ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece. Notas al final.
IMBRANATO
VEINTIDÓS
Decir que estaba nerviosa era poco. Desde la medianoche del día anterior Lovina se había mantenido alerta ante cualquier reacción o cambio de estado anímico en su hijo, y es que parecía que en cualquier momento el menor iba a estallar a causa de la ansiedad… a las once de la noche de la presente jornada saldrían por fin los resultados de examen de admisión que Adamo había hecho hace casi dos semanas y sentía que los nervios se lo comerían vivo. Lovina trataba de tranquilizarlo, aludiendo a lo mucho que había estudiado y a que siempre en sus exámenes solía cumplir sus expectativas, sin embargo Adamo reconocía que el desempeño en el examen de postulación a la facultad de leyes de la universidad W no había sido el óptimo, él sabía que pudo haber obtenido un muchísimo mejor desempeño si no hubiera estado tan nervioso y si no hubiera estado ese estúpido reloj justo al frente del aula, riéndose de él pues a cada momento le avisaba que le quedaba menos y menos tiempo. Las consecuencias se veían ahora… la italiana reconocía que el carácter de su hijo era complicado, ¡cómo no iba a saberlo si era exactamente igual al de ella! Por lo mismo el de ojos verdes parecía furioso con el mundo al no saber el resultado obtenido y lo mejor era no hablarle, aún así, Lovina no podía dejar de estar preocupada.
Había hablado con Arthur esa misma mañana; el inglés parecía igual de interesado en el resultado del menor, pues a pesar de no haber compartido mucho con el chiquillo, bueno, era hijo de una de sus grandes amigas y no podía evitar tenerle algo de estima. Lovina estaba tan segura que Adamo había logrado quedar en la facultad que quería que estaba dispuesta a apostar su alma en ello, sin embargo el mal humor de su vástago era otro tema. Escuchó reír a Arthur del otro lado de la línea y tras un breve intercambio de palabras, le envió saludos a Adamo y cortó la llamada. Justo entonces la italiana prestó atención a la ficha médica que una enfermera estaba esperando para entregarle… "Varón, cincuenta y dos años. Tres días seguidos de dolor abdominal en la parte derecha. Probablemente se trate de apendicitis, pero hay que estar seguros antes de derivarlo a cirugía". Así era casi todos los días, los casos más extremos eran derivados al ala de cirugía en tanto ella en conjunto con los otros médicos de la zona de urgencias debían estar lo suficientemente capacitados para dar un buen diagnóstico y no hacer gastar innecesariamente miles de euros en una operación que no era necesaria. Luego la demanda no era algo que pudieran sacarse con demasiada facilidad, aún teniendo buenos abogados.
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Lamentó a sobremanera cuando vio que el reloj marcaba más de las diez de la noche y ella seguía trabajando. La Universidad W no era la única que daba los resultados de sus exámenes ese día. Otras, como la Universidad Católica Romana igualmente lo hacían, pero un par de horas antes… la decepción de los jóvenes que veían truncados sus sueños era tal que varios habían acabado con un ataque de histeria en la sala de urgencias. Si tan sólo hubiera una forma de hacerles entender que aún tenían oportunidad de entrar con el examen que se hacía a mediados de Agosto… o en su defecto, prepararse mejor para el otro año; el fracaso en un examen no es determinante para tu futuro, pues luego, cuando se logra superar la meta, el sabor de la victoria es más dulce. Lovina suspiró luego de terminar de poner una sonda con suero a su más reciente paciente; pensó entonces en su hijo y se sintió mal al saber que el menor estaba solo en el departamento. Lo había dejado solo tantas veces, cada una de ellas se sentía mal, pero si debía poner todo en una balanza, aquella era la vez que más mal se había sentido. Se aisló un poco del ajetreo que había a su alrededor y tomó su teléfono celular para llamarlo. La voz de Adamo claramente se notó inquieta y la italiana no supo qué decir cuando su hijo le dijo que Antonio estaba con él… bueno, era su padre, tenía ciertos derechos, sin embargo nunca imaginó que el español sería el apoyo moral de Adamo, mucho menos había pensado que el menor acabaría aceptándolo como tal.
La italiana arribó a su departamento veinte minutos luego de las doce de la noche… le había pedido por favor a su jefe darle una hora libre para ir a ver a su hijo, luego volvería. Aún cuando aquel día no tenía turno completo, el hospital tenía mucho movimiento y siempre que ello pasaba se llamaba a la mayor cantidad de médicos posible. Se había preocupado a sobremanera al no tener ni una llamada telefónica y pensó lo peor… el sólo escenario de su hijo deprimido por no haber quedado en W le partía el alma, ¡tenía que ir a verlo y consolarlo! Antonio tampoco le había llamado y eso la alteró aún más. Desde la calle se veía la luz encendida de la sala de estar así que supuso que debían estar ahí. Abrió la puerta y sintió que la mandíbula se le iba a caer producto de la impresión. No sabía en qué momento había llegado Paulo y Alexis, pero su atención se desvió de ellos al montón de latas de cerveza que estaban regadas en el suelo… ¡para qué hablar de su hijo! Estaba con las mejillas rojas y con una sonrisa tonta estampada en los labios. Lovina gruñó al ver semejante escándalo en su casa —pues no era solo alcohol, eran risas, gritos y… ¿una guitarra?— sin embargo unos segundos le dieron la impresión que para haber armado tal alboroto era porque todo había resultado bien. A duras penas, Adamo se levantó del sofá y corrió —o al menos lo intentó— a abrazar a su madre y hablarle con tantas palabras dulces que la italiana estuvo segura se derretiría en cualquier momento… en estado normal su hijo no era así de cariñoso.
—Mamma, mamma… —Adamo seguía pegado como chicle al cuerpo de su madre y no dejaba de frotar su rostro contra el pecho de ésta. Lovina se incomodó por la exuberante muestra de cariño y no pudo evitar que sus mejillas colorearan ligeramente. Dirigió entonces su peor mirada a Antonio, que observaba la escena con una sonrisa tan bobalicona como la que tenía su hijo hasta hace un momento. La dirigió entonces a Paulo, que en el acto dejó de tocar guitarra y se escucharon entonces los reclamos de Alexis, que igualmente estaba ebria… Lovina rogó entonces para que la chiquilla fuera mayor de edad—. ¿Qué demonios significa este escándalo? Si los vecinos acuerdan ponerme una multa por ruido la pagaran ustedes, bastardos.
—Quedé, mommy, quedé…
Estuvo segura que habían pasado años desde la última vez que Adamo la había llamado de esa manera y no pudo evitar llenarse de nostalgia. Pasó los brazos alrededor del cuerpo de su hijo y le acarició el cabello… ella sabía que lo iba a conseguir, aún así saber que se había cumplido su suposición la alivió a sobremanera. Sonrió cuando sintió que el menor se quedó dormido entre sus brazos y le pidió ayuda a Paulo para llevarlo a su cama… Adamo era más alto que ella y justo en ese momento no se sentía con la fuerza como para cargarlo. Se sentó entonces en el único sofá que estaba desocupado y esbozó una mueca al ver que la amiga de su hijo yacía igualmente dormida; Antonio estaba bebiendo los últimos restos de la lata y luego se acomodó lo más posible en el sillón que estaba. Lovina rodó los ojos y se cruzó de brazos; por supuesto que estaba contenta con el buen resultado que había obtenido su vástago en el examen de ingreso a la universidad, pero no pasaría por alto el hecho de que haya bebido hasta la ebriedad para luego quedarse dormido… para ella siempre sería un niñito y no podía beber, ¡por favor, que estaba estudiando! ¡No podía darse el lujo de maltratarse de semejante manera! Que ella en su juventud lo haya hecho no le daba derecho.
—Me sorprende verte aquí —comenzó ceñuda, no iba a negar que le molestaba la presencia del español, sin embargo si Adamo le había abierto la puerta no podía echarlo así sin más; no después de haber estado con su hijo en un momento tan importante—. No creí que Adamo te permitiría estar aquí solo con él.
—Oh, no tienes idea de lo que me costó convencerlo para que me dejara entrar —rió suavemente al recordar todos sus esfuerzos para hacer que por fin su hijo cediera y es que el adolescente podía ser tan obstinado como si madre en una de sus peores rabietas… no iba a saber Antonio de eso, si durante su juventud había perdido la cuenta de cuantas veces tuvo que tranquilizar a su temperamental novia y luego esposa—. Adamo tiene tu carácter y lamentablemente no puedo usar con él las mismas tácticas que usaba contigo.
—¡Maldito pervertido! —sonrojó furiosamente y no hesitó en arrojarle un cojín, pensó que golpearlo sería hasta cierto punto injusto, pues se notaba que Antonio no estaba del todo sobrio y aunque no estaba lo que se dice "completamente ebrio" bueno, sería mejor reclamarle las cosas cuando estuviera en sus cinco sentidos. Lovina gruñó y se cruzó de brazos, encarnando sus uñas en la piel; le molestaba que su hijo estuviera ebrio, le molestaba que la mejor amiga de éste estuviera ebria sobre el sofá, le molestaba que Antonio estuviera ahí. Volvió a gruñir y optó por mejor ir a ver a Adamo, Paulo se estaba tardando y la habitación del menor no estaba tan lejos. Cuando entró vio a su ex-cuñado terminando de arropar a su hijo y no pudo evitar que una sonrisa se le escapara. Indicó luego al luso que saliera del cuarto y cerró con cuidado la puerta tras de sí.
—¿Estás ebrio? —inquirió sin miramientos y directo al punto. Paulo se mostró primeramente contrariado por la pregunta, sin embargo tras mencionar que apenas había tomado un sorbo de cerveza y que a cambio luego se había decantado por la guitarra, la italiana lo apuró a la sala de estar en tanto le decía—: No tengo tiempo para lidiar con ebrios, así que llevarás a tu hermano y a Alexis a sus casas y luego volverás para cuidar a Adamo porque yo tengo que volver al hospital —le otorgó entonces una mirada que no dejaba derecho a réplicas y Paulo protestó… en su mente, claro que no se atrevió a exteriorizar sus palabras.
—Yo puedo cuidar a Adamo —intervino entonces Antonio y Lovina lo fulminó con la mirada. Le gritó en que se fuera a su casa de una maldita vez, además le recalcó el hecho que no estaba en las mejores condiciones para cuidar a su hijo pues su estado actual dejaba mucho que desear. Paulo musitó cansino que no tenía problemas en llevar a su hermano a su departamento, pero aludió a que no tenía idea dónde vivía Alexis, además del hecho que era claro que Antonio no estaba capacitado para indicarle el camino a la casa del gabacho. La italiana gruñó y trató de pensar en algo. Finalmente se decidió por permitir quedarse a la chiquilla durmiendo en su cama, pero a los otros dos sí que los echaría de su casa; no quería ni imaginarse al español haciendo escándalo con la guitarra a esa hora de la noche.
Nuevamente le pidió ayuda a Paulo, esta vez para llevar a la francesa a su cama; claro que a ella sólo se limitaron a sacarle los anteojos y los zapatos, a diferencia de Adamo que lo dejaron lo más cómodo posible para dormir y es que claramente existía confianza para ello. Tras una última mirada al luso que trataba de hacer entrar a Antonio al auto, Lovina ingresó al propio y dirigió su marcha al hospital. Estaba visiblemente más tranquila y por supuesto que feliz, sin embargo de algo estaba completamente segura: la reprimenda que tendría su hijo sería tal que ya no le quedarían ganas de volver a beber… ¡ella le había dicho que debía esperarse hasta los veintiuno! ¡Pero no…! El otro que recibiría sus gritos sería Antonio por darle alcohol a su hijo… ¿o habría sido Paulo? De cualquier modo sabía que igual acabaría gritándole al luso. Y es que cuando Lovina Vargas se enoja nadie se salva de su mal humor.
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Entre Arthur que le llamaba de cuando en cuando, disculpándose debido a que aún no podía convencer al español para firmar los papeles de divorcio, Antonio que ahora estaba en plan de conquista o algo así, Paulo y sus… interesantes ideas, el trabajo y cómo no, Adamo viendo el tema del traslado a su nuevo cuarto en el campus de la universidad W, el verano se le había hecho infinitamente corto. Las dos semanas que se había tomado de vacaciones transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos y ya cuando se dio cuenta, no estaba en la linda cabaña cerca de la playa que había arrendado junto con el luso y el novio de éste. Lovina no dejaba de encontrar extraño que Paulo haya propuesto salir de vacaciones y es que ni siquiera el argumento de: "quiero pasar más tiempo con mi sobrinito antes de que se vaya" le parecía convincente… además, estaba el hecho que cuatro de los siete días que habían pasado en la playa, había tenido que salir a cenar fuera con su hijo, pues los otros dos inquilinos se habían puesto un poco… cariñosos; aunque no, no habían sido unas malas vacaciones… a decir verdad hacía tiempo que no lo pasaba tan bien. Volver al trabajo luego de eso sí que fue un desastre, pues junto con ello, Antonio volvió a sus andanzas.
La última semana de Agosto se dejó de juegos y usó su día libre para ir a comprar algunas cosas que Adamo necesitaría en la universidad; si bien sabía que las habitaciones estaban implementadas con un escritorio, una mesa de noche y una cama, no podía asegurar que el colchón de ésta última estuviera en las mejores condiciones. Recordó que apenas un día después que ella ingresó a la universidad, llamó a su padre y entre quejas le pidió que comprara un colchón, pues su espalda estaba hecha pedazos y sabía que no iba a soportar así el resto del año. Compró además cuadernos, lápices, destacadores y todo lo que un universitario promedio necesitaría. El domingo igualmente lo pidió libre para acompañar a su hijo al campus; sabía que él más o menos lo conocía pues su clase había hecho una visita guiada, sin embargo prefería las cosas de ese modo, además debía asegurarse que el camión con el colchón llegara o tendría que pedirle ayuda a Arthur para efectuar una demanda… ¡se trataba de Adamo después de todo y por el estaba dispuesta a todo!
Llegaron al campus y Lovina le pasó un paraguas a su hijo antes de que este bajara con dirección al edificio principal para así esperar a que se matriculara y le asignaran el número de su nueva habitación así como la llave; la italiana había manifestado su deseo de acompañarlo, sin embargo el ojiverde le pidió por favor hacerlo solo, "como un adulto responsable" así que simplemente cumplió su deseo, sin embargo la espera se le hizo eterna, más aún con la música que pasaban en la radio que estaba por lejos fuera de su gusto. Supuso que había una fila bastante larga de gente, pues aquel era el único día habilitado para aquello y por lo tanto debía armarse de paciencia. Cuando ella era novata tuvo que esperar casi tres horas, pues justo la chica frente a ella tuvo no sé qué problema que retrasó todo el trámite. Además, aquel día no era sólo la matrícula y la asignación de las habitaciones, sino también el "día de la foto" foto que se usaría para el carnet que te acreditaba como estudiante de la universidad W, con el que podrías ingresar a la biblioteca y pedir libros, además de comer en la cafetería… la fila para ello seguramente sería igual de larga, por suerte había toda una semana para lo de la foto así que perfectamente Adamo podía hacerlo otro día si se le hacía muy tarde. Sabía además lo pretencioso que en verdad podía llegar a ser su hijo y estaba segura que prefería posponer ese trámite antes de salir mal en una foto que lo perseguiría el resto de su vida como universitario.
Sin darse cuenta se quedó dormida y por ende no supo cuánto tiempo había transcurrido, no obstante había sido el suficiente para que Adamo hiciera todo lo que se requería para ese día. Bajó del auto, dando gracias a que había parado la llovizna de verano y ayudó a su hijo con una de las dos maletas que había hecho, después de todo traía casi toda su ropa y zapatos, era obvio que no iba a caber todo en una, además traía un bolso con todo lo relacionado a lo que usaría para sus clases. Nuevamente agradeció cuando su hijo le informó que su habitación quedaba en el primer piso, pues cómo no, el edificio de habitaciones —tanto el de hombres como el de mujeres— no tenía ascensor. Ansioso, Adamo abrió la puerta de la habitación que se marcaba como la número diecinueve esperando conocer por fin a su compañero, sin embargo el lugar estaba vacío; claro que el lado correspondiente a quien estaría con él estaba con sus cosas… bueno, aún era temprano; su madre le había dicho que lo mejor sería madrugar un poco para tener todo listo a tiempo. Comenzó a desempacar y ordenar toda su ropa en el clóset que le correspondía, cerca de las dos de la tarde llegó su nuevo colchón y el viejo lo llevaron a la bodega que había en el campus… Lovina arregló la cama en tanto él seguía con la ropa.
Cuando todo estuvo más o menos ordenado, su madre le propuso a su hijo ir a comer a alguno de los locales que había fuera del campus; como éste estaba a una hora de la ciudad, varios microempresarios optaron por instalar acertadamente lugares de comida rápida, así como pubs y hasta una librería, pues no solo ganaban ellos económicamente al ser W una universidad con tantos estudiantes, sino los propios alumnos que se evitaban viajar para conseguir lo necesario. Pidieron algo ligero y pronto llegó la hora de despedirse; Adamo prefirió hacerlo fuera del campus pues creyó que dentro de éste su madre se pondría más sentimental y aunque estaba seguro que la italiana no haría un espectáculo de ello, era preferible prevenir que lamentar. El ojiverde abrazó a su progenitora y se sintió en extremo nervioso cuando el cuerpo de esta comenzó a temblar… ¿estaría llorando? ¿Qué mierda se suponía que debía hacer cuando una mujer llora? Es la peor situación del mundo… peor aún que alguna de ellas te pida buscar algo en su cartera. Se removió incómodo y acarició la espalda de su madre, aunque eso fue peor…
—Mamma…
—Lo siento, lo siento. Es que… yo… no… —no quería soltarlo y saber que no volvería a verlo sino hasta dentro de un tiempo que estaba segura se le haría eterno.
—No es como si nunca más volviéramos a vernos. Sabes que iré a casa cada vez que pueda —iba a decir que ella podía venir a verlo, sin embargo sabía que tiempo no era precisamente algo que le sobrara a su mamá, así se limitó a abrazarla con mayor fuerza para intentar tranquilizarla. Los ojos de Lovina impactaron contra los de él y le dedicó una sonrisa.
—Soy una exagerada… estoy peor que tu tía Felicia —rió con más ganas y limpió su rostro del rastro salino que había entorpecido su maquillaje, aunque no era como si éste importara demasiado. Le dio entonces las últimas indicaciones, entre ellas que le enviaría dinero todos los meses para comida, fotocopias y gastos personales en general, además hizo hincapié en el hecho que no dudara en pedirle más en caso que lo necesitara… sobre todo si era para alimento, su hijo era ya lo suficientemente delgado como para cometer la estupidez de bajar de peso. Además le dijo que cuidara su llave y la tarjeta de débito. Le preguntó luego si sabía dónde estaban los cajeros automáticos y Adamo le dijo que sí por enésima vez; Lovina había mencionado su ubicación más de una vez a lo largo del día. Reanudaron entonces el abrazo y el ojiverde le pseudo exigió a su madre que se cuidara y que no le dieras tantas confianzas a Jett. La italiana rió y tras prometerle a su hijo que estaría bien, subió a su auto y emprendió su regreso a Roma; Adamo se quedó en la entrada hasta que el auto de la italiana se perdió en el horizonte.
Apresuró sus pasos al edificio de hombres, pues la lluvia había comenzado a caer nuevamente y enserio quería evitar enfermarse; al día siguiente era su primer día de clases y no quería ir por el campus con los mocos colgando junto a esa odiosa voz que aparece cada vez que estás constipado. Abrió la puerta de su habitación y sobresaltó ligeramente al encontrarse con un chico rubio más o menos de su edad, desempacando sus cosas; su compañero de habitación, supuso. Adamo cerró la puerta tras de sí y volvió a sobresaltar ante el efusivo saludo del joven… parecía simpático… o algo así; en el fondo deseaba poder llevarse bien con él, pues de lo contrario su estadía en el campus no sería todo lo bueno que había soñado durante todo el verano. Alexis ya le había mencionado que debía estar abierto a cualquier cosa, pues era obvio que tal vez no se iba a encontrar con algo precisamente de su agrado, sin embargo debía estar dispuesto a ser tolerante.
—Che pibe, ¡estás re pálido! —el rubio no dudó en acercarse a él, jalarlo del brazo, sentarlo en la cama y luego ofrecerle una botella con agua fría que había sacado de la pequeña nevera que estaba en una esquina de la habitación; no la había visto cuando llegó así que supuso que recién la había instalado… o tal vez simplemente había sido lo suficientemente despistado como para no darse cuenta. De todos modos agradeció el agua y dio un largo sorbo para luego limpiarse la boca—. Soy Martín Hernández, aunque puedes decirme Tincho —expuso una amplia sonrisa, esperando a que su contraparte hiciera lo propio y se presentara; el ítalo-español volvió a sentirse nervioso, siempre lo hacía ante desconocidos, sobre todo si eran tan extrovertidos.
—Adamo Vargas… —frunció los labios e hizo una mueca antes de volver a dar un sorbo a la botella; Martín no le quitaba la mirada de encima, como si estuviera en un zoológico y él fuera la atracción principal. Gruñó por lo bajo—. ¿Es tu primer año también?
—Oh, no, no… es mi tercer año de arquitectura, ¿y vos? —guardó silencio apenas unos segundos para luego agregar—: No estés tan nervioso, che. No soy tan malo… luego de un tiempo te vas a dar cuenta que no puedes vivir sin mí y es que soy re groso —rió abiertamente y Adamo se limitó a rodar los ojos; tal vez en el futuro lograría llevarse bien con él, sin embargo ahora lo único que quería era que parara esa escandalosa risa.
Y siguieron hablando de todo y nada en tanto ambos seguían ordenando su ropa. Adamo entendió por fin el acento que tenía su compañero era debido a que era argentino y casi de inmediato le preguntó qué hacía tan lejos de su casa. Martín entonces le explicó que siempre había querido estudiar en Europa, por lo que estando en el colegio se esforzó por ganar una beca y aunque obvio, era difícil estar tan lejos de la familia, el rubio musitó firmemente que el sacrificio bien valía la pena. El castaño entonces se sintió ligeramente tonto al pensar que él igual extrañaría mucho a su madre, sin embargo estaba apenas a una hora de ella, no como su compañero… hasta cierto punto eso le hizo sentir mayor empatía por él. Dejando de lado las cosas tristes, Martín saltó de la cama y volvió a jalar a Adamo, esta vez diciéndole que le mostraría el edificio y presentaría a sus amigos en caso que se cruzara con alguno de ellos; como todos habían pasado mínimo a segundo año seguramente llegarían más tarde para evitarse la congestión de los novatos e incluso otros llegarían al día siguiente, después de todo sólo se perderían el primer día y podían pedir los apuntes.
Adamo maldijo el hecho de tener que subir escaleras, aunque agradeció que su habitación quedara en el primer piso. Martín no dejaba de parlotear sobre mil cosas a lo que el menor prestaba atención a la mitad, no que le aburriera la conversación, sin embargo estaba abrumado ante tantas cosas nuevas. Saludó a un chico rubio de gafas que hasta cierto punto le recordó a Alexis, luego a otro moreno de cabello negro con el que Martín comenzó a… ¿pelear? El ítalo-español creyó que lo más sano sería jalar al argentino para que dejara de hacer espectáculo en medio del pasillo por el cual aún había bastante gente. El rubio se disculpó con él y luego le explicó que con ese chico en particular tenían una rivalidad bastante grande respecto al fútbol… Adamo le comprendió, después de todo él igual era competitivo y sería descarado de su parte reclamarle aquello. Siguieron caminando y ya de regreso a la habitación Martín se encontró con otro de sus amigos, éste de cabello castaño claro. Al igual que con los otros, dispuso a saludarlo, sin embargo su contraparte le ignoró olímpicamente y se dedicó a intercambiar un par de palabras con Martín para luego despedirse. Tincho rió al ver la mueca ofendida de su nuevo compañero y se apresuró a decir que no se tomara aquello como personal.
Ya el siguiente sería un mejor día, el primero de un largo camino.
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Apenas el tercer día sin ver a su hijo y sentía que en cualquier momento rompería en llanto. Para colmo de males, María había hecho una nueva aparición en el hospital, ésta vez debido a un accidente de su hija y aunque Lovina no atendió a la niña, la Fernández Carriedo no perdió oportunidad cuando la italiana pasó cerca de ella. Supo entonces que lo mejor sería ignorar a esa molesta fémina y a cambio causarle vergüenza al dejarla hablando sola, sin embargo eso no ayudó en el estado anímico de Lovina; si bien no veía demasiado a su hijo, siempre que volvía a su casa él estaba ahí y ahora que eso había cambiado debía admitir que se sentía sola. Ver la habitación de Adamo le causaba aún más pena así que optó por cerrar la puerta de ésta por el bien de su salud mental. La noche anterior habían hablado por teléfono, apenas unos minutos en los cuales el ojiverde, emocionado, mencionó a su madre lo buenos que habían sido sus días en el campus, aunque eso sí, la exigencia de los profesores era un tema aparte.
Lovina salió del hospital y se acomodó lo mejor posible el abrigo. Aquel día por la mañana recién había caído en cuenta que su auto apenas y tenía combustible; se regañó por su falta de cuidado e hizo una nota mental para después del trabajo ir a su departamento y coger el vehículo sólo para ir a la gasolinera más cercana. Miró al cielo y frunció el ceño al ver las nubes que comenzaban a formarse en el cielo, tal vez no llovería, pero aquel era un recuerdo constante que el verano pronto acabaría. Suspiró al no poder evitar que sus ojos volvieran a llenarse de lágrimas… debía echarle la culpa a la menstruación, sí, esa maldita desgraciada que hace burla a sus hormonas todos los meses. Todos tenemos un día malo de vez en cuando y el de Lovina era éste. Se aferró más a su cartera y sobresaltó cuando sintió algo cálido rodear su cuello… una bufanda que curiosamente combinaba con la ropa que portaba. Alzó la vista aún llorosa y nuevamente sobresaltó al ver de quién se trataba.
—¿Qué...? ¿Qué haces acá? —fue lo único que logró articular, apartándolo de su cuerpo; ¡necesitaba su espacio personal y Antonio claramente no se daba cuenta de ello! Lo último que necesitaba era encontrarse con aquel hombre. La última vez que habían hablado las cosas no habían terminado bien… después de todo él estaba ebrio y ella lo había echado de su casa. Bajó la vista y se percató de que Antonio acomodaba la bufanda. No le miraría, sabía que sus ojos le delatarían.
—Unos clientes viven cerca, ¡fue casualidad! —se justificó rápidamente, no quería que Lovina creyera que la perseguía o algo por el estilo. Se alejó apenas unos centímetros cuando terminó su labor con el tejido de lana roja, más que nada porque la italiana le soltó un: "No la necesito, puedo cuidarme por mi propia cuenta" sin embargo no se quitó la prenda. Antonio levantó su mano y acaricio las mejillas de la mujer frente a él; se había dado cuenta que aun le corrían lágrimas así que las secó con cuidado—. Lo sé Lovi, siempre te has cuidado sola —levanto el rostro de la mujer clavando su mirada en los ojos miel, tan hermosos hasta cuando lloran… sabía que ella no le diría las razones de sus lágrimas, al menos no de buenas a primeras, sin embargo al menos intentaría calmarla, no podía dejarla así en la calle—. ¿Quieres qué te lleve hasta tu casa? No me digas que no, Lovi… —le pidió lo último en un susurro, sabía que las cosas entre ellos no estaban bien, pero las arreglaría.
—Mi nombre es Lovina, no sé cuantas veces esperas que lo diga —soltó con molestia. Aunque el español no tuviera la culpa de su mal día, no podía evitar molestarse con él, después de todo la hermana de este había terminado de arruinarle la jornada. Se vio obligada a levantar el rostro y enfrentar los orbes verdes—. Aunque está bien, llévame… pero sólo hasta mi casa, luego te marchas —aceptó a la idea y es que realmente aquello sería mejor que ir caminando, aún cuando no le apasionara el hecho de tener que ir con él.
Por supuesto que Antonio festejo internamente el hecho de que Lovina haya aceptado que la llevara hasta su casa, no obstante el silencio incómodo que se mantuvo durante todo el viaje no lo alegro demasiado. Estacionó el auto a dos casas del edifico de departamentos de la italiana y giró el rostro para verla. Lovina bufó al ver que el auto se detenía, sin embargo como no estaban lejos atinó simplemente a bajar del vehículo y claro, darle las gracias al ojiverde por haberle evitado la caminata, sin embargo algo se lo impidió… concretamente fue la mano del español sobre su brazo; la italiana volvió a bufar y es que ella claramente no sabía qué era lo que pasaba por la cabeza del contrario.
—Suéltame —demandó con voz firme.
—Antes de que te vayas… —ignoró completamente la petición de la fémina; sabía que si hacía lo que le pedía ésta saldría en el acto del auto y no quería aquello—. ¿Cómo está Adamo? No pude despedirme de él cuando se fue… tenía mucho trabajo atrasado —trató de excusarse con una sonrisa y se animó levemente al ver que Lovina relajaba su semblante y giraba levemente el cuerpo, como si en verdad quisiera hablar con él un rato más—. Eres la única a la que puedo preguntarle, no tengo su número y tampoco puedo ir al campus y molestarlo…
—Está bien —susurró, aunque lo suficientemente alto para ser escuchada por su interlocutor—. Anoche hablamos un poco y me dijo que estaba emocionado con eso de las clases… pero le molesta tener que estar con un papel y mostrarlo en cada sitio que va, ya sabes… el carnet universitario lo dan un mes después del inicio de clases —rió suavemente y es que ella recordaba casi a la perfección que igual le había molestado estar al pendiente de un papel que se podía romper al más mínimo roce.
Le vio sonreír abiertamente y eso provocó que el pulso de la italiana se disparara. Lo maldigo, lo maldigo tanto que en su cabeza se quedó sin insultos para referirse a Antonio y eso era suficientemente malo para ella. Clavó su vista al frente y tras disimular un suspiro, le pidió al español su teléfono celular. Éste, extrañado, se lo pasó luego de unos minutos y Lovina no perdió el tiempo y agregó un nuevo contacto a la lista: "Adamo Vargas" ni siquiera había tenido que mirar el número de su hijo, pues como buena madre aprensiva se lo sabía de memoria. Exigió entonces al ojiverde llamar al menor de preferencia entre nueve y diez de la noche y que no hiciera escándalo si por casualidad Adamo cogía la llamada pues le advertiría que le había dado su número y era libre de elegir si querer hablar con él o no. Antonio no se contuvo y estrechó a Lovina entre sus brazos, aunque esta rápidamente lo apartó, insultándolo y saliendo por fin del auto. Por supuesto que ella iba a negar hasta la muerte que el gesto del español no le había desagradado del todo y él no tenía por qué saberlo.
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Casi como sintiéndose guiado al matadero, Adamo caminó junto a sus compañeros guiados por unos cuantos chicos de curso más alto. No se podía culpar a ninguno de los novatos por el aparente miedo que sentían y es que casi al finalizar su última clase del viernes, los mayores habían ingresado como si nada al salón de clases y comenzado a gritar toda clase de barbaridades ante las risas del profesor que dio por finalizada su clase. Los habían hecho hacer una fila y ahora yacían en el hall de la facultad, rodeados por rostros sonrientes. Adamo notó que en un extremo había vasos con gaseosa y platos con galletas y frituras. Se alzó entonces la voz de una muchacha pelirroja que les dio la bienvenida oficial a la carrera de leyes; rió luego de sus compañeros y pidió perdón por la brusca forma de sacarlos de clases, alegando a que era la tradición. Luego de ello todo se volvió más tranquilo, el ambiente se amenizó y todos comenzaron a conversar y formar lazos, después de todo un buen abogado tiene conexiones y el ojiverde optó por dejar su timidez de lado… no podía cometer la estupidez de ser un marginado el resto de sus años en la universidad. Las risas iban y venían, uno que otro reclamaba por la falta de alcohol, en tanto otros conversaban tranquilamente. Llegado un punto, la misma chica pelirroja que dio la bienvenida alzó nuevamente la voz y pidió a todos salir de la facultad y que los novatos formaran dos filas con vista mirando al edificio. Pasó entonces un chico repartiendo entre los novatos un pedazo de cartón que tenía con letras grandes la palabra "Plegaria del abogado". Adamo supo que nada bueno podía venir al ver varias cajas de huevo y a varios con uno en las manos… obviamente ninguno de ellos era nuevo.
—¡Muy bien novatos, arrodíllense y repitan después de mi!
Dios, dame sabiduría para manejar, con eficiencia y eficacia,
el instrumento fundamental de acción: El Derecho, para crear seguridad,
justicia y paz social.
Dios, concédeme paciencia para escuchar a clientes, contrapartes y colegas
y estar en disposición de realizar la función de ministerio pacificador de mi profesión.
Dios, alerta mis sentidos para detectar y desechar todo anacronismo,
obsolescencia e injusticia para que, con libertad y responsabilidad, hacer que la ley
siga el paso de la cambiante estructura social.
Dios, otórgame talento para convencerme y convencer a los jueces, magistrados
y ministros sobre legalidad y justicia de lo que se me encomiende
y de los reclamos formulados.
Dios, ampárame y protégeme en mi Fe y esperanza en el derecho,
la ley y la justicia para respetar y hacer los derechos humanos. Amén.
Entonces todo se volvió un caos. No supo en qué momento la gente se había acomodado justo enfrente de cada novato, eso sí… sintió a la perfección el huevo siendo estrellado contra su cabeza. ¡Dolió! Maldita sea cómo dolió, sin embargo toda queja fue omitida por las risas de los más grandes que gritaban a viva voz: "Bienvenidos a la facultad de leyes". ¡Menuda bienvenida! Ah, estaba seguro que el próximo año disfrutaría reventando un huevo en la cabeza de algún novato, pero lo que es ahora, se sentía asqueado. Agradeció el pedazo de papel higiénico que le pasaron para limpiarse aunque pronto sobresaltó al sentir que alguien le jalaba la ropa para llamar su atención; dio la vuelta y reconoció al amigo grosero de Martín, el mismo que lo había dejado con el saludo en la boca unos días atrás. Frunció los labios y se cruzó de brazos con toda la dignidad que un huevo en la cabeza permitía.
—Si ves a Tincho dile por favor que lo estoy buscando, de parte de Christian.
—¿Y por qué no lo llamas? No soy una maldita paloma mensajera —bien, tal vez había sobre reaccionado, pero enserio le había molestado que ese tipo se acercara a él como si nada, como si fueran amigos de toda la vida. Frunció el ceño y le sostuvo la mirada, claramente no iba a disculparse.
—Tiene el teléfono apagado —se encogió de hombros, al parecer ignorando la rabieta que había tenido el ojiverde. Se tomó entonces la libertad de pasar un dedo por la mejilla del menor y reír ante el rastro de huevo que se había secado contra la piel—. Deberías darte un baño…
—¡Eso ya lo sé, idiota!
Sería un largo año.
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Alguien volvió a los capítulos semanales :') Ah, no creo que sea necesario decirlo, pero el compañero de Adamo es Argentina y los amigos que éste le presenta son Uruguay, Brasil y un OC del que encontraran dibujos en mi perfil. No me gusta crear OC sin dibujo, creo que luego es más fácil imaginarse acciones con uno de por medio. Ah, también hay algunos dibujos de Adamo que han hecho algunas lectoras.
Lo de la plegaria del abogado CLARAMENTE NO la inventé yo, la saqué de un libro que encontré en internet. No sale el autor, es más bien un montón de hojas escaneadas con ideas sueltas :c aunque si a alguien le interesa me puede pedir el link.
Ahora los reviews:
ShotaPedofila-Lover: D': nunca más, nunca más (?)
Ally rc: Jajaja me gusta meter cosas entre líneas, así es más divertido, ¿no? Pero no te preocupes, el tonto ese no volverá a aparecer pues me parece mucho que algunas lectoras lo quemaron y lo tiraron al río(?) Respecto a Antonio... ah, a él todavía le quedan algunas cosillas por pasar, no lo hago sufrir a propósito :c además cuando digo "cosillas" no me refiero precisamente a algo malo. Alexis es la mejor :') me alegra que por fin hayan dejado de odiarla jajaj oh, y ánimo con la escuela... es duro ser estudiante.
hinata uzumaki: Creo que nadie se salvó del monstruo llamado fin de año, estábamos todos liados hasta el cuello. Lo de Lovi y Antonio será secreto de estado... obvio no puedo decirte si se van a separar o no, sería el mega spoiler y eso no es nada cool(?) aunque las cosas entre ellos comenzarán a ponerse más... intensas(?) no, creo que no es esa la palabra adecuada, pero tu me entiendes jajaj.
