Buenas Noches:

Gracias por todos los reviews que recibí y gracias, como siempre, por seguir ahí apoyándome y esperando cada una de las actualizaciones, me hacen sentir honrada.

Espero actualizar pronto, aunque no sé que tanto pero la promesa de siempre, este fic lo termino porque lo termino.

Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP

DINASTIA LI

CAPITULO XXVIII

Sakura miró fijamente a su doncella dándose cuenta de pronto del daño que pudo haberle hecho al no contarle nada. De repente sentía que la había traicionado de alguna manera y hondamente solo quería abrazarla pero como no sabía cómo se lo tomaría la joven su cariño y arrepentimiento. En ese mismo momento solo la contempló.

Tomoyo se agachó con presteza después de unos momentos para arreglar el desaguisado que había hecho pero perdió el equilibrio y cayó de rodillas sin poderse mover de esa posición. Sakura corrió hasta ella sentándose en el piso y abrazándola temiendo que ella se apartase y aunque lo hizo no fue con enfado o fuerza, la profunda mirada de tristeza en su rostro hizo a Sakura sentirse aun peor.

- ¿Por qué no me lo dijo? – le pregunto entre sollozos secándose delicadamente las lagrimas que manaban una tras de otra de sus ojos. Sakura permaneció en silencio sintiendo sus propias lagrimas comenzar a inundar sus cuencas.

- No quería… No quería arruinar tu momento de felicidad – ajustó sus brazos sobre Tomoyo y escondió la cabeza entre el largo y perfumado cabello de su doncella – No puedo aguantarlo más… pero no quiero que por mi debilidad vayas a tener problemas con Eriol, por eso quería que fuera después de la boda, para que quedaras segura con él y así pudiera huir sin preocuparme por tu futuro bienestar –

Tomoyo negó lentamente con la cabeza sorbiendo delicadamente por la nariz.

- Yo prometí que siempre seria su doncella, que siempre la apoyaría en todo y aunque me case siempre me tendrá –

Sakura negó lentamente con la cabeza y apartándose hizo que ambas se pusieran de pie lentamente. Dejaron la porcelana rota en el piso y ambas se sentaron en la cama de la joven señora.

- No quiero discutir – dijo Sakura limpiando su rostro y el de su doncella- no quiero que nada de mi situación quite ese hermoso brillo que tenias hace un momento en la mirada – sonrió levemente – quiero que por una vez en tu vida pienses en ti, así como yo pienso ahora en mi, quiero tomar el control de mi vida así como tu tomaras el de la tuya al casarte con Eriol, quiero que ambas, no solo una de nosotras, seamos felices y por eso y porque te quiero y confió en ti voy a pedirte que guardes silencio a este respecto. Shaoran no puede enterarse de que me voy a ir, nadie, ni siquiera Eriol puede saberlo y si se entera se que no va a ser por tu boca. Solo lo sabemos tú y yo… -

Tomoyo la miraba alternativamente al mismo tiempo que a sus temblorosas manos.

-No quiero que le pasa nada, y quiero que ambas seamos felices así como usted dice, pero me preocupa pensar e imaginarme lo que pasara si el señor Li o la señora Misuki se enteran –

Si, Sakura tampoco había querido pensar en ello, porque sabía que el ímpetu con el que quería huir retrocedería muchos grados y aunque también sabía que era algo a lo que en algún momento debía enfrentarse no quería hacerlo justo en ese momento.

-Yo asumiré las responsabilidad en caso de que suceda algo, sabes que Shaoran no tiene nada en contra tuyo, su problema fue, es y siempre será conmigo. Además dudo que Eriol se deje intimidar por Shaoran, lo único que vas a hacer por mi es permanecer en silencio… prométeme que lo harás –

Una serie de pensamientos cruzó la cabeza de la doncella pero en todos ellos primó un solo sentimiento, la lealtad hacia la que había sido su amiga de la niñez.

Pensando en que de alguna manera u otra ambas pagarían un precio muy alto por ello asintió prometiendo cerrar su boca.

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Era bastante entrada la noche cuando Rubymoon entró al despacho del doctor Tsukishiro a dejarle encima del escritorio unas planillas de consulta e informes pendientes. Los ojos de la muchacha vagaban rápidamente buscando un sitio en el atestado escritorio donde poner la pila de documentos y encontró un rincón disponible en la esquina inferior izquierda. Se acercó a paso lento ahí para poder dejarlas y volver a su turno programado cuando algo en la parte de abajo del escritorio llamó su atención.

Era una maleta y a juzgar por su tamaño se encontraba llena. No había sido informada de que el Dr. Tsukishiro tuviera algún viaje programado y cuando se dio cuenta de lo que pasaba y lo relaciono con lo que había escuchado hacia unos días sintió que el estomago se le encogía notablemente.

Ella amaba al Dr. Tsukishiro desde hacía mucho tiempo y sentía que si dejaba que el cometiera esa locura que parecía estar planeando iba a arruinar floreciente carrera para siempre. Pero también percibía que no debía meterse en sus asuntos así su instinto de mujer enamorada y de querer cuidarlo le dijeran lo contrario. Tenía la cabeza hecha un lio y no sabía qué decisión tomar ni lo sabría hasta que el sentido común y el gran amor no correspondido por el doctor la hicieran actuar.

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En su despacho Shaoran daba cuenta del último sake pero hasta ahora llevaba la mitad de la botella. Era el único escape que había logrado conseguir después de dejar a Sakura en su habitación. Era lo único que se le había ocurrido hacer antes de devolverse y estamparla contra la pared más próxima para hacerla suya.

Aun estaba débil y no creía que ella fuera a soportar ese tipo de asalto pero, Dioses, como había querido estrecharla contra sí. Como se había terminado de percatar le esperaba una gran empresa para tenerla nuevamente queriéndolo y de alguna bizarra y masoquista manera sentía deseos casi imposibles de emprender ese proyecto. Lo cual pasaría pronto.

Por ahora haría lo que no se suponía que hiciera un patriarca de dinastía, intentar olvidar todo lo malo hasta la embriaguez.

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Yue se miró en el espejo y no por primera vez se preguntó si las decisiones que estaba tomando eran las correctas al pensar siquiera un poco en echar por la borda toda su incipiente carrera por un sentimiento que no había acabado de identificar.

Cuando ella había llamado días atrás el escuchar su suave voz había sido tan estimulante como tratar a cualquier paciente conflicto pero no podía saber si iba más allá de ello. Como si una parte profunda de él quisiera descubrir si iba más allá de la simple fascinación y aun no podía identificarlo y no estaba acostumbrado a hacer las cosas sin estar seguro de los resultados, lo cual en ocasiones podía ser de lo más frustrante porque sabía también que en ocasiones tomar las decisiones erróneas tenia consecuencias más positivas que tomar las correctas. Pero nada le podía asegurar que lo que estaba haciendo era lo considerado al ayudar a una joven mujer que lo más probable era que quisiera huir de la situación de su matrimonio positivamente arreglado.

¿Realmente estaba dispuesto a perderlo todo por ella?

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Sakura se miraba en el espejo sin poder evitar pensar en cuanto de lo que pasaba ahora le recordaba a los preparativos antes de su boda. De algún lado había llegado una costurera, diseñadora que parecía conocer a Tomoyo y era lo opuesto a lo que había vivido cuando su propio vestido de bodas había sido diseñado. Era una mujer sonriente que le dijo que estaría esplendorosa pues era una muchacha muy bella. Sakura se sintió incomoda ante el cumplido pero la mujer y su energía eran contagiosas y no podía menos que reír cuando la mujer lo hacía y dejar que le midiera telas, las mas coloridas y extravagantes que se le ocurrieron hasta que ambas dieron con una preciosa tela para kimono de arabescos dorados y color azul que le quedaba hermosa o eso decía la mujer, hacia juego con sus ojos y su hermoso color de pelo. Sakura nunca se había visto demasiado especial pero tantos halagos por parte de esa mujer estaban comenzando a hacerle creer que de verdad lo era, o podía llegar a serlo.

Cuando Tomoyo la vio con la primera muestra del vestido con tela de prueba en donde solo faltaban unos cuantos arreglos le dijo lo mismo que la mujer. Parecía que se había contagiado del espíritu de la modista y dejó que a ella también le probara telas extrañas, diseños diferentes y todo a lo que las tres se les ocurrió riendo como nunca ninguna de las dos acomplejadas jovencitas había podido hacer, como si la divertida inocencia y feminidad a la que tenían derecho les hubiese sido arrebatada por las circunstancias de la vida y posteriormente les hubiese sido devuelta en ese preciso momento.

Tomoyo cayó agotada en la cama negando débilmente con la cabeza ante la modista que, sonriente, sostenía un vestido del mismo color amatista de sus ojos.

- No creo que pueda probarme un vestido mas – dijo mordiéndose el labio rosa y mirando la esplendida creación pero sintiéndose lo suficientemente cansada para no poder mover los brazos. Pensaba en que nunca se había dado cuenta del buen gusto que tenia para combinar colores y diseñar vestimentas y la modista no hacía más que alabarla y decirle que si quisiera podía darle trabajo y tener más éxito que incluso ella. – Ni siquiera me atrevería a soñarlo señora Meilin – Finalmente cayó en la vanidad que no sabía que poseía y comenzó a quitarse delicadamente el vestido que tenia puesto para ponerse el nuevo mientras Meilin, la modista, daba saltos de alegría y tenia expresión en su mirada de haber ganado una contienda.

- ¡Oh, por supuesto que no ahí donde yo he erigido mi propio reino de la moda! – dijo abriendo mucho los ojos y reflejando en ellos una sinceridad aguerrida – Pero seguramente donde su marido la lleve tendrá que explotar ese maravilloso talento que tiene y no desperdiciarlo –

Sakura y Tomoyo se miraron la una a la otra y sonrieron soltando carcajadas femeninas y suaves cuyo sonido de algún modo viajó escaleras abajo donde Shaoran tenía su despacho y en donde ahora pasaba la mayoría del tiempo intentando empaparse del tema de la empresa hasta donde podía.

Se quedó quieto cuando escucho el burbujeante sonido. ¿Algún día ella reiría como ahora cuando estuviera con él?

Cuando la modista se retiró Tomoyo le dijo a Sakura que se iría a su habitación, decía que no quería que Shaoran se enfadara por que estuvieran usando su casa para poner en orden los asuntos de su boda.

- Según él está también es mi casa – dijo Sakura apartando sus verdes ojos – Así que no puede molestarse por algo que él mismo me ha ofrecido –

Sin embargo la doncella no tomó riesgos y salió despidiéndose amorosamente de su señora.

Aunque ahora que lo pensaba mejor Shaoran no parecía molestarse ya que, tal y como ella lo había previsto, andaba lejos de ella, de ellas, como si no existieran.

Se dio cuenta, muchas horas más tarde y escuchando el pacifico siseo del oxigeno que no tendría que usar mas al cabo de una semana, que extrañaba que viniera a verla. Su traidor corazón, aunque quería liberarse de su yugo, aun lo amaba.

Sabía que existía el masoquismo y ella misma parecía ser en ese momento una de sus más sinceras y fieles representantes. Era curioso que después de todas las decisiones que estaban a poco tiempo de tomar aun pudiera pensar en tener algún sentimiento fraternal o de algún otro tipo por Shaoran. Sacudió la cabeza lentamente diciéndose que solamente andaba divagando y se dirigió a acostarse. Elevó una silenciosa plegaria, como había acostumbrado desde hacía unos días, por su secuestrador, que la ayudó y su ayudante cuya silenciosa e ilícita labor, a fin de cuentas, le habían salvado la vida y la habían apartado del peligro eliminándolo por ella.

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Touya secó lentamente el sudor de la frente de su padre mientras este ardía de fiebre en la cama. Al día siguiente finalmente se le había permitido a Sakura ver a su padre por lo que sabía que sería el último encuentro, el médico que había venido a verlo horas atrás decía que pronto entraría en estado agónico y seguramente no podría ni reconocer a quienes estaban alrededor. El hombre sentía que no iba a ser un encuentro de lo más agradable pero a fin de cuentas, a pesar de sus acciones y a pesar de todo, familia era familia, sangre era sangre.

Sintió que alguien le apoyaba la mano en el hombro y agito sus cansados ojos hacia la figura recta y elegante de Kajo Misuki que lo miraba seriamente.

- Debe ir a descansar, me haré cargo desde aquí – aunque quería negarse sabia que sería contraproducente hacerlo, necesitaba todas sus fuerzas para presenciar el encuentro del día siguiente sin perder la entereza así que asintiendo lentamente se levantó y abandonó su puesto de bajador de fiebre para ser reemplazado por la mujer, la mujer que sin saberlo le había arrancado el corazón.

Habían quedado de ser buenos amigos, por requerimiento de ella, finalmente había decidido no sentirse amarrada por sus sentimientos, y aunque los que tenia por ese muchacho eran bastante poderosos sabía que no era sensato dejarse llevar por las emociones, pensaba que quizá en un futuro cercano podían tener algo pero dentro de sí la pelirroja pensaba en Yoko, una de las criadas nuevas que parecía encandilada con Touya y que tal como Kajo lo seguía con la mirada pero no como Yoko que también lo hacía con el cuerpo. Podría ser que el joven Kinomoto se aburriera de su indecisión y decidiera darse una oportunidad con Yoko?

Sorpresivamente (bueno, no tanto) Touya también estaba pensando en eso y en la amigable y dicharachera Yoko que hacía que se olvidara por unos momentos de la situación actual de su rota familia. No quería pensar en que pronto seria el nuevo jefe de las montañas, el sucesor de su padre, y que tendría que llevar la villa solo porque su hermana ya estaba casada, no tenia familia y pronto tendría que conseguir una y la mujer que deseaba que lo acompañara era casi que una espía fría y sin sentimientos.

No, no sin sentimientos, si algo había aprendido de Kajo es que sabía disimular, pero no lo suficiente para que el mismo no se diera cuenta de que ella lo anhelaba aunque se negaba a las emociones de ambos como si tuviera algún tipo de miedo.

Pero no la coaccionaría, si algo había aprendido de la educación en la villa era a pedir, no exigir y abandonar cuando no parecía haber opción y parecía que con Kajo Misuki la palabra opción no se aplicaba.

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Sakura se puso la cánula de oxigeno sintiendo cada vez más que podía respirar sin ella, había denegado de ese día de manera constante pero sabía que en algún momento le tocaría afrontarlo.

No podía decir que odiaba a su padre, porque no era cierto, lo amaba como un hijo ama a un pariente pero nunca le perdonaría lo que le había hecho pasar, lo que le hacía pasar. Aun así no podía evitar que le doliera por lo que estaba pasando y que fuera informada en horas previas por Liu que le quedaban pocos días de vida.

Cáncer en la cabeza.

Aquello parecía estarse comiendo su cerebro y la jovencita solo podía imaginar el dolor que debía estar pasando.

Su religión, así como muchas otras, pregonaba sobre la compasión y el perdón y en esos momentos mientras caminaba al lado de Tomoyo en dirección hacia donde su hermano estaba señalando se dio cuenta de que podía hacerlo. Podía perdonar a su padre porque decían que el tiempo lo curaba todo y también ayudaba a entender y en medio de su propia tragedia la joven Sakura creía haber entendido las razones que habían llevado a su padre a hacer lo que hizo, entregarla como una propiedad.

Touya también le había revelado la relación que existía entre su padre y el tío de Shaoran, buenos amigos en sus tiempos y que habían accedido al acuerdo por protegerla a ella. No sabía si Shaoran conocía de esa conexión y no debía importarle. Lo único que quería ahora era despedirse de su padre.

Fue chocante verlo especialmente porque aun guardaba en su mente su imagen de hombre poderoso, imponente y con mano de hierro. Ahora parecía ser solo un guiñapo de lo que había sido y daba lástima y compasión verlo de esa manera.

Su hermano le acercó una silla y ella se sentó mirándolo fijamente. Touya parecía no haber dormido y se veía como si tuviera diez años más encima.

- Padre – murmuró Touya consciente de que los ruidos fuertes alteraban la débil conciencia de su progenitor – Sakura ha venido a verte –

Por un momento Sakura pensó que no lo había escuchado o que estaba tan sedado que no entendía ni quien le hablaba pero un rápido y casi imperceptible movimiento de su mano le dio la respuesta.

- Padre – dijo Sakura intentando contener las inútiles lágrimas que siempre acababan por vencerla, su mente la llevaba a recuerdos que no quería traer pero que sin embargo seguían reproduciéndose frente a ella ante lo que parecía ser la inminente muerte de su padre.

Shaoran la observaba desde la esquina de la habitación, sabía que no tenía nada que hacer ahí pero no había podido mantenerse alejado al pensar en que ese encuentro a ella le dolería, había querido posponerlo mas pero cuando el médico le comento la realidad de la situación del padre de Sakura sabía que tenía que dejarla así le matara verla sufrir. Y lo estaba haciendo, su blanco rostro estaba contraído en una delicada mueca de dolor y aunque una parte de él pensaba que ella no querría ver a su padre, la otra veía en ese momento la capacidad de compasión y perdón que tenia ella.

Se preguntaba inútilmente por que ella no podía ser tan indulgente y sabia la respuesta, porque aun seguía sin encontrar la manera de confesarle que la quería sin pisotear ese orgullo funesto que su tío había sembrado en su personalidad.

Sakura acerco su temblorosa mano y tomó la que su padre tenía a un lado. Era como si el instinto la llamara y cuando vio que aferraba débilmente algo con un puño abrió los dedos y vio un dije colgado de una cadenilla plateada, era en forma de una llave.

No sabía de que se trataba pero el suspiro contenido de su hermano le hizo creer que él sí y que se lo diría una vez que salieran de ahí.

- T…T…T…oo….mm…a…a..l…looo – balbuceaba el hombre sin poder abrir los ojos, seguramente su cáncer había consumido esa capacidad nerviosa. Sakura se secó las rebeldes lágrimas pero ellas seguían saliendo sin tregua y los recuerdos de su infancia con él venían a su mente atormentándola con compasión y culpa.

Levantó una mano temblorosa y la dirigió a Touya que se acercó lentamente. Padre tampoco había sido muy cariñoso con él pero tal como su hermana sabía que era su sangre.

- L…eee….ss.….Deee…ss…eeoo… la…mayor….fff…ee…li….ci…da…d… Y…pi…doo… pe…rd..on… por… no…ha..ber..les..di…cho…cuan…to…los…a…mo... –

Sakura apretó aun más la mano de su padre y sin pensarlo se la acerco a los labios.

- Te perdono, padre – dijo Touya en voz baja haciendo una reverencia que su padre seguramente no vio, pero la leve sonrisa en su demacrado rostro le dijo que la había percibido.

El silencio reino en donde era el momento de Sakura para decir que también lo perdonaba. Tenía un abismo completo de resentimiento pero la joven sabia que debía dejarlo ir, porque si no su padre nunca descansaría en paz. Aferrando la llave en su otra mano se acercó al oído de su padre y con voz temblorosa dijo sellando el camino de luz que su padre estaba a punto de emprender;

- Te perdono, padre –

El hombre pareció respirar con más normalidad, como si un gran peso le fuera quitado de encima y luego perdió la conciencia para nunca más despertar.

Su agonía apenas acaba de comenzar.

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Tomoyo quiso retrasar su boda por el giro del destino pero Sakura se lo impidió, después de perdonar a su padre sabio que a su progenitor no le importaría obviar el luto ante un acontecimiento tan especial como lo era la boda de la doncella más querida de su hija. Alguna convicción le decía a la joven Sakura que su padre se alegraba de su decisión.

Desde la última vez que hablaron Fujitaka no volvió a recuperar la conciencia y su agonía se prolongo por tres largos días, pero la beata sonrisa en sus facciones cuando el médico lo declaro oficialmente muerto le dijeron a Sakura y a su hermano que finalmente había descansado en paz.

Otra puerta del destino que se cerraba resuelta, pensaba Sakura mientras empujaba suavemente el maletín que había alistado para su inminente e ilícito viaje.

No había vuelto a establecer contacto con el psiquiatra pero pronto tendría que hacerlo para ultimar los detalles de su viaje. Su vestido ya estaba terminado al igual que el de Tomoyo y los preparativos para la boda cada vez eran menos.

Se acercaba ese acontecimiento feliz y luego…

Luego Sakura Kinomoto desaparecería de la vida de sus conocidos para embarcarse en la aventura que ella esperaba fuera la más grande.

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Meilin derramó mas pétalos de flor de cerezo en el camino que seguiría la hermosa novia que se casaría en un día.

Jamás había conocido a muchachas tan hermosas y la que estaba a punto de casarse no podía haber hecho mejor pareja con el rico y guapo Hiragizawa. Sonrió de lado mientras más pétalos de flor de cerezo caían de su mano al piso. Por primera vez en mucho tiempo, desde que era modista, podía darse el lujo de organizar una boda sin que las novias fueran histéricas, prepotentes e inaguantables.

El templo estaba quedando maravilloso y sabía que la futura señora Hiragizawa tendría un día inolvidable.

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Cuando finalmente pudo respirar el aire fresco Sakura sintió como si su vida estuviera siendo renovada, respirar sin oxigeno era un beneficio, casi que una experiencia religiosa y no quería ni se iba a privar de ella, basta de cargar el carrito detrás de ella, basta de pensar en que si se quitaba su cánula iba a sentir como si alguien estuviese zapateando encima de su caja torácica.

Se miró al espejo y la ausencia del material de plástico era patente. Se sentía… libre…

Por medio del teléfono de su habitación llamó al jefe de seguridad Liu y le dijo que quería salir. Cuando él estuvo en la habitación comprendió hacia donde quería ir la señora y aunque dentro de si pensaba que estaban siendo un poco imprudentes no podía negarle ello.

- Ellos me ayudaron y si puedo rezar en sus piedras sentiré que de alguna manera les estaré pagando por cómo me trataron –

Liu sabía que debía comunicárselo a Li y así lo hizo. Shaoran no dejó que segundos pensamientos llenaran su cabeza ni tampoco iba a permitir que ella se negara, él la acompañaría por que no iba a dejarla sola otra vez al menos fuera de la casa y que corriera el riesgo de ser secuestrada nuevamente.

Cuando Sakura se enteró la mitad de su ser quería que él estuviera presente en caso de que desfalleciera ya fuera por los recuerdos o la terrible experiencia y la otra mitad quería ir sola, o por lo menos todo lo sola que ella podía esperar estar alguna vez para poder rezar en silencio por esas dos almas que seguramente se habrían redimido de todos sus pecados ayudando a una inocente joven a hacer más llevadero su calvario.

Tomando una canasta pequeña con flores de cerezo se dirigieron hacia donde habían sido enterrados los restos de todos aquellos que murieron en esa explosión meses atrás.

Por la identificación de los remanentes habían puesto la correspondiente identificación en cada lápida y Sakura, después de una triste búsqueda llegó a donde estaba la de los dos hombres. Fotos de sus archivos, cuando seguramente habían sido puestos presos alguna vez, adornaban ahora sus últimos refugios.

Dejó la canasta de flores en medio de las dos lapidas con el signo 大 e hizo una profunda reverencia agradeciendo en silencio por lo que fuera que los hubiera motivado a tratar de ayudarla y porque sus almas torturadas encontraran el descanso eterno y por un segundo creyó percibir que su ruego habia sido escuchado.

Shaoran la observaba en silencio en el conocimiento de que le dolía estar ahí pero no iba a impedírselo porque quería que ella tuviera algún margen de decisión y que dejara de considerarlo todo lo déspota que seguramente pensaba que él era. Habia tomado la decisión de que después del matrimonio de Eriol se encerraría con Sakura en el despacho y le hablaría de todos sus descubrimientos personales entre los que se encontraba el amor por ella, le diría todo lo que sentía y ella decidiría, si algún sentimiento de amor aun permanecía con ella la atesoraría y querría, si no… bueno era algo en lo que aun no se atrevía a pensar. Permanecieron cerca de una hora y cuando la joven volvió a ponerse de pie Shaoran pudo ver que su rostro se apreciaba alivianado, como si hasta que no hubiese hecho esto no hubiera tenido cierto grado de tranquilidad.

Ella pasó por su lado y el hombre tuvo el impulso de levantar su brazo, aferrar la mano de ella y abrazarla para consolarla pero no estaba seguro de que ella aun le permitiera tomarse esa libertad. Así que caminó tras ella observando su innata elegancia y porte al caminar pensando en que también ella estaba tan feliz como el de no tener el oxigeno a cuestas.

Ambos subieron al auto blindado y este partió de regreso a la casa en medio del silencio de todos sus ocupantes.

Sakura sentía dentro de su corazón la tibieza del agradecimiento y pensaba en que con sus rezos y gesto ellos podrían encontrar algo de la redención que podían alcanzar.

"Les deseo lo mejor en la otra vida" pensó para sí y les pidió ayuda a sus espíritus para emprender la difícil tarea que aun tenía que llevar a cabo.

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Finalmente el esperado día llego, teñido solo un poco por la triste agonía de la que estaba siendo parte el señor Kinomoto, pero con todos los cuidados que podía esperar recibir, en su estado cubierto, todos los preparativos faltantes y demases fueron llevados a cabo.

Sakura terminó de ser maquillada por la alegre modista que pidió expresamente ser la encargada de las dos "hermosas jovencitas" efectivamente su vestido fue terminado a tiempo y mientras se miraba en el espejo no pudo sino admirar el efecto del color y como iba a la par con su doncella que también parecía hallarse en las nubes mirándose una y otra vez como si no pudiera acabar de creerse que fuera ella la del espejo.

La joven Li intento mirar a través del dramático contraste que la sombra hacia a sus ojos verdes intentando encontrar el valor para llevar a cabo su fuga, horas atrás habia usado nuevamente el móvil de Tomoyo para ultimar los detalles con el médico y aunque se sentía un poco como si lo estuviera utilizando era la única arma que poseía en ese momento. Además por azares del destino él y toda la planta de médicos que habia salvado la vida de Sakura habían sido invitados a la boda por orden expresa de Tomoyo así que lo podría ver en persona y ultimar todos los detalles.

Cuando ambas mujeres estuvieron listas la modista las dejó a solas y las dos sonrientes jóvenes comenzaron a alabarse la una a la otra hasta que fue la hora de bajar. Serian llevadas al templo y allí estarían sus respectivos maridos esperándolas.

Sakura pensó que de alguna manera, al intentar verlo más bien poco en esos días quizá habia logrado inmunizarse con aquello que Shaoran le producía pero al verse separada de Tomoyo y al ingresar al templo, cuando lo vio parado en la primera hilera de sillas supo que sus cálculos habían sido erróneos, con su vestido perfectamente planchado y su cabello peinado hacia atrás era la viva imagen de la sensualidad femenina y la joven Sakura no pudo evitar sentirse cohibida nuevamente en su presencia y su piel se sentía más sensible y erizada.

Intentó que no se notara su desconcierto en su expresión y vistió su cara de la máscara de indiferencia que habia decidido llevar siempre frente a él para evitar que siguiera haciéndole daño.

Se puso a su lado de pie intentando hacer como que no se daba cuenta que la miraba intensamente, recorriendo cada pedazo de su cuerpo que el hermoso vestido dejaba a la vista. Y era así, desde que se habían casado y mucho después Shaoran habia sido consciente de la sutil belleza de esa mujer, pero cuando era realzada de tal manera tal como en el día de su boda y justo en ese momento hacia que las palabras se le secaran de la boca, inclusive quería tocarla para comprobar que ella era real.

Desvió su mirada el tiempo suficiente para ver que en la entrada del templo habia alguien de pie, alguien que habia esperado no ver pero que sabía que asistiría de algún modo. Aquel medico que no le habia dado buena espina miraba hacia el templo como buscando a alguien y Shaoran tenía que contenerse para que lo peor de sus instintos no decidiera salir a la luz.

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- Rubymoon… ¿qué haces aquí? –

La pregunta formulada con educación por la voz que conocía bien saco a la graciosa enfermera de su estado aletargado. Estaba en la oficina del Dr. Tsukishiro y seguramente el cansancio habia hecho que se recostara en el cómodo mueble de cuero y se habia quedado dormida perdiendo la noción del tiempo.

- ¡Dr. Tsukishiro… señor…perdóneme, no quería…! – la enfermera parecía no encontrar las palabras y tenía en su rostro tal aire de culpabilidad que a Yue se le llegó a pasar por la cabeza que la culpa no era por quedarse dormida en su sofá sino por otra cosa.

- No hay problema, supongo que te quedaste dormida – dijo el médico caminando hacia su escritorio y sentándose para revisar allí lo que ella le habia dejado encima del escritorio. Sabía que ella lo estaba mirando y quería decirle algo así que devolvió sus grises ojos hacia la enfermera y se quedó mirándola esperando que tomara la iniciativa. – Supongo que quieres decirme algo – le confirmó notando como la bella mujer se sonrojaba notoriamente.

- Así es, señor- dijo ella bajando la cabeza y esperando tomar alientos suficientes para poder tomar carrerilla. – Yo… quiero pedirle…- tosió un poco para aclararse la garganta en un fútil intento por ganar tiempo pero sabía que tarde o temprano, más temprano tendría que hablar. – Yo quiero pedirle que no se vaya –

Tsukishiro se quedó de piedra por unos momentos cuando la verdad le golpeó en la cara, de alguna manera extraña la enfermera sabía que tenía planeado irse y no en la manera habitual. Los diáfanos ojos de ella se lo confirmaron al expresar en ellos algo parecido al reproche.

- Por favor, no nos deje, queremos que se quede, es uno de los mejores médicos que hay, no… no se vaya – Intentaba decirle que no dejara atrás toda su floreciente carrera en un impulso pero no podría armarse nunca del valor suficiente para decirle algo como eso, podía abogar por sus compañeros pero no se creía lo bastante para confesarle el interés oculto de ella misma al formularle esa petición.

Yue apoyó su espalda en el respaldo de la silla y apoyando sus manos en sus piernas solo le dijo lo único que se le ocurría.

- ¿Como lo supiste? –

Rubí habia esperado que negara la afirmación de ella pero sabía que el doctor era demasiado educado para ello, para mentir, al menos deliberadamente.

- Yo…- si él era respetuoso ella sabía que debía contestarle de la misma manera y así lo hizo – Yo escuché cuando hablaba con la señora… la joven señora a la que secuestraron –

El mundo de Yue se hundió un poco más, porque era una persona que se sumaba a él, la señora Li y la doncella de esta que sabían lo que iba a pasar y que un secreto de esa magnitud estuviera en boca de más personas era algo sumamente riesgoso.

- ¿Durante todo ese tiempo lo has sabido y no has dicho nada a nadie? – tenía necesidad de preguntarle por qué sabia que le diría la verdad y porque lo más probable era que tuvieran que cambiar de planes.

- No – dijo solemnemente Rubymoon mirándolo penetrantemente a los ojos – No he dicho una sola palabra a nadie –

El médico suspiró un poco pero la mirada de ella transmitía el más hondo sufrimiento y se preguntaba sus razones.

- Porque guardas silencio, por esa información mucha gente incluso hasta te pagaría – le habló calmadamente y ella a su vez le respondió igual de sosegada.

- Yo nunca lo traicionaría – su frase fue dicha con plena seguridad y habia en ella tal preocupación que inclusive se sintió un poco halagado. – Solo le pido que no lo haga –

Yue alargó su blanca mano indicando a la mujer que tomara la silla frente a él y se tranquilizara ya que habia empezado a mover las manos convulsamente una contra la otra. Ella se sentó recta y rígida sin poder mover un solo musculo como siempre que le pasaba cuando estaba cerca de él. Que la mirara durante tanto tiempo solo incrementaba su nerviosismo y saber que si tenía que decirle lo que sentía como último recurso para convencerlo de que se quedara también hacia lo suyo.

- Siento algo muy particular por la señora Li, me ha contado parte de su vida y es una mujer extremadamente mártir –

- Lo entiendo, pero eso no quiere decir… no quiere - "Ay, no pierdas el valor ahora, Akisuki" – No significa que usted deba… deba... deba sacrificar lo que ha hecho por ella. No desmerito eso que siente - casi escupió la palabra. – Pero… creo que no es la manera de solucionarlo. Durante el tiempo que permanecí cuidándola me di cuenta de la gran cantidad de seguridad que su esposo impuso y también de que él le ama mucho así ella no se haya dado cuenta. Si usted se va con ella y por algún azar del destino, nunca por mi boca, llegaran a ser descubiertos usted será despojado de todo y yo… No soportaría que eso o algo peor le pasara – La enfermera bajo la mirada después de exponer rápidamente los motivos que la llevaban a protegerlo. Esperaba que él fuera consiente que pudiera examinarse a conciencia y pudiera saber si valía la pena ese esfuerzo que estaba haciendo por la esposa joven.

Yue solamente permaneció el silencio porque esos eran sus mismos pensamientos, pero verlos reflejados en los ojos y palabras de otra persona hacia que en verdad meditara lo que estaba haciendo, estaba violando todos los códigos morales y éticos que le habían sido impuesto al llevar a cabo su juramento medico, de antemano sabia que aunque lo que sentía por esa mujer era especial el destino y tal vez ella misma y el miedo a ser descubiertos harían que cualquier sentimiento que comenzase a aflorar entre los dos muriera antes siquiera de ver la luz.

No habia futuro y era algo que tenia lo suficientemente claro. La enfermera transmitía por su rosa boca todos sus miedos resumidos en un argumento. No podía negar que se habia imaginado muchas veces como el nuevo y mejor esposo de Sakura Li pero eso era una fantasía que nunca se haría realidad y al ver a la enfermera supo porque.

Volvería a violar todo el código médico y nunca habia pensado en sí mismo como alguien ambicioso, pero cuando has tenido que luchar como él lo habia hecho por llegar a donde estaba los sentimientos de un medico eran lo último en la lista de prioridades.

Tomó la decisión agradeciendo a buda y a Rubymoon en silencio por haberle hecho ver las cosas si bien desde su mismo punto de vista pero al mismo tiempo como un reflejo del suyo y a la vez diferente.

- Puedes retirarte –

Sabía que ella quería preguntarle que habia decidido pero permanecería en silencio y tarde o temprano sabría la respuesta.

La mujer se levantó de la silla y disculpándose hizo una reverencia y salió sigilosamente

Yue conocía lo que debía hacer, solo esperaba que esa decisión no lo arruinara de igual manera.

Y ahora frente a la puerta del templo donde se casaría la amiga de su paciente su firmeza se volvió de piedra, no podía hacerse esto a sí mismo, ni a ella, ni a su esposo. Ruby tenía razón, la saña con que habia estado pendiente de ella era un signo claro de que, aunque ella misma no lo percibiera, Shaoran Li amaba a su esposa.

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La hora avanzó y Sakura no tuvo oportunidad de ponerse en contacto con el médico pero igual no necesitaba eso, incluso era mejor que nadie los viera juntos así no sospecharían en el momento en que desapareciera.

Eriol habia tomado su lugar frente al altar y esperaba moviéndose nerviosa y casi imperceptiblemente en su puesto, como si todavía no acabara de creerse que fuera a casarse ese día. El contraste con Shaoran era casi que chocante especialmente por que este era un novio nervioso y enamorado y Shaoran se habia visto como uno aburrido y obligado. Forzando a su cerebro a que dejara de rumiar sobre esos desafortunados recuerdos esperó al igual que los demás, que el templo terminara de poblarse de invitados entre los cuales se encontraban los padres de Eriol y algunos amigos, los médicos que trataron a Sakura y los escoltas de ambos empresarios Li y Hiragizawa.

Cuando todos se quedaron en silencio supo que el momento habia llegado y el tiempo estaba contado.

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Tomoyo sentía que se ahogaba en un mar de nervios, desde que se habia vuelvo necesario separarse de su señora debido a la ceremonia casi que habia arruinado su hermoso manicure en el afán de intentar comerse las uñas y tal vez un poco de la carne superior de sus dedos.

Aun mientras caminaba por el camino regado de flores del brazo del hermano de Sakura Tomoyo se preguntaba si algún rayo caería y arruinaría todo o si de tanto respirar superficialmente el piso cedería y ella se desmayaría o si en el momento durante la ceremonia Eriol se arrepentía de todo y daba por terminada la boda, en si se enredaría en su kimono y caería al piso muriendo, en si su familia en algún momento pensaba en ella y se imaginaban siquiera que su destino era estar al lado de un acaudalado empresario que la amaba por ser quien era.

"Adiós a mis ilusiones inútiles con aquel pérfido y mi hermana, esta es la nueva puerta, a la nueva vida, a la que me eligió y que en este momento elijo por sobre todas las demás cosas"

Con ese mantra repitiéndose en su cabeza caminó hacia el altar, hacia su esposo y hacía donde el ministro la miraba con una sonrisa casi que beatifica. Solo podía tener ojos para quien sería su marido y no podía desear otra cosa.

Eriol la miraba avanzar y aunque hermosa su rostro estaba pálido, aunque no pareciera seguramente tenia cualquiera de las inseguridades de las novias en el momento de casarse así como las tenia él, pero su imaginación lo llevaba por recovecos en donde ella se arrepentía de casarse con él, en donde un rayo…

No era demasiado pensar, después de todo y a pesar de si respiración rápida los acontecimientos estaban teniendo lugar como una deliciosa película de suspenso que, si bien disfrutaba al máximo, ya sabía cómo iba a acabar.

Ella seria de él y él seria de ella. No habia nada más.

Cuando encerró con sus fríos dedos los fríos de ella la electricidad que surgió con el toque fue como en el momento en que los dos lados opuestos de un imán se encontraban y quedaban pegados todo el tiempo que así fuera destinado. Y ella sería su esposa para toda la vida, de eso, y solo de eso si que tenía la certeza.

Fue una ceremonia completamente tierna, llena de color, y sobre todo de amor. Cualquiera que lo mirara desde afuera se daba cuenta de que esos dos habían sido hechos para estar juntos y todos se alegraran de que en medio del mundo de distancias que los separaban ambos hubiesen sabido cómo encontrarse.

Cuando la ceremonia hubo terminado y el beso reglamentario fue dado supo que la espera durante toda su vida habia valido completamente la pena.

Habia encontrado su compañera.

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Abandonaron el templo para dirigirse al banquete que se llevaría a cabo en un santuario especial. Shaoran deslizó suavemente su mano por el brazo de Sakura para conducirla al auto que los llevaría, ella intentó ignorar la sensación angustiantemente cómoda que sintió en el momento en que los poderosos dedos de su esposo tocaron la piel de sus brazos, esperaba que su piel no se hubiese erizado con notoriedad para no ponerse en evidencia y aunque el movimiento de los dedos de Shaoran no la forzaban sino que la acompañaban no podía evitar sentirse como si la estuvieran marcando al rojo vivo.

Supo que alejarse repentinamente y mas a la vista de todas las personas que habían asistido sería un error grave así que permitió que el contacto se diera. Una vez subieron al auto se alejó lo mas que pudo y fue algo que Shaoran notó. Su bolsillo vibró y cuando vio que era un número desconocido en el móvil decidió dejarlo pasar.

La persona que estaba llamando continuó haciéndolo durante el recorrido hasta el santuario donde se llevaría a cabo la celebración pero Shaoran no quería que nada interrumpiera ese momento de silencio, soledad e intimidad con Sakura así ella hiciera lo posible por ignorarlo.

Cuando arribaron ella no esperó a que él bajara sino que salió rápidamente del auto y caminó por donde le fue indicado sintiéndose nuevamente dueña de sí misma al haberse alejado de él. Le dio su nombre a uno de los acomodadores y este la ubico en la misma mesa en donde se sentarían la pareja celebrada.

Permanecía sentada en la silla esperando que Shaoran se le uniera en cualquier momento, dentro de su mente repasó los pasos que seguiría para irse de la casa esa misma noche, un avión los estaría esperando en el aeropuerto de China y de ahí partirían rumbo al continente americano. Ella no creía que Shaoran fuera a buscarla, seguramente al inicio pero luego desistiría y encontraría a una mujer que fuera acorde con él.

Cuando se sentó a su lado Shaoran finalmente pudo ver que el teléfono desde donde estaba siendo contactado era de el hospital donde habia estado Sakura, levantándose de la mesa escuchó el mensaje de voz que le habían dejado en vista de que no habia contestado.

Le sorprendió el acceso de ira que sintió cuando supo quien habia llamado, era el psiquiatra de su esposa y le pedía que lo contactara urgentemente porque tenía que decirle algo referente a ella.

Intentó pensar que se trataba de algo sin importancia pero sabía que todo lo que tuviese que ver con Sakura era importante así que guardó el número y después comenzó a marcarlo.

El médico contestó al segundo timbrazo.

- Me alegra que me devolviera la llamada – comentó la sosegada voz que por su tranquilidad casi sacaba a Shaoran de sus casillas.

-¿Qué quiere? – si, volvía a ser irracional. Completamente maleducado y le importaba un huevo.

- ¿Sabía que su esposa planea huir esta misma noche conmigo? – fue la pregunta a su pregunta…

El impacto de estas palabras fue completo, sintió como si alguien cogiera su recién encontrada alma y la pisoteara hasta romperla en mil pedazos. Aunque sospechaba algo, nunca imagino que el afán de Sakura de separarse de él fuera tal que llevaría a cabo esa locura. Y luego vino la parte de los celos en donde miles de dudas, escenas infundadas y odios aparecieron en su mente para perturbarlo. ¿Acaso ella le habia sido infiel con el médico? ¿La habría besado y acariciado y a cambio ella le pedía que la ayudara a huir?

Y la preguntas más difícil de todas ¿Tenia él algún derecho a reclamar cuando le habia sido infiel a ella más veces de las que podía contar?

Era diferente, él era el marido, era completamente aceptable. Solo que enseguida se retractó de lo que estaba pensando, ella era demasiado inocente y falta de confianza en sí misma como para tener ni aventura con un desconocido.

- Su silencio me está diciendo todo lo que necesito saber y antes que nada debo aclararle que no lo ha engañado conmigo ni mucho menos, simplemente en vista de que usted no quiere darle el divorcio se siente orillada a huir de su lado –

- Eso nunca va a pasar – dijo sabiendo que sonaba arrogante y que muy probablemente si el médico no estuviera hablando con él en ese momento no se habría enterado hasta que hubiese sido demasiado tarde.

- El tono con el que me está respondiendo me dice otra cosa -

Shaoran rechinó los dientes y se sentó en la primera silla que vio, sentía que sus piernas ya no podían sostener más de su cuerpo.

- Como le dije quiere alejarse de usted, no conozco la historia a fondo, tal vez no los pormenores, pero sé lo esencial. Su mujer esta psicológicamente perturbada por lo que siente por usted y según ella no es correspondido –

- ¿Por qué me está contando esto? – preguntó Shaoran sin entender del todo las intenciones del médico y confiando más bien poco en él, pensaba que tal vez quisiera distraerlo para encubrir la huida de ella sola. Tenía tantas inquietudes en la cabeza que no podía pensar correctamente.

- Porque quiero ayudarla y por qué se que aunque ella desea irse aun lo ama y porque quiero lo mejor para ella. Y en un segundo plano quiero protegerme de las consecuencias que me puede acarrear seguirla en esta locura que ya planeamos llevar lejos. Sakura es una mujer muy especial, pero está dolida y ese dolor no la deja pensar con toda la coherencia que requiere tomar una decisión como la que ella ha tomado –

Shaoran se quedó en silencio asimilando las palabras del psiquiatra. No era algo que pudiera o se fuera a tomar a la ligera. Ni tampoco sabía cómo reaccionar aparte de pensar en volver con ella arrastrarla a sus brazos y encerrarla en su casa tirando la llave al mar.

-Por favor, no vaya a hostigarla por haber tomado esta decisión, acéptela e intente hacerla cambiar de opinión, es la única manera en que podrá siquiera considerar olvidares de irse de su lado tan lejos como sus limitados recursos se lo permitan.

En verdad estaba intentando hacer lo mejor para Sakura y eso era algo que Shaoran podía admirar aunque sintiera que los celos le hacían hervir la sangre. Era mucho mejor hombre para Sakura que él mismo y solo ahora podía verlo, pero aunque no fuera ciego era algo que no podía aceptar, que nunca aceptaría. Ella era de él y él de ella y se acercaba el momento inminente en que se lo diría.

Ella no sospecharía nada y el médico una vez cumplida lo que él creía era su misión abandonó el templo para dirigirse a su hospital a seguir haciendo lo que amaba, ejercer su profesión.

Controlando a duras penas sus emociones y por ende sus pasos, Shaoran camino hacia la mesa dispuesta para ellos y para la doncella y Eriol, no quería mirar a Sakura por miedo a que el tormento de su mirada delatara su secreto, el médico habia planeado una huida en la que, de haber sido llevada a cabo, habría sido completamente exitosa. El doctor le reveló el plan y no pudo más que adular un poco la habilidad planeadora de su mujer, pero se equivocaba en una cosa. Si en algún momento hubiera logrado desaparecer el habría peinado el cielo y la tierra buscándola hasta dar con ella, así de sencillo.

Eriol y Tomoyo entraron en la estancia completamente extasiados con los arreglos dispuestos por el servicio especial, la doncella aferraba ahora sin ninguna vergüenza o miedo la mano de su esposo y se enorgullecía de estar a su lado. Se sentaron y sonriendo dieron el visto bueno para que el banquete comenzara a ser servido.

Sakura a duras penas podía disimular sus nervios, a medida que el tiempo pasaba sentía como si algo fuera mal, estaba inquieta y no se sentía tranquila, quizá porque su subconsciente le estaba diciendo que no debía hacer lo que estaba planeando hacer pero era muy tarde para arrepentirse, aunque no habia vuelto a ver al Dr. Tsukishiro sabia, por lo que habían acordado, que la estaría esperando en el aeropuerto listo para irse con ella a buscar un mundo mejor.

No se sentía en posición de sentir algo mas por el pero suponía que con el pasar del tiempo seria un hombre tan digno de amar como el que más.

Shaoran no le dirigió la palabra en toda la cena y eso para ella estuvo bien, escuchar su voz siquiera por unas milésimas de segundos hacía estragos en todo su ser.

El pulso le temblaba convulsamente y sabía que era por los nervios ya que habia dejado de usar corticoide unos días atrás, intentó serenar sus manos y de nada sirvió cuando una de las suyas quedo delicadamente enterrada bajo los dedos magnos de su esposo que parecía haberse dado cuenta de su inquietud.

Ella levantó la mirada lentamente para posarla en él que a su vez la observaba con esos ojos capaces de traspasar el alma y que la miraban así cada vez que se cruzaba con ellos. Hizo un gesto imperceptible de quitar su mano pero el hizo la presión suficiente para que se quedara quieta. Luego tomo la mano entre la suya y lentamente como si estuviera evaluando cada movimiento la llevó a sus labios para depositar en ella un suave beso.

Seguramente sus mejillas se volvieron tomate pero sentía que no le importaba si seguía sintiendo esos labios ardientes en su piel una vez más.

Quiso sacudirse por ser tan tonta pero no podía moverse más allá del respirar. Su mano quedó atrapada en la de su esposo por el resto de la tarde e inicio de la noche cuando la recepción comenzó a dar fin.

Los planes de Sakura eran devolverse a la casa esperar que todos se durmieran y burlar con la treta de algún incendio a los hombres de seguridad que aun permanecerían por ahí, escapar por la puerta de atrás donde la estaría esperando el médico en un auto saliendo de la parte trasera de la casa. De ahí irían al aeropuerto donde el vuelo de las 02:00 am los llevaría sin escala a América desde donde podrían perderse con facilidad y encontrar la nueva vida que ella estaba buscando.

Volvía a sentirse egoísta pero el médico no se habia negado así que eso tenía que significar algo.

El viaje de regreso trascurrió en un silencio que era tan difícil de llenar con palabras como intentar ser inmortal era posible. Sakura de repente quería hablarle porque quería guardarse su voz para recordarla porque sabía que en muchos momentos de su huida en adelante lo haría sin cesar. Pero el parecía negarle incluso ese sencillo y mundano placer. Parecía contento con que el silencio se volviera parte de ellos dos y ella se sentía conforme, ya habia dado demasiado y lo que había recibido a cambio era una nimiedad.

Abandonó el auto apenas estacionó nuevamente sin darle tiempo a Shaoran de hacer las veces de caballero, aunque creía que no lo haría de todas maneras. Entró a la casa agradeciendo una vez más a los dioses que Tomoyo por fin estaba a salvo, imaginaba con que amor se entregaría en su noche de bodas a Eriol y la envidió sanamente por lo que ella tenía y la propia Sakura no.

No se quedó a comprobar si Shaoran la seguía, seguramente iría a encerrarse en su despacho a trabajar y la dejaría en paz como siempre. Era fundamental que así lo hiciera por qué no necesitaba que de repente volcara toda su atención en ella, eso frustraría la mayoría de sus planes.

Shaoran la observó desaparecer de su lado cual hada negando su existencia. ¿Qué tan ingenua podía llegar a ser? No, no lo era, solamente confiada, sin saber que a quien habia confiado su huida la habia traicionado.

"Es por tu propio bien, mi amor"

Caminó sin que sus pasos se escucharan en la moqueta hacia la parte trasera de la casa y hacia la salida posterior de esta en donde a lo lejos podía percibirse un auto oscuro abandonado o lo que daba la impresión de parecer. Poniéndose un pasamontañas dio orden por radio a todos los escoltas que no fueran a seguir al coche ya que él mismo se apersonaría de la conducción.

La caceria por el amor de Sakura apenas empezaba.

Bueno, poco a poco nos vamos acercando al final de la historia perdón por dejar el capa si pero no quería seguir dándole más largas y pensaran que me olvide de mi historia y de ustedes, mis fieles lectoras, nos leemos en el próximo en el que espero no demorarme tanto, las adoro y gracias por seguir ahí, a pesar de todo