18º Aflorando el odio
Esme cabalgó sin descanso hacia las afueras del pueblo, los hombres del rey Jacob estaban apostados a lo largo del camino que se extendía fuera del pueblo, con Carlisle y Emmet entre ellos.
-¡Esme! ¡Detente!- Escuchó muy cerca de ella- ¡Solo quiero hablar!
Internamente se rio, ese hombre no sabía lo que era el diálogo, siempre se lo había demostrado, el único lenguaje que conocía era el de la violencia, y no pensaba volver a dejar que él le pusiera un dedo encima.
Por fin traspasó la última casa, pero no se detuvo, continuó, temiendo que si paraba él la alcanzara. Escuchó como los hombres del rey Jacob se abalanzaban sobre los hombres de Masen, pero también escuchó como él seguía tras ella, nadie había conseguido interceptarlo. Asustada y temiendo lo peor, decidió seguir cabalgando, con la esperanza de que, en algún momento, perdiera su rastro.
Carlisle y Emmet los vieron pasar, intentaron llegar al caballo del conde Masen e interceptarlo, pero él fue mucho más rápido, apenas se paró a ver que les sucedía a sus hombres, tan solo tenía ojos para Esme en esos momentos. Miraron a su alrededor, viendo que los hombres del rey Jacob lo tenían todo bajo control, al haberlos dividido el número era muy inferior y no tenían problemas para enfrentarse a ellos, así que los dos decidieron buscar dos caballos y salir en busca de Esme.
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Jasper encabezaba la marcha, habían escuchado sonidos de lucha no muy lejos del palacio del rey Jacob y se encaminaban hacia allí. Edward iba el último, pensativo y preocupado por la situación, deseando que Bella estuviera a salvo.
A pocos metros de ellos, Edward escuchó el sonido de caballos, los demás no parecieron notarlos. Paró su caballo y volvió a escuchar, intentando prestar más atención, y de nuevo volvió a escucharlos, no parecían más de dos o tres caballos.
No sabía porque, pero en su interior había algo que le decía que fuera al encuentro de esos caballos, así que sin decirle nada a Jasper, ni a ninguno de los demás, se dirigió hacia el origen de aquel ruido.
No pasaron ni cinco minutos cuando divisó el primer caballo, lo tenía de frente, y al ver quien lo montaba se puso lívido.
-¿Mamá?
-¡Edward!- Frenó en seco, viendo a su hijo- ¿Qué haces aquí?- No le dejó responder- ¡Márchate! ¡Él no debe verte!
-¿Quién?
-El conde Masen- Dijo nerviosa, mirando a su espalda, sabiendo que no tardaría en llegar a ellos- Escóndete, por favor.
-No pienso dejarte a su merced- Desenvainó la espada que Jasper le había dado al emprender la marcha- Ya es hora de que nos veamos cara a cara.
-No, por favor, no quiero que te haga daño.
-¡Y yo no pienso dejar que te dañe a ti!- Le gritó furioso- ¡Ya sufriste mucho por su culpa! ¡Se acabó! ¡No pienso dejar que sigas viviendo con miedo!- Se escuchó el galope de su caballo- Hoy va a saber quién soy yo.
Edward bajó de su caballo, ayudó a Esme a bajar del suyo y ambos quedaron a un lado del camino, segundos después apareció el caballo del conde, al principio le costó distinguir a Esme, debido a la velocidad, pero frenó y la miró fijamente.
-¡Por fin te has detenido! ¡Pensé que no lo harías!
-No lo he hecho por ti- Le aseguró, intentando ponerse frente a Edward y protegerlo.
-¿Por qué huyes de mí?- Intentó acercarse a ella- Solo quiero hablar.
-Los dos sabemos que tú no sabes hablar.
-Claro que sé, solo que no suelo hacerlo- Dijo con altanería- Esme, ¿por qué te marchaste?
-No podía permanecer a tu lado, sabiendo que ibas a dañar a mi pequeño si era una niña- Esme lo miró con furia destilando de sus ojos- Dices que no la hubieras dañado, y esa es una de las mentiras más grandes que has dicho.
-No la hubiera dañado, hubiera sido mi hija, si te dije todas esas cosas fue porque tenía que ponerte en tu lugar, siempre fuiste una revolucionaria- Sonrió, acercándose más a ella, pero Edward se puso entre los dos.
-No te acerques más a ella o te mataré.
-¿Tú? ¿Y quién te crees que eres para enfrentarte a mí?- Le desafió orgulloso.
-Soy Edward Cullen, hijo de Esme y Carlisle, casado con la princesa Isabella de Carmody.
-¿Hijo de Esme y Carlisle?- El conde miró a Esme- ¿Te has atrevido a estar con otro hombre? ¿Y a tener hijos con él?- El odio y rencor afloraron en su rostro- ¿¡Cómo te has atrevido!? ¡Tú eres mía!
-¡No soy tuya! ¡Nunca lo he sido!- Esme pasó por al lado de Edward y enfrentó al conde- Claro que he estado con otro hombre, uno que me ha amado de corazón, que lo ha dado todo por mí, y sí, tenemos tres hijos maravillosos, aunque ninguno sea de los dos, son hijos nuestros, de él y mío, porque nosotros nos amamos como pocas personas se aman en este mundo.
-¿Qué os amáis? ¡No digas tonterías! ¡No puedes amarle! ¡Tú eres mía!- La rabia corría por todo su cuerpo- ¿¡Y qué es eso de que ninguno es hijo vuestro!? ¿Os habéis dedicado a acoger niños durante estos años? ¿A eso aspiras? ¿A criar a un montón de niños bastardos y mediocres?
-¡No hables así de mis hermanos!- Edward cogió a su madre y la puso tras él- ¡Ninguno de mis hermanos es un bastardo!
-¿Y tú? ¡Tú eres el mayor bastardo que ha habido en la tierra!
-¡Soy tu hijo!- Le gritó, haciendo que el conde quedara mudo- Para mí desgracia, tu sangre corre por mis venas.
-¿Para tu desgracia?- Eso le había dolido- ¡Muéstrame más respeto!
-No te debo ningún respeto, puede que seas mi padre por sangre, pero jamás te querré como a mi padre ni te reconoceré como tal, mi único padre es y será siempre Carlisle Cullen.
-¡Eres mi hijo y harás lo que yo te diga, aunque lo tenga que hacer por la fuerza!
El conde Masen se abalanzó sobre Edward, y los dos empezaron un duelo de espadas bastante reñido, pero el conde Masen tenía más experiencia, por lo que fue ganándole terreno a Edward. Hasta que una voz los hizo parar.
-¡Esme! ¡Esme! ¿Dónde estás?
La voz era de Carlisle, que cabalgaba raudo seguido de Emmet, cuando llegó a donde ellos estaban, solo tenía ojos para su adorada mujer, ver que estaba bien le hizo no darse cuenta de que el conde Masen lo observaba detenidamente.
Emmet y Edward se miraron sonrientes, felices de ver a sus padres juntos, mientras Carlisle se acercaba a Esme con prisa. Ninguno estuvo pendiente de los movimientos del conde, que al ver como Esme lo esperaba ansiosa, fue hacia él y, con un ágil movimiento de muñeca, atravesó con su espada el costado de Carlisle.
Esme gritó desesperada, Emmet corrió hasta su padre, pero Edward tardó en reaccionar, se había quedado helado, había visto la escena a cámara lenta, y de igual forma, notó como lentamente subía la ira por su cuerpo. Desvió la mirada hacia el conde Masen, que reía triunfante. No pudo soportarlo, corrió hacia él y lo envistió, lanzándolo contra el suelo y rodando con él varios metros.
-¡Voy a matarte!- Gritó Edward, pegándole un puñetazo en el rostro.
Los dos habían perdido su arma, así que tan solo podían defenderse o atacar con sus propias manos. El conde quería devolverle los golpes, pero Edward pegaba muy duro y con mucha rapidez. En un intento por quitárselo de encima, consiguió apartarlo de encima de él.
-¡Maldita sea! ¡Yo soy tu padre! ¡Deberías respetarme a mí y no enfadarte porque acabe con él! ¡Ese hombre es el culpable de que tú y tu madre hayáis vivido en este pueblucho de mala muerte en lugar de en mi palacio lleno de lujos! ¡Este hombre te ha negado tus derechos como heredero de Masen!
-¡No vuelvas a insultarle!- Se puso en pie, dispuesto a ir por él de nuevo- ¡Mi padre es un buen hombre que lo ha dado todo por nosotros! ¡No cambiaría nada de lo que tengo o de lo que he vivido a su lado por ti y tus riquezas! ¡Te detesto! ¡Huir de ti fue la mejor decisión que pudo haber tomado mi madre!
El conde Masen también se puso en pie, los dos se miraron desafiantes, con odio en la mirada, pero dos personas estaban a punto de aparecer, dos personas que cambiarían el transcurso de la batalla.
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Tan solo habían pasado unas horas desde que Edward había partido junto a Jasper y sus hombres, pero para Bella fueron las horas más largas de su vida. Apenas podía permanecer quieta, la ansiedad por saber que estaba ocurriendo podía con ella, y la preocupación por Edward era más fuerte que ella misma.
Por ello, sintiéndolo por traicionar la confianza tanto de Edward como de los dos hombres que había en la sala de estar para protegerla, decidió que no podía quedarse ahí esperando, tenía que ir a ayudarle, tenía que asegurarse de que no le ocurría nada malo.
Con algo de temor, salió por la ventana del dormitorio con mucho sigilo, una vez estuvo en el suelo, se alejó lentamente, intentando no hacer ningún ruido para no ser descubierta, y cuando por fin estuvo entre la espesura del bosque, empezó a correr en la misma dirección en la que los había visto partir.
No sabía cuanto tiempo había estado corriendo, pero por fin llegó a las afueras del pueblo en el que Edward y ella se habían conocido y casado. Había mucho revuelo, se escuchaban gritos por doquier, golpes de espadas se percibían en las proximidades, haciendo que ella se estremeciera.
-¿Qué hace ahí parada usted sola?- Preguntó un joven, muy parecido a Edward en el físico- Si no quiere ser agredida, le sugiero que busque un lugar donde esconderse.
-No me iré de aquí hasta encontrar a mi marido.
-¿Quién es usted?- Preguntó el joven- Soy Isabella Cullen, y estoy buscando al hijo del doctor Carlisle Cullen y su esposa Esme.
-¿Ha dicho Esme?- Ella asintió- Déjeme que la ayude a encontrarlo.
-Muchas gracias- Bella le sonrió un poco nerviosa, había algo en aquel joven que la tenía tensa- ¿Cuál es su nombre?
-Anthony.
Buenas, aquí tenéis el siguiente capítulo.
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que si.
Siento tardar en actualizar, pero os recuerdo que tengo dos niños pequeños, y ahora, con las vacaciones de verano, paramos poco en casa. Os pido paciencia entre actualización y actualización, os aseguro que no voy a dejar la historia, aunque también os digo que no le queda demasiado, un par de capítulos y el epílogo.
