¿El desenlace?
Incluso la optimista Rin tiene días en los que todo le sale mal, y ese, sin duda alguna era uno de ellos. Ver al chico que te gusta a primera hora del día con la chica que tanto te desagrada, que escuche tus sentimientos por boca de su hermano, y que cuando estés por declararte llegue nuevamente esa chica que detestas y le dé un beso frente a ti, como intentando decir "Él es mío, no te acerques, eres inferior a mí", era más que suficiente para que un día se arruine.
Ya ni ganas tenía de ir al colegio, tal vez volvería a casa y diría a su madre que no se sentía demasiado bien. Eso era un buen plan, sobre todo porque ya no tenía energías para seguir viendo cosas tan horribles como a Sesshomaru con su noviecita.
Suspiró y estiró sus brazos al claro cielo que se presentaba allá arriba, tan lejos de sus manos, tan ajeno a aquel mal día que estaba teniendo ella.
—¡Ya basta, Rin, no puedes achacarte así por un tonto chico!
Llevaba ya un buen rato caminando desde que se alejó de Sesshomaru, sumida en sus deprimentes pensamientos respecto al amor. Así como era de optimista podía ser igual de deprimente, pero eso terminaba agotando más aún a la muchacha así que por lo general poco le duraba y buscaba cualquier cosa para poder animarse de nuevo. Usualmente hablar consigo misma le animaba muchísimo. Incluso parecía estar funcionando ahora mismo.
—¿Ahora soy un chico tonto?
Claro, hasta que nuevamente la voz de ese tonto, imbécil, desgraciado, mujeriego e infeliz, llegó hasta sus oídos.
Suspiró largo y tendido, bajó las manos que había mantenido alzadas hasta entonces y las apoyó en su propia cabeza, revolviendo un tanto su cabello, al límite de la frustración y el enojo.
Por su puesto, el perceptivo, pero tonto, imbécil, desgraciado y demás, chico, notó inmediatamente esos cambios de ánimo en la muchacha, sintiendo cierta preocupación entonces por su estado mental. ¿Era posible para un ser humano normal cambiar tan rápidamente de emociones? Porque si no mal recordaba, hace un rato tenía todas las ganas de matar a su hermano, luego se puso avergonzada como una chiquilla, después juraría que se sintió decepcionada al verle con Kikyo, y ahora, de lo que sea que significase estar con las manos alzadas al cielo pasó a estar completamente cabreada. Simplemente no podía estar mentalmente sana aquella muchacha.
Eso según Sesshomaru, que era una jodida piedra con la capacidad de moverse, hablar y hacer montones de cosas geniales y atractivas menos sentir cosas como enojo, decepción u otros. ¡El condenado no tenía sentimientos!
—Sí.
¿Qué? ¿Sesshomaru era el único que podía responder con monosílabos? ¡Ja!
—Hmp, vamos a la escuela, es casi la hora.
El peliplata sabía por qué la joven estaba molesta, pero eso no significaba que tenía que darle alguna explicación de lo que había sucedido sin que ella misma la pidiese. Esa no era su forma de actuar, comenzar a hablar como si tuviese la culpa de algo cuando era completamente inocente de cualquier culpa.
—Me voy a casa, me siento enferma.
Sin más que decir, comenzó a caminar nuevamente, ahora con un destino totalmente claro y con la fuerte convicción de no dejarse doblegar por las bonitas palabras que pudiese decir ese chico.
Sin embargo, él no dijo absolutamente nada, sólo la contempló durante unos instantes antes de dirigirse hacia el colegio, con la calma y atractivo que le caracterizaban, pero con un mal humor que se notaba a kilómetros.
Rin por su parte nuevamente se veía con un semblante decaído, casi como si estuviese enferma. En el fondo de su corazón esperaba que Sesshomaru decidiese acompañarle a casa por estar "enferma", que en el camino conversasen de cosas tontas y totalmente alejadas del tema que ahora le tenía así, para después hacer como si nada hubiese pasado, pero esta vez no resultó así.
Caminó un par de calles más antes de llegar a su hogar, dónde aún se encontraba su madre, preparándose para ir a trabajar. Su reacción fue más que sorpresa al ver a su hija con aquel semblante y a esa hora volver a casa.
—Rin, cariño ¿Sucede algo?
La pequeña muchacha intentó esbozar una sonrisa que terminó siendo más una mueca rara que la hizo lucir verdaderamente enferma.
—No me siento muy bien, mamá, ¿Puedo quedarme hoy en casa?
Como se esperaría de cualquier madre, se acercó preocupada hacia su hija y dirigiendo una mano hacia su frente comprobó si tenía fiebre, pero como al parecer su temperatura estaba bien, su preocupación disminuyó.
—Claro que sí, ve y acuéstate, si necesitas algo llámame ¿Si? Yo avisaré al colegio que te sientes enferma y no irás por hoy.
—Gracias mamá.
La joven subió escaleras arriba hasta llegar a su habitación, dejó su bolso escolar sobre el escritorio y se dejó caer sobre su cama, con la espalda al techo. Deslizó sus brazos bajo la almohada y cerró los ojos. Dormiría un rato, luego tal vez saldría a dar una vuelta para despejarse y subir su ánimo.
Al cabo de pocos minutos su respiración comenzó a volverse más lenta y pausada, apenas se percataba de lo que sucedía a su alrededor, escuchando uno que otro auto a lo lejos. Ya estaba al borde de caer completamente dormida cuando a la distancia, como si de un sueño se tratase, escuchó como se abría la puerta de su cuarto, seguido de una voz completamente familiar que decía algo como "No tiene remedio" y otras cosas que simplemente no recordaría más tarde. Lo último que sintió fue que algo caía sobre su cuerpo y le cubría completamente.
.
Se despertó a causa del sonido de su móvil, que desesperadamente indicaba que alguien estaba llamando, con el fin de despertar a su dueña y que cogiera la llamada, pero la muchacha simplemente ignoró la primera alerta, estaba más dormida que despierta, sin embargo, insistente, volvió a sonar el móvil, obligándola esta vez a sacarla completamente de su sueño.
—¿Hola…? —Contestó arrastrando las palabras y con la inconfundible voz de alguien que lleva un buen rato durmiendo.
—¿Rin? ¿Qué te sucedió? Tu maestro dijo que te reportaste como enferma ¿Estás bien?
Era Kagome, que sonaba bastante preocupada por la salud de su amiga. En verdad demasiado, casi podía tocar aquella preocupación a través del móvil.
—Estoy bien, no te preocupes, Kagome, ahora estoy en mi casa. Puedes venir con Sango después de clases ¿Qué dices?
A medida que escuchaba las palabras de su amiga y ella misma respondía, despertó y recordó lo que había sucedido antes de su siesta. Estos hechos eran más que merecedores de una larga conversación con sus amigas, además adivinaba que ellas estaban por demás curiosas sobre el tema.
—Está bien, entonces ahora vamos para allá, pero ¿Segura que estás bien?
—Sí, estoy bien, sólo vengan ¿Si?
Luego de un breve intercambio de palabras, cortaron. Rin se sentó en la cara, tallando su rostro con ambas manos antes de ponerse de pie para dirigirse al armario. Seguía con el uniforme escolar, así que era completa y absolutamente necesario que se cambiase de ropa. Observó las prendas que había en su interior y decidió ponerse un vestido de un suave color púrpura con detalles en blanco, muy fresco y agradable para la calurosa época. Además tomó también un par de zapatillas, las que siempre usaba, pues iría a comprar algo para esperar a sus amigas.
Una vez vestida y lista, tomó el móvil emprendió camino hacia la salida, observando de paso la hora.
Sus ojos se abrieron como plato al ver que ya era hora del término de clases ¡¿Cuánto había dormido?! ¡Por Dios, no era posible que se la hubiese pasado durmiendo todo el día!
Vale, tendría que apresurarse en ir a la tienda para volver antes de que sus amigas llegasen a casa.
Dicho entonces, la muchacha fue y volvió tan rápido como pudo de la tienda. Era un alivio que quedase cerca de su casa. Compró un par de cosas para picar, algo pequeño para pasar la tarde.
A penas acababa de poner las bolsas sobre la mesa cuando tocaron la puerta de su casa, unos toquecitos que anunciaba la llegada de las muchachas. Con el ánimo mucho más repuesto gracias a aquella siesta, se dirigió a abrir la puerta, con su habitual sonrisa alegre en los labios.
—No tardaron absolutamente nada, pase…
Sin embargo, tanto la voz como la sonrisa de Rin se apagaron cuando se dio cuenta de que no eran ellas las que estaban esperando en la entrada de su casa, sino más bien él, y no cualquier él, pues era el chico más tonto y guapo de todos.
—Tus amigas no van a venir.
Vaya que bonito saludo.
—Vale… siempre eres bienvenido a mi tarde de chicas.
La verdad no sabía que más decir. Podía imaginar un poco el motivo de su visita, aunque no adivinaba del todo que diría específicamente.
—Por cierto ¿Qué les hiciste? —La muchacha se hizo a un lado para permitir que pasara al interior de su hogar, de pronto le pareció mal educado estar conversando con él sin haberle ofrecido el ingreso.
El peliplata se encogió de hombros, caminando hasta poder cerrar la puerta tras de sí. En realidad sólo había si es que la muchacha había aparecido en los otros periodos de clases y luego de eso, fue enviado a la casa de la chica.
Claro está, que el que las amigas de Rin le hayan sugerido ir a su casa no era del todo la razón por la que se encontraba allí ahora. El resto de la causa, era el extraño mal entendido que tenía la menor en su cabeza, con respecto a él y Kikyo. Y sí, sabía que anteriormente estaba firmemente convencido de no aclarar absolutamente nada sin que ella se lo pidiera, pero conocía a la pelinegra y sabía que cuando se ponía así, no había nada que la hiciese cambiar de opinión. En conclusión alguno de los dos tenía que dar su brazo a torcer, y esta vez le tocó a él.
—Toma asiento, había comprado un par de cosas para comer con las chicas, ¿Quieres comer algo? ¿O tal vez tienes sed? De todas formas voy preparar algo ¿Si?
Y nuevamente hacía acto de presencia la Rin nerviosa, un tanto más habladora de lo normal, bastante temerosa de lo que tendría que escuchar.
—No. Te vas a quedar completamente en silencio hasta que yo diga que he terminado de hablar.
Aún muy nerviosa asintió un par de veces, sin decir ni una palabra como prácticamente se le había ordenado.
—Entre esa tal Kikyo y yo no hay ni habrá nada. ¿Entiendes? —Esperó un asentimiento por parte de la muchacha antes de continuar hablando. —Si tienes algún problema con su estúpido beso entonces ve y háblalo con ella, no es mi problema que locas como ella vayan besando hombres como se les dé la gana. Y ahora, si lo que quieres es la razón de porqué yo y ella no vamos a estar jamás juntos, es ésta: Estoy esperando que la cría que tengo enfrente termine de decirme lo que escuché por boca del tonto de Inuyasha.
El cerebro de Rin parecía estar cansado de tener que procesar tanta información junta y es que parecía analizar letra por letra de cada palabra que aquel hombre le había soltado así como si nada, y con todo el tiempo del mundo, como si éste se hubiese detenido y la paciencia nula de Sesshomaru se hubiese extendido hasta límites inimaginables. Mientras tanto, en su rostro se veía reflejada la mejor expresión de "No te entiendo un carajo" que podía poner.
Sin embargo, algo totalmente inesperado para la chica comenzó a ocurrir. Mientras procesaba y procesaba todas sus palabras, de sus labios salió una simple y corta frase.
—Me gustas, Sesshomaru.
Tal vez medio minuto o un poco más fue lo que necesitó para ponerse tan colorada como un tomate y comprender la totalidad de aquella extraña conversación.
Otros segundos para darse cuenta de que se había declarado, así sin más.
Y un segundo más tarde puso la mejor cara de horror y vergüenza que podía.
Por el otro lado, Sesshomaru se preguntaba, otra vez, cómo era posible que esa muchacha cambiara tan rápidamente de emociones una y otra vez ¿Su cerebro no colapsaba acaso? Pero… no cabía duda que no había nada mejor en el mundo que ver todas esas expresiones en el rostro de aquella niña.
Con aquella última cara que puso Rin, sucedió algo inesperado y hermoso, que pocas veces se repetiría: Vio a Sesshomaru reír. No una media sonrisa, ni una sonrisa decente, le vio reír así como ella reía a cada rato y el motivo no era nada ni nadie más que ella.
Luego de aquel breve y mágico instante, que para gusto de Rin, fue demasiado corto, soltó:
—Me miras como si me hubiese transformado en demonio.
Ella estaba aún aturdida por todas las emociones que de un segundo a otro le embargaron, además, era consciente de que tampoco había obtenido una respuesta, aún, pero había algo más importante que estaba ocupando su mente y era la bella imagen de su amigo de la infancia riéndose ¿Había visto alguna vez algo más lindo? La respuesta era un rotundo no.
Poco a poco la felicidad de haber sido testigo de aquel gesto comenzó inundarle, lo que provocó que nuevamente perdiese la noción de sus actos (Aunque esta vez sólo a medias) pues sin pensarlo recorrió la distancia que le separaba de Sesshomaru, un par de metros, y envolvió su torso en un cálido abrazo. Jamás había imaginado que podía ser tan feliz sólo por aquella tontería.
—Lo dije… sin pensar. — Murmuró con su rostro contra el pecho del peliplata.
El joven nuevamente había adoptado la seria expresión que le caracterizaba, excepto por su mirada, había algo diferente en ella y tenía que ver principalmente con aquella chica que estaba abrazándole. Con delicadeza apoyó una de sus manos sobre su cabeza, mientras que la otra se apoyó en la espalda de la muchacha, queriendo mantenerle así por todo el tiempo posible.
Y así pasaron varios minutos, tranquilos, cada uno perdido en sus pensamientos, bastante similares debido a la situación en la que se encontraban. La primera en romper aquel cómodo silencio fue Rin.
—Sesshomaru… ¿Tú me quieres?
Dada las circunstancias en las que se encontraba y teniendo muy en cuenta que Sesshomaru no era alguien de muchas palabras sino más bien de acciones, la respuesta estaba más que clara, sin embargo, estaba el hecho de que Rin era alguien que sí necesitaba de las palabras, claras y directas, para poder asumir cualquier cosa, o sino su imaginación no tardaba en llegar a límites desconocidos.
Ambos conocían perfectamente ese rasgo que tanto los diferenciaba a ambos.
—Sí.
—Ah, pero no me refiero al cariño de amigos, quiero decir, ¿Me quieres de la misma forma que yo a ti?
Esta vez el muchacho rodó los ojos, definitivamente esta chica necesitaba un dibujo para poder comprender la situación.
—Me gustas.
Nuevamente se dejaron envolver por un silencio tranquilo y lleno de paz, permanecieron sin moverse durante un buen rato, hasta que Rin consideró que tal vez ya era demasiado contacto físico para Sesshomaru por el resto de su vida.
Soltó una corta risa cuando sus cuerpos se alejaron. No cabía en sí de la felicidad.
Sin embargo, fue él quien nuevamente acortó las distancias, llevando su mano derecha a su mejilla y posteriormente sus labios a la frente de la más baja, dejando allí un suave beso.
El tiempo pareció detenerse justo en ese preciso instante. ¿Qué era exactamente esa faceta que Sesshomaru estaba mostrándole? Sea que fuese, le gustaba, y quería seguir viendo más de aquel chico que la trataba de esa forma.
Una breve despedida y Sesshomaru se retiró del lugar, tranquilo, impasible, tan calmado como se le veía a diario.
La pelinegra aún aturdida se dirigió al sofá más próximo de la sala, y se dejó caer sobre él, pensando y formulando miles de pregunta acerca de todos los acontecimientos de ese día.
¿Realmente se había solucionado todo el lío con Kikyo? Bueno, por su lado y el de Sesshomaru ya estaba más que claro el asunto, pero ¿Ella estaría enterada de todo eso? Probablemente no, pero era un tema que mejor dejaría a un lado, mañana vería qué hacer con ello, si es que quedaba algo por hacer.
Soltó un largo suspiro, liberando una increíble cantidad de la alegría que sentía. Estaba tan contenta, tan… feliz. ¡Necesitaba hablar ya con sus amigas de ese gran día que estaba teniendo!
Como si el sofá le hubiese quemado, se levantó con rapidez y dirigió sus pasos a la mesa, donde había dejado el teléfono móvil cuando volvió de la tienda. En cuanto lo tuvo en sus manos marcó el número de Kagome. Estaba segura de que Sango aún estaba con ella, así que tendría que hacer sólo una llamada.
La muchacha no tardó nada en atender el móvil sonando algo preocupada aún.
—¡Kagome, ven con Sango ahora mismo! Hay algo que quiero contarles.— Dijo, sin poder evitar reírse alegremente al finalizar la frase, realmente estaba completamente emocionada.
—E-está bien, estamos cerca, así que ya vamos para allá, espéranos.
Tanto Sango como Kagome se hacía una idea de lo que le sucedía a la chica, más que nada porque después de la breve charla con Sesshomaru en el colegio habían creado mil y una teorías de lo que podría suceder cuando ambos se encontraran.
Así como dijo Kagome, fue poco lo que tardaron en llegar hasta la casa de la menor, listas para escuchar todo lo que la menuda muchacha tuviese para decirles.
—¿Entonces? Te escuchas muy emocionada por el móvil. ¿Qué sucedió entre Sesshomaru y tú?
Ya estaban todas instaladas en la habitación de la joven, las tres sentadas en el suelo, una en frente de la otra. Las dos mayores con palpable curiosidad y totalmente expectantes.
—Pues…
Tal feliz estaba la muchacha que no podía decidirse qué contar primero. ¿Empezaba por la declaración? O mejor por el inicio, desde cuando había llegado a su casa.
—Venga, Rin, habla de una vez, nos vas a matar con tanto suspenso
Esta vez fue Sango quien le incentivó a hablar, que desde el día anterior no podía quitarse esas ganas de saber qué había exactamente entre el peliplata mayor y su amiga.
—Bueno, no había tenido oportunidad de contarles hasta ahora, lo que sucedió en la mañana, después de que Sesshomaru me separara de ustedes. —Hizo una breve pausa, necesaria para soltar un breve suspiro al recordar la escena de aquel día. —Mientras estaba hablando con él, y justo antes de que pudiese decirle lo que Inuyasha le dijo, llegó Kikyo y le dio un beso, en la mejilla, como intentando decirme que yo no era nadie para acercarme a Sesshomaru y que le pertenecía a ella. Me dio esa sensación y la verdad sentí que no tenía nada que hacer allí, creí que a Sesshomaru realmente le gustaba ella porque antes de encontrarme con ustedes lo vi cerca de mi casa hablando con ella, así que me fui. No me sentía nada bien de ánimo y en resumidas cuentas vine a casa y dormí todo el día hasta que me llamaste.
—¡¿Estás hablando enserio?! ¡Esa chica definitivamente…! No puedo creerlo, Rin. Ella es capaz de llegar a cualquier cosa cuando quiere algo. Hablo de que no le importa jugar con las personas, lastimar sus sentimientos ni nada. Siento pena de que a Inuyasha le guste ese tipo de persona…
Kagome no sabía emplear las palabras adecuadas para calificar a la mayor de las muchachas, tal vez porque lo indicado sonaría demasiado fuerte aún a pesar de que fuese cierto, sin embargo, no cabía duda alguna de que Kikyo no era del agrado de Kagome.
—Oh, es cierto que tiempo atrás a Inuyasha le gustaba ella. —Comentó sango, asintiendo un par de veces, aunque creía que ya había superado esa etapa, pues últimamente no había nombrado a la muchacha más.
—Al parecer aún le gusta… —Agregó Rin, pues bastaba con ver las expresiones en el rostro de la más cercana al menor de los hermanos para adivinar que aún gustaba de Kikyo.
—La estaba superando, hasta que la arpía esa se acercó nuevamente a Inuyasha. Estoy segura de que lo está utilizando para acercarse a Sesshomaru, y el idiota de Inuyasha no le ve. —El asunto aquel sin duda frustraba demasiado a Kagome, que pensaba en formas para hacer que su amigo se diese cuenta de las verdaderas intenciones que tenía la mayor de las muchachas, porque estaba segura de que si se lo llegaba decir directamente, éste la tacharía de loca y ambos se molestarían con el otro. Ahh, era todo un problema aquel.
—Bueno ya idearemos algo para que Inuyasha se dé por enterado de lo cruel que es esa mujer, por ahora, termina de contarnos, Rin, ¿Ahora estás saliendo con Sesshomaru? —Fue Sango la que volvió al tema principal de la conversación, pues aún no daba por satisfechas su curiosidad.
—Bueno, no sé si estamos saliendo exactamente, creo que sí, porque yo le dije lo que sentía y él también lo hizo, aunque no aclaró nada de ello… ¡Pero estoy muy feliz de que Sesshomaru me quiera!
Volvió a reinar el ambiente alegre en la habitación, pues las otras muchachas no tardaron en reír junto con la menor y comentarle lo felices que estaban porque las cosas haya salido bien.
—Espero que Kikyo les deje de molestar de una vez por todas, aunque ojalá que no se ensañe más con Inuyasha, no quiero verle sufrir por su culpa…
La expresión de tristeza que puso Kagome fue suficiente para que las otras dos notasen algo que todos sospechaban pero que ella misma insistía en negar una y otra vez.
—¿Es eso o…?
—¿O quieres ser tú a quien Inuyasha vea como ve a Kikyo?
Entre dos se las arreglaron para formular aquella pregunta de la forma más sutil posible, pero tal vez la sutileza no era algo que se les diese muy bien, a ninguna de las tres.
—N-no sé de qué hablan, yo sólo no quiero que Inuyasha esté sufriendo por alguien como ella…
Tanto la sonrisa de Rin como la de Sango dejaron entrever que ya no se tragaban esas palabras y que no fingirían creerle nunca más respecto al tema, porque ya se estaba demasiado obvio.
—Vamos, ya sabemos que te gusta Inuyasha, no tienes que esforzarte en negarlo, mh.
La acusada observó fijamente a Sango luego de que dijo aquellas palabras, soltando un suspiro largo, antes de asentir brevemente con la cabeza.
—Pero no es por eso por lo que no quiero que Kikyo se le acerque. A él ya le gusta ella, no puedo hacer nada con ello, pero sabiendo sus verdaderas intenciones no puedo quedarme sin hacer nada y ver cómo es engañado y luego desechado.
—Lo sabemos, Kagome, no eres la clase de persona que sacaría provecho de eso ¿Verdad? A ti realmente te interesa lo que le suceda, y quieres hacer lo posible porque no salga lastimado, aún si eso significa dejar tus sentimientos a un lado, así que no te preocupes. Tanto Sango como yo vamos a apoyarte hasta que logres tu cometido.
Kagome pensó que realmente no había mejores amigas que las que tenía en frente suyo, y se sintió la más afortunadas de que fuesen precisamente sus mejores amigas.
El resto de la tarde se la pasaron conversando y riéndose de algunas cosas, disfrutando de aquella instancia en la que sólo estaban las tres y podía hablarse de absolutamente cualquier cosa. Eran realmente agradables esas ocasiones, pero por desgracia el tiempo se les pasaba volando, aunque pareciese que hace apenas cinco minutos habían llegado al hogar de la menor.
Así, pronto llegó la hora de que las visitas se marchasen, pues tenían que llegar a hacer varias cosas a casa y Rin tampoco quería retardarlas más, así aprovechaba también de preparar la cena antes de que su madre llegase.
Entonces una vez que se fueron sus amigas, rápidamente se puso a preparar la cena, teniendo todo listo justo cuando su madre anunció su llegada.
—¡Ah! Bienvenida, mamá, estoy en la cocina.
La mujer adulta se dirigió entonces al lugar del que provenía la voz de su hija, encontrándose no sólo con la agradable sorpresa de la cena, sino con que la menor tenía un semblante notablemente mejor, más alegre, más como usualmente solía ser.
Cenaron en la agradable compañía de la otra, con una amena conversación, que no terminó hasta que cada una se despidió y desapareció por su cuarto, cerca de una hora y media después de la llegada de su progenitora.
Entonces, en la soledad de su habitación, luego de haberse aseado y cambiado la ropa por su pijama, Rin deseó que todos los días fuesen igual a ese, felices, sin mayores problemas…
-o-o-
¡Muchas graaaaaaaaaaaaaaaaacias! Son unas linduras, todos quienes comentaron el primer capítulo y sólo por ustedes ¡Aquí está el segundo, pero no último, capítulo!
¿Qué les pareció? Me divertí más en este, sobre todo porque experimenté mucho en aquella parte en la que la piedra sin emociones (entiéndase Sesshomaru) rió. Cambié una y otra vez esa parte, hasta que terminó en eso.
Sobre cada cuánto subo capítulo, pues no soy de esas escritoras ordenadas que tienen estipulada una fecha de publicación y la respetan pase lo que pase. En realidad soy bastante desordenada, pero es porque trabajo y estudio a la vez, entonces no siempre estoy con el ánimo de escribir, o hay veces en las que simplemente no se me ocurre cómo continuar, así que prefiero hacerlo cuando tenga ganas e ideas para hacerlo y así no hacer una entrega mediocre sólo por cumplir un paso. En resumen, no tengo idea cada cuanto actualizo, pero me esforzaré por no dejar pasar demasiado tiempo, sobre todo porque sus rvw me animan muchísimo.
Ahora yo quería preguntarles si es que en este sitio se puede responder a los rvw, porque mientras los leía, en algunos salía algo así como una burbujita blanca al lado de ese triángulo amarillo y no sé para qué carajos sea, sino es así, entonces tendré que hacer una respuesta general al final del cap como ahora.
¡Espero que les guste, de verdad, voy a estar esperando sus rvw! Quiero saber qué les pareció. Ah, y el siguiente capítulo se dejará ver un poco de Inuyasha x Kagome.~
