¡Buenas madrugadas!
Espero que todo este yendo bien por sus vidas, gracias por esperar por este nuevo capítulo sin desfallecer pero no he estado muy bien de ánimo por lo que no tuve inspiración sino hasta la semana pasada. Siento haberme demorado tanto en la publicación de este nuevo cap. pero les aseguro que fue una situación que se me salió de las manos.
Gracias por volver a leer y espero que sea de su agrado
Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de CLAMP
DINASTIA LI
CAPITULO XXIII
El hombre a los pies de la cama del escolta estaba concentrado mientras este recitaba sin parar todas y cada una de las características que había identificado en el rostro del secuestrador. No se guardó ningún detalle porque sabía que si lo hacía podría entorpecer cualquier actividad de rescate. Había recibido varias visitas del señor Liu quien le había contado en voz muy baja algunos de los pormenores de la investigación.
Nada, no había ningún indicio diferente al de las placas de motocicleta cuyos tres dueños una no habían podido ser identificados ni encontrados.
Cuando terminó de hablar tenia la garganta seca y en investigador, especialista en realización de retratos hablados le acercó el vaso con agua que en ese momento estaba sorbiendo.
La tarde estaba cayendo y con ella llegaba otra noche más en la cual el escolta sabía que no iba a ser capaz de conciliar el sueño. Así había sido desde que había saludo del coma y suponía que se trataba de que ya había dormido mucho siendo sedado y su cuerpo se resistía a caer nuevamente en esa inconsciencia.
Se dio la vuelta lentamente y sintió un tirón en la pierna. Aquel malnacido había apuntado sabiamente, la cual se le hacía raro teniendo en cuenta que había asesinado a dos personas frente a la señora sin ningún tipo de problema. Casi podía decir que el secuestrador no había querido matarlo y sospechaba que la rendición de la señora Sakura había tenido mucho que ver.
No podía dejar de sentirse culpable a pesar de que el señor Liu le había dicho que incluso el guardaespaldas más cualificado nunca hubiera podido evadir el ataque.
Yato no pensaba eso.
Él meditaba una y otra vez y siempre hallaba algo de culpabilidad, tanto así que Liu desistió de intentar darle ánimo.
En una semana iniciaría terapia y en otras dos estaría fuera del hospital y podría saber más a fondo que había pasado con su señora.
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Sakura se sentía fría.
Y de la misma sensación tenia la piel tan sensible que dolía. Se tocó lentamente la cara en medio de la oscuridad intentando averiguar si no se había convertido en algún pedazo de hielo o algo semejante, pero no. Había lágrimas secas en su rostro y estaban pegadas a su mejilla. Bajó la mano intentando arrebujarse más en su ajado vestido cuando descubrió la razón del frio, solo había una pequeña manta cubriéndola y se supo casi desnuda debajo de esta. Escucho el crepitar de algo similar a las llamas. Lentamente miró hacia el sonido y una lámpara de gas iluminó tenuemente la celda. El hombre que cuidaba de ella estaba ahí, tenía su vestido en las manos y parecía estar haciendo algo con él.
Intentó hablar pero sabía que supondría un esfuerzo y se sentía lo suficientemente débil para no intentarlo. Sentía que tenia la garganta en carne viva tragó un poco de su saliva solo para hacerse más consciente de su malestar. Sentía la mano hinchada y volvió su mirada hacia abajo, a su brazo el cual tenía un abultado vendaje completamente limpio.
Escuchó otro ruido y se volvió para mirar al hombre que al parecer había terminado de maniobrar con su ropaje. Cuando esta tela estuvo más cercana a la luz pudo ver que la tela estaba más limpia que antes aunque tenía manchas de tierra, barro y más. Pensó en que motivos tendría el hombre para lavar la ropa y volverla a ensuciar.
Hank se aclaró la garganta y ella volvió sus ojos verdes hacia él.
– Hay agua tibia, un tazón y unas toallas en la esquina de la celda – Sakura no podía verlo pero algo en su voz le hacía pensar que estaba… ¿avergonzado? – Puede limpiarse allí. Yo no voy a mirarla –
Sakura volvió a tragar saliva e hizo un gesto de dolor, intentó hablar pero seguramente sus cuerdas vocales también se habían congelado o roto. Seguramente se las había lastimado en medio de sus miserables gritos.
Aferrándose a la manta que la cubría como único método de protección se sentó en la cama con la familiar sensación de la cabeza dándole vueltas. Se acopló al poco oxigeno que sus pulmones podían aportar a su cerebro y se fue caminando tambaleante hacia la esquina mencionada sintiendo el calor emanar del gran cuenco de agua.
Comenzó a lavarse cuidándose de no descubrirse mucho aunque dudaba que fuera objeto de deseo en ese momento justo como lucia.
Cuando pasó el paño con el que estaba limpiándose por sus partes privadas este se mancho rápidamente de sangre seca.
Se paralizó.
¿Cómo le hablaba uno a la persona que la había secuestrado, que había matado gente frente a ella y que la tenia cautiva a pesar de ayudarla, sobre la fisiología del cuerpo femenino?
Estaba menstruando, después de casi dos meses de no hacerlo.
Se limpió lo mejor de pudo dadas las circunstancias pero no notó que estuviera sangrando mas, cuando estuvo moderadamente limpia tomó la manta y se cubrió nuevamente con ella.
Cuando se dio la vuelta el hombre la observaba aun sentado en la silla cerca de la lámpara de aceite. Tenía en sus manos su vestido y en la otra una caja blanca. Tenía un dibujo de un curioso dispositivo que Sakura no había visto nunca y no podía distinguir la letra. Se acercó lentamente a él y recibió de sus manos el vestido pensando en que quería cubrirse antes de hacer más el ridículo. Una vez puesto el vestido después de maniobrar milagrosamente bajo la sabana se sentó en la cama y espero que el hombre tuviera ganas de decirle que era el juguetito. El la seguía mirando como si esperara que hablara, la miraba alternativamente y luego a la cajita.
– No sé qué es eso – dijo finalmente después de unos minutos la joven sin comprender que quería el hombre que hiciera.
– Lo imaginé – contestó él después de unos momentos más – Simplemente necesito una muestra de…–
Hank pensaba que había pasado por la etapa de su vida donde existía la vergüenza y el respeto por la intimidad de otros pero ahí estaba ese sentimiento de incomodidad e irrespeto por hablar de lo que tenía en mente. No podía saber cómo hacer para decirle a la muchacha que hiciera aguas menores encima del test de embarazo que había conseguido horas antes incursionando en una farmacia diferente a donde había ido la vez anterior. Supuso que tendría que abusar de la privacidad de ella pero si no salía de la duda no tendría oportunidad de saber si debía apresurar las cosas o no. Así que decidió no decir nada y vigilarla estrechamente para el momento en que…hiciera sus necesidades.
Pero la incomodidad siguió creciendo y sentía que era casi enfermizo y bizarro hacer eso.
No, tendría que ser algo más sutil. Tendría que averiguar si los test de embarazo podían ser probados con sangre y no micción. Se alejó un poco de ella y escondió la cajita en uno de los bolsillos de su abrigo.
Sakura olía el aroma del detergente en su vestido, estaba sucio pero parecía que la suciedad era como un maquillaje por qué no llegaba a su nariz el olor a tierra y porquerías que ella se había imaginado como si hubiese estado en manos de alguien experto en crear evidencias y así era al parecer. Cualquier persona que la viera nuevamente ni siquiera pensaría que ese vestido había pasado por aseo pero ella si lo sabía. Conocía su olor y lo estaba vistiendo.
No recordaba nada después de haberse desmayado, había sentido una punzada en el vientre que asoció con una sensación similar al miedo y ahora nada le dolía. Lo cual era improcedente ya que sus periodos solían ocurrir con cólicos demasiado frecuentes y dolorosos que solo las hiervas de Tomoyo podían aplacar. Si, ya no le dolía ni sentía que tuviera sangrado activo. Seguramente el encierro hizo estragos en su ciclo.
Se recostó en la cama y su manta húmeda, la que pensó que tendría que usar nuevamente sobre su vestido limpio/artificialmente–sucio, le devolvió la mirada pero esta fue rápidamente reemplazada por otra.
El hombre seguía sin hablar, después de su improcedente comportamiento de hace unos momentos nada le parecía raro. Volvió a acostarse y se puso la máscara del oxigeno que tan bien conocía. No le preguntó nada más. Se marcho dejando tras de él la luz del fuego de la lámpara. Sakura se concentró en esa luz sintiendo que un poco del calor de ella se filtraba a su fría carne. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar. De hecho sentía que ya había durado mucho más de lo que debía contando con la ayuda del hombre pero inclusive él no sería capaza de detener la muerte si esta venia a llevársela antes de poder ver de nuevo a Shaoran.
No por primera vez se preguntó que podría estar haciendo él. Sus cavilaciones iban desde haber hecho una fiesta, haberse conseguido otra amante y muchas cosas que no quería mencionarse. Las lágrimas volvieron, aquellas peligrosas traicioneras, sus promesas de no volver a verlas se convertían en segundos en solo palabrería barata y vacía. Nunca iba a dejar de llorar, por lo que no había tenido, por lo que había poseído brevemente, por lo que nunca tendría.
El oxigeno las secó, pero el dolor seguía allí y no se iría, menos con el tipo de triste y desesperanzadora estimulación que la rodeaba.
Se quedó dormida.
Hank la miró en silencio acercándose con un aparato especial para tomar muestras sanguíneas. Sabía que técnicamente las pruebas de embarazo no funcionaban así pero la World Wide Web tuvo la rápida información que todos los test estaban destinados a buscar el mismo componente. La gonadotropina*
Se acerco y descubrió el delgado brazo, la piel seguía de gallina lo cual era raro teniendo en cuenta que tenía más de tres mantas encima. Acercó la punta y la pinchó. Debía estar realmente cansada, agotada y tensa para no despertarse ante el pinchazo pero ya estaba hecho, ya tenía el poco de sangre que necesitaba para probar la teoría que había formulado.
Subió al piso de la casucha y se sentó en la mesa frente al computador, ahí tenía tres pruebas de embarazo, extrañamente seria como había evitado pensar, un invasor de intimidades pero las acciones y los actos que lo impulsaban iban más allá del pudor o de la vergüenza, si no comprobaba esto pronto las cosas podrían complicarse aun mas para la muchacha.
Cuando minutos después la raya que indicaba positivo en las tres pruebas apareció Hank supo que se hallaba en problemas. Mega problemas.
Las cosas tenían que apresurarse antes de volverse más complicadas (si es que eso era posible)
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Los equipos comenzaron a trinar pausadamente mientras los hombres alrededor de la estancia se movían como hormiguitas laboriosas. Una señal casi indetectable de un móvil había sido captada momentos antes. No se emocionaron demasiado, había muchas de ellas en medio de la investigación pero esta señal era inequívocamente una importante y la razón era que procedía del mismo móvil que horas antes había contactado con ellos para hacerles vivir minutos infernales.
El experto en señales y monitoreos comenzó a mover sus dedos rápidamente por sobre el teclado haciendo y deshaciendo hasta que al final un punto rojo al casi centro de un mapa desértico les dio la indicación de localización.
Todos los hombres permanecieron en silencio mientras asimilaban poco a poco lo que tenían frente a sí.
Podía tratarse de una trampa, podía ser una señal confundida, podían ser tantas cosas que cada uno parecía estar buscando en su cabeza la respuesta más lógica de proceder ante ello. Y solo había una. Ir a comprobar.
La información llegó a Shaoran minutos después y bajo corriendo al cuarto de control.
– ¿Cuándo partimos? – fue lo único que pronunció, luego perdió el control de su habla y comenzó a repartir ordenes a diestro y siniestro, completamente enloquecido, ordenes que a otros oídos diferentes al de él, eran demasiado absurdas y casi imposibles de llevar a cabo.
– No podemos irrumpir así nada más. Recuerde que tiene que ser una acción cuidadosamente planeada, piense en su esposa – fueron las sensatas palabras de Liu y Shaoran sabía que tenía razón. Sacudió la cabeza asintiendo lentamente y soltando un bufido como lo haría cualquier niño decepcionado.
De hecho eso era lo que hacía ahora, mucho más que comer, vivir y dormir; pensar en Sakura. Pero sabía que Liu estaba en lo correcto, no podía arriesgarla aun más y menos si ahora se encontraba herida, no podía saber si tenía dos balazos en su cuerpo o algo más por que así funcionaba la tortura psicológica del malnacido que la tenia presa.
"Por todos los infiernos", pensó Shaoran saliendo de la sala y sentándose en un banco aledaño preso de una insufrible desesperación y decepción.
Liu acercó su mano y la puso casi que imperceptiblemente en el hombro de Shaoran y este, que no estaba acostumbrado a recibir consuelo, lo miró extrañado.
– La vamos a encontrar – dijo lentamente aunque ninguno de los dos añadió lo que los carcomía. La pregunta que groseramente se podía denominar "del millón" ¿La encontrarían viva o muerta?
– Hay tres cabañas dentro del perímetro triangulado. Podemos preparar un operativo correcto en dos o tres días – dijo un operador saliendo del cuarto de control interrumpiéndolos.
"¡Es mucho tiempo!", pensó Shaoran queriendo gritarlo a los cuatro vientos pero seguía sin querer arruinarlo, estaba haciendo caso a Liu quien asintió al hombre que había hablado.
– Utilicen todo el arsenal necesario, recuerden que se trata de nuestra señora –
– Ninguno de nosotros lo ha olvidado – le respondió intempestivamente aquel que había hablado.
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Hank cerró la ventana de búsqueda en el arcaico computador que albergaba eso que el hombre insistía en llamar "despacho". El pequeño espacio de la cabaña donde abundaban equipos tecnológicos, unos más obsoletos que otros.
Había estado investigando sobre "embarazos de alto riesgo en enfermedades cardiacas" y no había encontrado nada alentador. Es más lo que había visto le hacía plantearse qué tanto tiempo le iba a llevar traicionar al hombre.
Si, era algo que había decidido hacia un tiempo pero solo ahora podía ver. Sus acciones le sorprendían inclusive a él mismo. No entendía qué se había apoderado de su voluntad y no intentaría averiguarlo, simplemente decidió que la ayudaría a escapar o a que la rescataran ya que dudaba mucho que el estado en el que se encontraba diera pie para huidas sin nadie acompañándola. Una vez estuviera realizado huiría de la justicia como siempre lo hacía y empezaría de nuevo en otra tierra, otra ciudad y con otra vida, una que quería que fuera, por primera vez limpia de toda la inmundicia de la que se había rodeado desde hacia tiempo. Se preguntaba si de verdad podía dejar atrás todo y la respuesta era afirmativa. Estaba muy cansado.
Tenía que seguir esbozando el plan, sus últimas acciones podía ponerlo en evidencia y peligro pero la ira descontrolada que había sentido por el hombre lo habían llevado a actuar incongruentemente, pero ahora podía poner todo su cerebro en ello. O hacerlo del modo sencillo y rápido contactando con el esposo de la muchacha. No podía contar con que el hombre confiara en él ya que seguramente el malnacido no confiaba ni en su sombra pero aun le pedía que vigilara a la joven y eso debía ser algo. Además el maldito no creería lo que en realidad había pasado, que el ángel que ella parecía representar le había hecho plantearse las cosas así en un principio solo siguiera ordenes.
La pista del móvil ya debía haber puesto en alerta el equipo de seguridad si manejaban la tecnología que Hank conocía ya debía conocer el perímetro de la cabaña donde estaban y las dos otras chozas alrededor de ese sitio. Era solo cuestión de tiempo. En un día o dos vendrían a investigar.
Solo debía preocuparse por mantenerla viva ese tiempo.
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Que interesante – dijo el hombre cortando lentamente la punta de un tabaco. Parecía más concentrado en esa acción que en ponerle atención al hombre que le hablaba pero ambos sabían que estaba más que al corriente de lo que le estaba comentando.
– La motocicleta fue encontrada en el desierto así que no hay manera de corroborar que Hank estuviera mintiendo, se hallaba bastante accidentada y cuando él llegó también se veía herido –
– Creía que Hank era un experto manejando motocicletas – comentó encendiendo un mechero y acercándolo lentamente al tabaco para comenzar a sorberlo lentamente.
– No niego que es extraño pero también puedo decir que somos humanos – lo anterior lo dijo mirando subrepticiamente al hombre y esperando que entreviera en líneas lo que quería decirle y donde tenía que meterse su prepotencia – Seguramente tuvo alguna contractura o simplemente, como él mismo lo expuso, perdió el control de la motocicleta –
– Vigílalo bien – ordenó el hombre dándose la vuelta y llevando el tabaco a sus labios para chupar su humareda nuevamente – No quiero tener que replantear todo mi sistema de seguridad por culpa de algún inepto. Cualquier cosa sospechosa que veas me a vienes a decir, hablaré con mis hombres para que te dejen el paso –
– Sí, señor – respondió el esbirro dándose la vuelta para retirarse.
La última semana el esbirro había notado a Hank demasiado inquieto para la forma en la que solía actuar… demasiado… ¿ausente? Se había preguntado muchas veces que pasaría y en contra de su voluntad había sido llevado frente al hombre para darle las ultimas nuevas. No iba a decir nada de Hank pero este lo había mirado de una manera tan penetrante que no pudo contener su duda. Sabía que si mentía al hombre se daría cuenta y probablemente le atravesaría el cráneo de un solo balazo.
Ahora tenía algo más de que preocuparse. Advertir a Hank que el hombre lo había mandado a vigilar más que antes. No podía estar seguro de que solo lo mandaría a él.
Cuando arribó a la cabaña con la camioneta y la nueva motocicleta de Hank espero que el hombre saliera a recibirlo como siempre lo hacía, pero la casa se hallaba en mortal silencio. Se adelantó lentamente sacando su arma, algo parecía no estar bien.
Sin pensarlo abrió la puerta de la habitación que Hank y el hombre debían usar como "despacho" e inspeccionó la estancia buscándolo, se tensó de llamarlo y se acerco lentamente al escritorio donde había una serie de papeles, notas y aparatos alargados y blancos con anotaciones y manchitas rosadas y rojas. Se parecían a las pruebas de embarazo de los comerciales televisivos…
¿Acaso Hank…?
Escuchó el sonido de un gatillo alistarse y se volvió lentamente para ver a Hank en el marco de la puerta apuntándole a la cabeza con un arma.
– ¿Qué haces en esta habitación? –
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Shaoran estaba saliendo absolutamente agotado del cuarto de control con toda la informacion recopilada dándole vueltas en la cabeza.
Caminaba lentamente por lo que no notó los pasos de alguien más hasta que lo tuvo frente a sí.
Reconoció el rostro ajado como el del escolta de su mujer recordando haber visto fotos de él. Pero nadie que lo mirara de lejos podría llegar a pensar que se trataba de la misma persona. Tena el rostro inflamado, seguramente por la cantidad de suero que había recibido en la clínica y Shaoran estaba seguro de que no había tenido una apropiada salida de este sitio. Se preguntó las razones por las cuales el escolta había pedido salida voluntaria del centro de salud y se había devuelto a la casa sin ningún tipo de seguridad en el mismo y con riesgo de que alguien del bando del maldito hombre viniera a rematarlo.
–¿No debería estar descansando? – preguntó al seguir caminando despacio y pasar al lado del escolta como si de una cámara ralentizada se tratara.
– No puedo descansar y estoy seguro de que usted tampoco. Por las mismas razones – dijo el hombre siguiendo también su camino a donde fuera que se dirigiera.
Shaoran sintió un moderado acceso de celos rápidamente infundado. Sabía que más de uno de sus hombres se había enamorado secretamente de Sakura, los había envuelto a todos en su mano de seda y jugaba tiernamente con cada uno de ellos en la punta de su inocente meñique. Sin malicia se había ganado el corazón de los escoltas y seguramente de este en especial. También sabia por el análisis psicológico al que había accedido de este guarda que sentía una gran culpabilidad por haber quedado vivo mientras ella era raptada.
–No podemos movernos todavía – dijo Shaoran deteniéndose unos centímetros más allá del pasillo.
– No puede dejarla más tiempo en manos de ese loco – había una nota de inflexible desesperación en la voz del hombre. Una que hacía eco de la misma que él sentía cada vez que le decían que tenía que esperar.
– No es algo que quiera hacer, créame, pero la seguridad de ella prima y si Liu dice que tiene que ser una acción planeada así será. No vamos a actuar como tocados exponiendo la… poca vida que hay en ella –
El silencio le devolvió la palabra. Cuando se dio la vuelta hacia donde estaba el escolta vio que se alejaba caminando lentamente pero en silencio como cualquier hombre de seguridad había aprendido a hacerlo.
Más muestras de lealtad hacia Sakura, no hacia él y no podía importarle menos, también él mismo estaba dando vueltas en el meñique de seda de ella.
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Mientras se fumaba el puro el hombre acariciaba la foto de Nadeshiko a la vez que ella parecía estarlo mirando caso que con reproche.
Parecía que nunca iba a poder olvidarse de ella así estuviera muerta. No mientras la sangre de Kinomoto prevaleciera en esas tierras. De todas maneras su memoria siempre se devolvía una y otra vez al recuerdo de ella prefiriendo a Fujitaka sobre él y aunque no podía odiarla a ella si odiaba todo lo demás.
"Lo siento Kato, pero amo a Fujitaka"
Después de eso le había dicho que no quería perder su amistad y cuando le gritó a ella todo lo que sentía, que no podía verla como una amiga por que la amaba y deseaba se fue jurando vengarse. Esa había sido la última vez que la había visto con vida. Al irse ella solo lo había mirado con lagrimas en los ojos y había negado con la cabeza mientras lo veía marcharse.
Kato esperaba que de verdad esas lágrimas y su partida la hubiesen lastimado. Quiso que de verdad ella sintiera en sus carnes el rechazo del que lo había hecho parte.
Pero todo había sido mentira porque un mes después recibía las fotografías de ella en su preciosa y maldecida boda. Sus lágrimas habían desaparecido siendo reemplazadas por esa sonrisa que ahora le devolvía la mirada. La que estaba acariciando en ese momento.
Sabía que no había sido culpa de ella. Todo lo había causado Kinomoto quien de seguro la había convencido con quien sabia que artimañas y ella en su inocencia había caído en las redes de ese perro. Por eso y más era justificado lo que estaba haciendo, tanto a ese como a su despreciable hija.
Lo era, verdaderamente lo era…
Sus planes ahora eran jugar un poco, podría darles esperanza de que quería dinero por su rescate, así cuando se lo dieran tendría más capital para comprar armas y posiblemente hacer algo de tráfico ilegal y tendría a la niñita por más tiempo para torturarlos y que siguieran pagándole. Si, era un buen plan. Ahora debía conseguir otro móvil.
Sencillo.
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– ¿Qué haces en esta habitación? – preguntó la serena voz de Hank.
¡Mierda y mil veces mierda! Pensaba Hank mientras veía a uno de los hombres del "hombre" parado ante el escritorio donde había estado horas antes cotejando información. En el momento en que volvía de alimentar a la joven (que no había comido lo suficiente para tratarse de una embarazada) había escuchado los ruidos y los había seguido a esa habitación escondida, no sabía que hacia ese ahí ya que lo había visto hacia tiempo pero no pensó que pudiera hacerle una visita y menos encontrarse con unas evidencias que no había escondido por puro y físico descuido.
Ambos median sus movimientos, ambos apuntaban a la cabeza del otro, uno de ellos sabiéndose menor en agilidad que el otro.
Hank respiraba tranquilo, sabía que podía manejar esta situación con inteligencia. Permaneció impasible mientras el otro respiraba agitadamente.
– No sabía que tuvieras mujer – dijo el esbirro mirando a velocidad de halcón la mesa y luego a Hank.
– No la tengo, solo se trata de un experimento – Hank sabía que no le creería y que inmediatamente empezaría a sacar conclusiones. Se moría por apretar el gatillo pero se había prometo algo y no quería otra muerte "más" en su conciencia.
– No sabía que tenias esa clase de intereses – dijo el lacayo mirando hacia las escaleras que se perdían en la penumbra unos metros tras Hank.
– ¿Que estás haciendo aquí? – preguntó sin bajar el arma.
– Vine a darte un recado del señor Kato – el esbirro bajó su arma pero Hank dejó la suya al frente, no se iba a confiar – Dice que tendrá que vigilarte mas – guardó el arma en el cinturón y se acercó más al escritorio a ver que había en él. – Y es lo que estoy haciendo –
¿Se trataría de un soplón? No podía estar seguro y tampoco podía arriesgarse a confiar en él.
Maldijo a todos los entredichos de su destino y apuntó a la columna vertebral del hombre.
– Pienso que el maldito elitista cree que vas a traicionarlo – dijo el esbirro dándose la vuelta y quedándose parado al ver que Hank todavía le apuntaba. –Y por lo que veo no se equivoca – hizo un gesto con la mano al arma del sicario y la apartó para salir por la puerta.
Era ahora o nunca pensó Hank volviéndolo a apuntar pero él se dio la vuelta y lo miró sin expresión alguna en el rostro.
– Por el bien de ambos espero que tengas éxito –
Hank tenía muchas preguntas pero una sola se coló por sus labios.
–¿No vas a decirle nada?
– ¿Qué puedo decirle? ¿Qué estrellaste la motocicleta a propósito y quien sabe que más cosas? Creo que ya lo sabe o sospecha, no necesita que le diga nada –
– ¿Y el motivo de tu silencio? –
– No quiero estar aquí – dijo sencillamente y sentándose en un destartalado taburete miró a la nada – No sé si enviara a alguien más para la misión que me encomendó, pero no pienso hablar así que deberías dejar de apuntarme con eso –
– No confío en ti – dijo Hank apoyándose en el mesón pero sin bajar el arma.
– Creía que valoraba mi vida aun después de todas las atrocidades que he cometido tanto para este señor como para otros con quienes he trabajado. Pero me doy cuenta de que no avanzo y vivo con la constante e incómoda inquietud de saber que un día puedo caer bajo su arma de gran calibre. Nunca quise esto, pero el poder del dinero y de la violencia me atrajo a límites insospechados. Juro que no quería esto por muchas cosas pero aquí estoy aun a riesgo de que me asesines o él me asesine –
Como lo había dicho antes Hank era experto en leer expresiones ajenas y durante toda su vida había sabido cuando se le mentía, cuando decían la verdad o cuando estaban ocultando algo. A la única persona que nunca había podido leer fue al hombre. Pero ahora leía al esbirro, sus hombros caídos, la verdad fluyendo de sus ojos y del nervioso movimiento de sus manos. Esos ojos no podían esconder lo que sentían y que si seguía viviendo en el medio de los sicarios, en el que se movían, sería su ruina y el motivo por el que aparecería muerto algún día.
Siempre había trabajado solo, nunca tuvo un secuaz ni nadie en quien confiara lo suficiente para llevar a cabo alguna misión. No sabía cómo reaccionar ante esto. Bajó el arma para darle al esbirro algo de paz aunque esa no fuera su verdadera intención.
– ¿Qué es lo que pasa con esta muchacha? – quiso saber el esbirro mientras miraba con fijeza a Hank – ¿Acaso estas…?– no sabía cómo preguntarle si estaba enamorado de ella, Hank aferró la culata de la otra arma que tenia oculta ella espalda. Si el esbirro llegaba a dispararle o a hacer algún movimiento evidentemente le impactaría pero le dejaría el tiempo suficiente a Hank para poner su arma en posición y darle su mejor tiro. Después se dedicó a meditar la pregunta no formulada del esbirro. ¿Estaba enamorado de la muchacha?
Nunca había estado enamorado de nadie pero ella despertaba algo en él que se parecía peligrosamente al amor. No, no la deseaba tampoco lo único que ella le inspiraba y que nunca había sentido con nadie antes era una profunda compasión.
– No – admitió ante el esbirro. – la compadezco, me parece que no se merece nada de lo que esta pasándole y no es lo suficientemente fuerte como para resistir lo que ese hombre planea hacer con ella – no tenía la certeza de qué era eso, pero sabía que no `podía ser nada bueno si antes la había tratado con tanta crueldad.
– Nunca conocí a nadie que se dejara conmover por una mujer –
– A lo largo de mi vida he visto más injusticia, atropellos y vejamentos contra la mujer de los que te puedas imaginar. Todos estos a manos de hombres incluso peores que para quien servimos. Aquellos que disfrutan el golpear, matar, quemar y torturar a las mujeres por la maldita misoginia y por el simple placer de tener el poder para hacerlo –
El esbirro también había visto y había sido participe de mucha violencia y cada acto que había presenciado había dejado una muesca tras otra en su casi inexistente alma. Hasta que había sido corrompido por su propia ambición hasta que los remordimientos habían comenzado a aparecer y no le habían dejado continuar como antes. Pero ya estaba tan metido en el fondo de esa oscuridad que resultaba casi imposible pensar siquiera en la posibilidad de salir. Algo muy parecido era lo que había pasado con Hank.
– ¿Qué vamos a hacer? –
– Lo que sea necesario –
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El sonido de ese teléfono especial hacia que cada persona en la estancia lo mirara. Todos sabían de quien procedía la llamada. Sentían que después de dos días de preparación, de estar a punto de ir por la señora, estaban listos para arrebatársela de las garras a ese sádico.
Shaoran acercó su mano al auricular sabiendo que tenía que actuar con cautela y no revelar que sabia o al menos tenían la certeza de donde estaba escondida la señora, ni que en unas horas saldría a buscarla.
–¿Qué quiere? – fue la respuesta que pudo dar al burlón saludo.
– Ja, ja, ja. ¿Ni siquiera un educado "buenas noches"? Creía que a estos muchachitos de sociedad se les daba un poco mejor la educación –
– La tengo pero no para usarla con usted –
– Es una lástima porque justo en este momento quería poner a prueba su educación e inteligencia y proponerle un trato que seguro le interesara.
El silencio reinó en la habitación. Todo el mundo estaba pendiente de lo que el hombre quería exigir pero nadie se atrevía a imaginarlo. El rastreador estaba arrojando datos.
– ¿Qué trato? – pregunto Shaoran deseando tener a ese maldito al frente y machacarlo a golpes.
– Dinero, quiero mis yenes tan pronto como los pueda reunir. A cambio de eso le dejare ver a su esposa y puede que incluso le permita llevársela –
La tentación era grande pero Shaoran sabía que nada era así de sencillo como la cándida voz del hombre hacia parecer.
– Seguramente tiene más condición que la de darle dinero – los ojos de Shaoran recorrieron la estancia, todos lo miraban pero ninguno de ellos confiaba en la palabra de este hombre. Nadie se atrevía a creer.
– Siempre he pensado en mí como una persona generosa así que le aseguro en este momento que no le estoy pidiendo nada más que mis yenes – Algo llamó la atención de Shaoran y era la presencia del padre de Sakura a su derecha negando con la cabeza pero en anhelo pudo con cualquier otra sugerencia.
– ¿Dónde y cuándo veré a mi mujer? –
– Ahora puedo ver que hablo con la persona más sensata aunque seguramente Kinomoto está cerca negando con su cabeza – suspiró teatralmente – El hangar abandonado de Yan–tsek a las afueras de la ciudad, en los campos Akaede a las dos de la tarde. ¡Ah! Y debe venir solo o al menos con algunos miembros de seguridad, no muchos. Ellos, usted y el dinero no quiero compañía o quebraré a su mujer en pedacitos frente a sus ojos –
Shaoran sintió asco por ese hombre pero antes de darse cuenta accedió y la llamada terminó.
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El esbirro se aparto silenciosamente de la pared como había aprendido a hacer. Como un tigre al acecho y dejó a un lado el brillante estetoscopio que de última tecnología que había estado usando para escuchar a través de la pared. La información era importante y después de que el hombre cortara la llamada había mencionado que mandaría a buscar por Hank y la muchacha. Escuchó como el hombre organizó con los que lo rodeaban toda la redada de la que iba a ser víctima el hombre con el que había estado hablando unos momentos atrás. Tenía buena memoria y se aprendió todas las posiciones, armamento y estrategia que ellos planearon para matar a Li Shaoran…
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– Matar al maridito – dijo Kato sin compasión mirándose concienzudamente las uñas de las manos. Quería deshacerse del hombrecito para que la niña sufriera. Si la niña sufría papá Fujitaka también sufriría. Sabia hasta qué grado esa niña amaba a su desconsiderado marido y que mejor adobo para su plan que matarlo frente a los ojos de ella. Ciertamente Li también debía sentir algo por ella, así fuera posesión, para estar tan empeñado en tenerla de vuelta.
Esta redada iba a ser un espectáculo que no quería perderse, por eso no dejaría las negociaciones en manos de alguien haciéndose pasar por el mismo. Iría personalmente y seria él quien dispararía a matar.
Si, puede que se estuviera enloqueciendo pero era la única manera en la que creía podría encontrar alivio a su deseo de venganza. Puede que ya nunca llegar tan lejos para estar lo suficientemente cerca de Kinomoto y matarlo lenta y tortuosamente por robarle el amor de Nadeshiko pero sabía que debía querer a su hija y sería un golpe terrible matarla también.
Muerte. Una palabra con la que estaba tan familiarizado como "comida". Sonrió y siguió hablando a sus hombres de confianza ajeno al agente que sería la pieza no encajable que desbarataría todo el plan.
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Hank escuchó al esbirro mientras este relataba todo lo que había escuchado. Mientras hablaba fue dibujando cada posición sobre un plano del hangar donde el hombre planeaba encontrarse con Li. Cuando terminó de escucharlo solo una conclusión pudo sacar.
– Planea asesinar a el esposo de la muchacha – dijo mirando al esbirro a los ojos. – Ese hijo de puta esta demente –
– Fue lo que escuche –
Solo había algo que podían hacer. Hablar con Li Shaoran.
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La línea volvió a sonar y Shaoran estuvo tentado a no contestar. Pero todos en la sala lo miraban como si quisiera cometer un delito. No quería escuchar mas la voz del maldito diciéndole lo que planeaba hacer con Sakura si no hacia lo que decía. Sabía que no debía haber accedido, todos en la estancia le habían pedido con la mirada y con gestos que no cediera a la demanda del hombre pero era la única oportunidad que tenia de verla y si debía arriesgar su vida para ello pues que así fuera.
Levantó el auricular y espero a escuchar su nauseabunda voz.
– Necesito que Shaoran Li se ponga al teléfono – dijo una voz diferente que nunca había escuchado y que en el visor de imágenes procedía del triangulo que habían trazado sobre la posición del desierto y las tres cabañas alrededor.
– Él habla – dijo esperando que el otro se identificara.
– No me conoce y no lo conozco así que no voy a entrar en detalles, el bastardo con quien ha hablado horas antes tiene planes muy diferentes a los que le planteo –
– ¿Quién demonios es? ¿Acaso es una broma? –
– Si quiere de verdad recuperar a su esposa le sugiero que preste atención y no haga preguntas estúpidas que nos hagan perder el tiempo, no confía en mí ni tampoco yo en usted pero a ambos nos interesa una sola cosa. O eso creo yo –
– Y usted que dice que es –
– Sacar a la muchacha de las manos de él –
El silencio fue el único respondiente de esa afirmación, una que hizo que el mundo de Shaoran volviera a colapsar. ¿Podía tratarse de alguien ayudando a su esposa?
El hombre que llamaba comenzó a hablar pidiendo que alguien hiciera una diagramación de lo que estaba diciendo. No repitió nada ni se demoro en ningún detalle pero tampoco era necesario ya que todos en la estancia habían tomado nota. La computadora había hecho un análisis físico y todo apuntaba a una redada.
– Ese maldito hijo de perra…– dijo Shaoran mirando a Liu que lo miraba con gesto demasiado lleno de ira y odio como para poder pasar por algo ya que siempre tenía una expresión tranquila.
– Son todos los detalles que tengo y tampoco puedo decirle que venga a buscarla ya que en unas horas el vendrá `por nosotros –
– Como… – no sabía cómo plantearlo, pensó Shaoran aferrando con más fuerza que nunca el teléfono. – ¿Como sabré quien es usted? –
– ¿Por qué quiere saberlo? – dijo Hank al otro lado de la línea – Nunca volveremos a hablar ni nos veremos cara a cara –
Y la llamada terminó.
Shaoran devolvió la mirada a Liu y en ella el odio había dado paso a la resolución. Tendrían que revocar y rediseñar cada paso del plan que habían forjado en dos días y replantearlo para que estuviera listo en unas horas.
Un chaleco de kevlar le devolvió la mirada. No iría solo y tenía toda la intención de volver con ella.
Su Sakura.
