese plato haya la mitad de la comida que debería estar en tu estomago es prueba de que si debo – contestó él intentando que su delicioso enfado saliera a flote para colorear las mejillas otra vez.

- – No necesitas vigilarme – dijo Sakura enfadada, aunque no debía estarlo, no debía sentirse malgeniada porque él no le dijera que la miraba por que no podía apartar sus ojos de ella, como había hecho antes. No debería molestarle que… que…

- – Es cierto… pero sabes que hago lo que quiero y si quiero mirarte mientras comes lo hago sin necesidad de que estés cuestionándome. – Su tono era suave pero la contundencia de cada palabra calló a Sakura. De repente ya no quería luchar para intentar por medio de palabras despertar en él el deseo de besarla. Solo quería quedarse sola. Resignadamente le contestó.

- – No… no tengo más hambre – dijo en voz baja y recostando su cabeza contra las almohadas cerrando los ojos. Shaoran deseó haberse callado, ella no quería discutir con él y no sabía de qué otra forma podría abordarla para hablar que no fuera discutiendo.

El silencio prevaleció, Sakura sentía la presencia de Shaoran que seguía inmóvil al pie de la cama. Sintio movimientos en esta y la vajilla chocar suavemente contra la madera del tocador. Quiso que él creyera que estaba dormida para que hiciera eso que hacia siempre que sus interludios sexuales terminaban.

Irse.

La cama volvió a moverse y Sakura supo que se quedaría ahí mirándola tanto como quisiera. Dejó que su cuerpo se serenara intentando engañarlo para que creyera que Shaoran no estaba ahí. Pero el hundimiento de la almohada a ambos lados de su rostro la hizo volver a la realidad rápidamente.

Ahí estaba, justo como lo había encontrado cuando se despertó, inclinado sobre ella con sus ojos clavados en los suyos y su aliento respirándome perturbadoramente en la cara.

Al no poder contenerse por más tiempo Shaoran había optado por acercarse, ya la distancia no era suficiente y sus deseos de que ella se enfadara se habían ido al garete, tenía que comunicarse con ella de la otra forma que conocía, tocándola. Por eso se había acercado mirando sus parpados menos inflamados ya revolotear por el movimiento de los ojos. Cuando el pecho había mesurado sus movimientos descubrió que era hora de alterarla de la manera en que sabía que ella no se resistiría.

Y no lo hizo. Aunque no lo tocó ni hizo ademan de acercarse dejó que la besara y correspondió a su beso de la misma manera magistral de las noches anteriores.

Sakura quería decirle que parara, que si no se iba a quedar con ella no la atormentara más pero su cuerpo y corazón mendigaban por esa atención que le prestaba y le impedían apartarlo y mandarlo al diablo por no amarla como debería haber hecho desde el inicio. Definitivamente no se valoraba a sí misma, él seguía dominándola con sus sentimientos aunque no supiera que lo amaba. Él seguiría burlándose de ella y no le importaba. Subió sus manos apartándose suavemente de él, lo suficiente para retirarse la cánula y volver a su boca. Enredó los dedos de sus manos en los cabellos de él como le gustaba hacerlo. Adoraba sentir entre su piel la suavidad de ese cabello desordenado, la ligera aspereza de las mejillas, la tensión subyacente en los músculos de su barbilla y cuello al besarla. El poder de sus hombros anchos y firmes. La forma de su pecho que la hacía sentir tan pequeña y vulnerable, su cintura delgada…

Las manos de Shaoran se cerraron con firmeza sobre las de Sakura deteniendo su avance. Estaba perdiendo el control rápidamente con esas caricias inocentes. Tenía que detenerla para recupera un poco de control.

- –Para… – le dijo mirándola a los ojos – para un poco –

Ella negó con la cabeza haciendo un movimiento tornillo con sus muñecas para sacarlas del alcance de Shaoran. Él se lanzó a su boca y dejó que las manos siguieran tocándolo hasta donde pudieron.

La recostó más en la cama para poder yacer encima de ella y poder tocarla a libertad también. Sentía las manos de ella en todas partes y quería devolverle el favor. Mientras las prendas de ambos iban desapareciendo, también las inhibiciones de Sakura, incluso en ese momento los sentimientos de soledad de ella se hicieron a un lado para disfrutar ese instante de dicha y cercanía que presentía desde lo más profundo de su ser que no se repetiría.

Los labios de Shaoran se deslizaron por toda la extensión de su piel marcándola al rojo vivo, ella repetida sus acciones sintiéndose de alguna manera poderosa al sentirlo estremecerse casi ante como ella lo hacía. Sakura creía que un hombre como él, tan lleno de mundo, de mujeres no sucumbiría al toque inocente con tanta pasión como lo hacía pero sus deducciones caían al sentir cada gruñido, cada movimiento involuntario de placer que Shaoran hacía, sinceramente parecía estarlo disfrutando tanto como ella. Sakura llegó primero a la cima y ese parecía haber sido el propósito de Shaoran, llegó muchas veces y eso lo inflamó más a él, cuando llegó su turno de arder, la explosión lo dejó tan agotado y débil como un bebe recién nacido. Apoyó su cuerpo sobre el de su esposa intentando no asfixiarla pero no se podía mover. Nunca había sido así, nunca había tenido un sexo que lo dejara tan saciado de la manera en que acababa de pasarle, había visto estrellas como diría cualquier poeta y no se sentía con la fuerza ni voluntad necesaria para apartarse de ella como quería ordenarle su instinto que hiciera.

Ella lo abrazó con sus piernas y brazos y apoyando la frente en su hombro le dijo tan quedo que por un segundo Shaoran pensó que se lo había imaginado:

- – No te vayas… por favor –

Ella, la mujer que lo amaba se lo estaba pidiendo. La mujer a la que no amaba y que acababa de darle un recuerdo más de ella que nunca podría olvidar. Se retiró lentamente hacia un lado con ella aun prendida de su cuerpo y los arropó a ambos con la fina cobija. No dijo nada pero Sakura comprendió que se quedaría e intento controlar la felicidad que ese acto le produjo.

Por primera vez en años Shaoran tuvo un sueño tranquilo. No había dormido con nadie desde que era un niño. Las relaciones sexuales esporádicas que tenía con mujeres eran rollos de unas horas, nunca se quedaba a dormir con ellas y descubría que de haber sabido que sería tan cómodo quizá hubiera cambiado de opinión.

El calor dulce y aromático que le daba el cuerpo de Sakura era algo casi indescriptible, se sentía como envuelto en un capullo tibio y acogedor que lo invitaba a saborear la comodidad. Y eso hacía.

Una vez el sueño se fue su conciencia hizo presencia y la miró dormir ahora a su lado. Casi amanecía y debía irse a trabajar, al menos en eso había cumplido a su esposa. Se había quedado. Y sabía que debía haberlo hecho desde mucho antes.

Apartó lentamente las cobijas y al mirar el cuerpo desnudo de ella el suyo propio se encendió, se miró y otra preocupación vino a abrirse paso a su mente.

"He tenido relaciones con ella en tres oportunidades sin protección"

Un hijo.

No era una idea descabellada.

Mentira.

Si lo era. No se le había ocurrido preguntarle al médico que tan viable sería un embarazo con el estado del corazón de Sakura pero algo le decía que no era muy probable que debiera ocurrir. Se prometió protegerse desde ese momento para evitar concepciones indeseadas y que el estado de Sakura empeorase. Esa misma noche le diría lo de su enfermedad y le plantearía la operación como método de alivio de su dolencia.

Pasó al baño a alistarse para el trabajo y antes de irse, una parte desconocida de sí que manejó sus actos en ese momento lo hizo volverse para darle un beso en la frente a Sakura antes de irse. Intentó pensar que solo era un gesto de agradecimiento por el increíble encuentro de la noche. Quiso hacerlo pero sabía que no era así, ella lentamente se estaba abriendo paso en su corazón, el que creía no poseer, y no sabía que tan bueno era eso.

/./

Sakura se desperezó y su mano busco instintivamente a su lado para encontrarlo vacío. El dolor casi la invadió pero fue suficiente deslizar la mano un poco de arriba hasta abajo para sentir el calor que todavía conservaban las sabanas del cuerpo de Shaoran.

¡Se había quedado! ¡Ella se lo había pedido y él lo había hecho!

Tal vez, solo tal vez un poco, no todo estaba perdido.

Quería salir, quería respirar aire y quería gritar su felicidad. Se envolvió la sabana en el cuerpo y corrió al baño a tomar una ducha y a vestirse presentable. Llamaría al señor Hiragizawa para que viniera a sacarlas a ella y a Tomoyo, sabía que el equipo de seguridad estaba al día y quería distraerse un poco, pensar….

Pensar y pensar en Shaoran y en lo mucho que lo amaba.

Pidió el teléfono a Kajo y esta le marcó el número de la oficina de Eriol. Tomoyo la miraba sonriente consiente de que algo había cambiado esa noche pasada y se alegraba por ella. Y por qué negarlo, se alegraba porque al fin vería a su señor Hiragizawa nuevamente.

- –Lo siento, señora, pero el día de hoy no puedo acompañarlas, debería decirle a su equipo de seguridad que la acompañe. Después de todo ellos están para servirle -

- – Si, pero usted conoce las tiendas de ropas para mujeres…–

- – Me avergüenza, señora Li, cualquiera pensaría de mi como un casanova – Sakura no pudo menos que sonreír. – Sin embargo pasaré a visitarlas en la tarde, usted puede ir de compras y esperar mi vista en la tarde con esos manjares que dice su equipo de seguridad que prepara –

- – Así lo hare –

- – No se preocupe, ellos sabrán a donde llevarla, de hecho fueron con usted la última vez –

Asintiendo Sakura cortó la comunicación y explicó a Tomoyo la razón de Eriol, esta que no era muy entusiasta de las compras y por qué no decirlo, de las salidas prefirió quedarse en a casa preparando algo delicioso para sorprender a Hiragizawa.

- – Estoy segura de que así será – dijo Sakura yendo hacia la puerta para hablar con uno de los escoltas sobre su intención de salir.

Este a su vez llamó a Shaoran quien en un principio no quiso autorizar que ella saliera, sus investigaciones no habían arrojado nada pero tampoco podía decirle que estuvieran tras de ella así que autorizó a que el equipo de seguridad custodiara a Sakura hacia la galería, quizá se divirtiera un poco y…

Bueno no tenía por qué importarle que se divirtiera.

¿O sí?

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- – Hora aproximada 12:05pm – dijo la voz por el interfono.

- – Gracias – dijo el hombre cortando la línea. Se volvió hacia el francotirador y le dijo – ya sabes que hacer. La quiero viva. Mata a todos los demás si es necesario pero te haces con la muchachita o te asesino.

- – Si señor – respondió el francotirador dando media vuelta.

Tomos uniforme oscuro y lo portó cargándole de todas las armas aunque seguramente solo necesitaría el rifle.

Se subió a la motocicleta y avanzó rápidamente entre las vías de la ciudad hasta dar con el edificio abandonado aledaño a la galería de ropa que el informante les había entregado. Subió las escaleras de dos en dos y llego a la azotea. Allí estaba todo su arsenal preparado. Se trataba de volver el carro y asesinar a los escoltas antes de que pudieran llamar a otro equipo de seguridad, le daba tiempo de bajar y hacerse con la muchacha. Un auto le esperaría listo para que la lanzara a este y él mismo escapar en la motocicleta. Fácil y rápido, no por nada fue el único francotirador de su unidad que había realizado operativos de esa categoría con éxito.

Ahora solo restaba esperar.

/./

El auto andaba plácidamente. Sakura había sido obligada a portar un chaleco antibalas tal como los demás escoltas y no había protestado. Ya era todo un logro que Shaoran hubiese accedido a dejarla salir y pensaba portarse bien y aprovechar esa oportunidad tanto como pudiera.

La galería estaba cerca, aunque los vidrios fueran polarizados reconocía el camino que el auto estaba tomando.

Empezaron a girar para tomar la curva cuando la primera llanta voló haciendo que el auto oscilara peligrosamente.

Sakura apenas tuvo tiempo de aferrarse a su cinturón de seguridad antes de que se desatara el infierno.

/./

- – ¡Emergencia, emergencia! – gritaba la voz por el teléfono. Fujitaka marcó rápidamente en la otra línea mientras sus peores temores parecían estarse confirmando. El radioteléfono le contestó solicitando la clave de acceso que dio completamente enloquecido.

- – ¿Que sucede? –p rejuntó la voz seca por el comunicador.

- – Es él, el auto en el que van con ella está bajo ataque, va a llevársela sino hacemos algo -

- – Pero ellos no debían… el señor Li los debió autorizar – dijo Liu, Fujitaka podía escuchar del otro lado como el hombre comenzaba amover sus contactos rápidamente.

- – Maldita sea Liu, si no hacemos algo se la van a llevar – pidió imagen satelital y coordenadas por el GPS que tenía instalado el auto y ahí lo vio, en imagen de satélite completamente cubierto de humo –Salgan inmediatamente para esa calle – dijo dándole las indicaciones y coordenadas a Liu que apenas lo escuchó maldijo algo que llenó a Fujitaka de un mal presentimiento.

- – No alcanzaremos… – dijo Liu mientras hablaba por radio a todos los equipos alrededor de la casa para que salieran inmediatamente hacia la calle donde se estaba dando el ataque.

- – ¡No me importa lo que hagan, maldita sea, pero si no están allá antes de que se la lleven los mato a todos! – el grito desató el dolor en su cabeza pero no le importó, ellos tenía que llegar, debían hacerlo o el calvario de Sakura y el suyo propio no había sino acabado de comenzar.

Hola!

Sé que me odian.

Bueno no, y sé que soy mala por dejarlo ahí pero prometo seguirlo pronto. Esta es de esas veces que me demoro más pero saben el motivo no necesito explicárselos. Solo me queda decirles que gracias por seguir ahí aun a pesar de mis ausencias que como siempre advierto seguirán dándose, las cosas con mi madre no van nada bien pero no quiero aburrirlos con mi situación, solo agradecerles por seguir ahí. Besos y abrazos y nos leemos pronto.