Buenas Noches…

Mi confesión para este cap., falta uno para el final y puede que si no les moleste esperar haga el epilogo, no es que tenga intención de alargarla mucho más y espero para estos últimos caps. que quedan no demorarme tanto en las actualizaciones.

Pido perdón de antemano por la larga espera y por las lectoras que en sus mensajes me han dicho que abandonan la historia por la demora o porque no les gustó la manera en que Sakura finalmente confrontó a Shaoran en el capítulo anterior.

De todo corazón agradezco a las que han tenido la infinita paciencia de esperar y de seguir esta historia durante todo el tiempo que se ha prolongado su publicación. Pero intentar llevar la vida de "escritora" no oficial y conciliarla con el trabajo (aquel que me da para vivir) es una cosa bastante complicada.

Han sido semanas muy duras por diversas circunstancias que no vale mencionar pero siempre me queda el refugio de la escritura para poder evadirme de esa dolorosa realidad.

L s quiero mucho y espero seguir contando con ustedes hasta el final de este hermoso cuento que ya viene próximo.

Un gran abrazo y beso…

MaraG.

Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP

Finalmente la tarde terminó de caer. El clima comenzó a enfriarse y Shaoran sabía, aunque se quitó su sweater y se lo dio a ella, que no podían quedarse más tiempo. Ninguno de los dos habló pero se miraron más seguidos quizá intentando aprender un idioma que no precisara de palabras.

Fueron recogidos por el mismo auto que la llevó. Shaoran quería tomar su mano pero por primera vez, era un hábito que seguro debía aprender, respetó el espacio de Sakura, ese que ella estaba tratando de crear entre ellos.

Cuando llegaron al hotel ninguno de los dos hizo movimiento alguno para bajarse.

– Gracias por todo – dijo ella después de un momento mirando hacia el frente – Gracias por tu sinceridad y por aclararlo todo de alguna manera–

Él quiso responderle que aun así no había sido suficiente pero supuso que debía ser un poco más maduro que eso.

– Era algo que debía haber hecho mucho antes – no la miró aunque lo deseó profundamente en esos momentos, porque a cada momento sentía que sería la última vez que la vería. Aunque había accedido aun no podía acostumbrarse a la idea y dudaba lograrlo.

Salió del auto y lo rodeó para ayudarla personalmente a bajar. Una vez lo hizo pudo finalmente mirarla al rostro y por lo que percibía no se sentía mejor que él.

– Solo será un momento– dijo ella dándose la vuelta. Cuando desapareció Shaoran pensó que aunque ella quisiera irse no iba a poder dejar de velar por su seguridad así que en unos momentos y sintiéndose mal, pero no arrepintiéndose en absoluto, contactó desde su móvil y arregló todo para que ella tuviera todo lo que necesitaba pero de su mano no de la de algún plan ilícito preparado por ella y el médico. Puede que ella se negara pero no iba a cambiar de opinión con eso, no podía. Aun a pesar de la fuerza interna que parecía haber desarrollado una persona como ella no debería ser dejada sola tan rápidamente, debía tener seguridad y tiempo para adaptarse a lo que parecía estar buscando y si era la vida citadina se la comerían viva si empezaba sola. Ella podría superarlo, había casi que regresado de la muerte y un cambio de vida no le quedaría grande, no pasaría nada si él mismo le ayudaba en ese cambio.

Sakura entró a su habitación y tuvo que apoyarse en la pared para no caerse ante el mareo que la había asaltado. Enterarse de todo no había sido fácil e intentar asimilarlo no iba a serlo menos. Pero sabía que necesitaba hacerlo. Por los dos.

Empacó lo poco que había llevado de equipaje personal y una vez lo tuvo listo abandonó la habitación y bajó al lobby del hotel en donde Shaoran la esperaba de espaldas a ella. Su postura de león al acecho no había cambiado y estaba segura de que no lo haría., Era de las cosas que más le gustaban de él.

Aun lo seguía amando, ya pensaría más tarde si lo que hacía era correcto pero ahora sabía que irse, al menos por un tiempo, era lo que se sentía mejor.

Shaoran percibió el aroma afrutado de Sakura y se dio la vuelta a verla preparada para un viaje,

– ¿Lista? – preguntó intentando cerciorarse de que la impasibilidad que veía en su rostro no era alguna mascara de algún sentimiento oscuro.

– Si – respondió la joven aunque en su fuero interno su conciencia grito "ni un poco" pero se calló, ninguno de los dos necesitaba esa respuesta.

Cuando iban caminando hacia la salida Shaoran la detuvo.

– No vayas a decir que no – dijo abruptamente, ella sintió miedo ante cualquiera que fuera su petición. – Así nunca decidas volver – poner las palabras en boca hacia que todo fuera aún más real pero no tenía opción – Tendrás un hombre vigilándote todo el tiempo. No, vigilándote no es la palabra exacta, va a velar por tus necesidades. Lo necesitaras en un lugar como Nueva York y sé que lo sabes tan bien como yo. No estoy diciendo que no sepas como vadearte entre las personas pero mientras te acostumbras él estará a tu disposición. Te lo pido, acepta también esta llave – dijo sacándola de un llavero de su bolsillo de manera profesional. – es de mi habitación privada de hotel en américa –

Sakura miró con aprensión la llave pensando inevitablemente en la cantidad de mujeres que alguna vez tuvieron una copia de esa llave en su mano.

– Preferiría no ir donde pudieras haber…– todo lo que iba a decir fue silenciado por el dedo de Shaoran que se posó en sus labios deseando besarlos hasta el cansancio pero conteniéndose.

– Nadie más que yo y la mujer del servicio ha estado alguna vez en él–

Se sintió avergonzada mas no culpable por pensarlo de esa manera y Shaoran sabía que ella tenía todo el derecho a sospechar así le doliera. Su fama, que ella había conocido dolorosamente, siempre lo precedía.

–Lo siento – dijo ella mirando hacia el auto que la esperaba.

– Más yo – respondió él ocultando sus palabras con una áspera tos.

Ninguno de los dos dijo nada más, las palabras tal vez no hacían falta. El deseo de su recién curado corazón le rogaba que encontrara el valor, la serenidad y la compasión de pensar en volver una vez se fuera, rogaba tener la fuerza y entereza para dejarlo el tiempo suficiente para conocer algo más y saber que él la dejaría por su propia voluntad, quería que él aprendiera el valor de la paciencia y la clemencia, el sacrificio de dar libertad a la persona que decía amar para elegir.

Shaoran Li la amaba y aunque cedía lentamente lo estaba haciendo. Le abrió la puerta del auto y esperó que ella tomara la decisión.

Sakura se volvió hacia él y levanto sus brazos para enredarlos en su cuello en un abrazo buscado y por primera vez con la plena seguridad de que no sería rechazada. Percibió los brazos fuertes de Shaoran abrazarla por la cintura y su pesada respiración en su cuello.

– Por favor, cuídate mucho – le pidió aspirando quizá por última vez su embriagante olor.

– Lo haré – dijo ella deslizando las manos por los hombros de Shaoran sintiendo los estremecimientos de él, percibía también que sus pies no tocaban el suelo y tuvo deseos de encerrarlo con sus piernas y brazos y aferrarse a él como un chimpancé pero no podía permitirse en ese momento ese tipo de intimidad y cercanía. Cuando el abrazo terminó también lo hizo la despedida. Ella subió a su auto y el cerró la puerta sellándola.

Le dio unas palmadas a la parte superior y el auto avanzó retirándose y llevándose la vida de Shaoran Li con él.

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Tomoyo sentía los nervios a flor de piel mientras su noche de bodas se acercaba. Cuando salieron de la hermosa recepción sintió que la piel comenzaba a hormiguearle como si de repente no fuera suficiente solo con acercarse a Eriol, quería más besos, más roces de sus manos y su naturaleza inocente le impedía desgranar la razón de dichos pensamientos. El beso que le dio en la boda estaba tan cargado de una promesa de felicidad que supo inmediatamente que se convertiría en adicta a los besos y la boca de su esposo. Aun sabiendo que era suyo y ella de él le costaba imaginarse llamándolo por su nombre, si ya le costaba tutearlo y aun así en ese momento, aparte de Sakura, era la única persona en la que más confiaba en la vida. Atrás había quedado su familia de traidores y no pensaba dedicarles un minuto más de sus pensamientos. Bastaba ya de meditar en lo que había pasado alguna vez para que todos ellos amaran a Senea y la vieran como la hija perfecta y Tomoyo fuera solo de añadidura. Ahora, al lado de ese hombre, quien, por alguna extraña razón, tenía sentimientos por ella, había llegado la hora de conocer en qué consistía eso que parecía inalcanzable, la felicidad. Aunque felicidad no fuese lo que sentía sabía que se parecía mucho. La anticipación era algo que nunca había esperado.

Iban en el auto, sus manos en el regazo de él y las del mismo le daban calor. Sentía que estas se movían con un imperceptible temblor y sabía que él, perfectamente, podía darse cuenta y aun así no quería separarlas. Estar cerca de él le producía bienestar.

Miró hacia el frente del interior del oscuro auto, percibió que una de las manos de Eriol abandonaba las suyas y la deslizaba por su mejilla lentamente. Podía ver, por el rabillo del ojo que él estaba mirándola atentamente, se sentía cohibida y nerviosa por las muchas imperfecciones que él podía encontrar en su rostro. Sus dedos ligeramente ásperos hicieron una leve presión en su lado derecho forzándola con ternura a volver su rostro hacia él. Cuando sus ojos se encontraron pudo ver que él miraba su boca atentamente quizá buscando… ¿algún defecto? ¿Alguna arruga? ¿Algún… vellito? Sus inseguridades salieron a flote pero no se iba a dejar, él era su esposo y tenía derecho a examinarla. El rostro de Eriol se acercó gradualmente y presionó los labios suavemente aun sosteniendo su mejilla. Su boca se movía suavemente sobre la de Tomoyo pidiéndole permiso para ir más lejos. Ella copió sus movimientos pensando en que seguramente lo estaba haciendo bien ya que percibía que Eriol se acercaba un poco más, y más… Casi lo sentía encima de ella y no le importaba en lo más mínimo, parecía que su pudor natural de repente se había ido de paseo. Ella quitó sus manos de su regazo y sin pensarlo las metió de lleno entre los oscuros cabellos de Eriol haciendo presión sobre su cabeza hacia ella misma como si quisiera fundirse con él. La otra mano de Eriol viajo por su cuello y hombro derecho y por la cintura sintiendo bajo la tela del vestido la piel cálida. No hubiera creído que ella respondería así y encontraba el resultado de su toque por demás estimulante. No quería presionarla, pero sentía que sus propios deseos tomaban el mando y se obligó a controlarse aún más. Apartó lentamente su rostro del de ella y la miró a los ojos, los de ella entrecerrados… el calor que desprendía su piel parecía estarlo escaldando y podía percibir en la oscuridad que sus mejillas y labios estaban enrojecidos. Los suaves y gráciles dedos le acariciaban la nuca en un movimiento lento, con las yemas de los dedos haciendo que los cabellos de su cuello se erizaran suavemente.

– ¿Siempre será así? – dijo ella después de un momento, el auto que los llevaba aún no se había detenido.

– ¿Qué cosa? – repuso él contra su boca sintiendo como su corazón comenzaba a sosegarse.

– Este acercamiento – dijo ella inocentemente acariciando ahora las mejillas ásperas por el inicio de barba.

– Hay mucho más – dijo sensualmente abriendo sus manos sobre el vientre de ella.

Ella sonrió con candor y se apoyó en su pecho abrazándolo por el tórax y pegándose a él y a la alegría que le prodigaba.

– Ojala pueda llegar a conocerlo – él le besó la frente y la abrazó de vuelta pensando en cómo iba a sobrevivir al resto de lo que les esperaba en su vida de casados.

Cuando el auto se detuvo por fin en la elegante entrada del hotel el conductor les abrió la puerta, la noche era templada e hizo que la piel de Tomoyo se estremeciera aún más. Eriol le pasó el brazo por el hombro y juntos entraron al amplio vestíbulo mientras el conductor era quien estaba haciendo el registro y tomando las reservaciones. Ambos siguieron caminando y una vez entraron al ascensor el silencio se hizo dueño del momento.

Eriol percibió que ella estaba nerviosa y se sintió humilde y poderoso a la vez. No era que hiciese estado célibe en algún momento, en su tiempo había sido un donjuán aunque no tanto como Shaoran, pero había conocido lo mejor y lo peor de algunas mujeres y ahora, frente a su flor, en lo único en que podía pensar era en que hubiera deseado ser virgen y puro como ella, para ella. Pero el pasado no se podía cambiar y debía tranquilizarla, se sentía lo suficientemente hombre para esperar si los nervios la terminaban por dominar.

El ascensor se abrió en su piso y salieron al corredor elegantemente iluminado con lámparas que parecían velas y una alfombra color vino tinto en el piso, a lo largo del pasillo había pinturas exuberantes y mesas con adornos a todas luces caros. Miro a su esposa de reojo y vio que su rostro estaba casi tan iluminado como las lámparas, seguramente lo más cerca que había estado de un sitio así había sido en la casa de Sakura y estaba pensando en empezar a viajar con ella y que conociera lo que en algún momento le debió parecer imposible.

Se preguntó Eriol por un momento que habría pasado con Sakura y con Shaoran, esperaba sinceramente que su amigo pudiera salvar lo que quedaba de su matrimonio. Sabía que este nunca sería el mismo si Sakura decidía dejarlo y era lamentable que se hubiese dado cuenta tan tarde, pero como decían por ahí más valía tarde que nunca.

Se detuvo ante la puerta de la habitación asignada y pasó la tarjeta por la elegante chapa con ranura. Tomoyo iba a dar los pasos para entrar pero antes de poder hacerlo sintió los brazos de Eriol rodeándola y levantándola del piso haciendo que esta soltara un gritito y se aferrara a él con temor, como si de verdad creyera que él la fuera a dejar caer.

– ¿Qué haces? – dijo contra su cuello.

– Cumpliendo una tradición muy… americana.– Dio los pasos para entrar llevándola con facilidad al interior de la habitación. Tomoyo sentía sus propias respiraciones un poco agitadas ante lo que se presentó ante ella.

Parecía la habitación victoriana de alguna princesa, recordaba haber visto una fotografía en alguno de los pocos libros que había en casa de la señora Sakura, las cortinas eran casi iguales y parecía como un pequeño apartamento aunque técnicamente nunca hubiera estado en uno. Había candelabros encendidos en una de las esquinas atenuando un poco la iluminación de la habitación, había muchas rosas y pétalos y ella se sonrojó mirándolos. Cuando llegaron al centro de la habitación él la posó suavemente en el suelo quedando frente a ella y acunando su suave rostro entre sus manos.

La besó lentamente y la joven sintió como si estuviera quemándose lánguidamente. Luego él se apartó y aunque estuvo en la punta de su lengua pedirle que volviera no lo hizo. Eriol caminó hacia la mesita que había en el centro con movimientos elegantes y Tomoyo no pudo hacer otra cosa que mirarlo enamorada. Cuando se dio la vuelta tenía en sus manos dos copas de ese líquido dorado que ella vio en la botella que estaba en una hielera. Eriol le ofreció una de las copas y ella la tomó delicadamente mirándolo con fijeza.

– Es hora de brindar por nosotros… – dijo Eriol acercándose hasta quedar a muy pocos centímetros– Por nuestra felicidad, y por ti… por haber aparecido en mi vida –

Ella lo miraba extasiada y asintió sin saber cómo responder a tal declaración. Él bebió lentamente mirándola por encima de la copa igual que ella. La joven dio un sorbo al líquido este le chispeo en la lengua haciéndole unas placenteras cosquillas.

Eriol la tomó de la mano y la condujo a los pies de la cama y ella se dejó llevar como marioneta aunque sus nervios volvieron a florecer. Volvía a preguntarse qué le esperaba conocer en esa cama y si estaría a la altura de las expectativas que una noche de bodas tenía.

Bebieron dos copas de champagne cada uno, Eriol fue quien llevó la voz cantante de la conversación haciéndola reír en ocasiones y en otras escuchándolo atentamente, el trataba de que se relajara y al parecer lo estaba consiguiendo, sentir los ojos de ella sobre los suyos le daba mucha alegría especialmente porque era como si estuviera siendo sometido a la versión femenina de un escrutinio.

Finalmente los temas de charlar se acabaron y Eriol se quedó en silencio sabiendo que era el momento de pasar al siguiente nivel. No quería presionarla, como siempre pensaba, pero la necesitaba, sino con urgencia, si con toda la premura de un hombre enamorado.

Le quitó la copa de la mano besando lentamente los dedos que la sostenían, en ellos se podía percibir el ligero temblor que los estaba atenazando y Eriol sintió mucha ternura ante ello. Él caminó hasta la mesa y dejó las copas encima, luego se devolvió y se quedó de pie frente a ella levantando la mano para ofrecérsela y ayudarla a levantarse. Tomoyo extendió la suya tomando la de su esposo con confianza y se puso de pie esperando que él diera el siguiente paso.

Eriol obvio la distancia que los separaba y deslizo ambas manos por la estrecha cintura apretándola suavemente contra él y buscando sus labios suavemente.

Tomoyo, un poco más confiada y aun sin saber si lo que hacía con las manos era correcto las deslizo por su cuello acercándolo un poco más.

Se besaron durante segundos, aunque podrían haber sido minutos, horas inclusive días, parecía que cuando era besada por Eriol el tiempo se detenía y no era consiente de mucho más.

Los labios de él abandonaron la boca de ella para deslizarse por el delicado pómulo y después por su cuello. Le daba leves besos mientras bajaba y subía por el cuello una y otra vez. Tomoyo había pasado del propio cuello de el al cabello y lo acariciaba lentamente como aprendiéndose la textura.

Eriol olía la inocente piel de Tomoyo con deleite pensando que nunca había olfateado un olor igual. Era como si pudiera poner nombre al perfume que emanaba de ella, tal vez "Inocence" o "fragility" o algo incluso más creativo. Si pudiese embotellarse esa esencia seguramente muchas mujeres encontrarían el amor con mucha facilidad. No creía que en algún momento de su vida se pudiera cansar de un olor semejante.

Sus manos viajaron por la cintura hasta dar con el cierre del vestido. Movió sus dedos lentamente para dejar que ella se acostumbrara a su toque para después comenzar a deslizarlo por la espalda. Como previó ella se quedó quieta, casi que rígida al darse cuenta de su objetivo. No tenía claro qué pensar pero sabía que debía quedarse sin ropa frente a él. Intentó no sentirse aterrorizada de esa misteriosa y a la vez fascinante perspectiva. Quería confiar en él pero aunque cubierta se sintiera más segura era solo una prueba más que sortear en su futuro como esposa.

Se quedó quieta intentando no estremecerse cuando sintió el calor de los dedos de Eriol en la piel que iba quedando desnuda de su espalda.

La respiración de Tomoyo se agitó y le faltó un poco de aire.

Eriol sentía la piel de seda bajo sus dedos, el vestido cada vez más suelto. Finalmente cayó revelando la perfección blanca. No era que Eriol nunca hubiese visto a una mujer desnuda pero nunca había visto a una como Tomoyo Daidoji, ahora Hiragizawa. Natural, sin alteración quirúrgica y tan perfecta que sentía a sus ojos indignos de mirarla. Ella tenía la mirada baja y podía percibir que todo su límpido cuerpo temblaba con fuerza como una hoja sacudida por el viento.

Levantó su mano y la posó suavemente en el mentón instándola a que elevara su rostro y vio que tenía los ojos inundados en lágrimas.

– ¿Por qué lloras? – le pregunto sintiendo que su propio corazón dolía por ella.

– No… – balbuceó ella en medio de sus lágrimas – No quiero decepcionarte…– las palabras abandonaron atropelladamente su boca.

Él sentía que podía abrazarla y quedarse en esa posición toda la vida. Se acercó más y posó sus manos en la torneada espalda empujándola suavemente para que se apoyara en su cuerpo.

–Nunca, nada que hagas, podrá decepcionarme – beso con suavidad su frente sintiendo cada parte de su cuerpo inmaculado contra el de él mismo. – Eres la mujer más maravillosa que jamás esperé encontrar y nada que tengas o seas alguna vez podrá provocarme un mal sentimiento… – Ella se estremeció en sus brazos seguramente intentando ahogar sus sollozos. Dejó que se calmara por unos momentos, luego le dio la oportunidad de alejarse. – No haremos esto si no quieres – le costaba ofrecerle algo así pero como había pensado antes se sentía lo suficientemente hombre para ser paciente y esperar por su confianza.

Ella permaneció en silencio y quieta por unos momentos hasta que finalmente levantó los ojos con un poco de seguridad recién adquirida.

– Quiero ser tuya – dijo suavemente levantando su temblorosa mano y posándola entre ellos, entre su blanco pecho y el de Eriol cubierto de ropa, hasta posarla por completo en su corazón. – Quiero saberme tuya no solo de nombre… y seré la mejor esposa –

– Solo tienes que ser tu – dijo el posando su mano sobre la de ella y rozando con sus nudillos la piel de Tomoyo. – Sé tú misma y me sentiré complacido –

Y luego la besó. Un beso del alma, de aquellos besos que sellaban decisiones arrebatadoras. Un beso que terminó cuando ambos yacían entre las suaves sabanas de la cama, conociéndose íntimamente, tocándose, acariciándose uno al otro con reverencia, aprendiéndose para abrirse paso a una realidad, que a partir del momento en que Eriol fue parte de Tomoyo, sería la felicidad de ambos.

Esa fue la noche donde el amor se unió a la pasión en la vida de dos personas con un precioso futuro por delante.

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Sakura observaba por la ventanilla del auto mientras la lluvia arreciaba fuera. Cuando había llegado al aeropuerto de Nueva York había un auto esperándola y un alegre conductor en él. Le dijo que no se preocupara de nada, que él se encargaría de todo. Sintió una sensación de dejavu con eso, había sido exactamente el mismo movimiento, su llegada a un sitio nuevo y personas haciéndose cargo de su ineptitud. En medio de su nueva independencia, depender de un traductor era algo contradictorio pero supuso que era cuestión de acostumbrarse. Había muchos rascacielos y calles estrechas y entrecruzadas. El volumen de gente la alarmó sobremanera y se preguntó, no por primera vez, si había tomado la decisión correcta al venir a ese sitio. Deseaba que sí. Pero el arrepentimiento que latía desacelerado en el fondo de su conciencia le seguía diciendo que a pesar de esa providencia esta tampoco la llevaría a encontrar lo que estaba buscando.

Shaoran seguía colándose en sus pensamientos y repetía una y otra vez en su cabeza todo aquello de lo que habían hablado. Finalmente había logrado lo que en el fondo deseó durante mucho tiempo, que la quisiera. Pero había pasado por mucho y tenía que seguir alejándose para pensar con objetividad en lo que sería su vida en un futuro.

El auto la dejó a las puertas de un hotel en que le pudo leer Four Seasons, se veía incluso más lujoso que el de Grecia, no sabía qué relación tenía el lujo con ella pero siempre acababa en lugares así y sabía que Shaoran siempre tenía que ver con ello. El conductor le abrió la puerta mientras un muchacho con uniforme le sacaba el equipaje del maletero y lo ponía en un elegante carrito. Mientras el joven se llevaba sus cosas el conductor la acompañó y con él traduciéndole se pudo registrar. Una vez lo hizo él finalmente le habló.

– Me llamo Yamazaki y seré su hombre de confianza – soltó sin más, ella lo miró encontrando que tenía ojos profundos y de alguna manera sentía que no era la primera vez que lo veía.

Yamazaki observó a la esposa de Li recordando mucho tiempo atrás cuando había sido él el espía que debía fotografiarla para llevarle las fotos al futuro marido. Después del medio fallo de esa misión había sido asignado a investigaciones y había colaborado con la búsqueda de ella, luego había viajado al otro continente a supervisar las sucursales que empresas Li tenía allí y había sido contactado por Liu para recoger y escoltar a la señora Sakura en lo que pudiera.

Ahora se veía más madura, tenía una expresión seria que cortaba de lleno con la inocente que él mismo recordaba.

– Mucho gusto Yamazaki – dijo ella haciendo una reverencia que él, sin perder su educación japonesa, devolvió causando que dos señoras con rostros puntillosos los miraran con fijeza. – Espero poder aprender el inglés rápido para no depender tanto de usted – sonrió levemente y él asintió direccionándola posteriormente a el lujoso ascensor, una vez en él le explico que tenía una tarjeta para entrar y que solo debía deslizarla con la parte negra hacia el censor de la puerta.

Lo intentaron tres veces hasta que ella lo consiguió. Le puso en las manos la tarjeta y un aparató cuadrado que decía Nokia en la parte superior.

– Es un móvil, solo tiene que presionar así – movió sus dedos rápidamente y ella hizo un esfuerzo por seguir sus indicaciones. – Me llamará si necesita algo y vendré al instante. Sin importar la hora o la situación la auxiliare y no es negociable. –

Por un momento le recordó con esas palabras a Shaoran y se estremeció internamente, y sabía que lo llevaría a cabo por que en un lugar que no conocía y con un idioma que no hablaba era más que necesario tener un guía hasta que pudiera valerse por sí misma.

Asintió y él se despidió diciéndole que estaría alojado en la habitación del al lado.

Cuando estuvo sola se recostó en la cama mirando hacia el cielo y orando nuevamente por que todo saliera bien.

Sin poderse quedar quieta por días esperando que le llegaran las cosas decidió pedirle a Yamazaki que la acompañara a dar vueltas en búsqueda de trabajo. Para el escolta era extraño que una mujer de la categoría social de ella estuviera preocupada por esas nimiedades, antes le había dado la impresión de ser una muchacha peculiar pero mientras la veía caminar y admirar las cosas más sencillas de Nueva York, no estar como loca por las compras y simplemente mirar letreros donde había vacantes, se daba cuenta de que era una muchacha fuera de lo común. Quizá por eso el señor Li la quería como lo hacía. Porque para el personal de seguridad de la familia Li era evidente que el señor amaba y protegía a su esposa como un león.

La joven esposa se detuvo frente a una floristería pequeña en donde una pequeña mujer llevaba un florero demasiado grande para ella. La muchacha fue a ayudarla en seguida y la señora respiró aliviada. Cuando pudo poner las flores en el mostrador le pidió a Yamazaki que tradujera para ella, que estaba interesada en el puesto que ofrecía como ayudante de jardinería. La abuelita la miraba con los ojos muy abiertos seguramente preguntándose por la rareza de los ojos de Sakura y su deseo de ayudar en un negocio así.

– Me gusta la jardinería, puedo ayudarla haciendo floreros y mas – Yamazaki tradujo y la mujer estuvo de acuerdo diciéndole que probarían por un mes a ver cómo les iba.

Sakura se disculpó con Yamazaki.

– Va a tener que estar conmigo todo el tiempo… necesitaré de su ayuda para traducir –

El escolta asintió pensando que ella se aburriría pronto, el mismo no le veía distracción a trabajar en una tienda de flores pero la joven parecía maravillada y él no era nadie para cuestionarla. Ella le sonreía y le decía que cuando aprendiera ingles no lo molestaría. Lo que no sabía era que él mismo no la dejaría así aprendiera a comunicarse con los americanos, él era su escolta para bien o mal y para cualquier situación su acompañante. Liu le dijo que no sería por demasiado tiempo y Yamazaki lo agradeció. Su novia Chiharu, aunque comprensiva, se ponía triste cuando se demoraba muchos días sin poder verla.

Y así, al segundo día de llegar y contra todo pronóstico Sakura Li comenzó a trabajar en una tienda de flores neoyorquina poniendo en práctica lo que había aprendido en su villa y en su casa de casada. La señora Bright parecía estar contenta con ella. Sakura se sentía incomoda hablándole y esperando a que Yamazaki la tradujera pero la ancianita parecía feliz de tener a más de una persona en su propia tienda aparte de los clientes quienes desde que Sakura inició comenzaron a visitar la floristería con más frecuencia.

Era poco, pero para empezar estaba bien, no tenía intención de abandonar pronto a la señora Sazaki así que haría lo que mejor sabía hacer.

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Retomar la vida que una vez se abandonó parecía resultar fácil a los ojos de los demás pero para el interior de Shaoran Li la mortalidad en vida adquiría un nuevo concepto. Nunca había gustado del término zombie pero podía decir con certeza que él mismo era algo muy parecido a un cadáver viviente, en lo que se había convertido. Se podía vivir sin alma ni corazón pero hacerlo era algo infernal.

Sus actividades diarias se resumían en una monotonía incierta e interminable. Retomó la presidencia de su empresa, trabajando con ahínco para evitar rumiar sus pensamientos. Intentaba distraerse en otras cosas pero inevitablemente en la noche recibía su infaltable informe sobre Sakura.

Verla bien lo hacía feliz pero saberla lejos consumía poco a poco lo que quedaba de él.

Su nuevo informe decía que desde una semana atrás había encontrado un trabajo (sonrió pensando que ella tenía todo para vivir cómodamente y aun así trabajaba) en una pequeña floristería como decoradora y florista. El escolta asignado había hecho una investigación a fondo del sitio; era un negocio pequeño, nada ilícito, con deudas saldables y con una única propietaria, una abuelita llamada Rika Sazaki.

Deslizó lentamente los dedos por la imagen que le habían enviado de ella deseando poder tocar la piel real, acariciaba la forma ovalada de su rostro cuya foto no le hacía justicia.

"¿Por qué no regresas?". Se preguntaba una y otra vez torturándose cuando miles de respuestas negativas y oh tan ciertas aparecían en su negra conciencia. "¿No me amas? ¿No me extrañas como yo a ti? ¿Merezco siquiera cuestionarte eso?" No. Y eso era lo que más le dolía. Ella era libre, así siguiera atada a él, así sus más profundos instintos se negaran de plano. Si ella descubría las maravillas que seguramente podía darle una vida sin él no se lo pensaría dos veces y lo abandonaría inmediatamente.

Estaba en todo su derecho a hacerlo. Él no le había traído más que desgracias y haberla rescatado del secuestro había sido algo así como una pequeña compensación. Ella merecía más y no sabía si ella le autorizaría en algún momento compensarla.

Envió el último informe de su empresa, pensando en que tampoco podía hablar con Eriol ya que aún se hallaba de luna de miel y no quería molestarlo. Seguía envidiándolo y pensando porque él mismo no había tenido esa deferencia con Sakura. Un correo de recibido le devolvió la mirada, el informe había llegado correctamente a sus subdirectores y todo estaba listo para la junta del día siguiente.

"Sakura… Mi Sakura… ¿Por qué no regresas?"

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Tomoyo se hallaba apoyada sobre la reja del balcón sintiendo la cálida brisa remover lentamente sus largos cabellos que caían libres hasta su baja espalda. Soñaba despierta recordando cuantas cosas habían pasado desde que habían llegado a ese hotel. Recordaba demasiado pudorosa su noche de bodas… ¡que nerviosa había estado! Había sacado a relucir una vez más sus propias debilidades y Eriol había sorteado ese impase con la finura de un caballero. Se pasó la mano por la mejilla lentamente y luego se acarició los labios rememorando cada caricia que estos habían recibido de su marido.

Eriol…

En esos momentos se hallaba reservando cupos para los dos para ir de turismo por la hermosa explanada que se adivinaba en la hermosa montaña trasera del hotel. Estaban en Italia y cuando ambos no estaban conociéndose, Eriol le mostraba en internet exactamente el punto en el que estaban ubicados en ese gran globo terráqueo de fotografía.

"Quiero que conozcas conmigo todas las maravillas de las que alguna vez fuiste privada. Quiero que seas feliz".

Le había repetido esa frase muchas veces "quiero que seas feliz." Mientras formaba parte de su cuerpo, cuando le acariciaba lentamente la espalda luego de todo aquel frenesí de pasión, en las mañanas cuando desayunaban y muchas veces más acompañadas de "te amo".

La respuesta de ella había sido equivalente "También quiero que seas feliz, que seamos felices" él solo sonreía y le decía que ya lo era.

Escuchó la puerta de la habitación abrirse y se dio la vuelta para ver a su maravilloso esposo entrar en la habitación con una preciosa rosa en la mano.

Caminaron lentamente el uno hacia el otro hasta encontrarse entre sus respectivos brazos cada uno percibiendo el amor que manaba de sus cuerpos y almas.

– Conseguí los puestos – dijo con entusiasmo Eriol dándole besos en la frente y en las mejillas.

– Vas a tener que ser paciente – dijo ella sonriendo ante sus suaves ataques te besitos, le acaricio el cuello y el cabello sintiendo nuevamente ese hermoso pelo oscuro que la hechizaba – No soy buena turista –

– Puedo enseñarte – dijo el besándola finalmente en la boca y ella estuvo de acuerdo. Era algo más que podía enseñarle que seguramente hacia muy bien.

Eriol le dio el último beso y se fue hacia pequeña alacena anexa a la habitación a buscar algo de comer.

Ella se volvió hacia la ventana viendo el hermoso día emerger y pensó inconexamente que el día parecía estar tan feliz y dichoso como lo estaba ella misma.

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Dos meses más, pensaba Sakura mientras cortaba una de las cintas que debían ir en el ramo de felicitación por el nacimiento de un bebe que estaba alistando. Sintió que su pecho se encogía un poco al recordar lo que Shaoran le dijo y como perdió su propio retoño….

Quizá no estaba escrito que debiera nacer, quizá el destino quería para ella que cuando concibiera y pariera a su hijo lo hiciera en condiciones más felices que las de un secuestro. Siguió poniendo las flores y por último los pequeños angelitos de plástico.

En realidad era muy poco lo que había salido y conocido de su nueva ciudad de domicilio, la habitación estaba equipada con todo lo que necesitaba para vivir y solo había agregado unas cuantas cosas, velas aromáticas de decoración, un cuadro pequeño de un hermoso frutero y una lámpara de mesa de noche con motivos de estrellas. No le había apetecido nada más y conocía la verdadera razón de su abstracción.

Quería volver con él, quería volver a él.

Si, sorpresiva y a la vez predeciblemente su vida sin Shaoran estaba siendo casi tan marchita y vacía como la que sintió en su secuestro. Parecía que nunca dejaría de ser dependiente de él y no acababa de entender por qué ese sentimiento lo percibía como algo malo. La asustaba y a la vez la frustraba. Pero el trasfondo era tan transparente que ella misma podía verlo claramente.

Al móvil que había recibido de Yamazaki habían llegado varios correos y había tenido que pedirle ayuda a él para poder leerlos.

Todos eran de Shaoran y sorpresivamente uno o dos de Tomoyo que parecía estar aprendiendo a tecnologizarse después de ser las esposa de Eriol. En ellos la ahora esposa de Hiragizawa le transmitía cuan feliz era y eso la llenaba de dicha.

"Me alegra que al menos una de las dos pueda ser feliz"

"Sabes cuál es la solución a tu infelicidad"

Miró hacia el móvil cuando pudo dejar terminado el arreglo floral y tal como su guarda le había enseñado volvió a abrir el último que había llegado. Ella no había respondido ninguno y eso no se debía a su falta de manejo de móviles, simplemente no se había sentido con la fuerza necesaria para esbozar una palabra que pudiera ser lo suficientemente convincente y que no la dejara en evidencia.

En el Shaoran le preguntaba como estaba, que hacía y como le iba.

"Esta distancia me ha enseñado lo que antes me negaba a ver, lo desgraciado de una existencia sin tu presencia."

Frases como esa que hacían que el corazón de la joven se exaltara tímidamente.

"Quizá debería escribirle"

"Quizá deberías volver"

Había desarrollado en esos dos meses de libertad una especie de conciencia anexa a la propia que siempre tenía un argumento contra lo que ella se afirmaba a sí misma, como si esa nueva conciencia estuviera de alguna manera conectada a Shaoran y estuviera hablando por él. Lo cual era totalmente imposible.

Los mensajes de Shaoran estaban teñidos con lo que ella sentía que era resignación. No estaba tratando de manipularla o al menos ella no lo percibía así.

Dejó el móvil a un lado y cerró los ojos intentando usar su muerta imaginación. Para traer a Shaoran a su presente. Pero por las que lo intentó no funcionó y sabía también la razón de ello. Era porque lo sabía lejos, a miles de kilómetros de distancia y abatido como lo había dejado la última vez que lo vio.

Dio un último trazo de purpurina a su adorno mientras su nueva conciencia le hacia la pregunta para la que no tenía respuesta.

"¿Qué estás haciendo con tu vida?"

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– Es una broma, ¿Verdad? – Preguntó Shaoran sin asomo de expresión en su demacrado rostro. Kajo negó lentamente, su pelirrojo cabello rozando lentamente su espalda. – ¿Por qué tan de repente?– decía el inamovible patriarca de la dinastía Li sintiendo dentro de sí que esa fría e inconmovible mujer iba a hacerle mucha falta.

– No quiero arriesgarme a perderlo una vez más – contestó después de unos momentos mirando finalmente a los ojos a quien fue su patrón durante muchos meses.

– Así que la fría y dura Kajo cayó bajo el influjo de un Kino moto… –

Cuando ella lo miró sorprendida de su afirmación, verdadera por cierto, Shaoran sonrió de lado ecuánime.

– No me mires así, los demás pueden estar ciegos pero yo no, al menos no en eso –

Ella sonrió con la misma frialdad que los caracterizaba a ambos.

– No soy la única que cayó bajo el influjo de un Kinomoto –

– En eso voy a tener que darte la razón. Parece que los hermanos Kinomoto están destinados a ser los quebraderos de cabeza de muchas personas… ¿Estas segura de que eso es lo que quieres? –

– No, pero más vale haberlo intentado y perder que no haberlo conocido–

Shaoran asintió y después la miró a los ojos.

– Vete, entonces –

Ella hizo una reverencia y salió por la espaciosa puerta del despacho cerrando tras de sí con suavidad.

Kajo sintió que una sonrisa que no quería se apoderaba de su rostro, Touya se había ido dos meses atrás finalmente, tal y como había llegado. Solo. A pesar de las abiertas insinuaciones de Yoko había emprendido su viaje asegurándose de que no iba a regresar. Y ella, como mujer que era, a pesar de que había intentado no comportarse como una, lo había extrañado enormemente. Extrañaba sus ojos intensos sobre ella, su voz oscura y potente. Su presencia…

Si, se había enamorado de ese joven y quería ir y decirle lo que sentía aun a riesgo de que la rechazara por ser tan dura con él en su momento. Sabía que si tenía que regresar Li tendría el puesto disponible para ella y eso la tenía un poco más tranquila. Pero arreglar su propia situación sentimental, esa en la que no había pensado por tanto tiempo, eso sí era aterrador.

Bueno, el que no arriesga no gana, y ella estaba dispuesta a jugarse el todo por el todo.

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El Dr. Tsukishiro escuchaba a su última paciente, una niña de 12 años con problemas de depresión. Su mente la escuchaba e intentaba diagnosticarla y por consiguiente instaurar un tratamiento.

La madre de la muchacha atendió todas sus sugerencias y dijo que las llevarían a cabo, control en ocho días.

Cuando se marcharon miro hacia su escritorio recordando lo que había estado a punto de hacer. Esto, ayudar a la gente con este tipo de problemas era para lo que vivía, era para lo que había luchado y sabía que sus sentimientos por Sakura habrían sido tan infundados como fugaces. Era un capricho que había querido darse después de haber renunciado a tantas cosas y sabía que ambos habrían acabado mal. Sentía curiosidad por saber cómo estaba pero no debía indagar. Ella ya no era su paciente y no tenía sentido perseguir algo que finalmente no sería suyo y no le convenía.

Había entablado una honda amistad con la enfermera que había evitado que cometiera una locura, se había percatado, perspicazmente, que ella lo veía con ojos de mujer y no podía evitar sentirse halagado, especialmente cuando ella parecía ver más allá de su presencia de médico y veía al hombre tras de toda su imagen cosmopolita.

Estaba pensando seriamente en pedirle una cita y ver cómo funcionaba su propia relación dejando atrás él su cargo de médico y ella el de enfermera.

Si, sería un excelente comienzo

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Sakura sentía que navegaba en un mar de oscuridad donde no parecía haber escape posible. Ese sueño había venido quitándole el descanso en días pasados y se hallaba ahora en este como siempre lo hacía, completamente sola.

Sentía que trotaba sobre ese mismo mar cuya negrura parecía querer devorarla entera y quería escapar de ella porque la sentía equivocada, no era un lugar para estar.

"Sakura…" llamaba una voz gritando pero no podía responder. Sabía a quién correspondía la voz y percibía cada punzada de dolor que esta tenía al pronunciar su nombre.

"Sakura…"se repetía una y otra vez y el sonido hacía eco en el agua oscura donde flotaba, parecía darle fuerzas al agua que lentamente comenzaba a subir como una marea de playa, empezando a tragarla a medida que su nombre se repetía con más desesperación. Tenía el agua en el pecho marcándola dolorosamente, luego en el cuello, y cuando comenzaba a invadir sus vías respiratorias ella se rendía…

Abrió los ojos desesperada mientras el eco de su propio grito reverberaba en su pecho. Se puso una mano en el corazón que le estaba doliendo. Aún tenía que asistir a controles cardiacos por su cirugía pero dudaba mucho que ese dolor tuviera nada que ver con la ciencia.

Le llevo muchos minutos sosegarse y en ese tiempo se dio cuenta del dolor en su pecho venia del alma y se manifestaba en su órgano de vida.

Percibió las lágrimas deslizándose de sus ojos adormecidos al desentrañar la razón de su honda tristeza. Era algo que con el pasar de los días se hacía más patente, algo que la hacía débil y aun así, en el fondo de su ser, quería llevar a cabo.

No tenía sentido prolongar la tortura cuando el resultado iba a ser el mismo y lo veía ahora tan claro como si esa oscuridad del agua en sus sueños estuviera diluyéndose frente a sus ojos para dar paso a la claridad desbordante de su verdad. La verdad que siempre supo y no quiso afrontar hasta que se dio cuenta de ello.

Amaba su trabajo, amaba la vista que daba el amanecer todos los días sobre los altos rascacielos que había aprendido a conocer un poco. Pero no se podía tener la felicidad completa si todas las partes de tu cuerpo no estaban participando de ella.

Apartó las sabanas de su cuerpo y miro hacia la ciudad en medio de la naciente madrugada.

"¿Que vas a hacer?"

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Liu era una persona observadora y sabía que el señor Li Shaoran estaba cayendo en un abismo donde pronto nadie, ni siquiera ella, sería capaz de rescatarlo.

Cada día que pasaba se notaba más, en su semblante, en todo su ser, todo lo que la ausencia de su mujer estaba ocasionando.

Todo el personal de seguridad era consciente de ello. Iba a la oficina como por inercia, hacia lo que tenía que hacer y volvía a la casa a encerrarse en el despacho y de unos días atrás había comenzado a beber. Sake, en grandes cantidades, hasta que se levantaba en la mañana con la cara un poco peor que el día anterior y la desolación pintada en el rostro. No sabía o conocía qué sentir algo hacia alguien podía dejarte en ese estado. Si tenías una mente fuerte no te dejabas llevar por ese tipo de cosas, pero parecía la fortaleza mental de Shaoran Li ahora se hallaba perdida.

Y lo peor era que no podía intervenir. Nadie podía porque era decisión del matrimonio permanecer así. Sabía que si el señor Li hubiese seguido siendo el mismo la habría obligado a volver en el mismo instante en que se marchó, pero parecía que ya no podía retenerla más y la ausencia de ella lo estaba matando lentamente.

Shaoran por su parte había encontrado un mínimo consuelo en el alcohol de sake, pero este ayudaba un poco, y cuando sentía su mente embotada podía hacer de cuenta que ella estaba allí, frente a él, sonriéndole y tendiéndole la mano que necesitaba para salir de la desgracia en donde estaba metiéndose. Pero la horrenda realidad volvía cuando el efecto del sake pasaba y ella ya no estaba ahí.

Le escribía al móvil que sabía que Yamazaki le había dado, pero ella no respondía. Intentaba convencerse de que era debido a que no estaba familiarizada con la tecnología pero luego venía a su cabeza llena de imaginación oscura múltiples razones por las que ella no respondía que implicaban otros hombres, alguna desgracia o algo peor, que ella ya no quisiera definitivamente más contacto con él. Un poco de esas dudas se disipaban cuando recibía su informe semanal, por lo menos la duda de si había conocido a alguien más estaba resuelta pero luego estaban las demás agobiándolo y la elusión de ella hacia que volviera al sake cada vez en mayor cantidad.

– Se está destruyendo lentamente –

Shaoran dejó su botella medio llena y se volvió lentamente en su silla del despacho para mirar a Liu.

– Es todo lo que puedo hacer para no enloquecerme – contestó. En otra circunstancia ni siquiera se habría molestado en responderle a Liu pero sentía, en su mente obnubilada, que quería hablar con alguien. – Cada día que pasa es como si algo arrancara una parte de mí, un doloroso pedazo de piel y alma y para paliar ese dolor necesito encontrar algo para seguir vivo. –

– Pero no el sake, usted es más fuerte que eso –

– Creía que lo era, pero ahora me doy cuenta de que fue todo una postura del fuerte que asumí para no dejarme ganar de mi tío, actualmente todas mis murallas ficticias han caído y lo único que hay es esto.– Se señaló a si mismo sonriendo desdeñosamente– Un patético hombre que lastimó a la persona que amaba y ahora quisiera devolver el tiempo y hacerlo mejor. Y no puedo obligarla a que se quede conmigo porque no soy su felicidad –

– Si está destinado que ella vuelva con usted lo hará –

Eso no es consuelo, ni siquiera sé si seré capaz de vivir sin ella otro día mas, menos años y también sé cuan egoísta soy y aun así es lo que siento–

– Por favor, señor Li, no deje que esto acabe con usted – Shaoran volvió a sonreír con desgana y sirviéndose sake respondió:

– Eso intento – Se puso de pie tambaleantemente y camino hacia la salida del despacho murmurando un buenas noches.

Liu se quedó ahí largo tiempo luego levantó su teléfono e hizo una llamada internacional.

– Esto tiene que parar – dijo a su respondiente.

– Tranquilo – dijo la voz al otro lado de la línea en tono tranquilo y con un sonido constante de fondo – Terminará antes de lo que cree –

Liu no entendió la implicación de las palabras pero no quería ponerse a desentrañar misterios en ese momento. Cortó la comunicación y siguió mentalizándose en la misión de proteger al señor Li inclusive de sí mismo.

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"Toma mi mano" decía la oscura y lobuna voz. Ella trataba de alcanzarla pero se empinaba con esfuerzo, ya que debajo de ella solo la esperaba esa temida oscuridad, y no alcanzaba ni siquiera un poco.

"¡No puedo!" sollozaba dentro de ella.

"¡Alcánzame!" decía la voz "¡Toma mi mano!, ¡rescátame!"

Pero todos sus esfuerzos eran en vano y el resultado era el mismo.

"Perdóname… ¡perdóname!"

Sakura se despertó nuevamente sobresaltada, había sido tan real como el llanto que volvía a controlarla.

¿Qué sentido tenía seguir esperando?

Apartó las cobijas de un empujón y corrió hasta su armario sacando sus cosas, como enloquecida, y tirándolas a la cama donde después seguramente las metería a lo loco en la maleta. Corrió hasta el móvil en su mesa de noche y marco el botón de contacto directo con Yamazaki.

– Ayuda…– decía sin aire cuando él contestó– Ayúdame… Necesito regresar…. Por favor… –

En menos de dos minutos Yamazaki entró en la habitación con el móvil aun en el oído.

Ella corrió hacia él con el corazón en un puño y después rompiéndose con una desolación que no podía controlar, una que no había esperado sentir pero que en ese momento se apoderaba de ella.

– Tranquilícese, estoy reservando el vuelo a China – Dijo Yamazaki tomando una de sus manos y dándole un apretón calmante que hizo poco por tranquilizarla.

– Quiero hablarle, necesito hablar con él – dijo ella pasándole su propio móvil.

Cuando él terminó de hacer la reserva intentaron desde los dos móviles comunicarse con Liu o con Shaoran pero la llamada no salía. Yamazaki miraba alternativamente a la señora Li, parecía estar poseída por una fuerza imparable. Corría del baño y del armario hasta la cama y una vez allí comenzó a apeñuscar sus cosas sin ningún tipo de orden en la elegante maleta que había traído.

Cuando todo estuvo listo ambos abandonaron el hotel en el coche alquilado conducido por Yamazaki, ella miraba las luces del amanecer poco a poco levantándose en el horizonte, muchos pensamientos se arremolinaban en su cabeza…

"Puede que me esté equivocando, puede que no esté pasando nada y él esté mejor sin mi…"

Llegaron al aeropuerto y los pusieron a esperar en la sala de migración.

"No importa, solo diré que quería visitarlo…o quizá que quiero darle una nueva oportunidad a nuestras vidas…"

Una vez abordado el avión el sueño la controló durante todo el día que duro el vuelo, pesadillas recurrentes y deseos de tele transportarse a donde tenía que llegar. En algún momento de la noche escuchó que Yamazaki decía algo como "Tranquilo… terminara antes de lo que cree" pero seguramente era su imaginación.

Cuando pudo salir de sus sueños Yamazaki le estaba indicando que tenían que abrocharse los cinturones, el sol estaba pegando con fuerza en el avión y no demorarían en aterrizar.

Ella permaneció en silencio, por una vez suprimiendo su sentido de querer ayudar y solo dejando que Yamazaki hiciera todo para llegar a su destino.

Cuando abordaron la limosina con el logo de empresas Li se sintió con más ánimo, su llegada era inminente.

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Kajo pisó el fondo del acelerador de la motocicleta que portaba siguiendo las indicaciones que había conseguido de la villa en las montañas. El GPS del móvil estaba ayudando en su tarea y cada vez faltaba menos.

Quería perdón y redención y tal vez una oportunidad de conocer lo que de verdad era querer a alguien. Necesitaba ver a Touya y convencerse de que ella misma no se había convertido en aquel ser frio y de piedra que había forjado de su propia vida para apartar las emociones y ser la mejor espía en un campo dominado por los hombres.

Deseaba que la perdonara por herir sus sentimientos, quería tantas cosas imposibles que en un segundo casi le da la vuelta al manubrio para regresar por donde había venido y dejar atrás sueños estúpidos.

Pero no, tenía que tomar ese riesgo así como había hecho con muchos otros y asumir la responsabilidad y consecuencias de sus propios actos.

Cuando estacionó frente a un muro construido entre bambú y piedra, con varias cámaras y vallas electrificadas el GPS palpitaba diciendo que esa era la villa.

¿De verdad estaba dispuesta a sacrificar su libertad por vivir en ese campo?

Sí, porque quería algo diferente a la violencia, las intrigas y lo cosmopolita.

Un hombre se asomó por una puertecilla en la puerta principal preguntándole quien era y qué quería.

Ella dijo que necesitaba hablar con Touya Kinomoto y dijo su nombre. El hombre al escucharlo cerró la puertecilla en seguida y el silencio se hizo presente.

Podría ser que Touya hubiese dado indicaciones de no dejarla pasar, ¿quizá ahora empezarían a dispararle?

Se obligó a respirar y tranquilizarse, aun podía dar media vuelta, aun podía…

La puerta principal se abrió lentamente y frente a ella, vestido con un kimono masculino estaba él. El muchacho de sus, por qué no decirlo, fantasías, sus sueños, mirándola impasible.

No sabía que movimiento hacer, que dirección tomar. Él comenzó a caminar hacia ella que yacía parada al lado de la motocicleta ducatti abrazando el casco contra su cuerpo.

Cuando estuvieron frente a frente las palabras se secaron de la boca de Kajo como si esta extensión de su cuerpo se hubiese convertido de repente en el desierto del Sahara.

"¿Qué hago aquí?" Volvió a preguntarse llena de temor.

Entonces él levantó lentamente sus brazos para envolverla en ellos y su olor a naturaleza viva inundó lo sentidos de Kajo. En un santiamén soltó el casco para aferrarse a él y rogando por obtener su preciada dadiva de amor.

Él solo la abrazaba y olía su cabello rojo deseando que eso no fuera otro de sus sueños en donde ella le decía que no quería estar con él. Se separó lentamente después de un momento con la plena intención de preguntarle la razón de su presencia en su vivienda pero ella simplemente levantó sus ojos ámbar y le pidió perdón. Touya negó con la cabeza acariciando tiernamente sus frías mejillas como deseó hacer siempre.

– No tengo nada que perdonarte–

– Herí tus sentimientos – dijo ella sin poder creer que estuviera poniendo esa frase en su propia boca.

– Lo hiciste, pero las personas de esta familia tendemos a la habilidad de sobreponernos ante la negrura –

– Quiero tu perdón y quiero la oportunidad de ver un poco de todo aquello que, por mi propia decisión, me he perdido –

Él volvió a abrazarla con más fuerza sin acabar de creer que eso estuviera sucediendo de verdad.

Su amada frente a él.

– Haberlo dicho antes – comentó en broma y tomándola de la cintura hizo lo que en cualquier novela harían. Comenzó a dar vueltas con ella sintiendo el aire campestre agitar sus cabellos.

Su personal de seguridad sonreía por lo bajo. Parecía que la nueva señora había llegado al fin.

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La casa, a pesar de ser casi medio día, estaba oscura cuando Sakura traspasó la puerta principal.

Lo primero que echó en falta fue ver a Kajo saliendo a recibir a los recién llegados pero eso era algo que preguntaría después. Por ahora necesitaba llegar a donde Shaoran. Aunque puede que no estuviera era poco más de medio día así que tal vez estuviera en la empresa.

– ¡Shaoran! – dijo ella y sintió que ese llamado salía desde lo más hondo de su alma. – ¡Shaoran! –

Nadie respondió y eso la asustó. Quizá se estaba imaginando cosas pero parecía que la vida había abandonado a esa casa.

Corrió hacia las habitaciones principales encontrando la suya tal como la había dejado, intentó no pensar en lo que eso significaba y corrió a la que era de Shaoran encontrándola igual, ordenada y pulcra como si nadie la hubiera usado más.

Indecisa corrió bajando las escaleras hasta el despacho del primer piso preguntándose como tenía fuerzas para seguir corriendo después del agotador viaje y pensando y respondiéndose a su vez que el amor era el que le daba fuerzas.

Abrió la puerta del despacho y le extrañó que todas las cortinas estuvieran corridas sumiendo la estancia en un espacio casi que espeluznante había un olor que le recordaba a su niñez, cuando su padre bebía sake en grandes cantidades, un tufo casi que insoportable. Cuando dirigió su mirada hacia la mesa del centro el llamado del nombre de su esposo se atoró en su garganta, ya lo había encontrado.

Y era lo último que esperaba ver. Recostado, de cualquier manera, encima del escritorio, una de sus manos en una botella de madera y respirando pausada y casi que inexistentemente, ahí estaba él. Hubiera pensado que estaba muerto si no fuera por la leve elevación de su espalda cuando respiraba.

. La imagen de Shaoran muerto era algo que no podía siquiera imaginar.

¿Quizá estaba ebrio?

–Shaoran…– llamó acercándose a al escritorio sintiendo como su corazón latía fuertemente en su pecho al estar finalmente cerca de él. La figura de su esposo se removió lentamente y siguió durmiendo.

Intentando no sentirse herida le tocó suavemente el hombro de y él se movió finalmente.

– Shaoran, despierta – dijo ella llamándolo desde el fondo se su corazón y la figura que antes respiraba se quedó rígida por unos momentos luego se levantó lentamente y pareció intentar enfocarla con los ojos.

Sakura sintió deseos de gritar ante lo que vio. No lo hubiera reconocido de no ser por sus ojos que conocía bien. Su rostro era una máscara de descuido y palidez y su mirada perdida distaba de ser aquella fría que conocía pero esta tampoco tenía ninguna expresión
"Oh, Shaoran ¿qué has hecho?". Pensaba la joven Sakura dando un paso atrás sin poder entender la razón de por qué estaba en ese estado...
No quería llegar a creer que se debía a ella. Él la miro finalmente a los ojos y habló con la voz ronca como si no la hubiera usado en mucho tiempo.

– ¡Vaya! – arrastraba las palabras como si le pesara decirlas – El sake es más efectivo de lo que creí...– Sonrió de lado aunque no había ningún regocijo en su mirada como si no se hallara realmente ahí. Se irguió en la silla del escritorio y cerró los ojos aspirando profundamente. O eso le pareció a ella – Huele a Sakura–dijo ausentemente. Una sonrisa casi beatifica cruzó por su rostro seguida por una expresión de dolor tan evidente que hasta ella se sintió mal.

Una risa sarcástica abandonó la boca de Shaoran al pensar siquiera en que la imagen que había ante el esta vez sí podía ser real. La había conjurado tantas veces y de tantas formas que finalmente se había cansado de despertarse a la realidad.

– Shaoran, soy yo… – dijo ella lentamente aun asustada por la imagen que él representaba.

– Ahora es cuando desapareces – dijo y se echó a reír.

Sakura pensó que se había enloquecido y retrocedió creyendo que se estaba burlando de ella pero alguien detrás de su espalda la detuvo por loa hombros.

–Está ebrio, no se vaya – reconoció tras de ella la voz de Liu y recordó las delirantes frases de su padre las pocas veces que lo descubrió hasta la frente de sake. – solo quédese con él–

Sakura camino nuevamente hacia Shaoran y le dijo en el oído cuando el volvió a apoyarse en el escritorio gimiendo en desesperación.

–He vuelto…para quedarme –

Shaoran pensó que este sueño traído del alcohol era más real que los otros, y cuando pensaba que su mente dejaría de dibujársela ella volvía a aparecer en su nublada vista. Sintió dolor en su corazón al pensar que ella desaparecería al igual que los restos del alcohol pero no le importaba, si su locura se estaba volviendo tal que podía sentirla más real que antes que así fuera. Levantó sus manos sintiéndolas más pesadas que nunca y la aferró de los hombros para acercarla a él y olerla como un perro hambriento. Si, podía sentir su cabello haciéndole cosquillas en la nariz y aun en su etílico estado pudo escuchar el respingó que dejó escapar cuando la apretó fuertemente.

– Perdón…perdón…no quería hacerte daño – dijo arrepintiéndose de su impulso, ni siquiera podía ser decente con la Sakura de su imaginación.

– Tenemos que acostarte – dijo el fantasma de su Sakura. Intentó enfocarla con la mirada pero el mareo que sintió en la cabeza lo hizo cerrar los ojos y gemir nuevamente. – Vamos, mi amor, por favor, debes descansar – Shaoran volvió a sonreír como si fuera un niño al que acababan de dar un caramelo.

– Si, mi amor, soy tu amor…– soltó una carcajada y la aferró con fuerza.

Sakura estaba incomoda en esa posición, arrodillada y levantada hacia él.

– Vamos…– Ella devolvió su mirada hacia Liu y le pidió ayuda en silencio, tendría que hablar con él, pero por ahora tenía que llevar a Shaoran a dormir a un sitio que le aseguraría no tener un dolor terrible de cuello cuando decidiera levantarse.

Liu se adelantó y con ayuda de él, de hecho llevando casi todo el peso de Shaoran lo sacaron lentamente del despacho y lo llevaron a la habitación que usaba Sakura cuando había vuelto del hospital.

Cuando cayó en la cama aferró el brazo de Sakura diciendo incoherencias y esta se recostó en la cama mientras él se llevaba la mano de ella al pecho y se daba la vuelta en la cama para que su brazo lo rodeara.

Sakura intentó conseguir una posición más cómoda y cuando la consiguió supo que no podría dormir como lo había planeado una vez lo encontrara.

– ¿Qué pasó? – dijo preguntado en voz baja a Liu, sabía que el conocía el origen del estado de su marido.

– La extraña – dijo simplemente el hombre de seguridad al que recordaba por no ser hablador. La miraba con algo parecido al reproche en los ojos y ella no podía dejar de sentirse culpable. ¿Acaso él había hecho de su vida esto por ella? – No lo sienta, no es culpa de nadie más que las circunstancias. Cuando se dio cuenta de que no podía vivir sin usted hallo consuelo en lo que la mayoría de los hombres hace, el alcohol –

– Yo no quería esto – dijo ella acariciando suavemente el cabello de Shaoran que ahora roncaba suavemente.– Solamente quería… vivir…–

– Señora…– dijo Liu trastornado al ver la profunda tristeza y cansancio en el rostro de la señora – No es momento de echarse o quitarse culpas, su esposo esta apenas entrando en el camino de la perdición y necesita su mano para volver a la calle recta – Bueno, pensaba Sakura incongruentemente, Liu si podía ser hombre de palabras y estas le estaban dando un consuelo que no había esperado recibir. Hubiera querido que Shaoran estuviera consiente para poder abrazarlo y preguntarle si aún la amaba. Pero sus acciones demostraban que si la había echado de menos, así fuera refugiándose en algo tan incorrecto con el alcohol.

Se recostó sobre la forma de Shaoran e incómodamente se quedó dormida.

Ya tendrían tiempo para hablar, para aclararlo todo y para decirse uno al otro lo mucho que se querían.