13º Conociendo la historia
La espesura del bosque y la oscuridad que aun se cernía sobre ellos impedía a Edward ver el camino que Jasper le había indicado con claridad. Apenas era capaz de ver nada a dos pasos de él, y Bella se mantenía apretada contra él, respirado agitadamente, asustada por aquel camino angosto y peligroso.
Tras cabalgar hasta despuntar el alba, Edward no vio el linde del bosque, al acercarse hasta allí una sonrisa se dibujó en sus labios, estaban junto al mar, nunca antes había visto lo maravilloso que era aquel paisaje.
-Mirad, mi señora, contemplad que paisaje más hermoso- Bella levantó el rostro de pecho de Edward y observó a su alrededor, sintiéndose afortunada- Este va a ser nuestro paisaje cada día, este es el lugar que Jasper me indicó- Bajó la mirada hacia ella- Buscaremos un lugar apacible donde guarecernos y viviremos aquí por un tiempo.
-De acuerdo- Ella le devolvió la sonrisa, sintiéndose mucho más tranquila.
El caballo continuó caminando por la orilla, guiado por Edward, dejándoles disfrutar de ese maravilloso paisaje y de la tranquilidad que reinaba en aquel lugar. A lo lejos, Edward vio un lugar llano, entre algunos árboles, perfecto para construir un hogar, así que se dirigió hasta allí.
Decidido a hacer todo lo posible para que su princesa estuviera cómoda y segura, Edward decidió cabalgar hacia otro pueblo cercano al suyo para comprar materiales de construcción y alguna otra cosa que les pudiera hacer falta, uno donde él en el que lo conocieran, para que si en algún momento, alguien preguntaba por él pudieran decir que iba solo y que no estaba en la misma dirección en la que la princesa se había marchado.
Mientras Edward marchaba en busca de todo lo necesario, Bella decidió buscar comida, era cierto que ella tenía poca idea de alimentos, pero estaba segura de poder conseguir alguna fruta mientras él estaba fuera.
Para poder obtener dichos alimentos, se vio obligada a subir a los árboles, aun molestándole todavía el tobillo, también tuvo que ahuyentar a unos animalitos que comían unos frutos de una planta que crecía en el suelo. Cuando volvió al lugar donde Edward la había dejado esperando, estaba exhausta pero había logrado su propósito, había conseguido una buena cantidad de frutas.
Edward volvió pasado el medio día, con montones de cosas cargadas en el caballo, y juntos comieron lo encontrado por Bella. Esa noche no podrían tener un refugio, pero el clima era agradable y no hacía nada de frío. Edward extendió una manta en el suelo, hizo que ella se tumbara allí, colocándose él a su lado, tapándose a ambos con otra manta que había comprado.
Se miraron intensamente, sonriéndose, acariciando sus mejillas, viendo sus propias almas, y sin más, los dos se lanzaron a apoderarse de los labios del otro, desesperados por pertenecerse completamente.
En cuestión de minutos, las ropas salieron volando, alrededor de ellos, dejando así que sus cuerpos se rozaran por primera vez sin ningún impedimento. Edward la colmó de besos y caricias, sabiendo que tenía que prepararla para lo que sucedería después, besó cada rincón de su piel, sus manos recorrieron toda su suave y perfecta figura, deleitándose con cada sonido que salía de los labios de ella. Y cuando percibió que estaba lista, separó con su rodilla las piernas de ella, colocándose sobre su cuerpo con extremo cuidado, lentamente, colocó su miembro en la entrada de Bella y la miró.
-Si queréis que pare, es el momento de decirlo, mi señora.
-No, Edward- Le acarició el rostro- Ámame como solo tú podrás hacerlo jamás.
Edward no necesitó más, besando intensamente sus labios, se adentró en ella poco a poco, soltando él mismo un gemido gutural, extasiado por aquella cálida sensación. Bella contrajo su rostro y se puso rígida durante la invasión, hasta que notó que Edward daba un empujón un poco más fuerte, rompiendo así la barrera de su virtud, en ese momento no pudo impedir que un sollozo saliera de sus labios.
-Lo lamento- Edward se quedó absolutamente quiero- Se que al principio es doloroso para la mujer.
-¿Después se pasa?
-Por lo que tengo entendido, solo es doloroso el primer momento, después deberías poder disfrutarlo- La miró a los ojos- Lamento que tengas que sufrir ese dolor.
-Si eso hace que seamos marido y mujer ante los ojos de todos, vale la pena- Besó levemente sus labios.
-No me moveré hasta que estés preparada para seguir.
Segundos después, Bella hizo un movimiento de cadera, indicándole a Edward que continuara, y dando así comienzo a una noche de amor desenfrenado, lleno de caricias, gemidos, gritos apasionados, pero sobretodo llena del más puro amor.
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A la mañana siguiente, Alice despertó ante el grito histérico de Esme al no encontrar a Edward en su habitación. Rápidamente bajó, encontrándose a sus padres y a su hermano Emmet ante la habitación, con Esme abrazada a su padre.
-¿Qué ocurre?
-¡Edward no está!- Dijo ella angustiada- ¡No ha pasado aquí la noche!
-Vamos Esme, sabes como es Edward- Intentó calmarla Carlisle- Nunca ha sido un buen paciente, seguro que ha salido muy temprano a estirarse un poco, dentro de un rato estará por aquí para que puedas regañarlo.
-Claro mamá, Edward siempre vuelve.
-Esta vez no lo hará- Aseguró Alice, viendo que era el momento de hablar- Creo que tendríais que sentaros.
-¿Qué sucede Alice?
-Veréis...- Alice les narró todo lo ocurrido la noche anterior hasta que Edward y Bella salieron cabalgando hacia la espesura del bosque- ...Después de eso, Jasper, el guardia de la princesa me trajo a casa.
-¿Mi Edward se ha marchado de casa?- Esme empezó a llorar- ¿No podía haberse despedido? ¿No confía en nosotros?
-Mamá, claro que confía en vosotros, por eso me ha permitido contároslo- Le aseguró Alice- Pero no tenían tiempo, si esperaban, alguien podía haberlos descubierto.
-¿Cómo van a sobrevivir los dos solos por el mundo? Son muy jóvenes.
-Esme, ¿no lo éramos nosotros cuando formamos nuestra familia?- Esme miró a Carlisle, viendo en sus ojos toda su historia- Todos los comienzos son difíciles, lo único que importa es que se amen.
-Mamá, Edward es muy sensato e inteligente, aunque no lo parezca la mayor parte del tiempo, estoy seguro de que les irá muy bien.
-Claro mamá, y en cuanto pase el escándalo y el conde Masen deje de buscar a la princesa, ellos podrán volver.
-¿El... El... El conde... Masen?- Esme palideció al escucharlo.
-Si, eso he dicho- Alice la miró preocupada- La princesa estaba comprometida con el hijo del conde Masen.
-¡Oh, Dios mío!- Esme se desmayó entre los brazos de Carlisle, dejándolos a los tres extremadamente preocupados.
Entre Emmet y Carlisle la llevaron a la habitación, Alice los siguió con preocupación. Una vez la tuvieron tumbada sobre la cama, Carlisle se sentó en el borde de la cama, acariciando su mejilla, mientras sus hijos observaban sin llegar a comprender nada.
-Papá, ¿qué le ha pasado?- Preguntó Emmet- Todos sabemos como es el conde Masen pero no puede tomarla contra Edward si no sabe donde está.
-Es más complicado que eso Emmet- Carlisle suspiró, sabiendo que había llegado el momento de contarles la verdad a sus hijos- Lamento que no esté Edward para escuchar esto, pero debo contaros algo- Tomó aire, miró a Esme y, cogiendo su mano, se dispuso a narrarles todo- Tú no lo recuerdas Emmet, eras muy pequeño, pero cuando tenías 6 años, nosotros íbamos camino de este reino cuando nos encontramos a Esme, embarazada, huyendo de su esposo, el conde de Masen.
-¿Qué?- Alice estaba perpleja- Mamá no puede ser la esposa del conde, es tu esposa.
-En realidad, nunca nos casamos de verdad, al menos no como la sociedad estipula, para nosotros estamos casados, pero nunca hubo boda, nunca hubo nadie que pudiera corroborarla.
-¿Cómo es eso posible?
-El conde Masen era igual de despiadado hace años como lo es ahora, y Esme tuvo que huir antes de dar a luz- Veía la sorpresa en los rostros de sus hijos- El conde Masen había amenazado a Esme con matarla si el bebé era una niña, y ella no podía arriesgarse a que eso sucediera, así que huyó, y tuvo la suerte de que nosotros la encontráramos.
-¿Quieres decir que mi verdadero padre es el conde Masen?- Alice parecía consternada.
-No cariño, el conde de Masen es el padre de Edward.
-Pero Edward y yo somos...- Emmet la cortó.
-Ahora lo recuerdo- Dijo con un hilillo de voz- Cruzamos un río helado en mitad de la noche para huir de los bandidos, y al día siguiente, encontraste a Alice.
-Así es- Carlisle miró a Alice a los ojos- Huimos de los bandidos, abandonando el carro que teníamos, y cuando volvimos al día siguiente, fui a ver el lugar donde habían saqueado los bandidos, encontrándote entre los brazos de tu madre moribunda- Tomó la mano de Alice- Le prometí a tu madre amarte y cuidarte como si fueras mi propia hija justo antes de morir, y es lo que he hecho.
-Entonces... ¿No soy vuestra hija? ¿No somos nada?
-No Alice, no- La abrazó con fuerza- Tú eres mi hija, puede que no lleves mi sangre, pero eres mi hija, siempre lo serás- Besó sus cabellos- Al igual que lo son Emmet y Edward- Alice le devolvió el abrazo.
-Papá, entonces Edward es el auténtico heredero al título de Masen, ¿verdad?
-Por herencia si.
Emmet no preguntó nada más, pero en su cabeza se fue formando una idea, algo que no tardaría en comentar con la persona indicada.
Esme despertó un rato después, Carlisle le hizo saber que sus hijos sabían la verdad, y ella solo pudo llorar más.
-Lamento haberos mentido, pero era la única forma de poneros a salvo.
-No te lamentes mamá- Emmet la abrazó- No recuerdo mucho de aquella época, pero si recuerdo lo mucho que cuidaste de mí, como me enseñaste a cuidar de Alice, como nos cantabas a los tres para dormir- Alice se sumó al abrazo, y después Carlisle- Eres nuestra madre, y que alguien se atreva a venir y negarlo.
Un rato después, cuando Esme se calmó un poco, Emmet salió de la casa con la excusa de ir a trabajar, pero en realidad, otro era su destino. Caminó hacia la casa del alcalde, viendo que los hombres de la princesa se estaban preparando para salir. Buscó al jefe de la guardia, pero no lo halló entre ellos, así que lentamente fue en busca de alguien que pudiera indicarle donde encontrarlo.
-Disculpe, señorita- Paró a la dama de compañía de la princesa, que estaba saliendo por la puerta principal- ¿Sabe donde puedo encontrar al jefe de la guardia de su alteza? Es importante que hable con él.
-¿Y quién es usted para que deba decirle donde se encuentra?
-Soy el hermano mayor de Edward, y tengo información que tal vez le sea útil cuando lleguen ante el conde Masen y vea que la princesa no los acompaña- Le dijo, acercándose a ella para que nadie más pudiera oírle.
-Sígame.
Rosalie le indicó el camino, él la siguió de cerca, llegando a los establos, donde pudo verle, preparando su propio caballo para partir. Al verlos acercarse, Jasper se sorprendió, había reconocido a Emmet y se preocupó.
-¿Qué hace usted aquí?
-Vengo a contarle algo importante, puede que les sea útil en el reino de Thunder- Emmet les narró la historia de sus padres.
-Si lo que dices es cierto, el último matrimonio del conde no es válido, y por lo tanto su hijo no puede heredar el título de conde, Edward es el auténtico heredero del título.
-Así es- Sonrió Emmett.
-¿Y qué creéis que puedo hacer con esa información?- Preguntó Jasper algo dudoso.
-No se lo que podréis hacer con ella, pero si os sirve para poder mantener a salvo a mi alocado hermano, utilizadla, señor, solo os pido que no hagáis sufrir a mi madre, ya lo está pasando mal al saber quien era el prometido de la princesa- Le rogó.
-Jamás haría nada que la hiciera sufrir a sabiendas, de eso podéis estar seguro- Jasper puso su mano en el corazón, dando así su palabra.
-Bien, debo irme ya, no quiero que nadie sospeche que he hablado con vosotros.
Emmet se alejó de allí, esperando que esa información pudiera servir para ayudar a su hermano a ser feliz, aunque temía mucho lo que podía ocurrirle a su madre si alguien averiguaba esa verdad.
Hola, aquí tenéis el siguiente, espero que os haya gustado.
En el próximo veremos la reacción del conde Masen cuando sepa que Bella ha desaparecido. ¿Qué creeis que puede hacer Jasper con esa información? Yo tengo algo en mente pero estoy abierta a sugerencias.
Nos leemos pronto.
