10º El ataque de los bandidos
Tras el alboroto resultante de la pequeña escapada de la princesa, Carlisle había tenido que curarle el tobillo a ella y los arañazos y golpes de Edward, pero después les permitieron marcharse a casa para prepararse para la visita de esa tarde a su alteza.
Alice y Edward les narraron durante la comida lo sucedido, dejando a Carlisle mucho más tranquilo por lo sucedido, antes de eso había temido que en algún momento alguien pudiera tomar represalias si pensaba que había pasado algo raro.
Tras arreglarse, los cinco salieron hacia la casa del alcalde, lugar donde se alojaba la princesa durante su estancia en el pueblo. Durante el camino, la gente los miraba con cierta envidia, pues todos deseaban pasar tiempo con la princesa, pero era una envidia sana.
Una vez llegaron a la casa, los sirvientes del alcalde les hicieron pasar al gran salón, allí la princesa les invitó a tomar el té y despidió a todos los sirvientes, queriendo disfrutar de un rato agradable con aquella familia.
-Gracias por aceptar mi invitación, no suelo tener muchas visitas.
-¿No?- Preguntó Alice sorprendida- Pensaba que siendo una princesa tendríais montones de amigos y de visitas.
-Te sorprendería ver lo sola que estoy- La miró con cariño- Siempre tengo gente a mi alrededor, pero aun así, estoy sola- Alice pudo ver el dolor de la soledad que tenía la princesa en su interior.
-Pues desde hoy tenéis una nueva amiga, alteza- La abrazó con cariño.
-Alice, compórtate- Le indicó Esme- Lo lamento alteza, Alice es muy efusiva.
-No la disculpéis, señora Cullen, me gusta su efusividad, en la corte de mi reino no se suele ver, y menos acompañada de tanta sinceridad como irradia Alice- Dirigió la mirada hacia su nueva amiga- Me encantará pasar tiempo contigo Alice, nunca he tenido una verdadera amiga.
Las dos se miraron y sonrieron al mismo tiempo, parecían entenderse a las mil maravillas, y Esme lo agradecía, Alice no tenía muchas amigas por su extrema sinceridad y su forma de expresarse, nadie se metía con ella, pero tampoco se acercaban mucho a ella.
-Por lo que me han dicho, usted comparte profesión con su esposo, ¿no es así señora Cullen?
-No es compartirla exactamente, yo solo soy una humilde partera, colaboro con mi esposo cuando alguna mujer lo necesita, pero el resto del tiempo me dedico a cuidar de la casa y de mis hijos.
-Como envidio su forma de vida, señora.
-¿Envidiarla? ¿Cómo podéis envidiarla con todo lo que tenéis?- Preguntó sorprendida.
-Señora mía, cambiaría todo lo que tengo por poder vivir como una humilde campesina.
-Disculpad mi brusquedad alteza- Habló esta vez Emmet- Pero no tenéis la más remota idea de lo que decís- Ella lo miró sorprendida por su forma de dirigirse a ella- Ser campesino es duro, trabajar todo el día, vivir con lo que se gana con el trabajo físico, no poder permitirse ningún tipo de lujo- Emmet la miró a los ojos- Vos decís que querríais ser una campesina, y estoy seguro de que cualquier campesino querría cambiarse por vos.
-Gustosa le cambiaría mi lugar a cualquiera que quisiera tomarlo- Sus ojos se pusieron llorosos.
-Alteza, no digáis eso- Carlisle le estrechó la mano- Podéis hacer grandes cosas desde vuestra posición, podéis ayudar a mucha gente con vuestros recursos- Le sonrió con calidez, haciendo que la princesa se sintiera algo mejor- Se ve a la legua que tenéis un gran corazón, podéis utilizar toda la bondad de la que disponéis para hacer buenas obras.
-Me temo que cuando finalice mi viaje ya no podré hacer nada que yo quiera.
-¿Qué queréis decir alteza?- Preguntó Edward.
-Sabéis para que voy camino del reino de Thunder- Todos asintieron- Entonces podéis imaginaros porque lo digo.
-Seguro que vuestro futuro esposo permitirá que hagáis tan grandes y honorables obras.
-Ojala fuera así, señor Cullen, pero lo que he escuchado de mi futuro esposo no es nada alentador- Bajó la mirada y derramando una pequeña lágrima- ¡Qué cosas digo!- Se incorporó de pronto- No debería hablar de cosas como esta, lo lamento.
Ninguno de ellos volvió a nombrar el matrimonio de la princesa en toda la tarde, se podía ver que era un tema que la tenía tensa y preocupada. La princesa agradeció su falta de interés en el tema y pudo apreciar en aquella familia algo que no había visto nunca, aunque no sabía que era.
Ya había anochecido cuando la princesa los despidió, prometiendo que volvería a verlos pronto. Hacía muy buena noche, así que Edward decidió pasar a ver a Tanya Denali, amiga suya desde que eran muy pequeños. Ella era la hija pequeña de Carmen y Eleazar, los empleados de los señores Webber.
Tanya y él salieron a caminar por los alrededores de la hacienda de los Webber, Tanya estaba muy impresionada por la llegada de la princesa, Edward sonrió al escucharla.
-¿No es la chica más hermosa que has visto en tu vida?- Decía ella sin parar de hablar- Tiene un pelo tan hermoso y brillante, una piel tan bonita, seguro que es más suave que el algodón.
-No me había parado a comparar la suavidad de su piel, pero sí, es realmente suave.
-¡Cómo te envidio por haber estado con ella antes de su llegada! ¡Y encima has pasado la tarde con ella!- Tanya parecía fascinada- ¡Cuéntame! ¿¡Es amable!? ¿¡Cómo son sus modales!? ¡Cuéntamelo todo!
-Tanya, relájate, por favor- Dijo frotándose las sienes- Cuando te pones así no hay quien te aguante.
-Lo siento, es que estoy tan emocionada, ojala pudiera conocerla.
-Va a pasar unos días en el pueblo, seguro que visitará la casa y podrás verla- Le dijo, intentando calmar su curiosidad.
-Ojalá tengas razón.
Un rato después, al volver a la casa de los Webber, Carmen invita a cenar a Edward, y él gustoso acepta la invitación. Pasaron una velada agradable, pero Edward sabía que se le estaba haciendo tarde, así que se despidió de ellos entrando en la madrugada y se marchó hacia casa.
Para volver hacia su casa, Edward tenía que pasar por delante de la casa del alcalde, miró hacia allí, y se sorprendió al ver luces encendidas por toda la casa. Extrañado, se acercó un poco para ver si alguien podía decirle que era lo que ocurría, y entonces fue cuando escuchó los gritos provenientes de dentro de la casa.
Preocupado por la suerte de los que había dentro de la casa, corrió rápidamente hacia el interior, los gritos eran devastadores, seguramente habrían entrado un puñado de bandidos, conocedores de la visita de la princesa al pueblo.
Edward vio a una doncella atada y amordazada, rápidamente fue hasta ella, la liberó y la ayudó a ponerse en pie.
-Corre a casa del sheriff, haz que venga cuanto antes- Dijo en susurros, sabiendo que podrían descubrirlo en cualquier momento.
La doncella salió corriendo de la mansión del alcalde, y Edward, dispuesto a hacer todo lo que pudiera, subió a las habitaciones, de donde provenían los gritos.
Aunque había varios lugares donde se escuchaban gritos, había uno donde se escuchaba más alboroto, así que se dirigió hacia allí rápidamente. Al llegar a la puerta pudo diferenciar los gritos de la princesa.
Se adentró en la habitación, encontrando a la princesa tirada en la cama, forcejeando con un hombre que intentaba abusar de ella mientras los otros dos hombres desvalijaban la habitación en busca de dinero, joyas y cosas de valor.
Al ver aquella escena, la mente de Edward se nubló por completo, perdió el control y se lanzó sobre el hombre que intentaba mancillar a la princesa. Lo arrancó de encima de ella y comenzó a golpearlo con toda la fuerza de la que disponía. Al ver aquello, los otros dos hombres fueron a ayudar a su compañero, el primero cogió a Edward por los brazos y lo apartó, el otro comenzó a pegarle puñetazos, uno detrás de otro.
La princesa intentó levantarse para ayudarle, pero el hombre al que Edward había pegado la cogió y la obligó a mirar, inmovilizándola por completo. Por más que Edward intentó defenderse, no consiguió librarse de ellos, por lo que aquellos golpes se convirtieron en la paliza más grande que le habían pegado nunca.
-¡SOLTADLES!- Se escuchó una voz desde la entrada, allí, la princesa pudo ver a Jasper, el jefe de su guardia, junto al sheriff Swan, acompañado de un buen puñado de hombres- ¡VAIS A PAGAR HABER ATACADO A MI PRINCESA!
Los hombres que los acompañaban se abalanzaron sobre ellos, dejando así libres a la princesa y a Edward, este último, cayó al suelo, incapaz de mantenerse en pie. La princesa, horrorizada, se arrodilla junto a él.
-¿Edward?- Él no respondió, tenía los ojos cerrados y estaba lleno de sangre- Respóndeme, por favor.
-Alteza, yo me encargaré de que el joven Edward reciba cuidados de inmediato- Le aseguró el sheriff.
-Él se arriesgó por salvarme- Ella lloraba, incapaz de contener sus lágrimas- Podían haberlo matado.
-Alteza, os juro que este hombre será recompensado de la mejor manera posible en cuanto esté en mejores condiciones- Le aseguró Jasper- Voy a asegurarme de que todo es seguro, y acompañaré al sheriff a llevar al muchacho con su padre, el doctor Cullen- Él parecía tan decidido que sorprendió a la princesa- Os ha salvado, y por ello tiene todo mi respeto y mi gratitud, podéis estar segura de que me aseguraré de que se reponga- Ella asintió antes de permitir que la levantara y volviera a ponerla en la cama- Intentar calmaros alteza, le pediré a vuestra dama de compañía que venga con vos, si se encuentra en condiciones para hacerlo- Volvió a asentir, y vio como sacaban a Edward entre los dos de la habitación.
Como había dicho, Jasper se aseguró de que no había ningún peligro y mando a la dama de compañía de la princesa antes de acompañar al sheriff y llevar a Edward a casa. Al estar totalmente inconsciente, pesaba mucho, y por ello tardaron más tiempo del que pensaban en llevarlo.
Cuando por fin llegaron, Jasper llamó con fuerza a la puerta. De inmediato se escucharon ruidos en el interior, se encendió una luz y la puerta se abrió levemente.
-¿Sí?- Preguntó Carlisle, abriendo solo una rendija, Jasper iba a hablar pero entonces vio a Edward- ¿¡Qué le ha pasado!?- Abrió la puerta completamente y salió en pijama hasta su hijo.
-Hubo un ataque a la casa del gobernador, unos bandidos, y su hijo se enfrentó a ellos por salvar a la princesa.
-¡Pasen! ¡Rápido!- Entre los dos hombres lo introdujeron en la casa, Carlisle les indicó el camino hacia la habitación de invitados, situada en la planta baja, mucho más cómoda para dejarlo que la de Edward, que estaba en la planta superior. Esme los vio cuando se asomó por la puerta de la habitación y le dio un vuelco el corazón.
-¡DIOS MÍO! ¡EDWARD!- Corrió hasta ellos y los acompañó- ¿Qué le ha sucedido?
-Unos bandidos le han dado una paliza cuando intentaba salvar a la princesa- Le contó el sheriff, no ha despertado desde entonces.
-¡Pónganlo en la cama!- Los dos lo hicieron de inmediato.
Carlisle comprobó superficialmente como se encontraba, su cara no daba un buen pronóstico.
-¿Está muy mal?
-Hasta que no despierte no podré saberlo con exactitud- Dijo con pesar, levantó la cabeza hacia ellos- Muchas gracias por traerlo, estoy en deuda con los dos.
-Soy yo quien está en deuda con él- Aseguró Jasper- Mi señora podría haber sido herida de gravedad, secuestrada, e incluso, asesinada, él se arriesgó sin importarle el peligro, e incluso, tuvo la sangre lo suficientemente fría como para enviar a una doncella a buscarnos.
-Edward es muy temerario- Aseguró Esme, sentándose en el borde de la cama y acariciando su rostro- Demasiado para su propia seguridad.
-No olvidaré lo que ha ocurrido esta noche, estoy en deuda con él, cualquier cosa que necesite, por favor, háganmela saber, haré cuanto esté en mi mano por conseguirla, sea lo que sea, y cueste lo que cueste, lo juro.
-Se lo agradecemos.
Carlisle volvió a centrarse en su hijo, queriendo ayudarlo y sin estar seguro de cómo. Viendo que ya no tenían nada más que hacer allí, los dos hombres se dispusieron a abandonar la casa.
-Por favor, cualquier evolución que tenga, háganmela saber, tanto la princesa como yo queremos saber cómo se encuentra.
-Descuide, en cuanto haya algún cambio mandaré a mi hijo Emmet a avisaros- Le aseguró Esme.
Los dos se alejaron de la casa con un mal sabor de boca, sintiéndose culpables de lo sucedido, tan absortos habían estado en su conversación sobre la seguridad que debía haber en el pueblo para la princesa, que habían olvidado por completo asegurar la vigilancia de la casa del alcalde.
Una vez solos, Esme volvió corriendo a la habitación donde Carlisle revisaba a su hijo, volvió a ponerse junto a él, tomando su mano con extrema preocupación. A los pocos minutos, Emmet y Alice se asomaron, habiendo escuchado todo lo sucedido.
-¿Cómo está Edward, papá?
-No lo sé Emmet- Suspiró nervioso- Tiene muchas heridas bastante graves, y ha recibido muchos golpes- Levantó la mirada hacia ellos- Espero que despierte pronto, eso sería una buena señal.
-Dinos que podemos hacer para ayudarte, haremos lo que sea.
-Gracias Alice- Le sonrió como pudo- Está bien, traedme agua caliente y jabón para limpiar las heridas, gasas, aguja e hilo para coserle las heridas más profundas y ropa limpia- Les indicó a sus hijos- Esme, tráeme mi maletín y los ungüentos que hay en la estantería, vamos a curar sus heridas y a intentar que no le suba la fiebre.
Durante toda la noche, Carlisle se dedicó a curarle las heridas, Emmet traía todo lo que él le pedía, Esme le ayudaba como podía, intentando untar los ungüentos donde Carlisle le decía, y Alice colocaba paños fríos en su frente, impidiendo que la fiebre subiera. En el transcurso de la noche, Edward no hizo ni un solo indicio de querer despertarse, ni tan siquiera se movió un pelo, eso asustó un poco a Carlisle.
Con los primeros rayos del sol, Edward ya estaba totalmente curado, las heridas estaban cosidas y vendadas, y un paño de agua fría descansaba en su frente. Emmet cogió a Alice, que se había quedado dormida junto a la cama de Edward, y la subió a su habitación, después se despidió de sus padres y marchó a trabajar, aunque no con muchas ganas.
Esme decidió preparar algo para que comieran, no sabían cuánto tardaría Edward en despertar y no podían descuidarse ellos, él los necesitaría cuando despertara. Estaba preparando café cuando unos golpes en la puerta llamaron su atención.
Esme fue a abrir rápidamente, y se encontró con la última persona que hubiera pensado que iría, la princesa estaba allí, acompañada del jefe de su guardia y de una joven.
-Buenos días, señora Cullen, espero no molestar.
-Por supuesto que no, alteza- Los dejó pasar de inmediato- Por favor, tomad asiento, enseguida os saco algo de beber.
-No os preocupéis, acabamos de desayunar- Le indicó la princesa sonriente- Quería saber cómo se encontraba Edward.
-Sois muy amable en preocuparos por él, alteza, aunque me temo que no puedo daros buenas noticias- Le confesó- Mi marido, mis hijos y yo misma nos hemos pasado la noche curando sus heridas, pero Edward no ha despertado aun.
-Le debo mi vida, así que os pido que me pidáis cualquier cosa que necesite para su recuperación.
-Sois muy amable, alteza- Le dedicó una agradable sonrisa, que hizo que la princesa se sintiera mejor- Por el momento, solo podemos esperar a ver como evoluciona- Entonces Esme miró a los acompañantes de la princesa.
-Perdonad mi falta de modales, con la preocupación por Edward, se me había olvidado presentaros- Señaló a Jasper- Creo que a Jasper lo conocisteis ayer- Ella sintió y le dedicó una leve reverencia al hombre, que le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza- Y esta es Rosalie, mi dama de compañía.
-Mucho gusto, señora Cullen- La saludó una joven rubia y muy hermosa.
-El gusto es mío.
-Buenos días- Saludó Carlisle saliendo de la habitación- No esperaba tanta visita a estas horas, me habría cambiado primero.
-Yo también estoy en camisón Carlisle- Rio Esme sonrojándose un poco al percatarse de ello- Creo que iré a cambiarme de inmediato.
-Yo debería hacer lo mismo.
-No se preocupen por nosotros, vayan a cambiarse, esperaremos encantados- Les indicó la princesa.
Los dos asintieron y rápidamente se dirigieron a la habitación para cambiarse. Diez minutos después, los dos aparecieron bien vestidos y con aspecto algo más despejado.
-Lamentamos la demora, no esperábamos visitas.
-Es comprensible- La princesa le quitó importancia- Siento ser tan directa pero, ¿podría pasar a ver a Edward?
-Claro alteza, no tenéis que pedir permiso.
Carlisle la acompañó hasta la habitación, y le colocó una silla junto a la cama y otra para su dama de compañía, y las dejó solas.
La princesa se le quedó mirando durante un largo rato, a pesar de su piel morena por el sol, signo del tiempo que había estado trabajando al sol, a pesar de todos los cardenales y de todas las vendas, a ella le pareció el hombre más atractivo que había visto nucna.
-Rosalie, ¿puedes hacerme un favor?
-Claro alteza- Respondió rápidamente.
-Dile a la señora Cullen que pretendo pasar los próximos días en su casa, haciendo compañía a Edward, ayudándola a cuidar de él, es lo mínimo que puedo hacer- Rosalie se levantó y se acercó a la puerta para transmitir su mensaje- Y Rosalie- Volvió a girarse hacia la princesa- Dile a Jasper que quiero pasar algo más de tiempo en este pueblo, que haga lo que tenga que hacer para poder alargar el viaje una semana más.
-Como deseéis alteza.
Rosalie salió para cumplir la petición de su señora, y ella aprovechó esos minutos a solas, cogió la mano de Edward y la besó.
-Oh, Edward, ojalá pudiera conocerte en otras circunstancias, estoy segura de que podríamos haber tenido una preciosa historia de amor.
Bueno, aquí tenéis el siguiente capítulo, me he retrasado unos días, pero de verdad que no he podido tenerlo antes. Aun así, creo que ha valido la pena.
¿Qué os ha parecido? ¿Qué os parece la relación de Tanya y Edward? ¿Y el comportamiento de Bella? ¿Qué pensáis que va a pasar?
Espero vuestros reviews con muchas ganas.
