¡Hola! Saludos a todos los lectores. Primero que todo, les debo una tremenda disculpa por la tardanza en subir el cap. A decir verdad, por motivos estudiantiles estaba demasiado estresada y no tenía tiempo para escribir; además, tenía que lidiar con ciertos asuntos dentro de la trama que, al darme cuenta, no podía desarrollar como esperaba. Así que tuve que hacer cambios y rebuscar un poco.
Pero helo aquí, un capítulo enorme a modo de disculpas por la demora. ; v ; Espero lo disfruten y, como siempre, estoy dispuesta a leer sus críticas y consejos al respecto.
¡Lo que es importante! Para quienes me vienen siguiendo desde el inicio, en el capítulo anterior había mencionado que el primero en aparecer sería Sorrento. Pues, eso es imposible. Al final del episodio dejaré una mejor explicación.
Lo que leerán ahora es más de mi cosecha. Los otros generales vendrán a partir del capítulo siguiente.
¡Gracias por su paciencia!
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Kanon abrió lentamente los ojos y permaneció algunos segundos mirando el techo opaco de la habitación. Era la primera vez en mucho tiempo que era consciente de sentirse descansado; Poseidon sabía cómo dar la bienvenida sus súbditos, de aquello no podía dudar luego de constatar que los pilares eran más parecidos a casas de lo pensado. A pesar de que la costumbre lo había hecho dejar de pensar en el tiempo, sabía que llevaban una semana ahí abajo. Y cual si lo hubiese invocado, a los pocos segundos el otro individuo abrió la puerta tras golpear. Intercambiaron una mirada silenciosa y finalmente Kanon bostezó, Dégel hizo un gesto y desapareció por el corredor.
Mientras se vestía, el general de dragón marino volvió a pensar en todo lo que habían hecho en los días anteriores y se dio cuenta de que la existencia de aquel hombre sí iba a resultar útil.
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Al empezar la segunda jornada, había decidido averiguar un poco más de su no-invitado y se había topado con la sorpresa de no encontrarlo en la habitación. Embargado por un mal presentimiento, había comenzado a buscarlo por todos lados, preguntándose cómo había sido tan inocente como para bajar la guardia de ese modo. Si él lograba salir de ahí, podría echar su plan perfecto al suelo en un parpadeo, y ¿qué le garantizaba que no supiera cómo salir? No sabía nada de él, tal vez Dégel recordaba algo de lo sucedido doscientos años atrás, tal vez ya estaba rumbo al Santuario…
No. Estaba justo ahí, en 'la cocina', de pie y observándolo con aquella mirada serena e indescifrable que casi le parecía una burla. En sus manos pálidas sostenía un viejo trasto y sobre una de las maltrechas superficies descansaba otro que humeaba apaciblemente.
- Buenos días, ¿sucedió algo? –
Había preguntado el de cabellos verdes, de un modo tan despreocupado que por poco no hizo al de ojos añil sentirse avergonzado. Antes de que pudiera decir cualquier cosa, Dégel ya le estaba extendiendo el otro recipiente que, para sorpresa del general, contenía algo.
- Es solo agua caliente.-
No había terminado de sospechar lo suficiente cuando su cuerpo actuó por voluntad propia y recibió el trasto. Y seguía sin estar convencido cuando el agradable calor recorrió todo su sistema y lo hizo cerrar los ojos y estremecerse. El primer bocado en ¿meses?, si es que podía considerarse uno. Pese a sentir agradecimiento, lo que salió de su boca inmediatamente después no fue un cumplido.
- ¿De dónde la has sacado? –
El paladín secular no se inmutó, dejó su recipiente a un lado y juntó ambas manos frente al más joven. Kanon vio como sus facciones se tensaban en reflejo de un intento por hacer algo y como, segundos después, un breve fulgor de cosmos era perceptible. Duró apenas unos segundos, tras los cuales su análogo dio la impresión de haberse agotado; luego de todo ello, levantó la diestra y dejó ver sobre su zurda una esfera de hielo. La mirada atónita del gemelo malvado dijo más que su voz y el centenario hombre corroboró las sospechas:
- Esto es lo que puedo hacer con mi cosmos, aunque apenas ha dado indicios de regresar y aún requiere de un gran esfuerzo.-
A los ojos de Kanon, Dégel había ganado medio punto de relevancia.
Ese mismo día, el arconte de acuario mostró más disciplina de la esperada y el de géminis no se permitió ser menos. Bajo la sugerencia del peliverde, ambos habían emprendido la misión de elaborar el primer mapa de Atlantis. Y si el más joven había tenido dudas sobre cómo hacerlo, agradeció no haberlo hecho evidente antes de que el mayor hablara, pues su orgullo habría quedado dañado por no ocurrírsele a él la idea de dibujar en la tierra.
Estuvieron concentrados en esa única tarea durante todo el segundo día y ni siquiera lograron terminar. El más sabio de su generación había sugerido que cada uno siguiera una dirección diferente, pero el pernicioso dragón marino había refutado que lo mejor en esa circunstancia era que permaneciesen juntos aunque tomara más tiempo, puesto que jamás sabían qué iban a encontrar. La verdad era que el marina estaba aún muy lejos de dejar que su 'aliado' recorriera solo la que habría de ser su prisión. No le convenía en absoluto que Dégel llegara siquiera a sospechar de la existencia de los accesos y salidas de Atlantis antes de que él los descubriera todos. No podía permitirse perder el control de la situación ni siquiera un poco. Y lo mejor de todo era que su prisionero parecía no tenía la menor sospecha y encontraba razonable cada una de sus objeciones.
La misión llegó a término cuando el cielo oceánico oscureció y el estómago del marina empezó a gruñir. Solo en ese momento el de cabellos celestes reparó en que llevaban dos días en ese sitio y solo habían bebido agua. El francés no había hecho ningún comentario ni había dado señales de estar hambriento.
- Iré a la superficie a buscar algo de comer.- Había dicho al llegar ambos al pilar del atlántico norte y justo antes de girarse para estarfrente al más alto.- Por favor, dame los anteojos.-
- ¿Los anteojos? – La expresión serena y confundida del galo hizo al griego sentir satisfacción, algo que por supuesto no reflejó en su voz seria y su media sonrisa al contestar.
- Sé que no te conozco demasiado, pero sé que lo hago lo suficiente como para sospechar que estarás tentado a subir en cuanto estés solo. Sé cómo funciona la mente. Así que, por favor, comprende que intento protegerte de tu propia curiosidad: el mundo es peligroso. Las personas como tú son muy vulnerables y que seas un santo no te vuelve una excepción. Eres mi aliado y un superviviente de la guerra santa anterior; mi deber es ayudarte, incluso si es contra ti mismo.-
A Kanon no le molestaba desperdiciar saliva en discursos como aquellos, así como tampoco escatimaba esfuerzo alguno a la hora de hacer gestos que volvieran infalible a su actuación. Después de todo, siempre se veía recompensado con las respuestas de Acuario, justo como en ese instante.
- ¿A qué te refieres con 'personas como yo'? – Inquirió el de ojos amatista, entregándole las gafas de todas formas. Cuando sus ojos estuvieron cerrados, el gemelo sonrió.
- A personas honradas y dispuestas a ayudar a los demás. Hay seres despiadados que se aprovechan de ellos de las formas más terribles, Dégel.- Contestó él, con verdadera impotencia en el rostro.
- Tú también eres honrado y estás dispuesto a ayudar a los demás.- Acotó el mayor mientras caminaba hacia su habitación ya sin ayuda de dragón marino y haciendo uso de su buena memoria. Kanon lo acompañó solo hasta la puerta.
- Lo soy, pero hay una gran diferencia entre tú y yo.- Dijo mientras observaba al de acuario quitarse los zapatos y voltear hacia él para atender.- Yo crecí en este mundo y ya he sido traicionado por mis camaradas.- Instantes después, el dragón se alejaba por el pasillo, dejando a un acuariano pensativo.
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El tercer día no había sido demasiado diferente. Kanon había conseguido provisiones y había empleado varios minutos para explicarle a Dégel cómo era que el agua se mantenía caliente durante tanto tiempo en los termos y que las cosas en caja no eran falsas. Mientras el dragón marino bebía su té con gusto, se percató de que el francés mantenía la taza entre sus manos durante largo rato. Justo como el trasto del día anterior.
- ¿Sucede algo? –
- No ingiero nada caliente.-
Una respuesta del tipo que solía dar el más alto, precisa y concisa, pero que seguía siendo demasiado acotada para satisfacer a Kanon. No obstante, era la justificación perfecta para dar inicio a una conversación que les permitiera a ambos conocerse y a él obtener mayor información acerca de su prisionero. Y bien sabía él que información era igual a control.
- ¿Por qué no? – Incitó al otro a explayarse, con voz curiosa y atenta. Al de acuario eso pareció agradarle.
- Porque mi temperatura corporal es más baja que la normal como resultado del entrenamiento que seguí para convertirme en caballero. Beber algo caliente sería atentar contra mi naturaleza y podría ser perjudicial.-
Aclaró con un tono docente que no daba lugar a dudas y, por fin, conformó al geminiano. Aquello era importante; se aseguraría de no olvidarlo. Él no contestó más que con un asentimiento y prosiguió con el desayuno ya acompañado del ex acuario. Algunos minutos después, fue este último el que abrió la conversación.
- ¿Vas a la superficie a través de las dimensiones? –
La pregunta fue tan repentina y certera que hizo al aludido atragantarse con el té antes de mirarlo con desconcierto y algo de tensión.
- ¿Disculpa? –
- Esa es la característica de los caballeros de géminis. Aunque aún eres joven, ya debes ser capaz de manejar tus habilidades.- Sentenció con tal firmeza que Kanon supo que no tenía oportunidad de fingir en ese aspecto. Lo que significaba que no le quedaba mayor remedio que confesar, por mucho desagrado que le provocara la verdad.
- No tanto como desearía. Hubiera escapado de Cabo Sunion a la primera oportunidad, ¿no lo crees? –
- ¿Saga es mejor? – Inquirió. El gemelo apretó la mandíbula al oír el nombre de su hermano salir de los labios del francés.
- Saga podía entrenar mucho más que yo. Yo debía limitarme y evitar ser visto; nadie sabía que él y yo éramos hermanos.-
- Ya no debes preocuparte por eso.- Afirmó el contrario, tan indolente a la desgracia ajena que obligó al menor a deshacerse del exceso de actuación.
- ¿Qué dices? – Y la mirada de determinación que recibió antes que la respuesta lo dejó sin habla.
- Eres Kanon de Dragón Marino y líder del ejército de Poseidon: debes estar a la altura de tu rango y de tus sueños.-
Esa vez, fue el de las gafas el que no dio continuación a la charla para acabar con el desayuno, pero el gemelo agradeció el gesto, pues aquella simple oración le había dado material para pensar y darse cuenta de cuánta razón tenía el maestro del hielo. Era cierto; tenía un sueño y no podía relajarse, debía ocupar cada segundo de los años de los que disponía para mejorar, para superar a Saga y obtener su venganza. En silencio, le dio las gracias al acuariano por haber revivido la motivación que había fundado en el odio.
Tras el primer desayuno digno en siglos y meses respectivamente, ambos retomaron el trabajo dejado a medias el día anterior. Para contento del más alto, Kanon los había abastecido con material para hacer una labor decente: grandes pergaminos y bolígrafos que lograron absorber una vez más la atención del hombre más viejo. Al dragón le causaba una mezcla de lástima y risa el ver con cuanta pasión su prisionero absorbía el conocimiento de todo lo nuevo que lo rodeaba. Seguramente pasaría días completos encerrado y leyendo si le llevaba una enciclopedia o el manual de un televisor… Se detuvo. Dejó de moverse tanto en pensamientos como físicamente y se ganó una mirada contrariada de parte del que ocupaba su cabeza en ese momento. Una sonrisa de victoria curvó sus labios y, mientras se felicitaba por ser un genio, acortó distancias con el inocente individuo.
- ¿Te agrada leer? –
El destello de interés que había cruzado la mirada amatista fue todo lo que necesitó para reafirmar que lo tenía en la palma de la mano. Le sirvió de tópico para conversar en las horas que siguieron, mientras el mapa de Atlantis cobraba forma y ellos mismos ampliaban sus horizontes. En dos días, registraron los siete pilares oceánicos, el pilar principal, el templo de las escamas y el sitio que, según suponían, debía ser el hogar de los soldados de menor rango. Un arduo trabajo que Kanon plasmó sin problema en papel bajo las excelentes indicaciones del descendiente de Ganímedes*.
El océano volvía a cambiar de tonalidad cuando dieron por terminado el trabajo grueso y decidieron regresar al templo que custodiaba Kanon. Llevaban algunos minutos sin hablar, el más bajo concentrado en hacer una lista mental de todos los libros que pudiera conseguir para mantener entretenido a su aliado: lo suficiente como para que no tuviera tiempo de pensar en la superficie. Mientras más tuviera que hacer en Atlantis, más se acostumbraría a considerar ese su único mundo. Estaba tan sumido en la lista que se percató de que caminaba solo únicamente porque percibió un avanzar precipitado en el sentido contrario. Al reaccionar, vio que Dégel se alejaba corriendo hacia un punto que no habían revisado antes y otra vez sintió que se le apretaba el estómago y todos sus miedos le martillaban la cabeza. Se apresuró a seguirle el paso lo mejor que pudo y fue entonces que cayó en cuenta de que la condición física del erudito seguía siendo excelente. Estuvo tentado a gritarle, pero algo en el escenario delante de él generó la curiosidad suficiente como para permanecer en silencio. El de larga melena verde fue disminuyendo la velocidad hasta detenerse frente a lo que a Kanon le había parecido extraño segundos antes: Una imponente columna de hielo.
No era como si llevasen demasiado tiempo de conocerse y aún así no dejó de ser sorprendente: esa era la primera vez que veía a Dégel con una expresión tan sorprendida y desolada. Y deseó saber por qué.
- ¿Sabes qué es esto? - Ahondó con cautela fingida y real, acercándose un paso más.
- Sí.- Susurró el otro arconte sin mirarlo. Acortó la distancia con el pilar gélido y apoyó una mano en la superficie.- Lo hice yo.-
No se esperaba una respuesta así, por lo que tardó unos segundos en procesar y entender el por qué y el cómo. Sus ojos se abrieron profusamente al dar con una primera suposición y esa misma mirada le dirigió al galo.
- ¿Lo hiciste en la guerra santa anterior? –
Solo recibió un asentimiento vago. Era evidente que acuario se estaba enfrentando a una situación delicada. Así como era evidente lo poco que le importaba al general y lo mucho que le impacientaba una escena tan patética.
- Dégel… ¿qué fue lo que sucedió hace doscientos años? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Sabes lo que hay detrás de esa columna? – Trató de sonar lo más comprensivo y cuidadoso posible, mas el onceavo caballero tardó varios segundos en hablar.
- Sepultada bajo el hielo hay una puerta que llevaba… a Bluegard. Yo la cerré, Poseidon no debía salir.- La angustia que hasta hacía pocos segundos dominaba su rostro desapareció bajo una lúgubre seriedad. La elegancia que Kanon había percibido durante esos dos días no se volvió a presentar; el de cabellos esmeralda apartó su mano y se alejó en silencio, sin siquiera volver la mirada. Tan brusco fue el cambio que dragón marino percibió por primera vez el aura helada de su compañero.
Quizás no era buena idea mencionar el tema en un tiempo, se dijo antes de seguirle el paso y luego se aseguró de recordar que debía examinar con más cuidado aquel monumento.
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A pesar de que era casi asumida la costumbre de ambos de no comer demasiado, el que Dégel llevara varias horas encerrado no significaba nada bueno. No le convenía en absoluto que su atajo al éxito se debilitara, debía mantenerlo en condiciones óptimas si pretendía conservarlo y sacarle provecho. Por esa razón, luego de comer preparó una bandeja con algunos bocadillos y se presentó en la habitación ajena con la mejor disposición que logró fingir. No hubo respuesta, pero el seguro no estaba echado así que se excusó antes de entrar de todas formas. El francés mantenía la mirada en la ventana y, pudo adivinar, en dirección a la tumba de la chica.
- Te traje algo.-
- No pretendes dejar que regrese a ese sitio por mi cuenta, ¿no es así? –
- Sabes por qué lo hago.-
- Quiero destruir ese pilar; no por rechazar tu intención de mantenerme a salvo.-
- ¿Por qué entonces? –
- Quiero convencerme de que hice lo correcto.-
- No me opondré a tus deseos, Dégel. Si es algo importante para ti, adelante. Comprende que no quiero que sucumbas a la curiosidad solo porque es peligroso.-
Por fortuna, su actuación había sido convincente y pronto el onceavo santo se resignó a comer lo que le había ofrecido.
Él quería hablar de otro asunto que había considerado mientras estaba solo; no obstante, decidió dejarlo para después. Ganarse la confianza del galo también incluía ser comprensivo, aunque tuviera que morderse la lengua a cada instante. Se despidió cuando la bandeja estuvo vacía y volvió a su habitación a descansar. Ser bueno era más agotador de lo que pensaba, pero la motivación de ver sus sueños realizados y la satisfacción de manipular a aquel sujeto eran todo lo que necesitaba para seguir adelante.
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Llegó el cuarto día y con él aparecieron ciertos detalles de los que el adolescente jamás en su vida se hubiera acordado de haber estado por su cuenta. Pero no estaba por su cuenta; había un tipo que, pese a solo ser siete años mayor, tenía el espíritu de un adulto. Y la peor clase de adulto: el hacendoso.
El período de adaptación del peliverde era de tres días, al parecer. Aparte de levantarse temprano y obligarlo a él a lo mismo solo por orgullo, nada más terminar el desayuno levantó los trastos y los llevó a la cocina. Despejó la mesa y se detuvo frente al de cabellos celestes (quien había empezado a acomodarse para la siesta post-desayuno) con la sugerencia más insólita de la vida. Al menos para Kanon.
- Hay que acondicionar la Atlántida.-
Un profundo, profundo y largo silencio se extendió por la habitación en tanto el griego salía de su ensueño y miraba al francés con una sonrisita a la espera de que se encogiera de hombros y confesara que solo había querido ver su expresión. Pero nada de eso ocurrió. Porque Dégel no era del tipo que bromeaba y su expresión seria confirmaba lo absurdo de sus palabras.
- ¿Ah? –
- No podemos preparar un ejército en un lugar que no esté en óptimas condiciones. Es necesario quitar el polvo y los escombros y limpiar en profundidad. En algún momento comenzarán a llegar los otros generales y los soldados y es de primera necesidad que cuenten con instalaciones decentes.-
- ¿Que acaso no pueden arreglárselas ellos mismos? Estamos hablando de un ejército, no de un montón de señoritas que llegarán a un hotel. Yo no voy a mover un de- -
- Eres un pésimo líder.-
Acuario cortó la discusión de un modo tan brusco y directo que, aparte de dañar el ego del general por lo de pésimo líder, casi le ocasionó un infarto cuando dio la vuelta y se alejó a paso imponente hacia la salida. Porque para 'hacerse cargo' necesitaba cosas… que solo podía conseguir en la superficie.
- ¡NO! –
Chilló. Todo el sueño que tenía se esfumó y se levantó de golpe de la mesa; se le enredaron los pies y soltó un improperio mientras corría hacia el exterior, tan solo para encontrarse a un sereno Dégel apoyado contra el pilar, observándolo con algo parecido a una sonrisa.
- Serán necesarias algunas escobas y otros implementos de limpieza que haya en esta época.- Añadió con toda seguridad. Kanon sintió que sus mejillas enrojecían.
- Maldita sea, me estás tomando el pelo.-
- Te ayudo a mejorar. Si no deseas que vaya a la superficie…-
- Ya, ya. Hemos hablado de eso lo suficiente. Traeré lo que necesitas, pero debes saber que sigo sin entender por qué debemos hacer esto.-
- No tienes que hacerlo si no quieres. Yo me haré cargo.-
- ¿Por qué actúas así? –
- Todos deberemos ayudar en lo que podamos. Si tú consigues al ejército de Poseidon arriesgándote ahí afuera, yo te ayudaré aquí.-
No entendía por qué, pero cuando de argumentar se trataba, Dégel siempre terminaba teniendo la razón. Y, al menos en aspectos prácticos, no le molestaba que así fuera.
Dragón del mar se marchó sin olvidar llevarse las gafas ajenas.
Al regresar, el de ojos amatistas volvió a ensimismarse en los objetos del nuevo mundo. Al percatarse de cómo se fruncían sus cejas al leer la etiqueta de una botella de líquido para limpiar pisos, Kanon añadió un libro de química a su listado mental.
La segunda misión importante luego de hacer el mapa de Atlantis fue adecentar todas y cada una de las dependencias. En un principio había decidido no mover un dedo, pero la ferviente negación a dejar a su prisionero solo había bastado para arrastrarlo a ser su escolta y, finalmente, había terminado por resignarse a ayudar. No podía ser menos que aquel vejestorio, demostraría su integridad fuera al precio que fuese. Pero jamás en su vida había tomado una escoba y se sintió realmente torpe al ver que Dégel, doscientos y varios años más viejo que él y ajeno a esa época, se manejaba con absoluta experticia.
Fueron pilar por pilar llevándolo todo de regreso a la vida. Removieron escombros y limpiaron lo poco y nada de mueblería que encontraron en cada sitio. Abrieron ventanas y arrasaron con el polvo.
Necesitaron de otros dos días para poner a punto el núcleo del ejército de Poseidon.
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Al despertar de la sexta jornada, Dragón marino sentía dolor en músculos que no sabía que existían y maldijo a todos los dioses por haber enviado semejante ayuda. ¿En qué momento había aceptado rebajarse de futuro dueño del mundo a un quita polvo? Era inconcebible. Y siguió convenciéndose de eso hasta que el de ojos amatistas, fresco como una lechuga, apareció en la habitación con otra propuesta. Más bien, una sorpresa.
- Acompáñame.-
Sin esperar una respuesta, se había marchado. Por supuesto, Kanon lo siguió a los segundos, reacio a dejarlo solo demasiado tiempo. Sobreponiéndose a las molestias llegó a la salida de su pilar y descubrió a su aliado de pie frente a un enorme cerro de escombros. En realidad, todos los desperdicios materiales que habían sacado estaban acumulados ahí, mano y obra del propio erudito.
- ¿Qué significa esto? –
- Hazlos desaparecer. –
¿Sugerencia? ¿Orden? Fuera del modo que fuese, la fatiga del marina sucumbió al desafío y su expresión cambió. No necesitaba armar otra discusión para entender el significado de esas palabras. Dégel de Acuario lo estaba obligando a empezar su entrenamiento justo ahí.
Por su papel como líder; por sus sueños.
Por la venganza.
Así había comenzado a fortalecerse. El día seis había sido destinado al entrenamiento. En algún punto, el de ojos celestes incluso llegó a creer que el aguador estaba más motivado que él. Tal vez esa noción lo había hecho acceder inconscientemente a que su prisionero dirigiera su primer entrenamiento. También comprendió que la limpieza que habían realizado en los días previos le había servido de acondicionamiento. Dégel era un peleador eficiente y estricto, pese a que el primer combate cuerpo a cuerpo fuera suave. La experiencia le ganó a la impulsividad y el marina acabó en el piso varias veces antes de asestar el primer golpe. El arconte de Acuario había optado por alternar la pelea con el manejo de cosmos:un buen método para manejar la frustración del más joven por no poder abrir las dimensiones aún.
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Al final del día, la montaña de escombros seguía ahí, intacta. Pero estaba demasiado cansado como para protestar. Por el otro lado, Dégel empezaba sentir con mayor fuerza su cosmos, aunque no hizo mención de ello.
Así había llegado el día siete.
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Kanon abandonó la habitación vestido para el entrenamiento y vio a Dégel ya desayunando una manzana y la taza de té. Lo cierto es que estaba ya impaciente por practicar y mandar al diablo el montón de escombros, pero había otro asunto que debía hablar con el aguador. Dio el primer sorbo a su taza y suspiró antes de hablar con cierta motivación.
- Dentro de poco empezaré a buscar a nuestro ejército.- Señaló, mirando atentamente las orbes amatista.
- Confío en que haya quienes deseen unirse a la causa. Procede con cuidado.-
- De eso me encargo yo. Ahora necesitamos elaborar una historia.-
- ¿Historia? –
- Piénsalo. Bajo ninguna circunstancia podemos decir que estamos vinculados al Santuario. Poseidón y Atenea son enemigos; si saben que el hermano del caballero de géminis y el caballero de acuario de la guerra santa anterior los están liderando, jamás confiarán en nosotros. Nunca debes mencionar tu edad real. A nadie. ¿De acuerdo? A partir de ahora el pasado queda atrás.- Quisiera o no, aquello lo decía con plena sinceridad.
- ¿Qué sugieres que haga yo? – El francés no objetó. La pregunta dejó un espacio en que Kanon solo sonrió confiado.
- Ya lo he pensado. Serás mi teniente y el guardián de Atlantis: serás mi Leviatán*.-
No había más que decir.
En el día siete, Kanon de Dragón Marino declaró el inicio de la formación del ejército y nació Dégel de Leviatán. El pasado sería un secreto. El general determinó que le correspondía la misión de vigilar el templo de las escamas y que sería el encargado de entrenar a los hombres del ejército mientras él se dedicaba a buscarlos. Ya que había aceptado permanecer abajo, sería su mano derecha en serio. Como era de esperarse, Dégel aceptó.
Además, otras dos cosas importantes ocurrieron ese día: Por fin, Kanon logró dar vida al Triángulo dorado e hizo desaparecer los escombros y Dégel, habiendo recuperado la totalidad de su cosmos, tuvo la entereza de hacer estallar por los aires el último vestigio de su vida pasada: el pilar de hielo de doscientos años. Aunque, para sorpresa de ambos, nada ocurrió al caer la lluvia de cristales. Solo quedaron astillas de la puerta y un silencio inquietante. Hubo una mezcla de decepción y amargura en Dégel al ser testigo, pero pronto se convirtió en resignación y, finalmente, paz. No había modo de volver a Bluegard. Si esa era la respuesta, no tenía sentido seguir pensando en ello.
Cada uno se sintió conforme al superar su desafío Y aunque aún quedaba mucho por mejorar, el de Leviatán era testigo de como el Dragón marino comenzaba a comportarse más como un líder.
Ya estaban preparados para dirigir al ejército de Poseidon.
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*Descendiente de Ganímedes: No es precisamente que Dégel lo sea; sino más bien es otra forma de referirme a su puesto como guardián de la casa de Acuario. Como se sabe, esta constelación está inspirada en Ganímedes; copero y amante de Zeus.
*Leviatán. Para ser honesta, estuve pensando mucho en la 'nueva identidad' que le correspondería adoptar a Dégel. No, no consideré a Cthulhu. (?) Pero sí me di un paseo en varios sitios relativos a criaturas y deidades marinas. Al final, escogí al Leviatán porque leí en un sitio que a este lo había creado dios para jugar con él. ¿No suena como el motivo por el que Kanon dejó con vida a Dégel? *Sobs* En fin.
Continuando con las aclaraciones: Lamento si parece mucho relleno para la parte interesante que es lo relacionado a los otros marinas. También me disculpo si pese a lo largo el capítulo nuevo estuvo flojo. Tuve muchas dificultades para llevarlo a cabo y cuando dispuse del tiempo, estaba muy muy enferma. A medida que avance se irá poniendo mejor, lo prometo. :'D Denle una oportunidad si han quedado disgustados con esto.
Otro problema que encontré fue relativo a las edades. Sorrento no puede ser el primero en llegar porque, jo, estaría en pañales. Así que haré uso de la magia del cine y verán lo que sucede en el próximo episodio. El orden de aparición de los generales será el siguiente:
- Krishna
- Baian
- Io
- Sorrento
- Isaac
- Kaza
Ya estoy avanzando en el capítulo de Krishna, afortunadamente. :'D
Me disculpo nuevamente y agradezco a mis lectores. ¡Hasta la próxima! (Espero no tardar tanto esta vez)
G.A.
