¿Qué sucedió?
Draco… Me has desobedecido, me has fallado… y ahora tendrás que pagar por tú error… nunca creí que fueras tan parecido a Lucius… fuiste igual de cobarde que tú padre, ustedes los Malfoy son una gran deshonra para nuestro mundo, no merecen ser llamados sangre limpia- susurró una voz gélida con asco en la cara del rubio -Pero bueno, no vamos a hablar de la basura que son, sino del castigo que deberás cargar por tú ineptitud.
-Deme más tiempo y le cumpliré- aseguró el rubio haciendo que aquel sujeto riera con desdén.
-No… Te di seis meses y no fuiste capaz de arreglar el armario, y tampoco creo que seas capaz de matarlo, así que te ahorraré todo esto muchacho…
-¿Le encargará a Snape la misión? Porque le juro que yo puedo hacerlo.
-Tienes miedo Draco, puedo sentirlo… Debías ser astuto, sólo eso, y has fallado.
-¿Qué quiere entonces? ¿Le dirá a Snape?
-No creo que sea necesario decirle, según tengo entendido realizó el Juramento Inquebrantable con Narcissa y Bellatrix… Juró protegerte- respondió mientras que Draco abría los ojos.
¿Cómo demonios se había enterado de eso?
-Nadie puede ocultarme nada, ya deberías de saberlo- respondió a lo que el rubio se había preguntado -No han sido del todo… fieles, y es algo que yo no soporto- añadió dirigiéndose al calabozo, siendo seguido por el muchacho.
-¿Madre?- preguntó sorprendido al ver a la rubia mujer tirada en el piso siendo magullada por los hermanos Carrow.
-Draco, vete… aléjate cariño, vete- medio susurraba Narcissa Malfoy antes de sentir un nuevo crucio.
Draco no soportaba escuchar los gritos desesperados que su madre lanzaba, no podía seguir viendo como esos bastardos se divertían lanzándole crucios, así que tomando aquel coraje del cual se negaba tener, comenzó a lanzar imperdonables contra los hermanos; aunque todo fue en vano, pues la intervención del Voldemort cesó lo que había iniciado logrando despojar al rubio de su varita.
-Qué acto tan… heroico el querer salvar a tú madre, salvar de algo que es insalvable, salvar de algo que provocaste… Eres un tonto Draco Malfoy…
-Ya le dije, deme una semana más y la misión estará completada, juró que arreglaré el armario y mataré a Dumbledore.
-Draco, hijo, no lo hagas… No te preocupes por mí, vete por el camino del bie…
-¡Cállate! ¡Traidora!- interrumpió Alecto retomando el imperdonable.
-¡DÉJELA!- gritó el rubio con desespero -Yo por ella... Hágame lo que quiera pero déjela ir.
-Y por qué negar a un chico que tiene la posibilidad de seguir con el plan… Pero me temo mi querido muchacho que no será sencillo.
-¡Dígame lo que desea!- exclamó con angustia.
-¡Mátala!- dijo señalando a la rubia que aún se retorcía en el frío piso del calabozo.
-¡¿QUÉ?!- preguntó completamente fuera de sí, ¿cómo le podía pedir que matara a su madre?
-Mátala y te daré un nuevo chance- repitió mientras reía -Mátala o atente a las consecuencias…
-¡¿CUÁLES SON LAS MALDITAS CONSECUENCIAS?!
-¡Avada Kedavra!- exclamó mientras que un rayo de luz verde golpeaba el pecho de Narcissa haciendo que cayera al suelo sin vida, mientras que el silencio reinaba en aquel calabozo…
-¡DRACO!- gritó un chico con desespero consiguiendo despertar al rubio que se revolvía y gritaba a pulmón vivo.
-¡¿Qué demonios estabas soñando?!- preguntó Blaise frunciendo el ceño al ver la angustia que tenía su amigo.
Draco no estaba seguro si debía o no decirles lo que estaba sucediendo, quería hacerlo, sentía que lo necesitaba, pero sería incapaz compartir con sus amigos la desgracia por la cual estaba pasando. El rubio necesitaba despejarse de la horrible pesadilla para poder tomar una decisión, pues no quería que todo saliera apresurado para luego arrepentirse, era algo realmente serio por lo que estaba pasando.
-¿Draco?- preguntó Theo con extrañeza y preocupación al ver al rubio bañado en sudor levantarse agitado de la cama para luego salir sin decir una sola palabra.
-Algo malo le está sucediendo y tenemos que averiguar que es- dijo Blaise mientras se apoyaba en el espaldar de su cama.
-¿Alcanzaste a escuchar lo que gritaba?
-No gritaba nada coherente, sólo pude sentir con perfección su desespero.
-Draco nunca había reaccionado de esta forma, sí había tenido pesadillas pero nunca habían sido de tanta magnitud.
-Deberíamos seguirlo.
-No, creo que debemos dejar que se despeje, estaba realmente mal.
-sí, tal vez tengas razón- coincidió el moreno.
-No sé por qué, pero tengo el presentimiento de que Voldemort tiene algo que ver- finalizó Theo haciendo que su preocupación aumentara.
Por su parte, Draco se dirigía a la Torre de Astronomía pensando en que nadie estaría ahí a tan altas horas de la noche, además de que no quería que nadie le interrumpiera el agradable ambiente de paz que conseguía en dicho lugar; aunque, para su sorpresa, la Torre estaba ocupada y por la persona que menos imaginaba, pues Hermione Granger se encontraba profundamente dormida y rodeada por una gran cantidad de libros.
¿Acaso nunca se cansa de ser un insufrible diccionario con patas?- pensó acercándose a ella para corroborar que estuviera dormida.
Hermione en medio de sus dulces sueños, pudo distinguir un suave pero penetrante aroma a menta, un aroma que sabía que conocía pero no recordaba de dónde, sin poder impedirlo, esbozó una sonrisa al sentir aquella fragancia más cerca de ella.
Draco al contemplar el gesto de la castaña, sonrió con malicia.
-¡Señorita Granger! ¿Me puede explicar que hace a tan altas horas fuera de la cama? ¡Queda suspendida de mi materia y le restaré trecientos puntos a su casa!- exclamó enérgicamente imitando con perfección la voz de la maestra de Transformaciones.
-¡Profesora McGonagall… yo le puedo explicar todo… no es lo que usted cree…!- balbuceaba la castaña mientras se levantaba rápidamente para retomar su porte de sabelotodo, hasta que escucho una fuerte carcajada sacándola de su nerviosismo por ser suspendida -¡ERES UN IDIOTA MALFOY!- gritó enfada al ver al rubio desternillarse.
-¡Debiste de ver tú cara, Granger!- continuó entre carcajadas.
-¡NO ES GRACIOSO MALDITO IMBÉCIL!- dijo con indignación haciendo que el rubio se carcajeara aún más, pues verla tan enfadada hacía que se divirtiera más.
-Vamos Granger no seas aguafiestas- respondió dándose cuenta de cómo sus temores y angustias se iban evaporando hasta quedar en nada.
-¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?- preguntó todavía molesta.
-La pregunta es, ¿qué haces tú aquí?
-Eso es algo que no te incumbe, Hurón- respondió viendo como el ojigris se acercaba a fisgonear sus libros.
-¿Sí sabes que es imposible devolverle la vida a un muerto, verdad?
-Sí, ya lo sabía.
-Entonces, ¿por qué te empeñas a investigar algo que es imposible? ¿A quién tanto deseas regresar?
-Ya te dije que no es tú asunto.
-Quien diría que te interesaría las Artes Oscuras… Sí quieres mi opinión te digo que por más magia oscura que busques y que te esfuerces de encontrar, no harás que el trasero de Weasley sea mejor que el mío.
-¿Es que acaso no tienes algo mejor que hacer que estar molestándome?- preguntó tratando en vano de ocultar su gran sonrojo.
¡De las que te salvas, Ginevra! ¡Juro que está vez si haré venganza!
-Créeme que sí, pero prefiero fastidiarte, me divierte más- respondió acercándose peligrosamente a ella.
-¿Qué demonios… haces? ¡Aléjate de mí!
-Simplemente no me da la gana, ¿por qué? ¿Mi trasero te pone nerviosa?- preguntó mientras se restregaba en ella de forma sensual.
-¡ERES UN CERDO, MALFOY!- gritó con asco alejándose lo más que podía de él y de su estúpido y perfecto trasero.
Draco vio como el rostro de la castaña se tornaba violentamente de color carmín, no pudo contenerse y la acorraló tomando sus manos dejándola desarmada e inmóvil.
-¡ALÉJATE DE MÍ MALDITA LARGATIJA!
-No creo que deje botado mi trasero en cada una de mis víctimas, ¿o sí?- respondió mientras se pegaba cada vez más a ella haciendo que la castaña comenzara a respirar entrecortadamente.
¡Mierda! ¡¿Por qué diablos no se larga?!- pensó al sentir como comenzaba a flaquear.
-¿Qué pasa, Granger? ¿Te comieron la lengua los ratones?- preguntó con burla.
-¿Qué… quieres?
-¿Por qué balbuceas? ¿Te pongo nerviosa?
-Para nada.
¡SÍ, IMBÉCIL!-Hermione afirmó en su mente, sin saber que el rubio sabía usar Legeremancia, y que no le molestaba hurgar las mentes cuando de vez en cuando quería saber cierta cosas.
-No hace falta que me insultes tanto- dijo con cinismo haciendo que la castaña abriera los ojos sin entender y darle el paso al rubio para burlar de eso.
A Draco le fue completamente inevitable en posar sus grises y penetrantes ojos en los labios de la castaña; y como acto reflejo, Hermione humedeció sus labios con la lengua haciendo que al rubio se le hiciera una acción completamente irresistible y preguntándose a qué sabrían sus labios.
-¡Aléjate de mí, Malfoy! ¡¿Qué demonios quieres?! ¡Ya lárgate!- exclamó al ver lo que había provocado.
-No me voy a ir hasta que haga esto- respondió antes de cortar la poca distancia que les separaba para hacer juntar sus labios con los suaves de la castaña.
Draco hurgaba y profanaba cada milímetro de la boca de la ojimiel, haciendo que la chica se sintiera bastante sorprendida por la reacción que el rubio tenía con ella, ¿cómo era posible que su gran enemigo la besara de esa manera tan fogosa? ¡¿Y cómo era posible que le gustara y tratara de corresponderle?! Hermione se sentía bastante confundida por todo lo que estaba pasando, pero no podía negar que el chico besaba de maravilla. A pesar de sus torpes movimientos de labios, trató de corresponder con la misma fogosidad con la cual Draco había iniciado, el beso fue finalizado después de haber recorrido cada rincón de la boca de cada uno, y al sentir como sus pulmones clamaban por aire.
Como ninguno de los dos se dignaba a pronunciar palabra, se dedicaron unas cuantas miradas tratando de descubrir el porqué de que lo habían hecho.
¡Maldición! ¡¿Pero qué demonios hice?!
-De esto ni una sola palabra- dijo el rubio antes de disponerse a bajar de la Torre dejando a la castaña bastante confundida y avergonzada.
A la mañana siguiente, un azabache bajaba bastante apresurado junto con un pelirrojo rumbo al Gran Comedor, pues si no llegaban rápido perderían el desayuno, y eso sí que no era una buena forma para empezar el día.
-Buenos días- saludaron los chicos jadeantes.
-Ustedes nunca van a cambiar- dijo Neville con una risa al ver a sus amigos poner en su plato cual cosa miraran.
-El día que suceda eso, el mundo terminará- respondió Astoria con una sonrisa burlona mientras se sentaba junto con la pelirroja.
-¿Señorita Weasley?- preguntó un pequeño niño Gryffindor con timidez.
-¿Sí?
-Le mandan esto… Dicen que no lo abra hasta que se encuentre sola- respondió entregándole un pequeño sobre, para luego irse inmediatamente, tal como se lo habían ordenado.
-¿Qué es?- preguntó Astoria con curiosidad.
-¿Quién te mandó eso, Ginevra?- preguntó Ron con molestia.
-¡Cállate!- bramó la pelirroja mirando a su hermano -No lo sé, Tori… Oíste al pequeño, no lo debo abrir hasta que este sola.
-Pero, ¿me contaras luego?- preguntó haciendo un puchero, que para cierto castaño le fue completamente adorable.
-Claro que sí, Tori- respondió con una pequeña risa.
-¿Por qué a ella si le dices y a mí me mandas al demonio?- preguntó Ron indignado.
-¡Porque ella no es chismosa y metida como tú! Además porque es mi amiga…
-¿Alguien ha visto a Hermione?- preguntó el pelirrojo con extrañeza.
-Dijo que se sentía mal, así que hoy no irá a clase- respondió Ginny con la misma extrañeza que su hermano.
-¿Hermione va a faltar a clase?- preguntó Harry sorprendido.
-Eso es extraño, algo malo le debe de pasar para que ella haga eso- comentó Neville.
-No piensen eso, tal vez está enferma, eso es todo- dijo Astoria.
-Sí… En todo caso, hay que ir a clase antes de que Snape cierre la puerta- sentenció Harry para sorpresa de todos.
-¿Harry Potter queriendo llegar temprano a la clase de Snape?
-¡Tal como lo oyes, Ron, ahora déjate de tonterías y ya muévete!
-Lo siento Harry, pero no me voy hasta que me termine mis pancakes.
-Como quieras… Nos vemos luego- finalizó llevándose su jugo de calabaza antes de dirigirse a la salida del Gran Comedor.
La razón por la cual el azabache se retiraba con rapidez del desayuno, era simple, no se creía ese cuento de su hermana de estar enferma y no bajar a clase; Hermione podía engañar a cualquiera de sus amigos, pero a su hermano siempre se le hacía imposible. Algo extraño en todo eso estaba pasando y Harry averiguaría que era. El azabache iba tan distraído que no alcanzó a ver que una rubia cruzaba por el mismo pasillo en sentido contrario haciendo que chocaran mientras que los libros que traía la chica volaran y Harry accidentalmente regara su jugo encima de ella.
-Yo lo siento muchísimo, iba completamente distraído, fui un torpe- dijo Harry en modo de disculpa mientras le ayudaba a parar a la chica.
-Al parecer los dos íbamos bastante distraídos, Harry.
-Daphne de verdad lo siento mucho, déjame secarte la túnica- pidió sacando la varita y realizar el hechizo.
-Ya te dije que no te preocuparas… Y gracias por el hechizo.
-No hay problema, era lo mínimo que podía hacer por ti- respondió ayudándole a levantar los libros.
Daphne no pudo omitir el hecho que el azabache era realmente amable y hermoso… Se veía muy sexy con su cabello revoltoso, esos hermosos ojos color esmeralda que capturaban a la presa con mucha facilidad, sus perfectas mejillas coloradas por el bochorno por el cual estaba pasando y sus finos labios.
-De verdad muchas gracias, Harry- dijo tratando de dejar a un lado esos pensamientos y levantaba el último libro que faltaba, que como reflejo el azabache se dispuso también a levantarlo haciendo que lo tomaran al tiempo y sus caras quedaran a una corta distancia.
Sin poder aguantarse más lo que quería hacer desde la noche pasada, Daphne lo tomó de su corbata Gryffindor para acercarlo a ella y plantarle un beso en los labios dejando al azabache sorprendido, aunque al sentir el permiso que la rubia le daba, se dispuso a profundizarlo con dulzura logrando percibir la suavidad de los labios de la Slytherin. El ritmo del beso fue aumentando a medida que sus labios se acoplaban con una extrema perfección, era como si sus labios hubiesen sido sacados del mismo molde y ahora había llegado la hora de juntarlos nuevamente.
-Yo… lo siento… mucho- balbuceo Daphne una vez terminado el beso mientras sentía que subían diferentes tonalidades de colores en su cara.
-No… tienes de que disculparte- respondió el azabache en la misma situación -Sé que aún no nos conocemos, pero en visto de que… ha pasado lo que ha pasado… me gustaría que nos conociéramos más… si tu quieres, claro- añadió con extrema inseguridad sintiéndose como un idiota.
-¿Cómo una cita?- preguntó la rubia con brillo en sus ojos.
-… Sí… Como una cita…
-¡Por supuesto que sí, me gustaría!
-Genial, entonces… ¿Te parece un paseo en la tarde?
-Sí, entonces nos veremos en la tarde- respondió la rubia dándole un fugaz beso en los labios antes de salir corriendo con una risilla.
¿Qué demonios sucedió?- se preguntó confundido, aún sin entender ni pito de lo que había sucedido hace unos cuantos segundos atrás.
Mientras en el pasillo cerca al aula de Encantamientos…
-¿De quién será esto?- se preguntó la pelirroja en voz baja observando el sobre.
Ginny al ver que no había nadie en su alrededor, decidió revelar su contenido…
Te espero esta noche en la Sala de Menesteres, cerca de las 10 de la noche…
No faltes porque no te convendrá…
B.Z
-¡Debe ser una broma!- exclamó molesta antes de arrugar el mensaje y hacerlo cenizas.
Holaaaa!
Ojalá que disfruten de este nuevo capítulo :)
Patirosas: No es nada, muchas gracias a ti por seguir mis historias :3 Besos y abrazos.
wand: Hahahahaha siiii quién los entiende, aunqueee no se pueden quejar porque lo pasan bueno xD Siiii djhsjhfjhfdj son geniales :') Con Theo habrá un poco de salseo pero por supuesto que habrá Thuna! *.*
