Buenas Noches
Antes que nada mil disculpas nuevamente y gracias por estar ahí nuevamente. No es un capitulo muy decisivo pero poco a poco nos vamos acercando al inicio. Gracias por todos sus mensajes de apoyo y por su incondicional espera. Ojala pueda seguir contando con la mayoría de ustedes. Les dedico este capitulo, ya que gracias a sus mensajes de apoyo me animaron a escribirlo mas rápido. Espero que les guste. Nos leemos en el próximo que espero tener lo mas pronto que pueda, aunque ya saben. Si me demoro no quiere decir que deje la historia.
Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP.
DINASTIA LI
CAPITULO XXI
Shaoran cerró la puerta de la habitación con un suspiro casi silencioso. Por lo que había mirado de su reloj eran casi las tres de la madrugada. No podía conciliar el sueño, ya había estado encerrado en su despacho una cantidad desproporcional de tiempo estudiando todas las pruebas que el caso de su esposa había arrojado, las pocas se iban sumando a medida que pasaban las horas.
Los hombres habían peinado el lugar recogiendo indicios casi como forenses y todo llegaba en datos a él y a Liu quien había revelado ser uno de los agentes que trabajaban tanto para Fujitaka Kinomoto como para él. No se había enfadado porque, aunque habían fallado, ellos al menos si se habían preocupado por la seguridad de ella.
No como él.
Ya tenían alguna información con las balas y de las armas que las habían disparado, ilegales. Podían hacer un trayecto hasta el comprador pero era un señuelo que tenían pocas probabilidades de aprovechar. Seguía recibiendo información de ese tipo pero había llegado un punto en el que no había podido asimilar mas. Había dejado a Liu a cargo y se había ido a encerrar en su habitación por un solo motivo.
Las imágenes de su esposa no lo habían dejado en paz. No podía dejar de pensar en la ultima vez que la había visto, en su cama, confiada, durmiendo con una expresión de felicidad en su rostro que ni incluso dormida había podido esconder. Luego pensaba en su piel suave y en que existía la terrible posibilidad de que no volviera a sentir esos dedos de terciopelo deslizándose por él. Quemándole como solo ellos sabían.
Cuando su mente retrocedía los veía a ambos en la cama como si él mismo fuera otra persona y sintió sobre su otro yo todo ese amor que ella había derramado para él. Su entrega, su pasión, su ternura cosas que en dicho momento no fue capaz de distinguir.
Ahora todo se reducía a los hechos.
Se sentó suavemente en la cama y acarició casi imperceptiblemente la almohada donde ella había apoyado su cabeza. Inclinándose un poco pudo sentir que el particular olor a cerezos aun estaba ahí.
Se creyó atado de manos, y lo estaba. Tan impotente como cuando su madre había sido apartada de su lado. Quizá, pensó, esto era el karma. Como había vivido para odiar a su tío y no para buscar y encontrarse con su madre ahora el destino le estaba cobrando eso, llevándose a la única persona, aparte de Eriol, su madre y sus hermanas, que había significado algo para él. Y de que manera se lo estaba cobrando. En el preciso momento en el que estaba comenzando a sentir algo que no percibía desde que era un niño, el objeto de ese sentimiento era arrancado de su lado sin que nada pudiera hacerse.
Pero una cosa tenia clara, no se rendiría. No podía hacerlo por que la parte egoísta de si quería explorar y explotar esas sensaciones que ella la producía. Quería descubrir que aun podía ser humano algo que nunca le había pasado antes. Nunca se había preocupado por sentir mas allá del odio y deseo de venganza.
Escuchó unos golpes en la puerta y se volvió para mirar a Kajo que entraba en la habitación con una taza de lo que olía como té de manzanilla. Quería decirle que se fuera y lo dejara solo pero la mirada desolada de ella, una que no había visto nunca, le obligó a callarse.
・ – Por favor bébaselo, le hará bien – dijo dejando elegantemente la taza en la mesilla de noche – El señor Kinomoto fue llevado al hospital – informó después de unos momentos.
Shaoran recordó en medio de la bruma de su memoria que el hombre estaba bastante mal después de haber recibido la maldita llamada. Sabia lo que era ser despiadado, lo había aprendido demasiado bien de su tío pero nunca había vivido en carne propia lo que eso suponía, ahora lo sabia y había visto el dolor en los ojos del padre de su mujer para saber qué era lo que sentía en esos momentos.
・ – ¿Esta bien? – preguntó acercándose a la manzanilla y dándole un sorbo oliendo la esencia relajante.
・ – El medico envió su dictamen a Liu hace unos momentos, también venia a eso, él dice que es mejor que usted lo vea –
Shaoran no comprendía por que un diagnostico podía interesarle y se prometió decirle a Liu que no le interesaba nada de lo que pasara con ese hombre, solamente le importaba su esposa.
Recibió los papeles impresos de manos de Kajo y ella se retiró haciendo una reverencia. Los ojeó por encima y a pesar de sus resabios decidió abrirlo.
Hombre de 52 años, aunque al modo de ver de Shaoran se venia mas cansado y viejo que la edad que ponía en el informe. A medida que fue leyendo comprendió por qué.
Cerró el documento y se paso lentamente una mano por el cabello. Seguramente Sakura no tenia idea de la enfermedad de su padre o no se habría casado con él tan cansinamente. No habría abandonado a su padre por que sabia que Sakura tenia un corazón, uno muy grande.
Dejó el informe en la mesa, tendría que preguntarle a Kinomoto sobre eso, la situación cambiaba un poco las cosas, pero no demasiado, su propósito estaba muy claro.
La manzanilla y el cansancio obraron su fuerza y una vez tocó la cama empezó la sensación de somnolencia, que seguramente no seria así de estar su mujer a su lado...
Basta de autocompasión, pensó rápidamente reacomodando la cabeza en la almohada y dejando que el tenue olor en ella invadiera lentamente sus sentidos. En ese momento quería soñarla, estar cerca de ella al menos de esa manera. Pero nada fue como lo quiso. Durmió bastante mal, pesadillas sobre ella lo agobiaban a pesar de estar relajado por las hiervas los malos sueños no se hicieron esperar.
Una confirmación mas de que esa mujercita significaba para él mas de lo que creyó nunca.
/ . /
Fujitaka removió los ojos bajo los parpados cuando sintió tras ellos el brillo incomodo de una luz. Intentó apartar con la mano la bombilla o lo que fuera que estuviera incordiándole y logró que dejaran de hacerlo. Una vez hecho podría seguir soñando.
La luz volvió a la carga. Esta vez abrió los ojos como quería, listo para mandar al quinto infierno al sirviente que estuviera molestándolo.
Cuando pudo enfocar la mirada vio una bata blanca que segundos después reconoció. Era un medico.
– – Bueno, parece que está de vuelta con nosotros. Por favor toma sus constantes vitales – ordenó una voz femenina, luego escuchó el sonido de una puerta cerrándose, lo dejaron al cuidado de la joven enfermera que le preguntaba, mientras le estrangulaba el brazo, cómo se encontraba. Respondió secamente por que con seguridad era el único que sabia como se encontraba. Ella comenzó a pincharlo para tomarle muestras de sangre.
Así que le habían llevado a un hospital, pensó con desagrado que no era gran devoto de esas instituciones, de todas maneras no harían sino recalcarle lo que ya sabia, que se estaba muriendo de cáncer en el cerebro.
Cuando la enfermera terminó de volverlo colador, se retiró dejándolos a él y a sus pensamientos a buen recaudo juntos. Con tiempo suficiente para pensar en su hija, su amada hija y en todo lo que estaba sufriendo en ese momento por su culpa.
Por el simple hecho de haberse enamorado de Nadeshiko Amamia. Eso había desencadenado ese infierno. Tal vez si, tal vez no, tal vez el hombre habría encontrado otro modo de odiarlo.
Tal vez…
Esa y miles de inquietudes mas, todas ellas con el trasfondo de la culpa obraban un profundo dolor de cabeza que ahora seria crónico hasta que el cáncer acabara con él. El sonido del disparo que había oído antes volvió a su memoria y comprendió que se había dejado llevar por sus emociones. Era obvio que el hombre no mataría a Sakura hasta saber que el mismo Fujitaka estuviera acabado lo cual no pasaría todavía. Presentía que si no recuperaba pronto a su hija el hombre lo torturaría a través de ella de maneras dolorosas para ambos. Tenia que haber una manera para traerla de vuelta.
Escuchó el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose, pero continuo mirando a la ventana, no le apetecía recibir la visita de nadie en ese momento.
– – Así que Sakura no lo sabia – dijo la voz masculina. Fujitaka se volvió lentamente y vio al esposo de su hija mirándolo desde cerca de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho.
– – ¿Qué cosa? –
– – Que tiene cáncer… – dijo Shaoran crudamente ya que no podía evitar aversión hacia ese hombre a pesar de que el sentimiento estuviera casi totalmente infundado.
– – No, no lo sabia, nunca quise que lo supiera –
El silencio permaneció por mucho tiempo.
– – Liu dice que aun esta viva – comento Shaoran como quien no quiere la cosa, intentando confirmar por ese medio que había una persona mas que creía que la muerte de Sakura no era un hecho.
– – Pero no durará mucho. Usted y yo lo sabemos – dijo mirándolo fijamente a los ojos, ambos sabían que la enfermedad se la llevaría pronto si no la medicaban o le operaban el corazón y probablemente el hombre no supiera sobre esa enfermedad.
– – Necesito traerla de vuelta… y usted debe ayudarme– dijo el castaño implacablemente. La sola idea de la muerte de ella le revolucionaba todo dentro de si.
– – Lo haría inclusive si no fuera para ayudarlo a usted. Es mi hija, a pesar de lo que piense de mi. –
– – Lo que yo piense o no es de poca importancia en este momento. Liu parece creer que el tipo que la tiene volverá a comunicarse y tenemos que estar preparados y no precipitarnos cuando llegue ese momento. Puede que utilice el sonido para hacernos creer muchas cosas, nuestras mentes… deben estar abiertas a cualquier posibilidad – ambos sabían que no podían determinar lo que pasara al otro lado de la línea, podía tratarse de una tortura real, algo en lo que Shaoran no se atrevía a pensar, o podía ser solo una serie de sonidos distorsionados diseñados para enloquecer a las personas que se preocupaban por Sakura.
– – De acuerdo, pondré todo lo que tengo a disposición de ese propósito, traer con vida a Sakura… de vuelta conmigo –
– – No – dijo Shaoran profundizando la mirada sobre Fujitaka que se la devolvió con creces – es mi esposa y volverá… conmigo. – si se hubiera golpeado en el pecho ese "conmigo" no hubiera sonado tan posesivo como en ese momento. Debajo del sentido de posesión, mas que evidente, Fujitaka alcanzo a distinguir un tipo de angustia reconoció haber sentido sobre si mismo, cuando Nadeshiko falleció.
– – Usted quiere a mi hija – comentó sin mas en el momento en que Shaoran estaba yéndose de la habitación. Este se volvió lentamente para mirarlo. No quería responderle, no quería cruzar con ese hombre mas palabras de las necesarias.
– – Eso no es de su incumbencia –
– – Ordenaré al equipo de seguridad conjunto que aporte todos los datos que tengan y otros mas que puedan conseguir a un solo objetivo, el lugar en el que se encuentra Sakura ahora–
– – Bien, le mantendré informado de cualquier novedad – dijo Shaoran intentando irse por segunda vez.
– – No pretenderá que me quede aquí acostado esperando información –
– – Está enfermo, el medico comentó que no debe… alterarse – dijo la palabra como si le causara algún tipo de indigestión.
– – Estoy alterado la mayoría del tiempo. Saber a mi hija en manos de ese maníaco impide que me tranquilice en cualquier momento del día–
– – Ahora yo me haré cargo – dijo Shaoran moviendo el picaporte para abrir la puerta de la habitación.
– – Si ni siquiera es capaz de mirarme a la cara y decirme que esta enamorado de mi hija ¿Por qué habría de confiar en dejar todo en sus manos? –
Shaoran salio de la habitación sin decir nada y cerró la puerta tras él, si era necesario hablaría con el medico pero no podía dejar que Fujitaka interfiriera en la investigación, no solamente por que no seria apto tenerlo alrededor con un cáncer en el cerebro que estaba matándole todo el cuerpo sino por lo que había dicho antes, si el recuperaba a Sakura se la llevaría y no estaba dispuesto a dejar que eso pasara, si Shaoran la traía el mismo de vuelta el derecho que tendría sobre ella como su esposo seria mayor.
Aunque una parte de si, una muy pequeña en la que no quería pensar, lo único que deseaba era que ella fuera minimamente feliz, ver a su padre antes de morir probablemente le trajera algo de paz, tal vez si alcanzara a despedirse de él….
Pero luego volvían sus motivos egoístas, la quería para él y solo para él.
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Tomoyo estaba sentada en el gran sillón de la sala. El silencio era su único acompañante. Se sentía miserable y culpable. Su presencia no era necesaria y ella solo se sumaba al grupo de personas que esperaban noticias de Sakura.
Sintió unos pasos pesados acercándose y levantó la vista para ver a Eriol sentarse lentamente a su lado. La miró en silencio dándole el derecho de iniciar ella misma una conversación. Pero sentía las palabras atragantadas, tenia miedo de revelar sus propios miedos e inseguridades… pero no a él. Ese hombre que en días, quizá horas había ganado parte de la confianza que ella había creído perdida para con todo el mundo. Él no la juzgaría, la entendería… la consolaría…
– – Me siento tan inútil – comentó en voz baja, casi inaudible. – No puedo dejar de imaginarme por lo que debe estar pasando y yo estoy aquí, tan quieta y sin poder ayudarla…– lagrimas amargas se derramaron de sus ojos.
Eriol se acercó un poco y tomó su mano entre las de él ya que ella apretaba las suyas contra el regazo..
– – Lo sé, y lo entiendo, pero no ganaremos nada dejándonos llevar por la desesperación. En este momento necesitamos ser fuertes por ella, para ella. Estoy seguro de que más pronto de lo que creemos Shaoran dará con el paradero de Sakura. Por favor intente animarse, se que es difícil pero me mortifica profundamente verla en este estado.– y en su voz se escuchaba ese dolor mortificarte.
Tomoyo sonrió débilmente mirándolo con ojos llorosos, un par de lagrimas se deslizaron de los ojos amatistas y fueron removidas con suavidad por las manos de Eriol que acunaban la cara de la joven como si fuera de cristal.
– – No sé que seria de mi en estos momentos…. Si no estuviera acá conmigo – murmuró ella poniendo sus manos sobre las de Eriol y mirándolo fijamente. En ese momento la compañía de él y sus palabras le daban un consuelo que la aliviaba un poco.
– – Yo siempre estaré ahí para usted, tanto como me quiera y tanto como el destino quiera. Puede que no siempre sea de manera presencial pero sepa que siempre podrá contar conmigo. Cuando quiera. Nunca va a tener que saber que "seria"–.
Acercó su rostro al de ella con la misma cautela de siempre, dándole la oportunidad de negarse si así lo quería, pero no lo hizo así que Eriol depositó un suave beso en los labios de Tomoyo, luego separándose lentamente la soltó y se puso de pie mirándola con tal adoración que la misma joven se sintió cohibida.
– – Debo ir con Shaoran a ayudarle en todo lo que pueda – nuevamente sonriendo con tristeza Tomoyo se puso de pie y lo abrazó con suavidad.
– – Cuídese mucho – dijo contra el pecho Eriol.
– – Así lo haré – respondió este besándole la coronilla y aspirando el suave olor de sus cabellos. Se separó de ella para retirarse dejando a Tomoyo con la sensación de que el sol de su vida se había puesto. Intento mitigar el sentimiento y supo que no volvería a percibirse completa hasta que viera a Eriol Hiragizawa nuevamente.
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El enrejado se abrió dando paso a una forma oscura e indistinguible en la penumbra de la prisión. Era la misma que venia a traerle agua y comida como la ultima vez. Había logrado saborear un poco pero su estomago parecía revelarse ante su cautiverio y sentía que cada trago que bebía, cada bocado que tragaba era como una sierra hiriendo sus tejidos. Quería ver la luz pero en el calabozo donde estaba no había manera de que eso pasara.
Permaneció en silencio intentando mirar a través de lo oscuro para identificar si se trataba del mismo hombre que la había secuestrado, quería reprocharle por haberla arrojado a ese infierno sin salida. Pero luego recordaba que a ese hombre no le temblaba la mano al levantarla para arrancarle la vida a una persona así que se lo pensó mejor. Temía que pronto se convertiría en otra mas de sus victimas.
Escuchó el sonido de las cazuelas de metal chocar contra el piso y después la reja volviéndose a cerrar. Se arrastró penosamente del camastro hasta el suelo y llegó a la bandeja tomando el vaso metálico llenó de agua tibia que bebió con asco pero que tuvo que tolerar para evitar deshidratarse. Olfateó intentando descubrir que le habían traído pero lo hizo sin ganas. Llevaba muchas horas sin comer pero no pensaba meterse a la boca algo que olía a pescado rancio. Eso fue antes de que su estomago decidiera retorcerse pidiendo algo mas que agua tibia y con sabor a metal.
Una imagen de un niño abandonado pidiendo comida le asaltó la cabeza y comenzó a comer lentamente pensando en que un infante en tal situación mordisquearía hasta el plato par saciar al menos la superficie de su hambre. El mero pensamiento la hizo llorar y se llevó a la boca los trozos de pescado con lagrimas de dolor.
Tras unas horas su estomago se volvió a revelar y se levantó débil pero rápidamente a una esquina de la prisión a devolver lo poco que había consumido. Seguramente si estaba rancio y le había hecho daño pensó agarrándose con fuerza la tripa y gimiendo adolorida. Sofocó el lamento cuando su estomago se retorció como un trapero, y la obligó a sentarse en una esquina con apretándoselo.
"Que pase pronto" pensó en medio de la oscuridad mientras el mareo y las nauseas la consumían.
Así fue como la encontró Hank, acostada en el piso, que seguramente estaba frio, gimiendo y tocándose el estomago como si este la estuviera acuchillando. Le iluminó la cara con la linterna dándose cuenta de las lagrimas que la empapaban y del color grisaseo de la piel de su rostro. El ceño lo tenia fruncido pero permanecía en silencio, sufriendo en silencio, como si se hubiera propuesto así misma hacerlo de esa manera. Como si no quisiera mostrar que era tan débil como parecía.
Conocía esa actitud, cuando era niño, huérfano, solo y abusado había peleado contra su debilidad de una manera parecida, callándose el sufrimiento. No podía creerlo pero se sentía ligeramente conmovido por esa muchacha.
Más no podía hacer nada.
Lo cual era mentira, de hecho podía hacer mucho pero no lo haría por que no quería ser perseguido nunca mas, sabia que si intervenía con algo el hombre lo mataría y a pesar de todo lo que había pasado no tenia ningún deseo de morir.
Olisqueó el aire sintiendo el leve tufillo a vomito y después lo vio pulcramente en la esquina, tan decente como ella pero con el mismo hedor.
El señor se había ido así que no se enteraría de nada, pensaba mientras buscaba en el patiecillo un valde de agua y un trapero. No quería parecer débil pero no podía dejar que esa mujer muriera en medio de la suciedad, podía hacerlo pero no quería. Maldiciendo su interior blando como un huevo se encaminó con los productos de limpieza hacia la celda oscura.
Encendió la luz y se dio cuenta de que la mujer no se movía. Seguramente no se había muerto... ¿O si?.
Se acercó lentamente y la tocó, aun estaba tibia. Estaba dormida. La levantó en sus brazos sorprendiéndose nuevamente de lo poco que pesaba. La puso en el camastro y se dedicó a limpiar con poco ruido para que pudiera descansar. No se demoró mucho recogiendo la suciedad. Luego volvió con un bandeja pero esta vez tenia la comida que estaba siendo destinada a él. No quería sentir compasión, nunca la había sentido desde que tenia edad para saber la diferencia entre el bien y el mal. Ella ni siquiera le había hablado alguna vez. Y ahora su yo sensible, al que siempre había hecho un esfuerzo por asesinar ante cualquier sentimiento que alguna vez intentó florecer de si mismo...Se hacía presente.
・ – ¿Por que? – escuchó un susurro casi imperceptible en la zona del camastro.
Se dio la vuelta lentamente para mira a la mujer cuyos ojos, a pesar de la penumbra, brillaban verdemente. No quería hablar, pero aun así de su boca se escapó la respuesta.
・ – ¿Por que qué? –
・ – ¿Por que me hizo esto? – dijo ella después de unos momentos.
・ – No le he hecho nada – dijo Hank pasando la ultima trapeada sobre el empedrado piso. Y tratando de ocultar lo que había estado haciendo aunque no estaba seguro de que ella no estuviera despierta desde antes.
Sakura no sabia por que estaba hablándole si horas antes había sido el hombre que mas le aterraba, el que la había lanzado de cabeza a la que seria posiblemente la ultima situación que viviría antes de morir.
Pero necesitaba...
No, no necesitaba nada mas que morirse, solo eso...
La imagen de Shaoran vino a su mente, como le hubiera gustado verlo aunque fuera una ultima vez. Nunca se imaginó que se separaría de él. Pensaba en que aunque hubiera tenido que vivir con su indiferencia al menos habría podido verlo, habría podido darle lo que tanto parecía gustarle de ella, su cuerpo.
Pero ahora estaba ahí, y todo gracias a ese hombre. Quería saber qué impulsaba a un ser humano capaz de destruir la felicidad de una persona como este había hecho con ella. Esa era su pregunta, pero dudaba que el hombre pudiera respondersela.
・ – ¿Nada es haberme traído aquí? – preguntó temeraria. – Creo que no le va a servir de mucho –
・ – Usted no sabe ni de lo que habla – comentó Hank exasperado.
・ – Un hombre como ese que le ordenó que me trajera no va a pagarle por mucho tiempo – dijo sin saber de donde estaba sacando el valor para hablarle de esa manera. – Cuando deje de serle útil se deshará de usted sin dudarlo –
Aunque le sorprendía la sagacidad de la muchachita no le podía negar que esa idea si le había pasado por la cabeza, cuando conoció al hombre su mirada despiadada le hizo respetarlo en seguida y aunque le encantaban los retos a muerte sabía que con ese hombre no podía jugar.
・ – A usted no le importa lo que me pase más de lo que a mí me importa lo que le pase a usted, deje de intentar ser mi amiga por qué no lo conseguirá – escuchó un suspiro que bien podía ser interpretado como una risa escondida.
・ – No me interesa ser su amiga. Simplemente constato la verdad de un hecho, la verdad lamento mucho su destino, tanto o más de lo que lamento el mío. Si no quiere ser mi amigo o como quiera llamarlo será mejor que se vaya –
Sakura cerró los ojos recostándose incómodamente en su camastro. Seguramente si no moría de inanición, seria de aburrimiento o tal vez de la molestia en su pecho que crecía a momentos. Escuchó la reja cerrarse y suspiró pesadamente. Unas horas mas en solitario...
Qué bien.
Hank cerró la puerta sintiendose ligeramente agobiado. La honda resignacion en el tono de la mujer era mas que palpable, y no queria percibirla, pero lo hacia, le calaba hondo como si la mujer de ojos verdes tuviera alguna clase de poder capaz de traspasar su acorazado cuerpo. Dejó los productos de limpieza donde los encontró y esperó a que ella se levantara los suficientemente rapido antes de que la comida no estuviera buena. Tendria que decirle al hombre que le habia entrado hambre y que se habia acabado lo que le habian dejado a él. Sabia que se lo creerian.
Por lo pronto evitaria...
No, no podria evitar ser el asignado para llevar la comida y medio antender a la mujer. Si decia algo el hombre se enteraria y seria mas peligroso... para él... para ella...
Basta, se dijo asi mismo, no iba a pensar mas en ella.
/./
El tiempo seguía avanzando. Shaoran lo veía pasar a medida que su desesperación iba en aumento. Las investigaciones seguían pero habían llegado al punto muerto y era imposible avanzar o retroceder de ahí.
Tres semanas, las mas horrendas que pudiera recordar teniendo sueños tenebrosos de ella, sobre ella y sobre todo lo que podía estarle pasando estando en cautiverio.
No habían recibido nuevas llamadas de quien la tenia bajo arresto pero el experto en psicología criminal que habían contratado había dicho que siempre tenían que estar alerta y pendientes de esa posibilidad. No la descartaba del todo. Tambien les había dicho que un hombre con la mente como la que tenia el secuestrador era volátil, difícil de tratar y que en cualquier momento podría matar a Sakura solo por el placer de hacerlo. Crudo, pero era cierto, las posibilidades de la muerte de ella eran cada vez mas altas…
La habitación de ambos se había convertido en el santuario de Shaoran, las cosas de ella estaban tal y cual habían quedado desde la ultima vez que ella las usó. Solo las ropas de cama se habían cambiado pero Shaoran tenia pegado el olor de ella a su nariz, no podía obviarlo ni quería. Ojala lo tuviera para siempre.
Ese día debía hacerse presente en la empresa, con la ayuda de Eriol había logrado mantenerla en el funcionamiento normal pero sabia que tenia que apersonarse de ella aunque lo que mas quisiera fuera estar pendiente de cualquier indicio que le informara sobre la vida de su esposa.
Cuando llegó a la oficina se encerró en su despacho e intentó concentrarse en los informes y las estadísticas. Todo muy bien, solamente que el trabajo que antes lo llenaba tan completamente ahora le parecía soso en comparación con lo que hubiera podido disfrutar en casa. Karma… no podía sacárselo de la cabeza.
Puso su mejor empeño y como empresario que era consiguió actualizarse de las ultimas novedades. Pero el trasfondo de su alma era el mismo.
El teléfono repicó y se negó a tomarlo. Pocos momentos después una de sus secretarias entró al despacho. Era la única a la que dejaba hacer eso.
– – Señor, tiene llamada en la línea cinco. Dice que es Mei Ying –
Shaoran la miró interrogante. Después vino a su mente la imagen de la escultural modelo china con la que había tenido un affaire hacia tiempo. ¿Qué querría?
Se sintió presa de una honda inquietud cuando comprobó lo poco que le interesaba saber de la espectacular mujer cuando meses antes habría acudido a su llamado sin dudarlo. Se dio cuenta de que no sentía nada en el cuerpo, era como si se hubiera convertido en una hoja de papel, en algo inerte que solamente volvía a la vida con los recuerdos.
– – Dile que no estoy – contestó abruptamente mirando a la pantalla e intentando no pensar en la cantidad de veces que había faltado a su matrimonio por vengarse de Sakura y satisfacer sus apetitos carnales.
– – Lleva llamando desde hace tiempo, sabia que estaba ocupado y no quise molestarlo pero la señorita se muestra muy insistente –
Shaoran apartó la vista de su computador y miró a su secretaria de mediana edad, estaba a punto de mandarla al diablo por incompetente pero se le vino a la mente la imagen de su bondadosa esposa… Parecía que ante cada situación que vivía ella estaba presente.
Ella no hubiera contestado como él planeaba hacerlo, a su secretaria, aunque era timida habría afrontado la situación con entereza.
"Eres patético, Li" pensó negando lentamente con la cabeza.
– –Pásame la llamada a la línea 4 – dijo después de unos momentos y casi le parecio ver que su secretaria parecía desinflarse de alivio. sintio impulso de reir.
– – Si, señor –
Minutos después el teléfono volvió a sonar.
Lo tomó y enseguida empezó a escuchar reproches con la sensual voz que no le movio ni un pelo. Escuchó con paciencia lo que le parecio el relato de la vida entera de la mujer y después vinieron los reproches de la falta de llamadas, el "crei que había significado algo" y mucho mas. El silencio fue el único que respondio a Mei pero después que terminó le dijo en lo que le parecio la voz mas educada, que nunca había utilizado, que no estaba interesado en tener una relación con ella.
– – Nos divertimos – insistia ella – la pasamos de lujo, no puedes haberlo olvidado. _ dijo la mujer convencida de su atractivo sexualy tal vez lo tuviera, pero no para él.
– –Nunca prometí una relación – dijo él con paciencia – Ambos sabíamos lo que queríamos y nos dimos lo que necesitábamos. –
– – Pero necesito mas – dijo ella. Casi la podía ver en su mente haciendo un mohín que mas que hacerla ver sexi la hacía parecer una señora madura haciendo gestos de niña. Ridicula.– Estoy segura, y se que lo sabes, que puedo ser la parjea ideal –
– – En alguno de nuestros encuentros… ¿mencione que estoy casado? – preguntó sintiéndose miserable por usar esa excusa en vez de haber respetado su matrimonio –
– – Es la excusa mas…– dijo ella burlándose.
– – No es excusa. Estoy casado – dijo él seriamente. El silencio le devolvió la respuesta por unos momentos, luego escuchó una risa ironica.
– – Bueno, eso no te impindio que nos acostaramos juntos –
– – Es cierto… pero luego descubri que los placeres de la cama marital me daban mas satisfacción que "otros" – comentó con desden sintiéndose de repente muy sucio y asqueado de su propia conducta.
– – Asi que me vas a decir ahora que mientras fornicabas conmigo pensabas en tu esposa – comentó cruelmente la mujer dispuesta a utilizar el arma del daño.
Ahora que ella lo mencionaba Shaoran se dio cuenta tardíamente que en realidad si había pensado en ella, aunque fuera con odio siempre había estado presente en su cabeza a pesar de que quisiera ignorarla.
– – Si – comentó después de unos momentos.– Si pensaba en ella – pensó que estaba siendo un poco cruel y no le importaba, con la única persona con la que no debio haber sido cruel fue con su mujer.
– – ¡¿Estas enamorado de ella?! – preguntó la mujer estridentemente.
La pregunta le dio de lleno en el plexo solar. Especialemtne por que fue como si le hubiera tirado la verdad sobre la cabeza haciéndole mucho daño. Su mujer estaba presa, secuestrada y él, en vez de estar buscándola, estaba intercambiando palabras con una zorra del tres al cuarto por la que ya no sentía ni asco.
Y ahora ella le preguntaba eso.
Y no sabia que responder, salvo querer cortarle la llamada. Pero sabiaque si la terminaba Mei no lo iba a dejar en paz. Tendria que dejarle las cosas claras, y por lo tanto decirle la verdad. La verdad que no podía negar y que solamente cuando esa mujer se lo preguntó fue capaz de ver. Como si una cortina de mentiras repentinamente fuese levantada para revelar la mas hermosa y dolorosa de las verdades.
– –Si – contestó mas para si que para ella – La amo – y sintio como si un paño helado de repente le fuera colocado en la frente ardiente. Alivio y frescura. No sabia que admitir la verdad tuviera ese efecto casi sedante. Pero la punzante preocupación por no tener a Sakura a su lado era el único punto negro en su blanca admisión.
– – ¿Qué? – dijo la mujer mientras Shaoran se imaginaba que estaba derrumbando cada una de las ilusiones que se hizo llamándolo.
– – Amo a mi esposa – dijo Shaoran y con cada palabra la cortina seguía abriéndose. Se puso de pie aun con el auricular en la mano y dejando a la mujer fgritando su frustración tomó su chaqueta y salio de la oficina para bajar corriendo las escaleras de emergencia y salir a la calle en plena tormenta. Se empapó en segundos pero no le importaba, lo único que lo hacia era lo que acababa de descubrir, si se encontrara en ese momento al padre de Sakura podria mirarlo a los ojos y decirle que ahora que lo hacia si podía escupirle a la cara que amaba a la joven como nunca creyo posible hacerlo, que seguramente la había amadao desde que la había visto por primera vez pero que sus sentimientos hacían sido cegados por el resentimiento, la venganza y el rencor.
Si, amaba a Sakura… Que cantidad de entuertos se habría ahorrado de haberse dado cuenta antes.
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Sakura atacó la manzana especiada que tenia frente a su rostro. Casi la rapó de la mano del hombre pero se había dado cuenta de que era lo único que toleraba de las cosas que este le traía. Atrás habían quedado las raciones rancias, parecía que se habían compadecido de su estomago y le mandaban alimentos comestibles. Aunque siguiera depositando en una caneca que también le habían proveido la mitad de lo que se comia, apreciaba enormemente las manzanas, le relajaban el estomago y la hacían querer comer un costal entero.
– – Gracias – dijo entre bocado y bocado a medida que la carne jugosa de la manzana desaparecia. Siempre le decía gracias, aunque no sintiera mucho aprecio por él le agradecia enormemente que estuviera llevándole alimentos. Queria estar fuerte para la próxima confrontación con el hombre. Si sus cálculos eran correctos llevaba algo mas de dos semanas cautiva. Habia hecho una rayita en la paredn con una de sus uñas marcando cada dia, lo que podía calcular que eran veinticuatro horas y había hecho bastantes cálculos, daban 20 dias.
El silencio fue la única respuesta pero ya se había acostumbrado, desde aquel inicio no había vuelto a cruzar palabra con el hombre, tampoco le había visto la cara y no podía hacerse una idea de lo que veía.
Cuando lanzó su colmillo sobre el poco de manzana que quedaba antes de llegar al corazón de la misma sintio un tironazo en su propio órgano de vida. Que la hizo mascullar y casi la lanzó de lleno al suelo.
Soltó un gemido y se llevó la mano al pecho para aplacar ese dolor, era terrible pero desde hacia una semana lo venia sintiendo a deshoras. Ahí estaba la prueba de que todos en la casa le mintieron respecto a que no estaba enferma del corazon, cuando tomaba los medicamentos había dejado de sentir las punzadas, pero ahora que no estaba tomando nada las sentía cada nada, y cada una era mas dolorosa que la anterior.
Pero no tenia miedo… Ya no…
Aun asi era doloroso, eso si la inquietaba.
Sintió los pasos del hombre acercarse lentamente hacia ella, como si estuviera evaluando la posibilidad de creerle o no. Ella se alejó no queriendo que fuera testigo de su enfermedad. No quería que la curaran para soportar mas tiempo de su encierro. Al menos en la casa de Shaoran podía moverese por varios espacios pero aquí, aquí el asunto era diferente. El cuadrado que era su prisión estaba cada dia ahogándola mas. Valiente o estúpidamente preferia la muerte a seguir cautiva.
– – ¿Está bien? – preguntó con desgana Hank que a diferencia de muchos hombres tenia una vista privilegiada en la oscuridad. No era ningún superhéroe ni nada, simplemente distinguia un poco las formas y eso le había salvado la vida en mas de una ocasión. Habia visto el cambio en la postura de la mujercita y sabia que se haba llevado una mano al pecho.
Sakura sintio de repente sus vías respiratorias con tapon, no podía tomar el suficiente oxigeno por que con cada pasada de aire por su nariz su corazón parecía estrujarse como si estuviera lanzando un grito agudo y desastrozo. Una cosa parecía ser lo único seguro. Por el dolor en su corazón y lo rápidamente que parecía estar perdiendo el sentido había llegado su hora. Alivio y tristeza se mezclaban poderosamente en su interior, pensaba mientras caia en su camastro y se quedaba quieta en el intentando aguantar su oxigeno como el instinto en su cuerpo le pedia. Alivio por que no podrían torturalra y tristeza… por Shaoran, siempre él. Cerró los ojos y conjuró en su mente la imagen de él, quizá fuera lo ultimo que viera y se sentía lo suficientemente conforme.
Ella no le respondia, solo podía escuhcar una respiración forzada, casi sonora. Se acercó mas y antes de que ella apara su cuerpo le iluminó de lleno la cara encontrando la píel demasiado blanca y los labios azulados y los ojos fuertemente cerrados.
Salió de la prisión rápidamente correindo hacia el despacho, si es que a esa habitación deplorable se le podía llamar asi, en donde había comunicación directa con el hombre.
– –¿Qué pasa? – preguntó apenas contestó, enfadado como siempre de ser interrumpido.
– – La mujer tiene algo… esta enferma – dijo sintiendo la incomoda picada de la preocupación.
– – ¿Y a mi que? – dijo el hombre mostrando una vez mas su faceta de ser despreciable. No debía odiarlo, no debía ya que el pagaba su sustento y según el tipo el trabajo acabaría pronto. Pero si el fuera un secuestrador por deporte, esperaría que sus secuestrados tuvieran un minimo de superviviencia para que le sirvieran de algo. Pero no este hombre, este parecía desear la muerte de la muchacha de una manera y otra y parecía que entre mas dolorosa mejor.
– – Si, señor, lo que usted diga –. Comento Hank intentando cortar la línea esperando no haber cometido un error al decirle que la mujer estaba mal.
– – Veo que te preocupa la muchacha… es mas…¿Cómo te diste cuenta de que estaba enferma? ¿Acaso la estas mirando de cerca? – pregunto agudamente la voz del hombre como si estuviera sonriendo y fuera un zorro astuto.
– – Su dificultad respiratora se escucha a un kilometro de distancia – comento Hank sin inmutarse. No levantar el tono de voz, se dijo, no demostar emoción, se repitió, hacer como que no importa, y lo logró o eso creyó.
– – Pues indicale que respire hacia donde entre mas el aire, en la reja. Por favor molestame cuando de verdad sea algo importante, no será la primera prisionera que agarra un resfriado –
Hank luego escuchó solamente el sonido del corto de línea. Dejó sobre la mesa el auricular y meditó sobre que hacer. Pero por el color azulado de la cara de la mujer tenia que decidirse ya. Si el hombre la encontraba muerta seguramente se enfadaría, si la encontraba viva de todas maneras se enfadaría, si no le mencionaba nada seguramente la dejaría en paz un tiempo mas.
Y mientras pisaba a fondo el acelerador, rumbo al hospital mas cercano en la camioneta 4 por 4 que había sido dejada a su disposición para huir en caso de ser necesario, enfundándose un arma calibre 35 y poniéndose su pasamontañas para hacerse irreconocible, se preguntaba que demonios hacia y por qué.
No le tomó mucho tiempo aparcar escondido, tampoco intimidar a un enfermero para que le dijera los insumos que debía llevar para una sintomatología como la de la mujer. El enfermero, bajo la amanaza del arma y de la aterradora voz de quien lo amedrentaba le ayudó a poner una bala mediana de oxigeno con el respectivo equipo y broncodilatadores. Medicamentos para el dolor y también vitaminas, pidió Hank sin moverse del sitio. Una vez lo tuvo todo empacado en la camioneta lanzó un golpe al enfermero que le había proveido dejándolo sin conocimento pero en un sitio donde seria encontrado pronto. Luego aceleró a mas no poder para llegar con su carga.
Ya que era el único autorizado para entrar a la celda de la mujer lo que le llevara no seria visto por nadie mas.
O eso esperaba.
Estacionó la camioneta con premura y sacó la bala y el oxigeno primero. Bajó con dificultad la escalera debido al peso de la pipeta y con mas dificultad aun la metio dentro de la celda.
Mirando en el papel donde había anotado las instrucciones preparó todo y acercó la mascara de inhalación a la cara de la mujer que acostada anormalmente quieta seguía respirando con dificultad.
Le puso el caucho alrededor de la cabeza y le subio el camastro hasta que estuvo semisentada.
A medida que los minutos pasaban la mujer parecía respirar mas fácilmente. De repente Hank se sentía orgulloso de haber sabido describir la sintomatología de la mujer. Algunos allegados habían muerto de crisis asmáticas y sabia lo que significaba la coloración azul en los labios de una persona. Ademas sabia como se escuchaba cuando se tenia dificultad al respirar. Ahora la mujer parecía haber bajado sus sibilancias a simples ronquidos y aun se apretaba el pecho como si este fuera a salir corriendo.
Unos impresionantes ojos verdes se fijaron en los de Hank dejándolo momentáneamente atrapado. La blanca mano de la mujer señaló su pecho y después dijo lentamente "duele". Casi no la escuchó pero comprendio que el pecho le dolia y rápidamente se devolvió en busca de lo demás que había traido dejando la camioneta como si nunca la hubiera utilizado. Miro lo que el enfermero había dicho que eran analgésicos y tomando agua limpia de la jarra de la cocina bajo nuevamente a la prisión y ofrecio el vaso con la píldora a la mujer que la miro con desconfianza.
– – Es tramadol…– dijo mostrándole la cajetilla.– para el dolor –
Ella se quitó la mascara que el le había puesto haciéndola a un lado y con una mano débil empujó lejos la píldora haciendo que Hank casi la botara.
– – ¿Qué hace? – dijo volviendosela a acercar. Pero ella negó con la cabeza y arrodillándose penosamente para sentarse se inclinó hacia la bala de oxigeno y cerró la llave. Parecia saber lo que hacia por que educadamente colgó la mascara en la boca de la pipeta y lo miro fijamente.
– – Llevesela – dijo despúes de unos momentos. La sibilancia dejo salir la sssss después de que ella terminara de hablar.
– – Tomesela –. Dijo poniéndosela frente a la boca pero ella alejó el rostro y se acostó en el camastro. Parecia que no sabia como volverlo a poner en horizontal pero no le importó se arellanó como pudo y le dio la espalda a Hank haciéndole sentirse rechazado. Ella no quería que le diera nada, quería que le siguiera doliento y parecía que quería morirse ahogada.
Una parte de él le decía que la dejara ahí morirse, que no tenia por que importarle lo que le pasara, la desolación en los ojos verdes, unido a la desesperanza y a la decepcion era algo difícil de olvidar. No sabia que las mujeres de japon pudieran tener ese color de ojos y menos ser tan expresivos a pesar del evidente cansancio. La otra parte en el quería que esos ojos siguieran con vida, para que pudieran mostrarle algo bello como esa mirada en toda la fealdad que había en su vida…. Vida a la que ella parecía estar renunciando.
– – No lo entiendo – dijo Hank después de un momento mirqando como los estrechos hombros de la mujer se tensaban, estaba despierta.
Lentamente soltó las piernas y se dio la vuelta para mirarlo.
– – No quiero salvarme – dijo ella después de destruir cada particular del ser de Hank solamente con la inanimada mirada. – No quiero que usted me salve, ambos sabemos lo que me espera si sigo con vida – tosió un poco llevándose las manos al pecho con tanta pasión que Hank sintio como si estuvieran apuñalándolo a él. – Mas vida para mi significa mas tristeza para mi padre, mas dolor para mi doncella, mas quebraderos de cabeza para mi esposo y mas torturas por venir de parte de ese hombre que me ordenó secuestrar –
Cada frase que mencionaba estaba dicha con tal sabiduría que Hank sabia que estaba diciendo la verdad. Ella tarde o temprano iba a morir.
– – Estoy enferma… creo que el corazón me falla, no estoy segura – dijo dejando de mirarlo y mirando hacia la nada – Quiero que mi corazón falle, aunque me hubiera gustado ver otras cosas…–
Hank cerró los ojos un momento pero no podía imaginarse algo como lo que veía ante él, tal resignación…
Se levantó y aunque ella dijo que no quería, tal vez cambiara de opinión. Vendría a verla más tarde, si moría tenía que borrar toda evidencia de que había intentado ayudarla.
Se fue de la celda dejando tras de si a la figura casi moribunda.
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– – ¿Esta segura de lo que está diciendo? – dijo Liu agarrando el teléfono como si fuera su propia vida, la voz al otro lado de la línea pareció afirmar por que Liu levantó los dedos pulgares y los administradores de los equipos comenzaron a grabar la llamada para verificar la veracidad de los datos y que tanto podían confiar en el dato de la mujer. Habían estado interrogando por muchos días a todas las personas que podían vivir al rededor de el sitio de los hechos después de haber acabado de recaudar pruebas. Cuando descubrieron por el GPS la dirección que ella estaba dando estaba en la esquina de una de las calles que llevaba al lugar pudieron constatarlo, podía tratarse de una información verídica aunque nadie se hacia ilusiones bien podía tratarse de alguien buscando una recompensa o tal vez no.
Según la mujer el día del secuestro su hijo autista había estado jugando con una cámara de fotografías recién estrenada. Había encendido el modo panorámico y había apuntado a la ventana varias veces captando fotografías varias de lo que sucedía en la calle, estaba con la mujer que lo cuidaba quien no puso mucha atención y lo apartó de la ventana pero en días atrás habían decidido revelar las fotografías y se habían dado cuenta de lo que su hijo había tomado. El esposo de la mujer las había enviado vía correo, todas las imágenes, y la mujer estaba llamando al numero que le habían dado después de que habían pasado recopilando la información. Le dijeron que contactarían con ella pero la mujer se negó a recibir dinero, dijo que volvería con su hijo y les deseó suerte en la investigación.
Cuando Liu colgó la linea pidió inmediatamente que las imágenes fueran mostradas en la pantalla gigante donde podría disponer de ellas como mejor le parecía.
En el momento en que empezaron a llegar cada una era mas clara que la otra y las que no eran la computadora de ultima tecnología se encargaba de aclararla, era como ver un relato en caricatura de lo que había sucedido pero no podía concentrarse en eso, lo único que le importaba estaba siendo revelado ante sus ojos, un indicio que no había tenido esperanza de encontrar pero que ahora se revelaba ante él.
Las placas de la motocicleta que había secuestrado a Sakura Kinomoto
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La oscuridad no era enemiga para Hank, pensó mientras se acercaba a la cama y miraba la figura dormida en ella. No sabia que lo impulsaba a regresar, solo sabia que ella no podía morir como lo estaba planeando. Algo se había apoderado de él, como una fuerza desconocida, lo llamaba, no pensó en que algo como eso pasaría pero ahí estaba, deslizándose como un insecto en la prisión para asegurarse que estaba bien, el hombre le había llamado y le había dicho que vendría en la mañana, seguramente a iniciar la siguiente tortura para ella, para sus familiares o lo que fuera.
Abrió la llave de el oxigeno lentamente tomando él mismo la mascara y acercándola a la cara de la mujer para hacer la terapia él mismo. Si se la ponía la despertaría por que el caucho que la mantendría en la cara era bastante apretado.
Se quedó con ella toda la noche, era lo único que podría hacer para intentar hacerlo mas fácil para ella en la mañana.
O no.
