8º El paso de los años

Tras esa noche juntos, Carlisle y Esme se convirtieron en un matrimonio real en todos los sentidos. Una noche, cuando los niños ya se habían acostado, Carlisle cogió a Esme y la sacó a la parte trasera de la casa, junto a la valla que daba al pequeño bosque, Carlisle se colocó ante ella y la besó con pasión.

-Me encantan tus besos Carlisle, pero no entiendo por qué hemos salido de la casa.

-Porque hace una noche magnífica y necesito un testigo- Le dijo, dejándola a ella un tanto descolocada- Esta noche vamos a pronunciar nuestros votos matrimoniales, y las estrellas serán nuestros testigos.

-¿Estás hablando en serio?

-Nunca en mi vida he hablado más en serio- Juntó sus frentes- No podemos casarnos de verdad, aunque en este reino nadie sepa nada de tu marido, para el pueblo entero ya somos un matrimonio, y celebrar una boda levantaría sospechas y murmuraciones que pueden llegar a oídos indebidos- La miró a los ojos- Y además, yo no necesito nada de eso, solo te necesito a ti a mi lado, por eso, juraré ante el cielo y el mismo Dios que te amo con todo mi ser y que haré cuanto de mi dependa para que seas feliz- Esme tenía los ojos llorosos de la emoción- Hasta te he comprado un anillo.

-¡Oh, Carlisle!

Carlisle se arrodilló ante ella, le tomó la mano con delicadeza y lentamente, le colocó el anillo en su dedo anular, mientras pronunciaba sus votos.

-Esme, cuando murió Elisabeth jamás pensé que volvería a sentir ese tipo de amor por nadie, me había convencido de que estaría el resto de mi vida solo, con Emmet a mi lado, vagando de pueblo en pueblo. Pero de la nada tú apareciste en mi vida, llenándola de luz y amor, de un cariño que hacía tanto tiempo que no sentía y que no sabía que necesitaba- Besó su mano- Yo Carlisle, prometo amarte, respetarte, cuidarte y protegerte hasta el fin de mis días- Se puso en pie y la besó.

-Carlisle, cuando me encontraste, yo huía de un destino peligroso y oscuro, estaba a las puertas de la muerte en más de un sentido, tú apareciste como un salvador, como un ángel bajado del cielo. No solo nos diste protección a Edward y a mí, nos diste una familia llena de cariño y amor- Le sonrió sinceramente- Yo Esme, prometo amarte, respetarte, obedecerte y honrarte hasta el fin de mis días.

-Ahora sí, por fin, eres mi esposa de verdad- Y sin dar opción a nada más, la besó.

Esa noche los dos se amaron de todas las formas posibles, cuantas veces quisieron, en aquel lugar tras su casa, en la cama de la habitación de Esme que a partir de ese momento compartirían, de pie apoyados en la pared… Daba igual, solo querían sentirse, y así lo hicieron.

Nadie sabía que era lo que había cambiado en ellos, pero todo el pueblo se percató de que la familia Cullen ahora era distinta, antes siempre mostraban cariño entre ellos y eran amables con el resto de pueblerinos, pero de pronto notaron algo diferente, algo especial. La forma en que Carlisle miraba a Esme y como ella le correspondía siempre con una sonrisa radiante, la forma de abrazarse sin importar que la gente los viera, la manera en que se complementaban tanto en el trabajo como en su vida cotidiana, todas esas cosas no pasaron desapercibidas para los habitantes de Forks, y la verdad, a ninguno de ellos les importaba los más mínimo lo que hubiera producido ese cambio, ellos estaban tremendamente contentos de disfrutar de la compañía de aquella familia.

Sin tan siquiera proponérselo, los Cullen se habían convertido en una de las familias más queridas del pueblo, todos los hombres tenían en cuenta la opinión de Carlisle antes de tomar cualquier decisión, y las mujeres valoraban a Esme y la trataban como a una igual. Emmet en el colegio era uno de los alumnos con mejores cualificaciones, y cuando Edward entró, también demostró ser un gran estudiante, y Alice era una damita encantadora que ayudaba a su madre en todo lo que podía. Nadie se preguntó qué había pasado con el viaje que llevó a la familia Cullen a Forks, todos lo olvidaron por completo.

Y de esta forma fueron pasando los años, Carlisle era un médico muy respetado, se hizo famoso en todo el reino por conseguir curar dolencias que nadie conocía, e incluso, en una ocasión, llegó a tratar al mismísimo rey, que desde que curara su dolor de espalda, lo tuvo en alta estima. Incluso le había pedido que fuera el médico de palacio, pero Carlisle disfrutaba de su vida sencilla, así que de buenas maneras rehusó el ofrecimiento del monarca, asegurándole que siempre que lo necesitara acudiría sin dudarlo. El rey, agradecido como estaba por los servicios prestados, le aseguró que si en algún momento necesitaba algún tipo de ayuda que solo él pudiera ofrecerle, que no dudara en ir a verlo.

Esme, por su parte, se había convertido en una partera reconocida, Carlisle la ayudaba siempre que podía, de esa forma, los dos consiguieron una reputación inmejorable, haciendo que Esme entrara en todos los círculos importantes, tomando decisiones con el resto del pueblo sobre asuntos que concernían a todos.

Emmet, Edward y Alice habían crecido mucho, Emmet había dejado de ser ese adorable chiquillo de seis años para convertirse en un hombre de campo, no en un trabajador cualquiera, a sus 24 años, era el capataz del señor Webber, sabía cómo dirigir a los labriegos con su carácter afable y directo, y conocía a las mil maravillas todos los secretos que tenían los cultivos. Edward y Alice contaban ya con 18 años en su haber, ambos habían decidido seguir la labor de sus padres, Alice ayudaba a Esme como partera, aprendiendo todo lo necesario para traer a un chiquillo al mundo, mientras que Edward acompañaba a Carlisle a visitar a sus pacientes y aprendía con rapidez.

Pero nada de eso había hecho que las cosas cambiaran en su familia, una vez entraban por la puerta de la casa, todos ellos seguían siendo ellos mismos, cariñosos, amables, amorosos y trabajadores. Porque a pesar de llegar cansadísimos a casa tras una jornada dura, todos colaboraban para que la casa estuviera en orden.

Emmet y Edward se encargaban de labrar el campo que tenían en la parte trasera de la casa, Carlisle se dedicaba a cuidar y alimentar a los caballos que con el paso de los años habían adquirido, Esme se dedicaba a limpiar la casa y Alice a cocinar. Cada uno tenía su tarea y la realizaban con entusiasmo y alegría, porque todos se sentían dichosos de pertenecer a una familia tan maravillosa.

Ahora si, este es el final de la primera parte, la de Carlisle y Esme, ahora comienza la parte de Edward y Bella, que espero que os guste. Estoy trabajando en el capítulo, en cuanto lo tenga lo subiré, espero que os guste tanto como esta primera parte.

Voy a seguir subiéndola aquí mismo, no voy a crear otra historia a parte.

Espero vuestros reviews.

Nos leemos pronto