Buenas Noches: Aquí ando de vuelta con un nuevo capítulo de nuestra historia, quizá lo encuentren algo diferente a lo descrito en el primer capítulo pero quise darle algo más de profundidad al suceso. Espero que lo disfruten. Quisiera dedicar la publicación de este capítulo a Paul Walker uno de mis ídolos actorales y quien falleció trágicamente el sábado 1 de Diciembre. El cielo ahora cuenta con un ángel sexy y buena gente entre sus filas. Un abrazo a todas y nos leemos próximamente.

Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP

DINASTIA LI

Capitulo XXIV

Tomoyo se alisó las arrugas inexistentes del vestido que portaba, ese día recibiría la visita del señor Hiragizawa y quería estar presentable. La había llamado con anterioridad ante la compasiva mirada de Kajo y le había dicho que lo esperara a esa hora ya que tenía algo importante que comunicarle. Estaba muy ansiosa ya que seguramente debía tratarse de algo relacionado con Sakura y esperaba que fueran buenas noticias, lo que le había dicho en días anteriores la había dejado pasmada y todas las noches rogaba por que se encontrara bien.

Escuchó el sonido del auto entrando al empedrado y la posterior revisión hasta que finalmente la puerta se abrió. Se puso de pie dignamente esperando que entrara solo que esta vez no había nada tierno en su mirada en el momento que cruzo el umbral del vestíbulo de la casa, más bien parecía lleno de una fuerte y furiosa determinación. Tomoyo solo podía preguntarse que podría haber pasado para que estuviera así, pero le tomo un segundo antes de que él caminara con zancadas hacia ella y sin esperárselo la hiciera presa de un abrazo más pasional que los demás que le había dado. Le devolvió la fuerza con sus esbeltos brazos porque parecía ser lo que él necesitaba y cuando separaron su mirada ardorosa se posó en ella como si quisiera traspasarla.

– Señor Hiragi…–

– Eriol – resopló él – a partir de este momento y en adelante soy Eriol para ti –

– E… Eriol – tartamudeo Tomoyo tímidamente. No comprendía la intensidad de la mirada de él.

Después de unos momentos en los que él no hizo nada más sino mirarla retiro uno de sus brazos de ella y se lo llevó al bolsillo del abrigo sacando de este una cajita de seda. La joven la tomó sin comprender y él le hizo un suave gesto para que la abriera. Ante sus ojos apareció el mas magnifico anillo de compromiso que hubiese visto. Era mucho más hermoso y majestuoso que el de Senea y parecía que pugnaba por salir de la caja y posarse en su blanco dedo. Levanto la mirada emocionada y se encontró con la dura de él.

– No entiendo – dijo – es hermoso pero…–

– Te estoy pidiendo seriamente que seas mi esposa – dijo el soltando la sentencia rápida y concisamente aunque no había riesgo de que ella no entendiera las palabras que había dicho. – es más, si te lo pones serás mi esposa ante mi familiar y todos los demás. Quiero que lo tengas y que lo hagas ya porque se ha presentado una situación y no se… – se calló repentinamente sin poder seguir con la inusual propuesta.

De ahí parecía venir su preocupación, pensó Tomoyo sintiendo una presión de presentimiento en su pecho. Le acarició la mejilla con timidez intentando calmarlo y calmarse a sí misma. Él cerró los ojos ante el contacto.

– Sabe que puede decírmelo – susurró – cualquier cosa…–

Eriol esperó unos segundos y después habló como si le doliera hacerlo.

– Dentro de unas horas partiré con Shaoran en una misión de rescate para su esposa – se aclaró la garganta ásperamente – tu señora –

Tomoyo se puso rígida y después lo miró suplicante.

– ¿Ella está bien? –

– No lo sabemos, pero esperamos poder traerla de vuelta –

Ella intento que su traicionera boca se callara pero la pregunta salió de todas maneras.

– ¿Estarán en peligro? – el silencio de Eriol le respondió la pregunta. – ¿Alguno puede salir lastimado? – ante esto él asintió lentamente y cuando ella prosiguió; – ¿alguno puede resultar muerto? – el silencio volvió a ser la respuesta. Eriol volvió su mirada a ella y finalmente le contestó–

– Por eso quiero que nos prometamos antes de irme. Si me pasa algo estarás más que segura, tanto económica como físicamente y no te faltara nada hasta que encuentres otro esposo –

– Pero no quiero a nadie más que a usted – replico ella inclinando su cabeza como una niña pequeña.

– Lo sé – dijo él con una suave sonrisa – pero Sakura también está en juego y por mantenerte tranquila iré a ayudar a Shaoran a recuperarla.

Eso lo sabía, pensó Tomoyo pero no podía evitar la sensación de temor de que a Eriol le pasara algo.

– Volveré a ti – dijo besándole la frente y enjugando al mismo tiempo con sus pulgares las mejillas húmedas de lágrimas que ella derramaba silenciosamente. – Y si no lo hago serás la viuda de Hiragizawa, nada va a pasarte –

Por primera vez Tomoyo tomó la iniciativa en uno de los besos, lo aferro del cuello antes de que siguiera hablando y lo acerco a sus labios expectantes sintiendo un horrible dolor al pensar que existía la posibilidad de no volver a verlo ni a sentir eso que él le producía. No quería pensar en nada más que ese beso que prometía felicidad y al mismo tiempo duelo, amargura y dolor.

Cuando terminó tenía los labios irritados y no podía importarle menos. Levantó la mano y dijo.

– Va a tener que volver para proponerme matrimonio correctamente, cuidaré de la joya mientras regresa – por que en verdad esperaba que el regresara. Eriol saco el anillo de la caja que ella sostenía y se lo puso en el dedo anular derecho, besó nuevamente la mano de Tomoyo y volvió a sus labios sintiéndose incapaz en ese momento de renunciar a la miel de esperanza que le brindaban.

– Ya tengo otro incentivo mas para regresar, el más poderoso de todos, volveré para hacerte feliz porque regresaremos con tu señora – Tomoyo asintió tragándose otro sollozo sintiendo la garganta apretada como un puño. Él se separó lentamente alargando el momento de la dolorosa despedida, le sonrió amorosamente y Tomoyo dejó que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas cuando sin despegar la vista de ella retrocedió hasta llegar a la puerta y un momento después desapareció. La joven se sentó apoyando con fuerza su mano derecha en el pecho rogando ahora no solo por el bienestar de Sakura sino también por el de Eriol y Shaoran, y rezó también para no enloquecerse de angustia en las terribles horas que se le avecinaban.

Miró nuevamente su anillo y casi pudo visualizar su boda como el más amoroso bálsamo que curaría todas sus heridas.

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Un ruido sacó a Sakura de su ensoñación o al menos eso pensó. Pasos apresurados seguidos de ruidos y más cosas se acercaban. Sintió miedo y se arrebujó despertándose del todo. Sentía en el fondo de su ser que algo terrible pasaría. La reja de su calabozo se abrió y un hombre que no conocía ni había visto nunca le devolvió la mirada. Después se hizo a un lado para dejar pasar a el que la ayudaba quien volvía a tener esa expresión en su rostro de querer todo menos estar ahí.

Con una linterna el esbirro ilumino la estancia permitiendo a Hank acercarse a la cama y mirarla amargado. Sin decir una palabra acercó un trozo de tela limpio y le hizo un gesto para que abriera la boca. Sakura se aterrorizó y negó fuertemente con la cabeza intentando alejarse de lo que sabía que tarde o temprano pasaría.

– Tengo que amordazarla – dijo explicándole como ella no se lo había pedido.

Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas de impotencia mientras le preguntaba al hombre lo que más la atormentaba:

– ¿Él… me va a matar? ¿Hoy?– apartó la cabeza unos centímetros y espero a que le contestara.

Pero no lo hizo, simplemente siguió acercándose y con la mayor suavidad que pudo le amordazó la boca. Sakura tuvo sus ojos siempre fijos en él y Hank supo que no se olvidaría de esa mirada en ningún momento del resto de su vida. Había en ella desolación, desesperanza, mas de la que nunca había visto en ella. La levanto lentamente y la tomó en brazos para sacarla. El esbirro miraba todo esto impasiblemente pero dentro de si veía una y otra vez el rostro de esa mujer que había podido vislumbrar en una pequeña medida de tiempo. Era sencillamente preciosa aunque demacrada. A leguas se notaba que estaba muy enferma y comprendió solo con esa revelación las razones por las cuales Hank estaba actuando como lo hacía. Solo bastaba un segundo para cambiar la vida de alguien, el esbirro sabía que acababa de pasarle a él.

Hank subió a la muchacha y la sentó en un sillón cuando llegaron arriba. El silencio y la pesada y dificultosa respiración de ella era todo lo que los fuertes subordinados podían escuchar. Había muchas cosas que podían salir mal. Por más que se planearan siempre podían fracasar, morir y de paso agilizar la muerte de la joven. Pero si algo habían aprendido estos hombres era a ser perseverantes y aunque habían usado esas características para ganar dinero matando a las personas que sus jefes querían esta vez no iba a ser la excepción. Escucharon a lo lejos el sonido de un auto acercándose y con la poca suavidad que las manos del esbirro poseían el esbirro amarró las manos de Sakura a sus espaldas lo mejor que pudo. Minutos después la puerta se abría revelando al hombre y a más de sus fieles súbditos.

– Súbela – ordenó a quien estaba detrás de él y Cara de Simio se adelantó. Sin mostrar delicadeza, aquella que antes mostrara Hank la hizo caminar casi arrastrándola. Ella volvió su rostro para mirar a Hank y este intento prometerse para sí que no sería la última vez que la viera.

Fue arrojada al interior de una van blindada cuyo calor concentrado hizo que sudara frio. Tragó secamente por culpa de la mordaza y empezó a sentir la ahora familiar sensación de dolor y ahogo en el pecho. "Por favor" pedía Sakura en medio de su dolor "que pueda ver a Shaoran una vez más".

El malandrín casi la tumbó de la silla cuando se subió a su lado. La miró de una manera tan lasciva que la joven sintió ganas de vomitar. Escucho que alguien más se subía adelante y arrancaron rápidamente por el empedrado dejando gran cantidad de polvo por detrás. Sakura enfocó su concentración en lo poco que podía ver del camino para olvidar su malestar y empezó a rezar por que lo que fuera a pasarle fuera rápido e indoloro. No pudo calcular cuánto tiempo paso pero se detuvieron de pronto frente a lo que parecía una serie de hangares (sabia su nombre por la ocasión en que llegaron al aeropuerto, había bastantes de ellos). El tiempo pasó y nadie se movía, solo oía la asquerosa manera de respirar de quien estaba a su lado que se acercaba un poco más de lo conveniente. "Que no me duela, por favor" pensó pavorosamente cerrando con fuerza los ojos, sentía las manos yertas y podía decir que estaban moradas por que ya le había pasado seguido. Los puntos negros en su visión se hicieron más notorios y sentía que se desmayaría en cualquier momento pero se obligo a mantenerse lucida así su cuerpo no quisiera cooperar.

Los minutos seguían pasando con dolorosa lentitud el calor del encierro comenzaba a ser sofocante. El hombre a su lado pareció recibir algún mensaje por el audífono que tenia por que reaccionó sacándola del auto a trompicones y caminando rápidamente hacia donde el otro hombre parecía estar escondido. Por más que busco no encontró a su salvador ni al hombre que lo acompañaba esa última vez y lo único que se le ocurrió pensar fue en si los habían descubierto ayudándola y los habían asesinado.

Ahora el sitio donde se encontraban estaba oscuro. Un estremecimiento la recorrió al pensar en su celda, luego fue puesta de cualquier manera en un taburete y de ahí más tiempo parecía querer pasar.

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El chaleco le calzaba y no se notaba que lo tuviera. Se cerró los corchetes de la blusa y se volvió para mirar a todo su equipo de seguridad entre los que se encontraban Liu y Eriol, todos ellos preparándose al igual que el con protección. El plan ya estaba trazado y los retoques eran mínimos, no esperaba que saliera a la perfección pero aun si no lo hacía deseaba poderosamente que su resultado fuera el mismo, tener a Sakura de vuelta. Sintió una opresión parecida a la anticipación también mezclada con algo oscuro parecido a un presentimiento. No pensaba en sí mismo como una persona supersticiosa pero nada le quitaba de encima esa dolorosa sensación.

Todos subieron a los autos blindados y tomaron camino hacia los abandonados campos Akaede en los límites de la ciudad. Les llevo menos de media hora pero esta era solo la camioneta de ellos. Estratégicamente distribuidos desde hacia muchas horas había mas de cien hombres apostados en la posición triangulada que le había dado el informante. Sabía que era una locura pensar siquiera en seguir las indicaciones de esa llamada pero habían mezclado la información que tenia y el plan trazado y ahora estaba todo sobre cubierto. La hora había llegado.

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Sakura daba penosos pasos tras el hombre que la arrastraba, tenía sus dedos clavados en el antebrazo y era conducida en medio de la oscuridad del hangar. El hombre la empujo cruelmente de los hombros para ponerla frente a él y allí sintió la presencia del hombre que la había cortado, torturado y asustado. Intentó retroceder incapaz de no sentir pánico corriendo por sus venas pero quien estaba atrás se lo impidió.

– Espero que disfrute de espectáculo – dijo cruelmente pero ella no le entendió. Aunque algo le decía que no iba a salir muy bien parada de ese embrollo. Volvía al silencio matador que cruzaba cada rincón de la calurosa estancia.

Luego el sonido de las ruedas de un coche acercándose.

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Hank bajó del auto y vio como uno de los hombres sacaba a la muchacha que sobre la mordaza se veía mortal y preocupantemente pálida. No quería pensar en la manera en que el hombre que había sido asignado para custodiarla pudo tratarla. Miró significativamente al esbirro quien hizo el gesto de quitarse el pelo ampliamente de la cara tal como habían acordad. El sonido del trinar de un pájaro de escuchó y supieron que las indicaciones habían sido seguidas. Ambos sacaron sus armas y Hank empezó a dar las órdenes que recibía por el audífono. El hombre le hablaba rápidamente. Hank tuvo el placer de comprobar que era la misma información que el esbirro había filtrado. No confiaba en este más que antes, de hecho había dudado seriamente de que fuera verídico todo lo que le había dicho y había ideado un plan alterno por si eso pasaba. Ambos fueron conducidos hacia la parte más alta del hangar y mientras estaban subiendo un hombre, cuya presencia desconocía en medio de los planes los alcanzó. Llevaba bajo el brazo un rifle de largo alcance y se posicionó adelantándolos sobre una teja ligeramente corrida para después armar el rifle y dirigirlo hacia dentro del hangar a Dios sabía que objetivo. Hank y el esbirro también tomaron sus posiciones mirándose entre sí. Este era uno de los sicarios que tenía contacto directo con el hombre, si hacían un movimiento en falso el maldito se enteraría a los dos segundos. Y ahí venia la primera complicación.

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El corazón de Sakura comenzó a sacudirse sin piedad a medida que el ruido se acercaba y luego el silencio y los pasos posteriores que resonaron en el suelo.

El hombre hizo un gesto con sus manos y todas las luces se encendieron, las retinas de Sakura fueron heridas por la repentina claridad y cuando pudo volver a parpadear sin sentir dolor por su vista solo pudo volver a quedarse sin aire y sentir como si un puño hubiera atravesado su plexo solar. No podía ser cierto, debía tratarse de su imaginación.

Miró por encima de la venda que le tapaba la boca abriendo mucho más sus ojos verdes para no equivocarse. No podía creer que él estuviera ahí. Se acercaba lentamente como un lobo al acecho mirando con su penetrante mirada a los secuestradores y al hombre que la rodeaban. A ella no la miraba per algo le decía que no había venido precisamente a charlar con esos matones a su alrededor. Se veía un poco más ancho del pecho pero no podía saber por qué. Después de todo no lo había visto en mucho tiempo. Dos meses de cautiverio para ser exactos, rogando por morir, porque aquel hombre y sus secuaces dejaran de torturarla y atormentar a su padre, porque la mataran de una buena vez en lugar de seguir con eso de que fingían matarla y en las que gritaba de desesperación al ser herida y no obtener el alivio del deceso.

Y ahora Shaoran estaba ahí, había venido por alguna gracia del destino o y tenía una bolsa en su mano que parecía contener algo. ¿Dinero? ¿Le habrían pedido algo por su rescate? Era lo más probable pero sabía que la motivación del hombre iba más allá del simple dinero. Él quería venganza y el hecho de que le pagaran no iba a mermar su deseo. El hombre quería muerto a su padre y por ende a ella y presentía que ese día se le cumpliría el segundo deseo. Nunca había conocido realmente a su padre pero creía que la apreciaba un poco y que ella muriera, la hija de Fujitaka Kinomoto, líder de los guerreros de las montañas, falleciera sería un golpe para él. La muerte de ella sería un recordatorio de la de su madre y sabía como había sufrido en ese entonces. Perderla a ella tendría un efecto similar. Intentó mirar detrás de la alta figura de Shaoran para ver si había alguien más custodiándolo pero aparentemente se veía solo.

"Oh, no" No podía haber sido tan incauto de ir solo. El hombre malvado la miro con un gesto, un movimiento de sus ojos que hizo que gritara mudamente con la mordaza en la boca. Ese maldito no había citado a Shaoran para que le diera el dinero. Le iba a hacer algo a ella. No sabía cómo lo presentía bien podía estar equivocada pero algo le aseguraba que planeaba algo. Intentó moverse para que Shaoran la mirara, para ver sus ojos y poder decirle con los suyos que era una trampa, que seguramente le iban a quitar el dinero y la iban a asesinar o a él, puede que a ella por simple placer de ver morir a la chica de clase alta en que se había convertido siendo la señora Li y por seguir torturando psicológicamente a su padre o él sería asesinado para hacerle daño a ella y por consiguiente a su padre.

Eso no podía permitirlo. Aunque Shaoran no la amara y solamente su posición de patriarca de su dinastía lo obligaran a rescatarla ella si lo amaba a él. Presentía que algo muy malo iba a suceder. Volvió a cerrar los ojos para evitar ver la expresión de satisfacción y maldad en la cara de ese desalmado. Las lagrimas peleaban por salir de sus ojos, lagrimas de impotencia por no poder gritar ni advertirle a su esposo ya que esa tela estaba casi que estratégicamente metida en su boca y le era imposible mover la lengua y articular algún sonido.

Levantó la vista el tiempo suficiente, solo le tomo un segundo dirigir sus ojos ahora abiertos hacia el techo del hangar en donde un momento después sobresalió la cabeza de alguien. Intentó enfocar su mirada y vio que esa misma persona estaba moviéndose y sacando algo en sus manos. La punta de un objeto fue dirigida hacia dentro del hangar, específicamente al centro, donde estaba parado Shaoran.

"¡Oh Dioses!" le gritó su conciencia cuando las sospechas se hicieron realidad ante sus ojos. Él no había visto nada, no miraba al secuestrador apuntándole. ¿Qué debía hacer?

Aun con el asco prendido de su piel volteó lo mas que pudo su cabeza hacia el hombre que la tenia presa, parecía concentrado en los acontecimientos que se desarrollaban lentamente frente a él y no la tenía sujeta ya con la misma fuerza de antes lo cual le permitiría actuar con rapidez porque aunque estuviera muriéndose por el dolor en el pecho haría eso, actuar.

Escuchó, en medio de un silencio que duró aproximadamente unos segundos entre una pausa de lo que el malvado estaba diciendo a Shaoran y lo que este demoro en contestar, el sonido de un chasquido. Por alguna película que había visto ese sonido era muy parecido al que hacia un arma al ser cargada.

Él nunca la miró por lo que no pudo advertirle nada.

No podía hacer mas ni tampoco había tiempo para meditar, pensar, solamente actuar.

En un segundo un millón de acontecimientos podían desencadenarse. Su cuerpo se llenó de pánico y adrenalina y usando el ultimo gramo de fuerza que le quedaba levantó su cabeza rápidamente golpeando la nariz del secuestrador que la tenia, sintió un dolor terrible en la cabeza y por el sonido que el hombre había dejado escapar seguramente le había dado donde dolía. La soltó para intentar amortiguar el dolor y la joven se sintió libre para correr con todas sus fuerzas hacia Shaoran. En medio de su carrera escuchó el retumbar de algo y milésimas de segundos después, cuando estuvo frente a Shaoran algo la golpeó en el pecho y su cuerpo fue lanzado con fuerza hacia su esposo él la recibió e intento apartarla. Respirar, si, la función motora pero al intentar llevarla a cabo descubrió que se le hacía imposible , se miro tentativamente el pecho viendo como el vestido que portaba, manchado de tierra, comenzaba a teñirse de vivido rojo con rapidez.

Parecía que la bala había perforado el pulmón o eso pensaba que había pasado. Por la fuerza con que Shaoran la aferraba de los brazos la bala no había pasado a través de ella ni lo había impactado a él.

"Que bien" pensó Sakura incongruentemente antes de comenzar a perder rápidamente el sentido. Su propósito había sido cumplido. El día en que los unieron bajo la ley japonesa y china ella había jurado sin siquiera conocerlo, que lo amaría, respetaría y protegería a toda costa. Esta había sido ella cumpliendo su promesa.

Algo atajo su hasta ese momento inevitable caída. Unos brazos, los de Shaoran la sostenían ahora apretándola dolorosamente contra su cuerpo. Escucho su voz a la vez clara y distorsionada en medio de la oscuridad que se cernió sobre ella llamando a Eriol luego todo fue silencio y sombras en medio del llanto de alguien que no sabía siquiera si se trataba de ella misma.

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Hank miraba alternativamente al hombre y a la situación que se desarrollaba frente a sus ojos. No había contado con la presencia de ese idiota en el techo ni tampoco con que estuviera armado. Esa parte no había sido transmitida por el esbirro pero por la cara de incredulidad que este tenía tampoco sabía sobre eso. El sicario se agachó hacia el rifle y comenzó a ver por la mira aparentemente concentrado en lo que pasaba muchos metros más abajo. Hank ideo muchas maneras de matarlo en menos de dos segundos pero por lo que sabía eso podía orquestar la muerte del esposo de la niña y no quería eso, no estaba dentro de los planes. Levantó el arma que tenia y apuntó a la columna de tipo, este pareció recibir algún mensaje de alguien que Hank no alcanzó a escuchar pero cuando el hombre rápido como un rayo dispuso el arma y apretó el gatillo supo que tenía que actuar más rápido que él, su duda le valió un segundo pero el esbirro se adelantó y descargó la culata de su arma en la cabeza del hombre dejándolo inconsciente pero el disparo se había escuchado antes, el daño ya estaba hecho. Una especie de infierno pareció desatarse pero ninguno de los dos se asomó a ver qué pasaba. Hank tomó el radioteléfono del cinto del sicario y haciendo contacto con la emisora del equipo de seguridad empezó a decir que cambiaban de planes antes de que una lluvia de disparos empezara a oírse dentro del hangar.

Cogió al esbirro del cuello del sweater de pasamontañas y lo halo para que ambos bajaran casi que rodando del techo. Una vez de pie y abajo corrieron mientras otra ola de disparos se escuchaba. No estaban siendo atacados pero dentro del sitio cualquier cosa seria una galería de tiro. Ambos se cubrieron los rostros y alistaron sus armas pensando solamente en si algo le pasaría a la muchacha pero no tuvieron mucho tiempo de pensar en ellos ya que una turba de hombres entró rápidamente al hangar.

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– ¡Eriol! – grito Shaoran tomando a Sakura en sus brazos y volviéndose rápidamente esperando que ese fuera el momento de despertar de ese horrible sueño.

La acunó contra si mientras esperaba que alguien le diera el segundo golpe de gracia ahora que su mujer había recibido el primero. Había gritado el nombre de Eriol por medio del minúsculo intercomunicador que tenía en su oído y como era de esperarse este no lo decepciono, por lo menos diez cuerpos gigantescos entraron rápidamente en medio de la lluvia de disparos que se desató y se pusieron a su alrededor como un escudo protector humano. Shaoran se puso de pie de donde había caído intentando proteger a Sakura de mas disparos consigo mismo fue arrastrado por la nube de escoltas que se movían coordinadamente hacia la salida del hangar. Sabía, por lo que habían planeado, que cada uno de ellos tenía chaleco y perneras antibalas así que cada vez que uno de ellos se sacudía hacia dentro del círculo evidentemente estaba recibiendo un balazo, pero ninguno se apartó o amilanó. Todos seguían en esa misión suicida disparando en contra y sacándolos de la zona de fuego cruzado tal como habían prometido que harían. Por la señora.

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Hank disparaba mientras entraba corriendo al hangar seguido del esbirro cada uno de los hombres caía cuando con su vista de águila los mataba de un tiro en la cabeza. Ambos se habían quitado los pasamontañas para tener mejor vista. Ahora dejar incapacitado o vivo a alguno de ellos no era una opción. Tal como él eran asesinos entrenados para llevarse a vida de la gente así estuvieran a punto de morir. El esbirro se mantenía a su lado dando de baja a muchos más sin ningún tipo de expresión en su rostro. Como el asesino frio que estaba cansado de ser.

Había una especie de fuerte humano alejándose de ahí, sabía que se trataba de Li, por la maraña de personas solo se le ocurría que allí también estaba ella. Así que después de todo y de prometerse protegerla ella no estaba herida. No podía saber a quien había impactado el disparo del maldito del techo pero ahora eso no importaba.

Solo basto un segundo de descuido de su visión periférica, los suficientes para que una bala salida de no sabía donde le rozara un lado de la garganta hiriendo su vena yugular. Empezó a sentir el reguero tibio de la sangre que comenzó a manar libremente de su cuello y aunque le costara trabajo aceptarlo sabia que se trataba de una herida mortal. Se dio la vuelta a mirar al esbirro que le devolvía la mirada horrorizado por lo que parecía ver detrás de él. Hank se dio la vuelta con su arma en vilo pero no lo suficientemente rápido como para que el hombre, el maldito hombre disparara su arma impactando acertadamente en una de las costillas del esbirro en un lugar estratégico que el chaleco no protegía y probablemente dañando certeramente su arteria abdominal. El esbirro tenía esa mirada de incredulidad que tienen las personas que saben que van a morir pero aun así no se atreven a creerlo.

Miró a Hank buscando ayuda que sabía que no encontraría. Este estaba en la misma posicion aunque no lo pareciera.

"Todo por nada" pensaba Hank mientras empezaba a ver borroso y los disparos a su alrededor cesaban. Los guardias del hombre se acercaban apuntándole y sabía que sería un saco de plomo en un santiamén. La muerte por desangramiento era bastante lenta y penosa y Hank presentía que al saberse traicionado el hijo de perra no dudaría en extender la suya y la del esbirro todo lo posible. Cayo de rodillas junto al cuerpo del otro que seguía mirándolo aterrado tan deseoso de salir de la vida de sicario, violenta y odiada para morir bajo el arma de uno.

–Así que después de todo fuiste tú – dijo el hombre acercándose a ellos. – Tu, la maldita hormiga que ha estado infiltrándose en mi información y seguramente la que dio todo para que esta misión fuera un fracaso – dijo escupiendo el suelo con desagrado.

Si, se sentía orgulloso de que el hombre admitiera que había fracasado, era un consuelo para Hank pero no lo fueron las siguientes palabras:

– Sin embargo creo que si tu propósito era salvar a la niñita has fracasado terriblemente. Mi chico, quien en un principio tenía órdenes de aniquilar a Li termino hiriéndola a ella y creo, por lo que vi, que no va a durar mucho – sonrió casi que relamiéndose – Pienso que es mi venganza, en parte. Aunque lo hubiera hecho más doloroso. En fin – se agachó al lado de los dos hombres y habló con voz siniestra .– Si la estúpida queda viva no volverá a tener un día de paz en toda su existencia –

La sangre cubría ahora a ambos subordinados quienes comenzaban a sentir el frio que significaba perder gran parte de la sangre del cuerpo. Hank sintió que una mano temblorosa cogía la suya. Aun estaba de rodillas frente al esbirro y mientras este le tomaba la mano pensó idiotamente en que nunca le había preguntado como se llamaba.

Así que esa era la manera en que el destino había decidido llevárselo. Después de una vida matando la suya se extinguía lentamente. Era algo desconsolador y al mismo tiempo pacifico. El esbirro comenzó a hacer gorgoreo cuando sus pulmones seguramente colapsaron por la inundación de sangre, dejó de respirar dos segundos después.

"Adiós" pensó Hank mientras miraba las manos de ambos fuertemente unidas, las risas crueles de quienes estaban alrededor llenaron el ambiente.

Cuando la mano dejo de moverse y de poseer calor dejo de hacer fuerza contra la de Hank y este pudo percibir la argolla que caía al piso con un tenue campaneo. La miró dos segundos sintiendo como las comisuras de sus labios subían implacablemente, el esbirro después de todo había entendido el pormenor de la situación, tan básico y a la vez complejo. No habría vida para nade de la familiar de la muchacha ni de su marido si ese monstruo seguía vivo.

Un rayo mortecino del sol escondiéndose dio de lleno en la anilla de granada que había caído momentos antes al piso, anilla que ambos habían aferrado como una despedida antes de la prematura muerte del esbirro.

"Nos vemos en el otro lado, maldito bastardo" fue el ultimo pensamiento de Hank antes de caer muerto al suelo cuando su corazón finalmente dejó de de latir.

Cinco segundos después el hangar voló en mil pedazos pulverizando cualquier cuerpo que se encontrara ahí.

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Shaoran corrió como pudo con los guardias hacia el helicóptero medico que los esperaba el cual estaba siendo piloteado por Eriol y Liu quienes al verlos aceleraron el giro constante de la hélice. El viento no les impidió empujar a los protegidos dentro del aparato y emprender el vuelo una vez estuvieron dentro. Cuando iban a unos metros de altura la onda explosiva de algo hizo que todo el aparato vibrara pero se mantuvieron en el aire.

Cuando estuvieron seguros de que nadie estaba disparando contra ellos Shaoran abrió los brazos para descubrir la cenicienta cara de su mujer. La palpó entera manchando aun más de sí mismo de sangre. Buscó desesperado su garganta encontrando el pulso excesivamente débil. Uno de los guardas que era paramédico se la arrebato violentamente de los brazos y la puso sobre la camilla aséptica que había sido adecuada allí. Shaoran intentó apartarlo negándose a creer que ella estuviera a punto de morir por recibir un disparo que era para él.

Mientras veía como mas y mas personas empezaban a trabajar en ella empequeñeciendo el espacio del helicóptero y apartándolo furtivamente lo único que podía hacer era revivir en su mente cada segundo de lo que había pasado. Si antes pensaba que ella podía haber llegado a sentir algo por el ahora se daba cuenta de que solamente una mujer enamorado podía hacer lo que Sakura hizo.

Un sollozo fue estrangulado en su garganta mientras lagrimas de desesperación nublaban sus ojos. Escuchaba como el aparato que usaban para monitorizar sus constantes vitales parecía tener un pitido sin tregua como si… como si no los tuviera.

Intentó ir hacia donde estaban todos los paramédicos solo para ser aferrado con brazos implacables por Eriol quien se veía como una persona que sufría. Pero no podía estar sufriendo tanto como él. La culpa mezclada con el más horrible sentimiento de decepción consigo mismo estaba haciendo mella por encima de la desesperación.

Ella no podía morir, no debía morir. No ahora que el la quería a su lado.

Que hipócrita se sentía, cuando tuvo la oportunidad de amarla cuando debía no lo hizo, prefirió ir de mujer en mujer buscando una estúpida venganza contra algo de lo que ella no era culpable. Ahora cuando más la quería, ella estaba a punto de dejar el mundo. La vida tenía una maldición y era una perra. El maldito Karma.

Debían estarse dirigiendo a un hospital. Escuchaba los susurros los pitidos, los movimientos de todos alrededor de su mujer. Finalmente el monitor producía el sonido familiar de un corazón latiendo pero cada pulso se extendía de manera alarmantemente anormal.

Uno de los paramédicos se acercó.

– Esta muy grave, tiene un pulmón perforado y sangra demasiado, no podemos saber si alguna arteria se vio comprometida y va a tener que ser intervenida de urgencia –

– ¿Cuánto tiempo?– preguntó volviéndose a Eriol que lo había soltado brevemente.

– No hay tiempo –

Shaoran espabiló y comenzó a llamar al hospital a donde se dirigían diciendo que su mujer iba a llegar en condición crítica. Después solo tuvo que esperar, para morir lentamente, para verla a ella muriendo lentamente.

Cuánto dolor.

Que hondo sufrimiento podía producir el perder a un ser amado. Sentía exactamente de la misma manera que cuando había perdido a su madre.

"No voy a perderla" era lo único en lo que podía pensar pero sabía que esta era una batalla de Sakura. Solamente ella y la misma muerte podían decidir regresar a este plano. Regresar para pedirle perdón de rodillas parecía no ser suficiente aliciente. Ella no sabía de sus sentimientos y no quería que muriera sin conocerlos. Bastante se había callados sus emociones cuando había estado a cargo de su tío como para seguir haciéndolo ahora que su propia vida se estaba destruyendo a pedazos.

Aterrizaron a velocidad de vértigo y la camilla se convirtió mágicamente en una con ruedas. Fue sacada del helicóptero rápidamente y recibida en manos de muchas personas vestidas de blanco. Shaoran corrió con ellos sin querer desprenderse un minuto de ella viendo como uno de los paramédicos apretaba una goma de plástico una y otra vez sobre la cabeza de Sakura, estaba bañada en sangre y su color cada vez se perdía más.

Fue una hazaña llegar lo suficientemente rápido a la sala de reanimación mas no lo fue así cuando la monitoria comenzó a fallar. Otra vez el pitido sin tregua, sin detenerse, ese que te avisa que el corazón está parado.

Shaoran fue empujado fuera de la sala cuando comenzó a gritar que se estaba muriendo, que mandaría a todo el personal a la cárcel si ella moría, amenazas banas que era lo único que podía salir de su boca mientras veía como seguían trabajando con ella desde fuera. Supo que iba a quedarse traumatizado el resto de la vida.

En un momento dado fue indagado sobre sus antecedentes y les dijo todo incluyendo la enfermedad del corazón. La cara de resignación del médico que le pregunto le dijo lo que necesitaba saber. Esa situación empeoraba aun más las cosas para ella.

Frente a sus ojos hicieron la operación, frente a sus ojos conoció de vista el pequeño corazón de su mujer, al mismo tiempo que la bala era extraída en medio de un charco sanguíneo otro médico excavaba su corazón y este se paraba una y otra vez. Ella moría, iba a morir y no había nada que Shaoran pudiera hacer para detenerlo.

Cayo de rodillas al piso sintiendo el frio bajo el. Ese mismo frio que debió haber sentido ella cada vez que estaba sola en su casa esperando por que el reparara en ella. El mismo frio que debió recibir de su padre. La misma indiferencia con la que la muerte venia a reclamarla.

No supo cuanto tiempo pasó pudieron haber sido cinco horas o dos minutos. Alguien se arrodilló a su lado y por el olor del perfume caro supo que era Eriol. Venía a decirle que se había muerto, venía a terminar de matar lo poco que quedaba de la humanidad de Shaoran Li.

– La han subido a la unidad de cuidados intensivos – informo pulcramente mirando hacia el frente – aun vive pero no saben que tanto lo pueda lograr. Esta muy débil y ha perdido mucha sangre a pesar de haber sido transfundida. Y…– la voz de Eriol se quebró en un segundo – Lo siento Shaoran… pero durante la operación presento un aborto involuntario –

¿Aborto? ¿No era eso cuando…? ¿Aquellos hijos de puta se habían atrevido a violar y embarazar a su esposa?

– ¡Esos malditos! – dijo poniéndose de pie rápidamente – ¡Los voy a matar a todos juro que lo hare! – dijo enloquecido para posteriormente ser abofeteado con fuerza por Eriol.

– ¡Tienes que calmarte, maldita sea, y escucharme hasta el final! –

Shaoran casi se lanza a golpearlo pero Eriol gritó primero.

– ¡Era tuyo! ¡Tenía poco menos de tres meses! –

Y así era como debía sentirse que algo del tamaño de un elefante cayera encima de tu cabeza obligándote a perder la conciencia, pensó Shaoran antes de perder definitivamente el equilibrio y dar con su cuerpo en el suelo en medio de los gritos de ayuda de Eriol.

Bueno mis niñas, espero que les guste prometo actualizar tan pronto como me sea posible gracias por su apoyo y les deseo felices fiestas decembrinas si no nos volvemos a leer hasta el otro mes. Un abrazo y gracias por su espera.