Y por fin tenemos el final de esta historia. Bermone, espero que te guste. Nos vemos en las notas finales.

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Él y yo

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Últimamente la culpa le carcomía el cerebro; ya no pasaba un día en que Katniss sintiera la necesidad de desviar la mirada para evitar los ojos acusadores de Delly, aunque sabía perfectamente que ella no estaba enterada de la infidelidad que Peeta y ella cometían a sus espaldas… Y las de Gale, por supuesto.

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Cada día y noche era una pelea constante con él. Dado que Katniss nunca estaba alrededor del departamento que habían "adquirido juntos", le daban ataques de cólera cuando ella se presentaba muy entrada la noche. Cada noche era la misma cantilena: "Nunca estás aquí", "¿Acaso vivo solo y tú solo vienes de visita?", "Si no querías vivir conmigo, pudiste decirlo desde el inicio", "¿Me estás engañando?". Esa era la frase con la que Katniss tenía que recurrir a todo su autocontrol para no reaccionar y disimular que estaba totalmente cansada debido a las incursiones y clases que debía dar. Si bien era cierto que era una labor extenuante, lo que más la dejaba agotada eran las sesiones de sexo que ella y Peeta no podían parar de tener.

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Peeta sufría en menor medida, pues Delly aún era muy inocente en ese sentido; ella no desconfiaría del dulce panadero, a pesar de sus secuelas. Ese también era un tema de discusión entre ellos, pues Peeta se alejaba por completo de su esposa para poder pasar sus ataques sin lastimarla, cosa que ella no terminaba de entender pues sus padres le habían enseñado que ella debía estar con su marido en todo momento, cosa que llegaba a asfixiar al rubio. Muchas veces se veía en la necesidad de escapar de la cama donde yacía su durmiente esposa, solo para evitar sus excesivos arrumacos. De esa forma, ella se quejaba cuando Peeta simplemente se encerraba en una de las recamaras dispuestas para visitas ocasionales, y no dejaba que Delly entrara hasta mucho tiempo después, cuando la crisis hubo remitido.

Era en esos momentos donde más deseaba la compañía de su morena amante; solamente ella sabía calmarlo, su sola presencia era más que suficiente para que las crisis fueran incluso más cortas y menos dolorosas. Katniss simplemente se dedicaba a estar cerca y abrazarlo sin mucha fuerza, sabiendo que si excedía los limites, Peeta podía empeorar significativamente.

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La mayor parte del tiempo, cuando no estaba con Katniss, Peeta solía hornear y pensar en todo momento porque es que seguía aferrado a un matrimonio que obviamente no tenía futuro, si él estaba aun profundamente enamorado del precioso Sinsajo, y ese sentimiento nunca iba a perecer. De hecho, pensaba que no tenía sentido que se hubiesen casado si Katniss y él justamente habían perdido la virginidad una semana antes del enlace. "Hubiese sido doloroso, pero al menos Delly hubiese entendido que lo nuestro no era real, y así estaría junto a Katniss sin limitación alguna… En cambio, así, siendo amantes, solamente dañamos a la gente que se supone deberíamos querer". Se cuestionaba a sí mismo la apresurada decisión de unir su vida a Delly. Posiblemente en su mente aún quedaban esas enseñanzas tan anticuadas y cerradas de su madre, la cual nunca vio con buenos ojos a Katniss, y de echo aun recordaba vagos recuerdos en los que su madre lo instaba a "ir más allá" que una amistad con Madge, dado su estatus. Posiblemente solo se debía a toda la presión añeja que recaía en sus hombros, pero la verdad era que ni él ni Katniss entendían porque habían decidido hacer las cosas de esa forma.

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Cuando Peeta y Delly volvieron de su luna de miel, Katniss se le entregó con la pasión acumulada de tantas semanas de prácticamente nada, y es que la única vez que trato de entregarse a Gale como lo hacía con Peeta, el chico la cuestiono y no paro en dos horas, tanto que Katniss prefirió continuar siendo la aburrida y sumisa amante.

Dado que no querían ser obvios, al menos al principio, se agendaron un horario en el que sabían que nadie sospecharía por verlos juntos. Muchas veces ese horario incluía verse más de tres veces en un mismo día, en los cuales siempre terminaban sudorosos y sonrientes.

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Pero todo había cambiado de un momento a otro de una manera tan abrupta como una cachetada…

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Seis meses habían pasado, Katniss y Peeta estaban cansados de ocultarse, a la vez que Gale y Delly estaban igual de cansados por la situación. Delly ya ni siquiera se tomaba la molestia de emocionarse al escuchar llegar a Peeta, cuando este llegaba, claro. La mayor parte del tiempo se dedicaba a estar fuera de la casa, importándole poco quien pudiera enterarse.

Gale, por su parte, ya se había aburrido de discutir con Katniss. Ya no le reclamaba cuando llegaba tarde, y tampoco cuando no llegaba. Apenas y tenía ganas de tocarla. Aunque a Katniss no le costó mucho saber porque: Había descubierto que Gale también era infiel, pues lo había encontrado en la cama que ambos "compartían" con Madge, aunque tuvo el cuidado de ser sigilosa y evitar que la notaran. La noticia no le había caído bien pero no porque sintiera celos por Gale, sino porque sabía que él no podía tener buenas intenciones y Madge era una buena mujer.

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Pero lo peor había sobrevenido cuando Peeta le dio la peor de las noticias…

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"Katniss… Debemos hablar…"— Peeta tenía un semblante serio, se notaba pálido y con una ligera capa de sudor cubriendo su frente.

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"¿Hay algún problema? ¿Qué te pasa?" — Honestamente no le estaba gustando a donde iba la conversación.

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"Delly… Delly está embarazada"— Katniss se quedó helada, sentía su cuerpo inmóvil, quería gritar y llorar, pero no podía.

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Ese era el fin, sabía que no podrían continuar así… Y lo peor era que Katniss también se encontraba embarazada, y sabía perfectamente que era de Peeta. Pero no podía tener la sangre tan fría como para separar a un bebé de su padre, al menos un bebé que fue concebido en medio de un matrimonio. Uno lleno de mentiras, pero al final un matrimonio. Llorando, Katniss se levantó y desapareció de la vista de Peeta, el cual no sabía si ir corriendo tras ella o quedarse en su lugar.

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Katniss fue a hablar con Delly, pues ya no podía seguir conteniendo todo ese dolor y decepción por sí misma; comenzó explicándole que se sentía terrible porque era amante de un hombre casado.

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Tal vez su mujer no manda en su corazón. Ella tiene que aceptar que ha perdido a su marido— Le aconsejaba, al momento que Katniss lloraba.

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No sabes quienes son las víctimas de la situación

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Pero amiga, debes luchar por tu amor. Además, no pueden ganar los tres

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No puedes aconsejarme, no conoces mi posición

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Te entiendo porque mi marido y yo vivimos el mismo amor— Que gran mentira, pero tenía que aparentar frente a ella.

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Katniss entonces se echó a llorar desconsoladamente, alcanzando a tranquilizarse solo para poder confesar su verdad.

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Delly, yo… Fui la amante de tu marido desde antes de su boda y hasta ahora— Delly exploto en llanto también, pero este era lleno de rabia.

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Sabía que había algo raro, desaparecía sin razón aparente y muchas veces no volvía. ¡NO SÉ SI HABRÁ UN DIOS QUE LOS PERDONE, PERO YO NO!

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Perdóname… Perdónanos…

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Esto fue una maldita traición

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Discúlpame Delly…— Entonces Delly se levantó en dirección a Katniss y le propino una cachetada a Katniss, al punto de tirarla de la silla en donde se encontraba sentada.

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Largo Katniss… Y no vuelvas— Como pudo, Katniss se levantó y se fue corriendo al bosque, lugar que una vez fue casi un detonante en aquella infidelidad. Lloró durante mucho tiempo, sabiendo que el único lugar donde podría estar tranquila era lejos de ahí. Volvió al hogar que compartía con Gale (afortunadamente él no estaba. Seguramente estaría con Madge…) para tomar todas sus cosas en una pequeña maleta y desapareció en medio de la noche, sin decir una palabra a nadie.

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Peeta, por su parte, sabía que tenía una nueva responsabilidad y era su deber velar por esa nueva vida que venía en camino, una vida inocente a todo ese embrollo. Cuando llego a su hogar, Delly parecía un animal poseído por el dolor. Apenas lo vio, empezó a arremeter contra Peeta, golpeándolo con sus pequeñas manos con notable dolor. El chico acepto hasta donde pudo y evito golpes para que Delly no sufriera daño, y mucho menos el bebé.

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—¡Maldito!¡Malditos! LOS ODIO. Pero al menos me he desquitado y con creces— Peeta, uniendo todas las fuerzas posibles, volteo a mirarla con curiosidad.

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¿No te imaginas? Yo supe de ustedes desde que volvimos de la Luna de Miel, poco te falto para traerla a NUESTRO hogar y meterla en NUESTRA cama— decía, enojada y con lágrimas en los ojos. — Pensé que ibas a abandonar esa idea de estar con ella, pero como vi que seguían con el mismo cuento, busqué a un chico que llenara mis expectativas y me he estado acostado con él hasta que me di cuenta que estaba embarazada. Entonces discutí con él y lo alejé de mí para hacerte creer que este hijo es tuyo y pagaras por tu infidelidad. Y ahora, estoy segura de que la zorra de tu amante ya se ha ido muy lejos. Esto y más se merecen ambos, ¡CERDOS! — Delly trató de darle una nueva cachetada a Peeta, pero éste la detuvo y fue ahí donde Delly casi se desmaya, porque el rostro de Peeta clamaba por venganza, importándole poco que ella estuviera embarazada. Prefirió irse antes de cometer otra tontería, y solamente dejo caer a Delly al suelo; mientras ella chillaba de coraje, Peeta corría al departamento de Gale y Katniss.

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Básicamente rompió el pomo de la puerta, y entró llamando a gritos a Katniss. Al ver que no respondía, corrió al bosque a pesar de estar entrada la noche. Gritó durante horas, y se lanzó al suelo en medio del llanto cuando ella no respondió.

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DOS MESES DESPUÉS

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Peeta había decidido que, ya que Delly había confesado su infidelidad y confirmado que el padre no era él, regresó a su antiguo hogar reconstruido, el cual lo habían dejado vacío por respeto a él y su familia. Se reinstaló en su antigua habitación, frustrado. Había estado preguntando por el paradero de Katniss y nadie sabía que responderle, pues nadie la había visto irse. Gale solamente le recriminó un par de cosas cuando se dio cuenta de que Katniss había huido, pero su orgullo estaba herido, había sido usado y lo peor era que todo eso había pasado por llamar la atención del panadero.

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Llamó a la madre de Katniss, la cual solamente le dijo que había pasado a visitarla durante un mes, y después se había ido. Peeta no sabía a donde ir, y decidió buscar consejo con Annie. Por alguna razón, tenía la sensación de que Annie no lo juzgaría duramente, e incluso le daría un consejo. Con esa perspectiva en mente, tomó el tren directo al distrito 4, pensando que encontraría un poco de paz en medio de tanto dolor. Pero no sabía lo que encontraría al llegar…

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Apenas puso un pie en el 4, fue directo al hogar de Annie, que sabía no había cambiado después de la guerra. Cuando toco la puerta, jamás espero ver una pequeña barriga de embarazada, y mucho menos que esa barriga fuera de Katniss. Al verlo, Katniss no pudo con la presión y se desmayó. Afortunadamente, Peeta fue hábil y la atrapó antes de que ella tocará el suelo. Llamó a gritos a Annie, la cual apareció con su pequeño hijo en brazos. Guio a Peeta a la habitación de Katniss y mientras esperaban a que reaccionara, le contó que ella había llegado muy entrada la madrugada y le explico que Katniss le había confesado todo lo que había pasado y le rogó que la dejara quedarse con ella. Annie acepto y desde entonces se había quedado con ella. Le había suplicado que no mandara decir nada con Peeta, que esa sería la consecuencia de todo eso, y viendo la desesperación de Katniss, Annie había aceptado. Entonces los dejo solos, para que pudieran hablar.

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Cuando Katniss despertó, lloro amargamente y se negaba a escuchar a Peeta, pero cuando éste la abrazo ella se tranquilizó, y escucho toda la historia que había pasado cuando ella se había ido. Le costaba creer que Delly había llegado a ese grado, pero de nuevo ellos habían cometido la infidelidad primero.

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Pasados unos días, Katniss había aceptado que retomaran su relación y decidieron rentar una nueva casa en el 4. Annie les había apoyado en todo momento, pensando que su hijo sería el mejor amigo del pequeño Finnick Jr.

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Peeta, ¿estás seguro que todo estará bien? — Le preguntaba un tanto preocupada, mientras Peeta acariciaba su hinchado vientre

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Por supuesto. Nos amamos y eso todos lo sabían. Cometimos un error, pero ya lo estamos pagando y reparando

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Yo… Te amo, Peeta

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—Te amo, Katniss— Y se dieron un suave beso.

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La luz del atardecer los bañó, como confirmando sus anhelos. Sonrieron, a la espera de ese bebé que había sido concebido entre tanto amor y pasión.

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Al final continuaban siendo amantes, pero no trágicos. Ya habían roto esa maldición.

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Y aquí termina este fic que escribí con mucho amor para ti, Bermone :)

De verdad espero que te haya gustado, y a todos lectores, por supuesto.

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Como la mayoría de los comentarios dijeron "final feliz", pues así los deje, aunque pienso hacer un "final alternativo" un tanto más amargo. Pero esto ya será después.

¡Sin más que decir, muchas gracias por leer!