Bueno, ha llegado el cierre de esta historia. El cierre definitivo, el candado de la reja, tantos adjetivos. No es nada extenso, tiene tres hojas de Word y la razón la expliqué en textos pasados, las despedidas no son lo mío, pero de igual manera no se me ocurría que otra cosa agregar a esta historia que fue mi vida durante todos los años que se prolongó su escritura.

Agradezco de antemano a quienes siguieron la historia sin abandonarla, hasta el final. A quienes llegaron después y tuvieron la paciencia de esperarme inclusive en mis horas más oscuras. Sé que es triste y siempre lo es llegar a un final. Pero todo principio lo tiene y el inicio de esta historia no podía ser la excepción. Les mando un abrazo grande, y mis mejores deseos para las vidas de todos y todas las que en su momento tuvieron que ver con esta historia. No me extenderé más pues las lágrimas desbordan de mis ojos. Esto no es más que un hasta luego por que de seguro en algún momento de esta vida, si es voluntad divina, haré otra historia de estos entrañables personajes y ustedes la disfrutaran tanto o más que esta.

Por el momento adiós.

Los personajes de Card Captor Sakura pertenecen a CLAMP.

Hank Li Kinomoto miraba de pie la ventana amplia por donde se dejaban adivinar las últimas luces del atardecer. Detrás de él su anciano padre estaba recostado en la cama mirando hacia el techo sin expresión alguna en el rostro.

Era difícil tenerla cuando su esposa había muerto dos semanas atrás.

La muerte de Sakura no había tomado a nadie por sorpresa, después de todo su corazón había empezado a fallar dos meses atrás. Habían estado esperando por su recuperación pero el médico de cabecera había sido claro en ese punto. Todo lo que Sakura debía vivir lo había vivido y había sido hora de despedirse.

Ella se había ido feliz, después de todo había tenido la vida que siempre deseo, felicidad, amor de esposo, de hijos y de nietos. Dejaba tras de sí a su marido, quien daba la vida por ella, a su hijo mayor y los dos menores (Kerberos, por aquel guardián antiguo de leyendas chinas jamás contadas, y Spinellsun por los guardianes de los tiempos oscuros e inmemorables), hermanos gemelos que trajeron en su momento la felicidad a la familia por sus temperamentos alegres y bonachones y que en ese momento se hallaban sentados a cada lado de la cama donde reposaba el patriarca Li Shaoran.

"No llores por mí" había sido de las últimas palabras que Sakura había pronunciado mirando con esos especiales ojos a quien amara más a que a nadie en la vida. Shaoran la miraba, sostenía sus arrugadas manos entre las suyas en no mejor estado, ambos, a pesar de tiempo, no habían dejado de amarse nunca y ese amor era de los que eran capaces de trascender en el tiempo, la distancia y todo lo que habían vivido desde que decidieron emprender el viaje del matrimonio y del amor juntos.

Pero Shaoran si había llorado, porque la perdida de ella aunque esperada no la hacía menos dolorosa.

El doctor acababa de irse. El pronóstico para Shaoran tampoco era alentador. Parecía que la depresión por la partida de Sakura le estaba pasando factura. Sus hijos lo entendían. Comprendían que el amor que sus padres se habían profesado trascendía las barreras inclusive de la muerte y que su padre se estaba dejando ir porque quería seguirla en ese espacio imperecedero. Todos estaban seguros, sus futuros estaban aseverados y ninguno iba a pasar trabajo. Hank se casaría el año entrante y los demás hermanos seguirían trabajando por la armonía y el buen funcionamiento de empresas.

Pero tampoco seguía sin ser menos doloroso ver consumirse a su padre en esa profunda depresión, su corazón estaba fallando pero no había causa orgánica para ello, al igual que el resto de su cuerpo parecía estar siendo consumido por la tristeza.

El patriarca miraba a sus hijos, ya crecidos observarlo con dolor.

- No lloren por mí – dijo levantando una temblorosa mano y enjugando las lágrimas de Kero, como lo llamaban cariñosamente para abreviar su majestuoso nombre. – Estaré con su madre y los cuidaremos desde el más allá –

Los hijos asintieron sin hacer caso ninguno de los dos. Su padre era el ejemplo de integridad y entereza del cual los tres hombres de la familia aprendieron, ahora eran hombres de bien que servían a la sociedad para mejor… Eran los hijos de los que cualquier padre se sentiría más que orgullosos.

- Dale saludos a mamá- dijo Spi aferrando la mano de su padre.

- Siempre – fue la respuesta de Shaoran cerrando los ojos y dejando que el sueño lo venciera. Después de todo eso era lo único que podía hacer en ese momento. Dormir y esperar que la muerte viniera a llevárselo.

Hank se dio la vuelta y se acercó a su padre para besarlo en la frente. El pretendía ser el más fuerte de los tres pero sufría igual que sus otros hermanos.

Ver a su padre consumirse por amor era algo traumático para los tres pero si eran sinceros debían admitir que los tres se morían por encontrar ese tipo de amor que hacía que uno dependiera del otro inclusive para vivir. No era obsesión, como su padre, pacientemente había explicado demasiadas veces. Era simplemente estar en armonía con el otro de tal manera que si uno sufría el otro hacia parte de ese sufrimiento, lo comparta y ayudaba a paliarlo, entre otro tipo de compartición.

Por eso los tres hombres, futuros herederos de la Dinastía Li, permanecieron a los pies de la cama de su padre esperando por que este decidiera abandonar este mundo para ir en búsqueda de quien fuera dueña de su corazón.

- Adiós padre – era la última palabra que pronunciaban cada noche, la enfermera se hacía cargo y uno de ellos se quedaba siempre.

Ocurría dos semanas después, posterior a una larga y a la vez pacifica agonía que terminó tranquilamente la noche anterior.

Los tres hijos oficiaron la ceremonia de despedida y después la funeraria. Evidentemente seria enterrado al lado de la matriarca de la dinastía quien reposaba en esas tierras esperando por su amor.

Ambas almas se encontraban en ese momento en aquel lugar a donde iban los espíritus buenos que se amaban y se encontraban incluso después de la muerte.

Ambos, felices, después de esa ligera separación ahora caminaban en sentido recto hacia la eternidad que los estaba esperando lista para recibirlos con los brazos más que abiertos.

Y así se cerraba el ciclo de esta tortuosa historia que llevó por recovecos inimaginables a los protagonistas que terminaban tan juntos como el destino quiso que estuvieran desde el inicio.

Todos aquellos quienes rodearon sus desavenencias y éxitos alcanzaron en su debido tiempo la felicidad que después de tantos problemas por fin toco a sus puertas. Tanto LOS Kinomoto como los Hiragizawa encontraron la medida de felicidad que todos los humanos buscan, pero que solo unos pocos pueden alcanzar… Afortunados, almas afortunadas merecedoras de la paz en esta vida y en la que viene después de aquí.

Fue un placer compartir las páginas de este hermoso libro de vida. Puede que cerrado temporalmente, pero siempre con la puerta de la posibilidad abierta para nuevas aventuras.

Adiós.