19º El fin del conde Masen

Los gritos de desesperación de Esme se escuchaban a lo lejos, acompañados de las súplicas de Emmet, intentando ayudar a su padre. Bella y Anthony corrieron todo lo rápido que pudieron en la dirección de sus voces.

Bella estaba asustada, no se escuchaba a Edward, pero estaba segura de que se encontraría allí también, después de todo, él adoraba a sus padres. Anthony la tomó de la mano y corrió más rápido, tirando de ella, obligándola a acelerar.

Poco a poco, las voces se hicieron más fuertes, a lo lejos distinguieron varias siluetas. Conforme fueron acercándose, pudieron comprobar que se trataba de la familia Cullen. A Bella se le heló la sangre al ver a Carlisle tirado en el suelo, con Esme rodeando su cuello, llorando con desesperación, y a Emmet apretando la herida de su costado, intentando parar la hemorragia.

Anthony y Bella los miraron, pero rápidamente, su vista fue un poco más allá, donde el conde Masen peleaba con Edward, utilizando tan solo sus puños.

-¡Edward!- Gritó Bella, corriendo hacia ellos.

Ambos levantaron el rostro, girando su vista hacia ella, el conde la miró un poco extrañado, sin saber quien era aquella joven, y Edward la miró asustado. Rápidamente corrió hacia ella, albergándola en sus brazos.

-¡Maldita sea! ¡No tenías que estar aquí!

-No podía quedarme en casa sabiendo que tú ibas al combate- Lo abrazó con fuerza- No soportaba la espera.

-Vida mía, debías quedarte en casa, no solo por tu seguridad- Acarició levemente su vientre, sin que nadie más se percatase de ello.

-Lo lamento, pero necesitaba verte- Y sin más, lo besó.

-Que tierno- Se mofó el conde, mirándolos con desprecio- Formáis una pareja encantadora, lástima que esta sea la última vez que estéis juntos.

-No te acerques a ella- Edward la colocó a su espalda- Tu pelea es conmigo.

-En realidad, ahora que está Anthony aquí, no tienes mucho que hacer- Se rio con ganas- Por lo que dejarás a esa joven y vendrás conmigo a Thunder, donde te convertirás en mi heredero, te convertiré en un hombre digno de tu título, aunque sea a base de palos.

-Jamás ocurrirá eso- Lo desafió- Ella es mi esposa, y no pienso abandonarla por ir a tu lado, aunque me cueste la vida.

-¿Tu esposa?- Lo miró con frialdad- Eso cambia las cosas- Sonrió con maldad- Cógela, Anthony- El joven se acercó a ellos y agarró a Bella, aunque ella se dio cuenta de que no la sujetaba con fuerza- Deshazte de ella mientras yo me encargo de darle una lección a tu hermano.

Anthony tiró de Bella, apartándola de Edward, poniéndola lejos de los golpes, pero no fue más allá. Bella lo miró sorprendida, sin saber que esperar de aquel joven.

-Ahora verás de lo que soy capaz.

-Antes de enfrentarte a Edward, tendrás que vértelas conmigo- Dijo Emmet, colocándose junto a él- Has herido a nuestro padre, yo también quiero justicia.

-Si tu deseo es morir, no pondré objeciones.

El conde lanzó un puñetazo hacia Emmet, que este esquivó con ligereza, iba a devolverle el golpe, pero Edward le cogió el brazo y lo detuvo.

-Agradezco tu ayuda Emmet, pero debo ser yo quien se enfrente a él, después de todo es mi padre.

-No voy a dejar que te enfrentes a él tú solo- Se quejó, no queriendo ceder.

-Tú debes llevar a nuestro padre a un lugar seguro, y buscar a alguien que pueda curar sus heridas- Edward miró al conde- Yo vengaré a padre, vengaré el honor de madre y protegeré a mi esposa.

-¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?- Edward asintió, quedando de nuevo frente al conde, que esperaba su ataque con ganas. Golpe que no tardó en llegar, comenzando de nuevo la pelea que antes habían iniciado.

Anthony había observado la escena con auténtica admiración, nunca había visto a nadie tratarse así, amor por su familia, respeto por las decisiones del otro, comprensión, cariño… Cosas que él no había tenido a su alcance desde que murió su madre. Entonces miró a su padre y lo odió con todo su corazón, más de lo que lo había odiado cuando, horas antes, le contó lo que su madre y él habían significado en su vida.

-Escúchame- Le dijo a Bella al oído- Voy a soltarte y quiero que salgas corriendo de aquí.

-No pienso marcharme sin mi marido.

-Al menos, prométeme que te quedarás aquí- Ella asintió, y él la soltó, encaminándose hacia los dos hombres que se golpeaban como si no hubiera un mañana.

El conde consiguió colocarse sobre Edward, comenzando a golpearlo con saña, Edward intentaba esquivar los golpeas, aunque le costaba un mundo hacerlo. En un momento de despiste del conde, Edward mostró su agilidad y su juventud y consiguió golpearlo donde más le dolía, haciendo que gritara y rodara, ladera abajo, hacia donde estaba Bella, pero ella solo podía mirar a su amado.

-¡Maldición!- Se incorporó el conde- ¡Anthony! ¡Acaba con él!- Anthony fue hasta Edward, que intentaba levantarse con dificultad tras los golpes recibidos. Pero en lugar de golpearlo más, lo ayudó a ponerse en pie- ¿¡Qué haces!? ¡Es el enemigo!

-No padre, es mi hermano, sangre de mi sangre, como tú dijiste, es el heredero de tu título, merece mi respeto.

-¡Yo soy quien merece tu respeto, maldita sea!- Escupió el conde.

-Vos me habéis humillado durante años, habéis golpeado a mi madre, a mi mismo, habéis permitido abusos hacia mi persona por parte de vuestros señores, simplemente por diversión, habéis permitido que fuera el juguete de los señores, nunca habéis sentido ningún aprecio por mí, y en cuanto apareció él, me tirasteis como un juguete roto y sin valor- Lo miró con todo el odio que tenía- No os debo ningún respeto, más por el contrario, os habéis ganado todo mi odio y rencor.

El conde, al escuchar las palabras de su hijo, supo que si no buscaba algo de ventaja, tenía todas las de perder. Había visto pelear a Anthony, sabía toda la fuerza y energía que tenía en un golpe, y eso, sumado a su juventud, le daba una victoria clara. Miró a su alrededor, buscando cualquier cosa, y entonces la vio, la joven muchacha, desposada con su hijo mayor estaba tras un árbol, a escasos metros de él, ignorándolo, mirando el lugar donde estaba su esposo, y fue entonces cuando tuvo claro que hacer.

Rápidamente, se levantó y cogió a Bella del cuello, sacando una daga de su cinturón, colocándola en el hermoso cuello de ella. Edward y Anthony se sobresaltaron por la repentina acción.

-¡Bella!

Edward dio unos pasos hacia ellos, pero paró en seco cuando vio como apretaba el cuchillo contra su cuello.

-Si os acercáis alguno de los dos la mato- La cogió con fuerza, empezando a caminar hacia atrás- No quiero que ninguno de los dos haga un solo movimiento- Siguió retrocediendo. Caminaba lentamente, sin aflojar su agarre, impidiendo que ninguno de los dos jóvenes se moviera- Debo admitir que tienes buen gusto, esta jovencita es suculenta, y tiene una palidez poco común entre los campesinos- Miró su pelo suave y sedoso, su piel pálida, pero lo que más llamó su atención fue el colgante que llevaba, en él pudo ver un escudo que reconoció de inmediato- ¡Mira por donde! No solo he encontrado a mi esposa y a mi hijo desaparecidos hace tantos años, también he encontrado a la princesa que se nos había extraviado- Rio sin dejar de retroceder, levantando la vista hacia Edward- Así que tu adorada esposa es, nada más y nada menos, que la princesa Isabella Swan.

-No le hagas daño, haré lo que quieras, pero déjala en libertad.

-Me temo que llegados a este punto, no puedo hacer eso- Lo miró con furia- Si hubieras venido conmigo cuando te lo dije habrías tenido una oportunidad, ahora solo os puedo dar la muerte a los tres, de lo contrario, vendréis a por mí- Miró a Anthony- Esto va a acabar aquí para todos, si me atacáis, la mataré, si no hacéis lo que os diga la mataré, si ella intenta escapar la mataré- Rio de nuevo- He ganado, os guste o no, he ganado.

Edward vio como los árboles de alrededor desaparecían, fue entonces cuando miró un poco más allá de donde estaban ellos y se puso pálido, si seguían caminando, caerían por el acantilado.

-No retrocedáis más, parad ahora mismo si no queréis morir.

-¡Te atreves a amenazarme! ¡Tengo a tu esposa bajo mi cuchillo y aun te atreves a amenazarme!- El conde estaba sorprendido.

-No es una amenaza, por favor, detente, si sigues caminando ca….

-¡Cierra la boca!- Agarró con más fuerza a Bella, avanzando más rápido hacia atrás- No conseguirás engañarme con tu charlatanería.

Bella vio ansiedad y miedo en los ojos de su marido, como pudo, miró tras ellos, y de inmediato comprendió el miedo de Edward. El miedo se apoderó de ella, empezó a hiperventilar, sintió como el aire le faltaba, y sin poder evitarlo empezó a retorcerse en sus brazos, causando un gran desconcierto en el conde, que no era capaz de sostenerla.

Anthony vio clara su ventaja y corrió hacia ellos, Edward no tardó en seguirlo, pero ninguno de los dos llegó a tiempo de impedir que el conde clavara su daga en el vientre de Bella.

-¡NO!- Gritó Edward, corriendo más rápido hacia ella, llegando a su lado y cogiéndola antes de que cayera al suelo- Por favor, aguanta, tienes que aguantar- Empezó a llorar y la abrazó con fuerza.

Anthony llegó hasta su padre, y lo golpeó, una y otra vez, dejándole la cara hecha un poema. Lo cogió de los brazos y consiguió inmovilizarlos, miró a su hermano y a la mujer que amaba en sus brazos, sangrando con una herida bastante fea.

-Lo lamento mucho, hermano- Le dijo con pesar- Ayúdala, salva a tu familia- Le sonrió, Edward lo miraba sin comprender- Él no volverá a hacerle daño a nadie- Le dedicó una sonrisa- Lo único que lamento es no haber podido conocerte mejor.

Sin más, y sin atender los gritos de pánico de su padre, saltó por el acantilado, arrastrando a su padre con él, perdiéndose en río que pasaba por debajo.

Edward los vio caer, pero no tenía tiempo de asimilarlo, debía atender a Bella, debía llevarla a un lugar seguro, debía curarla lo antes posible. Rápidamente, la levantó en volandas y se encaminó hacia Forks, sin saber muy bien lo que se iba a encontrar.

No sabía cuánto había caminado, cuando escuchó el sonido de unos caballos. A pocos metros de ellos, Jasper y algunos de sus hombres pararon y desmontaron, corriendo hasta ellos.

-¡Princesa!

-Jasper- Dijo ella con dificultad.

-Alteza, descansad, pronto estaréis bien- Miró a Edward- Llevémosla al palacio del rey Jacob, el doctor Cullen ya está allí, siendo atendido por el médico personal del rey William.

-¿Eso quiere decir que hemos ganado?

-Así es- Sonrió- Los señores de Thunder han sido eliminados o encarcelados- Sois completamente libres.

Con algo más de tranquilidad, Edward fue hacia el palacio, llevando a Bella con ayuda de Jasper, solo esperaba que su adorada esposa y su bebé sobrevivieran.

Hola a todos,

siento mucho el retraso, he estado fuera todo el mes, aprovechando el verano con mis peques y donde estaba no tenía internet, pero siempre lo he dicho y siempre lo diré, nunca voy a dejar una historia a medias, me dan mucha rabia las personas que hacen eso porque me parece una falta de consideración hacia sus lectores, sea cuando sea, tarden lo que tarden, creo que todo escritor debe acabar su obra.

Bueno, espero que no os haya decepcionado el capítulo, se que es un poco atolondrado, pero no sabía como plasmar todo lo que me venía a la cabeza. Espero que al menos se entienda.

El resto de historias las iré actualizando a lo largo de la semana, por favor, tener paciencia.

Muchas gracias por vuestra paciencia, vuestros comentarios y vuestros favoritos.

Nos leemos pronto.

P.D: Solo queda un capítulo y el epílogo.