Bullets and roses

Capitulo: 7

Hoooolis mis queridos lectores soy yo luna-chan 143 y estoy de regreso después del tiempo taaaaan largo sin dar señales de vida. Pero es que he estado afinando mis habilidades de escritura, Espero les guste este capítulo recién editado:

Para medio día cuando las clases terminaron y Elizabeth fue inmediatamente a donde estaba Ciel sentado mirando por la ventana.

—Hola. —dijo con una sonrisa.

—Hola. —respondió Ciel levantando una ceja.

— ¿Puedo sentarme?

El ojiazul suspiro ante la expresión de su rubia compañera.

—Bien, ¿qué quieres?

Elizabeth se sentó junto al chico sin importarle que le no le diera su consentimiento.

— ¿Recuerdas la vez que me invitaste a salir?

El asintio.

—Bien, estuve pensando y… acepto.

Ciel rio. Eso fue en tercer grado, ya hace un buen tiempo y apenas le daba su respuesta.

—Valla que tardaste un buen tiempo, ¿oh es que tú supuesto novio no te pone atención y quieres ponerlo celoso?

Recordó la ocasión que lo rechazo inventándole lo del novio falso. Se mordió el labio sintiéndose como una idiota ahora.

—Eso ya no importa.

Se puso de pie.

—Que dices, ¿me das otra oportunidad?

Ciel sonrió de medio lado.

—Claro si tu chofer te deja salir conmigo.

Ella miro por la ventana donde Claude la esperaba.

—No necesito pedirle permiso.

Tomo su bolso y jalo de la mano a Ciel.

—Sé por dónde podemos salir sin ser vistos.

Ambos salieron del salón.

….

En la entrada Claude miro el reloj. ¿Por qué tardaba tanto?, pensó, ¿que había hecho para hacerla enojar esta vez? Levanto la mirada hacia la entrada por donde salían

— ¡Hey, chico!

Finnían se detuvo.

— ¿Qué pasa?-Pregunto mientras miraba a Claude.

—Tú eres amigo de Elizabeth, ¿Dónde está ella?

El rubio se quedó pensando para después charquear los dedos.

—Ella salió. —dijo sonriendo. Claude frunció el ceño.

— ¿Salió?, ¿Con quién?

Finnían dio un paso atrás.

—Con Ciel phantomhaive.

Claude molesto apretó los puños.

— ¿A dónde?

—No lo sé. — respondió el rubio quien se encogió de hombros.

Claude dio una sutil maldición y se giró para meterse en el auto, así tuviera que ir por toda la ciudad la iba a encontrar.

….

Sebastián rodo los ojos cuando Ciel otra vez le dijo que no necesitaría de sus servicios de chofer. Él no podía estar más agradecido con el pequeño rebelde, ahora necesitaba un tiempo a solas donde pudiera descansar de las órdenes absurdas de su jefe en vez de estar llevando al señorito a sus supuestas labores escolares.

Se quedó ahí no por que quisiera cuidar a el chico, ho por que tuviera miedo a las reprimendas de su padre por no llevar a su hijo a casa. Quería paz y tranquilidad y este sitio era perfecto.

— ¿Qué pasa estas asustada?

Elizabeth miro aquel armatoste que en su opinión si se veía peligroso.

—No…por qué lo preguntas Ciel.

El chico rio.

—Perdón por no llevarte a algún lugar más de tu agrado pero la verdad no son mi estilo.

Ella miro a los alrededores.

—Tranquilo este sitio es…interesante.

Obviamente Mintió ya que este lugar lleno de motocicletas no le parecía ser un lugar para sitas, bueno no podía pedirle a Ciel Phantomhaive que la llevara a una heladería. Pensó con un suspiro de resignación ella se había metido en esto sola.

— ¿Subirás si, ho, no?

Ella miro otra vez la motocicleta.

—Yo…yo. —Murmuro incapaz de decidir.

— ¡No, ella no subirá!—

Se tensó cuando escucho la voz familiar a sus espaldas.

—Claude. —dijo sorprendida de verlo hay.

— ¿Quién es este lizzy? —Pregunto Ciel mirándolo de arriba abajo. — ¿Es tu novio?

La rubia se sonrojo.

—Vamos. —Dijo Claude jalándola del brazo.

—Oye que crees que haces, ¡déjame ya!

Elizabeth trato de hacer palanca. Claude la soltó después de un rato.

—Suba al auto. —Ordeno.

—No. —contesto Elizabeth se cruzó de brazos.

— ¡Suba ya!

Encogiéndose por su grito dio un paso atrás.

—Por favor señorita—

Calmando un poco su ira dio un suspiro.

—Dije que no.

Le tomo la mano apretándola lo suficiente fuerte para hacerle daño solo que ella no quería hacer de su conocimiento lo mucho que la lastimaba.

—Vamos.

Repitió cada vez más impaciente y ella rió.

— ¿Porque la prisa?

Claude recordó una de las muchas promesas que había hecho y frunció el ceño.

—No es de su incumbencia.

Herida por sus palabras más que de sus acciones retrocedió con la mano contra el pecho y una expresión de dolor que hizo sentir culpable a el ojidorado.

—Ti…tienes razón no es de mi incumbencia que estés con la mucama.

Amplio sus orbes, ¿cómo se había enterado?

—Señorita…yo.

Quiso explicarle pero ella se apartó de su toque con miedo de que volviera a tomarla con brusquedad de sus brazos.

— ¡Señorita!

Haciendo lo primero que se le ocurrió salió huyendo sin importarle los continuos llamados del ojidorado .corrió tan lejos y tan rápido como pudo colina abajo por un viejo camino entre los árboles que rodeaban la playa, era una boba al seguir aferrada a la fantasía de que Claude alguna vez se fijara en ella.

Claude por su lado estaba vuelto loco buscándola por los alrededores donde la había visto por última vez pero no encontró nada y ya estaba empezando a anochecer. Una luz le llamo la atención ya que por aquí no pasaban muchos autos, por pura curiosidad volteo y justo alcanzo a ver los familiares risos.

— ¿Qué pasa?-Ciel pregunto cuando la vio agacharse de repente.

—Nada…Ciel-kun—contesto ella fingiendo que nada pasaba. El levanto una ceja desde que la recogió en la carretera estaba comportándose muy raro.

Elizabeth pov:

Era él, estaba segura jamás podía confundirlo.

—Joven amo parece que nos siguen—Dijo el chofer para mi mala suerte.

— ¿Quiere que me detenga? —Sugirió y yo claro inmediatamente dije que no, claro que no quería más enfrentamientos con Claude.

Fin pov

—Piérdelo ya.

Sebastián al otro lado del cristal oscuro sonrió.

—Como ordene—dijo y piso el acelerador y aprovecho la distracción de su perseguidor para dar vuelta en la vereda boscosa que apenas y se veía a esta horas de la noche.

— ¡Maldición!-Grito Claude golpeando el tablero del auto los había perdido de vista por un momento y ellos se habían esfumado. Inmediatamente saco su móvil y marco el número, espero pero nada paso, muy por el contrario la idea de que apagara su móvil intencionalmente avivo su ira.

….

— ¿Esta es tu casa? —Pregunto la rubia sorprendida cuando el auto tomo una desviación que conducía directamente un campo de viñedos que hacían una línea perfecta hasta la gran mancion que les recibía con el resplandor de todas sus habitaciones encendidas.

— ¿Pensé que me llevarías a mi casa?

Ciel asintió.

—Y eso es lo que haré, pero antes porque no torturar más a el pobre de tu mayordomo.

Ella lo miro a los ojos.

— ¿Por qué lo es no?

Asintió.

—Bueno en ese caso, ven, entra.

Manteniéndole la puerta abierta le ofreció su mano, misma que ella miro indecisa.

—Luego le pediré a mi chofer que te lleve.

Sebastián que aún estaba tras el volante fulmino la espalda del chico.

—Bu…bueno.

Ciel le tomo la mano y la llevo adentro.

—Buenas noches…joven amo—Saludo Maylene que miro con sorpresa a la rubia.

—Lleva una botella al jardín.

La pelirroja con eso salió de su trance.

—Su padre nos lo tiene prohibido—dijo y Ciel rodo los ojos con fastidio.

— ¿El no esta verdad? —

Maylene asintió.

—Pero

Ciel la corto.

— ¡Pero nada ve y obedece!

Ella asintió.

—Como ordene.

Elizabeth miro con sorpresa como el ojiazul trato a la mucama. Definitivamente se adelantó a sacar conclusiones de él.

— ¿Qué significa esto Sebastián?

El pelinegro cortó su bostezo y miro a la pelirroja.

— ¿Qué hace una Mildenfort a en esta mancion precisamente?—pregunto Maylene y él se encoguio de hombros.

—Sabes que ara el amo si la encuentra a qui.

Sebastián continúo con su expresión apática.

— ¿Necesitas algo? —pregunto

Ella asintio.

—Me pidió le trajera una botella de la cava del amo.

Sebastián negó.

— ¿Sabes las reglas no?

Maylene rodó los ojos.

—Claro que lo sé—dijo con fastidio y el ojirubí se cruzó de brazos.

— ¿Entonces cuál es el problema?

Maylene casi se jala el cabello.

— ¡Ese!, ¡Que el joven amo exige le lleve una botella! —Grito.

— ¿Le dijiste que no?

La pelirroja asintió.

—Sabes que él no tolera que se le negara nada.

Sebastián asintió él sabía bien de los berrinches de el niño mimado, pero bueno que se le iba a hacer el dueño de la casa ordeno jamás se le volviera a dar acceso a la cava a su hijo de diecisiete años, no después de la última vez, después de todo cuando el hizo tremendo escándalo se entiende que él no tenía buena tolerancia a el alcohol.

(Después de tres horas)

Lo único que Elizabeth saco de esta noche fue el buen chisme de que el alumno de honor Ciel phantomhaive era intolerante a el alcohol, como lo supo?, bueno después de mirarlo caer al suelo después de su tercer vaso de licor fue algo que adivino. Bostezo, estaba tan cansada y al borde de quedarse dormida.

— ¡Doce llamadas perdidas de Claude!, ja…sí que lo preocupe.

Cerro los ojos y se quedó dormida hay en el sofá donde estuvo sentada escuchando a Ciel.

….

Las luces del auto que se aparaba frente a las puertas dobles avisaron de la llegada del dueño de la mancion que había salido con su esposa para unas compras rápidas donde fue arrastrado contra su voluntad.

— ¡Sebastián!, ¡Sebastián!

El pelinegro que estaba preparándose para dormir miro a la pelirroja que irrumpió en su habitación.

—El amo ya regreso—dijo y a Sebastián no podía importarle menos.

—Su hijo está dormido.

Sebastián continúo a quitarse la corbata.

—Y la niña está dormida en su escritorio.

Sebastián suspiro.

—Por favor Sebastián, tu sabes cómo odia a la abuela de la chica…puede cometer una idiotez.

Apenas escucho las voces del vizconde druitt y de su sirviente se giró con rapidez.

—Mira yo los distraeré un rato para que tú puedas sacar a la chica.

Antes de que pudiera negarse ella salió corriendo a encontrarse con los dos hombres que justamente iban directo al despacho.

—Shuuuuuu.

Ambo miraron extrañados a la mucama.

—El joven amo está durmiendo hay dentro.

Justo en ese momento por la otra puerta entro Sebastián con su siempre regio uniforme negro desaliñado. La miro por un momento antes de tomarla en brazos y salir.

—Cla…Claude. —Murmuro entre sueños acorrucándose contra su cuello causando una risa burlona de parte del ojirubí que le pareció divertido que hasta en sus sueños llamaba a su guardián como si realmente supiera del peligro a el que se había expuesto.

….

Claude estaba en el jardín esperando a Elizabeth y no paraba de ir de un lado a otro con la expresión de preocupación descrita en todas sus apuestas facciones.

—Buenas noches Claude-san.

El inmediatamente se giró hacia la puerta por donde entraba muy quitado de la pena Sebastián.

—Perdón por la tardanza.

El click mecánico del arma frente a sus ojos rojizos era lo único que rompía el silencio casi sepultural.

—Vamos tranquilo ella está bien. — dijo con una pequeña sonrisa.

Claude entorno sus ojos.

— ¿Dónde está? —

Sebastián le señalo su auto.

—Si le hiciste algo que juro…que. —Dijo Claude mientras la sacaba del auto.

—Ahórrate tus amenazas Claude.

Compartieron una mirada llena de odio que de no ser por la rubia durmiente ahora en brazos habría explotado en un enfrentamiento.

—Hasta nunca. —

Sebastián subió a su auto.

—Idiota. —Murmuro mientras regresaba a la casa y justo a mitad de camino Elizabeth se ajito en sus brazos.

—que… ¿qué pasa? —dijo mientras abrió los ojos.

— ¡Claude!

Se enderezo con rapidez.

— ¿qué paso?... ¿cómo?

Se quedó callada un momento antes de explotar contra el ojidorado.

—Tú te atreviste a traerme.

Gruño incrédula.

—No puedo creerlo.

Se giró.

—No tienes límites.

Claude que aún no superaba su enojo alzo la voz.

— ¡Yo…no…el chofer la trago a casa!

Elizabeth se sonrojo avergonzada por haber culpado a su mayordomo.

— ¿Así?

El asintió.

—Es lo mínimo que debían hacer después de que la arriesgaron así.

Elizabeth rodó los ojos.

—No estaba en peligro. —Murmuro cruzándose de brazos.

—Claro que lo estaba, las motocicletas son peligrosas

Ella Negó.

—No les tengo miedo.

Aseguro –

— ¿Así?

El levanto una ceja.

—Claro que sí, yo no tengo miedo si la persona en que más confió está conmigo.

Estaba por entrar en la casa para poder ir a dormir como corresponde, pero Claude le tomo la mano arrastrándola con él.

—Veamos si eso es verdad.

Fin de este capítulo mis queridos lectores, espero que les gustara y me dejen un comentario. Hasta la próxima, bye, bye ;)