16º Anticipándose al enemigo
Tal como habían acordado, Leah hizo llamar a la familia Cullen a su presencia, ellos acudieron sin hacerse esperar, algo sorprendidos por ello. Al llegar se sorprendieron más al ver que no eran conducidos a la sala de audiencias como era costumbre, sino al salón particular de la reina.
-Sentaos, por favor- Les indicó la reina Leah al tenerlos delante- Me alegro mucho de volver a verlos.
-Es todo un placer, alteza- Le aseguró Carlisle- Siempre es un honor ser recibidos por sus majestades.
-Doctor Cullen, siempre tan atento.
-Alteza, perdonad mi curiosidad pero, ¿podemos saber por qué nos habéis llamado?- Preguntó Esme, algo nerviosa- No parece que haya nadie enfermo que necesite de la ayuda de Carlisle, y mucho menos de toda la familia.
-Qué observadora- Le sonrió- Tenéis toda la razón, no hay nadie que precise los servicios del doctor o ninguno de los presentes- Todos se miraron sin comprender- Sin embargo, hay un tema que os concierne a todos- Les miró fijamente- El matrimonio de la princesa Isabella, la prima de mi esposo y heredera de Carmody, con Edward, el menor de la familia Cullen.
-¿Cómo sabéis eso?
-Mi esposo y yo estamos al corriente del matrimonio- Les informó- Al igual que de la historia de la familia- Miró a Esme- Así que no creo equivocarme si digo que Edward Cullen es el auténtico heredero de Masen, ¿verdad señora Masen?
-¿Me ha llamado señora Masen?- Esme palideció al ver como la reina Leah asentía- Os lo suplico, alteza, dejad que Edward viva al margen de todo, yo sufriré cualquier castigo que queráis imponerme, pero no lo hagáis desdichado a él también.
-Mi querida señora, no pretendía asustaros al revelaros que poseo el conocimiento de vuestra historia, todo lo contrario, mi esposo y yo esperamos la visita del rey William de Carmody para tratar este asunto, y con ello, salvar la vida de la princesa Isabella y la de Edward.
-¿Es que acaso no estáis enfadada?
-¿Enfadada?- Rio alegremente- ¿Por qué iba a enfadarme?- Miró a Esme- Yo soy la princesa heredera de Thunder, mi esposo consiguió sacarme de allí a tiempo y me desposó, salvando así mi vida de los señores de Thunder- Le tomó la mano- Se como os sentís, y tanto mi esposo como yo misma hemos decidido que ha llegado el momento de acabar con la tiranía de los señores de Thunder y devolver la paz al reino.
-¿Eso quiere decir que nos ayudaréis?
-Así es, doctor Cullen- Le dedicó otra sonrisa- En cuanto llegue el rey William en unas semanas decidiremos que hacer- Les miró a todos- Y os he hecho llamar, no solo para contaros esto, también porque necesito que hagáis llegar un mensaje a Edward y a la princesa- Todos quedaron expectantes- La princesa no puede ser vista hasta que todo haya acabado, de lo contario correrá un grave peligro.
-Majestad, ninguno sabemos dónde están escondidos, no podemos comunicarnos con ellos.
-Pues esperemos que no se les ocurra acercarse por este reino durante el tiempo suficiente.
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El conde Masen estaba furioso, por más que la habían buscado, no había señales de Isabella de Carmody en todo el reino de Thunder, tras dos meses de búsqueda exhaustiva, ni una sola señal de ella. El jefe de la guardia de la princesa se había ofrecido a ayudarlos en la búsqueda, lo que demostraba que estaba tan consternado como él por la desaparición.
Furioso, decidió ampliar el radio de búsqueda, así que organizó a los señores de Thunder, y a sus hombres, que aunque no eran muy numerosos, eran muy agresivos y eficaces, y junto a Jasper y los hombres del séquito de la princesa, emprendieron el vieja hacia las tierras de Eredian, dispuestos a buscarla en cada hogar, si era necesario.
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El rey William cabalgaba presuroso por los caminos de Eredian, hacía apenas un día que habían traspasado la frontera del reino, y aun les quedaban algunos días de viaje, pero esperaba llegar lo antes posible para poder planear junto a su sobrino un plan de contraataque y estar preparados para la visita de los señores de Thunder.
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Junto al mar, en las afueras del reino de Eredian, en un terreno que no era de nadie, Edward terminaba de dar los últimos golpes con el martillo al último clavo que quedaba para dar por terminada la casa que llevaba construyendo para ellos desde que se habían casado.
Habían pasado varios meses desde aquello, meses en los que apenas se había acercado a cualquier pueblo, tan solo lo necesario para poder comprar provisiones y materiales, por lo demás, Bella y él vivían apartados de todo, y de todos, sabiendo que si se dejaban ver podrían encontrarlos.
Bella llevaba unos cuantos días un poco distinta, siempre se excusaba en el nerviosismo, tras dos meses de estar allí, ella estaba segura de que los señores de Thunder estarían al tanto de su desaparición, había medio mes de viaje desde el pueblo hasta la mansión de lord Masen en Thunder, y por mucho que Jasper consiguiera retenerlos un tiempo, tras dos meses estaba segura de que estarían buscándola, incluso era posible que ya hubieran emprendido el viaje hacia Eredian, convencidos de que podía ocultarse allí.
Pero a pesar de esa excusa, Edward podía ver que le ocurría algo más, aunque no llegaba a entender que era. Bella estaba algo distante, parecía estar algo distraída, como si tuviera la mente en otro lugar.
Al principio no quiso darle importancia, después de todo, ella había tenido que hacer un gran cambio en su vida para poder estar juntos, pero con el transcurso de los días, empezó a temer que ella estuviera arrepintiéndose de haberse casado tan repentinamente y haber huido. Por esa razón, esa tarde, tras terminar de adecentar la casa para poder habitar en ella, Edward tomó las manos de Bella y la llevó hasta la entrada, la sentó en el porche y le tomó las manos.
-Bella, necesito que seas sincera conmigo- Ella asintió, sin comprender que le ocurría- ¿Eres feliz aquí conmigo?
-¿A qué viene esa pregunta, Edward? Claro que soy feliz.
-Es que… Estos últimos días he notado que estás… Rara.
-¿Rara?
-Sí, no sé cómo explicarlo- Bajó la mirada y suspiró sonoramente- Pareces distraída, distante…
-Mi estado de ánimo no tiene nada que ver contigo- De pronto se sonrojó- Bueno… Si tiene que ver contigo… Quiero decir…
-¿Tiene que ver o no?
-Sí, en realidad, si tiene que ver- Edward cerró los ojos con fuerza- ¿Por qué no me has dicho que ocurría algo? ¿Por qué no confías en mí?
-Si confío en ti, es solo que no sabía cómo decírtelo.
-¿Decirme qué?- Edward se tensó, pensando lo peor- ¿Qué no quieres estar aquí conmigo? ¿Qué te arrepientes de haberte casado conmigo?- Se levantó y le dio la espalda- No voy a retenerte en contra de tu voluntad, si quieres irte puedes hacerlo- Empezó a caminar, alejándose de ella.
-¿Por qué dices esas cosas?- La voz de Bella era llorosa- ¡No quiero dejarte!- Edward no se giró, siguió caminando- ¡Maldita sea, Edward! ¡Estoy embarazada!
-¿Qué?- Se quedó parado, incapaz de creer lo que acaba de escuchar.
-Jamás ha estado en mi mente dejarte, tú eres lo mejor que me ha sucedido jamás, y estar en este lugar tan tranquilo, tan hermoso, y poder compartirlo contigo, es un sueño hecho realidad- Bella lloraba desconsolada- Y si no te he dicho antes lo del embarazo, no ha sido por falta de confianza, ha sido por temor a que tú te alejaras de mí.
Edward se giró hacia ella, contemplando su rostro lleno de lágrimas, enrojecido e hinchado por el llanto, lentamente se acercó a ella. Bella pensó por un momento que él iba a abofetearla y gritarle, pero ocurrió todo lo contrario, la abrazó con fuerza y besó sus labios.
-¡Oh, vida mía!- Empezó a llorar él también- ¡Qué idiota he sido al decirte esas cosas!- Se apartó un poco de ella, tomó su rostro entre sus manos y la miró a los ojos- ¿Cómo iba a alejarme de ti por algo así?- Los dos sonrieron- Es la noticia más maravillosa que podías darme.
-¿De verdad lo piensas?
-Sí, de verdad lo pienso- Volvió a besarla- Es una bendición, una señal que nos manda el cielo para decirnos que hemos hecho lo correcto, que tú y yo estamos destinados a estar juntos.
-Edward- Bella se colgó de su cuello- No sabes lo feliz que me siento al poder compartir mi felicidad contigo- Apoyó su mejilla en el pecho de Edward- Tenía miedo a que no lo quisieras.
-Es nuestro hijo, Bella, como no iba a quererlo- Le devolvió el abrazo, sonriente, sintiéndose flotando en una nube- Jamás dudes de mí, te quiero por encima de todo, y amaré a nuestros hijos con todo el amor del que dispongo.
-¿Deseas muchos hijos?
-No me molestaría tener tres o cuatro correteando por aquí- Bella rio ante su comentario.
-A mí tampoco.
Ahí abrazados se quedaron, sonriendo, felices, ajenos a todo lo que ocurría en los tres reinos.
Hola a todos, siento mucho el retraso, pero ya estoy aquí con un nuevo capítulo.
Se que no es muy largo, pero creo que tenía que dejarlo así, después de todo, va a empezar la verdadera acción y creo que es necesario dejar explicado todo antes de ello.
Como veis, esta vez han salido Edward y Bella, pero vuelvo a repetirlo, aunque esta parte de la historia trate de ellos, no es necesario que aparezcan en todos los capítulos, sobretodo cuando hay que explicar cosas que ocurren en su ausencia. Pero bueno, tenía pensado poner esto en algún momento, así que me he decidido a ponerlo aquí.
Ahora bien, tengo algunas dudas sobre el porvenir de la pareja, está claro que Bella tiene que permanecer escondida hasta prácticamente el final, pero ¿y Edward? ¿Lo hago volver por alguna razón? Él no sabe nada de su origen, pero cuando el conde Masen vea a Esme sabrá que él está vivo... ¿Qué me decís? ¿Lo hago volver y dejo aparte a Bella o no lo hago volver y que al ver a Esme lo busque y los encuentre a los dos?
Espero vuestros comentarios con ganas.
Nos leemos
