21º El futuro de Thunder
Jasper buscó una forma de bajar, al hacerlo, lo vio enganchado en una roca muy cercana a la orilla. Parecía tener dificultad para mantenerse sujeto, y se veía sangre correr por su rostro. Rápidamente, dejó a un lado la espada y se tiró al río, nadó hasta donde él se encontraba, lo cogió con fuerza y lo arrastró hasta la orilla.
-Gracias por ayudarme- Le dijo con dificultad.
-Guardad las fuerzas, las necesitaréis.
Anthony intentó ponerse en pie, sin conseguirlo, cayó rápidamente hacia atrás, cerrando los ojos con fuerza, debido al fuerte dolor que sentía. Jasper se colocó su espada, lo cargó a su espalda y lo subió, escalando por las rocas hasta llegar a la parte superior del acantilado, donde Alice los esperaba.
Rápidamente, lo llevaron a palacio, donde fue llevado de inmediato al interior de una habitación en el lado opuesto al que se encontraban tanto la princesa Bella como Carlisle. La habitación era custodiada por seis guardias durante todo el día, y por la noche, el rey así lo había decidido, al igual que había ordenado que fuera el doctor a curar sus heridas.
No tardó mucho en correr la noticia de que él seguía con vida y donde había sido llevado, por ello, en cuanto lo dejaron solo, Carlisle se levantó de la cama y, con cierta dificultad, caminó hacia el ala del castillo en la que Anthony estaba siendo custodiado.
Al llegar a la puerta ve a todos los guardias, que se sorprenden al encontrarlo en pie, con ropa de cama, en aquella parte del castillo.
-Su majestad, el rey Jacob, me ha dado su consentimiento para que hable con el prisionero- Les dijo- Dejadme pasar.
-Si su majestad le ha dado permiso, nosotros no cuestionaremos su decisión- Uno de los guardias se apartó, y el resto lo siguió, dándole paso a la habitación.
Al verlo entrar, Anthony se sorprendió, después de todo, era el hombre que había suplantado a su padre ante Esme y ante su hermano. Se incorporó un poco, queriendo sentarse en la cama, pero Carlisle se lo impidió, sentándose en el borde de la cama y empujándolo levemente hacia el colchón para que se volviera a recostar.
-Es todo un honor tenerlo aquí, es usted la última persona que esperaba que me visitara.
-Has salvado la vida de mi hijo, te debo toda mi gratitud y cualquier cosa que pueda ofrecerte- Le dijo con seguridad- Mi familia es lo más importante para mí, y tú me has ayudado a conservarla.
-Como envidio a Edward- Dijo con añoranza- Mi padre jamás dijo una palabra amable para mí.
-¿Nunca? Pero si eras su hijo.
-Él nunca me quiso, siempre lo supe, solo me quería para perpetuar su apellido- Le confesó- Raptó a mi madre y la obligó a casarse con él, la violó cuando quiso, la dejó embarazada de mí, la maltrató de todas las formas posibles, hasta que un día no lo resistió más y murió- Los ojos se le pusieron llorosos- A mí siempre me trató a palos, haciéndome creer que era lo único que merecía, y cuando llegamos a este reino en busca de la princesa Isabella y descubrió que su esposa y su hijo seguían con vida, me rechazó como su hijo.
-Ese hombre era un ser insensible y desalmado, ningún hijo merece sentirse infravalorado por sus padres. No lamento que Esme se marchara cuando estaba a punto de dar a luz, pero lamento que tú y tu madre sufrierais las consecuencias.
-No lo lamente, señor Cullen, me alegro de saber que tengo un hermano, que él ha vivido feliz lejos de ese monstruo, y que tuviera una familia que lo ha querido como se merece- Carlisle lo abrazó con fuerza- Por eso tuve que acabar con la vida de mi padre, no podía permitir que destrozara su vida igual que había destrozado la mía.
-No hay forma en el mundo para pagarte lo que has hecho por esta familia, pero si hay alguna manera de compensarte, por favor, no dudes en decírmelo- Acarició sus cabellos como si de un niño pequeño se tratara- Nuestra puerta siempre estará abierta para ti, no lo dudes jamás.
-Muchas gracias, señor Cullen, eso es más de lo que podría esperar.
Carlisle permaneció un rato más allí, consolando a aquel joven, que tan falto de cariño estaba, pero se acercaba la hora de sus curas, y no quería que nadie descubriera que se había levantado, así que se despidió y marchó de vuelta a su habitación.
Anthony no esperaba que nadie más fuera a visitarlo, después de todo, era un prisionero, hijo bastardo del mayor enemigo, por ello, quedó nuevamente sorprendido cuando fue a verle su hermano Edward.
-Anthony- Caminó hasta la cama y se arrodilló ante él y lo abrazó- No puedo creer que hayas sobrevivido, pero no sabes lo feliz que me siento- Lloró desconsoladamente, apretando a su hermano contra su pecho- Aun me cuesta creer que, sin conocernos, saltaras por aquel acantilado para salvar la vida de Bella.
-Lo volvería a hacer- Se incorporó y le devolvió el abrazo con la misma intensidad- Tú eres lo único bueno que he sacado de ese hombre- Se separaron y miraron a los ojos- Él ya había destrozado mi vida, no podía permitir que destrozara también la tuya.
-Yo jamás supe que tú eras mi hermano hasta hace unos días, y lo lamento mucho, ojalá hubiera sabido la verdad antes para haber podido ir a buscarte- Los dos se sonrieron- No es justo lo que has tenido que pasar, y a pesar de todo, espero que poco a poco podamos recuperar el tiempo perdido y ser los hermanos que siempre debimos ser.
-Eso me encantaría- Le dedicó una sonrisa sincera- ¿Cómo se encuentra ella?
-Está fuera de peligro- Le contó cómo se encontraba ella y el maravilloso milagro que había sido el descubrir que su pequeño seguía con vida- Dentro de unos meses seremos una hermosa familia.
Tras la visita de Edward, Anthony estuvo meditando en soledad el resto del día, pensando en las conversaciones que había tenido, en cómo había sido su vida al lado de aquel monstruo que era denominado su padre, tomando una decisión.
Cuando todo quedó en silencio ya era de madrugada. Con lentitud y haciendo grandes esfuerzos por no hacer ruido, se vistió, escribió una carta y fue hasta la entrada de su habitación. Para su sorpresa, no estaba cerrada con llave. Al otro lado vio a los seis guardias durmiendo.
No se molestó en pensar en la suerte que estaba teniendo, rápidamente salió de aquel lugar, alejándose todo lo que pudo del palacio, necesitaba estar solo para redimir todos los años de pasividad ante las atrocidades que cometía su padre.
Al día siguiente, Edward fue a ver a su hermano en compañía del rey Jacob y de su madre, el rey Jacob quería hablar con él, quería comprobar que lo que decía Edward era cierto, le era muy difícil creer que un joven que había vivido siempre bajo el yugo del conde Masen fuera compasivo y dispuesto a ayudar.
Los guardias les dieron paso, sin saber que había ocurrido durante su descanso, y al ingresar en la estancia, los tres se quedaron pasmados al encontrarla vacía. El rey Jacob salió presuroso a pedir explicaciones a los guardias, mientras Edward y Esme miraban la estancia, bastante desconcertados.
Edward fue hasta la cama de su hermano, recordando la conversación del día anterior, y sin ser capaz de comprender su repentina desaparición. Mirando la cama fue cuando vio aquel pliegue de papel con su nombre escrito.
-Mamá, hay una nota- Esme se acercó a mirarla.
Ambos se sentaron en la cama, Edward desplegó la carta y comenzó a leer en voz alta, para que su madre también supiera su contenido.
"Querido hermano,
Seguramente te sorprenderá mi marcha repentina, sobre todo después de nuestra conversación de ayer sobre recuperar los años perdidos, pero creo que es lo mejor para todos que yo desaparezca.
Primero de todo quiero que sepáis que me alegro de que tanto tú como tu madre, la condesa Esme de Masen, no lamento que ella decidiera escapar, es más, la comprendo, y ahora pienso que ojalá mi madre hubiera tenido la misma valentía que ella para huir de él, quizá así ella seguiría con vida y yo no hubiera vivido rodeado de todo aquel dolor y violencia.
Señora Esme, quiero que sepa cuanto la admiro, no solo por la valentía que mostró al marchar de Thunder, sin saber que iba a ser de usted, también por atreverse a formar una familia al margen de su pasado, por buscar su verdadera felicidad y seguirla hasta el final.
Edward, quiero que comprendas que quedarme a tu lado y conocerte mejor es lo que más deseo, pero me temo que nuestro padre ha hecho demasiado daño como para que la gente olvide que soy su hijo. Precisamente por ello, sé que no sería capaz de mirar a ninguno de vosotros a la cara.
Prefiero vivir en soledad, recuperarme de todo lo sucedido, ser consciente de cuál es mi lugar en el mundo por mí mismo, y no por lo que opinen los demás de mí. Pero también te aseguro que no me iré ni muy lejos ni para siempre, espero que en un futuro pueda volver y formar parte de tu vida. Es lo que más deseo.
¿Me harías un favor? Discúlpame ante el rey William y ante tu esposa por el malévolo plan del conde Masen, jamás osaría ponerle una mano encima a la princesa en contra de su voluntad.
También discúlpame ante el rey Jacob por haber permitido que los señores de Thunder invadieran su reino.
Lamento mucho todo lo que ha sucedido, espero que con el tiempo la gente olvide de quien soy hijo y mire quien soy en verdad.
Con todo el cariño de mi corazón, tu hermano que te quiere.
Anthony"
El rey Jacob había escuchado la narración de la carta desde la entrada, y de inmediato decidió que Anthony sería perdonado, e indultado oficialmente, mandaría un escrito real por todo el reino anunciando su inocencia y su perdón, esperando que él lo escuchara y apareciera pronto para reunirse con los suyos.
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Emmet caminó con decisión hasta la biblioteca, donde el rey William observaba los grandes estantes repletos de libros, buscando alguno para leer. El rey se sorprendió de verlo en aquel lugar y lo saludó con la cabeza.
-Majestad, me gustaría hablar con vos.
-¿Hablar?- El rey lo miró asombrado- ¿Qué puedo hacer por ti?
-Mi señor, es mi intención pediros la mano de Rosalie Hale en matrimonio- Le confesó de inmediato- Sé que vos la acogisteis en vuestro palacio siendo apenas una recién nacida, sé que vos le habéis conseguido una buena educación y que es una fiel súbdita, por ellos, vengo a vos con intención de pedir su mano en matrimonio.
-Es muy noble por tu parte venir a mí a pedir su mano, pero es ella quien debe concedértela.
-Ella ya ha accedido, mi señor, pero creo que vos sois quien debe dar su bendición- Lo miró a los ojos- Vos sois lo más parecido a un padre que ha tenido.
-Agradezco tus palabras, y si ella está de acuerdo, tenéis mi consentimiento, aunque deberé pedirte un favor- Emmet asintió, a la espera de que hablara- Debo pediros que una vez casados, los dos vengáis a vivir a Carmody, había decidido convertir a Rosalie en mi consejera real, y como su esposo, tú también lo serás.
-¿Queréis que seamos vuestros consejeros?
-Así es, gracias a vosotros y a Jasper hemos podido solucionar todo esto sin demasiadas bajas- Le sonrió- Ve y comunícaselo a Rosalie.
-Muchas gracias, mi señor, de inmediato voy junto a ella.
Emmet salió presuroso en busca de su amada, emocionado y alagado por las palabras del rey William.
Al igual que había hecho Emmet, Jasper fue a la habitación de Carlisle y Esme, con intención de pedir la mano de Alice en matrimonio. En cuanto entró solo y con nerviosismo, los dos supieron a qué iba. Esme se ocupó de hacerlo sentir cómodo y Carlisle de que la conversación fuera fluida para darle confianza.
-Señor Cullen, quisiera hablar con usted de un asunto que para mí es de vital importancia.
-Ya lo sé- Le sonrió.
-¿Lo sabe?- Asintió sin perder la sonrisa- ¿Cómo puede saberlo?
-Hemos notado como miras a Alice, y nada más entrar, los dos hemos sabido a que venías- Le explicó Esme.
-¿Y qué opinan?
-Muchacho, nunca he conocido a un joven que la mirara como tú lo haces, y además eres valiente y responsable, por no hablar de cariñoso y protector, tal y como demostraste con Bella cuando llegasteis al pueblo- Le habló Carlisle, colocando una mano sobre su hombro- Tenéis mi bendición.
-Muchas gracias señor- Jasper sonrió mientras notaba como se relajaba todo su cuerpo.
-Pero tienes que cuidarla bien- Le dijo Esme- Y deberías buscar otro oficio, uno menos peligroso que no la hiciera sufrir demasiado cuando tú no estés.
-Señora, le dije a Alice que haría eso una vez tuviera el consentimiento de ustedes, y su respuesta fue que mi trabajo forma parte de mí y ella me quiere tal y como soy.
-Esme, es cosa de ellos si quieren que cambie de trabajo o no, nosotros no podemos tomar esa decisión.
Esme asintió, mirando a Jasper con los ojos llorosos, saber que su hija ya era toda una mujer y que pronto se marcharía de su lado hacía que se sintiera tremendamente feliz y a la vez desolada, como iba a extrañar a sus tres pequeños.
Tras haber leído la carta de su hermano, Edward había pasado el resto de la tarde junto a Bella, colmándola de atenciones, cumpliendo todos sus caprichos, hacía cualquier cosa que hiciera que ella se sintiera mejor.
Cerca de la hora de la cena, el rey Jacob y su esposa, la reina Leah, fueron a ver a la princesa convaleciente, y de paso, comentar con ella la situación del reino de Thunder.
-Sé que aun estás delicada prima, pero Leah y yo creemos que debes saber la situación actual y lo que hemos decidido al respecto.
-Claro, podéis contarme lo que queráis- Se incorporó un poco con ayuda de Edward- Estoy mucho mejor gracias a Edward.
-Me alegra oírlo- Le sonrió su primo- El reino de Thunder está sumido en un absoluto caos, los señores robaban, violaban y mataban para conseguir sus fines, y las gentes se han vuelto bastante desconfiadas, nadie se ha autoproclamado señor de las tierras por miedo y hay que hacer algo antes de que empeore la situación.
-Comprendo la gravedad de la situación, deberéis mandar a alguien competente y con don de gentes para apaciguarlos y encauzar la situación.
-Precisamente prima, y tanto Leah como yo, creemos que tú y Edward sois las personas indicadas para ese cometido.
-¿Nosotros?- Preguntó ella sorprendida por el ofrecimiento- No entiendo porque opináis así.
-Querida Isabella, como ya sabrás, mi padre fue el último rey de Thunder antes de que los señores se levantaran contra él y lo mataran, ahora que los señores han desaparecido me corresponde a mí por derecho de sangre el trono de Thunder, pero Eredian ya es bastante grande, no creemos ser capaces de gobernar ambos reinos por igual, por eso, ambos pensamos que lo mejor era cederte a ti la corona de Thunder.
-Es un honor inmenso- Bella les sonrió- Y acepto encantada, siempre que Edward esté de acuerdo.
-Yo.. Yo… No creo ser quien para llevar la contra a dos reyes y una princesa, así que acepto.
-Os lo agradecemos a ambos- Jacob estrechó la mano de Edward y abrazó a su prima- Mañana mismo comenzaré a preparar las cosas para que, en cuanto estés restablecida, seáis coronados reyes de Thunder.
Leah los abrazó a los dos y besó sus mejillas con una amplia sonrisa en sus labios, para después salir junto a su esposo, dejando al joven matrimonio a solas.
Edward comenzó a dar vueltas por la habitación, nervioso y conmocionado, Bella se percató de inmediato de su estado de ánimo y de su nerviosismo.
-¿Qué te ocurre? ¿Ha sucedido algo?
-¡Claro que ha sucedido!- Soltó sin pensar- ¡Acabas de aceptar ser la reina de aquel lugar sin tan siquiera consultarme antes! ¡Yo no tengo ni idea de cómo gobernar un reino!
-Te he preguntado, Edward, si tú hubieras dicho que no, jamás hubiera aceptado.
-¡Después de haber dicho que lo harías encantada! ¡Me he visto obligado a aceptar!- Bella empezó a notar sus ojos llorosos, incapaz de comprender que estaba sucediendo. Edward la miró y de pronto vio cómo se estaba comportando- Lo siento Bella, soy un idiota.
-No lo entiendo Edward, ¿qué es lo que he hecho mal? Te he preguntado, no he pasado por encima de ti, creo que no he cometido ningún delito tan grave como para que me hables así.
-Tienes toda la razón, lo lamento mi vida- Le acarició las mejillas- Es solo que me he puesto nervioso al escuchar la propuesta- Besó su frente- Yo jamás he aspirado a más que tener una simple granja y ser médico como mi padre, y de la noche a la mañana soy un príncipe al que acaban de ceder un reino entero.
-Lo lamento, no he pensado en lo que podría suponer este cambio para ti.
-No lo sientas- Besó sus labios- Esta situación es difícil para todos, pero la afrontaremos juntos, podremos con ello, te lo prometo.
Ambos se abrazaron y mecieron, queriendo calmarse y tomarse las cosas con calma. Edward recostó a Bella de nuevo en la cama para que descansara, y él se forzó a ver las cosas con optimismo, iba a ser rey, eso no había quien lo cambiara, así que lo único que podía hacer era intentar ser un buen rey.
Siento la tardanza, pero han sido unas semanas caóticas para mí. Espero que os haya gustado. Solo nos queda el epílogo. Espero vuestra opinión. Muchas gracias por vuestra paciencia y por vuestro apoyo.
En breve actualizaré el resto de historias.
