Tres semanas…. Tres malditas semanas habían pasado desde que vieron por última vez al idiota de su hermano mayor.
Dos semanas desde que la policía les había mencionado la posibilidad de que posiblemente había sido secuestrado, casi una semana desde que su mayor temor fuera confirmado al encontrar evidencias que corroboraban la teoría que tenían y a lo menos tres días desde que se enteraron que el secuestrador no era nada más ni nada menos que Tougo, el criminal que atormento al primogénito cuando eran apenas unos niños.
Así era como Choromatsu veía las cosas, se encontraba en el tejado tratando de asimilar el momento por el que pasaba la familia, todo había pasado tan rápido, apenas se estaban recuperando de la perdida de uno de ellos, para que ahora enfrentaran posiblemente la perdida de otro, pudo ser testigo en como su familia de poco iba perdiendo la esperanza de volver a ver Osomatsu con vida… por dios, estaban hablando de Tougo, no era el simple criminal que conocieron de niños, sino que era uno de los criminales más peligrosos del país.
Se sentía un inútil, en estos momentos él era el hermano mayor, pero de que servía si ni siquiera podia ser un apoyo para ellos. De que servía si estaba igualmente destrozado por dentro, -de seguro…. Tu sabrías que hacer, no Karamatsu-nissan- decía mientras miraba hacia el cielo, en donde creía que se encontraba su hermano, y que a la vez pedía que lo ayudara en toda esta situación.
Los días pasaban tan rápido que no cuenta se dio cuando ya había cumplido tres semanas de su calvario. Tres semanas en donde fue tratado como un objeto sexual. En parte agradeció la indicación del doctor, el de no mantener relaciones, pero eso no significaba que se salvaría.
Durante todo ese tiempo tuvo que soportar las caricias y besos que ese hombre le daba, además de tener que engullir su miembro hasta que se atragantara. Era algo realmente desagradable, pero que opción tenia, sino obedecía a ese moustro, el muy infeliz tomaría represalias contra Karamatsu y eso era lo que menos quería, por muy maldito que se comportaba con él, Osomatsu aun lo amaba y no dejaría que se lo arrebataran nuevamente, aunque eso significara vivir un infierno.
También se había enterado que el causante del accidente de su hermano había sido unos de los subordinados del de traje marrón, en realidad al que debían haber atropellado era a él, no Karamatsu…. Por más que tratara de entender a ese hombre, no lo lograba, según lo amaba demasiado, pero desde un principio lo quería muerto…. Qué clase de amor enfermizo tenia este hombre.
-Ahh…. Maravilloso, te has vuelto bastante bueno en esto- decía mientras tomaba por la cabeza al de rojo para poder así llegar más profundo a su garganta.
Por su parte, Osomatsu solo podia tratar de no ahogarse, además de retener las ganas de vomitar, pero por más que quisiera, al parecer el sujeto tenía pensado terminar en su boca, otra vez. No tuvo que esperar mucho para sentir como la semilla de Tougo se abría paso hacia su garganta, de mala manera aprendió a que no debía botar ni una sola gota, por más desagradable que fuera.
Por otro lado, Tougo ya estaba más que satisfecho con el trabajo del menor y mientras guardaba su miembro en sus pantalones, ordeno a que se llevaran a su tesoro a la habitación. Por mucho que le disgustara separarse de él, tenía un negocio que mantener, además de tener que dar los últimos detalles de un gran robo que estaban a punto de perpetuar, si todo salía como él quería, muy pronto estaría al otro lado del mundo junto con su pequeño tesoro. Y por fin se podría deshacer del segundo Matsuno.
No podia negar que, hacia un trabajo excepcional, lo había entrenado bien, cualquiera que lo viera no creería que solo le tomo menos de dos meses en poseer las habilidades que tenía; habilidades que algunos desarrollaban con casi diez años en el trabajo. El chico poseía dotes innatos… y por eso mismos dotes, lo consideraba una gran amenaza, tanto en la obtención de poder como en la atención de su tesoro.
Era una noche bastante tranquila en la zona rosa de la ciudad de Tokio, sentía que hace mucho tiempo no sentía una sensación como esa. A pesar de estar en la ciudad por temas de negocios, algo en ella lo hacía sentirse nostálgico.
Se encontraba esperando a que sus subordinados terminasen con los últimos detalles, de la bodega donde esconderían el motín una vez allanado, además de estar revisando unos planos del banco. Agradecía inmensamente que Tougo lo haya mandado a supervisar el tema de la bodega, no podia aguantar más estar cerca del preciado tesoro de este, no es que lo odiara, en realidad deseaba hacerlo, pero por más que quisiese, algo dentro de él no se lo permitía.
Durante el tiempo que estuvo de entrenamiento pudo recobrar algo de su memoria, podia recordar claramente todas las veces que sus "queridos hermanos" lo insultaban, golpeaban, ignoraban e incluso recordó el momento en que fue secuestrado por un nomo*, y que hicieron ellos… tan solo tirarle lo primero que vieron, con la intención de matarlo. Los odiaba, quería que sufrieran, que sintieran todo el mismo daño que sufrió.
Talvez estaba actuando un tanto vengativo, pero no le importaba, a pesar de que en ninguno de sus recuerdos aparecía este tal Tougo, aun así, no le importaba…. Fue el quien lo cuido, entreno, le dio una vida, y haría lo que fuera con tal de devolverle el favor. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando uno de sus subordinados se le acercaba para darle un mensaje de parte del jefe.
-Kara-sama, se nos ha comunicado que el arribó de Tougo-sama será mañana por el amanecer, en el aeropuerto de Haneda…. Para posterior ser transportado a la zona de seguridad ubicada en el centro de la zona rosa de la ciudad- finalizaba, para posterior esperar nuevas órdenes.
-Dime…. El chico ese…. Vendrá con él- decía sin despejar sus ojos de los planos, más el tono de su voz sonó un tanto preocupado, sabía perfectamente que, si estaba cerca del chico, no rendiría al 100%... no hacía falta ocultarlo, el chico lo ponía nervioso, la razón aun no la sabia… a pesar de que le habían dicho que era su hermano…. El simplemente no lo podia recordar, nada de él le venía a la mente.
Pero cada vez que fue testigo de cómo Tougo pasaba sus manos por el cuerpo del chico, sentimientos que desconocía comenzaban a surgir en su interior, e inclusive más de una vez tuvo que aguantarse las ganas de propinarle un golpe a su querido jefe.
-Eh, realmente no lo sabemos, pero lo más seguro es que así sea…. De por si donde vaya Tougo-sama, el chico esta con él-
-Bien…. Una vez terminado los preparativos, asegúrense de que no haya topos merodeando por los alrededores…. En caso de encontrar a uno tráiganmelo enseguida. - vio como el sujeto daba una pequeña reverencia y se disponía abandonar el lugar. Hace algunos días habían visto alguno que otro tipo merodeando el lugar, talvez eran unos simples civiles, pero no dejaría ningún cabo suelto…. El plan debía salir a la perfección.
Y sin nada más que hacer en el lugar se dispuso a ir hacia su oficina, debía de ordenar sus pensamientos y averiguar la razón por la que él de rojo lo ponía tan nervioso.
-¿Qué te hace tan especial, Osomatsu? -
No supo en qué momento se había quedado dormido, seguramente habían usado en él otra vez esas pastillas que tanto detestaba. Acaso era necesario doparlo para poder moverlo de un lugar a otro…si con los gorilas que tenían como guardaespaldas no fueran suficientes para poder retenerlo y aunque así fuesen las cosas, el no haría absolutamente nada.
Trato de incorporarse en su lugar, al lado suyo pudo apreciar al imbécil de Tougo y como este dormía tan relajadamente mientras que él tenía manos y pies amarrados, soltó un suspiro, ya debería estar acostumbrado a este tipo de trato.
Fijo su vista al frente para poder encontrarse con el mismo médico de la otra vez. - Si estás aquí, significa que van a hacer otro de sus trabajos…- más que una pregunta era como una aclaración.
-Así es… pero no estoy en condiciones de darte mayores detalles- y sin más volvía su vista a los papeles que tenía en la mano.
Osomatsu no pudo preguntar nada más, ya que sintió como el vehículo se detenía en lo que podia apreciar una especie de bodega, las puertas fueron abiertas, pudo sentir como unos brazos lo tironeaban con tanta fuerza que de seguro la zona quedaría morada. -Pero que tenemos aquí…. Si es la puta del jefe- se burlaba un sujeto, estas mismas escenas se repetían cada vez que se encontraba solo o cuando simplemente Tougo se dedicaba a dormir, como era en este caso.
-¿A quién llamas puta desgraciado? … o es que acaso quieres estar en mi lugar, que con gusto te lo cedo- decía para posterior sentir como un puñetazo terminaba en su cara.
-Cierra la puta boca, no eres más que un simple juguete para el jefe…. El día en que se aburra de ti, ten por seguro que una de sus balas terminara en tu cabeza-, se podia apreciar el veneno con lo que decía cada palabra.
-Y ten por seguro que este también será tu caso si es que vuelves a ponerle un dedo encima…. Queda claro- tan solo esas palabras bastaron para que el tipo lo soltara con delicadeza para posterior arrodillarse suplicando por su perdón. Al parecer no tenía ni idea que en el mismo vehículo estaba su jefe, que escucho y presencio lo ocurrido anteriormente. De haberlo sabido, nunca hubiera dicho lo anterior.
-Déjalo…. Al final de cuentas dice la verdad no- fue Osomatsu quien hablo esta vez, mas Tougo solo pudo subir sus hombros restándole importancia a las palabras del menor además de dedicarle una gran sonrisa retorcida. De inmediato dio la orden de trasladar al de rojo a unos de los mejores moteles de la zona.
Esto hizo que el de rojo comenzara a temblar, tan solo la idea de volver a sentir a ese moustro en su interior hacia que unas inmensas ganas de vomitar surgieran en su interior. No estaba listo para aguantar esa clase de castigo y nunca lo estaría.
-Vamos no tienes por qué preocuparte, esta noche no podre estar contigo…pero mira el lado bueno tendrás a nuestro doctor favorito haciéndote compañía- decía el mayor con una gran sonrisa mientras apuntaba al médico. Osomatsu cada vez se convencía más que Tougo no debería ir a la cárcel, sino que a un centro psiquiátrico y al parecer al médico poco y nada le importaba hacerle compañía al de rojo, el solo seguiría en lo suyo.
Ambos personajes se disponían a subir nuevamente al vehículo, pero detuvieron su andar por orden del jefe, - esperen, esperen…. Alguien más se les unirá- y con un gesto con la mano hizo que mandaran a llamar al tercer integrante del trio.
A los pocos segundo Karamatsu se encontraba enfrente de los personajes, claramente con una cara de fastidio, -dime… porque tengo que ser niñera de estos sujetos-, ya lo habia mencionado, el de rojo lo ponía nervioso, ni hablar del médico ese, pudo haberle salvado la vida hace tiempo, pero sabía que ocultaba algo y lo que más odiaba eran los secretos.
-Vamos Kara-kun, te sabes el plan al revés y al derecho, no hay necesidad a que te quedes para ver los últimos detalles…. Además, eres al único que confió en que pueda cuidar a estos dos…. Sobre todo, a esta lindura- decía mientras acariciaba el rostro de Osomatsu, cosa que hizo enojar a nuestro Matsuno azulino.
No muy convencido acepto el trabajo encomendado, unos días más y por fin estaría lejos del de mirada carmesí. - bien… será mejor que comiencen a moverse- dijo, para posterior dirigirse al vehículo que lo llevarían al motel, no era el mejor lugar, pero no podían darse el lujo de ir a un hotel para que puedan reconocer el rostro de Osomatsu. Ya que, desde hace unos días, por la televisión dieron a conocer la noticia del secuestro del primogénito de la familia Matsuno.
Una vez en su destino pudieron reconocer perfectamente de cual motel se refería Tougo, era uno que era enteramente financiado por el criminal, quedaba más que claro que ellos guardarían el secreto de que mantenían a un secuestrado.
Una vez registrados, les dieron la llave de la mejor habitación que tenían, cabe decir que se asemejaba a un mini departamento que contaba con dos habitaciones, simple, pero a la vez acogedor. Ya dentro de ella el medico se dirigió a una de las habitaciones alegando que necesitaba estar a solas para poder seguir con sus estudios e insinuando que no lo molestaran.
Por otro lado, Osomatsu se habia quedado a solas con Karamatsu, se podia notar el ambiente incomodo que producían ambos, pero dejando el ambiente de lado y sin tomar en cuenta las advertencias del doctor, el de rojo debía intentar hablar con él, tenía que intentar que lograra recordarlo, aunque sea es más mínimo recuerdo.
-K-kara... matsu…. Yo…- más las palabras quedaron en el aire al momento de sentir como unos labios se apoderaban de los suyos, fundiéndose en un profundo y apasionado beso.
N/A: Por fin... soy libre de mis odiosos primos ¡YEII!
