ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece. Catalina/Colombia.


IMBRANATO


DIECINUEVE

Sentir que las piernas se derretían no era una frase hecha solo para su caso. Lovina sintió como un nudo cerraba su garganta y se vio en la obligación de pasar sus brazos alrededor del cuello del español, de otro modo, sus extremidades inferiores fallarían y acabaría en el suelo. No sabía cómo era posible que un solo hombre le hiciera sentir tantas cosas y al mismo tiempo; su cabeza era un torbellino, se sentía mareada y comenzaba a sentir la falta de aire, sin embargo fue incapaz de separarse de Antonio. ¿Cuánto tiempo? ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que lo había besado? Los labios del ojiverde le quemaban, al igual que las caricias que le proporcionaba. Era tonta, una completa estúpida, ¡debía apartarlo! Reclamarle que no volviera a hacer aquello… ¡menos contra la pared! ¡Que ya no eran unos malditos adolescentes! Pero también era débil, por eso no atinó a hacer nada. Pensó en Jett, en la tal Emma, ¿en verdad Antonio había terminado con ella? No iba a engañarse, se sintió extrañamente feliz al escuchar esas palabras, no obstante…

Antonio pidió permiso para ingresar su lengua en la cavidad de la italiana y sintió saltar de júbilo cuando ésta se lo permitió. Era Lovina, su Lovi, la mujer de la cual siempre estuvo enamorado y que ahora no dejaría escapar… no volvería a hacer mal las cosas y si así era, pedía al cielo que le lanzase un rayo que lo partiera a la mitad. La abrazó con fuerza, sintiendo la necesidad de sentirla por completo, hacerla suya y reclamarle que sólo él podía llegar hasta esas instancias con ella. Ardía en celos al sólo pensar en el sujeto de aquella vez; Lovina era SU mujer y ningún idiota con una estúpida bandita en la nariz cambiaría aquello. Con lentitud casi tortuosa una de sus manos de escabulló por dentro de la blusa de la mujer, teniendo contacto directo con la cálida piel; la italiana se estremeció de pies a cabeza ante la caricia, porque si bien había tenido uno que otro novio en todo ese tiempo, ninguno había sido demasiado serio y apenas uno había logrado toques tan íntimos como el que Antonio le estaba propinando. El español la condujo hasta el sofá más grande y acostó a la castaña en él, profundizando aún más los besos.

—No… —jadeó Lovina cuando los labios de Antonio se deslizaron hasta su cuello, dándole por fin un respiro. El español ignoró completamente la súplica y la calló con un nuevo beso. La mujer se removió bajo el cuerpo masculino y sintió como se volvía a estremecer cuando el ojiverde dispuso a despojarla de sus ropas.

—¡Qué mierda están haciendo!

El grito fúrico de su hijo los sacó abruptamente de la pasional atmósfera en la que se habían sumido. Lovina no hesitó en empujar a Antonio lo más fuerte que pudo, no importándole si éste se golpeaba con algo o si se hacía daño. Por fortuna para el español no sufrió gran cosa, sólo el golpe seco de su trasero contra el piso de madera. Se extrañó al no ver al adolescente parado justo a un lado de ellos y la italiana comprendió entonces que seguramente su hijo aún estaba jugando ese juego online que tanto sacaba a relucir lo peor de su vocabulario; ya luego tendría que hablar seriamente con él al respecto. Se acomodó la ropa y rápidamente se puso de pie, caminando hasta la puerta, abriéndola y esperando, cabizbaja, que el español entendiera el mudo mensaje y atinara a salir de una buena vez del departamento. Antonio suspiró derrotado, sin embargo acató la petición de la que legalmente aún era su esposa. Intentó levantarle la barbilla para darle un último beso de despedida, sin embargo la italiana movió la cabeza, negándose rotundamente al hecho que él la volviera a tocar. El español suspiró desganado y salió.

Lovina se deslizó por la puerta, sintiéndose en extremo estúpida. Agradeció desde el fondo de su alma lo gritado por su hijo; independiente de la estupidez a la que en verdad se estuviera refiriendo, indirectamente le había hecho reaccionar ante los encantos que tan bien Antonio sabía utilizar. Maldijo, lo maldijo tanto que un caudal de lágrimas emanaron con fuerza desde sus orbes delineados con escaso maquillaje. Bien, no había que ser precisamente un genio para darse cuenta que Antonio no le daría el divorcio, pero nada, nada le impedía mantenerse lo más alejada de él; no volvería a caer en su juego, no se enamoraría nuevamente —porque básicamente, ya lo estaba—, no dejaría a Antonio Fernández Carriedo involucrarse nuevamente en su vida. Los seres humanos eran los únicos animales conocidos por tropezar dos veces con la misma piedra, bueno… ella sería una de las pocas excepciones.

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Adamo pensó seriamente que en algún momento se había equivocado en su camino al colegio, pues apenas llegó a éste, se sintió en la necesidad de tener gafas de sol, pues lo colorida que estaba la institución era un claro atentado a la vista de muchos... contaminación visual en primer grado; corazones de papel, globos y guirnaldas eran la decoración predominante en las paredes y todo aquello apuntaba sólo a una cosa: catorce de Febrero, día de San Valentín. ¿Cómo rayos se había olvidado? Ahora seguramente la loca que tenía por mejor amiga le reclamaría hasta el cansancio por no tenerle un chocolate especialmente diseñado para ella, porque claro, aquel no era sólo el día de los enamorados, sino también de la amistad. Se sentó desganado en el pupitre de siempre y masajeó sus párpados; aquella mañana su madre lo había despertado más temprano de lo usual, pues últimamente siempre salía corriendo del departamento y apenas y alcanzaba a desayunar y la italiana —como buena madre que era—, no podía permitir aquello. Pero ahora, a causa de eso, se estaba muriendo de sueño. Aunque no por mucho, pues la estrafalaria risa de Alexis rápidamente lo sacó de su letargo. Gruñó y contempló con un semblante aburrido como la rubia comenzaba a repartir chocolates entre sus amigos… definitivamente nunca iba a entender por qué a las mujeres les gustaba tanto San Valentín, en estricto rigor estaban conmemorando la decapitación de un cura, ¿acaso estaban locas?

—Adamito… —canturreó feliz de la vida. Por lo general Alexis a esa hora de la mañana era un zombie maquillado que sólo emitía sonidos guturales, sin embargo ese día parecía estar rodeada de un aura brillante que cegaba a cualquiera que la viera de cerca. La chica sacó de la bolsa un chocolate y se lo dio a su querido amigo junto a un abrazo que por poco lo deja sin aliento. Maldita mujer, tenía demasiada fuerza. —¡Feliz día del amor y la amistad!

—Deja de chillar, me das dolor de cabeza —gruñó molesto. No sabía si alguien alguna vez intentó arruinar el día de San Valentín, algo así como el Grinch en Navidad, porque enserio en ese momento se creía la caracterización de uno… tal vez con un traje lleno de corazones rotos o algo así, no tenía mucha imaginación para ese tipo de cosas. Tomó la bolsita que le ofrecía la rubia de gafas y vio un chocolate con forma de balón de fútbol; era lindo, no podía negarlo y seguramente Alexis había estado toda la tarde haciendo no sólo ese. Sonrió y le dio un corto abrazo, tampoco iba a dejar que la chica notara lo conmovido que se había sentido con el regalo.

—Estoy esperando —siguió con voz cantarina, sentándose justo frente al ojiverde, quien no dudó en abrir la bolsa y probar el chocolate. Ahí lo venía venir, Alexis reclamaría por no tener un regalo y… drama. Maldita sea, debió haberse enfermado, hubiera sido muchísimo mejor.

—No te hice un chocolate, ni una tarjeta y olvida la idea de que te regalaré una rosa —soltó sin más, ahorrándose todas las palabras bonitas para simular una disculpa, él simplemente no era así y no cambiaría sólo porque los demás así lo esperaban de él. —No me acordaba que día era hoy —se encogió de hombros y dio otro bocado a su chocolate; estaba muy rico. Si bien el asunto del chocolate estaba más apegado a las mujeres, pues la mayoría usaba la instancia para declararse; en su antiguo colegio igual había chicos que lo preparaban y regalaban.

—No quiero chocolate —refunfuñó y se cruzó de brazos. —Quiero que me des las gracias —reclamó alzando apenas un poco la voz. Adamo podía ser en verdad desconsiderado. El aludido se defendió en el hecho que la había abrazado, ¡eso decía mucho! Él no era de los que abrazaba. Alexis rodó los ojos y le exigió que lo dijera pues si bien un gesto vale más que mil palabras, aquello no significaba que éste pudiera reemplazar a lo otro y viceversa. El ítalo-español rodó los ojos y acabó agradeciendo el regalo. La francesa rió y volvió a abrazarlo y él rápidamente la apartó… no le gustaban tantos mimos.

Gracias al cielo el profesor llegó y comenzó inmediatamente con su clase, haciendo que las nuevas réplicas de Alexis murieran antes de ser emitidas… agradeció al cielo por ello, no obstante rápidamente lo maldijo, pues tener dos horas de matemáticas el lunes, recién volviendo del fin de semana era definitivamente lo peor que podía tocarte en la vida de estudiante; si hasta prefería los gritos de su mejor amiga y aquello era mucho decir. Suspiró y sólo pudo desear que el reloj avanzara rápido. Aunque cuando por fin terminó la larga y tortuosa clase, deseó estar nuevamente frente a un pizarrón lleno de números y letras. Alexis se había puesto de pie apenas sonó el timbre, seguramente iría a dejarle el chocolate a su novio y luego comenzarían con el intercambio de saliva… no pudo evitar la imagen mental y se estremeció de pies a cabeza. Asqueroso. Bueno, él iría con los demás a jugar fútbol, seguramente los chicos del otro salón estaban esperando la revancha, sin embargo se vio impedido de ir al patio, pues la misma chica pelinegra que le había robado su primer beso se acercó a él con un chocolate en forma de corazón; se sintió en extremo incómodo, pensó que en cualquier minuto esa loca le comería la boca, pero para su fortuna una nueva chica se acercó, acaparando su atención y le dio un nuevo chocolate… así, a lo largo del día se hizo de cinco.

Chocolate, dulce chocolate. Le dolían los dientes al solo ver los que le habían regalado, aún así comería hasta la última migaja de éstos; ¡le encantaban! Y bueno, sólo un loco los dejaría en la basura o peor, los haría a un lado hasta que el moho se apoderara de ellos. Le hubiera gustado pasar un rato con su amiga Alexis, los lunes salían de clases a las tres de la tarde y la verdad no le agradaba la idea de pasar sólo en el departamento el resto del día, pero la rubia estaba con su novio, al igual que la mayoría de los chicos de su clase con los que se llevaba bien. Maldito día comercial que sólo fomenta el consumismo. Gruñó y se alejó del colegio, pensó que con algo de suerte, un meteorito se estrellaría contra la institución y así morirían todos esos aparatosos adornos de colores.

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Antes de ir al hospital, Lovina había pasado a la chocolatería más cercana para recoger el pedido que había hecho el sábado por la tarde: una bonita caja con mazapán y ramitas de chocolate, pues con motivo de tan… cariñoso día, los trabajadores del área de urgencias optaron por jugar al Valentín secreto. Mei se había encargado de escribir cada nombre en pequeños pedacitos de papel que luego fueron arrugados y cada uno de los ahí presentes tuvo que sacar uno y, tras asegurarse que no le haya tocado a sí mismo, se comprometía a comprar un pequeño chocolate para su Valentín. La italiana lo consideró un gesto lindo, aún cuando en cierta medida la otra persona estaba obligada a regalarte la chocolatina. Volvió a su auto y se percató que estaba en la hora. Como la sala de urgencias caracterizaba por ser impredecible, se había acordado hacer el intercambio en la sala de espera a las ocho y treinta de la mañana… éste no duraría mucho y ya luego regresarían a sus actividades habituales. Lovina se puso el nada glamuroso pero necesario uniforme celeste y el delantal blanco con un gafete con su nombre y caminó despreocupadamente con su regalo en la mano. Le dio el chocolate a Catalina, una de las enfermeras y recibió el propio de Mathias, junto a un apretado y exagerado abrazo… ese hombre a veces resultaba desesperante, aunque era una buena persona y eso lo compensaba.

Media hora más tarde, la sala de urgencias se llenó. Definitivamente los lunes eran el peor día de la semana.

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A las cuatro de la tarde por fin tuvo un descanso para ir a comer. Maldijo el día de San Valentín desde el fondo de su alma y a los malditos fatalistas que cometían locuras ese día; había tenido que hacer un lavado de estómago a dos personas y sencillamente se había mareado por el olor del lugar… llegaron varios casos de gente con cortes en distintas partes del cuerpo y bueno, de ahí en más casos comunes como torceduras, fracturas, entre otras cosas. Gruñó molesta al percatarse que un poco de sangre había manchado su traje, aunque más molesta estaba por lo hambrienta que se sentía; su última comida había sido alrededor de la siete y treinta de la mañana. Camino a la cafetería se encontró con Mei —que lucía tan o más cansada que ella— y optaron por comer juntas. La taiwanesa no tardó en mencionar que a la noche su novio la había invitado a su departamento, pues le tenía una sorpresa. Lovina no lo negó, sintió celos al escuchar el panorama de su compañera de trabajo por el simple hecho que ella estaría sola, probablemente en pijama viendo alguna tonta comedia romántica hasta caer finalmente dormida. Mei entonces le preguntó por el guapo hombre que la había visitado en más de una oportunidad y la italiana sólo atinó a sonrojar levemente; Jett no pasaba de ser un amigo y supuso que así se quedaría por un buen tiempo.

Vale decir que aquello no significaba que quisiera que quedara así, aunque tampoco quería decir que quería que cambiara. ¡No podían culparla! Todo era culpa del idiota de Antonio, porque sí, si el maldito español no hubiera aparecido el día anterior en su departamento, prácticamente rogando por una nueva oportunidad, habría actuado como toda mujer moderna y ella misma habría invitado al australiano a una cita, pero…

Distraídamente revisó el calendario en su teléfono celular mientras Mei no dejaba de parlotear sobre algo a lo que francamente había perdido el hilo. Faltaba aproximadamente un mes para su cumpleaños y poco más de dos meses para el de su hijo; cumpliría cuarenta y tres años… quería que la tierra se la tragaba y pronto se sintió en la urgente necesidad de comprar muchas, muchas cremas antiarrugas. De reojo posó su vista en la asiática frente a ella, tan joven y linda… lo que daría por tener nuevamente veinte y tantos, aunque claramente si pudiera hacer aquello, bajo ninguna circunstancia dejaría a su hijo de lado; Adamo era lo más preciado que tenía en la vida y estaba dispuesta a dar la vida por él. Sin embargo hubiera sido gracioso tener una madre tan joven… seguramente él sería muy celoso, bueno, aún más. No era tonta, le constaba cómo se ponía su hijo cada vez que un hombre se le acercaba. Sonrió. Terminó su comida y procuró lavarse bien las manos y los dientes antes de volver a la sala de urgencias.

Un nuevo paciente rápidamente le fue asignado… bueno, al menos era algo más… ¿común?

Porque sí, aunque sonara retorcido, cierta parte de ella se había alegrado al ver a Jett sentado en la camilla del box de consultas. Sonrió y lo miró de pies a cabeza, buscando alguna herida visible en el australiano, sin embargo no había ninguna aparente y tuvo que admitir que se quedó sin aire cuando éste sacó tras su espalda un pequeño ramo de rosas rojas, Jett se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla… justo hace unos minutos ella estaba pensando en lo confundida que se sentía respecto a su vida amorosa y ahora venía a ella éste hombre con un gesto tan tierno como el de aquel… sintió ganas de llorar, no quería hacerle daño a Jett, pero tampoco quería confiar en las palabras de Antonio, algo dentro de sí —miedo— le advertía que no podía caer nuevamente en las redes del español que tanto amaba… su historia había terminado y debían seguir con su vida sin aferrarse al pasado. Suspiró agobiada y se abrazó al pecho del australiano. Tal vez sí debía darle una oportunidad y dejar todo lo demás atrás. Tal vez…

—¿Quisieras ir a cenar conmigo hoy en la noche?

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Adamo salió de su habitación al escuchar a su madre ir de un lado a otro. Se adentró al cuarto de ella y la vio entrar y salir infinidad de veces. Ya para cuando se calmó un poco, divisó el vestido sobre la cama y el peinado a medio hacer que traía; no tenía que ser un genio para darse cuenta que saldría, seguramente Jett la había invitado a una cita y no pudo evitar gruñir de molestia. ¿Y si ese idiota intentaba propasarte con su madre? ¿Quién la iba a defender? Bueno, sabía que la italiana era perfectamente capaz de hacerlo, pero él feliz golpearía al tonto ese. Bufó y le dijo a su madre que simplemente se despidiera de él cuando Jett viniera. Se encerraría en su habitación, no quería ver el intercambio de saliva entre su progenitora y… sólo pensarlo le provocaba arcadas. Lovina rió y le dio un beso en la frente a su hijo antes de que saliera y dedicó el resto de su tiempo a arreglarse, no que lo necesitara, así como estaba lucía muy bien, pero bueno, la pretensión de una mujer es algo que sólo una de ellas entiende.

El sonido del timbre la tomó completamente de sorpresa, ya tenía listo su peinado y se había puesto el vestido, pero aún tenía que maquillarse… no podía dejar que Jett la viera, ¡no estaba lista! Así mismo descartó la idea de que su hijo abriera la puerta, no quería que se pusiera de mal humor. Suspiró y la abrió, mas dando la espalda. Rápidamente le comunicó que tomara asiento, que estaría lista en un par de minutos y se volvió a encerrar en su habitación, tomándose su tiempo para acabar de arreglarse y quedar exactamente como ella quería. Tomó su bolso y abrigo y entró a la habitación de su hijo para despedirse cariñosamente de él. Luego caminó a la sala de estar para por fin poder recibir a su cita como se lo merecía, sin embargo sintió su rostro desencajar al ver que no era Jett quien estaba sentado en el sofá con un ramo de rosas blancas y una caja de chocolates. Comenzó a hiperventilar… aquello debía ser una broma, una pesadilla, ¡no podía ser Antonio el que estuviera esperándola! El español se puso de pie y se acercó a ella al mismo tiempo que Lovina dio un paso atrás. ¡Tenía que irse! No podía dejar que Jett lo viera, probablemente acabarían peleando por algún comentario estúpido por parte de Antonio y deseaba evitar a toda costa el drama.

Ahora entendía por qué "Jett" había tocado el timbre una hora antes a la hora acordada a su cita. ¿Cómo rayos no se había dado cuenta? Maldijo.

—¿Qué demonios haces aquí? —soltó de forma ácida, escupiendo todo el resentimiento que le tenía a ese hombre. Lo vio sonreír apenas y eso la puso más furiosa, ¿cómo se atrevía a aparecerse así como así? Si bien él no tenía cómo saber que ella estaría ocupada, con mayor razón debía preocuparse de ser oportuno y tener la educación de avisar su visita. Enfurecida, clavó la mirada en la jade de él y le recriminó por cada uno de sus poros. —Lárgate, me estás estorbando.

—Estás tan bonita, Lovi —Antonio ignoró olímpicamente cada una de las palabras cargadas de desprecio y a cambio le ofreció el regalo que le traía. Lovina hizo una mueca, pero lejos de sentirse mal, el español simplemente se limitó a dejar las flores y el chocolate a un lado, sobre el sofá que estaba a su lado y avanzó hasta la italiana hasta quedar justo frente a ella. Entonces cayó en cuenta que si Lovina se había arreglado tanto era porque seguramente tenía una cita, eso lo hizo estallar en celos… ¿qué demonios tenía ese maldito idiota que él no? Era inaudito. —Vas a salir con él, ¿cierto? —su voz fue suave y el intento de reproche no le funcionó del todo y quedó en eso. Se sentía horriblemente mal, porque quería seguir pensando que Lovina aún no hacía nada con ese otro sujeto.

—¡Eso no es de tu incumbencia! Tengo todo el derecho del mundo a rehacer mi vida.

—Ah, pero hay algo que estás olvidando —rió apenas y no dudó en tomar la mano de la italiana, la misma donde debería estar su anillo de matrimonio. —Tú estás casada conmigo. ¿Cómo crees que reaccionaría tu amiguito si le digo eso? —sí, estaba siendo ruin, pero casos desesperados requerían medidas desesperadas. Se había propuesto a toda costa volver a estar con la castaña y haría lo que fuera con tal que cumplir su cometido. —Anda, ve, yo iré justo detrás de ti.

—Eres de lo peor —frunció tanto los labios que estos casi desaparecieron, su cuerpo de tensó completamente producto de la rabia, ¿cómo demonios se atrevía a chantajearla de ese modo? Sí, era su esposo, pero eso pronto iba a cambiar, los papeleos del divorcio ya estaban en marcha y lo único que necesitaba era que Antonio firmara y por fin, luego de tantos años, sería completamente libre para rehacer su vida, sola, con Jett, daba lo mismo, haría lo que quisiera. Soltó su mano del agarre y procuró no elevar la voz; no quería que su hijo se enterara de lo que estaba ocurriendo. LE dedicó una mirada cargada de desprecio y luego se resignó; desganada y viéndose sin salida, tomó su teléfono celular y marcó el número del australiano… rápidamente inventó que se veía imposibilitada de ir a la cita, pues su hijo estaba bastante mal y no podía dejarlo solo. El hombre al otro lado de la línea de oyó visiblemente decepcionado, aunque no tardó en dejar la invitación en pie para otro día, Lovina sonrió y aceptó de inmediato, aún bajo la atenta mirada esmeralda del español frente a ella. Dio un largo suspiro cuando cortó la llamada y luego avanzó hasta la puerta y tomó el pomo de ésta. —Lárgate —ordenó.

—Quiero estar contigo.

—Yo no. Vete.

—Lovi…

—¡Lárgate de una maldita vez, Antonio!

Aquel nombre, específicamente que lo gritara había sido la clave para que el adolescente encerrado en la habitación saliera de una vez por todas a ver la causa del escándalo que tenía su madre. Abrió desmesuradamente los ojos al ver al español, ¿acaso él era la cita de su progenitora? Se negó a creerlo, la mujer no estaría tan enojada si ese fuera el caso, ¿no? ¿Pero y Jett? ¿Dónde encajaba él en todo ese embrollo? El menor acarició sus sienes, eran muchas preguntas en tan poco rato. Le dirigió una mirada cargada de indiferencia a Antonio y éste se incomodó ante el gesto de su hijo; creía que estaba haciendo bien las cosas con él, sin embargo recién se había dado cuenta que no llevaba ni un cuarto del avance que creía tener para con él. El adolescente luego miró a su madre que ya estaba roja a causa de la rabia. Suspiró, ¿acaso cada vez que se veían debían terminar peleando? Si hasta él parecía sobrellevar mejor las cosas.

Aunque claro, el no conocía a cabalidad el pasado de ambos. Hizo una nota mental para preguntarle a su madre un día de estos, claro, sólo si se acordaba; no era como si en verdad le importara demasiado pues el saberlo no iba a cambiar mucho su percepción actual de las cosas.

—¿Qué estás haciendo aquí, Antonio?

—Quiero salir con tu madre —respondió rápidamente, pasando por alto el hecho que su hijo lo tuteara. Había tratado muchas veces que le llamara papá, pero Adamo hacía oídos sordos a su petición; aunque igual que con Lovina, no se rendiría. —Recién llamó a su amigo para decirle que no iría con él, y ya que está libre, no puede negarse.

—¡Ya te dije que no saldré contigo, maldición! —gritó, liberando en el acto toda su ira, había perdido los estribos. No creyó necesario decir que el español la había chantajeado para hacer cancelar su cita; cierta parte de ella deseaba que Adamo se llevara bien con su padre así que era mejor simplemente omitir algunas cosas. Ahora, la relación que ella mantenía con Antonio era un tema completamente aparte. —¿Es que acaso estoy hablando en chino? ¿En hebreo? No quiero verte, no quiero salir contigo. Deja de una maldita vez de vivir de los recuerdos y enfrenta tu realidad. ¿O es que enserio creías que iba a saltar a tus brazos cuando me dijiste que cortaste con tu novia? —rió irónica y cruzó sus brazos a la altura del pecho. Lo único que realmente lamentaba en ese momento era haberse arreglado tanto para simplemente limitarse a terminar peleando con el español.

Antonio sintió sobre sí la mirada inexpresiva de su hijo y la en extremo molesta de su esposa; sabía cuando no era bienvenido en alguna parte, así que se limitó a acomodar su abrigo y se despidió con un gesto con la mano antes de salir y cerrar la puerta tras de él. Lovina soltó un bufido y caminó hasta el sofá más cercano para literalmente tirarse en él y arrojar lejos sus tacones. Adamo se quedó de pie, a un lado de la puerta y pasó la mirada desde el ramo de rosas en uno de los sofás hasta su madre; cierta parte de él se alegraba en que la italiana rechazara constantemente a Antonio… ¡él no merecía ser perdonado! Había roto la confianza de la persona que tanto decía amar y de la peor forma posible; lo peor de todo era que se excusaba de la forma más patética que alguien pudo haberse imaginado alguna vez; parecía un mal chiste. El adolescente caminó hasta donde estaba su madre y le levantó las piernas para poder sentarse en el mismo sofá.

—¿Te parece si pido una pizza? —sintió las mejillas arder; no era su costumbre ser cariñoso, pero por su madre haría un esfuerzo. Muy dentro de él le tenía rencor a la mujer, pero aquello era completamente opacado por todo lo que ella había hecho pensando siempre en su bienestar, siendo él siempre la prioridad. —No va a ser la elegante cena que seguro ibas a tener con Jett, pero al menos no irás a dormir con el estómago vacío.

La italiana no pudo evitar sonreír y sentarse bien para luego abrazar amorosamente a su hijo; enserio no pudo haber pedido un mejor muchacho. Que se jodieran los defensores de las familias que tantas veces la miraron en menos por no tener un padre para su hijo, ¡já! Una madre soltera era perfectamente capaz de criar sola a alguien que a fin de cuentas no tenía nada que envidiar al hijo de padres casados. Y lo recién pasado era sólo una prueba más de ello.

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Los días siguieron transcurriendo con normalidad, y por normalidad Lovina se refería a no ser molestada por Antonio, al punto que llegó su cumpleaños y sí, lo celebró apenas con una mini fiesta con Elizabeta y Marguerite —que había viajado especialmente para ello—, pero no había podido sentirse mal al ver que Antonio se había limitado apenas a escribirle un seco: "feliz cumpleaños" en su página de hetabook, tampoco quería que la llenara de corazones y detalles empalagosos, pero era raro. Había pasado más de un mes desde que le había gritado en la cara que no quería verlo y el español había tomado aquella petición al pie de la letra. De reojo vio los regalos aún sin abrir que le hicieron Mei, Mathias y Jett y suspiró pesadamente. Lo odiaba, odiaba admitirlo, pero lo diría si no se volvería loca y bueno, aprovecharía que estaba en la soledad de su habitación para hacerlo.

—Te extraño, Antonio.

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Estos últimos días he tenido mucha inspiración. No sé si eso sea bueno o malo. Aún le falta tanto a esta historia para terminar que temo se aburran D': En fin, responderé los reviews de la gente sin cuenta.

ally rc: Jajaj admito que fue cliché la última parte, pero era inevitable, ¡tenía que hacer que se besen de una vez por todas! ¿Sabes? A mi también me gusta el JettxLovina, es como que... tan crack que me gusta, pero el spamano es y siempre será OTP. Oh, espero que te haya ido bien en tu examen, ¡y gracias!

Hop e: Hace mucho que no te leía por aquí, ¡me alegra que hayas vuelto! Bueno, vamos al tema: pienso exactamente lo mismo que tu, hay gente que simplemente no sabe distinguir entre una y otra cosa (como con exacto y preciso, muchos usan esos términos como sinónimos siendo que NO lo son). En fin, creo que con manifestar mi molestia es más que suficiente, ya si la otra persona sigue con el embrollo, bueno, ¿qué se le va a hacer? Por cierto, lamento lo de tu amiga, hay gente que es demasiado cuadrada y uff... si te contara, bueno, pero si a ella le gusta escribir que no se limite y haga lo que le gusta. Ahora, respecto a la historia; Adamo no se movió ni un poquito jajaja, pero bueno, fue involuntario. Por cierto, no pude encontrar tu cuenta, por eso te respondo por aquí.

Mitsuko11: Por fin, luego de 25 capítulos jajajaj, ya me había tardado en hacer que se besaran. Ya era hora que Antonio hiciera algo en vez de estar siempre limitándose a quejarse. Y María, uy, esa mujer simplemente me exaspera -.-

Shotapedofila-lover: Tu ocio me gusta *-* Oh! Tengo una amiga que es de allá también, aunque ahora se cambió por la universidad :c en fin. Aquí tienes la continuación, espero que te haya gustado.

hinata uzmaki: Oh, nueva lectora *-* ¡bienvenida! Me alegra que te haya gustado mi historia. Espero leerte seguido por aquí.

Ya, creo que son todos, ¡perdón si se me olvidó alguno! Oh, otra cosa. No sé si todos saben o se acuerdan, pero en mi perfil tengo una encuesta para saber si ustedes creen que Lovina debería o no perdonar a Antonio. La verdad es que está bastante dispareja: 19 contra 6. Pienso cerrar la encuesta la próxima vez que suba capítulo, así que si alguien quiere votar aún puede hacerlo; no sé, tal vez ocurra un milagro y se invierta el resultado jajaj.

Adelanto del siguiente capítulo: Adamo acomplejado con cierta parte de su cuerpo. Jajaja, creo que más de alguna va a entender a qué parte me refiero, ¿no?

Ya, eso por ahora. ¡Saludos!