ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece. Notas, como siempre, a final de página.
IMBRANATO
DIEZ
¿Veredicto final? Tres días de suspensión. Si bien Daniel se había llevado la peor parte, Adamo tampoco actuó correctamente al agredirlo de tal forma. Lovina se sintió incapaz de reclamar algo o castigar a su hijo; por su parte el adolescente decidió tomar esos tres días como un descanso de sus obligaciones como escolar.
Ya luego podría pedir prestado algunos cuadernos y fotocopiar los apuntes. Bueno, sólo los de aquellas materias que le gustaban.
Aquel encuentro había terminado peor de lo que vaticinó. El director despachó a Lovina, a él y a Antonio —cosa que agradeció, porque la risilla de Iván Braginski enserio le recordaba a un psicópata—, para conversar más a fondo lo ocurrido con Daniel. Adamo se acercó a su madre y se limitó a decirle que volvería al departamento y dormiría el resto de la mañana… y por supuesto que ignoró olímpicamente la invitación a comer del español. Se fue antes de presenciar la conversación que tendrían los adultos; la italiana lucía molesta y enserio no quería oír gritos y/o lamentaciones. Apenas llegó se quitó el uniforme y se metió en las sábanas que, lamentablemente para él, ya se habían enfriado.
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Por suerte, Lovina llegó para la hora del almuerzo. De lunes a viernes Adamo acostumbrada a comer en la cafetería del colegio junto a sus compañeros, pero como ahora estaba suspendido... y lo cierto era que hasta el agua se le quemaba —no que fuera un completo inútil, pero era mejor ayudando en cosas como el orden y aseo de la casa, por ejemplo—. Su hambriento estómago chilló de felicidad al ver aparecer a su madre con bolsas de supermercado; si bien la italiana no tenía tiempo para cocinar algo, pues su horario de colación era de sólo una hora, el pollo con arroz chaufan estaba delicioso.
Fue evidente la incomodidad de ambos durante la comida. Lovina no quería hablar sobre lo ocurrido, a pesar de que la curiosidad la estaba matando; sabía que Adamo tenía mucho más que decir respecto a lo que había pasado y a la mujer le urgía enterarse de todo, pero si el adolescente no quería cooperar…
Adamo tenía sus motivos para no querer abrir la boca. Tal vez eran estúpidos, pero eran sus motivos y los iba a mantener, a no ser que alguien más se viera involucrado negativamente en lo que consideraba una estupidez. Luego pensó en Antonio y su estómago se revolvió al recordar los ojos llenos de pena del español al rechazar su invitación. Sintió culpa... tal vez, no lo supo interpretar. Lo que sí sabía era que quería estar lo más lejos posible de él, su familia y su seguramente tonta noviecita.
El resto del almuerzo fue más o menos igual; el único ruido era el proveniente del televisor que tenía puesto el noticiero. Tras terminar, Lovina fue al baño y un momento después informó que llegaría más o menos a las seis de la tarde, a no ser que hubiera mucho trabajo. Aunque los martes los había destinado para su trabajo en el laboratorio, la sala de emergencias era una prioridad y no podía predecir cómo estarían las cosas por la tarde. Adamo gruñó por lo bajo y se dedicó a lavar los platos para después, de igual modo, salir del departamento.
No es como si tuviera un lugar específico al cual ir… sus compañeros seguían en clases y cuentas rápidas le hicieron saber que el día apenas y empezaba en Minnesota; no quería joder con sus problemas desde tan temprano a sus amigos. Dejó que simplemente sus pies lo guiaran por ahí; si se perdía, ya luego podría llamar a su madre o algo así. Antes de darse cuenta, se había sentado al borde de una fuente que tenía soles y abejas a modo de decoración.
Se quitó los audífonos, pausó la música de su celular y sumió la vista en el agua que emanaba de la fuente. Claro que se irritó cuando se percató que en esa plaza, a un costado había un edificio que en su balcón tenía una bandera española… sin embargo no permitió que una pequeñez como esa lo molestara demasiado y si bien aquel símbolo patrio enserio le hizo querer largarse de inmediato, había caminado tanto que le dolían los pies.
Se prometió estar ahí sólo un momento, ya luego se iría.
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Un mimo, un cantante callejero y hasta un mago le distrajeron largo rato; había perdido completamente la noción del tiempo y hasta pareció haberse olvidado que se encontraba en la famosa piazza di Spagna. Si bien en un principio el lugar le molestó por recordarle demasiado a Antonio, ya había olvidado aquella pequeñez.
Si hasta se había comprado un algodón de azúcar y había tomado una fotografía a unos turistas que se lo pidieron en un muy torpe italiano. Rió y por un momento olvidó todas sus preocupaciones.
Fijó nuevamente los ojos en la fuente… no podía evitarlo, el agua lo relajaba. Hubiera metido la mano para sentir el líquido entre los dedos, pero temió que los policías que resguardaban las plaza le acusaran de hurto; después de todo, el fondo de esa fuente estaba llena de monedas.
Maldijo la tonta costumbre de los turistas que arrojar dinero a cada fuente italiana que se les cruzara. Se suponía que eso sólo funcionaba con la fontana di Trevi. De mal humor, estuvo más que tentado a informar a un par de turistas que debían caminar un poco más para arrojar su dinero al agua con total confianza.
—Supe que te suspendieron por pegarle a Daniel —Adamo no tuvo la necesidad de voltear a ver para identificar a quien había hablado. Su voz le había delatado en el acto. Hizo una mueca. ¿Cómo lo había encontrado?
—¿Te importa acaso?
—Sólo quería iniciar la conversación —la recién llegada sonrió coqueta y no dudó en tomar asiento junto al castaño de ojos verdes, al tiempo que acomodaba sobre el puente de su nariz las gafas de montura fina. Grande había sido su sorpresa al ver a su querido tío Antonio junto a Adamo y la madre de éste; le hizo falta apenas cinco segundos para relacionar el parentesco que el enorme parecido físico no dejaba lugar a dudas. Fijó los ojos en Adamo, lucía molesto y ello le llamó profundamente la atención. Pese al poco tiempo que llevaba de conocerlo, se había percatado de que a pesar que era gruñón, podía ser muy simpático y alegre cuando estaba en confianza.
Alexis frunció los labios al ver que el joven a su lado no tenía ni un interés en mantener una conversación con ella.
—Es de mala educación dejar hablando a alguien.
—No lo he hecho.
—Estás de un humor horroroso —reclamó.
—Tiene mucho que ver con la compañía que tengo —taladró a la fémina con los ojos, causándole incomodidad inmediata—. Ridícula.
—¡¿Qué rayos te he hecho para que me trates así?! —inquirió ofendida, poniéndose de pie para así encararlo.
—¿Te parece poco el medio obligar al tonto de Daniel a fumar esa porquería que le diste sólo para que te rieras un rato? —bufó—. Si rebobino los hechos, eres la única culpable de que me hayan suspendido. Yo sólo quería estar tranquilo y jugar un poco de fútbol, pero tu y tú manía de estar pegada a mí me trajo problemas.
—Que rencoroso —se encogió de hombros—. Yo no obligue a nadie; si Daniel está tan enamorado de mí como para hacer todo lo que digo, no es mi problema.
—¿Te estás escuchando? —asaltó indignado. Suerte para él que una vez acabara el año académico, nunca más volvería a verla—. Enserio no creí que fueras tan mala.
—¿Quién está siendo mala? —chilló ofendida—. ¡Vamos, Adamo! Fue una tontería, algo que se me ocurrió en el momento y Daniel lo llevó demasiado lejos.
—No necesito tus explicaciones.
—Yo creía que sí… —musitó con voz suave y apenas audible. Adamo relajó el ceño, no obstante su molestia permaneció a flor de piel.
—No. No las necesito.
—¡No pensé que te ibas a enojar tanto, Adamo! —alegó—. Perdóname, ¿sí? No lo volveré a hacer —un gruñido por parte de su interlocutor la puso nerviosa en el acto—. No dijiste que yo...
—No —cortó—. No dije que tu fuiste la tonta que estaba regalando marihuana —volvió a gruñir—. Ni siquiera sé por qué no lo dije; no me gusta que juegues con la gente.
—Sólo fue…
—¡Eso fue, Alexis! —gruñó y la miró con rabia—. Ser bonita no va a hacer que siempre consigas lo que quieres. Tal vez el tonto truco te dure mientras estés en el colegio, pero en la vida real es otra cosa… así que madura de una maldita vez.
La rubia se mantuvo mutada por las duras palabras. Nadie, ni siquiera sus padres se habían atrevido a hablarle así… en la vida. Sintió como poco a poco sus ojos se llenaban de lágrimas, sin embargo miró al cielo, tratando de contenerlas. Su atención se posó entonces en la bandera española que apenas y flameaba en el balcón de la embajada del mismo país y algo hizo click en su cabeza. Pasó con cuidado los dedos por sus ojos, tratando de no arruinar el leve maquillaje y luego enfrentó a Adamo, decidida.
—No estás enojado sólo por la suspensión… ¿o me equivoco?
Adamo volvió a gruñir y apretó los puños. Nuevamente tomó asiento, sin embargo esta vez en la escalinata que estaba junto a la fontana della Barcaccia y se sumió en sus pensamientos, ignorando de paso a su interlocutora. Alexis debía ser la persona más molesta que jamás había conocido, además también la más malcriada. De las pocas veces que habían hablado, había sacado que, al igual que él, ella sólo vivía con su madre, sin embargo pasaba un par de días al mes con su padre. Adamo creyó ingenuamente que dada su condición, Alexis tendría una mentalidad parecida a la de él, pero más equivocado no pudo estar. Le molestaba estar con ella, lo ponía de mal humor y para colmo de males, Alexis parecía no entender ese punto.
Se quedó mirando, sin expresión en el rostro, la mano que la rubia suavemente le acariciaba. Sabía que tenía que hablar con alguien para desahogarse y quizás ella era la única persona con la que podría hacerlo; sus amigos estaban demasiado lejos y aún no le tenía la suficiente confianza a sus compañeros de colegio. Entreabrió los labios para musitar algo, no obstante le llevó varios segundos poder finalmente emitir palabra alguna.
—Conocí a mi papá —musitó por fin. Alexis le miró con preocupación—. Le odio tanto.
—¿Por qué? —tal vez era una pregunta estúpida, pero se sintió con la necesidad de efectuarla. Conocía a Antonio desde que era una niña, era un muy buen amigo de su padre y sabía que era una buena persona; no entendía por qué el rencor por parte de su interlocutor.
—No intentó comunicarse con mi mamma o conmigo en todo este tiempo. No sabes cuántas veces la escuché llorar por él cuando era más pequeño. No tienes idea de lo mal que me sentía cada vez que se acercaba el día del padre y los otros niños me señalaban con el dedo y se reían de mí por no tener uno a quien darle mi regalo. Ni siquiera puedes imaginártelo porque a pesar de que no vives con tu padre, sabes perfectamente a dónde ir si quieres verlo, él se preocupa por ti. En cambio el mío —hizo una mueca, molestia a flor de piel—. ¿Enserio cree que invitándome a comer va a recuperar los años perdidos y todos los malos ratos que pasé por su culpa?
—No lo sabrá si no se lo dices.
—¡No quiero hablar con él, maldita sea! —vociferó alterado. Poca atención le prestó a los transeúntes que, alarmados, voltearon para verlo—. ¿Por qué ahora? ¿Para qué? ¡No tiene ni un maldito sentido! ¡No quiero volver a escuchar llorar a mi mamma! ¡Estaba muchísimo mejor sin él tratando de meterse en mi vida!
—Acabas de decirme que sufriste mucho sin él… ¿y ahora que lo tienes aquí lo alejas? Adamo —tomó sus manos y las aferró a las suyas—, te juro que no es mi intención ofenderte, ¿pero no sería mejor que escucharas la versión de tu papá?
—Yo no tengo padre —musitó herido, desviando la mirada. Alexis se angustió aún más al verlo en ese estado.
—Escúchate, por favor… —suspiró pesadamente al ver que, nuevamente, el adolescente no parecía querer continuar con la conversación. Se soltó del agarre de manos y dio paso a un abrazo; en el pasado ella igual se había sentido mal y todo lo que había necesitado para calmarse era un abrazo proporcionado por su abuela. Sonrió apenas al sentir que el cuerpo de Adamo se relajaba ante el contacto.
Supo entonces que las palabras no eran necesarias, sobre todo cuando sintió el hombro húmedo a causa de silenciosas lágrimas. Alexis dio paso a acariciar los cabellos castaños, intentando junto con ello tranquilizar al joven que segundos atrás la había aferrado a su cuerpo.
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—Mamma…
—¿Qué son estas horas de llegar? —inició la italiana, espantada—. Me tenías con el alma en un hilo, Adamo, maldición.
El reloj bordeaba las diez de la noche; el tiempo se había pasado volando, más en compañía de Alexis. Sólo el frío le había advertido a Adamo lo tarde que era, no así la oscuridad, pues la plaza estaba tan llena de luces que era fácil engañar a la vista. El adolescente tampoco había caminado demasiado rápido en su regreso… y todo lo anterior causó que Lovina estuviera al borde del colapso nervioso.
Era su único hijo, la única familia que tenía cerca. Para colmo de males tenía el teléfono celular apagado; ¿cómo quería que estuviera? Había pensado lo peor.
—Mamma —siguió el adolescente, ignorando las palabras de su madre. Lovina se inquietó ante el semblante que presentaba su hijo; parecía aturdido.
—¿Qué pasa, hijo…?
—¿Por qué te alejaste de Antonio? ¿Qué fue eso tan malo por lo que llorabas cada noche cuando era pequeño? ¿Qué te hizo?
"Oh, mio Dio. No esa pregunta" Lovina sintió temblar sus piernas y, a sabiendas que no podría mantenerse en pie, tomó asiento antes de derrumbarse por completo. Cerró los ojos y hundió el rostro entre las manos, deseando que al retirarlas, su hijo ya no estuviera ahí y todo hubiera sido una pesadilla.
Pero no.
Sabía que ese día iba a llegar, pero no sabía qué exactamente decir para que Adamo no odie a Antonio. El daño se lo había hecho a ella, el español no sabía de su existencia y de haberlo hecho, jamás le hubiera abandonado. Lo último que deseó fue envenenar al menor. Pero tampoco podía omitir demasiado, ni mentir... simplemente porque no sabía hacerlo.
Tomó aire antes de relatar a grandes rasgos lo ocurrido: el matrimonio, la ida de Antonio a Estados Unidos debido al magíster y doctorado que le habían ofrecido debido a sus calificaciones en la universidad... y su engaño. No le quiso decir que había viajado para decirle al español que estaba embarazada de dos meses.
Sin embargo Adamo no era tonto. Tal vez no se daría cuenta en el acto, pero tarde o temprano lo haría.
Se sintió horrible al divisar el rostro de su hijo tras sus palabras, ¿habría hecho mal? Le había obligado a no conocer a su padre; tal vez debió haber retomado el contacto con Antonio sólo por él… pero ya no había espacio para las lamentaciones, lo hecho, hecho estaba y no se puede cambiar.
Escuchó un fuerte portazo y luego, silencio.
A lo mejor sí era egoísta. Tal vez ella había provocado el sufrimiento de su hijo. Se sentía tan mal que no fue capaz ni de levantarse de la silla.
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Adamo trató de mantener la cabeza fría… trató, pero no es como si fuera un súper humano o algo así. Sabía que tenía que conocer la versión de Antonio antes de emitir algún juicio, pero tenía tanto resentimiento para con ese hombre que no se sintió capaz de tomar el teléfono y llamarle —además no tenía su número—. Por otro lado, hablar con Alexis le había sentado mejor de lo que creyó en un principio… malcriada y todo, al menos podía desahogarse con ella. Tomó su teléfono celular y le escribió un mensaje de texto.
Sí, tal vez la podía considerar su amiga. Después de todo, su relación era casi como la de su tía Felicia y su madre… gritan, pelean, no se hablan y luego se buscan.
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Cuego ahora y tan seguido, simplemente porque estoy de buen humor y se me da la gana.
Plaza de España, (en italiano Piazza di Spagna) es una de las plazas más famosas de Roma. Toma su nombre del Palacio de España, sede de la embajada española ante la Santa Sede y ante la Orden de Malta. En la plaza destacan la conocida escalinata que sube hasta la iglesia de Trinità dei Monti y la barroca Fontana della Barcaccia.
Sé que en algunas partes menciono que Antonio se fue a US por trabajo y en otras que fue por su magíster/doctorado. Sólo para quienes no sepan, cuando se hace cualquiera de estas dos cosas en el extranjero debido a una beca, se pide al beneficiario trabajar para así retribuir al país/institución la adquisición de conocimientos. Aunque tengo entendido que algunos países (si es que no es en todos) no discriminan entre compatriotas y extranjeros. Ley pareja para todos.
A su vez, también sé que he dejado unos cabos sueltos por ahí; pero son pequeños y a mi juicio sólo son causa de relleno en la historia, así que nombro algunos a continuación:
* Adamo y Daniel no son amigos debido a los "genes" de Lovina, es decir, ella odia a los Alemanes. Así mismo, Adamo no muestra desprecio por Julchen debido a la misma razón… instinto de amante italiano.
* Al principio pensé en hacer varones a los hijos de Felicia y Ludwig, pero debido a lo anterior, decidí que lo mejor era hacerlas mujeres. Ya mucho hubiera sido la tensión familiar.
* Adamo nació en Abril.
* Respecto al bufete de abogados E&G: la E es por Edelstein (el apellido de Austria, para quienes no sepan) y la G fue simplemente porque no se me ocurrió a qué personaje asociar. Así mismo, E&G es una licorería que queda cerca de donde vivo. (esto fue solo un capricho que me dio)
* Alexis se llama así porque quería un nombre que se prestara para dualidad sexual; tal y como el de su padre: Francis.
* Paulo, el hijo mayor de la familia Fernández-Carriedo, es gay.
* Debido a lo anterior es que María no expresa tanto aprecio por él como por Antonio; repudia completamente su elección de vida.
*María es tan cercana a Antonio, al punto de ser obsesiva, porque tiene miedo que él se vuelva como Paulo. Prefiere vigilarlo de cerca. Claro que eso no quita lo celosa que es para con él, al punto que cree que ninguna mujer es digna de su hermano.
* A pesar de lo que algunos creen, Francis NO odia a Lovina. Sólo exterioriza su rabia debido a que él pasó por una situación similar cuando su ex esposa le prohibió ver a su hija, Alexis. Él sabe cómo se siente Antonio y por ello no puede evitar ver el rostro de su ex en Lovina.
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Adi-chan: Gracias por tu comentario :') ahora están posteando varios que antes sólo leían y eso me alegra mucho.
Eso por ahora. ¡Saludos!
