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"Protejamos juntos a Bluegard y el futuro de su hermano"

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Ese era el último pensamiento que había cruzado su mente antes de que el hielo cubriera todo. Antes de que el tiempo se detuviera y su vida acabara.

Al menos, eso era a lo que se había predispuesto mientras su mano acariciaba la fría mejilla de Seraphine.

Había salvado a Unity, habían conseguido el oricalcos y él se aseguraría de que Poseidon no representara otra amenaza para el mundo.

Era un precio justo, ¿no?

Entonces…

¿Por qué había despertado?

¿Había sido un sueño? ¿Uno ominoso y demasiado largo?

Tal vez… ¿habían ganado la guerra y habían encontrado la forma de llegar a Atlantis?

¿O quizás no?

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Cuando sintió presión en su cuello y fue consciente de que estaba abriendo los ojos, demasiadas conclusiones se agolparon en su cabeza y lograron aturdirlo. No sentía el cuerpo y podía percibir que su corazón iba peligrosamente despacio. Le costaba trabajo respirar.

La sensación en su garganta se hizo más notoria, más real, y fue entonces que trató de enfocarse en algo. Solo veía siluetas, pero la que fue capaz de distinguir le provocó una oleada de emociones contrapuestas.

"U…" Unity, estás vivo.

"Uni…ty..." ¿Qué ocurrió?

"Unity" ¿Por qué llevas puesta la escama de Dragón Marino?

Pese a que era solo una imagen borrosa, pudo distinguir con total facilidad que aquella era la scale que había portado el albino hace unos cuantos minutos. Pero él había vencido y su amigo le había dado las gracias por detenerlo. En ese caso… ¿por qué la portaba otra vez?

Los labios ajenos se movieron. No logró escuchar. Una sonrisa. Todo se hizo negro.

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Los párpados del acuariano temblaron, dándole a entender a Kanon que su despertar estaba cerca. El de géminis regresó a su sitio, una silla a un lado de la puerta, y se sentó a esperar. Había transcurrido un día completo, el pulso ajeno era ya normal al igual que su respiración. La mujer no había tenido la misma suerte. El peliazul apoyó la cabeza contra la pared y dedicó cada minuto de paciencia que no sabía que tenía a observar al muerto viviente. Había tenido la absurda precaución de atarlo al armazón de la cama (porque siendo un caballero, no te costaría nada librarte de eso, ¿no?) pues no sabía qué esperar de él. Y, por fin, al cabo de cinco largos minutos desde el primer movimiento, las largas pestañas dieron paso a la mirada amatista del otro hombre. Kanon no hizo ningún movimiento, solo fue testigo de cómo se quedaba ensimismado en el techo de la habitación en la que estaban durante otros sesenta segundos y, luego, giraba la cabeza en dirección a él. Su rostro no tenía expresión, lo que le agregaba cierto factor tenebroso al hecho de que hubiera permanecido doscientos años congelado.

- Aspros. –

La voz ronca surgió de un modo que le hizo saber que lo decía con dudas. ¿Un nombre? El aludido dejó salir una risa nasal al llegar a la primera conclusión: La escama, que no llevaba puesta en ese momento, tenía algo que ver. Por lo que ese 'Unity' que había dejado salir entre patéticos balbuceos era otro nombre, ¿probablemente relacionado a la escama? Antes de contestar, descruzó las piernas.

- Prueba otra vez, la tercera es la vencida.-

A juzgar por la forma en que contrajo el rostro, debía sentirse realmente desconcertado. Por supuesto, la suya era una voz que jamás había escuchado, ¿verdad? Justo como sucedía al inverso. Además, pese a haber sido una única palabra, Dragón marino identificó una nota muy peculiar en la pronunciación. ¿Francés? El silencio entre ambos se prolongó, el de la cama había vuelto a mirar hacia el techo. Tenía el aspecto de un cachorro perdido. Vaya espectáculo.

- Lo siento. Te he confundido con alguien…- "Alguien que está muerto. ¿En qué pensabas, Dégel?" El galo se reprendió por su descortesía y se sintió preocupado al notar que incluso sus pensamientos viajaban con lentitud exasperante. Enseguida, volvió la cabeza para tratar de enfocar al individuo y cayó en cuenta de que no llevaba puestas las gafas. "Por supuesto que no las llevas, las dejaste en el Santuario, estás en Atlantis y hace un rato estabas encargándote de Poseidon." Todo era demasiado extraño. Tanto que arrugó el entrecejo y se llevó una mano al rostro.

- Debería ser yo quien se disculpe por haber hecho una broma en esta situación.- Respondió el griego con cortesía, levantándose de la silla para caminar hasta el lado de la cama. Sin que lo pidiera el hombre conmocionado, le entregó un vaso con agua que Dégel aceptó sin pensarlo dos veces. Tenía la garganta rasposa y le dolía incluso respirar. Al parecer, estaba demasiado aturdido como para reaccionar violentamente.- Mi nombre es Kanon. ¿Cómo te sientes?

- Yo soy Dégel… no entiendo qué está ocurriendo. ¿En dónde estamos? – De todas, esa era la mejor pregunta para salir al paso. Ni siquiera a esa distancia podía distinguir el rostro del muchacho. Kanon sonrió.

- No sé cómo decirte esto, Dégel: estás en una situación muy delicada. Ahora nos encontramos en Atlantis, en el pilar del atlántico norte… - Dijo despacio, tan cauteloso como era posible. No obstante, algo en la forma en que el de mirada amatista lo veía le provocó un retortijón en el estómago.- ¿Te ocurre algo?

- Disculpa, yo… no logro verte bien. No tengo mis gafas.-

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Gafas.

Dégel, el Santo de Acuario de la era pasada, utilizaba gafas.

La sonrisa fingida de Kanon desapareció.

De todos los diez caballeros sobrantes que podrían haber quedado atrapados en el hielo por dos siglos para convertirse en sus aliados, le tocaba uno que no era capaz de ver a un metro de distancia.

Un maldito caballero ciego.

Durante unos segundos, consideró el matarlo ahí mismo.

No es nada que no puedas controlar.

Pero la vocecita en su cabeza lo hizo desechar la idea. A los santos les enseñaban a no depender de sus cinco sentidos; no era posible que algo así cambiara de un siglo a otro. Además, parecía no tener problemas para hablar y su memoria, a todas luces, trabajaba bastante bien; aún le era útil.

- Tal vez es mejor así.- Sentenció, amable.

- ¿De qué hablas? –

- ¿Recuerdas qué fue lo que ocurrió antes de que despertaras aquí? – Esta vez, la voz del gemelo sonó más firme y demandante. Dégel guardó silencio y volvió a concentrarse en el techo.

- Peleé contra Poseidon y… -De pronto, los ojos del acuario se abrieron profusamente y se sentó de golpe, aún con una mano en la cabeza.- Seraphine. ¿En dónde está? Ella- -El desorientado caballero sintió como su corazón empezaba a martillarle los oídos y el exceso de información y desinformación le provocaban unas nauseas incontenibles. Jamás, en toda su vida, se había sentido tan desesperado. Se removió entre las sábanas, apretándose las sienes hasta que otras dos manos lo detuvieron y guiaron hacia un comprensivo abrazo.

- Ella está muerta. Los encontré a ambos en el suelo de Atlantis el día de ayer. Dégel, han pasado más de doscientos años desde que peleaste contra Poseidón y, de alguna forma, sobreviviste congelado hasta esta era. No queda nada de lo que conociste y, sin duda alguna, todos tus compañeros y amigos están también muertos.- La voz de Kanon, desprovista de toda emoción, fue el precedente perfecto para el lúgubre silencio y quietud que inundó la pequeña estancia.

Había cumplido con contarle todo a cambio de que no perdiera el juicio antes de tiempo.

Antes de sacarle la información útil.

Ahora, todo dependía de qué tan fuerte era el individuo para asimilar semejante verdad. Y, si se volvía loco, le ahorraría sufrimiento enviándolo al infierno.

Siempre era así de fácil, después de todo. Quitarle la vida a cualquier estorbo.

Se trataba de la supervivencia del más apto.

Dragón Marino soltó al de Acuario y se puso de pie, resintiendo ya el exceso de contacto y bondad que no tenía. Su gesto se arrugó en un ademán de asco y, solo por eso, agradeció que Dégel no pudiera verlo con claridad.

Las facciones del más viejo se hicieron neutras y permaneció quieto, manos en el regazo, dando la impresión de que no sabía que hacer. Tan vacío como una muñeca, pensó el que estaba de pie. Patético.

O eso era hasta que un suspiro captó su atención. El francés (porque no podía ser otra cosa luego de escuchar su nombre y su acento) observaba las amarras de sus muñecas como si nunca antes hubiera visto unas (¿siquiera las ve o está intentando adivinar?) y, por fin, volvía a mirarlo a él.

- ¿Crees que soy peligroso? –

¿Qué clase de individuo reaccionaba así luego de todo lo que había pasado? Fue apenas un instante, pero Kanon sintió admiración hacia semejante ser humano.

- Tú dirás. No tenía forma de saber si intentarías acabar conmigo. Precaución.- Justificó él.

- ¿Por qué arriesgarte de ese modo? Seguramente he estado vulnerable el tiempo suficiente como para que pudieras matarme.- Aunque tenía el rostro volcado hacia él, finalmente descartó la idea de forzar la vista y terminó cerrando los ojos.

Y esa pregunta significaba que había llegado la hora de la gran actuación de Kanon.

- Necesito tu ayuda. La verdad es… que algo terrible ha sucedido en el Santuario. Las cosas ya no son como lo recuerdas.-

El cambio en las facciones del de Acuario, justo después, fue todo lo que necesitó para estar seguro de que lo tenía en la palma de la mano. La sonrisa pérfida fue solo otra antítesis de su relato.

Kanon ha escapado.

Un Patriarca maligno es quien gobierna ahora y nadie osa cuestionarlo. Él intentó advertirle a todos, pero nadie le creyó y lo encerraron por ir en contra de la autoridad del líder de los caballeros. Esperaban que abriera los ojos, sin darse cuenta de que todos ellos eran los cegados. Cuando estaba a punto de darse por vencido, la presencia de Poseidon lo llamó a las profundidades solicitando su ayuda a cambio de la propia.

Cuando su vasija tenga una edad apropiada para mantener el alma del dios, él regresará.

Hasta entonces, hay que prepararse.

Será una guerra devastadora para erradicar el mal de la Tierra.

Pero no estaremos solos. Otros seis generales marinas llegarán antes que él. Juntos, podrán derrotar al Santuario.

Kanon era el actual general de Dragón Marino.

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- Con que así son las cosas ahora… - Susurró el de largas hebras verdes. Kanon se había marchado hacía algunas horas para que él pudiera pensar con tranquilidad. Aunque ya no se encontraba tendido en la cama. El de cabellos azules había quitado las sogas y lo había llevado hasta cierto lugar del cual el antiguo arconte de la onceava casa no se había movido.- El Santuario es el enemigo y Poseidón… él…-

- ¿Qué has hecho con ella? –

- ¿Hn? –

- Seraphine. Has dicho que ya no se encontraba con vida.-

- Sí… pretendía enterrarla, pero no lo he hecho aún. Creí que sería importante para ti.-

- ¿Podrías llevarme con ella? Por favor.-

Salir de la cama había sido el primer desafío; levantarse, el segundo y mantenerse de pie, el tercero. El fugitivo del Santuario había tenido que prácticamente llevarlo encima durante los primeros metros. No que fuera excesivamente pesado; de hecho, era bastante más ligero de lo que había imaginado. A la salida del pilar, Dégel ya era capaz de caminar por su cuenta, aunque a paso lento debido a la terrible sensación de pesadez que tenía sobre él. Y claro, no era para menos tras mantenerse en una cápsula de tiempo hecha de hielo por dos siglos, completamente inmovilizado. Aún así, gracias a la ceguera y a que su cosmos permanecía dormido, Kanon se había visto en la obligación de permanecer a su lado dejando que el otro lo tomara el brazo para guiarlo en el entorno nuevo y hacia el lugar donde, ahora, se encontraba la tumba de Seraphine.

El gemelo manipulador no había pasado por alto el detalle y había escogido, a propósito, el lugar más adecuado para llevar a cabo el entierro. Análogas a los campos de flores en la superficie, allá abajo adornaban el escenario grandes extensiones de coral. Dégel había llevado el frágil cuerpo y Kanon había ofrecido su capa para cubrirla. Previo a ello, había cavado el agujero. El de acuario finalizó el trabajo depositándola y, luego, cubriendo el espacio con la tierra removida. El jefe de los marinas se había marchado justo después.

Ella yacía justo en donde se mezclaban corales rosas y azules y el de mirada amatista observaba la tierra sentado a los pies de la tumba.

- Él va a limpiar esa corrupción.- Y como santo y sobreviviente, era su deber ayudar a Kanon a que el Santuario volviera a convertirse en un símbolo de paz. Por sus amigos y compañeros de la era pasada.

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El seudo infarto que le había provocado Dégel a Kanon al este último no encontrarlo en donde lo había dejado solo fue comparable al alivio, ira y sorpresa de verlo en la habitación que había quedado designada para él. Como si nada, sentado en la cama con la espalda apoyada en la pared y los ojos cerrados. Si hubiera sido más cercano a él, le habría tirado a la cara lo que llevaba. "Pero no lo eres. Y no lo serás. Este sujeto es tu juguete, un peón desechable, aunque no lo sepa, y debes ganarte su confianza. Hablará solo con el tiempo" Y, como ya sabía, disponía de todo el tiempo del mundo.

- ¿Cómo te sientes? – Una vez más, voz tranquila.

- Mucho mejor, gracias.- El mismo tono que recibió a cambio.

Kanon se acercó hasta la cama y se sentó en el borde cercano al de melena esmeralda, quien mantenía los ojos cerrados y el rostro vuelto a él.

- Te he traído algo que será útil. Espero.- Dijo el más joven. Dégel alzó un poco las cejas y fue justo en ese instante que para el desertor resultó como si le golpearan la cabeza con una roca. ¡Por supuesto! Esa clase de cejas bífidas las había visto con anterioridad una sola vez, pero de un intenso color rojo que le hacía buen juego a la melena del mismo color y a las pecas de aquella piel lechosa que obligaban a resaltar al infante de la onceava casa entre tantas cabezas promedio. Y ese atuendo que llevaba encima su peculiar molestia era el mismo que utilizaba Camus. De hecho… si los comparaba en detalle, eran casi una copia el uno del otro, pero en varicolor y diferentes edades. Y tal parecía que ambos provenían de los mismos sitios. Rusia y Francia era, ¿o no? ¿Es que podía haber más coincidencia? Las deducciones tan acertadas lo hicieron reír y olvidar que estaba acompañado antes de que pudiera disimularlo.

- ¿Ocurre algo? – La voz recompuesta del francés lo hizo carraspear.

- Es que he recordado algo, discúlpame. Para ser honesto, te pareces a alguien que conozco.- No es que mintiera, en realidad. Que Camus no lo conociera a él era harina de otro costal. Como estaba perdiendo tiempo, abrió la caja y dejó su hallazgo en la cara ajena. El peso familiar hizo que el mayor se sobresaltara.- Abre los ojos y dime si ves algo.-

"Algo" se quedaba bastante corto. El que en su tiempo fuera el más inteligente de los ochenta y ocho pudo al fin encontrarle margen a todo a su alrededor. Las siluetas adquirieron forma y eso incluía al individuo que estaba ya sentado en una silla al lado de él y lo contemplaba expectante. Antes de hablar, parpadeó repetidas veces.

- Tú también me recuerdas a gente que conocí.- Fue lo primero que atinó a decir.

- ¿Gente? Ah, vaya, eso es nuevo.- Bromeó Kanon.- ¿Puedo saber? –

- Unity, mi mejor amigo. Fue general de Dragón Marino durante un tiempo. O eso espero.- Empezó el de la cama, desviando su atención hacia los recuerdos.- Y Aspros y Deuteros. Ellos fueron los santos de Géminis en mi época. Tú también eres géminis, ¿no es verdad? –La repentina agudeza de Dégel y la intensidad de su mirada fueron capaces de poner incómodo a Kanon. Por un pequeño instante, temió que los riesgos de mantenerlo vivo fueran más que los beneficios. Pero no se dejó amedrentar. Su rostro fue abrazado por la angustia y bajó la mirada así como los hombros.

- Es cierto. Y así como ellos… en esta era también somos gemelos. Pero mi hermano, Saga, ha sido dominado por la maldad. Tiene una gran influencia en el Santuario; seguramente estará trabajando con el Patriarca… no quiero pensar en todo lo que serán capaces de hacer mientras no haya quien pueda derrotarlos.- Se lamentó, negando con las manos en la cabeza.

- Llévame a la superficie.-

- …¿Qué? –

- Puedo leer las estrellas. Puedo ayudarte a vigilar el Santuario y predecir sus intenciones.-

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Maldición.

¿Le acababa de decir que con solo mirar al cielo podía saber qué iba a pasar?

Tenía que ser una broma.

Una maldita broma.

Y él, el muy estúpido, acababa de regalarle unas hermosas gafas de alta definición para que descubriera en dos segundos sus planes.

Definitivamente, estaba representando más amenazas a sus planes que beneficios.

Entonces, estaba claro que no podría permitirle ir jamás a la superficie.

Y tendría que pensar en eso en otro momento, pues la mirada ajena le decía que estaba dispuesto a subir en ese mismísimo instante.

¿En qué demonios se había metido?

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- No puedo arriesgarte de esa manera. Ni siquiera has recuperado tu cosmos, ¿no es así? –

Si no bastaba la razón para convencerlo, siempre podría romperle el cuello.

- Los caballeros están en todas partes y si te descubren no dudarán en quitarte la vida. En estos momentos no puedo defenderte. Es incluso arriesgado para mí estar arriba, piénsalo. Tenemos que mantenernos a salvo hasta que lleguen nuestros aliados.-

- ¿Y quedarnos de brazos cruzados mientras ellos acaban con gente inocente? –

Tch. Típica palabrería de chico bueno. En ese caso…

- Ellos no tomarán vidas mientras Atenea no aparezca para guiarlos.-

Se jugaría la última carta.

- ¿Qué estás diciendo? –

- Ahora mismo la reencarnación de Atenea es un bebé. Cuando crezca, seguramente el Patriarca la engañará como ha hecho con los demás y cometerán atrocidades en su nombre. Tenemos tiempo hasta que eso suceda, Dégel. Debemos aprovechar ese tiempo para volvernos más fuertes y no arriesgarnos a que sepan que Poseidon ya ha llamado a sus generales. Hazme caso; no sabes lo peligroso que es el mundo de ahora.-

Unos tensos segundos más tarde, Acuario bajó los hombros y Dragón Marino pudo respirar.

Construiría el maldito trono más grande de la historia para homenajear el tremendo esfuerzo que le estaba costando lidiar con aquella patada en el trasero que había resultado ser su primer aliado.

Dégel, por su parte, solo se mantuvo en silencio.

- Seraphine fue vasija de Poseidón.- Dijo de pronto. El menor de los dos lo observó con algo de sorpresa.- Me agradaría pensar que algo de ella ha hecho recapacitar al dios del mar para que nos brinde su ayuda.- Una pequeña curva en la comisura de sus labios hizo sonreír también al de ojos azules.

- Seguramente así fue, Dégel. Ya es tarde. Deberías dormir.- El que también era más bajo se puso de pie, pero una pregunta inusual, como casi todo lo relacionado al peliverde, lo hizo levantar una ceja.

- ¿Cuántos años tienes, Kanon?

- Eh… dieciséis. ¿Por qué? ¿Cuántos años tienes tú? – Antes que la respuesta, recibió una risita nasal que casi le sonó maternal.

- Veintitrés. Claro, si no cuentas el tiempo que pasé encerrado.-

Ambos compartieron una última risa que hizo de despedida. Kanon se marchó a su habitación y Dégel se acomodó en su cama.

Así, dio inicio la nueva vida de los dos.

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¡Tadchán! Capítulo 2. Me ha quedado más largo de lo que esperaba, pero me siento conforme porque pude incluir todas las ideas que pretendía.

Aclaraciones: Todo lo que dice o hace Kanon es básicamente bullshit. (?) Miente, miente con todos los dientes y actúa mejor que Di Caprio, así que se merece un Freezer de oro.

Y pues, mientras pensaba en el fanfic, me di cuenta el gran interés que podría sentir Dégel por alguien como Kanon, que representa a Dragón Marino y a Géminis.

Por favor, no olvidemos que Dégel no es el más inteligente por nada. Estará lento por razones obvias, pero sigue siendo extremadamente perspicaz.

Espero cumplir con expectativas y desde ya gracias a los seguidores que tengo. /)v(\ 3 Hacen feliz a esta criatura.

El tema de las gafas... ¡oh, por todos los dioses! Fluoritte le pasó los lentes de su padre a Dégel y le calzaron a la perfección. No esperaban que Kanon lo llevara a un oftalmólogo, ¿verdad? Esto es la magia del cine, señoras y señores. (?) Y si no me creen que sin gafas Dégel no ve a un metro de distancia, lean el gaiden. Fluoritte estaba abrazada a él y ni así fue capaz de identificar su rostro; lo hizo apenas por la voz. Cuando eleva su cosmos y usa la armadura yadda yadda es capaz de suplir esa discapacidad yadda yadda. Pero aquí no tiene cosmos ni armadura. *Golpea la mesa*

Otra aclaración y una disculpa por la falta de relación entre el cabello de Camus y el de Kanon. Mi única excusa: Camus pelirrojo con pecas es mi absoluta, completa y total perdición. Los otros personajes no me molestan con los colores de cabello del animé o como sea, pero Camus... Camus tiene que ser pelirrojo. Lo siento por eso. (?)

¡Muchas gracias a todos por leer! Los próximos capítulos estarán dedicados a la convivencia de Dégel con los marinas y la evolución de los sentimientos de Kanon al ver que la atención ajena ya no es solo para él. Probablemente sean más cortos. Supongo. Espero.

Y no, aún no sé si hacerlo romántico o solo posesivo de parte de nuestro mafioso geminiano. ¿Sugerencias? ¿Tomates? ¿Flores? Críticas constructivas. uvu