ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece. Todo lo que tengo para decir, abajo.
IMBRANATO
DIECIOCHO
Lo diría en pocas palabras, o mejor aún, podía definir su cumpleaños con sólo un adjetivo: asqueroso, un completo y rotundo asco. Primero su día había sido perfectamente arruinado por la inoportuna llamada de Arthur Kirkland y luego, en la noche…
Si bien Lovina no se presentó, Adamo sí lo había hecho y en compañía de Paulo. Durante toda la velada intentó acercarse a su hijo, sin embargo éste le rehuía constantemente y se limitaba a hablar con el luso; Antonio los vio comiendo, bebiendo y riendo juntos… sintió tantos celos de su hermano mayor que por poco hace un escándalo, claro que la cantidad no menor de alcohol en su cuerpo lo motivaba a aquello, pero gracias al cielo su sentido común había ganado esa batalla. Frotó sus párpados con los la yema de sus dedos y finalmente abrió los ojos; se dio cuenta que uno de sus brazos rodeaba a Emma… ni siquiera recordaba el momento en que se había quedado dormido, supuso que Francis y Gilbert habían cargado con su cuerpo y la belga se había quedado con él para cuidarlo.
Porque sí, Antonio tenía todo un historial… sobre todo con licor de por medio. Se preguntó si había hecho alguna estupidez. Bueno, Emma no estaría con él si lo hubiera hecho, ¿no? Suspiró. A duras penas se sentó en la cama y luego reunió fuerzas para ponerse de pie y caminar hasta la sala de estar… ¡era un maldito desastre! ¿Qué mierda había pasado anoche? ¿Acaso un huracán había pasado por su departamento? Se jaló del cabello, abatido ante la sola idea de tener que limpiar todo ese desastre; por lo general sus fiestas de cumpleaños eran tranquilas… sí, siempre había mucho alcohol, pero una cosa no tenía que llevar a la otra. Bueno, al menos era domingo. Bostezó y recorrió su hogar, rogando al cielo para que el resto de las habitaciones estuvieran presentables.
Error.
Le dio risa ver a Gilbert y Francis durmiendo en la cama de una plaza que estaba ubicada en el dormitorio que usualmente usaban las visitas. El albino abrazaba al francés para no caerse… eran un desastre. Bueno, fuera de aquella escena, el lugar se veía bastante presentable. Se preguntó si Elizabeta se habría enfadado con Gilbert, después de todo no había rastro de ella y estaba seguro que la húngara anoche estaba presente. Fue a la cocina y tomó una bolsa para comenzar a limpiar un poco… ni siquiera en la universidad había tenido fiestas tan alocadas, y si bien sólo se cumplía cuarenta y cuatro años sólo una vez… ah, no, no hay excusa. Recogió los vasos de plástico —muchas fiestas le habían enseñado de la peor forma que usar vasos de vidrio definitivamente no era lo más sensato—, las latas y las botellas, algunas aún tenían licor, sin embargo decidió botar todo. El dolor de cabeza le hacía retumbar las sienes y definitivamente quería deshacerse de todo rastro de aquel brebaje de Satanás.
Iba por la cuarta bolsa cuando sintió que una puerta se habría y Francis y Gilbert aparecían por ella… uno con apariencia más desastrosa que el otro. El galo se sentó sobre el sofá de tres cuerpos y el albino usó las piernas del ojiazul como almohada… la cabeza le iba a explotar en cualquier minuto. Antonio dejó la bolsa a un lado y se dedicó a ver a sus amigos. Fue a la cocina y buscó la escoba, más bolsas y no dudó en arrojárselas a los dos hombres que "fermentaban" en la sala de estar. El primero en reclamar fue Gilbert, pues una bolsa hecha ovillo había impactado sobre su asombroso y adolorido brazo; Francis miró la escoba como si fuese la primera vez que veía una… sí, recordaba haber visto a su empleada con esa cosa, pero no sabía muy bien cómo se utilizaba.
—¿A que estuvo buena la fiesta anoche? —Antonio y su eterna sonrisa se dedicó a romper el silencio; sus amigos bufaron. Si bien lo habían pasado excelente, ahora lo único que querían era que nadie los molestara en su lenta y tortuosa agonía… también llamada resaca—. ¡Vamos! ¡No se queden ahí de vagos! ¡Tienen que ayudarme a limpiar!
—No jodas, Toño.
—Si quieres llamo a un equipo de limpieza… sería mi regalo de cumpleaños, mon ami —comenzó el gabacho, tratando de hablar con el porte y elegancia que tanto le caracterizaban, cosa complicada si se tomaba en cuenta su penoso estado actual. Antonio suspiró y aceptó el ofrecimiento de su amigo, después de todo no le fascinaba la idea de limpiar todo el desastre. Movió las piernas del albino y se sentó en el sofá, apoyando su cabeza en el respaldo de éste. Cayó en cuenta entonces que un concierto de heavy metal no era nada comparado al ruido que hacía su estómago… se estaba muriendo de hambre.
—¿Saben el número de algún delivery de comida que esté abierto los domingos? —pasó su mano por su estómago e hizo una mueca. El reloj de la pared marcaba casi las dos de la tarde, era obvio que tuviera tanta hambre. Gilbert hizo un ruido que los hombres restantes tomaron como una afirmación. Nuevamente el español hizo uso de su fuerza de voluntad para ponerse de pie y alcanzar el teléfono inalámbrico. Le dio la impresión que al albino enserio le costaba mover los dedos para marcar el número… ¿cuánto había bebido anoche?
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—Esfo esfá mu' beno —los otros dos le dieron la razón. Antonio tragó de un sorbo el contenido de su vaso para poder pasar mejor la comida china y no atragantarse por comer demasiado rápido. No dejaba de encontrar raro la actitud que había adoptado Emma nada más al despertar. Parecía ¿ofendida? Bufó; primero se ocuparía de no caer desmayado a causa de la inanición y luego preguntaría a sus amigos si sabían algo sobre la belga… después de todo se había ido casi de inmediato.
Limpió su boca en un intento por hacer notar que no era un cavernícola que pensaba con el estómago y luego volvió a atacar la comida. Mientras masticaba vio que el ojirojo comía casi con tanta desesperación como él, en tanto el rubio aún conservaba sus modales… era increíble que Francis siempre prefiriera verse bien a saciar sus… ¿necesidades básicas? Bah, él siempre había sido así y no iba a cuestionarlo luego de tantos años de conocerlo. Dejó su plato vacío y se recostó en la silla; ahora lo mejor para su cuerpo sería tomar una reponedora siesta de treinta minutos… aunque pensó que si lo hacía, sus amigos aprovecharían para irse y dejarlo con el desastre que era su departamento. Bufó. Llevó los platos sucios a la cocina y luego se volvió a sentar en el sofá junto a sus camaradas; tenía un par de dudas en la cabeza.
—¿Alguno sabe qué le pasa a Emma?
—Seguro está enojada —comenzó el gabacho como si nada, provocando curiosidad inmediata en el español. Gilbert le dio la razón, asintiendo con la cabeza. —Después de el numerito del ángel caído, es lo mínimo, ¿no?
—¿De qué rayos estás hablando? —inquirió molesto y cada vez más confundido. El alemán y el francés estallaron en carcajadas y Antonio infló los mofletes; se sentía excluido, no entendía nada. El albino entonces sacó su teléfono celular y buscó en internet la canción que la noche anterior había causado sensación… por llamarlo de alguna manera. Si bien la letra estaba en español, el ojiverde se había encargado de cantar en italiano las partes que, en sus palabras, más le identificaban, aclarando su actitud a sus invitados. Más de alguno sintió vergüenza ajena… Adamo y María, por ejemplo.
—Antoine, mon ami… —siguió el gabacho con voz solemne, como si estuviera encabezando una charla sexual a un montón de adolescentes calenturientos—. Te hemos dicho infinidad de veces que te transformas cada vez que se te pasa la mano con las copas, sin embargo y para tu tranquilidad, anoche no hiciste ninguna estupidez de la que pudieras arrepentirte… creo. Sólo cantaste.
Segundos después comenzó a sonar la canción, los ritmos boricuas eran fácilmente identificables. Antonio palideció. Si bien se había encargado de descargar mucha música para que ésta estuviera durante la fiesta, nunca imaginó que justamente ESA canción se colaría con las demás. No se consideraba un adepto al reggaetón, sin embargo la letra de ésta canción en cierto modo le recordaba su vida y no había podido evitar descargarla en algún momento. Avergonzado, cubrió su rostro con la mano en tanto la música seguía avanzando; las escandalosas risas de sus amigos apenas y opacaban la melodía, ya que si bien no entendían mucho de español, recordaban las traducciones hechas por Antonio y aquel era suficiente deleite.
*No quise hacerte sufrir, las cosas no son así. Soy sólo un incomprendido…
¡Incomprendido! Soy como un ángel caído que un día fue poseído y después ya no sabe lo que hizo ayer…
No me hables así. No me hagas sufrir…
Tu incomprensión me está matando yo no sé qué hacer. Oye, niña, yo te pido que me puedas entender. Qué me quieras, mami, no puedo saber. Si yo quiero estar contigo. Nena, tú eres mi mujer.
Incomprendido, yo sé que pasa ya por tu cabeza, yo me siento hundido. Mujer, créeme, te quiero Yo tenerte en mi nido, hablarte suave al oído para que sepas tú mi vida que mi amor ha crecido
Incomprendido soy yo, inconscientemente fui el que falló. Mientras avanza el reloj, se muere el amor, minuto a minuto pido perdón
—Vale aclarar que cambiaste la letra varias veces por "Lovi" —aclaró Francis, haciendo comillas con los dedos. Gilbert paró la música apenas detalló en rostro descompuesto de su amigo español. ¡Con razón Emma estaba enojada! Antonio debía ser alguna clase de especialista en cagarla; seguramente era un don o algo así. El hispano cubrió sus ojos con el antebrazo y soltó un grito de exasperación.
—¿Quién…?
—Todos te vieron, Toño —completó el albino, en tanto guardaba el celular en el bolsillo de su pantalón. Se mostró indeciso en seguir con sus palabras, sin embargo se dijo que era mejor que el ojiverde lo supiera ahora, después de todo eso hacen los amigos, ¿no? Te cuentan la verdad, por más dolorosa y vergonzosa que sea. —Abrazaste a tu fotocopia y le comenzaste a pedir que por favor te perdonara —suspiró. —Le dijiste que lo amabas más que a tu propia vida, igual a su madre y que estabas dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de ser una familia.
Antonio maldijo una y mil veces, definitivamente algo estaba mal con él; tenía talento para siempre arruinar todo. Pasó los dedos entre medio de sus mechones castaño oscuro, suspirando y tratando de pensar qué hacer… tal vez debería preguntarle a sus amigos, ellos siempre le daban buenos consejos y claramente él nunca hacía lo más acertado. Los vio de reojo, Gilbert tenía la mirada fija en él y Francis miraba el techo como si se tratara de la obra de arte más impresionante del mundo. El español aclaró su garganta para llamar la atención de sus dos acompañantes, sin embargo dejó pasar unos segundos antes de expresar sus pensamientos… no quería sonar desesperado o algo así.
—Yo…
—Dúchate, ponte ropa decente, ve a disculparte con Emma y olvida de una maldita vez a Lovina —escupió el galo con cizaña, dejando entrever lo mucho que le desagradaba el hecho de que su amigo aún estuviera interesado en la italiana. Él no se olvidaba de todas las veces que tuvo que consolar al español, claro que no, sin embargo éste parecía tener problemas para recordar lo mal que se había sentido cuando la mujer se fue; peor aún cuando se enteró que tenía un hijo—. Lo de ustedes fue lindo y duró lo que tenía que durar. Ahora deja atrás el pasado de una buena vez y acepta lo bueno que te rodea.
—Yo digo que deberías romper con Emma —Gilbert se cruzó de brazos y gruñó al escuchar a Francis, pues su opinión variaba respecto al mismo tema—. Es obvio que no la amas… tu mismo lo dijiste la última vez que te emborrachaste; lo digo por si te habías olvidado —bufó y trató de no perder la calma. Aún cuando no le involucraba, el tema le provocaba dolor de cabeza y bueno, quería ayudar a su amigo e inducirlo a hacer lo correcto. Sintió la mirada furiosa del rubio sobre él y le otorgó una desafiante, ambos ignorando al español que estaba próximo a saltar por la ventana y así acabar con todo de una buena vez.
—Tienes que estar bromeando, Gilbert —Francis arrastró las palabras, usando su tan común acento galo—. ¿Es necesario que te recuerde lo mal que lo pasó Antoine? ¿Para qué rayos quieres que aquello se repita? No te consideraba tan mal amigo.
—¡¿Y cuando demonios yo dije que tenía que volver con esa loca?! —su grito causó dolor inmediato en sus dos acompañantes y es que la resaca aún estaba presente en sus cuerpos. El albino bufó, tratando de sacar toda su frustración—. Lo único que quiero y que me parece más justo es que Antonio deje de jugar con Emma de una vez por todas. Esa mujer está enamorada de ti, ¿cómo mierda no te das cuenta que con tus actitudes sólo la haces sufrir?
El aludido se sintió mal, realmente mal. La angustia que sentía fue reflejada en sus facciones y sólo atinó a cubrirse el rostro con las manos. Iba a hablar con Emma, tenía que hablar con Lovina. Gilbert tenía razón, debía cortar su relación con la belga, sin embargo y para molestia de sus amigos, él aún estaba enamorado de Lovina y eso no iba a cambiar… ¡Por todos los cielos! Habían pasado casi veinte años y su obsesión —por llamarlo de alguna manera— no había mermado ni un poco. Recordó entonces la llamada de cierto inglés cejón y no pudo evitar suspirar abatido, ¿qué se suponía que iba a hacer ahora? A todas luces no le daría el divorcio a la italiana, pero aún así no sabía qué hacer para que ella no insistiera con el tema y en el mejor de los casos, lo olvidara.
—Lovina me pidió el divorcio.
—Ya era hora.
—¡Me alegro!
—¡No me jodan! —explotó ante la reacción de sus acompañantes. Ambos hombres se miraron entre sí y luego le encararon; no sabían qué más hacer para hacer entender al español que debía simplemente seguir con su vida—. ¿Por qué n…?
—Deberías hacer lo mismo que hice yo —Francis interrumpió sus palabras. Posó una mano sobre el hombro del castaño antes de proseguir—. Dices que no te quieres separar de ella debido a tu hijo; te recuerdo que yo estuve en una situación similar con Katherine y hasta la fecha estamos bien, compartiendo la custodia de Alexis, ell…
—Tú nunca amaste a Katherine, en cambio fuiste tan cobarde que dejaste a Marguerite para así no perder los lujos y comodidades que te ofrecía tu padre.
—No tienes idea de lo que estás diciendo.
—¡Por supuesto que la tengo! Odiaste a esa mujer desde que se te obligó a casarte con ella. Dejaste a Marguerite y nunca más hiciste siquiera el amague de buscarla. Fuiste cobarde, ¡yo no quiero ser como tú! —gritó exasperado, no midiendo sus palabras—. Voy a luchar por lo que quiero y mis acciones serán las única que decidirán sobre mí. Odiaría el resto de mi existencia si no hago nada y estoy seguro que no podría vivir cuestionándome todos los días: ¿qué hubiera pasado si…?
—Antonio… —llamó Gilbert, aquella ya se había convertido en una pelea y el albino trataría de hacer todo lo posible por calmar los ánimos. Lo último que quería es que sus amigos estuvieran peleados, ¿acaso todo el drama actual no era suficiente?
—Gilbert —respondió el hispano y le sonrió, descolocando al aludido—. Tú sí hiciste bien, peleaste por Elizabeta hasta el final y eso lo admiro, yo…
—A Gilbert le funcionaron las cosas porque él no engañó a su esposa —Francis supo que se había excedido cuando vio el rostro de Antonio. Los tres estaban con la cabeza caliente, así no se podía lograr nada y por lo general las cosas tendían a tornarse peor. El rubio tomó su bufanda y abrigo y sin más salió del departamento, no quería seguir ahí y arriesgarse a que la pelea se volviera más grande. Ya luego llamaría al español y hablarían como las personas civilizadas que se suponía que eran. El albino en tanto sólo atinó a pasar un brazo por los hombros del ojiverde e intentó tranquilizarlo; sabía que las palabras sobraban en ese momento.
Entonces Antonio lo confirmó una vez más. Todo ese tiempo había estado haciendo mal las cosas y definitivamente era el momento de cambiar. Se separó del alemán y le dedicó una de sus brillantes sonrisas; por supuesto que el albino se incomodó ante el gesto, sin embargo nuevamente optó por omitir sus palabras, en cambio se puso de pie, buscó sus cosas y se limitó a decir en medio de risas forzadas que antes de ir a su casa pasaría a la florería, pues estaba seguro que si no llevaba un regalo, la húngara no lo dejaría entrar. El español rió más y le deseó suerte antes de verlo desaparecer a través de la puerta.
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Adamo siempre había caracterizado por ser alguien de pocas palabras, fue por eso que Lovina se vio en la "necesidad" de preguntarle a Paulo cómo había estado el cumpleaños, pues su hijo gruñía molesto cada vez que la fémina hacía alusión a la fiesta. El luso comenzó a reír y eso le llamó la atención; se estaba muriendo de la curiosidad y los dos hombres frente a ella no hacían nada para cambiar ese hecho. El adolescente tomó un sorbo de su jugo y Paulo, viendo que el menor no quería participar en la conversación, se dedicó a contar lo que había pasado en la fiesta. Para cuando ellos llegaron ya estaban casi todos los invitados, cantaron la típica canción de cumpleaños y luego los vasos simplemente ya no se quedaron quietos. La italiana entonces interrumpió para saber si su hijo había tomado alcohol y ante el inminente silencio, estalló en gritos. ¡Su hijo aún era menor de edad, maldita sea! Adamo intentó tranquilizarla diciendo que sólo había sido un vaso, sin embargo la mujer no dio su brazo a torcer.
Y entonces el adolescente tuvo que prometer, jurar y firmar que no volvería a beber si no hasta cumplir veintiún años*, la mayoría de edad en Estados Unidos; si bien en Italia era a partir de los dieciocho años, Lovina se excusó en el hecho que su hijo había vivido más tiempo en el país americano. En cualquier caso, Adamo simplemente optó por hacer lo que pedía su madre y así lograr que se tranquilizara de una buena vez.
Paulo continuó con su relato, omitiendo las partes aburridas y finalmente narró lo que Adamo tanto había querido borrar de sus memorias. La italiana no pudo evitar sonrojar levemente a causa de las palabras de su ex-cuñado, enserio le costaba creer que Antonio había hecho eso… era casi como si no lo conociera, el Antonio que ella recordaba no hacía espectáculos cuando se embriagaba, es más, el Antonio que recordaba con tanto cariño sólo bebía lo justo y necesario para compartir con sus amigos.
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A eso de las siete de la tarde Paulo se fue. Lovina consideró seriamente el hecho de comenzar a pedirle alguna bonificación económica, pues el luso al menos dos días por semana iba al departamento y comía con ellos. Rió entre dientes y agradeció la tranquilidad que había en su hogar; su hijo seguro estaba viendo cosas en internet así que mejor no lo molestaba… la última vez había interrumpido un juego en línea con sus compañeros de colegio y… ah, los gritos no habían sido lindos*. Se acercó a la puerta de la habitación de Adamo y escuchó que pseudo gritaba: "Por ahí no, baja, ¡baja! ¡Necesito refuerzos, mierda!" Sí, definitivamente lo mejor iba a ser no molestarlo mientras jugaba. Acarició su cuello en tanto movía la cabeza de un lado a otro, le estresaba el sólo hecho de pensar que al día siguiente tendría que volver a trabajar… en el hospital nunca se sabía lo que iba a llegar y la incertidumbre en sí era agotadora. Optó por ir a su habitación y ver una película… tal vez luego se metería a internet y vería si Jett estaba en línea. Se había acostumbrado a hablar con él todas las noches.
Porque no era como si estuviera comenzando a sentir cosas por él… o eso creía.
Puso la mano en el pomo de la puerta, sin embargo el timbre de entrada le impidió entrar a su habitación. Suspiró y mientras caminaba se preguntó quién sería, no era como si recibiera muchas visitas, las únicas eran Paulo y Alexis, la amiga de su hijo, pero ella siempre que venía era porque Adamo la había invitado directamente luego del colegio. No especuló mucho al respecto, se limitaría a abrir la puerta y ver quién estaba del otro lado. Tal vez, sólo tal vez, si hubiera mirado por el ojo de la puerta habría podido disimular su mueca de sorpresa. Tomó aire para tratar de calmarse y no flaquear frente a Antonio, ¿qué rayos se suponía que hacía ahí? No era como si tuviera algo de qué hablar… a menos que… *
—¿Qué demonios quieres? —inquirió a modo de saludo. No quería ser amable y tampoco iba a gastar su tiempo simulando una sonrisa que a la larga sólo le provocaría nauseas. Por su cabeza pasó la idea que tal vez el español quería hablar sobre el divorcio y eso la deprimió; no esperaba que él estuviera tan ansioso por ese hecho… si incluso estaba dispuesta a pelear un poco con él.
Antonio pudo jurar que todos sus sentidos se nublaban, ver a Lovina tenía ese efecto en él; todos los sentimientos acumulados por tantos años hacían escándalo dentro de su cuerpo para por fin salir. Trató de controlarse para no abrazarla, para no besarla, para no tocar su piel… la misma que hace tantos años él fue el primero en sentir y que por tanto tiempo solo él tenía el privilegio de acariciar. Con cariño atesoraba los recuerdos de cuando la castaña le brindaba toques inexpertos, pero que aún así lo hacían ir al cielo. Estaba seguro que el amor que tenían ellos era de esos amores que son para toda la vida, ahora sólo debía luchar para hacer entender a la mujer que estaba dispuesto a todo, a cualquier cosa con tal de estar a su lado, revivir todos aquellos buenos momentos del pasado y forjar recuerdos para toda una vida. Estaba enfocado en torcerle la mano al destino y crear a punta de esfuerzo su propio final feliz.
—Hablar —se sintió tonto cuando lo dijo. Una de sus manos sostuvo la puerta, tenía miedo que la italiana se la cerrara en la cara—. Arthur me llamó ayer —dijo entonces y pudo notar a la perfección el rostro descompuesto de la fémina frente a él; aquello le dio aún más esperanzas de hacerla desistir—. ¿Por qué, Lovi?
—¡Es Lovina, bastardo! —gritó, se vio en la obligación de hacerlo, no quería que su voz sonara débil, mucho menos desmoronarse frente a él. Con recelo vio la mano del español sobre la puerta y respiró hondo. Se recordó que Antonio tenía pareja… se sintió tan tonta, ella seguía inmersa en el pasado en tanto el hombre frente a ella seguía con su vida. Cruzó los brazos frente al pecho y se interpuso en la entrada, dando a entender que no le dejaría pasar—. ¿Y por qué rayos te sorprende tanto que te haya pedido el divorcio? —bufó molesta, sentía los ojos escocer, pero no, no le daría el gusto de verla llorar—. Hace mucho que debí haberlo hecho, ¡ahora hasta podrás casarte con tu novia y formar la familia que siempre quisiste! —el resentimiento fue palpable en sus palabras, así mismo el dolor en ellas. Obligó a Antonio a retroceder y posó sus manos en la puerta, dispuesta a cerrarla de una vez—. Si sólo venías por eso, por favor retírate. Si tienes dudas, háblalas directamente con mi abogado.
—Espera Lovi —rápidamente puso un pie en medio para evitar que la puerta fuera cerrada, claramente le dolía que ella lo estuviera echando, entendía las razones, pero aún así no podía no sentirse mal. Empujó la puerta con cuidado de no lastimar a la italiana e ingresó al departamento, aunque sólo se limitó a estar cerca de la puerta. Acorraló a la fémina contra la pared, sujetando sus muñecas, disfrutando la cercanía de sus cuerpos. ¿Hace cuánto tiempo no habían estado de esa forma? ¿Cuánto tiempo Antonio soñó con poder volver a abrazarla? Pero había actuado tan mal, eso nunca se lo perdonaría—. Yo no quiero… no quiero —reclamó como un niño, suplicando para que el adulto a su cargo le tomara por fin en consideración.
—¡Suéltame! —reclamó apenas. Sintió todas sus fuerzas irse al demonio cuando Antonio apoyó su cabeza en el hombro de ella. ¿Por qué tenía que ser tan débil ante él? ¿Por qué Antonio se empeñaba tanto en jugar con ella? ¿Acaso no se daba cuenta que sufría? ¿Tan cruel era que no le importaba? Mentiría si dijera que no había anhelado aquel contacto, por mucho tiempo había deseado estar como antes, sin problemas ni peleas de por medio, sin embargo debía ser lo suficientemente realista como para darse cuenta de cómo eran realmente las cosas—. ¡Suéltame, bastardo! —lo empujó con la pierna y suspiró algo más aliviada al ver que nuevamente había espacio entre ellos—. ¿Quién demonios te crees para venir a mi casa, entrar y más encima reclamar que no me darás el divorcio? ¡Te estoy haciendo un maldito favor! ¿Cómo no te das cuenta?
—¿Favor? —rió entre dientes en tanto soltaba las muñecas de la mujer. Una de sus manos golpeó fuertemente la pared, haciendo sobresaltar a la italiana que inmediatamente le vio con terror en los ojos. Inmediatamente trató de calmarse, no quería que además de todo, Lovina le tuviera miedo—. ¿Un favor? —repitió—. Lovina, ¿acaso no te das cuenta que estoy tan enamorado de ti como el día de nuestra boda? ¿Por qué me haces esto? —le miró con tristeza. Cómo deseaba poder exponer todos y cada uno de sus sentimientos de manera que ella pudiera entender exactamente cómo se sentía; nunca quiso engañarla, nunca quiso lastimarla, sin embargo el daño estaba hecho. Tampoco iba a negarlo, estuvo con varias mujeres antes de conocer a Emma… con todas trató de olvidarla, sin embargo en el rostro de cada una de ellas veía a Lovina y eso lo volvía loco. El arrepentimiento no parecía ser suficiente, por lo mismo estaba más que dispuesto a demostrar todo lo que sentía con hechos, comenzando desde ahora—. Lo siento tanto… no me odies, por favor no me odies.
—¿Piensas que te creeré? Tus palabras, por más que las adornes seguirán siendo sólo un montón de letras bien utilizadas —soltó con cizaña, su voz estaba llena de rencor y era irónico pues nunca pensó que estaría hablándole así al hombre que alguna vez amó y que, lamentablemente para ella, seguía amando. Intentaba con todas sus fuerzas mantenerse firme, sin embargo aquellas palabras sólo lograban que sus fuerzas flaquearan. No quería llorar, ¡no quería! Sin embargo su visión se hacía cada vez más borrosa a causa de las lágrimas que se acumulaban sin piedad en sus cuencas—. Antonio, no insistas más —habló nuevamente; tenía que echarlo de su departamento a como dé lugar, no quería que Adamo los escuchara y aquello sólo le provocara un mal rato al adolescente.
—Sé que no me creerás de buenas a primeras, pero no me rendiré y definitivamente no te daré el divorcio —musitó con la misma determinación que usaba en los juicios. Nuevamente se acercó a ella, más ahora sólo empujándola indirectamente con su cuerpo; le levantó la mejilla con una mano y la miró directamente a los ojos—. Podemos ser una familia, Lovi… —su voz tembló. Ansiaba tanto aquello que no podía evitar que su cuerpo se estremeciera por completo—. Rompí con Emma —comentó con una sonrisa esperanzada, rogando para que su interlocutora estuviera feliz ante ello. Su conversación con la belga no había sido precisamente tranquila, pero aclararon muchas cosas—. ¿O es que acaso… acaso tienes otro hombre en tu vida? —no pudo evitar recordar al sujeto que tenía abrazada a la italiana aquel día que pasó por Emma a su trabajo—. ¿Es eso, Lovi? —una sonrisa triste se dibujó en su rostro y bajó la mirada, mas sin romper el contacto con ella—. ¿Cómo se llama? Dime… ¿te ama tanto como yo lo hago? Lovina… —susurró acercándose a ella—. ¿Te acaricia cómo yo lo hacía? ¿Te hace sonreír? ¿Adamo…lo acepta? Lovi… ¿piensas olvidarme usándolo a él? —tal vez había pecado de soberbio en esa última pregunta, pero con todo ello sólo buscaba ver las reacciones de quien aún era legalmente su mujer y lo seguiría siendo. Volvió a sonreír con melancolía.
—No sabes lo que dices.
—Entonces explícame —suspiró sobre los labios de ella y luego la besó.
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Vamos por parte, dijo Jack the ripper(?)
*La canción se llama "incomprendido" y es de Croni-k, aquí dejo el link, ya sabem youtube blablablá: /watch?v=QGeSqjflmVY por si alguien la quiere escuchar. Me da risa y la puse debido a una conversación con una amiga.
*La mayoría de edad en Estados Unidos para fumar, votar, sacar tu licencia, ser juzgado como adulto y tener relaciones sexuales legales es a los 18 años; sin embargo para comprar, consumir alcohol y entrar a los bares, a los 21 años.
*Puse a Adamo gritando a causa de un juego online, bueno, dos de mis compañeros de departamento siempre que juegan DOTA se la pasan gritando y bueno, me inspiré en ellos(?)
*La última escena técnicamente no la escribí yo. Las dos personitas que la escribieron van a entender que me refiero a ellas. ¡Son las mejores! Justo tenía trancas en ésta parte y me ayudaron mucho :')
No tengo mucho para decir. Tardé más de la semana acostumbrada porque me la he pasado estudiando, la excusa de siempre.
Ahora los reviews anónimos:
mitsuko11: Toño no sabe hacer bien las cosas, a veces pienso que es medio tarado(?) Respecto a María, imagínatela como suegra... yo me pego un tiro si me toca alguien como ella jajaj.
B.A.D: Primero que nada, gracias por dejar review, me alegro que te haya gustado el capitulo. Ahora bien, si digo que no quería conectarme con la autora es únicamente debido a que no me meto a ésta página todos los días, me parece estúpido estar en una eterna conversación ya que a final de cuentas de pierde el hilo y todo carece de sentido. Para tu información, fue la propia autora la que me contacto, expresé mi descontento y no ha vuelto a mandarme un mensaje privado, ¿ves a dónde quiero llegar con esto? Tampoco creo necesario dar explicaciones a todos mis actos; si quiero reclamo y si quiero me quedo callada, así de simple son las cosas. Lo otro, ¿enserio crees que no me aseguré que la otra historia en cuestión era un plagio de la mía? Le pedí a mis amigos de la universidad, que no tienen nada que ver con el fandom que analizaran ambas y la respuesta casi inánime fue que era plagio. No digo las cosas sólo porque sí, ¿qué clase de científico sería si no tengo argumentos para mis frases? (Por si no lo sabes, estudio bioquímica). Eso.
Shotapedofila-lover: ¿Enserio leíste todo en un día? ¡Por Dios! o.o Te admiro jajaja, no sería capaz de leer tanto, aún cuando la historia de X autor me guste mucho, siempre reparto la lectura en varios días. Oh sí, soy de Chile, vivo en Concepción, ¿tu de qué parte eres? Jajaja prometo tener cap cada semana.
Eso por ahora. ¡Saludos!
