ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece. Notas al final.


IMBRANATO


VEINTIUNO

Adamo creyó que se trataba de una broma cuando su madre le informó que Antonio había estado en el hospital junto a unos papeles para el cambio de apellido... SU apellido. Rió, rió tanto que el estómago comenzó a doler, sin embargo al ver que Lovina no cambiaba su semblante, el de ojos verdes borró de sus facciones todo rastro de burla y a cambio mostró un ceño fruncido, el mismo que mostraba la italiana cada vez que estaba cabreada —lo cual a decir verdad era bastante a menudo, aunque aquel no era el caso; ahora más bien estaba profundamente inquieta—. Adamo se tomó apenas unos minutos para pensar… ¿quería apellidarse Fernández? ¡Por supuesto que no! Él iba a ser Adamo Vargas hasta el día de su muerte, quería que su lápida sólo tuviera un apellido y ningún papel elegante iba a cambiar eso. Acentuó más su ceño fruncido y le dijo a su madre que si por casualidad volvía a ver a Antonio, por favor le dijera que definitivamente no estaba interesado en pasar a ser legalmente parte de su familia. No podía negar que cierta parte de él estaba feliz por tener a Paulo dentro de ella, pero al estar Antonio y peor aún, María de por medio, rechazaba la oferta.

Lovina suspiró al escuchar la puerta de la habitación de su hijo siendo cerrada; gracias al cielo no había dado un portazo, aunque eso no significaba que el menor estuviera menos molesto. Sabía además que Antonio se iba a poner muy insistente con el hecho de tratar de convencer a Adamo para el cambio… pero bueno, ese era problema de él, ella no se metería. De todas maneras, trataría de hacer entender al español que lo mejor para su hijo sería no presionarlo. Tal vez luego de pensarlo un poco más tranquilo, el menor accedería a la petición… tal vez; supuso que ese argumento le serviría para que el español no se expusiera a un mal rato… aunque no es como si a ella le importara.

No demasiado.

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Los meses continuaron pasando, demasiado rápido a decir verdad; ya para cuando se había dado cuenta, Adamo estaba saliendo de su último día de clases como escolar. Caminó lentamente hasta la salida, aún cuando varias de sus compañeras estuvieran llorando a chorros debido a separarse de la gente con la que había estado tanto tiempo. Tal vez él no se sentía así por haber estado sólo un año junto a ellos, así que de cierta forma se sentía ajeno a todo ello. Lo único que tenía en mente ahora era seguir estudiando lo más posible para que al dar el examen en la universidad W, su calificación fuera lo suficientemente buena como para quedar en la facultad de leyes… ni siquiera la graduación le emocionaba, eso de tirar el gafete al aire le parecía demasiado película norteamericana, así mismo el baile al que Alexis le estaba obligando a asistir. Y hablando de ella, la rubia se colgó de su brazo, impidiéndole seguir caminando. El ojiverde gruñó y la de gafas sólo atinó a reír.

—Me acompañarás.

—¿Disculpa? —gruñó, y es que Alexis ni siquiera le estaba preguntando. Él quería pasar la tarde estudiando, no acompañándola a alguno de sus asuntos (que seguramente serían estúpidos, pero no lo diría a viva voz porque enserio no le apetecía pelear con ella). Alzó una ceja al ver que la francesa se aferraba aún más a su brazo derecho y comenzaba a pestañear muy rápido, como tratando de conmoverlo. El castaño rodó los ojos y con una mueca trató de soltarse del agarre. Esa mujer tenía muchísima fuerza.

—A mi casa —comenzó—. Necesito una opinión más… objetiva. Ya se lo mostré a mi papá, a mamá, a mi nana y a Daniel, pero todos lo encontraron lindo, lindo —bufó, ignorando completamente que Adamo no entendía ni una sola palabra de lo que estaba hablando—. Yo sólo encuentro defectos, aunque los colores me agradan, por eso, quiero aprovechar que aún tengo tiempo para arreglarlos; quiero dar una buena impresión —clavó sus ojos castaños en los verdes de su mejor amigo y nuevamente trató de conmoverlo—. Por favor, estoy desesperada y se me acaba el tiempo.

—No sé de qué demonios me estás hablando —musitó y nuevamente trató de soltarse de Alexis, pero ella le tenía muy bien sujeto, con las uñas casi encarnadas en su piel… mujeres y su maldita manía de dejarse las uñas largas. Suspiró—. Explícame o no te acompañaré a ninguna parte.

La adolescente detuvo sus pasos, quedando unos metros lejos del auto gris que siempre pasaba por ella al colegio; llevó sus manos al puente de su nariz y lo acarició, las gafas comenzaban a incomodar... aunque seguramente sólo se trataba de estrés pues estaba acostumbrada a ellas. Luego de unos segundos asintió con la cabeza y jaló al ítalo-español hasta una banca para estar más cómodos; ciertamente era un alivio que sus demás compañeros aún estuvieran ocupados lloriqueando, pues nadie les prestaría atención, así mismo, agradeció que dicha banca estuviera lejos del auto con el chofer que la esperaba… no tenía nada en contra de ese hombre, pero la verdad prefería mantener aquello aún como un secreto, pues sabía que sus padres le reclamarían y la harían desistir de ello. Suspiró.

—¿Te acuerdas que te dije que hace tiempo había peleado con mi abuela y mi papá porque no quiero estudiar ingeniería? Bueno… —hizo una pausa en la que se dedicó a juguetear con sus dedos, el tema en verdad la ponía ansiosa—. Resulta que lo que realmente quiero hacer es ir a una escuela de moda en Paris, ahí está una de las mejores del mundo, pero para ingresar debo presentar un diseño lo suficientemente bueno para ser considerada como potencial estudiante. H-hice un vestido —comentó, insegura de sus palabras—. Dos en realidad, uno es el que usaré en la fiesta de graduación, ya está listo y es muy lindo —sonrió, mas pronto su semblante de preocupación volvió—; es el otro el que me preocupa… sólo Daniel sabe el por qué, mis padres creen que soy lo suficientemente pretenciosa como para cambiarme de vestido en medio de la fiesta —suspiró—. Por eso…

—¿Quieres una opinión? —alzó una ceja. Bien, a él le gustaba la ropa, siempre vestía bien y sabía las cosas que estaban de moda, pero ropa de hombre, no tenía ni una idea sobre los estándares femeninos. Para él que una mujer se pusiera un vestido era suficiente (y que tuviera las piernas depiladas, pero eso no venía al caso). No sabía de qué forma podía ayudar a Alexis, aunque si ella insistía, le ayudaría—. No sé nada sobre ropa de mujer.

—Por favor —le tomó las manos y le vio directamente a los ojos—. Prometo no molestarte en dos semanas… además puedo hablar con mi abuelo para que te tenga en consideración cuando vea tu solicitud para W. Por favor.

—Me habías convencido con lo primero, aunque lo segundo suena mucho más tentador —mofó. Aunque ciertamente que la nieta del rector de la universidad intercediera por él era bastante bueno, no lo haría por eso, si no porque Alexis era su amiga, la quería y los amigos se ayudan cuando el otro está en aprietos. Pero definitivamente no le diría que era por eso, la maldita loca se burlaría… o peor, lo abrazaría y lo llenaría de besos salivosos. Se puso de pie e hizo que la de gafas le imitara para luego caminar hasta el auto. Adamo le reclamó que fuera rápida, pues quería estudiar.

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Si alguna vez tuvo dudas, ahora definitivamente las descartaba; Alexis era una niña mimada, y con mayúsculas. Su casa parecía una maldita mansión, tenía chofer propio, además de un par de mucamas vestidas al más puro estilo francés. El ojiverde miró al cielo y gritó en su mente qué demonios había hecho para hacerse amigo de una persona como la rubia que no paraba de jalarle el brazo, huyendo de una mucama que no paraba de preguntar si necesitaban algo. No hesitó en sentarse en la cama de la fémina y así intentar recobrar el aliento. Ahora sí que le vendría bien el juego con hielo que les habían ofrecido nada más al llegar, aunque no le animaba mucho el hecho de volver a encontrarse con esa mujer demasiado servicial. Alexis le pasó una lata fría que había sacado del mini-refrigerador que tenía en la esquina… entonces pensó que el departamento en el que vivía cabía en ese lugar e hizo una mueca.

Vio a la rubia sacar dos maniquíes del que supuso era el clóset (aunque lucía muy vacío para tratarse de tal) y luego, con cuidado, puso en ellos los vestidos que había comentado mientras aún estaban en el colegio. Uno era morado oscuro, la tela era brillante así que supuso que sería de satín o de seda, no supo decirlo con seguridad debido a la distancia a la que estaba; era más bien corto, con el pecho lleno de bordados y la falda abultada. El otro era amarillo, igualmente corto, pero a su juicio era más bonito, pues no tenía tantos detalles como el primero, aunque no por eso el vestido morado era feo, sólo que él gustaba más de lo minimalista… al menos para vestidos. Pasó su mirada por ellos, del primero al segundo y así sucesivamente. Debía darle crédito a Alexis, ambos estaban muy bien confeccionados y pudo jurar que estarían en cualquier tienda de modas.

—¡No te quedes ahí como imbécil! ¡Dime algo, maldita sea!

—Son lindos —comentó sin más, no luciendo pero ni un poco afectado por el grito de la rubia de gafas; después de todo él reaccionaba igual o peor cuando estaba nervioso. Volvió su mirada a los vestidos, si tuviera que elegir, definitivamente se inclinaba por el amarillo, era muy… no sabía decirlo con exactitud, pero el color festivo le agradaba—. ¿Cuál es el que usarás para la fiesta y cuál para… ya sabes, postular? —no sabía si esa era la palabra adecuada, pero no iba a detenerse en una nimiedad como aquella.

—La verdad aún no lo sé; supongo que el mejor lo usaré para las fotos y el otro para la fiesta —volteó para encarar al ojiverde y se acercó a él—. Seguro debo parecer loca preguntándole a todos los que conozco cuál les gusta más, pero enserio su opinión vale mucho.

—Me gusta el amarillo.

—¿Por qué?

—Porque parece más festivo… el otro igual es lindo, pero tiene muchos detalles y prefiero los vestidos no tan recargados —se encogió de hombros. Desde que era niño recordaba haber visto a su madre pocas veces con un vestido elegante, pero incluso en esas pocas ocasiones recordaba que las prendas de la italiana eran sobrias, recatadas y femeninas, sin tantos adornos que a veces eran innecesarios—. Pero eres tú la que al final va a decidir; confía en tu intuición y… si no te aceptan, es porque son idiotas.

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El resto de los días antes de la fiesta de graduación se la pasó encerrado estudiando; le habían dicho que el examen para ingresar a la facultad de leyes en la universidad W no era precisamente sencillo… Antonio incluso le había confidenciado que él había tenido que hacerlo dos veces ya que la primera vez le faltaron apenas cinco puntos. Por supuesto que en todo el rato que duró la conversación telefónica el español no hizo siquiera intento de hablar con su hijo acerca del cambio de apellido, se limitó a decirle que lo mejor para él sería esforzarse lo más posible para que ya a fines de Julio comenzara a fantasear con sus clases y no perdiendo el sueño pensando que en Agosto tendría que repetir el examen. Pasarse el verano estudiando no era demasiado alentador así que hizo caso a… su progenitor. ¡Hasta había dejado pasar esa ocasión en la que Jett había pasado por su madre para una cita! Decidió que lo mejor sería concentrarse a su ciento por cien y luego enfocarse por completo en el tonto que aún pretendía a su madre.

El día antes de la fiesta de graduación, Lovina ingresó a la habitación de su hijo, sonriendo al ver que estaba enfrascado en los libros; Adamo siempre había sido buen estudiante y esforzándose tanto como hacía hasta el momento seguro que aprobaría sin problemas el examen de ingreso. Se sentó al borde de la cama y le vio estudiando, maldiciendo por lo bajo que uno de los exámenes fuera de matemáticas, ¡él quería ser abogado! ¡Los abogados no andan con una calculadora científica en el maletín! Se masajeó los párpados y luego miró a su madre, que jugueteaba con el peluche que tenía desde que tenía uso de razón: un conejo rosa al que afortunadamente los años no le habían tratado tan mal.

—¿Pasa algo, mamma?

—En absoluto —alisó el cobertor de la cama y luego abrió el clóset, viendo el elegante traje que le había comprado a su hijo tiempo atrás; lo cierto era que le costaba creer que su niñito ya no lo era más, ahora era un hombre, mañana sería su fiesta de graduación, dentro de poco estaría en la universidad y ya no le vería con la misma frecuencia que acostumbraba. Sintió que algo se rompió dentro de ella, pero no por ello estaba menos orgullosa de Adamo. Miró al techo, intentando disimular lo más posible el amague de lágrimas y volteó a ver al ojiverde—. ¿Ya tienes todo listo para mañana? ¿Cómo lo harás con Alexis? ¿Se juntaran en la entrada del hotel o…?

—Me pidió que vaya a su casa, pero le dije que ni loco pensaba molestarte para que me llevaras o peor, tomar mil autobuses para llegar al quinto infierno —bufó, su amiga vivía bastante lejos del centro de la ciudad y se preguntó cómo lo hizo todos esos años para siempre llegar a tiempo a clases, perfectamente ordenada y con una radiante sonrisa; si él tuviera que madrugar para llegar a tiempo a clases seguro odiaría a todo el mundo—. Así que dijo que iba a mandar un auto para que me recogiera a eso de las siete de la tarde.

—Iré contigo.

—¿Ah? —no, a diferencia de lo que cualquiera pudo haber pensado, a Adamo no le molestaba que su madre fuera con él a casa de Alexis, seguramente quería tomar mil fotos antes de tener que volver al hospital; no la culpaba, supuso que si tuviera un hija igual haría lo mismo—. ¿Pero no se te dificultaría tu trabajo? Ese día tienes turno completo porque faltaste para ir a tu cita con Jett —su voz claramente sonó como un reproche, aunque Lovina pareció no darse cuenta de ello o simplemente lo ignoró—. No me gustaría que tuvieras problemas.

—No te preocupes por eso, puedo decirle a Mathias que me cubra dos horas —sonrió y le acarició el cabello a su hijo. Por ningún motivo iba a permitirse no ver a su hijo con un lindo traje—. Dile a tu amiga que yo te llevaré a su casa, así luego puedo volver al hospital en mi auto y todos felices. Ah, y dile que quiero muchas fotos —musitó antes de salir de la habitación de su hijo; pronto serían las tres de la tarde y debía volver al hospital, pues su hora de colación estaba por acabar.

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Mathias alzó una ceja y luego se cruzó de brazos ante la petición de la italiana, otra vez pedía ser cubierta del trabajo, mas ahora sólo por un par de horas. El danés resopló y es que la última vez que le ayudó hubieron muchos pacientes en la sala de emergencias y había terminado agotadísimo… claramente no quería arriesgarse nuevamente a ello. Lovina apeló entonces a su estatus de madre soltera que toda su vida había tenido que sacrificarse por su hijo y el rubio no pudo soportar las palabras cargadas de melancolía; lo cierto era que a la mujer no le gustaba llegar a esas instancias ni mucho menos dar pena, pero Mathias era el único médico al que le tenía confianza como para pedirle aquello. Lo abrazó cuando por fin aceptó a ayudarla y le prometió que en el siguiente turno doble ella se encargaría de todos sus casos en tanto el de ojos celestes podía seguir durmiendo. Era una propuesta que el hiperactivo hombre no pudo rechazar.

Lovina sonrió aliviada, sin embargo su alegría no duró demasiado al recordar a cierto español que no salía de su cabeza, mordió su labio inferior y clavó sus ojos en el suelo mientras caminaba por los pasillos del hospital con rumbo al laboratorio que tenía más que abandonado —debía hablar con su jefe para que le quitara la responsabilidad de esa área y a cambio sólo la dejara en urgencias; le divertía mucho más estar ahí con toda la acción que rodeada de reactivos químicos—. Hizo una mueca al ver que no había nadie y soltó un suspiro, jugueteando luego con el teléfono celular que tenía en el bolsillo de su delantal blanco. Suficientemente malo había sido que Antonio se perdiera el cumpleaños de Adamo, aún cuando tuviera la excusa de que se había olvidado… ¿debía decirle ahora que al día siguiente era la fiesta de graduación de su hijo? Si decía que se le había olvidado informarle estaría mintiendo y eso no me agradaba. Suspiró nuevamente y sacó el aparato para luego verlo fijamente y maldijo, maldijo a Antonio por aún causar miles de sensaciones en ella, lo maldijo porque sabía que él había terminado con su novia por ella, lo maldijo porque seguía siendo el mismo tonto adorable del que se enamoró y lo maldijo porque era su culpa que no pudiera llevar al otro nivel su relación con Jett.

—Bastardo… —musitó por lo bajo. Buscó el número de su oficina y lo contempló unos segundos antes de presionar para iniciar la llamada. Nuevamente suspiró al escuchar una voz femenina indicando que se había comunicado con E&G abogados, Lovina no perdió el tiempo y pidió hablar con Antonio… sólo esperaba que el traspaso de la llamada no tardara mucho o en el intertanto se iba a arrepentir y cortar, aunque si hacía eso no dudaba que el español apareciera en el hospital, así que nuevamente suspiró y decidió armarse de paciencia.

—Lovi… —como siempre, el ojiverde habló de muy buen humor y es que el hecho que la mujer le llamara mejoraba automáticamente su estado anímico. Se acomodó en la silla y dejó de lado los papeles que hasta hace pocos segundos estaba revisando—. Me alegra escucharte.

—¿Cuántas veces tengo que decirte que mi nombre es Lovina, maldita sea? —gruñó y se masajeó las sienes con su mano libre, intentando calmarse; nada iba a conseguir si se ponía a pelear con Antonio y… ¡se suponía que iba a hacerle un favor en avisarle! Su contraparte no le hacía fáciles las cosas e hizo una nota mental para agregar ese hecho a su lista de: razones por las cuales odiar al bastardo español—. Mañana es la fiesta de graduación de Adamo… creí que querrías saberlo.

Al otro lado de la línea, Antonio sonrió suavemente; una fiesta de graduación no era tan importante como un cumpleaños, aunque no por ello se perdería a su hijo vestido con un elegante traje que seguramente Lovina y su buen gusto para la ropa había elegido. Le preguntó entonces si le tomaría fotos o algo así y agregó que a principios de año se había comprado una de esas cámaras que son la envidia de las otras, pues hace unos años había descubierto su especial interés por la fotografía. Lovina internamente se alegro de ello, pues tenía una cámara común y claramente las fotografías quedarían muchísimo mejor con una cámara de mejor calidad. Le dijo entonces al español que Adamo le había dicho que estaría en la casa de su amiga Alexis a las siete de la tarde y ante cualquier duda, apuntó luego que la Alexis a la que se refería era la hija de Francis Bonnefoy. Sin más la italiana cortó la llamada, dejando al ojiverde aún con muchas dudas… tal vez ella no sabía que el gabacho se había divorciado hace ya muchos años y que por ende la hija de éste tenía, en estricto rigor, dos casas. Bufó y llamó entonces a su amigo para aclarar detalles pues dudaba que Lovina contestara la llamada.

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A diferencia de Lovina, que estaba de un lado a otro, ansiosa por tomar mil fotos a su hijo, Adamo estaba enfrascado en unos libros que había pedido en la biblioteca que estaba en el centro de la ciudad, todos los tiempos libres eran beneficiosos para estudiar; deseaba más que nada en el mundo ingresar a la universidad W y no iba a permitir que algo como la flojera se interpusiera en su camino. A eso de las seis de la tarde fue al baño para ducharse y cerca de las siete su madre le llamó por teléfono, indicándole que estaba esperándolo frente al edificio de departamentos. El ojiverde tomó el traje y el bolso que había preparado con las cosas que necesitaría y una vez dejó todo en el asiento trasero, procedió a indicarle a la italiana el camino hasta la casa de Alexis. Cuando faltaban un par de metros para llegar, Adamo llamó a su amiga y ésta le dijo que enviaría una mucama para que lo recibiera y lo llevara a una habitación para que se arreglara; Lovina enarcó una ceja ante la pomposidad de todo lo que la rodeaba, aunque bueno, la esposa de Francis debía ser tan exagerada como él en sus años de juventud así que no había mucho de qué sorprenderse.

Otra mucama la condujo hasta el salón, lugar donde mencionado gabacho, una mujer rubia que supuso era su esposa y Antonio bebían, sumidos en una apacible conversación. El español se puso inmediatamente de pie cuando vio aparecer a la italiana y esta se limitó a ignorar su efusividad y se limitó a saludar a los presentes. Apenas unos minutos le tomó a Lovina darse cuenta que los únicos que conversaban eran los hombres, la mujer rubia permanecía en silencio, con el ceño fruncido y con su vaso casi intacto. La misma mucama que le había guiado le ofreció algo de beber ante lo que rechazó, pues luego de eso debía volver a trabajar… aquello llamó la atención de la rubia que no hesitó en preguntar con cierta soberbia en qué trabajaba la italiana; ella nunca había tenido necesidad de hacerlo, pues gozaba de lujos y comodidades. Lovina entendió el intento de la mujer por mirarla en menos y muy orgullosa comentó que era médico en el Salvator Mundi International Hospital, una institución de alto prestigio. Rio por lo bajo cuando la desagradable mujer desvió la vista y optó por permanecer en silencio.

Pensó entonces que había interactuado muy poco con Alexis, pero aún así saltaba a la vista que no tenía ni la dramática personalidad de su padre, ni la altanera de su madre y eso le alivió; su hijo sabía escoger a sus amigos después de todo.

—¿Tienes turno doble hoy? —Antonio decidió romper el silencio; suficientemente incómodo se había sentido al llegar y estar en medio de las miradas de odio de los ex-esposos; definitivamente no quería repetir la experiencia tan desagradable. Más de una vez se preguntó qué había visto Francis en ella, pues el gabacho había confesado que hubo un tiempo en que en verdad quiso a Katherine, sin embargo nunca la amó.

—Ah, sí —suspiró solo al pensar en todo el café que debería beber para mantenerse despierta y poder atender competentemente a los pacientes—. El otro día tuve que ausentarme debido a un compromiso así que ahora lo justo es que recupere las horas perdidas y salve un par de vidas —si bien lo cierto era que los casos más urgentes pasaban directamente a cirugía, era ella la que en muchas ocasiones debía decidir si eso era o no lo más conveniente para el paciente. Ser médico de urgencias era un trabajo estresante, pero así y todo le gustaba.

Era raro estar hablando con Antonio como si fuesen amigos de toda la vida, como si todo lo que había pasado entre ellos hubiera sido olvidado, sin embargo lo mejor era permanecer de ese modo, al menos hasta salir de esa casa y el ambiente en extremo tenso; Lovina pudo jurar que ni en el hospital se sentía ese tipo de atmósfera. Francis interaccionaba de tanto en tanto con un par de comentarios, sin embargo eran el español y la italiana los que llevaban la batuta de la conversación y, la fémina tuvo que admitirlo, la charla con Antonio en verdad era algo que estaba disfrutando… un hombre con constantes temas para hablar le resultaba atractivo, pues así era difícil aburrirse. Antes de darse cuenta estaba deseando estar entre los brazos de quien pronto —o eso creía— sería su ex-esposo y aquello provocó un nudo desagradable en su garganta. Por suerte para ella, Adamo y Alexis no tardaron en acercarse al salón; la muchacha se había quitado las gafas, su largo cabello rubio componía ahora un bonito peinado que le combinaba a la perfección con su vestido morado… y más importante aún, se veía muy bien junto a su hijo como pareja. Más de una vez Lovina notó ciertas actitudes que le hacían pensar que tal vez Adamo sentía algo por Alexis, aunque nada era lo suficientemente claro.

—Estás tan guapo, hijo —el aludido no tardó en sonrojarse levemente ante el cumplido de su madre, más aún cuando Alexis le dio la razón y comenzó a molestarlo. Adamo gruñó y le reclamó a la muchacha que no estaba cumpliendo su promesa; los adultos se mostraron curiosos ante ello, sobre todo cuando la rubia menor se disculpó con su mejor amigo y propuso luego ir al jardín para tomar las fotografías. Antonio reaccionó de inmediato, sacando su cámara del estuche, siguiendo luego a los adolescentes que no tardaron en posar… o bueno, al menos Alexis.

Fue esta misma la que, luego de casi treinta minutos de flashes y demás, musitó que ya debían irse, pues querían aprovechar la fiesta al máximo. Katherine ordenó a una de sus mucamas ir a decirle al chofer de su hija que estuviera listo apenas ella volviera a salir de la casa, pues la joven había vuelto a su habitación por su bolso y un chal a juego con el vestido. Los menores se despidieron antes de subir al auto que los llevaría al salón de eventos donde se desarrollaría la fiesta. Al verse por fin libre, Lovina no dudó en también despedirse y, por qué no decirlo, huir de esa casa; seguir en presencia de esa desagradable mujer, Francis y peor, Antonio, era algo que no podía seguir aguantando, por eso cuando puso en marcha su auto se sintió muchísimo más tranquila. Aunque… ¡maldita sea! Se había olvidado decirle a su hijo que no bebiera de más, debía ser realista, no podía haberle pedido que no bebiera. Bufó y gruñó… si se le pasaban las copas a Adamo, al menos podría atenderlo ella misma. Al caño la política de no poder atender a familiares.

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El salón de eventos del hotel Eurostars no podía estar mejor decorado. A leguas se notaba que el lugar era más bien del tipo ultra elegante, pero ahora además de varias pequeñas mesas circulares con cuatro sillas, tenía un Dj, una improvisada aunque bien hecha barra de bebidas, otra barra de comida, una pista de baile y hasta luces led. Lo que más agradecía Adamo era que había muchos mini-balcones a los que podría salir a tomar aire cuando el calor fuera insoportable. Luego de saludar a sus compañeros y que Alexis chillara por los lindos vestidos de sus amigas y claro, se pavoneara del que había hecho, por fin todos parecieron ponerse de acuerdo para iniciar la fiesta. En primera instancia el ítalo-español se vio obligado a bailar un rato ante la insistencia de la rubia que parecía eufórica por divertirse un rato… y había que resaltar el hecho que aún no había bebido ni una gota de alcohol; el ojiverde hizo una nota mental para procurar que Alexis no se embriagara, pues sabía que apenas el calor por moverse tanto se hiciera presente, los vasos iban a ir uno tras otro.

A eso de las once de la noche, con varios de sus compañeros medio ebrios en la pista de baile y sintiéndose demasiado acalorado como para seguir bailando, Adamo le indicó a la rubia que iría a descansar un momento. Se sacó la chaqueta de su traje, dejándola sobre el respaldo de una silla y luego fue a buscar algo para beber; sabía que nadie iba a robar un saco, así que no se preocupó por simplemente dejarlo ahí. En primera instancia pidió una gaseosa con mucho hielo y cuando ya el calor mermó un poco, se decantó por un poco de vino… pensó que sería agradable beber en uno de los balcones, así que caminó hasta el que estaba más al fondo y por ende más lejos de los parlantes. Tal y como supuso, el lugar estaba vacío así que se permitió relajarse, soltando luego un poco el nudo de su corbata. Dio un sorbo a su copa y sonrió al pensar que si bien no estaba en la fiesta con sus amigos de toda la vida, de igual modo lo estaba pasando bien, debía darle crédito a Alexis por ello.

—Sabía que eras tú. Te reconocí por el traje.

Más que nada con curiosidad, Adamo dio media vuelta para encontrarse con el mismo chico que le había ayudado con su traje hace ya casi dos meses. Abrió la boca y luego esbozó una leve sonrisa, sin lugar a dudas no esperaba encontrarse nuevamente con él, mucho menos en su fiesta de graduación. Sabía que le había dicho su nombre, pero no lo recordaba y no quería incomodarlo, así que trató de hablar normalmente con él. Le llamó la atención que estuviera con ropa normal, entonces su contraparte le informó que era uno de los Dj que habían contratado… bueno, el ojiverde pensó que era obvio que hubieran al menos dos, pues así uno podía descansar o ir al baño en tanto el otro seguía con la música. Siguieron conversando un buen rato, eso hasta que Adamo comenzó a incomodarse por la cercanía de su contraparte, no se había dado cuenta cuando el contrario se había acercado tanto a él; trató disimuladamente de separarse, sin embargo el joven frente a él se lo impidió, tomándolo de la muñeca y arrinconándolo contra la pared. Su incomodidad creció exponencialmente y sintió explotar cuando aquel desconocido le dio un beso en los labios. Cuando por fin reaccionó, lo empujó con todas sus fuerzas e ingresó nuevamente a la fiesta en busca de su saco para poder irse; se sentía realmente mal y definitivamente no quería seguir en ese lugar con ese sujeto tan cerca. Cuando por fin tomó la chaqueta de su traje, fue interceptado por Alexis, que muy animada le pidió ir nuevamente a bailar con ella.

—No quiero.

—¡Pero Adamo! —reclamó y lo jaló del brazo, obligándole a ir con ella a la improvisada pista de baile. Se suponía que esa era una instancia para que todos lo pasaran bien y si su mejor amigo estaba gruñón por la música muy fuerte o lo que sea, se encargaría de mejorarle en ánimo—. ¡Anda, vamos a bailar!

—¡Dije que no, Alexis! —su grito fue camuflado con la música que inundaba el salón, aún así la rubia lo captó a la perfección. El ojiverde se soltó bruscamente del agarre de la rubia y tras unos segundos en los que intercambiaron una mirada de incomodidad, Adamo salió del salón aunque no se fue inmediatamente del hotel. Se sentó en la pequeña escalinata que había en la entrada con su saco entre las piernas y se hundió en sus pensamientos; se sentía realmente mal… podía admitir que era hasta gracioso que alguien le robara un beso, pero no dos veces y peor, un hombre que apenas había visto un par de ocasiones. ¿Acaso él no merecía tener un romance en la que la persona que lo besara sintiera por él algo más que atracción física? Se sintió aún peor ante ese pensamiento y hundió el rostro entre los brazos.

—¿Adamo?

Reconoció en el acto la voz de su mejor amiga aunque la ignoró, no quería que Alexis lo viera en ese estado tan patético. Sintió que la muchacha se sentaba a su lado y lo abrazaba, apoyando su cabeza en el hombro de él. Permanecieron en esa posición por varios minutos, y Alexis negó a irse, aún cuando Adamo le pidió por favor regresar a la fiesta, después de todo se la estaba perdiendo por su culpa. La rubia reclamó que no lo dejaría en ese estado y el ojiverde nuevamente se sumió en el silencio. La fémina se dedicó entonces a acariciar la espalda de su contraparte en un intento por confortarlo; estaba preocupada, no sabía qué cosa tan terrible pudo haberle ocurrido para tenerlo en ese estado… dudaba que haya peleado con alguien, Adamo se llevaba bien con todos sus compañeros, aunque más de uno estaba ebrio y aquello saca lo peor de la gente, tal vez…

—¿Qué pasó, Adamo? —inquirió con voz suave, sin querer presionarlo o algo parecido; lo último que quería era aquello. Lo abrazó con mayor fuerza cuando sintió los brazos del aludido rodear su cuerpo y se quedó de piedra cuando sintió que su hombro se mojaba. Iba a matar a quien se atrevió a poner en ese estado al castaño—. Adamo…

—El Dj me besó —musitó sin más, ahorrándose los detalles y divagaciones. Debido a que aún tenía la frente sobre el hombro de Alexis, no notó cómo ésta abría y cerraba la boca tantas veces que pronto pasó a ser una imitación mal hecha de un pez fuera del agua. Ella pensó en cómo reaccionaría si una mujer la besara… seguramente se sentiría rara, aunque dudaba de estar tan mal como Adamo; rápidamente supuso que aquello no era lo único que molestaba a su amigo, aunque prefirió no indagar en aquello… al menos no ahora.

—Yo lo mato —exclamó con rabia, poniéndose de pie, más que dispuesta a darle una paliza al idiota que se había atrevido a tocar a Adamo, sin embargo el ítalo-español la detuvo, haciendo que nuevamente se sentara a su lado. Se limpió los restos de lágrimas y luego pasó su saco por los hombros de la muchacha que había comenzado a temblar… de frío, de rabia, no sabía, pero prefería prevenir—. Adamo, enserio no me cuesta nada ir a golpear a ese hijo de…

—¿Y arruinar la fiesta de graduación? No —negó con la cabeza y luego apoyó el codo sobre su pierna y el mentón sobre la palma de su mano—. Además no quiero que los otros se enteren que ahora le gusto a los gays… ¿puedes creerlo? —mofó sin verdadera alegría, gruñendo por lo bajo—. Como si no hubiera ya suficientes cosas malas en mi vida.

—No creo que haya algo malo en ser gay… es un tipo de amor tan válido como el heterosexual. Lo que me parece mal es que te haya forzado a besarlo cua…

—Alexis, no quiero seguir hablando de esto —enserio, enserio quería dejar de pensar que la gente lo veía como un trozo de carne, es más, la misma Alexis hace tiempo lo había molestado con ello, sin embargo nunca creyó cuánta razón en verdad tenía su amiga—. Ah, creo que mejor me voy a ir a mi casa.

—Espera, yo me voy contigo.

—Estás loca, te vas a perder la fiesta y no hacías más que hablar de ella. Quédate.

—Dije que me voy contigo, idiota —sonrió suavemente y se puso de pie, ayudando luego al contrario a hacer lo mismo. Le advirtió entonces que la esperara, que iría por sus cosas y luego podrían ir a comer pizza o helado… o ambos. Adamo reclamó que a las doce la noche no había nada abierto, entonces la rubia mencionó que conocía un lugar que tenía abierto las veinticuatro horas; lo sabía porque siempre que le daba antojo de algo, llamaba a ese lugar, mas luego advirtió que quedaba algo lejos así que mejor propuso llamar a su chofer para que los llevara y luego lo pasara a dejar a su casa. El ojiverde entonces sonrió de verdad y nuevamente la abrazó; podía ser que Alexis fuera escandalosa, chillona y que tuviera pésimo gusto para elegir novio, pero era la mejor amiga que podía haber encontrado.

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Debo decir que me odié por hacer que Adamo lo pasara mal, también por haber tardado tanto en subir; estaba hasta el cuello con estudio y sakdjhasda ¡pero ya terminé! Así que volveré a colgar capítulos con regularidad. Respecto a los reviews, mañana los contesto todos.