Lo siguiente tiene lugar entre las 9:00 y las 10:00 de la mañana del día 4 de septiembre.
Los hechos ocurren en tiempo real.
Estos días que corren, mi amor,
Es aquí que nos tocó vivir.
El día corre y se te escapa de las manos prácticamente sin que te des cuenta. Apenas minutos atrás estabas sentada en la sala de conferencias con Mason, Tony y Paula contemplando a Jack Bauer imponer las reglas del juego y presentar sólidamente sus incuestionables condiciones para colaborar con ustedes en esta operación; cuando te quisiste dar cuenta tu jefe estaba acercándose a vos para informarte que el plan de acción ideado para comenzar a escalar hasta llegar a quienes tienen la bomba en su poder estaba empezando a tejerse como una fina telaraña y era necesario entrar al tablero cuanto antes.
"Bauer trabajó encubierto con Walt y su grupo un par de años atrás y luego desapareció misteriosamente una vez acabada la misión. Sabe dónde está ubicado el cuartel general de Walt y sus tipos y cree que si inventamos datos falsos acerca de su paradero durante los últimos seis años y los subimos a la red de antecedentes penales a la Walt y sus secuaces tienen acceso puede hacerlos caer diciéndoles que desapareció porque lo encarcelaron en México por posesión de drogas. Si Bauer logra entrar nuevamente en el círculo de confianza de Walt, quizá logremos conseguir un poco más de información para alcanzar a los que planean hacer que la bomba detone hoy. Paula y Tony están trabajando con la base de datos falsos y Bauer está a punto de abordar un helicóptero para dirigirse al depósito de autos usados donde generalmente se reúnen los hombres de Walt pero va a necesitar a un par de los nuestros con él antes de infiltrarse"
"Podemos enviar a Lisa o a algún otro técnico capacitado" dijiste inocentemente.
"La cuestión es que si a lo que conducen las pistas es cierto y Walt y su gente son parte de quienes sean que estén detrás de todo esto, entonces estaríamos lidiando con americanos que trabajan para grupos terroristas del Medio Oriente" dos segundos de silencio flotaron estáticos entre ustedes hasta que Mason prosiguió, haciendo gala de su capacidad infinita para apuntalar cosas obvias "La Jefa de Protocolos de INTERPOL sos vos" otros dos segundos de silencio, y ahí de nuevo está la sonrisa mitad sardónica y mitad exasperada adornando la cara de tu jefe "El helicóptero se va en dos minutos, Michelle. De estar en tu lugar me pondría en marcha, hoy no hay tiempo que perder"
No, claro que no. Claro que no hay tiempo que perder, especialmente cuando el tiempo corre así de rápido y no hay manera de alcanzarlo. Claro que no hay tiempo que perder cuando nos toca vivir un día que corre.
Fue así como, cuando quisiste darte cuenta, el reloj marcaba las nueve de la mañana con escasos minutos y te encontrabas abordando un helicóptero – cosa que nunca antes habías hecho – en compañía de un hombre al que realmente no conoces bien pero del que has oído hablar miles de veces porque es algo así como una leyenda viviente acerca de la cual se esparcen rumores en los pasillos de las agencias gubernamentales. Una leyenda viviente a la que el mismísimo presidente de los Estados Unidos de América confío ciegamente la misión de encontrar esta bomba nuclear e impedir que sea detonada.
Una vez luego del despegue del aparato al que la gente que no tiene miedo a volar llama helicóptero (no es que tengas miedo a volar, en realidad: simplemente preferís quedarte con ambos pies en tierra firme dentro de lo posible) entablas tu primera conversación real con Jack Bauer.
Estás sentada a su lado, tu computadora portátil descansando en tu regazo y un auricular para comunicarte en todo momento con la CTU en caso de imprevistos fue colocado en tu oído izquierdo, produciéndote una sensación cosquillosa bastante molesta. Él, a tu lado, parece más lúcido y preparado que nunca, como si se hubiera encargado de empujar lejos los demonios que estaban atormentando su cabeza cuando traspasó por primera vez luego de dieciocho meses de ausencia en ese mundo las puertas de la Unidad Antiterrorista de la Ciudad de Los Ángeles.
"Tengo en mi poder" señala con un gesto de la cabeza el maletín fuertemente sujetado por su mano derecha y acerca de cuyo contenido por algún motivo no querés indagar demasiado "algo que me garantiza que los hombres de Walt crean que sigo siendo Jack Rouch, el criminal como el cual me presenté a ellos cuando me les uní seis años atrás. No van a dudar de mi cuando les diga que pasé este último tiempo preso, especialmente no después de mostrarles lo que les traigo acá" vuelve a señalar el maletín con un gesto de la cabeza y por alguna razón que escapa a tu conocimiento todos los nervios de la espalda se te estremecen en perfecta sincronía "pero probablemente alguno de ellos en un arrebato de desconfianza quiera verificar antecedentes, por eso es importante que Tony y algún técnico de la CTU se encarguen de subir a la base de datos información falsa que corrobore la historia que voy a decirles sobre mi detención en México" asentís con la cabeza, entendiendo por completo la importancia de que esto sea realizado con sumo cuidado y tomando en amplia consideración hasta el más mínimo de los detalles: si los hombres de Walt descubrieran que Jack no es exactamente quién dice ser, si sospecharan que algo raro yace detrás de todo esto, lo matarían y las posibilidades de tomar control sobre la situación antes de que esa bomba estalle serían efímeras, prácticamente inexistentes. Sabés bien cuántas vidas dependen de que las cosas sean hechas como corresponde, sin vacilaciones y sin cometer ni el menor de los errores. Sabés bien cuántas vidas, cuántas familias, cuántos hogares, cuántos ciudadanos dependen de que la CTU actúe eficientemente en todo momento durante el transcurso del día de hoy, durante el transcurso de las horas que hoy van a correr, las horas que van a deshacerse casi sin que te des cuenta de que están pasando.
Decida a probarle al mundo y a probarte a vos misma que sos una agente federal capaz de actuar con eficacia bajo presiones como las que están enfrentando, te dispones a ultimar a Jack un puñado de detalles antes de que el breve viaje en helicóptero llegue a su fin.
"Vamos a dejarte a tres cuadras del depósito de autos usados" le informas, elevando un poco la voz para que tu interlocutor pueda escucharte claramente aún con el sonido de las hélices del aparato rasgando el viento con semejante ferocidad.
"¿Prepararon un auto al que pueda subirme una vez que esté en tierra?"
"Sí" tu mano rápidamente se escabulle dentro del bolsillo de la chaqueta que estás vistiendo, sacas un juego de llaves bastante oxidadas y se las entregas "Está listo, tenemos un rastreador en el maletero para monitorear tus pasos"
"Bien"
"Estuvimos vigilando el depósito mediante imágenes satelitales y no vimos entrar a Walt todavía" le comunicas.
"¿Qué hay de su gente?" quiere saber enseguida.
"No estamos seguros" tus dedos se mueven ágiles y rápidos sobre el teclado de tu ordenador y un puñado de imágenes tomadas por uno de los satélites de la CTU se despliegan en la pantalla: son fotos de los tipos que entraron y salieron del depósito de autos usados durante los últimos treinta minutos. Todos lucen más o menos igual: bastante desaliñados, vistiendo ropas de trabajo en estado deplorable, desprolijos, reos, cada célula de sus cuerpos gritando que no son la clase de hijos de los cuales una madre se sentiría orgullosa, cada destello en sus ojos dejando ver que son delincuentes "¿Alguno de estos hombres te resultan conocidos?" las primeras tres imágenes no significan nada para él, pero al llegar a la cuarta reacciona.
"Este es Eddie Grant" señala al hombre rubio y corpulento de la foto con su dedo índice "Es hombre de confianza de Walt. Cuando trabajé con ellos encubierto éramos amigos. Eso es bueno" hay una pequeña pausa durante la cual el único sonido perforando tus oídos es el de las hélices del helicóptero, próximo a encontrarse nuevamente en tierra "En cuanto entre, no quiero ver a ninguno de los nuestros deambulando por el lugar" Jack te previene "Ocupate de que todos sean mantenidos a distancia" te pide, y vos asentís con la cabeza "¿Tenemos más información acerca del tamaño de la bomba?" es la última pregunta que te hace segundos antes de bajarse del helicóptero.
"No todavía" es tu respuesta, y antes de que termines de pronunciarla incluso, Jack Bauer – un agente de campo que pasó los últimos dieciocho meses retirado llorando el asesinato de su esposa a manos de la mujer con la que estaba sexualmente involucrado en ese entonces, la misma mujer que dejó a Tony hecho añicos, la misma mujer que traicionó a su país y a su gobierno – ya está con los pies en tierra firme de nuevo, alejándose, con el peso de la vida de miles sobre sus hombros, con la responsabilidad de salvar a miles cargada a sus espaldas.
El aparato ese llamado helicóptero, que no ha dejado de moverse en ningún momento, apenas si roza el suelo antes de elevarse nuevamente y dirigirse de vuelta a la CTU.
El vuelo ha durado apenas cinco minutos, y mientras emprenden el regreso cruza tu mente un pensamiento que con toda la rapidez de la que sos capaz sacudís como si de un insecto venenoso se tratara: este día que te toca vivir se va a ir corriendo, y temes que sus piernas sean tan fuertes y tan veloces que alcanzarlo y cazarlo se torne una tarea riesgosa y difícil de llevar a cabo.
Preparar los datos falsos acerca de 'Jack Rouch' es en lo que Tony y vos ponen a Paula a trabajar en cuanto regresas a la oficina; sabés que en cuanto los 'amigos' de Walt escuchen la historia de Jack van a querer verificarla entrando a ver sus antecedentes, antecedentes que – claro está – son inventados. Antecedentes que tienen que estar subidos a la red lo antes posible para no darles tiempo a sospechar. Paula y Tony están ubicados en uno de los escritorios del costado encargándose de ello, pero el flujo de información pasando entre las agencias es tan grande el día de hoy que todos los servidores están más lentos de lo normal. Paula – siempre tratando de complacer a todo el mundo – instaló un dispositivo de alarma para que suene en cuanto la gente de Walt intentara acceder al servidor.
Mientras tanto, vigilada de cerca por George Mason, te ocupas de controlar la información que llega desde las fronteras. Estás atenta escuchando hablar a tu jefe – que yace de pie a un costado de tu escritorio – cuando te llega de no muy lejos la voz de Paula dirigiéndose a Tony, que está sentado a unos pocos metros de ella, con la vista fija en la pantalla del ordenador y los dedos cerniéndose sobre el teclado.
"Tony..."
Tu primer impulso es el de darte vuelta al mismo tiempo que él y observar la escena con cautela, tratando de que no sea descubierto que te has distraído temporalmente, pero te contenes a tiempo: George Mason está ahí, parado a tu lado, hablándote acerca de asuntos importantes, requiriendo de tu completa capacidad de atención, mencionando algo acerca de un par de 'coyotes' que fueron encontrados en la frontera y que llevaban con ellos pasaportes falsos que pueden tener algo que ver con todo este asunto. Sabés que estos son datos claves. Sabés que no podés desviar tu atención, no ahora. Sabés que si Mason – que siempre se da cuenta de todo porque es de las personas más observadoras que jamás has tenido el ¿placer? de conocer – se daría cuenta enseguida de que Tony es algo más que un jefe para vos si te capta tratando de escuchar su conversación con Paula.
Una parte de vos – la parte que es histéricamente racional y profesional - te dice que no deberías dejar que él te despabile, al menos no hoy. Con todo lo que está pasando, con todo lo que podría pasar, con todo lo que se sospecha va a pasar, la CTU necesita a su personal trabajando en las tareas asignadas con lucidez y concentración máximas; no podés dejarte llevar por Tony, no podés estar pendiente de él, de cada vez que respira, de cada palabra que dice, de cada movimiento que hace, de cada palabra que le dicen a él... Y sin embargo, aún sabiendo que no deberías dejar que él te afecte el día de hoy, aún sabiendo que deberías estar escuchando a Mason, por el rabillo del ojo los observas a ambos – a Tony y a Paula – con atención desmesurada, aguzando el oído para no perderte detalle mientras otro porcentaje de tu cerebro continúa enfocado en comportarte de manera natural ante tu jefe.
"¿No deberíamos estar trabajando desde fuera de Los Angeles?" la pregunta nace de los labios de Paula y cuando su voz la emite puede registrarse en ella cierto grado de preocupación. Está asustada. Muy asustada. Jamás se imaginó que una crisis como esta podría presentarse – vos tampoco, para ser honesta -, y no sabe cómo sobrellevarlo, no sabe cómo actuar, no sabe cómo hacer el miedo a un lado, no sabe cómo embotellar las emociones y guardarlas en algún lugar recóndito de su cabeza para lidiar con ellas después.
Honestamente, vos tampoco sabés, pero al menos lo disimulas mucho mejor que ella.
"¿Por qué?" Tony responde con otra pregunta, que en su caso parte desde su total falta de capacidad para lidiar con las mujeres. Casi no podés evitar esbozar la sonrisa que pugna para dibujarse en tus labios automáticamente y por alguna extraña razón que escapa a tu conocimiento (¿o no?) una oleada de alivio te recorre el cuerpo entero y te estremeces (Que Mason no lo haya notado, por favor, que no se dé cuenta).
Es obvio que Paula está pidiendo a gritos desesperados un poco de consuelo y contención – sigue elaborando tu cerebro la teoría -, pero él no se inmuta, no acusa recibo (y en parte ello te alegra, porque no soportarías verlo consolando a ninguna otra mujer, no sólo porque el lugar y circunstancia no son para nada óptimos si no porque te rompería el corazón en dos ver a otra recibir los mimos que en tu mentalidad de enamorada crees deberían ser tuyos y de nadie más).
"Si hay una bomba en la ciudad..." una Paula más aterrorizada que antes comienza a elaborar, pero él enseguida la interrumpe con esa voz suya capaz de derretir mentes y aplasta neuronas.
"Relajate. Nunca se sabe qué tan verdadera es la información que nos llega"
"Almeida, tenemos una pista" George Mason se dirige a él segundos después de terminar de señalar un par de cosas en la pantalla de tu ordenador "Atraparon a un par de coyotes en la frontera" le informa al tiempo que Tony se acerca a ustedes, y vos ya sentís el corazón acelerándose y tratando de salirse de tu pecho.
Hoy no Michelle. Hoy no. Por favor.
"¿A quiénes traían?"
"No es un quién, es más bien un qué. Encontraron algo bastante interesante en la camioneta. Mostrale, Michelle" te indica y con un gesto de la mano señala el ordenador. Rogando haber entendido todo lo dicho por tu jefe anteriormente durante el breve período en el cual dividiste tu atención entre lo que te estaba siendo explicado y el pequeño diálogo entre Paula y Tony, abrís un par de pantallas donde se hallan los memos enviados por los oficiales de frontera y procedes a explicar, tratando de que el hecho de que su cuerpo está próximo al tuyo y podés sentir su respiración en tu nuca mientras se inclina para poder observar desde más cerca no te impidan actuar profesionalmente.
"Dos pasaportes falsos del Medio Oriente. Las marcas en el papel coinciden con un proceso utilizado por algunos de los sospechosos de nuestra lista"
"Encontramos la dirección en Culver City a la que se dirigían. Tenemos que enviar a alguien ahí pronto"
"¿A quién?" pregunta Tony.
"A quien sea que esté lo suficientemente cerca para llegar lo antes posible"
"El único en esa sección es Grothy" comentas en toda tu inocencia, sin sospechar lo que tus palabras van a causar, sin sospechar que segundos más tarde el cuerpo va a hervirte de celos, la sangre va a correrte más rápido que nunca y el corazón te va a latir tan fuerte que vas a sentir un dolor agridulce en el pecho.
"Bien, enviémoslo a él" George da la orden y estás a punto de cumplirla, cuando oís las siguientes palabras de Tony y sentís la piel quebrarse y podrías llegar a jurar que tu cuerpo entero dejó de funcionar por una milésima de segundo.
"George, Grothy es a quien enviamos a buscar a Kim Bauer"
Se preocupa por ella. Se interesa por ella. Quiere que la encuentren, quiere que la traigan acá, quiere asegurarse de que esté bien. Y quizá no sólo porque es la hija de Jack y al sentirse en deuda con él tiene la necesidad de cerciorarse de que la palabra que le dio sea cumplida y pongan a Kim a salvo. Quizá haya algo más. Quizá sean verdad los rumores de que eran buenos amigos en la época en que Jack aún trabaja acá... Quizá quiera reencontrarse con ella por algo.
Basta, Michelle. No puede ser que en una fracción de segundo hayas sufrido tremendo ataque de celos con respecto a semejante estupidez. La chica esa tiene 17 años, es la hija de un agente que está allá fuera arriesgando su vida para salvar a Los Angeles de un posible ataque nuclear, es la hija de la mujer que un año y medio atrás Tony falló en salvar, es la hija de la mujer que Nina mató. Tony quiere protegerla y se preocupa por ella porque siente que le debe eso a Bauer, porque siente que le debe eso a la memoria de Teri, porque siente que quizá de esa forma – si esta vez no falla – puedan empezar a cerrarse alguna de las muchas heridas que tiene su alma. No leas entre líneas, Dessler, porque las conjeturas que saques no van a ser más que eso, conjeturas, de utilidad nula en momentos como estos en los que hay asuntos más importantes que resolver, asuntos que involucran el bienestar de miles de millones de ciudadanos.
La voz de George te arranca del ensimismamiento en el que te sumiste por breves segundos:
"Grothy ya fue a buscar a Kim, y ella no estaba en su domicilio"
"Prometimos a Jack cuida a su hija" la voz de Tony es punzante en tus oídos, y sentís de nuevo un pinchazo de dolor en el estómago. Basta, Michelle, es lo que te decís a vos misma rápidamente. Basta, basta, basta, basta, basta.
"Podemos enviar a cualquier otro a vigilar el domicilio de Kim hasta que Grothy quede libre y pueda regresar. Pero mientras tanto no podemos perder el tiempo; no voy a tener a uno de mis mejores agentes holgazaneando cuando puedo utilizarlo para mejores fines" la decisión de George es final e indiscutible.
Mientras se aleja, tratas de respirar hondo y pedís que la sensación de celos se vaya, que desaparezca, que deje de quemarte por adentro. Celos injustificados, a decir verdad, porque es obvio que Tony no está interesado en Paula y es obvio que un hombre de 34 años jamás tendría algo con una criatura de 17, especialmente si esa criatura es la hija de Jack Bauer y aún más si ese hombre es Tony Almeida.
Te masajeas las sienes. Están hirviendo.
Y el día recién ha empezado a correr.
Te pones de pie despacio y te acercas hacia el escritorio de Tony, donde ha vuelto a sentarse después de que Mason regresara a su oficina en el piso de arriba, pero cuando llegas frente a él no sabés qué decirle, porque si bien hay mucho para decir – te amo, te necesito, quiero estar con vos, dame una oportunidad, es la primera vez que me enamoro y tengo tanto miedo... – ninguna de esas cosas pueden ser sacadas a la luz y puestas a discusión en un día como el de hoy.
"¿Estás bien, Michelle?" te pregunta, y una increíblemente refrescante sensación de tranquilidad te lava por adentro al comprobar que en el tono de voz empleado se encuentran encerrados sentimientos que te provocan reacciones mucho más profundas – y mucho más placenteras – que las que se despertaron dentro de vos cuando Paula fue a él en busca de consuelo o cuando de pronto tu mente fue asaltada por el fugaz pensamiento de que quizá sus intenciones de proteger a Kim iban más allá de querer cumplir la promesa hecha a Bauer.
Él se preocupa por vos, y por la manera en que esos ojos están mirándote, por la forma en que esa voz resuena en tus oídos, por la forma en que podés sentir toda su anatomía vibrando al unísono con la tuya, tenés la enorme y maravillosa certeza de que le importas mucho más que Paula, mucho más que Kim y – te atreves a pensar, aunque quizás estés yendo un poco lejos en esto de ilusionarte – tal vez mucho más que cualquier otra persona.
Estoy bien es lo primero que atinas a decir, pero las palabras quedan a medio formar en tu garganta y nunca llegan a deslizarse por tus labios y convertirse en sonidos, porque son interrumpidos.
"Están en línea, están verificando los antecedentes de Jack" la voz de Paula se oye apenas media milésima de segunda después que el pitido emitido por uno de los ordenadores, anunciando que la gente de Walt ha – tal y como ustedes supusieron – entrado al servidor para corroborar que los antecedentes de 'Rouch' sean ciertos.
El problema es que dichos antecedentes aún no han sido terminados de falsificar. El problema es que dichos antecedentes aún no han sido subidos a la red. El problema es que si esos antecedentes no están disponibles pronto para que la gente de Walt los consulte, si esos antecedentes no están disponibles pronto para que Jack pueda respaldar su historia, entonces es muy probable que sospechen de él y lo maten sólo por si acaso.
"¿Ya?" es lo primero que sale de tu boca
"Las direcciones de la red no terminaron de desviarse" dice Paula, señalando una obviedad que tratas de ignorar al tiempo que regresas a tu computadora. Arrojarte sobre el teclado, lista para intentar acelerar los procesos, ese es tu primer impulso.
"Tony, ¿ingresaste las fechas de entrada y salida de la prisión?"
"Todavía no, Paula, sigo esperando que se carguen las autorizaciones"
"Pero las necesito ahora. Están buscando dentro de los archivos de antecedentes y..."
No hace falta que diga el resto. No hace falta que diga que si no encuentran nada probablemente se deshagan de él como quien se deshace de una bolsa de escombros que molesta y estorba el paso.
"Esta gente no pierde el tiempo, ¿no?" comenta Tony con un dejo de sarcasmo.
"No puedo creer que hayan accedido tan rápido"
Los siguientes dos minutos pasan despacio, lento, como una eternidad, y sentís el pulso acelerándose y la adrenalina poseyendo tu cuerpo. Tecleas tan rápido como podés, cargas tantos datos como el servidor te permite y no volves a respirar hasta que finalmente entre los tres logran ingresar los antecedentes falsos. No volves a respirar hasta que el ordenador marca que la gente de Walt pudo acceder a ellos sin problemas. No volves a respirar hasta que los músculos del cuerpo se te aflojan y la adrenalina generada por el momento de desesperación comienza a diluirse.
El día está corriendo demasiado rápido, y tus miedos e inquietudes acerca de sí son o no capaces de alcanzarlo antes de que se pierda a lo lejos y termine con la explosión de esa bomba se incrementan con cada movimiento de las agujas del reloj.
Antes eran celos los que te consumían por dentro. Ahora es un abanico de toda clase de emociones intensas lo que te consume.
Un rato después – aunque ya estás empezando a perder la noción del tiempo y sentís como si tu jornada de trabajo hubiera empezado hace dos días y no hace menos de dos horas – oís los pasos de Mason resonando contra los peldaños de la escalera que conduce desde su oficina en el primer piso hasta la planta principal de la CTU. Luce apurado, nervioso, contrariado, y el hecho de que tenga el portafolio en la mano y parezca listo para abandonar el edificio hace que te preguntes si – por una de esas casualidades – no estará tratando de escaparse, de irse, de lavarse las manos, de sacarse el peso de los hombros, de desentenderse de semejante valija de responsabilidades...
No. Una voz interior lo dice tajantemente en tu cabeza. Mason jamás haría algo así. Debe tratarse de alguna otra cosa.
Tony se aproxima hacia a él metros antes de que el director de la CTU pueda alcanzar las puertas de la misma.
"¿Adónde vas, George?" si bien trata de sonar curioso, puede notarse que en su tono resbala un dejo de acusación, como si él también creyera que Mason está tratando de escapar.
"A Bakersfield" es la respuesta cortante y concisa. Trata de seguir camino, pero Tony no lo deja.
Bloqueándole el paso con su propio cuerpo, dispara otra pregunta:
"¿Para qué?"
"Sigo una pista" comienza a explicar George, tratando de restarle importancia al asunto "Me falta algo de gente hoy, así que voy a ir a ocuparme de ella yo mismo"
"Peter está asignado a Bakersfield" otro disparo, esta vez ya sí cargado de inculpación y sin intención alguna de simular la falta de creencia en la excusa que George acaba de darle.
"Sí, ya sé, pero lo puse a hacer otra cosa"
"¿Por qué?"
El ambiente acaba de ponerse tenso, tanto que podría cortarse fácilmente con un cuchillo.
"No tengo que decírtelo" alega Mason, ya cansado de verse demorado con ese juego de 'preguntas y respuestas' tan engorroso para él, que es un hombre acostumbrado a no lidiar con cuestionamientos de ninguna índole.
"En eso no estamos de acuerdo" sigue Tony "Si estás tratando de salirte del radio de la explosión..."
La acusación abierta hace a Mason estallar e incluso levanta la voz. Nunca antes lo habías visto así, nunca antes habías percibido tanto nerviosismo en su voz y en sus gestos, nunca antes el sarcasmo había quedado reducido a un papel secundario por la perturbación.
Es que esa palabra usarías para describir a George Mason, director de la CTU de la ciudad de Los Angeles: está perturbado.
"¿Quién te pensas que sos, Almeida? ¿Acaso tenés acceso a mi información para saber si estoy mintiendo o no?"
"No, no tengo acceso a tu información" viene la respuesta desafiante.
"Entonces mejor te callas y seguís haciendo tu trabajo"
Después de pronunciar esas últimas palabras con la boca colmada de mordacidad, George finalmente se dirige hacia las enormes puertas y abandona el edificio de la CTU.
Cuando un segundo más tarde tu mirada y la de Tony se encuentran, sentís la misma descarga eléctrica de siempre recorriéndote dulcemente de arriba abajo, pero también sentís una conexión que antes no estaba ahí. Sentís que de alguna forma los dos están pensando lo mismo: quizá George Mason los esté abandonando, quizá no vaya a volver, quizá de ahora en más todo se complique, quizá esa bomba sí va a estallar...
No la voz interior vuelve a decirte. No pienses en eso.
Tus ojos se apartan de los suyos y se posan sobre el reloj que te mira burlón desde su posición a un costado de tu escritorio.
Son las 9 de la mañana con treinta y seis minutos.
El día corre, pero por momentos es como si el tiempo pasara demasiado despacio, como si cada segundo estuviera recargado con una densidad mortal.
El día corre, y recién empieza.
No tenés ni la más mínima idea de la cantidad de cosas que van a suceder hoy, pero podés comenzar a palpitarlas.
No tenés ni la más mínima idea de lo que está por ocurrir dentro de menos de dos horas. Ni la más leve sospecha.
Masajeas tus sienes otra vez, tratando de empujar fuera de tu cabeza cualquier pensamiento relacionado con la posibilidad de que George Mason los haya dejado a las buenas de Dios. Quizá es verdad que fue a Bakersfield a seguir una pista.
Masajeas tus sienes otra vez, tratando de olvidarte de Tony y de los celos que tu obsesión por él te provoca.
Masajeas tus sienes y – aunque lo intentes – no podés deshacerte del pensamiento de que el día que te toca vivir hoy corre, y corre demasiado rápido a la vez que demasiado lento.
Corre, corre, corre y tenés miedo de que no lleguen a alcanzarlo antes de que se arroje a un precipicio y los arrastre a todos ustedes con él.
