ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece. Notas, como siempre, a final de página.
IMBRANATO
GILBERT 2
Siempre se había dicho que era la persona más asombrosa que había pisado la faz de la tierra. No solo era inteligente y tenía un trabajo que cualquiera envidiaría, además tenía una esposa hermosa, hijos maravillosos, era atractivo y sus amigos eran los mejores. Pero Gilbert Beilschmidt no era tan perfecto como se creía, pues a la hora de lidiar con problemas, era el primero en desesperarse y entrar en un colapso nervioso.
El fin de semana de copas entre amigos tuvo la urgente necesidad de ser trasladada a un jueves —también llamado viernes chico—. Antonio había arribado, destruido, a la casa de Francis y éste último le llamó para que le ayudara a lidiar con el deprimido español. Claro que Elizabeta se enojó con él por ir a beber con sus amiguitos un día de semana, pero hay cosas que simplemente no se pueden dejar de lado.
—Esto es grave, Gil —habló el francés por medio del teléfono celular. Angustia a flor de piel—. Es Antoine, está en mi casa y… necesito que vengas, ¡ya no sé qué más hacer!
Precisamente por lo anterior ahora conducía hacia Frascati. El único motivo por el que seguro Antonio estaba tan mal tenía sólo una razón de ser: Lovina Vargas. Apretó el volante y sus nudillos se hicieron más blancos de lo normal. Antonio era una buena persona, tal vez un poco despistado, pero era el hombre perfecto para cualquier mujer; y aunque admitía que nunca se sintió realmente interesado en saber los detalles de las desastrosa separación…
Tal vez esa sería la noche en que finalmente sabría la verdad.
Nada más al entrar un fuerte olor a alcohol atacó sus fosas nasales. Francis hizo una mueca y caminaron hasta la sala de estar, dónde Antonio estaba sobre el sofá más grande, bebiendo directamente de la botella de whisky. El albino le miró extrañado e igualmente hizo un gesto con el rostro… seguramente al español le estaba ardiendo la garganta, pero él seguía y seguía bebiendo. Vio a Francis, que se pasó una mano por el cabello… lucía agotado.
Con paso firme le quitó la botella a Antonio, quien pronto comenzó a reclamar, sin embargo en ningún momento fue capaz de levantarse del sofá. Claro, obra y gracia de la bebida alcohólica.
—¿Acaso no es el alcohol el que te metió en este problema? ¡No es la solución, Antonio! —gruñó y caminó para dejar la botella lo más alejada posible. De reojo vio al castaño con los ojos pegados en el techo blanco… muy tranquilo como para tratarse de un ebrio al que le acaban de quitar la botella…
"Oh no…" maldijo el albino. Seguramente había bebido tanto que pronto comenzaría con las clásicas etapas de un ebrio: amistad extrema, ira, lamentos, para finalizar con el tan común estado de inconsciencia absoluta, llámese también sueño; y oh, claro, tal vez entre medio vomite un par de veces.
Suspiró.
—¿Antonio?
—¿Y te haces llamar mi amigo? ¡Estúpido! —comenzó con voz distorsionada. Oh bueno, se había perdido la fase de la amistad… ahora entendió la desesperación del galo. Rodó los ojos y se sentó en el sofá más próximo. Sería una larga noche.
—Ja —respondió con tranquilidad. Antonio pareció llevarle un par de minutos procesar la respuesta, que dicho sea de paso estaba en alemán, para luego comenzar a despotricar contra el albino. Las cosas no se pusieron mejor cuando intervino Francis. Aquello era un desastre.
Antonio siempre caracterizó por ser una persona amena, siempre con una sonrisa… tal vez algunos lo tildarían de raro debido a la obsesión que parecía tener por los tomates, pero a fin de cuentas era un ser ejemplar. Aunque como es obvio, hasta el caballero más perfecto se transforma con un poco de alcohol. Gilbert y Francis intercambiaron miradas, en tanto Antonio seguía gritando incoherencias, porque sí, tal era su estado etílico que sus palabras apenas y podían llegar a comprenderse.
No supo cuanto tiempo pasó, pero sí era el suficiente para que su paciencia —que era escasa, pero sus amigos son otra historia— se agotara por completo. A tropezones y entre forcejeos empujó al español hasta el baño, lugar donde no hesitó en hacer correr la regadera que en parte lo mojó un poco; sin embargo si se trataba de perjudicados, el grito de Antonio no dio lugar a dudas. Claro que continuó insultándolo un poco más, pero a medida que el agua caía, la ira desaparecía. Gilbert apenas y volteó un poco para encontraste con Francis apoyado en el marco de la puerta… su sonrisa de burla por poco y se le contagia, no obstante supo que debía guardar la compostura solo un poco más. Ya mañana estaría en todo el derecho de reírse por la situación pasada, además de gritar un poco sólo para dar en el gusto de hacer estallar la cabeza de Antonio.
Porque sí, para mañana estaría con una resaca que apenas y lo dejaría levantarse de la cama.
No notó cuando Francis fue y volvió con una muda completa de ropa para Antonio, así como una camisa para él. Entre ambos secaron y cambiaron al semiinconsciente español, luego el dueño de casa se desvió a la cocina para hervir agua y servir café bien cargado; claro que antes de eso encendió la calefacción central; Antonio tenía tanto frío que estaba temblando.
Durante todo el tiempo en que tardó en café en estar listo, Antonio no se movió de la privilegiada posición que tenía frente a la chimenea. De no ser porque temblaba de tanto en tanto, Gilbert y Francis hubieran jurado que se había quedado dormido. Casi a la par con un niño con berrinche, negó la ingesta de café, aunque sólo bastó una mala cara por parte del galo para hacer que tomara la taza y bebiera un poco.
—Al menos ya estás mucho más tranquilo —medio celebró Francis, en tanto dejaba por ahí la bandeja que había usado para traer las tres tazas con café—. Cuando te embriagas no eres tú, Antoine.
—Ya sé.
—¿Entonces por qué lo haces? —siguió el albino, intrigado. No era como si en verdad Antonio fuera del tipo alcohólico.
—Porque me ayuda a olvidar —musitó en un susurro. El francés y el alemán intercambiaron miradas incómodas y luego se centraron en su amigo, sentándose en el suelo, cada uno a su lado. Antonio dejó la taza sobre el piso y se abrazó a sus piernas, reposando la barbilla sobre sus rodillas.
El rubio y el albino se vieron tentados a hablar, pero ambos desistieron, dando con ello la instancia al español para por fin abrirse y exteriorizar todo lo que sentía. Esperaron pacientemente, sabían que ello tomaría quizás más tiempo del que habían previsto en un comienzo.
—Yo siempre —comenzó—, siempre soñé con formar una familia, tener nietos, casarme… tal vez no en ese orden —medio rió—, pero ese siempre ha sido mi sueño —hizo una pausa—. Cuando terminé la universidad y me ofrecieron ir a Estados Unidos gracias a mis calificaciones, por un momento pensé que quizás Lovina no era la mujer que estaba buscando para hacer realidad mis aspiraciones… y me sentí muy triste, sobre todo cuando le conté que me iría y ella me echó a empujones de su habitación, alegando por no haberle dicho antes que me iba a ir tan lejos. Luego supe por Marguerite que ella estaba sufriendo mucho y que lloraba todo el día. Me sentí tan mal.
»Sin embargo la situación fue tan gratificante cuando luego de unos días ella se acercó a mí, hablamos y nos prometimos esperarnos. Fue a dejarme al aeropuerto y entre lágrimas pensé que tal vez ella sí era la indicada. Luego me establecí en Estados Unidos y… no voy a negarlo, la ciudad me encandiló, sin embargo siempre que estuve a un pelo de engañar a Lovina, me detuve, porque me di cuenta que en verdad estaba enamorado de ella. Aunque tampoco es como si siempre hubiera estado próximo a acostarme con alguien más.
»Ese primer verano que regresé, me di cuenta de cuánta gente tenía realmente, o sea —hizo una mueca—, me di cuenta de quienes realmente eran mis amigos. Lo malo lo dejé atrás y seguí con la frente en alto. Estaba tan feliz cuando por fin, luego de interminables video-llamadas, pude abrazar a mi Lovi… aunque primero me golpeo por haber tardado tanto —rió. Nuevamente se cimentó un silencio que Francis y Gilbert, incómodos, se sintieron incapaces de romper. Ambos sabían que Antonio aún tenía mucho más que contar, y en verdad era una suerte que su estado etílico fuera mermando cada vez más, aunque no por ello estaba por desaparecer.
»Durante el siguiente año en el continente americano, pensé seriamente en casarme con Lovina. A apenas le bastaba un par de meses para salir de la universidad y luego de mil vueltas y muchas conversaciones y consejos de mi papá, compré el anillo y se lo pedí —miró al cielo y sonrió abiertamente, al parecer rememorando aquel evento—. Fue el mejor verano de mi vida, sabía que ella era la indicada. Luego tuve que irme solo, porque Lovina necesitaba terminar de arreglar el asunto de la documentación para la visa, pero se tardaba tanto… tanto… —lamentó en un hilo de voz—. Ella era mi esposa, ya no se me hacían suficientes las video-llamadas, extrañaba cada fibra de ella.
»Si me hubiera dicho que la razón por la cual no conversamos esa noche era porque estaba viajando, no hubiera entrado en el primer bar que encontré, mucho menos hubiera pedido tantos vasos como para embriagarme y no se me abría distorsionado la vista. ¡Les juro que era ella! —clamó desesperado—. Era ella…
»A la mañana siguiente todo fue un caos. Lovina se había ido y yo no pude seguirla. No sabía qué hacer… estaba desesperado. Lo único bueno era que la mujer del bar ya no estaba cuando volví a mi departamento —se abrazó más a sus piernas y escondió el rostro, no quería que sus amigos vieran los mucho que aún le afectaba todo eso—. Pedí permiso para ausentarme una semana y vine a Italia, pero era como si la tierra se la hubiera tragado. Claro que mis padres se mostraron sorprendidos por verme a esas alturas del año… no les conté el verdadero motivo, aunque con el pasar de los años igual se enteraron. Luego tuve que volver a Estados Unidos y seguir con mi vida, pero estaba destruido. Cada vez que tenía libre llamaba a Lovina, pero el número no marcaba; llené su bandeja de entrada de correos electrónicos y cada día me sentaba frente al computador y esperaba a que iniciara sesión para verla aunque sea por cámara web.
»Los años pasaron y si soy sincero, me cansé de buscarla. Entonces conocí a Emma, y aunque me gusta estar con ella, es divertida y muy linda… no la amo, nunca lo he hecho. Si estoy con ella es porque tengo miedo de quedarme solo. Me di cuenta de eso luego de ver a Lovina nuevamente…
—No puedes ser tan egoísta, mon amie.
—¿Y qué rayos quieres que haga? —bramó—. ¡Lovina no me quiere ver, y seguro mi hijo me odia! —su voz se quebró y derramó un par de lágrimas—. Ella iba a darme todo lo que siempre quise… y lo arruiné.
A Gilbert se le encogió el pecho, realmente nunca se había detenido a pensar en qué hubiera hecho si —luego de la fuerte pelea que tuvo hace tanto años con su ahora esposa— Elizabeta no le hubiera permitido ver a Julchen. Sabía que Francis conocía a la perfección aquella sensación tan horrible, pero sin dudas la de Antonio era la peor… y aunque Adamo no haya sido envenenado por Lovina, seguramente había sacado sus propias conjeturas. Lo más probable es que encontrara en su figura paterna la causa de todos sus problemas, porque en verdad dudó que Lovina haya tomado todo de la mejor manera. Y hay algo muy cierto, los niños pueden ser muy ingenuos, pero ven y oyen todo.
En un arrebato de ira, Francis musitó que un buen abogado como él arreglaría todo en un santiamén. Gilbert se tensó de pies a cabeza al ver que Antonio parecía considerar la idea, mas el español prontamente la descartó al pensar que su hijo pronto cumpliría la mayoría de edad… cualquier intervención judicial sería inútil a final de cuentas. El albino se pasó la mano por el rostro, gruñendo por lo bajo, pensando en cuándo rayos él se había vuelto el más maduro de los tres… ¡ese era Antonio! Y se suponía que él era el escandaloso. Aunque Francis siempre había sido apasionado en todas sus facetas, por eso ya se consideraba acostumbrado a sus aparentemente repentinos arrebatos.
El resto de la noche, por fortuna Antonio no siguió bebiendo, sin embargo sus lamentaciones se escucharon hasta alta horas de la madrugada, hasta que finalmente se quedó dormido… ¡pero ah! La resaca que le esperaba. Gilbert se quedó dormido en el sofá y aunque Antonio se había acaparado el más grande, los pequeños igualmente eran bastante cómodos.
Dicho y hecho, la mañana siguiente estuvo llena de lamentaciones… y claro que se dio el gusto de gritar para que Antonio gritara y tuviera la maravillosa sensación de ser taladrado en la nuca, porque sí, él se consideraba el mejor amigo que podías tener y si Antonio no entendía por las buenas que beber no era lo más aconsejable cuando estás triste… bueno, por las malas entonces; ya luego lo pensaría dos veces antes de tomar más de lo necesario. La única instancia en la que tenía permitido embriagarse era si estaba con sus amigos, celebrando.
Francis hizo gala del buen dominio que tenía en la cocina y preparó un desayuno espectacular, aunque el único que no pudo apreciarlo en su ciento por ciento fue Antonio, pues el dolor de cabeza era tal que le alteraba el resto del cuerpo.
Luego de comer, el galo les prestó ropa y tras una rápida ducha, los tres se dirigieron a sus trabajos; Gilbert sabía que eso iba a costarle apenas llegara a su casa. No había que ser genio para saber que seguro Elizabeta estaba enojadísima por desaparecer tanto tiempo con sus amiguitos. ¿Cómo explicarle que todo había…? Bah… masajeó sus ojos y simplemente se decidió por esperar los gritos de su temperamental esposa.
Ya Ludwig le había dicho que tendría problemas por casarse con una mujer de carácter tan fuerte. Pero no podía evitarlo, a él también le gustaban las fierecillas.
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No sé, en lo personal me costó escribir esto; creo que aún estoy cansada... por otro lado, aún me queda esperar por el resultado de una evaluación, pero ya aprobé todo el resto y el profesor de cálculo III me felicitó por mis notas; nunca me había sentido tan académicamente realizada :')
Volviendo a la historia, espero que les haya gustado, aunque a mi no tanto; siento que es un poco como relleno, no avancé nada en la historia, aunque sí plantee los sentimientos de Toño, uh :c si tuve que escuchar como mil canciones tristes para poder inspirarme. Y encontré las perfectas (o casi) Your love is a lie, cantada por Simple Plan y Heartless cantada por feeling every sunset.
Ahora los R&R
Gaby Wang: enserio me encanta que te gusten los capítulos. Por gente linda como tu que deja reviews me dan ganas de seguir escribiendo; aunque los vistos igualmente son inspiradores.
Lovi-Love: waaaaaaa, no me odies ;_; si Antonio es uno de mis personajes favoritos. Y sí, su razón es como... ctm que eri aweonao, ándate de mi casa! jajajaja pero estuve buscando en interntet y la causa más común de divorcios y separaciones de pareja es a causa del alcohol; en algunas estadísticas se señalan que el alcohol hace actuar violento, otras, que hace cometer (si claro, él tiene la culpa) infidelidades. Si te digo la verdad, había pensado en otra causa de engaño, pero creo que era un poco surreal para la historia, así que me pegué a lo más eh... real e.e xd y como pudiste ver, Antonio ya tiene su dosis de sufrimiento... aunque claro, es sólo la punta del iceberg; el golpe de gracia lo va a dar su propio hijo. Adamo, Adamo, es tan pendejo y maduro al mismo tiempo... y gruñón, creo que lo amo :') jjajaja sólo a ti te doy permiso de jotearlo porque me caes bien... puedo distraer a Lovina(?). No había pensado en que Toño se vuelve violento sólo con vino... uhm, creo que no es buena idea que siga yendo a la casa de Francis cuando está triste... ahora de puro milagro no encontró una botalla de vino D: jajaja. Me llenas de felicidad al dar a conocer que posiblemente te harás una cuenta sólo para agregar mi historia a favoritos... voy a llorar :')
Y oh sí, Francis se merece un escarmiento. Paciencia, paciencia.
Clínica Mayooooooooooooooooooo, oh, hace tiempo conocí a un médico que trabajó ahí y me contó su experiencia; sinceramente me mojé e.e y gracias a él hice médico a Lovi porque fue asombroso :| el tipo era el primer chileno en asumirse jefe del departamento de cardiología de esa clínica jajaja fanatismo lvl yo jajaj. Saludos!
EmmaDei: Creo que me veo en la obligación(?) de decir que el spamano es mi pareja favorita y que claramente no es de mi preferencia escribir que se pelean y que ambos sufren, pero la historia así está planteada y va con mi política de realismo ante todo. Aunque bien es sabido que lo real no adhiere precisamente a siempre cosas malas... en una de esas va a salir un rayito de luz por ahí, sólo hay que dejar actuar al tiempo ficticio(?) jajaja Respecto a Paulo, efectivamente el en su momento manifestó su interés romántico por Lovina, pero nunca intentó algo y dudo mucho que en un futuro lo haga... a él le tengo su propia mininininini historia. Saludos! y gracias :')
OHHHHHHHHHHHHHHHHHHH, por poco se me olvida; ¿adivinen qué? A pesar que a la historia aún le quedan varios capítulos (no me atrevo a decir cuántos, pero estimo que la historia llegará más o menos a los 20) ya escribí un posible final... casi lloré :'( lo escribí un día que estaba adhksdhasd y creo que está quedando bien. Conforme avance la historia veré si se ajusta, sino tendré que escribir otro. En caso de pasar eso, si alguien lo quiere leer, es libre de pedírmelo por PM.
Eso es todo por ahora; ¡saludos!
