Buenas, buenas:
Sigo queriendo hacer confesiones por este medio y la que le corresponde a este capítulo es que no soy demasiado buena con los finales, porque no me gustan, aunque sean felices, pero me esmeré todo lo que pude con este y espero que les guste tanto como a mí, no que la historia llegue a su fin sino que este que le tocó haya sido el adecuado. Gracias por haber seguido esta historia y el epilogo espero que no se demore mucho. Tampoco es que vaya a ser muy extenso pero lo suficiente para ver una atisbo del futuro de estos personajes que aprendimos a amar, a odiar, y amar otra vez (especialmente a Shaoran ¬¬). Las aprecio mucho y espero que tengan una buena vida. Nos leeremos en otra historia, quizá no de este fandom, quizá sí, nunca se pierden las esperanzas.
Gracias. M.G
Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP
Shaoran podía decir con total certeza que se hallaba en el paraíso. Quizá la muerte se había apoderado de él y finalmente lo había llevado a donde estaría con Sakura aunque no en la realidad.
El olor que desprendía la piel de su esposa era algo incomparable e inconfundible y en ese momento de casi conciencia estaba rodeado completamente de este.
Si, era de lejos el mejor sueño que había tenido desde los últimos meses. La cabeza le dolía terriblemente pero no quería despertarse de esa hermosa fantasía. Escuchaba el tic tac del reloj que había en su mesa de noche y lo sentía como si un corazón le estuviera palpitando a todo volumen en las orejas, bueno, al menos la que no estaba tapada por la almohada.
Percibió todas las partes de su cuerpo especialmente su mano izquierda que tenía aferrada un cálido contacto que le entibiaba el corazón que era en donde se encontraba apoyada, ese calor no era proporcionado por las cobijas y se dio cuenta en ese momento que había alguien detrás de él y se sentía tan real que no podía ser producto de su ahora viva imaginación, no era tan fantasioso… o puede que sí, desde hace unos meses.
Respiró hondo ahora más despierto y el olor maravilloso penetró en su nariz haciendo que abriera los ojos tomando definitivamente conciencia y con miedo ante lo que pudiera esperarlo. Miró hacia abajo lentamente para que su cabeza no le palpitara demasiado y vio bajo su brazo, firmemente aferrado por el suyo, uno más esbelto y una mano sepultada por la suya propia.
Intentó hacer memoria para saber si de alguna horrorosa manera, en medio de su borrachera, había terminado acostándose con alguien y ahora estaba ahí amaneciendo con él.
No, no podía ser, no podía haberse traicionado a sí mismo de esa manera, no creía haber caído tan bajo como para fallarse. ..
Cuidando de no sobresaltar a quien fuera que estuviera acostado a su lado abandonó la mano y lentamente se dio la vuelta para observar el más hermoso y devastador cuadro que jamás pudo haberse imaginado.
Ella está ahí, conjurada a la realidad desde sus más profundos deseos y fantasías, recostada como una mujer abandonada. Su brazo que antes seguramente había estado apoyado sobre él yacía lánguido como todo su cuerpo esbelto. Vestía con un pantalón negro y una camisa blanca, estaba pálida y ojerosa, más delgada y... tan hermosa como siempre la recordó.
Lo único que rememoraba de la noche anterior era haber pensado que ella se le había aparecido en forma de ángel. Quería despertarla y saber que le respondía pero se veía, aun descansando, terriblemente agotada.
Se levantó y la miró todo el tiempo pensando en que desaparecería en cualquier momento, si es que era producto de su imaginación, lo más probable...
Alargó su mano y tocó su piel cálida y supo que de alguna manera era tan real como siempre la deseo.
Se llevó una mano a la boca a punto de soltar un grito nada masculino mientras suprimía el impulso de ponerse a correr por la habitación como el niño pequeño que nunca fue. Su cuerpo fue inundado por un sentimiento parecido a la euforia y acariciando su mejilla una vez más se alejó para no despertarla, ningún sueño se había sentido más real así que prefirió pensar que estaba en el escenario de verdad y en nada más.
Se alejó sigilosamente hacia la puerta del baño y entrando allí la cerró suavemente. Una vez dentro caminó hasta el lavamanos y mirándose al espejo abrió la llave al mínimo para echarse agua en el rostro haciendo una mueca de desprecio ante lo que vio y como nada cambió al menos en su apariencia. Dejó de repetirse que era uno de sus ensueños, en ellos seguramente no tendría esa resaca de órdago y el dolor de cabeza que parecía querer hacerla estallar. Aun así quería correr de vuelta a la habitación, despertarla a besos y después de eso quizá estuviera de ánimo para dejar tocarla y le preguntara el por qué se su regreso. Sin cuestionarla, simplemente le agradecería a la divina providencia y a ella por haber tomado la decisión de volver. En ese momento, con ella en el mismo techo, las buenas intenciones de dejarla decidir se iban al garete, porque esta vez no dejaría que desapareciera.
Cualquier otro día habría ido directo al bar de su despacho seguramente a coger sake de desayuno pero su cuerpo en ese momento no le estaba pidiendo alcohol en absoluto, la estaba pidiendo a ella.
Tras darse una ducha rápida, intentando hacer el menor sonido posible ordenó sus ropas y cuando salió ella estaba ahí en la misma posición en la que la había dejado. Acercándose todo lo que se permitió le besó la frente y la punta de la respingada nariz y salió de la habitación rumbo a la cocina percibiendo como cada célula de su cuerpo estaba…feliz, si podía imaginárselas cada una con una sonrisa de punto a punto navegando en su torrente sanguíneo y haciendo felices a todos los órganos de su cuerpo.
Cuando llegó a la cocina lo recibió la imagen de Liu sentado en la amplia encimera del centro tomándose tranquilamente un café.
Shaoran se sentó del otro lado y el ama de llaves que fue contratada para reemplazar a Kajo le sirvió un café bien negro en una taza colorida.
Shaoran se lo tomó en dos sorbos y le pidió otro esperando que los efectos del café le pudieran ayudar en su malestar matutino. Cuando estuvo la nueva taza frente a él la bebió más despacio.
- ¿Cuando llegó? - preguntó tranquilamente Shaoran después de un momento.
- Ayer a media tarde – dijo Liu sin despegar la vista del periódico que estaba leyendo.
- ¿Por… que no fui informado? – dijo Shaoran temiendo la respuesta y recibiendo la confirmación momentos después.
- Lo encontró en el despacho e intentó despertarlo y cuando lo hizo y lo escuchó hablar creyó que se estaba burlando de ella pero le expliqué la situación a pequeños rasgos y después lo llevamos a su habitación a dormir – cortante y contundente, como una pequeña reprimenda aunque Shaoran sabía que merecía más. Se podía ser imbécil de muchas maneras y emborracharse por depresión era una de ellas al parecer.
Shaoran se preguntó si alguna vez podría dejar de cometer errores con ella y con los demás seres que lo rodeaban y no quería saber la contestación.
- Lo siento - sabía que no se estaba disculpando solo por lo de la noche anterior sino por la situación en la que se había metido arriesgando su salud mental y física. Creyó percibir que Liu emitía un suspiro leve.
- No tiene que disculparse. Es su vida – dijo entre diente su jefe de seguridad.
- Si, pero sé que si no hubiera sido por ti habría caído más rápido- Y aún más bajo, añadió para sus adentros.
- De nada – respondió Liu finalmente apartando la vista de su periódico - He aprendido a tomar aprecio a esta familia –las mejillas del estoico militar se hundieron como si quisiera reír bondadosamente en contra de su voluntad.
Shaoran sonrió un poco de lado y dando otro sorbo a su segundo café comenzó a preguntarse cómo podría acercarse a hablarle sin abalanzarse sobre ella ni dejarla hablar para saber que había decidido con la situación de ambos. Esperaba que su dolor de cabeza pasara más rápido pero sabía que tardaría en pasar y no se sentía con la paciencia suficiente para ello.
- En realidad no sé cómo volver a hablarle – dijo después de que el silencio fuera el único acompañante y se sorprendió al escuchar las palabras salir de su boca. En realidad sabía que no tenía con quien más hablar ya que Eriol se encontraba aun de viaje de bodas y solo podría agachar la cabeza y esperar que Liu respondiera algo constructivo para tomarlo de ejemplo, sintió la pena inundándolo mientras miraba las manchas de café al fondo de su pocillo.
- Con la verdad - dijo Liu cuando Shaoran creía que no respondería o simplemente que no lo había escuchado - Ella ha dado un gran paso por los dos al volver de su independencia auto impuesta –
- Le dije que la amaba antes de que se fuera y no fue suficiente – fue la respuesta.
- Sé que usted la ha entendido. Ella necesitaba esta lejanía y volvió a usted. Ahora depende de los dos lo que pase de aquí en adelante –
Shaoran sintió un poco de conforte al escuchar sus palabras. Si, quizá ella le iba a dar una oportunidad y por eso había vuelto. Se puso de pie y pasando cerca de Liu para salir puso una mano levemente en el hombro de este y caminó hacia el encuentro que no podría retrasar más.
Mientras daba los pasos que lo separaban de ella rogó una vez más, sin cansarse siquiera de hacerlo, (no lo había hecho antes y no lo haría ahora), porque el destino de ambos fuera estar unidos para siempre.
Shaoran accionó el picaporte y entró a la habitación sigilosamente dando los pasos que lo separaban de la cama.
¡Que hermosa era! Pensaba su subconsciente mirándola de arriba abajo y todo el camino de vuelta. Hincándose al lado de la cama quitó con sus dedos los cabellos que tenía sobre la frente maravillándose una vez más de la suavidad de su piel. Los puso detrás de la pequeña oreja y durante minutos observó el lento subir y bajar de su cuerpo mientras respiraba.
Sakura sintió que algo muy suave la arrancaba del sueño, algo imperceptible pero constante y definitivamente presente. Como si estuviera siendo observada y aunque no sabía quién lo hacía era una sensación que la hacía sentir incomoda. Curiosamente percibía a quien la miraba y algo le decía que no debía tener miedo de esa persona. Abrió los ojos lentamente sintiéndose aun somnolienta. Seguramente su viaje y todas las emociones que este habían conllevado habían acabado por darle un agotamiento del que se recuperaría lentamente. Llevó su mano a su rostro y se lo frotó lentamente esperando sacar de ellos el sueño. Luego recordó donde había dormido la tarde y noche anteriores y los abrió nuevamente, pero Shaoran, cuya última vez que lo había visto se aferraba a su mano como si no quisiera dejarla ir, ya no se encontraba ahí.
Había esperado poder levantarse primero y prepararse para lo que venía pero él parecía haberse adelantado y si no se equivocaba era él, seguramente, quien la estaba observando.
Se dio la vuelta en la cama lentamente y lo vio ahí, apoyado en el lado de la cama, a un costado de la mesa de noche y tenía sus impresionantes e intensos ojos fijos en ella. Estos ya no tenían el embotamiento de las horas anteriores así que seguramente ya no estaba bajo los efectos del alcohol. Que la mirara de esa manera hizo que algo claro y brillante brotara del pecho de Sakura y sin meditarlo y sintiendo como su pecho se contraía dolorosamente trayendo lágrimas a sus ojos se lanzó a abrazarlo sin importarle lo que pudiera pensar de ella. Los sollozos salían libre y desgarradoramente de la garganta de Sakura y Shaoran quería llorar con ella. Sentía el esbelto y tembloroso cuerpo agitarse en su contra por un llanto que era en si doloroso de sentir y escuchar.
Se puso de pie aferrándola con él y sujetándola de la cintura comenzó a acariciarle la cabeza, que ella apoyaba en su hombro derecho, y también el cabello en un gesto que intentaba tranquilizarla, pero también quería que se desahogara y ella así lo hizo.
Ninguno de los dos supo cuánto tiempo permanecieron en esa posición, él, casi que arrullándola como si fuera un bebe, sintiendo como sus impotentes lagrimas también se unían a las de ella. Por otra parte la joven, sintiendo un dolor salido del fondo del alma y del que estaban participando todas las partes de su cuerpo, se aferraba a lo único que podría salvarla del tormento de la ausencia.
Finalmente, como si algo oscuro y nocivo hubiera escapado del cuerpo de Sakura mediante su llanto, las lágrimas se detuvieron y solo fueron seguidas por delicados hipidos que acalló en la piel del cuello de Shaoran.
Cuando tuvo fuerzas para separarse pudo retirar su cabeza lentamente y elevar su mirada ante el rostro de su marido, aquel que amaba más que a nada en su vida y por quien había tenido que pasar momentos duros que en ese segundo en que sus miradas se encontraron, parecía haber quedado olvidado en el pasado, como si hubiese pertenecido a las vidas de otra Sakura y otro Shaoran.
- Lo siento- dijo ella disculpándose aunque sin saber por qué. Sus ojos permanecían conectados diciéndose tantas cosas y en silencio a la vez. Shaoran negó lentamente con la cabeza inclinando un poco su rostro para oler la esencia de sus cabellos.
- Soy yo quien tiene que disculparse, por tantas cosas, por tantos actos cometidos…- cerró sus brazos en torno a ella y a la joven pareció no importarle que el aire se perdiera de sus pulmones por ese acercamiento. Parecía que ella también quería fundirse con él para nunca más volver a separarse.
- Yo quería volver – se justificaba ella con la voz ronca por el llanto – pero necesitaba estar lejos de ti para aprender a extrañarte sin sentirme dependiente – una risilla nasal brotó de la garganta de Sakura y Shaoran la sintió como una campanilla. – Pero fallé, sigo dependiendo de ti, para vivir… para morir…-
- No – dijo Shaoran tomando el rostro de ella y acunándolo en sus manos – No dependes de mí, ambos dependemos de nuestros sentimientos, pero no de nosotros en sí. Acepto que crucé la línea de la autodestrucción por tu ausencia, pero no es dependencia. Puede que los sentimientos entre si se parezcan en muchas cosas, pero es el amor… ese que siento por ti y espero y anhelo que tú también por mí –
Ella permaneció en silencio perdiéndose en las piscinas profundas que parecían llamarla inexorablemente a la euforia.
- Si, - el tono de voz de Sakura parecía estar sellando la constatación de un hecho más que palpable e igualmente relevante.- Yo te amo, Shaoran Li… nunca pensé que se pudiera sentir por alguien lo que siento por ti…y quiero que vivamos… como debimos vivir desde el principio. Uno al lado del otro –
Para Shaoran fue el cielo escucharla, la abrazó liberando él mismo su propio dolor, el de los meses anteriores, su propia angustia, por el sufrimiento de ella y el odio y rencor que habían inundado su alma tiempo atrás. Con las lágrimas limpiaba su sucia alma para dar paso a la paz que nunca creyó sentir desde que fuera separado de su verdadera familia.
Cuando a ninguno de los dos les quedó más por exorcizar ambos se miraron a los ojos y dieron por terminado el soliloquio mental de cada uno uniendo sus labios una vez más.
El beso era diferente, pero igual de desconcertante que cuando se besaron por primera vez, cargado de ternura y a la vez de pasión. De deseo y a la vez de amor, de esperanza y a la vez persistencia. Ninguno cerraba los ojos lo que hacía el contacto más íntimo de lo que podría ser. Cada uno parecía leer al otro como si fueran libros abiertos. No había secretos, no había tramas, ni pensamientos ocultos ni cargados de mentiras. Eran simplemente las miradas de ambas almas, cuyo destino había estado sellado incluso antes de que nacieran y que en ese momento se unían definitivamente para nunca volver a separarse.
Sakura fue la primera en cerrar los ojos incapaz de seguir aguantando tal intensidad sin desmayarse, volver a probar la boca de su esposo era un placer al cual no pretendía negarse y no lo hizo, entregó su alma en ese efímero contacto ahora cien por ciento segura de que esta seria acogida y cuidada como siempre debió serlo.
El beso se tornó apasionado momentos después, la ternura dando paso a la euforia de estar juntos. El deseo haciéndose presente poniendo a un lado al amor, pero nunca retirándose del todo.
Shaoran comenzó a desvestirla lentamente intentando no asustarla con su deseo carnal, necesitaba tocarla y saberla real y necesitaba unirse a ella de esa primitiva manera para terminar de asegurarse que nunca más la iba a perder, al menos no por interferencia de él. Era hora de darle una oportunidad a la felicidad.
Ella se dejó hacer, confiando plenamente en su esposo y esperando al mismo tiempo, eso que siempre esperaba de él por causa de sus muchas inseguridades, que no encontrara nada que no le gustara.
Y no podría estar más alejada de la verdad. Al tener la blancura de su piel al descubierto lo único en lo que Shaoran se atrevía a pensar era en cuan perfecta a sus ojos era, quizá demasiado delgada, pero nada que buena comida no pudiera remediar. Ahora ella estaba saludable, su corazón estaba casi recuperado y al menos que algo muy malo pasara iba a tenerla por mucho, mucho tiempo.
Percibía las manos de ella, menos audaces que las suyas propias, temblorosas y a la vez deseosas apartando la única barrera que impedía a sus pieles encontrarse en una sinfonía del alma.
Cuando ambos cuerpos estuvieron en libre contacto ambos supieron que el paraíso si existía, al menos ese que podían crear a sí mismo. Y cuando se unieron como un hombre y una mujer hacen descubrieron que estar juntos, conscientes de los sentimientos del otro, era algo casi celestial.
Se amaron con locura, con los sentimientos ahora no reprimidos, cada uno entregándose al otro de una manera que nunca habían hecho, conociéndose, aceptándose y amándose en medio del fragor que producía dejarse llevar por la pasión. Amor y deseo combinados, una explosión de todos los sentidos y luego la calma después de la deliciosa tormenta.
Todo ello con el gran final, en donde, observándose una vez más a los ojos, cada uno dijo al otro el "te amo" que sellaría sus vidas juntas para siempre.
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Su cita había funcionado bien, las que siguieron también. El Dr. Tsukishiro se enfrentaba ahora a la decisión que podría o no cambiar un poco la rutina en la que había estado metiéndose desde unos días atrás.
Charlar con la enfermera daba un nuevo sentido a sus días, los hacia más amenos y ahora el que estaba comenzando a verla con otros ojos era él. Se podría ser inteligente y carismático y sumado a ello tener el corazón grande y la predisposición a ayudar a quien lo necesitaba. Hacía falta una persona capaz de hacer eso y a pesar de haber encontrado solo había visto esa característica en dos mujeres. Una de ellas ajena a sus deseos, otra dispuesta a todo por ayudarlo, incluso a pasar por encima de la ética de profesionales. Con la segunda había comenzado a vislumbrar ese futuro que con la primera parecía tan incierto como imposible.
Pero se percataba, pensaba mientras imaginaba como podría decirle a esa mujer, que parecía quererlo verdaderamente, que quería avanzar un poco más en su relación. Evidentemente en el hospital serian lo que eran, médico y enfermera, pero fuera de este podían ser como otras personas dispuestas a conocer y darse a conocer.
Como había ducho antes el futuro pintaba mejor que el incierto de antes.
Allá venia ella. Con su cabello oscuro y largo recogido en dos coletas, esas que aunque no la hacían ver niña parecían combinar a la perfección con su carácter alegre, ese que infundía animo a los niños tristes que llegaban a su consulta y que parecía darles un poco de aliento para las primeras y consiguientes consultas. Y que a él mismo parecían afectarle de una manera puramente positiva. Venia tambaleándose por el peso de los archivos y se levantó presto a ayudarla viendo cómo se sonrojaba como la primera vez. Que rasgo tan extraño en un mundo donde estaba acostumbrado a la actitud lanzada de las mujeres.
- Gracias, doctor – dijo ella quedándose con la mitad del paquete- Son los archivos que me pidió –
Él solo asintió dejándolos a un lado y esperando que ella acomodara los propios para poder hablarle de la cita que quería pedirle.
- Ruby – Ella le había pedido tiempo atrás que usara la contracción de su nombre ya que era más fácil de pronunciar, y aunque su nombre completo le fascinaba llamarla así solo le hacía pensar en la verdadera joya que era aquella sencilla muchacha. No más eventos recordatorios de Sakura Kinomoto, no más de pensar en decisiones erróneas, frente a él se hallaba el futuro y no lo dejaría escapar, esperaría a que tomar esta decisión fuera la correcta y de no ser así haría lo posible por llevarla a cabo. En esa pregunta se jugaría un poco de su futuro y nunca se había sentido, en ese momento, más seguro de algo.
Los ojos ámbar se posaron en él de manera tímida y a la vez ansiosa, y supo cuál sería la respuesta antes incluso de formular la pregunta.
- ¿Quisieras ser mi novia? –
Fue solo hasta ese momento que Ruby se dio cuenta de cuando se deseaba algo y no llegaba significaba que no se estaba deseando lo correcto para el resto de la vida, o no era lo indicado. Comprendía en ese momento que lo que tenía que llegar llegaba y lo que debía irse se iría. Pero no ahora, no cuando se hacía realidad uno de sus más anhelados sueños desde que tuviera la fortuna de conocer a una persona como el Dr. Tsukishiro.
- Si – respondió ella sellando finalmente el capítulo de vida que correspondía a esos dos seres que tenían su propia historia para desarrollar en tiempos venideros y ser plasmada en otros lienzos diferentes a estos.
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Cuando Tomoyo abrió los ojos, sentía que el cinturón de seguridad estaba siendo abrochado por su esposo. Miró a Eriol que en esos momentos la contemplaba indulgente mientras una mujer hablaba por un interfono diciendo que aterrizarían en poco tiempo y debían asegurarse a sus sillas. Se había quedado dormida nada más entrar al avión y tomar asiento. Con días tan ajetreados y llenos de felicidad como los que había tenido los últimos meses solo quedaba descansar para al día siguiente recibir más de lo mismo. Él la besó suavemente y ella correspondió al contacto, su timidez ahora un poco más llevadera después de haberlo conocido en cada uno de los aspectos en que una esposa debe conocer a un esposo. Se habían confesado secretos de sus vidas, habían abierto cada uno las puertas de su alma para ser conocidas por el otro y se habían dado cuenta de las muchas cosas que tenían y no tenían en común. Lo cual había hecho que se quisieran aún más.
- Siento despertarte, pero no te vas a escapar de mis brazos por algo tan banal como el aterrizaje de un avión – comentó Eriol sobre la suave boca sintiendo como ella sonreía pacíficamente.
- Nada lo permita – dijo ella sonriendo somnolientamente y a la vez un poco nerviosa.
Aterrizarían nuevamente en Japón y ahora vivirían en la casa que Eriol había comprado para ellos, se la había mostrado a Tomoyo por fotos del móvil diciéndole que podría cambiar lo que quisiera, pero ella al verla se había enamorado y aunque no quería que su viaje de bodas terminara había deseado volver y ver la casa en su verdadera expresión.
Una vez aterrizaron caminaron hacia las puertas de salida mientras las personas de seguridad se encargaban del equipaje. Tomoyo pensaba que seguramente nunca se acostumbraría a tener escoltas a su alrededor pero Eriol le había dicho que era un mal necesario ya que los empresarios de dinero lastimosamente debían tenerlos como compañía. Por seguridad.
Ella aceptó porque sabía que él tenía razón y cuando subieron al auto, aun somnolienta se apoyó en el hombro de Eriol dispuesta a echarse una nueva siesta.
Este la observaba dormir en su hombro sintiendo una paz como nunca antes había sentido. Estaba listo para emprender una nueva vida y esperaba con ansias el hermoso resultado. Ella era mejor de lo que se había podido imaginar y tenerla a su lado, tan serena y calma como él mismo era algo incomparable. Decían que los opuestos eran los que se atraían, pero al ser tan parecido a Tomoyo lo único de lo que tenía que quejarse era que no pudiera hacerla lo suficientemente pequeña para tenerla en su bolsillo siempre cerca de sí. O colgada a su cuello como un hermoso monito, pero siempre juntos, siempre cerca. Respirando el mismo aire y compartiéndolo gustosos.
Con esos deliciosos pensamientos llegaron finalmente a la que sería la casa de ambos, donde construirían el hogar más lleno de amor que alguien alguna vez imagino. Bueno casi el más lleno.
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El sol calentaba las pieles de ambos amantes mientras yacían en la cama donde habían sellado una vez más su amor. Estaban uno frente al otro mirándose en la amplia cama, con muy poca distancia entre ellos. Ninguno parecía querer decirse nada porque ya no había más que decir, al menos en ese momento de intimidad entre ambos que seguramente se repetiría mucho de ahí en adelante.
- Estás hermosa – comentó Shaoran al azar y comprobó con regocijo que las mejillas pálidas se llenaban de color.
- Gracias, tú también – dijo ella distraída mientras sentía las manos de él en su cintura acariciando su piel lentamente bajo las sabanas.
- ¿Soy hermoso? – comentó sintiendo un cosquilleo en sus dedos al tocar esa suave y peligrosa curvatura-
- ¿Qué? – fue la respuesta de ella, sonaba tan perdida en su contacto que él sonrió indulgentemente.
- Nada – contestó acercándose a besarla con suavidad.
Ninguno de los dos se distrajo de sus atenciones hasta tiempo después, cuando escucharon retumbar el estómago de ambos. Decidieron darse un baño juntos, cada uno lavando al otro y después de vestirse decidieron bajar a comer. El ama de llaves suplente había preparado un almuerzo suntuoso, casi como de celebración y Shaoran sospechaba que había sido obra de Liu y se lo agradecía. Casi parecía un banquete y ambos lo devoraron, Shaoran casi parecía haber olvidado el sabor de la verdadera comida cuando tenía el Sake para solucionar su estómago. Cuando terminaron Shaoran la llevó al despacho y haciendo que se sentara en uno de los sillones arrodillándose a su lado y acariciándole las extremidades suavemente y mirándola embelesado.
- ¿Qué será de nosotros a partir de ahora? – preguntó Sakura acariciando la frente y los pómulos de su esposo que le besaba las manos suavemente.
-Quisiera que consideraras lo que te voy a decir como una… optativa, pero espero que no digas que no…-
- Suena serio, me preocupa bastante.- dijo ella con ceño fruncido.
- ¿Quisieras… casarte nuevamente conmigo… un matrimonio para recordar, una celebración que durará en las memorias de ambos como un recuerdo maravilloso para contar a… nuestros hijos… nietos y ellos lo contaran a sus hijos y nietos…? – Si, se había explayado un poco, como si sus verdaderos deseos hubieran salido en tropel de su boca.
Era un panorama alentador y Sakura, a pesar de sentir miedo y también un poco de resentimiento al recordar su primera boda, no pudo sino asentir.
- Quiero un futuro para recordar – dijo haciendo que se levantara del suelo y se sentara a su lado – y quiero que seamos felices, que cuando peleemos nos reconciliemos y tantas otras cosas –
- Y haré lo posible por dártelo todo, quizá no las peleas, pero son inevitables, y lo mejor de ellas… las reconciliaciones – dijo levantando sugerentemente las cejas de una manera tan graciosa que ella se echó a reír inevitablemente.
Ambos sabían que habían obstáculos que solventar, que habría problemas en su futuro, después de todo ninguna felicidad era perfecta, pero contaban con su amor para solucionar todos los inconvenientes que se presentaran en sus caminos. Era un panorama alentador, uno que ambos deseaban poder vivir.
Así que quedó decidido, entre ambos y desde ese día comenzó la planeación de una de las bodas más hermosas que alguna vez se vio en el continente.
Les llevó menos de un mes planearla. Durante ese tiempo Eriol regresó de su largo y placentero viaje de bodas. Lo primero que hicieron al regresar fue visitar a Shaoran. Tomoyo se sorprendió gratamente al ver a Sakura allí especialmente porque se imaginaba que esta no estaba con Shaoran dado que la última vez que habían hablado ella había planeado escaparse.
Una vez que ambos amigos se fueron a charlar de negocios ambas mujeres se quedaron solas con lo que Sakura pudo ponerla al día de lo que estaba pasando.
- No puedo creerlo – dijo Tomoyo tapándose la boca emocionada en las manos.
- En ese momento yo tampoco lo podía creer. Pienso que fue el Dr. Tsukishiro que le dijo sobre nuestro escape, y aun en medio de la decepción que me produjo su deserción, en el fondo supe que había hecho lo correcto. Pensé que Shaoran iba a retenerme, me iba a exigir que me quedara cuando todo lo que yo quería hacer era irme lejos. Pero no, simplemente accedió después de contármelo todo y decirme que… que me quería – dijo Sakura sonrojándose un poco. Pese a que Tomoyo era de las personas en quien más confiaba, hablarle de cosas de su matrimonio le daba un poco de pena.
- Que romántico – dijo Tomoyo con los ojos brillantes, contenta, ahora completamente, de que las cosas para su ex señora estuvieran saliendo tan bien. Ambas jóvenes estaban teniendo esa pequeña medida de felicidad que a sus vidas siempre les faltó. Y ninguna de las dos jóvenes deseaba otra cosa.
Tomoyo por su parte le relató detalles, no íntimos, de su viaje de bodas y de cómo habían recorrido casi todo el continente europeo para después volver. No se quedaron mucho tiempo en ningún país pero de cada uno Eriol se había asegurado de que conociera los mejores sitios turísticos y llevara recuerdos de todo.
- Por eso nuestro equipaje aumentó considerablemente. Pero nunca se quejó, creo que ha tenido mucha paciencia con mi emoción. –
- Creo que él es feliz con tu felicidad, y más con tu emoción –
- Si, también lo pienso así, solo espero que no se aburra demasiado pronto – seguramente la inseguridad de ambas era algo que pronto se acabaría, especialmente si sus esposos seguían amándolas como manifestaban. Cuando una mujer era amada su autoestima subía muchos puntos y sus inseguridades se irían al conocer la firmeza del amor de sus amados.
Sakura le manifestó las buenas nuevas respecto al matrimonio y Tomoyo se emocionó en demasía. Así contó Sakura con una aliada más al momento planear la boda.
La verdadera sorpresa llegó en el momento en que una carta del hermano de Sakura entró al correo indicándole que agradecería enormemente su presencia en su boda.
- No sabía que mi hermano hubiese decidido casarse – comentó Sakura sentada en la cama mientras Shaoran se afeitaba en el baño antes de salir hacia la oficina.
- Creo que serán felices – dijo livianamente, su voz un poco alterada por tener el labio a un lado estirando la piel para remover los vellos.
- Pero ¿es que sabes con quien se va a casar? – dijo la joven completamente anonadada de que su esposo supiera eso y ella no.
- Creo que mientras permaneció aquí durante aquel tiempo oscuro se enamoró de Kajo – al ver que Sakura habría mucho sus verdes ojos incrédula asintió afirmando sus palabras – Si, la misma que trabajaba para mí –
- ¡Vaya! – respondió sin nada más coherente que decir. No se lo podía creer y lo mejor de todo es que al imaginarlos juntos pensó que hacían una pareja hermosa. Puede que ella fuera unos años mayor que él pero si se querían de verdad la edad seria lo de menos.
Ambos dejaron los preparativos de su propio matrimonio para acudir al del hermano de la joven.
Llegar a la villa trajo un poco de tristeza a Sakura al recordar los momentos que había vivido en esta. Recordaba a su padre y su indiferencia pero ahora entendía los motivos que lo habían llevado a actuar de la manera en que lo hizo. Su muerte había traído el perdón por parte de sus hijos y ambos muchachos sabían que desde donde fuera que estuviera estaba bendiciendo la felicidad de ambos.
Cuando finalmente estuvieron dentro Sakura se sorprendió gratamente por los cambios que su hermano había instaurado ahí y estaba segura de que lo había hecho bajo sugerencia de su ahora prometida. Cuando esta salió a recibirlos Sakura se sorprendió por el cambio que ella presentaba. De ser la fría y nada comunicativa ama de llaves ahora parecía toda una mujer, rejuvenecida, con los rojos cabellos sueltos al azar y vestida con un precioso kimono. Pero lo que seguramente hacía de su rostro algo diferente era la serenidad y felicidad en él. La hacían parecer brillante y etérea revelando una belleza que se sabía que poseía pero que en ese momento era evidente y tangible para todos.
Touya salió a recibirlos y se quedó de pie al frente de su hermana esperando porque movimiento hacer. Ella se acercó dando los pasos que los separaban consiente de que con esa unión estaban dejando atrás años de separación por culpa de las circunstancias.
- Estoy muy feliz por ti, hermano – dijo la joven separándose y acariciando suavemente las mejillas húmedas de él.
- Gracias por venir - fue la respuesta apartándose, con los ojos brillantes de contento, para estrechar la mano de su cuñado que también sonreía a la nueva imagen de Kajo.
- Les deseamos la mayor felicidad – comentó Shaoran abrazando a Kajo y sorprendiendo a Sakura con su "elocuencia"
La boda fue sencilla y nada presuntuosa, como solo podían ser las de la villa. Todos los habitantes asistieron con sus mejores kimonos y galas. La casa fue el escenario de la boda, adornada con letras japonesas y muchos pergaminos, su apariencia de casa antigua le dio a la boda un toque tradicional realmente precioso. Pétalos de flor de cerezo, diseminados por toda la estancia dando un escenario de elegancia y sencillez. Kajo, con su precioso kimono blanco de bordados plateados en forma de arabescos y su nuevo esposo con un kimono negro adaptado a la recia forma de su cuerpo y portando la sonrisa más feliz.
Todo el mundo brindó en el banquete. Se podía respirar el ambiente de paz y esto auguraba un futuro juntos para otra de las parejas que cerraban el ciclo de la historia aquí contada.
Y serian felices. El destino les auguraba unos hijos hermosos, saludables y dispuestos a seguir los pasos de su padre, tan llenos de carácter y temple como su madre y compasivos y generosos con los habitantes fieles de la villa.
Pero por ahora ambos planeaban disfrutar, sí, pero el uno del otro, el resto de la felicidad vendría luego.
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Sakura sintió que alguien le daba suaves besos en la frente, abriendo los ojos somnolientos se encontró con Shaoran que la miraba enternecido. El viaje de regreso había sido bastante agotador, aunque rápido gracias al servicio privado de aviones de Shaoran. En él se habían explayado en regalos para los recién casados,
- Roncas demasiado – susurró Shaoran contra su piel alejándose para poder mirarla.
- Que gracioso – dijo ella terminando de despertarse de su letargo y desperezándose como un gato y sentándose en la cama mirándolo a él que se había sentado a los pies de esta con algo en la mano. – Espero que tengas un excelente motivo para despertarme – continuó bostezando suavemente y mirándolo con fingido reproche.
- Pues si – dijo este acercándose un poco más y con él lo que tenía en la mano.
- ¿Y eso? – dijo mirándolo ofrecérselo suavemente.
- Para ti – respondió él sonriendo como alguien que ha hecho una maldad.
Ella tomó la cajita en sus manos negando suavemente con la cabeza, le había dicho en una ocasión que no tenía ni debía hacerle regalos, ya que no los necesitaba. El mayor regalo y tesoro era tenerlo a él pero este insistía en que quería colmarla de detalles y en ocasiones obviaba la opinión de ella para hacerle uno que otro regalito que ella reprochaba pero en el fondo amaba porque eran tan sencillos como hermosos, escogidos con lo que ella sabía, era el más puro amor. Abrió lentamente la caja de seda para dejar salir un hondo suspiro de sorpresa.
Apoyado entre un piso suave tela había una sortija de matrimonio compromiso y una de matrimonio. La de compromiso era la más hermosa que ella alguna vez hubiese visto. Y dado que en Nueva York había visto por fuera algunas de las mejores joyerías, esta le parecía infinitamente superior que las mas ostentosas que había visto allá.
Era oro blanco, parecía de platino, tenía una serie de piedrecillas enzarzadas entre sí en forma de trenza alrededor de toda la sortija, en el centro había una piedra de color azul que si no se equivocaba era un zafiro. Era sencillamente perfecta y la amó en ese momento. La otra era más sencilla, de oro blanco también pero tenía zafiros y diamantes diminutos rodeándola.
- Son preciosas –comentó sin aire en los pulmones, al tiempo que él, como un niño, la sacaba de la cajita y lentamente deslizaba el de compromiso por el dedo de ella.
- El que nunca te di – comentó sino animo de recordar viejos y malos recuerdos pero sin evitar sentirse un poco culpable.
- ¿Y el tuyo? – dijo ella apretando suavemente su mano como si quisiera evitar que el anillo se le escapara. De ese momento en adelante seria uno de sus más preciados tesoros.
- ¿Yo? – dijo él mirándola de reojo, aparentemente sin comprender.
- Si, tu. Vas a llevar un anillo como yo… ¡no digas que no! – dijo ella repentinamente deseosa que todas las demás mujeres que lo rodeaban supieran que estaba comprometido. Sabía que era un símbolo de unión y quería que él también tuviera uno.
- No había pensado en eso – dijo pensativo, luego sonrió de lado y sacando del bolsillo uno sin ningún adorno, simplemente un aro de oro blanco, se lo mostro. – Tendrás que ponérmelo el día de la boda, usualmente esto no se intercambia en las tradiciones de nuestro pueblo pero podemos hacer excepción a la regla usándolos – Ella sonrió y lo abrazo diciéndole cuanto lo quería.
Se lo decían todos los días y quizá en algún momento se cansarían pero por ahora podían disfrutar de ello.
La boda fue un acontecimiento social, pero solo por su distribución, en realidad solo las personas más cercanas estuvieron presentes, incluido todo el personal de seguridad. Se llevó a cabo en una casa de campo enorme y lujosa pero estaba bellamente decorada con velas y flores en muchos sitios. Se llevó a cabo en la noche y la felicidad que se respiraba en el ambiente era sobrecogedora. Todo el asistente deseaba encontrar alguien que lo hiciera sentir de la manera en que parecían sentir los dos muchachos. El amor en sus miradas era tangible y tenía la intención de durar tanto como sus vidas.
Partieron a su viaje de luna de miel en medio del revuelo armado por todos aquellos a quienes conocían que dieron una despedida monumental y que apenas ellos abordaron el avión continuaron celebrando.
Florida fue la primera parada de su destino. Habían decidido conocer todo el continente americano, o al menos todo el que pudieran y el viaje duró casi tanto o más que el de Tomoyo y Eriol. Sakura no podía creer cuanta maravilla podía albergar el mundo, su tierra natal y la de Shaoran le parecían hermosas, pero en este lado del mundo también había sitios, países y más cosas hermosas en igual medida. Viajaron con todo el equipo de seguridad y los muchachos también conocieron algo más del mundo, siempre cuidando de nuestros dos protagonistas y teniendo un excelente desempeño en ello. Al regreso la vida siguió, con la notable diferencia de compartir habitación, desayunar juntos y posteriormente Sakura iniciando estudios de horticultura que era lo que más amaba.
No podía ser mejor… pero sin duda meses después pensaría de otra manera.
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Los pasos resonaban en los pasillos de la clínica, mucha gente los miraba con suave condescendencia, aquellos que ya habían pasado por ello comprendiendo como se sentía la primera vez.
Las mujeres esperando consultas pensaban en cuan afortunadas debían ser las mujeres por las que estaban tan preocupados y suspiraron, eran hombres atractivos con los ceños fruncidos y caminando de un lado a otro por el pasillo donde sobre las puertas cerradas un cartel rezaba "MATERNIDAD"
Aun recordaba Shaoran el día en que, preocupados por los constantes mareos, cansancio y un desmayo de Sakura acudieron al médico pensando que podía tratarse de su corazón. Pero el medico les dijo que su órgano de vida estaba mejor que nunca, que su afección se debía más que nada a quien estaba creciendo en su vientre.
Ninguno de los dos parecía poder creerlo, cuando estaban juntos no usaban ningún tipo de método anticonceptivo y aunque no lo habían planeado sabían que en cualquier momento podía pasar, pero no se imaginaron que tan pronto.
Ahora, ocho meses después las alarmas se habían disparado, pero no tanto como cuando Tomoyo y Sakura se llamaron al mismo tiempo, a la misma hora para decirse que, según sus cursos psicoprofilácticos ambas habían empezado trabajo de parto y ambas mujeres no cabían de gozo en si ni de nerviosismo. Sus maridos con reacciones idénticas habían corrido a llevarlas a la misma clínica y habían comenzado a apostar cual bebe nacería primero como un par de críos. Pero ahora, a medida que pasaba el tiempo nadie salía a darles información y, como el par de hombres de negocios que eran, comenzaron a sentirse desesperados por la falta de noticias.
Ninguna de las dos había dejado que estuvieran presentes y ellos respetaron el pudor de ambas jóvenes. Ambos querían arrasar las puertas, pero descubrían que el dinero no les serviría en ese momento y eso era más frustrante aun.
Más de 18 horas duró el parto de cada una.
No había sido tarea fácil, ser madre primeriza era algo que apestaba pero el resultado había sido más que satisfactorio.
No hubo ganador entre los hombres porque por azares del destino los bebes nacieron exactamente a la misma hora. Eran dos niños, pequeños varoncitos que por sus llantos estaban más que dispuestos a ser los patriarcas de las dos familias que les habían traído al mundo.
Lo que Shaoran y Eriol sintieron al conocer a sus hijos era indescriptible. Se veían como pequeños muñequitos, tan pequeños que cabían en una mano. Ambos tranquilos, hasta que tenían hambre lo cual pasaba cada poco. Muchas enfermeras los llamaban preciosos, pero ambos padres solo estaban preocupados por que fueran saludables, especialmente Shaoran dado el antecedente de Sakura.
Desde que supieron que estaba embarazada ambos decidieron hacerle al bebé todo tipo de pruebas mientras ninguna de ellas implicara riesgos y las que habían salido hasta el momento eran negativas para enfermedad cardiaca. Habría que hacerle seguimientos constantes y cuando estuviera más grande determinar finalmente la formación de su corazoncito, pero hasta ese entonces padre y madre cuidarían de él siendo conscientes de su bienestar o cualquier síntoma que implicara lo contrario.
Hank fue el nombre que escogieron para el niño, Shaoran no le pidió que le pusiera el nombre de su padre, y por descontado tampoco el de su tío. Sakura opto por Hank Fujitaka Li y ambos estuvieron de acuerdo. Hank el salvador, aquel fruto de su unión que era tan buen augurio como el hombre que salvó la vida de Sakura en algún momento.
Haruto fue el nombre escogido para el hijo de Tomoyo y Eriol, que significaba, alegre, jovial y enérgico. De perlas para el bebé que apenas con unas horas de nacido encogía sus regordetas mejillas con alegría.
Era el momento de cerrar el ciclo de lo malo, y comenzar con lo que el buen destino les tenía preparado, por que como decían por ahí, este apretaba pero no mataba, a menos que el mismo humano lo deseara, y estos humanos, en particular, lo único que deseaban y que seguramente en este mismo momento desean es que la medida de felicidad que les correspondía y encontraron durara hasta que fueran viejitos, con arrugas y se vieran como papeles.
Si, sus destinos así lo habían deseado.
FIN.
