Lo siguiente tiene lugar entre las 8:00 y las 9:00 de la mañana del día 4 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Yo intuía que esto, mi amor,

Se rompía y está siendo así.

Unos pocos minutos han pasado desde las ocho de la mañana. Es el día en que tu vida va a cambiar por completo y para siempre. Es el día en que el tablero va a darse vuelta de forma tal que todo aquello que pesaba tristemente en tu corazón y en tus adoloridos hombros cuando hace apenas un rato atrás cruzaste las enormes e imponentes puertas del edificio de la CTU va a mutar y a transformarse en algo que en lugar de hundirte con su intolerable molestia y carcomer cada fibra de tu humanidad desde adentro hacia fuera va a resplandecer en tus ojos, haciéndolos brillar con una luz demasiado fuerte, tan fuerte que la posibilidad de que alguna vez se extinga va a ser nula.

Pero todavía falta bastante para que en tu vida haya más luz que oscuridad. Y por el momento, por el momento ves todo oscuro. Más oscuro de lo normal.

Algo está por suceder. No sabés cómo, pero lo sabés. Simple y sencillo: lo sabés. Llamalo intuición, si querés. Después de todo, Nina siempre te decía que lo primero que un buen agente desarrolla es la intuición, una capacidad imperceptible hasta para uno mismo pero que está allí presente, debajo de la piel, entre los huesos, corriendo por las venas diluida en la sangre, revolviéndose en tu estómago y provocándote cosquillas, siempre lista para actuar cada vez que sea necesario, siempre lista para avisarte de antemano lo que se acerca.

Qué linda manera de empezar la mañana, ¿no? Un poco de Nina por allá, la intuición hirviendo en tu cuerpo diciéndote que hoy no va a ser un día como cualquier otro, una sensación en el estómago que nada tiene que ver con la acidez provocada por la alta ingesta de cafeína, un nerviosismo que te recorre el cuerpo dándote pequeñas descargas eléctricas que aumentan tus niveles de desbordada ansiedad; no sos una persona ansiosa, no sos de esas personas que sienten la necesidad constante de treparse a las paredes, pero hoy el aire está cargado de una zozobra que genera en vos los anteriormente mencionados efectos.

Basta te decís mentalmente. Basta de Nina, basta de maquinarme la cabeza, basta de dejarme llevar por la agitación.

Sin embargo, seguís sintiendo la atmosfera cargada de inexplicables nerviosismo y tensión. Y para tu intuición, es intuición que desarrollaste a lo largo de los años, es imposible pasarlo por alto. Imposible. El ambiente ha cambiado de golpe, ha cambiado de forma drástica pero hasta ahora solamente unos pocos – entre los que te incluís – pueden notarlo.

Algo está pasando.

Ya en tu mente no flota un parcialmente definido algo está por suceder. Ahora tu mente está siendo apedreada por voces que se disparan por todas partes y que como una lluvia de balas atacan tus oídos y cantarinas, casi burlonas, te dicen que algo está pasando.

Algo está pasando, algo que todavía no sale a la luz, algo que no sabés exactamente de que se trata, pero que de todos modos te provoca una sensación cruda que te lleva a pensar que ese algo viene abriéndose paso lenta pero avasalladoramente con toda la intención de rajar el suelo, abrirse paso en la superficie y devorarlos a todos.

Mientras bajas la escalera que conduce al piso principal de la CTU contemplas por un breve momento haberte convertido en uno de esos agentes federales paranoicos que piensan que todos los relojes esconden bombas y que todo lo que les es ofrecido para beber o comer ha sido envenenado, y esto te arranca una sonrisa que dista de ser relajada.

Envuelto en tus pensamientos estás, hasta que algo – más precisamente una vocecita molesta – te arranca de ellos.

Una vez Michelle se refirió a ella como a la fan número uno de Tony Almeida y en ese momento te viste dividido entre el placer provocado por lo que podría denominarse como una leve y muy bien disfrazada de broma escena de celos y el terror despertado por esa partecita de tu cerebro que temía en realidad se tratara sólo de un comentario amistoso y no de otra cosa.

Paula Schaeffer, una de las técnicas más brillantes y complacientes de la CTU, quien acaba de empezar en su puesto hace apenas un puñado de meses atrás, se encuentra ahí, siguiéndote como un patito sigue a la mamá pata, con un par de papeles en la mano y su característica e insoportable necesidad de consultarte antes de dar cualquier paso, antes de tomar cualquier decisión, antes de ejecutar cualquier orden dada que no haya salido directamente de tu boca; Paula Schaeffer y su característica e insoportable necesidad de conformarte a cualquier precio están ahí, interrumpiendo tu cadena de pensamientos acerca de si te volviste o no paranoico, cortando tus reflexiones acerca de si lo que sentís es o no la alarma de la intuición sacudiéndose en tu anatomía o si son solamente un grupo de nervios rebeldes y descontrolados que esta mañana decidieron ponerse en campaña para alterar la poca paz interior que te queda.

"No sabía cómo te gusta que los protocolos sean clasificados, si en orden cronológico y con clave alfabética o en carpetas separadas y con indicadores de acceso" parece ser un dato que le preocupa, y mucho. Dios, cómo si vos tuvieras tiempo para ponerte a pensar en los métodos de clasificación de protocolos.

Respiras hondo, pones en uso tu mejor cara de jefe amable y paciente y decidís responder a sus 'desesperados gritos de ayuda' ante 'semejante situación' con una contestación relajada, sencilla y breve, pensando que así vas a poder 'sacártela de encima' antes de que ponga en marcha lo que según te dijo Michelle una vez entre risas debe ser su deporte favorito: contarte todos sus planes para el día, mencionarte cómo piensa llevar a cabo cada tarea y esperar a que le des tu 'sabia opinión' al respecto, pedirte autorización hasta para cambiar un clip de lugar y luego agradecerte por ser tan paciente y contenedor con ella:

"No me importa, en realidad" decís, y lo que ella dispara a continuación no sabés si te exaspera, si te causa gracia o si te pone aún más molesto de lo que ya estás hoy.

"Da igual, lo hice de las dos maneras, así podés elegir"

No es culpa de ella que yo hoy esté un tanto... quisquilloso. Simplemente tengo que agradecerle, decirle que estoy ocupado y seguir con lo que estaba haciendo.

"Gracias, Paula"

Y justo cuando estás buscando una excusa para arrancar de raíz y corta de antemano cualquier tipo de intercambio de palabras que ella quiera realizar, dicha excusa aparece sola, como por arte de magia, en forma de un ser humano histérico, sarcástico y agrio que tiene cabello corto rubio, ojos azules, cincuenta y pocos años haciéndole peso en los hombros, viste traje y es tu jefe.

"George..." lo llamas, y por la forma en que te mira cuando se da la vuelta sabés que él tampoco está de humor hoy, y que dicha falta de humor está a punto de ser agravada por una charlatana Paula que – en su inocente intento por congraciarse con él y mostrar cuán eficiente y dedicada es – se aproxima a él con su mejor sonrisa dibujada en la cara para darle los buenos días a un hombre que – de acuerdo a tus teorías – no ha tenido un buen día en un largo, largo tiempo.

"Hola, señor Mason"

"Hola" la contestación de George es seca, como su personalidad, y denota que en realidad sólo está saludándola por cuestiones de cortesía y no porque sea un tipo simpático y conversador que disfruta yendo escritorio por escritorio a conversar con sus empleados.

Haces ademán de empezar a hablar con George, pero Paula te interrumpe otra vez.

"Pedí actualizaciones para todos los software, espero que no le moleste..."

"No, está bien" obviamente está tratando de cortar el diálogo, pero ella no se da por aludida y sigue hablándole. Ves en los ojos de George reflejarse su falta de paciencia y percibís en su voz lo mismo cuando utilizando toda la suavidad y amabilidad de la que es capaz clava su mirada en la de ella y dice "Basta, Paula, suficiente"

"Está bien" su tono está cargado de una mezcla de angustia, vergüenza, timidez y mientras se aleja en dirección a su escritorio con la cabeza un poco gacha tu estómago es sacudido por una punzada de remordimiento, pero no tenés mucho tiempo para preocuparte por Paula y el modo en que todos la tratan porque no hay quien sea capaz de lidiar con su excesiva necesidad de complacer a todo el mundo o tolerar que sea una máquina de lanzar preguntas y pedir consejos. Tenés un par de asuntos en el momento que encabezan tu lista de prioridades, el primero de todos en este instante es hablar con Mason de un tema que sabés no va a hacerle ni pizca de gracia y que necesitas tratar ahora que todavía no está con el cerebro embotado de preocupaciones, los niveles de sarcasmo e histeria al máximo y su capacidad de calma reducida a cero, como sabés que estará dentro de unas pocas horas.

"¿Qué necesitás?" dispara, y tratas de mantener en la garganta el suspiro de exasperación que pugna por salir.

"División quiere programar una reunión para el mes próximo" te llevas a los labios la taza de café que habías olvidado tu mano está sosteniendo mientras por encima de su borde de cerámica esmaltada blanca observas la reacción de George. Usaste División, una palabra prohibida por denominarla de alguna manera, una palabra que siempre trae problemas, o al menos así es como George Mason lo considera; para él, División y todo lo que esa agencia implica debería ser ignorado y evitado como si de la plaga se tratase, y no hay ni habrá jamás manera de convencerlo de que puede trabajarse en conjunto con ellos sin perder la calma y manteniendo la armonía. Y a vos no se te ocurre mejor idea que interceptarlo durante la primera hora de la jornada laboral y traerle de regalo, envuelto en un paquetito y con un hermoso moño rojo a modo de decoración la noticia de que División quiere programar una reunión para el entrante mes.

"¿Para qué?"

Si la perspectiva de tener que programar una reunión con ellos es para George como una ulcera sangrante, cuando le digas el motivo de la reunión – ya te imaginas – la cabeza le va a explotar y la aguja que marca sus niveles de sarcasmo y acidez va a dispararse hasta las nubes.

"Quieren discutir nuestra propuesta para mejorar la seguridad del aeropuerto de Los Angeles"

Ahí está: ese fulgor que aparece en sus ojos cada vez que está a punto de lanzar una de sus frases cargadas de ironía y embebidas en agria mordacidad:

"Tony, voy a pedirte un favor: si para esta altura el año que viene sigo en este trabajo, llevame a un depósito abandonado y matame de un disparo" no sabés si reírte o no, por lo cual como resultado se te dibuja en los labios en mueca difícil de describir o clasificar. Mientras tanto, tu jefe sigue quejándose: "A esta altura de mi carrera ya debería haber llegado a ocupar un puesto en Washington, no debería estar perdiendo el tiempo persiguiendo ancianas que activan los detectores de metales de los aeropuertos con sus agujas de tejer"

Decidís ignorarlo y seguir adelante con lo que tenés que hacer. Después de todo, no es culpa tuya que George esté insatisfecho con su vida, con su trabajo y que guarde resentimiento hacia el mundo en general. Como segundo en comando hay ciertas cosas que tenés que llevar a cabo aún cuando tu jefe y su sarcasmo te pongan piedras en el camino y te saquen un poco de quicio. Disimulando el hecho de que en estos momentos tener que lidiar con él no te hace ni pizca de gracia, retomas la conversación:

"¿La mañana del 15 te parece bien?" te llevas la taza a los labios por segunda vez y bebes otro sorbo de café. Hay dos cosas que son capaces de calmarte los nervios cuando sentís cada uno de ellos danzando envueltos en fuego: una de ellas es ese líquido caliente y amargo llamado café que en te abraza la garganta en estos momentos, y la otra es cierta personita de cabello enrulado, ojos asiáticos y sonrisa capaz de iluminar una habitación entera. En este momento es café lo que tenés a mano, así que conformarte con eso tiene que bastar.

Pero entonces como si la hubieras llamado con el pensamiento, como si de alguna forma su cuerpo y tu necesidad de ella fueran dos partes de una ecuación que se atraen la una a la otra como magnetos, como si hubiera intuido que estabas a punto de ir camino al desquicio, ella aparece. Tiene el cabello recogido, como todos los días. No lleva nada de maquillaje, como todos los días. Su vestimenta es conservadora y puramente profesional, como lo es todos los días. Ahí está, materializada delante de vos, la persona de la que estás perdidamente enamorado, y su sola presencia ya te relaja y hace que tus niveles de estrés y adrenalina se suavicen al menos un poquito.

"Señor Mason, acabo de hablar con Eric Rayburn de la Oficina de Seguridad Nacional. Tienen una solicitud y quieren que usted se ocupe de inmediato" cuando su mano se extiende hacia la de George para entregarle una hoja de papel impresa no podés evitar fijarte en lo perfecta que es su anatomía hasta en los menores detalles: quizá sea sugestión, pero por un momento tu cabeza es cruzada por la idea de que las suyas deben ser las uñas más hermosas y prolijas del mundo entero.

Y de ese detalle podrías haberte quedado prendido cinco o diez minutos más, pero la expresión que se dibuja en la cara de George en cuanto sus ojos vagan rápidamente por lo escrito en el comunicado que Michelle acaba de entregarle refuerzan tu teoría acerca de las bajas probabilidades de que el día de hoy sea uno normal y corriente. A esta altura ya sabés bien cómo leer los gestos que aparecen en las facciones de tu jefe, y definitivamente en los que su rostro se ha contraído ahora sólo puede significar que algo no anda como debería, sospecha que es confirmada por el propio Mason una fracción de segundo más tarde:

"Esto no puede estar bien" se escapa de su boca, como si hubiera leído el fugaz pensamiento que pasó tu mente tan solo medio minuto atrás mientras observabas como sus ojos reflejaban el sistema de procesamiento de la información que su cerebro estaba llevando acabo mientras leía lo enviado por la Oficina de Seguridad Nacional.

Y a continuación, se retira rumbo arriba, hacia su oficina, dejándolos a ustedes dos a solas en el medio del piso central de las oficinas de la Unidad Contra el Terrorismo de la ciudad de Los Angeles.

Por un breve instante, por un breve, cortísimo segundo tus ojos y los de ella se encuentran y ambos sostienen la mirada del otro. Por un breve instante, por un breve, cortísimo segundo se te ocurre que la tensión entre ustedes ha ido aumentando tanto desde que se conocieron que en momentos como estos podría cortarse con un cuchillo. Por un breve instante, por un breve, cortísimo segundo te deleitas admirando en silencio la exótica forma de sus ojos antes de lograr finalmente que tu lengua y cerebro entren en contacto y te permitan articular las palabras que formularán la siguiente pregunta:

"¿Qué está pasando?" tu voz suena baja, suave, es casi un susurro, como si la conversación que estás manteniendo con ella fuera un secreto íntimo entre los dos y no un intercambio de vocablos entre un jefe y su subordinada.

Y siguiéndote el juego, su voz suena igual de baja, igual de suave que la tuya, aunque no llega a ser un susurro. Te sorprendes nuevamente para tus adentros ante el efecto impactante y avasallante que su voz tiene en tu sistema nervioso, la manera en la que hace que se te erice la piel y te tiemble el alma, especialmente cuando al dirigirse a vos tiene los ojos clavados en los tuyos con firmeza y seguridad. Especialmente cuando, en momentos como estos, se muestra tan calma, tan profesional, tan fuerte.

"La Oficina de Seguridad Nacional quiere que llamemos a Jack Bauer"

La información te ha tomado desprevenido, pero no permitís que tu sorpresa sea evidente.

"¿Para qué?"

"No lo sé, es todo lo que dijeron" y luego le nace de los labios una pregunta resultado de la curiosidad, esa curiosidad que en tu lista de manías que le has observado ocupa el puesto número tres. Esa curiosidad que te resulta dulce, inocente y a la vez atractiva "¿No está Bauer en período de inactividad?"

"Sí, está en período de inactividad" contestas, y luego antes de que sepas lo que estás haciendo tus pies comienzan a moverse para llevarte de vuelta a tu escritorio.

Tenías razón, tu intuición no se equivocó: algo está pasando, algo está a punto de romperse. Este no va a ser un día normal, y la prueba más fehaciente de todas es el hecho de que la Oficina de Seguridad Nacional haya mandado a llamar a Jack Bauer. Jack Bauer, quien culpa a la CTU por todo lo que sucedió dieciocho meses atrás a su hija y a su esposa. Jack Bauer, quien después de ese día fatídico quedó con heridas de por vida. Jack Bauer, quien juró nunca más regresar a ese edificio y ponerse al servicio de los Estados Unidos de América. Jack Bauer, de quien nadie sabe nada porque él se ha ocupado de que la tierra se abriera bajo sus pies y lo tragara.

Quieren localizar a Jack Bauer, y como George Mason es tan amable y te tiene en tanta estima, al rato la tarea de encontrarlo te es asignada a vos.

Sentado en tu escritorio, pasas los siguientes minutos dedicándote a ello, hasta que sentís esa presencia acercándose a vos nuevamente. Todos tus sentidos pierden la capacidad de enfocarse en más de una cosa a la vez cuando ella está cerca, dado que como si de un magneto se tratase los atrae y absorbe todos, de forma tal que es su perfume la única esencia que respiras, son las vibraciones de su piel las que hacen vibrar a la tuya aún cuando no están tocándose, es su belleza lo único existente para tus ojos y en la boca el gusto dejado por el café desaparece y es reemplazado por una sensación agridulce difícil de explicar.

Parada detrás de vos, se inclina un poco hacia delante de modo tal que ahora su mano está posada en el respaldo de tu silla y a escasos palmos de tocar tu espalda y su mentón está a solo medio centímetro de caer sobre tu hombro. Su boca está al lado de tu oído y su vista está fija en la pantalla de tu ordenador. Cuando habla, el fantasma de las palabras que pronuncia acaricia el costado de tu cuello y los espasmos que te provoca en la espina dorsal tratas de disimularlos porque decididamente hoy no es momento para mostrarle cuán capaz es de debilitarte casi sin proponérselo.

"¿Miraste las actualizaciones del sistema en los últimos cinco minutos?" te pregunta, y por el tono que utiliza te das cuenta que alguna que otra novedad de importancia relevante debe haber surgido.

Querés explicarle que estuviste ocupado tratando de localizar a Jack Bauer, pero optas por una contestación más breve y concisa:

"No, ¿qué pasa?"

Con rapidez y agilidad sus dedos se mueven sobre el teclado y cuando presiona la combinación correcta aparece un comunicado de las oficinas de Inteligencia.

"Langley emitió una advertencia acerca del flujo de información" te explica "Algo está ocurriendo" sí, claro, como si vos no te hubieras dado cuenta de ello aún "y sea lo que sea va a requerir que todas las agencias trabajemos en conjunto"

La gravedad de la situación te indica que no es momento para dejar que Michelle Dessler y tu poca capacidad de auto-control cuando se trata del efecto que su persona provoca en vos se unan para jugarte malas pasadas. Respiras hondo y te tomas un segundo para convertirte en la clase de agente federal robótico e inmune al amor de su vida. Tenés la amarga, extraña sensación de que hoy vas a necesitar tener la cabeza despejada y todas tus capacidades listas para ser usadas sin arriesgarte a que ella – inconciente e inocentemente, claro está – las mitigue.

"Okay, llama a los agentes que tienen el día libre y deciles que vamos a necesitar que entren en servicio"

"Muy bien"

Te incorporas al mismo tiempo que ella y los dos quedan cara a cara, a escasos centímetros un cuerpo del otro, a escasos centímetros un rostro del otro. La tensión esta vez la sentís más en carne propia que nunca, y sabés que ella está sintiéndola también. ¿Cómo no sentir corrientes eléctricas tan fuertes? ¿Cómo no sentir dos corazones que han estado latiendo sincronizados sin saberlo prácticamente desde que el mundo es mundo irse de control juntos y sin perder el ritmo? ¿Qué clase de hombre puede llamarse ser humano y no sentir las dos respiraciones acompasándose?

Pero hoy no tenés que ser un humano, hoy tenés que ser un robot. Los seres humanos son incapaces de llevar a cabo tu trabajo, y lo sabés; lo aprendiste de la manera difícil, pero lo aprendiste, e hiciste la promesa de que tu vida personal y la profesional no volverían a mezclarse y a dar como resultado situaciones caóticas.

Los segundos que permanecen de pie comiéndose con los ojos a vos te resultan eternos. Cuando algo de sentido se despierta en tu cerebro y te arrastra fuera de tu ensimismamiento y tratas de moverte hacia un costado para seguir camino en dirección a la oficina de George, el cuerpo de ella también se mueve, como si de manera subconsciente quisiera bloquearte el paso y obligarte a permanecer ahí, atrapado, acorralado.

Tu mirada cae inadvertida y se posa en su boca – lo cual no ayuda mucho –, pero de todos modos logras armar una oración coherente y pronunciarla casi sin problemas:

"Filtra toda la información que llegue, por favor" le pedís, y como si le hechizo en el que estaban envueltos hubiera sido roto cada uno vuelve a funcionar y empiezan a alejarse en direcciones opuestas, pero con las cabezas vueltas y las miradas clavadas.

Hoy, hoy tenés que ser un robot, no un ser humano. Lo tenés en claro, pero llevarlo a cabo parece que va a ser un tanto imposible. Y si no imposible, entonces sí realmente difícil.

Mientras reflexiones sobre tu incapacidad de sacarle los ojos de encima, la observas sentada en su escritorio realizando la tarea que le pediste. O al menos tratando de hacer ello, ya que Paula está ahora parada a su lado bombardeándola con preguntas y ofreciéndose para hacer esto y hacer aquello. Suspiras, y te asalta el pensamiento de que lo que Michelle menos necesita en este momento es lidiar con Paula. Tratando de que no se note lo que estás haciendo, escuchas atentamente la conversación que está teniendo lugar entre ambas mientras tus manos torpemente acomodan un par de carpetas.

"Algo está ocurriendo, ¿no?"

"No estamos seguros"

"Puedo hacer un par de cosas para ayudar. Ya he situado un par de protocolos antes, sé cómo hacerlo"

"Paula, te estás esforzando demasiado" te sorprende escuchar a Michelle siendo tan cortante y tan directa, especialmente porque sabés cuánto se interesa en que todos traten a Paula con más amabilidad y respeten sus tiempos y métodos de trabajo. No pasa un segundo antes de que en tono más suave agregue: "Solamente hacé tu trabajo, y todo va a salir bien"

Solamente hacé tu trabajo y todo va a salir bien. ¿Cuántas veces habrás escuchado decir esa frase en distintos ámbitos, en distintas situaciones, en distintos contextos? ¿Cuántas veces realmente todo salió bien? ¿Cuántas veces realmente las consecuencias y resultados finales no fueron devastadores y catastróficos?

Ese pequeño momento de meditación es interrumpido por George Mason quien, mientras desciende por las escaleras desde su oficina en el primer piso, con voz potente y cara de circunstancias habla:

"Necesito a todos los jefes de departamento acá ahora mismo. Tenemos una prioridad activa"

Mientras te acercas hacia el pie de la escalera, donde todos los convocados comienzan a reunirse en un semicírculo que rodea al director de la CTU, observas el reloj: son las ocho de la mañana con treinta y un minutos. Ese tiempo marcan las agujas en el instante en que Mason procede a dar una explicación acerca de lo que está sucediendo:

"Acabo de tener una conferencia telefónica con la Oficina de Seguridad Nacional y División" los rostros que te cercan se encuentran todos contraídos en gestos y muecas que denotan la desmesurada atención que están prestando. La voz de George – sin temblar, sin quebrarse – continua llenando una sala enorme llena de personas que en estos momentos yacen expectantes y silenciosas "Parece que hay una bomba nuclear bajo control terrorista en algún lugar de la ciudad de Los Angeles y va a ser detonada durante el transcurso del día de la fecha" solamente Mason podría dar una noticia así y permanecer en total calma "Así que a partir de ahora sólo vamos a comunicarnos con aquellos que forman parte de nuestro núcleo cerrado. Eso significa que no llamamos a casa, no hablamos con amigos ni con parientes. Nuestro trabajo es encontrar este dispositivo nuclear y evitar que cunda el pánico. Sé que la situación no es para nada placentera, pero este es nuestro trabajo, así que manos a la obra"

Contemplas como si fueras el espectador de un show en cámara lenta como todos vuelven a sus puestos decididos a dar lo mejor de sí mismos y salvar el día. Tu primer impulso es el de dirigirte a ella, preguntarle cómo se lo está tomando; nunca antes le tocó vivir una posible amenaza como esta y lo primero que se cruza por tu cabeza es buscar el modo de protegerla, pero rápidamente lo suprimís y con mucho esfuerzo lo desplazas a un segundo plano.

Minutos más tarde George te informa que la Oficina de Seguridad Nacional acaba de ubicar a Jack Bauer y que el presidente Palmer lo convenció de reunirse con ustedes en breve. No sabés cómo reaccionar ante esto: tener a Jack en el equipo es algo realmente valioso si las pistas son ciertas y ese tal Wald es parte de la célula terrorista que se encuentra detrás de todo esto; Jack conoce a Wald, formó parte de una de sus anteriores misiones en sus épocas de agente de campo, y puede ayudarlos a reducir la lista de sospechosos y llegar a los responsables antes de que sea demasiado tarde. Por otro lado, volver a ver a Jack después de lo que pasó te inquieta. Era tu trabajo proteger a Teri, y no pudiste. Nina te usó como quiso, y si bien ya lograste entender que fue todo culpa de ella y de su maldad, todavía te pesa el no haber podido darte cuenta antes de la clase de mujer que tenías al lado. Volver a ver a Jack va a causar estragos dentro de vos, y tenés miedo de no saber controlarlos, de no saber controlarte, tenés miedo de que surjan problemas que lo entorpezcan todo y desemboquen en la pérdida de miles de vidas.

En eso estás pensando cuando te cruzas con Paula:

"Necesito que actives otra interfase para ser utilizada y que estés lista para la reunión que Dessler, Mason, Bauer y yo vamos a tener en la sala de conferencias. Necesito que estés ahí" le decís, y ella no reacciona. Simplemente se queda ahí sentada, en silencio, con la cabeza entre las manos. Su aspecto es distante y pensativo, como si estuviera envuelta en sus propios debates internos. Como si estuviera silenciosamente ahogándose dentro de sí misma "Paula..." repetís, tratando de llamar su atención.

Se pone de pie, se acerca hacia vos, y dubitativa te dice algo que hubieras esperado escuchar de boca de cualquier menos de ella.

"No sé si puedo hacer esto"

Respiras hondo, largas un suspiro. Lo que menos necesitás es tener que consolar a una mujer insegura de sí misma y asustada ante la magnitud de la crisis que tienen que manejar. Tratas de sonar contenedor y convincente pero sin dar lugar a malas interpretaciones que la lleven a pensar que puede lanzarse a llorar en tus brazos, no sólo porque el tiempo apremia y el lugar y marco no son los adecuados, si no porque – llegado el caso – es Michelle la única mujer a la que abrazarías y son sus lagrimas las únicas que secarías con las yemas de tus propios dedos.

"Claro que podés hacer esto, Paula"

"Yo soy simplemente una programadora. No estoy acostumbrada a trabajar bajo presión, y quizá ustedes prefieran traer a alguien de afuera para que ocupe mi puesto"

"No hay nadie más, Paula. Sos la mejor programadora que tenemos, conocés el sistema a la perfección... Va a estar todo bien" te sorprendes a vos mismo repitiendo las palabras que Michelle le dijo hace apenas minutos "No te preocupes"

Tu día laboral empezó hace poco más de cuarenta minutos y ya querés que termine. Maldita intuición por estar en lo correcto: las horas que vienen no van a ser normales, no, para nada. Lo que darías porque estuvieran plagadas de software, sistemas, redes, configuraciones, coffee breaks con Michelle y nada más. Lo que darías porque hoy fuera un día estereotipado, plano y aburrido.

Lo que darías por no estar donde estás exactamente ahora: parado en un punto del piso principal de la CTU que da directo hacia las enormes puertas que en estos instantes están abriéndose, dando paso a un hombre rubio de ojos azules cuya cara está cubierta por una barba de varios días, sus ropas denotan que ha dejado de prestar atención a su aspecto y su mirada triste delata que aún no ha logrado superar el dolor provocado por el asesinato de su esposa y que las pesadillas lo mantienen despierto cada noche.

Jack Bauer acaba de llegar a la CTU, y viene caminando hacia vos.

"Hola Jack" es lo primero que se escapa de tus labios cuando finalmente el hombre en cuestión está frente a vos.

"¿Cómo estás?" te pregunta de manera automática y más bien por pura cortesía, porque realmente no crees que a él le interese saber cómo estás.

"Bien. ¿Cómo estás vos?"

La realidad es que no querés saber. No querés saber cómo está, porque sabés que no está bien. No querés que te mienta y que te diga que las cosas van encaminándose, porque sabés que es mentira. No querés que te conteste con la verdad porque la verdad te destrozaría. Te arrepentís de haber preguntado cómo está.

"Yo estoy bien. ¿Dónde está George?" es obvio que quiere terminar con todo esto cuanto antes, salir del edificio de la CTU cuanto antes y nunca más regresar.

"Esperando, en la sala de conferencia"

Ambos comienzan a dirigirse hacia allí.

"¿Ya les informaron la situación?"

"Sí"

George, sentado en la cabecera de la larga mesa de madera, ya está allí cuando abrís la puerta y entras después de Jack. Sentadas una a cada lado están Michelle y Paula, cada una con sus respectivas computadoras portátiles y con aspecto de estar listas para empezar a trabajar.

"Jack Bauer, ésta es Michelle Dessler..." George Mason se pone de pie y comienza con las correspondientes presentaciones, pero es obvio que Jack Bauer no está interesado en saber quién es Michelle ni tampoco está interesado en escuchar a George hablar por más de un puñado de segundos sin interrumpirlo con sus tan buenos modos:

"¿Qué es lo que estoy haciendo acá, George?"

El hecho de que haya ignorado a la mujer de tu vida olímpicamente despierta en vos una oleada de ira que tratas de reprimir, dado que probablemente tengas que pasar las siguientes horas trabajando codo a codo con Jack y sumar otro a la lista de posibles problemas a surgir entre ustedes durante ese tiempo no es lo que más te conviene. Siempre odiaste que ignoraran y despreciaran a Michelle por ser nueva, siempre odiaste que la hicieran pagar el derecho de piso, siempre te enfermó que la hicieran sentir menos, pero hoy ese no tiene que ser motivo para saltar, no cuando hay una bomba nuclear que pretenden detonar en la ciudad de Los Angeles antes del final del día y depende de la CTU evitar que aquello suceda.

"Hay un arma nuclear criminal en la ciudad de Los Angeles, e Inteligencia dice que los responsables planean hacer que estalle hoy" George rápidamente le informa a Jack.

"¿Es confiable esta información?"

"Muy. La Oficina de Seguridad Nacional hizo el informe y tienen pistas que conducen a una célula terrorista para la que alguna vez trabajaste encubierto"

"¿Cuál es el principal sospechoso?"

"No estamos para nada cerca de atrapar al principal responsable. Es por eso que te mandamos a llamar"

La siguiente escena se desenvuelve rápida e inesperadamente: Jack abre la puerta de la sala de conferencias y se va directo hacia el piso principal de la CTU antes de que alguno de ustedes pueda detenerlo. El gesto que se dibuja en la cara de Mason te indica que su cuota diaria de paciencia no es suficiente para lidiar con Bauer en estos momentos, por lo que decís ser vos quien vaya en su búsqueda y trate de hacerlo entrar en razón.

"Jack, por favor, espera un minuto..."

"No tengo tiempo para vos, Tony, lo siento mucho"

"Jack, por favor..."

Ya tiene uno de los teléfonos en la mano y sabés perfectamente a quién está llamando: su hija. Probablemente para decirle que tiene que dejar la ciudad cuanto antes, irse lejos, escaparse. No estás equivocado, es a ella con quien quiere comunicarse, y por el tono de la conversación y la cantidad de veces que tiene que repetirle que por favor no corte y lo escuche, es obvio que desde la muerte de Teri las cosas han ido de mal en peor entre Jack y Kim. Cuando finalmente el ex agente de campo deposita el auricular en su sitio, la mirada en sus ojos deja en claro que su hija no creyó ni una palabra de lo que dijo y que colgó antes de que pudiera explayarse más.

"Por favor, Jack. No te llamamos por nada. Hay antecedentes que coinciden con células terroristas que conocés bien. Sos el único que puede ayudarnos a hacer esto" estás rogando, casi, y rogarle a él precisamente es algo que no te causa la menor gracia.

"No me importa. Tengo que encontrar a mi hija y ponerla a salvo"

"Nosotros podemos mantener a Kim a salvo" tratas de convencerlo en un último intento desesperado "Podemos mandar a un grupo de agentes para que la busquen y la lleven a un lugar seguro, a la casa de tu cuñada en Santa Barbara o en donde sea que crees que ella va a estar bien"

"No" su tono es tajante "Ya confié una vez en la CTU, ya confié en que protegieran a mi familia, y terminé perdiendo a mi esposa" la culpa te acuchilla en el estómago con una fuerza superior a la imaginable, pero no podés darle lugar, no podés dejar que se abra paso, al menos no hoy. Hoy tenés que estar lúcido y con la cabeza fría y la mentalidad calculadora de un robot. No hay tiempo para sentirte como un ser humano "No voy a arriesgarme a perder a mi hija"

"Sé lo que te pasó, Jack. Yo también estaba ahí"

La angustia y un poco de la culpa que sentís deben haberse plasmado en tu voz de alguna manera, porque lo siguiente que escuchas salir de su boca es algo así como una frase destinada a brindarte un poco del consuelo que un hombre en su estado podría llegar a ofrecer:

"Sé que hiciste todo lo posible y sé que estás dispuesto a hacer todo lo posible ahora, pero no puedo arriesgarme a perder a mi hija"

Y una vez dichas esas palabras, ves como se aleja y se va.

Tratando de no ceder al impulso de agachar la cabeza y admitir la derrota, regresas a la sala de conferencias, donde George te recibe con una dosis de su sarcasmo:

"Muy bien, Almeida, eh"

"No empieces, George. Hice todo lo posible" tratas de defenderte, pero una vez que Mason empieza a atacar es difícil que baje la guardia y saque bandera blanca.

"Pero 'todo lo posible' no fue suficiente, ¿verdad?"

Estás a punto de responderle qué puede hacer con sus comentarios ácidos y picantes cuando Michelle interviene. Michelle, con su inocencia. Michelle, con su creencia de que trabajar en equipo es una prioridad y que todo equipo debe mantenerse unido. Michelle y su eterna fe en que siempre va a haber una salida o una segunda opción o un plan B que pueda ser puesto en marcha y que ayude a solucionar las cosas.

"Quizá haya otro modo de llegar a Wald que no implique a Jack Bauer"

"Sí, claro, ¿cómo no se me ocurrió antes?" la socarronería en la voz de George es tan fuerte, tan firme, tan marcada que si no fuera porque es a ella a quien le está hablando hasta quizá te reirías para tus adentros y suspirarías por lo bajo algo así como es obvio que tus niveles de sarcasmo se superan cada día "Llamar a un agente consumido que está fuera de servicio probablemente fue un desafío que nos dio la Oficina de Seguridad Nacional porque pensó que estábamos aburridos, y que cuando nos diéramos cuenta que Jack Bauer no colaboraría recurriríamos a otros de los muchos miles de agentes capacitados para llevar a cabo esta misión"

"Calmate, George" la mirada que le echas deja en claro que con ella nadie va a meterse mientras vos estés ahí y puedas evitarlo. Ya tuviste suficiente con Jack haciéndola sentir despreciada y desplazada con su falta de interés cuando Mason trató de presentarlos. Ya tuviste suficiente con todo el mundo subiéndose arriba de sus caballos y pisoteando cabezas simplemente porque sí "Vamos a sentarnos, a concentrarnos y a decidir qué vamos a hacer a continuación" propones, tratando de conservarte en tus casillas.

George se dirige hacia Michelle, esta vez con otro tono de voz:

"Llama a la Oficina de Seguridad Nacional, hay que informarles que Bauer no va a ayudar"

Y justo cuando esos dedos perfectos de uñas perfectas pertenecientes a la que es en tu opinión la más perfecta anatomía comienzan a pulsar los botones del teléfono que hay a un lado de la mesa, la puerta de la sala de conferencias vuelve a abrirse y un Jack Bauer decidido los sorprende a todos con sus palabras:

"Voy a ayudarlos, pero estas son mis condiciones" al tiempo que todos voltean las cabezas para fijar sus ojos en él, Michelle cuelga el auricular del teléfono y Paula comienza a tomar nota "Dos agentes de mi elección van a ir a buscar a mi hija Kim y van a llevarla hasta Santa Barbara"

"Consideralo hecho" interviene George rápidamente "Voy a monitorear la operación y encargarme de mantenerte informado acerca del paradero de tu hija en todo momento"

"No. Quiero ser informado en todo momento, pero no por vos. Por Tony y sólo Tony" te sorprende que Jack te confíe la tarea de encargarte de controlar que su hija se encuentre sana y salva, pero por otro lado te otorga un poco de paz y alivia la culpa que llevas un año y medio sintiendo: lo que pasó con Teri no disminuyó la confianza que alguna vez Jack haya tenido en tus capacidades como agente "Lo lamento, George, pero no confío en vos" continuó.

"Todos deberías confiar en todos hoy, Bauer, pero si querés que Almeida se encargue de esto, está bien" son las palabras de George, y vos asentís con la cabeza a ellas, silenciosamente prometiéndola a Jack que vas a encargarte de ello.

Lo siguiente, lo siguiente transcurre como en cámara lenta también. Jack pide quedarse a solas con Mason para discutir cómo van a proceder, cómo van a llegar a Wald, qué 'carnada' van a utilizar para cazar al primer eslabón de una larga cadena.

Mientras dejas la sala de conferencias, tu mirada y la de Michelle se encuentran, y la intuición vuelve a confirmarte dos cosas: hoy va a ser un día distinto a los demás, y tus capacidades de actuar como un robot frío e insensible van a verse disminuidas debido a la presencia de la única mujer sobre el planeta que tiene la capacidad de hacerte sentir como un ser humano.


Esta es la parte en la que me hacen feliz dejándome un comentario.