¡Saludos a todos! He vuelto antes de lo esperado con otro capítulo y la triste noticia de que la historia comienza a llegar a su fin. Así es, gente querida, Dragón y Mago se acaba en dos episodios más.
Pero la tristeza para después. Ahora, un capítulo de dos personajes: el querido par de sirenas. Aprovecho el inicio para aclarar que son Sorrento de Sirena y Thetis de Nereida, para hacer la diferencia. Para quienes no sepan, Sirena en la mitología griega difiere de la sirena que conocemos todos *inserte musical de "Bajo del Mar"* y precisamente a la sirena popular le pertenece mejor el concepto de nereida.
Aparte de eso... no tengo mucho más que agregar. Gracias a todos por la paciencia. Espero poder terminar este fanfic durante estas vacaciones de verano, porque la verdad, estoy muriendo por empezar mi siguiente proyecto con Dégel vivo.
¿No se los había dicho? Más detalles al final del episodio. :)
Por ahora, ¡que empiece la lectura!
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Sorrento le enseñó que las apariencias engañan.
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A Kanon le costó trabajo mantener la expresión indiferente en su rostro.
No era como que los anteriores generales tuvieran un aspecto tan similar entre sí que le diesen una idea relativa de cómo eran los hombres de Poseidón. Aún así, no se hubiera imaginado jamás que un muchacho como aquel sería el quinto marina.
No podía quitarle la mirada de encima, desprendía un aire demasiado diferente a lo que estaba acostumbrado, desde su educada forma de hablar hasta su bonito rostro.
Después de la llegada de Eo, había decidido dejar su lugar en la cima del templo de las escamas para mantenerse al nivel de los demás, cerca de Dégel.
De hecho, estaba a espaldas de él, a un lado de Scylla, Crisaor e Hipocampo, quienes cuchicheaban con cierta emoción respecto al austriaco, o eso era lo que alcanzaba a captar, pues se hallaba absorto en la interacción que mantenían Leviatán y el nuevo marina de Sirena, aunque no escuchaba nada.
En algún momento, la introducción protocolar finalizó y el aguador ofició de mediador entre el novato y los otros generales. Cuando la mirada del serafín estuvo sobre él, Dragón Marino apenas logró balbucear un "hola" que tuvo por respuesta una sutil alza de la ceja del niño. Antes de que tuviera que apartar la vista, los otros tres se ganaron la atención ajena y fue reemplazado como fuente de curiosidad. Pese a su disposición flemática, el novato no tardó mucho en sentirse bienvenido por los otros tres lo suficiente como para sonreír con cortesía.
El de géminis contempló al grupo y se sintió un tanto enajenado; había transcurrido ya un año desde la llegada de Scylla y los tres generales habían creado un fuerte vínculo. No dudaba que ocurriría lo mismo con Sirena y eso solo lo dejaba con dos generales por aparecer.
-Kanon.
Esa era la voz de Dégel. A juzgar por el tono cortante, debía ser la tercera o cuarta vez que lo llamaba. El aludido dejó al niño al cuidado de los otros y se volteó hacia la izquierda para encontrarse con la mirada penetrante y algo consternada del aguador. Antes de que pudiera sacar conclusiones, Dégel le hizo una seña con la cabeza y le pidió a Krishna que escoltase a Sorrento hacia su pilar. El acuariano y el geminiano se marcharon al del atlántico norte y en unos minutos Atlantis regresó a su actividad cotidiana.
- ¿Qué ocurre? ¿El chico nuevo te ha puesto celoso? –
Quien abrió la conversación fue el peliazul haciendo uso de su habitual tono socarrón. Le agradaba tener de nuevo a Leviatán en sus dominios, le recordaba el tiempo que habían estado juntos. Sin embargo, la nostalgia no evitó que se desplomase en el sillón y que mirase desde allí al de cabellos esmeraldas.
- No seas bufón, no se trata de su aspecto.- El de más edad frunció un poco el entrecejo y se acomodó las gafas con un deje señorial que a Kanon nunca iba a cansarle.
- Tarde o temprano tendrías que descubrir que no eres el único rostro agraciado de la Tierra.-
- Kanon, es acerca de lo que él sabe.-
- Pero no te preocupes, es demasiado joven para mí.-
- Sorrento trabaja en la casa de Julián Solo.-
La sonrisa tardó varios segundos en desaparecer de la faz de Dragón Marino. No porque creyese que era una broma, sino porque había sido tan repentino que apenas y había logrado lidiar con el fuerte golpe de información que sobrevino en su cabeza. A decir verdad, se había olvidado completamente de Julián. Su participación en los planes de Kanon era aún tan lejana que lo había desplazado a lo más recóndito de su mente. Sintió que el recelo, la furia y todos sus temores olvidados le apretaban las entrañas cual si fueran una sola mano fantasmal. Despacio se puso de pie y al mismo ritmo su expresión fue cambiando: pasó de la risa a la neutralidad y luego sus cejas se fruncieron en una expresión grave, abrió los ojos profusamente y sus labios formaron una línea apretada.
En lo que le tomó ir de la alegría a la aprehensión, acortó distancias con el Ganímedes, quien seguía en calma. Dégel no había errado en sus cálculos de aquella vez en la escalera del pilar central: Kanon ya lo superaba en peso y en altura, por lo que debía alzar un poco el rostro para verlo cuando estaba tan cerca.
- Su edad ronda a la de Julián. Dice que Sirena le ha estado hablando desde antes de presentarse en la escama y que le ha escogido para velar por él en la superficie hasta que tenga edad suficiente para ser la vasija de Poseidon. Sorrento debe quedarse arriba. ¿Realmente no has escuchado nada? –
El tono apremiante quedó interrumpido por la queja final y sirvió para hacer reaccionar a Kanon. Este parpadeó unas cuantas veces mientras asimilaba el resto de la información y sujetó al francés de un brazo.
- Déjame a Sirena a mí, ¿de acuerdo? –
Fue la primera indicación que mencionó. Ni siquiera había armado una idea y ya estaba totalmente seguro de que debía mantener a Sorrento (y a cualquier acercamiento con Poseidón) tan alejado de Dégel como fuera posible.
- A partir de mañana mismo yo me haré cargo de él.-
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Así, Kanon había sumado otro nombre a la lista de prioridades y su tiempo se redujo nuevamente.
Como no debía buscar nuevos soldados para el ejército y la dinámica de Atlantis ya andaba por su propia cuenta, se había enfocado de lleno a acaparar a Sorrento. Iba a buscarlo a la superficie y luego volvía a dejarlo las dos jornadas por semana que Sirena podía escabullirse sin levantar sospechas en la mansión. El resto de las veces, se quedaba arriba con él.
Y no necesitó demasiado tiempo para que el de cabellos rosáceos comenzara a resultarle más fascinante de lo que estaba dispuesto a admitir.
Cuando creía que ya lo conocía, Sirena lo sorprendía con un comportamiento distinto y lo obligaba a admirarlo otra vez desde el principio. Todo había comenzado al día siguiente de su llegada, cuando Kanon lo retó a una primera batalla de evaluación y esta finalizó antes de comenzar, con él sangrando por la nariz a la par que una espantosa jaqueca le aplastaba las sienes, ambas provocadas por la melodía de flauta que aún estaba en su primera fase. Al final del día, había tenido que comerse el orgullo, retractarse y tragarse sus burlas al hecho de que el arma de Sirena fuese un instrumento musical.
De ahí en adelante, había sido una revelación tras otra.
Una de ellas surgió durante uno de los pocos almuerzos que habían celebrado en grupo: En medio de una animada conversación, Sorrento había corregido al Dragón Marino un error al hablar francés y no le importó que se encontrasen frente a Dégel, Baian y el resto de la comitiva. A consecuencia de ello, se había sumado la práctica de dicho idioma a las horas de vacío que pasaban bajo el sol.
Para Kanon, los días que arrastraron a las semanas podrían haber sido mucho más gratos de no ser por un pequeño y determinante detalle: la actitud certera del muchacho, su elegancia, sus modales y su capacidad para esconder una increíble fuerza tras un rostro angelical… todo Sorrento le recordaba a Dégel y no podía evitar añorarlo.
En un extenso período, el único contacto que había tenido con él había sido el saludo al marcharse a la superficie y al regresar a dormir, pues su ausencia había animado a los soldados a reclamar la atención del Leviatán y este casi siempre tenía a alguien al lado, del mismo modo en que Kanon casi siempre estaba en compañía de Sorrento.
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Si hubiera tenido un gramo menos de cordura, había tallado en la pared de su pilar una raya por cada día de los últimos seis meses.
Lo peor era que aparentemente las cosas se habían vuelto un calvario solo para él, pues su humor parecía ser la lluvia en la permanente atmósfera veraniega de Atlantis.
A pesar del escaso tiempo que Sorrento pasaba bajo el mar, la tutoría exclusiva de Kanon le había servido para presentar logros casi al mismo ritmo en que lo había hecho el resto de los generales; sin embargo, era el único a quien no le habían designado un escuadrón y los centenares de hombres seguían repartidos entre los más experimentados.
Curiosamente, y teniendo en cuenta la poca interacción que el novato tenía con la comunidad atlantiana, el vínculo con los portadores de escamas se fortalecía sin dificultades, tal vez fomentado por las mismas criaturas mitológicas; Scylla era quien recibía con mayor agrado al de cabellos rosáceos en cada ocasión, pues, además de ser un año menor que él (motivo por el cual se declaraba su superior), su carácter reservado y prudente lo había convertido en una especie de criatura exótica ideal para fastidiar: un hueso duro de roer, uno llamativo y demasiado serio para su gusto. Al menos eso hacía a Kanon sentirse aliviado, ya que dejaba en paz a Dégel cuando podía molestar a Sorrento, e identificado, pues nadie mejor que él sabía lo fascinante que era reñir a alguien tan educado.
La rutina se mantuvo sin demasiados cambios durante medio año, período apenas suficiente para enfrentar la nueva sorpresa que surgió poco después.
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Llegó sin previo aviso un día en que todo el mundo se hallaba en la Atlántida.
Y no mentían al decir que no hubo previo aviso, pues ni él ni Dégel supieron jamás de la existencia de escamas de menor rango hasta que vieron aparecer ante sus ojos a esa persona.
Thetis apareció frente al ejército de Poseidón, que estaba reunido fuera del pilar central disfrutando de las horas de asueto previas al entrenamiento final del día.
Lo hizo vistiendo la escama, con una mano en la cintura y sonriendo con aires de evaluación.
Había llegado para darle la pincelada final a aquel sitio.
-No está nada mal, han hecho un buen trabajo.- Saludó a los generales, que representaban el núcleo de la reunión. Y quienes se hallaban demasiado atónitos como para responder a un tono tan casual proveniente de una desconocida.
Por fortuna, Leviatán estaba acostumbrado a oficiar las bienvenidas y dejó atrás una rebanada de pan para presentarse ante la mujer.
- Sabrás perdonar mi descortesía, ¿tú eres…? -
- Thetis, soy Thetis de Nereida y he venido para unirme al ejército de Poseidón. ¿Quién eres tú? –
El tono vivaracho y despreocupado de la muchacha invitaba a conversar como si fuera una amiga de toda la vida.
-Mi nombre es Dégel, de Leviatán, soy guardián del pilar central y …-
- Y mi teniente.-
Saltó el de géminis colocándose a un lado del de cabellos esmeraldas.
- Kanon de Dragón Marino, a tu disposición. Dime una cosa ¿de dónde sacaste esa escama? –
- Me encontró hace un tiempo.- Anunció ella como si fuera lo más normal del mundo y obligó a los más adultos de la facción a mirarse con total desconcierto, pues tampoco dio más detalles.- No he venido antes porque aún tenía mucho que hacer. Pero eso no importa, ¿qué hacían? Todos se ven muy animados.-
-Oui, ahora mismo solo conversábamos.-
- ¿Y la música? – La niña parecía sorprendida.
-Nunca escuchamos música.-
- Oh, vaya… creo que he llegado en un buen momento.-
La sonrisa y la mano en el mentón de la muchacha dieron a entender que sus intenciones eran indetenibles.
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- No volverá a pasar. Juro que no volverá a profanar este santuario con… con… ¡esa cosa! – Refunfuñó el de géminis al cabo de una hora. Le enfermaba hasta las náuseas ver y escuchar tanta alegría, lo que a su vez le recordaba que era un hombre resentido en busca de venganza.
- ¿Vas a negar que es agradable un poco de bullicio? – Repuso el acuariano apoyado en la pared a un lado del más joven. Kanon bufó.
- ¿Tú estás diciendo eso? Creí que odiabas el ruido.-
- Eso es cuando leo. Pero, ahora… ¿no lo sientes? ¿Te has dado cuenta de lo que tienes frente a tus ojos? Este sitio que estaba muerto… ahora parece un hogar.-
Dragón Marino sintió que se le entumecía el estómago otra vez, pero por una razón muy distinta.
Dégel no tenía idea y escucharlo tan maravillado y esperanzado le hacía recordar la lástima que le había tenido al comienzo. No podía existir alguien tan ingenuo en ese mundo, no podía. Era un chiste demasiado cruel. ¿No era Acuario el santo más sabio de su época? Entonces ¿cómo podía no darse cuenta de que todos esos hombres, todos y cada uno de ellos, no eran más que miserable escoria que había recogido de la calle? La clase de basura dispuesta a venderle su alma al diablo con tal de ganarse las migajas de su mano el día en que se erigiera como dueño del mundo.
Rufianes tanto o menos despreciables que él mismo, pues si algo tenían en común aparte del odio y del resentimiento, era que todos conocían la verdad acerca de Dégel.
Y solo por eso había sido capaz de soportar el peso de sus mentiras, pues era más asfixiante a cada día desde que había aceptado no repudiar a Leviatán tanto como debía.
No repudiarlo en absoluto.
El gemelo apretó el puño sobre su rodilla hasta hacerlo crujir.
- Dégel…- Susurró sin pensarlo, pero más que dispuesto a cometer una estupidez.
- Kanon.-
Sin embargo, la vocecita un tanto agitada del novato acabó con ese pequeño intento de honestidad y lo hizo temblar de espanto al volver en sí.
- Debo regresar. Pronto se hará notoria mi ausencia.-
- Sí, claro… vamos ya.-
La música había quedado relegada a un plano insignificante de su mente mientras se ponía de pie y volteaba a excusarse con el de ojos violetas con unas palabras que más tarde no recordó. Dégel asintió una vez y no dijo nada, pero en su mirada quedó encendida una chispa de interés. Claramente lo había escuchado y esperaba retomar la conversación más tarde.
Kanon se mordió el labio inferior rumbo a la salida: tendría que volver a mentir.
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Aunque la escolta hacia la mansión Solo no había durado más de un minuto, Kanon se quedó horas en la superficie. No se atrevía a bajar sin hacerse una revisión mental para poner en la balanza todo lo que tenía metido en la cabeza. Divagó caminando por una playa griega y perdió la cuenta de cuántas veces se restregó la cara con las manos. Se sentía frustrado, pues por más que reordenara sus pensamientos, siempre le quedaban dos caminos: Por un lado estaban sus sueños y por el otro… Dégel.
El motivo que lo había impulsado a sobrevivir hasta ver a Saga y a Athena a sus pies y el hombre que le había devuelto la alegría a su asquerosa existencia.
Ninguno funcionaría en conjunto con el otro.
Escoger a Dégel significaba decirle la verdad y arriesgarse a que se marchara o verse en la obligación de abandonar sus sueños para seguirlo.
Escoger la venganza significaba mentirle a Dégel hasta el día en que lograra su objetivo, lo que implicaba la posibilidad de que se marchara de todas maneras, dejándolo completamente solo otra vez.
No podía recorrer ambos caminos.
Tenía que escoger.
Regresó al fondo del mar sintiéndose aún más perdido que al comienzo y descubrió que la música ya no sonaba y que todos dormían.
Como hábito, se dirigió al pilar central para despedirse de Leviatán o para al menos observarlo dormir un rato, pero no fue lo uno ni lo otro, pues el aguador seguía despierto.
Lo encontró en el estar de la segunda planta, guiado por el brillo de una lámpara y por una melodía muy suave. El francés leía sentado en un sofá unipersonal, pero cerró el libro y levantó la mirada al escucharlo llegar.
-¿Se han divertido? –
- Ha sido agradable. ¿Ustedes? Has tardado varias horas.-
- ¿Me estás controlando? – Sonrió con aire de burla, aunque ciertamente le agradó la suposición.
- Te estaba esperando. No hemos concluido una conversación.- El galo dejó el libro en el sillón y caminó hasta la cercanía del peliazul, quien lo imitó.
-Sobre eso… me preguntaba… ¿qué sucederá con Thetis? ¿Se quedará en uno de los pilares vacíos? –
- Non, ella está aquí, en la tercera planta. Es descortés dejar a una dama tan lejos en su primer día. Se quedará hasta que ella misma lo estime conveniente.-
- No me agrada…-
- ¿Ahora me estás controlando tú a mí? –
- No es… bah, olvídalo. Como sea… ¿has bailado con alguien? – La pregunta hizo que el mayor bajara los ojos y sonriera.
- La música de esta época no es la mía. -
- ¿Ah, sí? ¿Y qué solías bailar tú? -
- ¿Conoces el vals? -
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Antes de que pudiera formular una objeción tan efectiva que los convenciera a los dos de que no quería averiguarlo, se vio en el centro de la salita, con una mano en la cintura de Leviatán y con la otra unida a la del mismo, mientras que la restante del francés descansaba en su hombro. La distancia era tan ínfima que podía sentir el aliento del peliverde haciéndole cosquillas en el mentón. El tocadiscos seguía su ciclo inexorable.
-¿Estás seguro de esto? –
La voz del griego sonaba muy incómoda.
-No es tan complicado, deja que te guíe.-
Mientras que el peliverde parecía disfrutar de la situación.
-No te quejes si te saco un zapato. Sabes de sobra que no soy el más indicado para un baile así.-
- Me quejaría si no estuvieras dispuesto a intentarlo. He tenido otros estudiantes antes de ti.-
Con eso, la cara del más alto cambió por completo.
- ¿Sí? ¿Cuándo? –
- En los años previos a la Guerra Santa anterior.-
No había encontrado un modo de continuar el diálogo, por lo que se concentró totalmente en seguir el "un, dos, tres" sin pisar a su teniente.
Cuando llevaban un minuto sin errores, el ex paladín de acuario suspiró en aprobación.
- Lo haces bastante bien para ser un novato.- Le espetó en tono un tanto bromista.
- Tal vez es porque tengo un buen profesor.- Reconoció el gemelo en voz baja.
- Si aprendieras francés tan rápido como aprendes a bailar…-
- ¿Estás insinuando algo?
- Los errores que cometes son basic—ach! –
- ¡Dégel! ¿Estás bien? –
La crítica no logró llegar a término, pues uno de los pies del griego dio de lleno en uno francés y acabó con la buena racha. Kanon tuvo un pequeño sobresalto y bajó agresivamente el rostro para asegurarse de que el daño no fuera demasiado. Sin embargo, lo único que recibió fue una risita con tintes de falsa indignación.
- Lo has hecho a propósito.-
- ¿Ha? –
Dragón Marino levantó una ceja y se dispuso a iniciar una de las habituales discusiones de nada, pero su voz quedó reducida a un murmullo cuando, al enderezarse, su frente quedó junto a la contraria y se descubrió reflejado en las orbes amatistas del mago de los hielos.
- Permite que me corrija: aprendes francés al mismo ritmo que aprendes a bailar.-
- Tú, pequeño…-
Para vengarse, decidió estrujarlo un poco con el brazo con que mantenía rodeada su cintura. Dégel ahogó otra risita y Kanon sintió que volvía a ser como en su pilar. Parecía que de pronto las estrellas le recompensaban tantos meses de distancia. Lo mejor de todo ello era que Dégel daba la impresión de disfrutarlo también y continuaba clavándole aquella espléndida mirada color lavanda. El ritmo impuesto por la música había dejado de importar.
- Nadie creerá jamás que el gran dragón marino ha bailado una pieza de vals.-
- Te juro que mataré si se lo mencionas a alguien.-
- Deja que te haga una pregunta.-
- No aseguro que quiera responderla.-
- ¿Qué es lo que te provoca ser tan diferente cuando hay más personas cerca?-
- … Aunque conteste, no podrás decírselo a nadie.-
- ¿Eso por qué?
-Porque un mago nunca revela sus secretos.-
Su contestación pareció sorprender al de cabellos esmeraldas y eso lo complació gratamente. Sin embargo, antes de que pudiera ser un poco más honesto, intervino la voz de Leviatán.
- Kanon.-
- ¿Hm? –
- La música se ha detenido.-
En efecto, el silencio en la estancia era rotundo y los dos se encontraban quietos, unidos por una suerte de abrazo.
Por eso le fastidió tanto que Dégel quisiera acabar con su momento perfecto. Leviatán dio un corto paso hacia atrás y llevó ambas manos hasta los brazos del general para imponer una distancia que le parecía absurda e innecesaria.
Y fue ese mismo hastío el que llevó al menor de los dos a satisfacer el terrible deseo de reclamar los labios del aguador con los propios.
Terrible porque solo haría más doloroso el día en que tuviera que escoger.
Terrible porque ya no pararía de buscarlo y tarde o temprano Dégel dejaría de estar.
Terrible, porque Dégel había cerrado los ojos y le había entregado el beso más dulce e inocente que hubiera podido imaginarse, haciéndolo sentir indigno y repugnante, pues ahora sabía que Leviatán sufriría junto con él.
Cuando Dégel suspiró en busca de aire, Kanon supo que había entrado en un callejón sin salida. Y por ello fue que también cerró los ojos, decidido a olvidarse de todo esa noche con tal de arañar las puertas de la felicidad, seguro de que jamás volvería a verlas.
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¡Y estamos! ¿Qué tal les ha parecido? Ahí me dicen. Sobre el proyecto... pues... ¿le dieron una oportunidad a Soul of Gold? Yo sí, y aunque quedé con varios infartos justo en la animación, la franquicia me dio muchas ideas para continuar la historia de Dégel, por lo que, señoras y señores, cuando se termine este fanfic, empezaré la continuación, pero de Dégel en Asgard.
No daré más detalles porque los detalles matan la sorpresa.
En fin.
¡Hasta el siguiente episodio!
