Lo siguiente tiene lugar entre las 10:00 y las 11:00 de la mañana del día 4 de septiembre.
Los hechos ocurren en tiempo real.
Y si acaso no brillara el sol,
Y quedara yo atrapado aquí.
Son las diez de la mañana de un día que ya se te antoja interminable, de un día que podría ser el último, de un día en el que tantas, tantas cosas podrían salir mal, un día en el que tantas cosas están en juego, un día en que tantas cosas podrían perderse...
Despertarte esta mañana, preparar una taza de café y dirigirte en tu auto hasta el edificio de la CTU – todos hechos que acontecieron hace menos de cuatro horas – en tu mente son como recuerdos lejanos de un tiempo pasado y muy, muy anterior.
Estás empezando a perder la noción del tiempo, y eso no es bueno, Almeida te decís a vos mismo mientras revisas un par de papeles que acaban de llegar a tus manos con información que – lamentablemente – requiere que llames a George Mason, tu jefe, quien en teoría se encuentra desde hace una media hora y monedas siguiendo una pista hallada en Bakersfield. La idea de tener que comunicarte con él no te gusta para nada, especialmente porque antes de que abandonara la CTU prácticamente lo acusaste de querer escaparse del radio de la explosión antes de que el asunto se les escapara de las manos y la bomba terminara siendo detonada.
No te hace ninguna gracia, pero tenés que llamarlo igual.
"Mason" el tono de voz agrio y ácido característico de tu tan apreciado jefe se mezcla con los ruidos típicos de cualquier calle de la ciudad de Los Angeles, lo cual te indica que aún sigue en su auto. Quizá sí era verdad que se dirigía a Bakersfield se te ocurre, pero no tenés tiempo para dejar que la culpa o el remordimiento por haber arrojado contra él acusaciones falsas se apoderen de vos: hay asuntos más importantes para atender.
Cuando le hablas, tratas de sonar relajado, normal, como si el 'encuentro de opiniones' que aconteció entre ustedes dos menos de una hora atrás jamás hubiera sucedido:
"George, soy Tony. ¿A qué distancia estás?"
"¿Por qué?"
¿Es aquella pregunta fuente de la curiosidad normal del ser humano o puede sentirse en ella que tu jefe se ha puesto a la defensiva?
Quizá no esté yendo a Bakersfield, después de todo.
"Hable con Steve Lawler, de la CIA local" continuas hablando, ignorando por completo las dudas y sospechas que puedas llegar a tener acerca de a dónde está dirigiéndose Mason en verdad.
"¿Qué te dijo?"
"La policía de Los Angeles identificó un vehículo que podría llegar a tener relación con el tema de la bomba, y quiere que vayas a investigar"
"¿La policía de Los Angeles?"
"Lawler también desconfía de esa versión, por eso quiere que vayas. Además sabe que te dirigís a Bakersfield, y eso está cerca del lugar al que quiere que vayas. Sé que estás siguiendo una pista, pero Lawler insistió en que verifiques esto"
George suspira – quizá en ese suspiro puede estar escondiéndose un dejo de resignación, pero no tenés tiempo para ponerte a analizarlo – y procede a pedirte la dirección del lugar al que debe ir ahora.
Cuando la comunicación telefónica termina, es de tu garganta que nace un suspiro y es por tu boca que sale. Estás cansado, estás exhausto, los niveles de estrés están haciendo mella en vos, y recién son las diez de la mañana. El día está lejos de terminar, y pensar en eso hace que tu piel se erice: es en días como este que al destino se le ocurre que de vez en cuando no viene mal que las cosas no salgan bien.
Tratas de sacarte los pensamientos pesimistas de la cabeza, pero no podés.
Una bomba nuclear, puede que una bomba nuclear estalle en la ciudad de Los Angeles. Puede que hoy sea tu último día de vida. Puede que mañana ya no estés acá. Puede que el aire que a bocanadas estás respirando ahora sea el último que pruebes. Puede que el sol que brilla esta mañana sea opacado por el humo en menos de veinticuatro horas. Puede que mañana no veas brillar el sol.
Te rascas el costado de la cara, como siempre haces cuando estás preocupado o nervioso, y regresas al piso principal de la CTU, decidido a mantener tus pensamientos filosóficos apartados de tu mente al menos hasta poder solucionar la situación que tenés en tus manos.
Sentado desde tu escritorio te tomas dos muy necesitados minutos para clavar los ojos en ella, que se encuentra con la vista fija en la pantalla del ordenador y una mueca de concentración dibujada en la cara que la hace parecer más hermosa que nunca.
Tampoco deberías estar pensando en ella, Almeida; hoy no es el día más indicado.
Se te escapa otro suspiro, esta vez totalmente cargado de frustración en el más puro de sus estados. No poder tenerla te frustra, el miedo a que te lastimen te frustra, la incapacidad de abrir tu corazón te frustra, la necesidad de poseer lo que no es tuyo te frustra, la incertidumbre de no saber qué pasa por esa cabecita suya te frustra, no poder acurrucarte en su pecho y buscar en sus brazos las fuerzas que te faltan te frustra, no saber si mañana el sol va a brillar para ustedes dos te frustra.
Y te asusta.
Pero no tenés tiempo para lidiar con tus miedos y tu frustración.
Hoy no.
Vaticinando un dolor de cabeza que ya se hace presente y comienza a presionar sin piedad sobre tu cerebro, abrís el cajón de tu escritorio dispuesto a buscar esa tira de analgésicos que sabés tenés en algún lugar, cuando tu sonido favorito en este mundo condenado a ser un infierno llama tu nombre y enseguida esa jaqueca que te amenazaba desaparece como por arte de magia.
"Tony..."
Suena estúpido, suena demasiado sacado de una de esas novelas románticas que leen tu mamá y una de tus hermanas, pero es la verdad: en cuanto su voz llama tu nombre el dolor de cabeza desaparece.
Quizá esto es el amor de verdad se te ocurre. Quizá es cierto que la persona que amas puede curarte de todo.
Pero hoy tampoco tenés tiempo para ponerte a analizar esto. De ser un día común y corriente, de ser un día plano y aburrido, de ser un día sin amenazas de bomba dando vueltas por ahí, te tomarías algunos minutos para perderte en los más recónditos confines de tu cabeza y dar rienda suelta a tu lado filosófico, pero como están las cosas en este momento, te es imposible.
Cuando levantas la cabeza para ver qué necesita y tus ojos se encuentran con los suyos, notas en sus expresiones faciales cierta tensión que antes no estaba ahí. Notas en su mirada un brillo casi salvaje que antes no estaba ahí. Notas como todos los músculos de su cuerpo están a la defensiva.
Algo está mal acá se te ocurre, pero no sabés bien qué es. Quizá está teniendo problemas controlando sus emociones debido a todo lo que viene aconteciendo. Quizá está nerviosa. Quizá está asustada. Quizá esté alterada. Muchos quizá se dibujan rápidamente en tu mapa mental, pero cuando vuelve a hablarte – y su voz suena fría como un témpano a la vez que hirviente como el fuego del más profundo de todos los abismos – percibís en ella algo que jamás se te hubiera ocurrido agregar en tu lista de posibles causas por las cuales su entera anatomía está tiesa.
"La hija de Jack Bauer quiere hablar con vos. Está en la línea 5, y suena bastante alterada"
Son celos. Celos. Está celosa. Hirviendo de celos. Lo notaste un rato atrás cuando Mason quería enviar a realizar otra tarea al agente encargado de encontrar a Kim y vos te opusiste a ello, notaste como se ponía a la defensiva, como se estremecía, como los ojos le brillaban de manera rara, pero no le prestaste atención en su momento. Pero ahora te das cuenta, ahora todas esas señales están claras y son legibles, ahora comprendes: está celosa. Por algún motivo Kim Bauer la pone celosa, por algún motivo el hecho de que te preocupes por la hija de Jack saca a Michelle de quicio.
Y quizá ese motivo, se te ocurre, es el hecho de que la misma pasión febril y obsesiva que ella despierta en vos sea despertada en ella por vos.
Con una media sonrisa en los labios, levantas el tubo del teléfono para hablar con Kim Bauer. Y aunque durante toda la conversación tratas de prestarle atención a lo que te dice, no podes evitar tener la cabeza completamente enredada en el placer que te provocan los tan visibles celos de Michelle Dessler.
"Hola, Kim. Habla Tony, ¿estás bien?"
Del otro lado el sonido de la voz chillona y casi infantil de Kim Bauer perfora tus tímpanos. Está bastante molesta, bastante irritada, bastante histérica, y por el tonito que está empleando podría decirse que también está en busca de explicaciones que no sabés si podés darle.
"Acabo de hablar con mi papá y está actuando de manera muy rara. Prácticamente me colgó el teléfono en la cara después de decirme que te llamara a vos"
"Tu papá está en una misión, Kim" revelas, sin querer dar demasiados detalles.
"¿Desde cuándo? Acabo de verlo hace un par de horas"
No podés darle más datos de los que ya le diste, y tampoco tenés ni ganas ni tiempo de lidiar con las posibles preguntas que cualquier respuesta directa pudiera despertar, por lo cual decidís pasar por alto su último comentario y desviar los rumbos de la conversación:
"Quizá yo pueda ayudarte" ofreces.
"Estoy en problemas. La policía está persiguiéndome y..."
Esto último te toma de sorpresa y por un momento tu mente pasa a concentrarse enteramente en lo que Kim está diciéndote:
"¡¿Por qué?!"
"No hice nada malo" se apresura a aclararte, aunque la realidad es que nunca se te ocurrió que la policía pudiera estar buscándola por algo que no fuera un ¿simple? – o quizá no – malentendido "Quería ayudar a la nena que cuido, su papá es muy abusivo y..." comenzó a explicar, pero en seguida ruidos de interferencia cortaron la comunicación, haciendo imposible que siguieras escuchando.
"¿Kim? Hola, ¿Kim?"
"Sí, Tony, acá estoy. Se escucha mal"
"Sí, la conexión es mala" te apresuras a hablar antes de que la interferencia empeore "Kim, decime dónde estás. Voy a mandar a alguien a buscarte, ¿está bien?"
"No puedo quedarme" y esta vez más que cualquier otra cosa lo que se oye en su voz es miedo.
"Bueno, ¿podrías encontrar una manera de llegar hasta la CTU?" se te ocurre como segunda alternativa.
"Creo que sí. Puedo tomar un autobús hasta allá"
"Está bien, hace eso, y cuando llegues acá voy a ayudarte a resolver el problema que tengas" le decís, aunque en realidad en estas circunstancias no podés prometerle nada. Las cosas ya de por sí están bastante alteradas y dadas vueltas el día de hoy como para andar encargándote de problemas ajenos, pero le prometiste a Jack cuidar de su hija: se lo debés.
Cuando la conversación acaba medio segundo después, miras hacia donde está Michelle, tratando de solucionar el problema con los teléfonos.
"Hay interferencia en todas las líneas" te informa, y no sabés si es que estás sugestionado que de verdad sonó así, pero en su voz hay cierto dejo de celos aún, como si estuviera echándote la culpa por tratar de ayudar a Kim Bauer y hacerla sufrir a ella.
Por un momento se te ocurre ir hasta su escritorio, arrodillarte al lado de ella para que sus ojos queden a la misma altura que los tuyos, enmarcar su rostro con tus manos y besarla hasta que cualquier duda que pueda llegar a tener acerca de qué relación te une a Kim se disipe, pero sabés que no podés hacer eso, así que simplemente te limitas a seguir amoldado en tu posición de jefe y responderle qué hay que hacer al respecto, pero Paula – siempre tan lista y tan eficiente – te lo impide en el momento en que se acerca a vos e intercepta tu conversación con Michelle.
"Traté de filtrar las llamadas pero no funciona. Quizá no sea algo de nuestro sistema..."
"Tenía que ser justo hoy" decís por lo bajo y a modo de queja. Justo hoy, que hay una amenaza nuclear. Justo hoy que necesitan todos los recursos disponibles puestos en uso. Justo hoy, que la ciudad de Los Angeles se enfrenta a la posibilidad de que mañana no brille el sol así como lo está haciendo ahora "Paula, llama a la compañía de teléfonos y pasa las llamadas importantes a los celulares" se te ocurre la idea, que puede servir como método alternativo provisorio.
Volver a respirar y a largar un suspiro por tercera vez en lo que va de la hora, y decidís ir a hablar con Michelle, no para explicarle que entre Kim Bauer y vos no existe nada más que una buena relación que ni siquiera es una amistad consolidada, si no simplemente para estar cerca de ella al menos un par de segundos y dejar que el efecto que su persona tiene en voz te tranquilice un poco y ayude a que bajen los decibeles de tu ansiedad. Y también porque – seamos honestos – tenés ganas de volver a ver ese brillo de celos consumiéndole la mirada.
"Michelle..." ¿hay algo más dulce que el nombre de la persona que amas corriéndote por los labios? te preguntas, y no podés evitar la sonrisa que se te escapa: este pensamientos es definitivamente propio de una de esas novelitas románticas que pueden encontrarse en los estantes de la biblioteca de la casa de tus padres.
"Sí, ¿qué pasa?" su tono de voz es natural, pero podés percibir que su cuerpo entero sigue tenso y que no se siente cómoda hablando con vos. Ni siquiera puede levantar la cabeza del papel que está leyendo y mirarte a los ojos. Sin necesidad de tocar su piel sabés que estremecimientos nerviosos están recorriéndola de arriba abajo, y nuevamente sentís tu propia alma temblar entre los límites de tu cuerpo al darte cuenta de que – si tu tan preciada intuición no te falla – sos vos el que está causándole todo esto, y si bien te sentís halagado y emocionado porque ella siente lo mismo que vos, también te parte el corazón la idea de que podés llegar a estar ocasionándole algún tipo de malestar o sufrimiento.
"Kim Bauer es una amiga" se te escapa de la boca antes de que puedas pensar las palabras que estás diciendo, antes de que puedas pensar lo que estás haciendo, antes de que puedas conseguir que tu cerebro y tu habla se coordinen.
Levanta la cabeza muy despacio y clava los ojos en los tuyos, haciendo que tiembles de pies a cabeza otra vez. Una mezcla de alivio y tranquilidad puede verse claramente en sus facciones semi-japonesas, aunque es evidente que está tratando de disimularlo.
"Nunca pregunté nada" viene su respuesta, que si bien denota que sigue estando un poco a la defensiva, también deja entrever cuánto se ha relajado después de escucharte decir lo que dijiste.
"Solamente quería que lo supieras"
Y después de pronunciar esas palabras, antes de que ella tenga tiempo de contestar algo más, dirigís tus pasos hacia la oficina de Mason, donde todavía quedan un par de asuntos pendientes que necesitan tu atención.
Cuando meros minutos más tarde estás yendo de vuelta al piso principal de la CTU, te encontras con ella en el descanso de la escalera que comunica el piso de abajo con el de arriba. Tu primer pensamiento es el de que quizá quiere hablar con vos acerca de lo sucedido apenas diez minutos atrás cuando le dijiste – de la nada – que Kim Bauer era simplemente una amiga.
La idea de que quiera encararte sobre eso te asusta, porque no sabrías que decirle, y no estás listo para empezar a sincerarte o a inventar excusas. Pero antes de que entres en un ataque de pánico notas que tiene un teléfono celular en la mano y que la conversación que está a punto de tener lugar entre ustedes va a ser estrictamente de aquellas que tienen que ver sólo con lo laboral.
"Es Eric Rayburn, de la Oficina de Seguridad Nacional" te informa, al tiempo que deposita el teléfono en tu mano.
"Señor Rayburn, soy Tony Almeida"
Mientras hablas, reanudas tu descenso por las escaleras, no sin notar que Michelle está siguiéndote muy, muy de cerca, probablemente para poder escuchar lo dicho entre Rayburn y vos. Pero aún así, tu presencia te pone nervioso. Como esa noche que tuvieron que trabajar lado a lado para resolver un par de problemas técnicas que habían surgido, la noche en la que debido a su perfume y a su belleza y a la delicadeza de sus movimientos tenías la cabeza en cualquier parte y no lograbas funcionar debidamente.
"Entiendo que usted es el agente a cargo, ¿es eso correcto?" la voz de Rayburn te saca de tu ensimismamiento.
"Sí, señor"
"Necesito que cumpla una orden"
"Por supuesto"
"Copie y transfiera su base de datos al servidor de la Oficina de Seguridad Nacional con toda la información acerca de la amenaza del día de hoy"
"Sí, señor" es una orden extraña, bastante rara y absolutamente poco común "¿Puedo preguntarle por qué?"
"Es una precaución que estamos tomando ante la amenaza a la que nos enfrentamos el día de hoy. Pero me gustaría que estuviera hecho cuanto antes"
"¿Qué tan pronto?"
"Antes de las once de la mañana"
"Podríamos lograr tenerlo hecho antes del mediodía, pero no antes" ya estás empezando a irritarte: el tiempo apremia, escasea y corre rápido, y no soportas que otros estén poniéndote condiciones o plazos límites.
"Tienen que hacerlo antes de las once" repite Rayburn, y por su tono de voz te das cuenta de que discutir no va a servir de nada, y mucho menos servirá de algo intentar hacerlo entrar en razón y comprender que pedir algo así para antes de las once de la mañana cuando el reloj marca las diez y cuarto es algo bastante desquiciado.
"Está bien, señor. Gracias"
Cortas la comunicación y vas hacia el escritorio de Paula, con el amor de tu vida siguiéndote de cerca como un gato sigiloso.
"Necesito que suspendas el simulacro que estás haciendo"
"Pero estoy apunto de terminar"
"Necesito que lo suspendas" insistís, tratando de sonar amable porque sabés qué Paula es muy susceptible "Tenés que enviar unos datos al servidor de la Oficina de Seguridad Nacional, todo lo relevante a la bomba nuclear"
"¿Para cuándo tiene que estar hecho?"
"Para ahora mismo"
"Voy a tener que crear un código cifrado nuevo" Paula empieza a explicar cuando ya estás alejándote de su escritorio y yendo hacia el tuyo "... Voy a necesitar la oficina del señor Mason porque tiene acceso a..."
"Paula, por favor, simplemente hacelo"
"Está bien" te dice al tiempo que se levanta y va hacia las escaleras que la conducen al despacho de George.
Antes de que tengas tiempo de hacer, decir o pensar cualquier otra cosa acerca de la rara orden que acaba de llegarte desde la Oficina de Seguridad Nacional, Michelle empieza a bombardearte con todo tipo de preguntas, y si bien amas su curiosidad tan desmedidamente como amas todo de ella, en esta ocasión ver que ella tiene los mismos interrogantes que vos al respecto no te sirve ni de alivio ni de consuelo: simplemente aviva el fuego de la incertidumbre que se cierne sobre vos.
"Tony, ¿qué es lo que está pasando? Los teléfonos dejaron de funcionar y ahora Seguridad Nacional nos ordena que transfiramos todos los datos de la bomba a su servidor..."
"Dijeron que es solamente como medida preventiva" repetís las palabras de Rayburn tratando de tragártelas vos también, porque cuando las escuchaste por primera vez no creíste en ellas ni un poco.
"Tendrían que haber ordenado lo mismo a las demás agencias"
"Averigua si lo hicieron"
Algo anda mal, algo de todo esto no te cierra, no te convence, y si bien no sabés de qué puede tratarse, sí sabés que hay agua turbias pasando por debajo del puente.
Y eso es algo que no te gusta para nada.
Son las diez de la mañana con cuarenta y un minutos cuando recibís un llamado de George Mason, pero este George Mason que te habla suena nervioso y consternado. No sabés por qué, pero sí sabés que está nervioso y consternado.
"Parece que la pista de Panorama City era cierta; nos llevó al laboratorio donde fabricaron la bomba nuclear"
"¿Cómo están seguros?"
"Hallaron material radioactivo"
"¿Qué clase de material radioactivo?"
"Están realizando análisis ahora, así que no lo sé"
"¿Alguien quedó expuesto a ese material radiactivo?"
"Van a descontaminarnos a todos como medida de precaución" y ahí en esa respuesta encontras la solución al enigma: George Mason está nervioso y consternado porque es probable que se haya expuesto en cierto grado a algún tipo de sustancia radioactiva "Tony, también encontramos tres cadáveres en el laboratorio" te informa, casi como si quisiera cambiar de tema "Voy a hacer que te envíen sus fotos y sus huellas para que los cotejes con datos de posibles sospechosos" luego, anuncia: "Tony, voy a tener que llamarte luego"
"Espera, George" decís desesperado antes de que pueda colgar, queriendo ponerlo al tanto del tema que te preocupa "La Oficina de Seguridad Nacional ordenó que les enviáramos las bases de datos nuestras a su servidor. Paula está ocupándose de eso, pero tengo la sensación de que hay algo que no nos están diciendo" otra vez, por segunda vez consecutiva en menos de una hora, te rascas el lado derecho de la cara como es habitual en vos cuando estás nervioso.
"Consolidar los datos de las agencias es un procedimiento muy común" te dice Mason, como si estuviera señalando una enorme obviedad.
"Ya lo sé, pero lo raro es que somos la única agencia a la que se lo pidieron"
"Mira, Tony, tengo que colgar" no podés evitar chasquear la lengua en señal de frustración acumulada cuando te das cuenta de que Mason está lavándose las manos en todo este asunto y largándote con el problema para que sigas cargándolo vos en tus espaldas "Llama a Chappelle, informale lo que me dijiste a mi y fijate cuál es su opinión" te aconseja, aunque sabe muy bien que llamar a Chappelle es algo que ni ebrio ni drogado ni dormido harías "Tengo que colgar" insiste, y esta vez decidida e innegablemente le tiembla la voz.
"George, ¿estás seguro de que estás bien?" volvés a preguntarle.
"Sí, estoy bien" no te convence para nada, y mucho menos te convence cuando vuelve a repetir sus palabras "Estoy bien".
Nuevamente la sensación de que son muchas las cosas que hoy pueden llegar a salir mal se forma en tu estómago, causándote un dolor punzante que no te gusta para nada.
Y de nuevo tenés miedo de que en la ciudad de Los Angeles no vuelva a salir el sol.
Son las diez de la mañana con cincuenta y cinco minutos cuando Michelle vuelve a acercarse a tu escritorio, esta vez con el rostro contraído en una mueca de escepticismo y un pedazo de papel sujeto entre los dedos de la mano derecha.
"Tony, hay un hombre que trabaja en la seguridad del edificio que quiere verte" te informa, y su cabeza señala a un muchacho joven de color vestido con el uniforme correspondiente a los guardias de la CTU que se encuentra aguardando a un costado, a escasos seis o siete metros de donde están ustedes "Dice que hace media hora fue tomado de rehén por unos tipos que planeaban poner bombas en este edificio" te muestra el papel que sostiene en la mano: es un plano de la CTU "Dice que pusieron bombas en estos tres puntos" está señalando dichos puntos, pero vos ya no estás prestando atención.
Ahora te cierra todo.
Todo.
Seguridad Nacional averiguó de alguna manera que un atentado tendría lugar antes de las once de la mañana del día de hoy, un atentado contra la CTU, probablemente con el objetivo de minimizar los recursos disponibles y dejar a la agencia fuera de combate, para que las posibilidades de encontrar la bomba a tiempo quedaran reducidas a cenizas, al igual que el edificio entero y las personas dentro de él.
Seguridad Nacional se enteró, y – por algún motivo que desconoces - en vez de ordenar la evacuación decidió simplemente pedir que enviaran la información a su servidor para que nada se perdiera y ellos pudiera seguir trabajando desde ahí una vez ocurrido el atentado.
Ahora te cierra todo.
"Ordena que evacuen el edificio ahora mismo" le decís a Michelle.
"No sabemos si lo que este tipo dice es cierto. Iba a enviar gente a revisar..." empieza, pero vos la interrumpís.
"Seguridad Nacional quería que les diéramos nuestras bases de datos porque sabían que esto iba a pasar. Sabían que iban a atacarnos" le explicas rápidamente en susurros, y la mirada en sus ojos te indica que te cree, te indica que tus palabras acaban de convencerla de que es necesario realizar de inmediato una evacuación "Tenemos que evacuar ya mismo" repetís, como si eso no hubiera quedado claro, y antes de que tengas que agregar algo más, ya Michelle se haya parada en medio del piso principal, dando indicaciones a viva voz y coordinando el abandono de las oficinas, tratando de que nadie entre en pánico y procurando que todos salgan de allí rápidamente.
Justo cuando estás por unirte a los que en filas se dirigen hacia las enormes puertas de salida, tu teléfono suena, y del otro lado te encontras con la voz de Lynne Kresge, la secretaria personal del presidente David Palmer, quien desesperada te avisa que es necesario hacer lo que ya se está haciendo porque una bomba va a estallar antes de que el reloj dé las once de la mañana.
"Estamos enterados" decís fríamente, y luego el enojo se apodera de voz y tu temperamento se descontrola "Seguridad Nacional sabe de esto hace más de media hora, por eso pidieron que enviaramos nuestros datos a su servidor"
"Haga salir a todos urgente" Lynne repite, y el hecho de que no defienda la acusación por vos realizada respalda tu teoría de que Seguridad Nacional estuvo mintiéndoles todo el tiempo.
"Ya lo estamos haciendo" respondes, y luego colgas.
Estás a punto de acercarte a Michelle para decirle que tienen que salir los dos de allí ahora mismo, que tienen que irse y dejar que el resto de los empleados se evacuen solos, que no pueden arriesgarse a quedar ahí adentro por más tiempo, cuando de pronto recordas que Paula está en la oficina de Mason trabajando en eso que le pediste. Paula está ahí, en una oficina que tiene aislamiento sonoro. Paula está ahí, totalmente ajena de lo que está aconteciendo. No sabe de la bomba, no sabe de la evacuación, y si alguien no va a sacarla de allí arriba, no va a tener escapatoria.
Subís los escalones corriendo, haciendo uso de todas tus fuerzas. Abrís la puerta de forma casi violenta, y con tono de voz apremiante tratas de explicarle que deben irse ya.
"Paula, hay una bomba... No hay tiempo de explicar, tenemos que salir..."
"Tony, estoy a punto de terminar esto..." señala la computadora y en la pantalla vez que los datos pedidos por Seguridad Nacional están transfiriéndose.
"No hay tiempo, Paula, tenemos que irnos" insistís, y antes de que pueda volver a decir algo la tomas de la mano y la arrastras hacia fuera.
Están los dos así, de la mano, corriendo escaleras abajo, tratando de salir de ese edificio antes de que lo peor pase. Ves a Michelle parada en el medio del piso principal, ocupándose de que todos abandonen sus estaciones de trabajo y se dirijan a la salida.
Tu primer instinto es gritarle, decirle que corra, que salga, que se vaya.
Tu primer instinto es ese, pero no llegas a articular palabra, porque la explosión ocurre justo cuando Paula y vos se hallan en el descanso de la escalera. La explosión ocurre, salvaje y con una fuerza sobrenatural que jamás experimentaste, y mientras el ambiente se llena de humo y un olor agrio difícil de describir, mientras tu cuerpo vuela por los aires y acaba tirado en el suelo frío, hay dos pensamientos carcomiéndote la cabeza a una velocidad que es casi dolorosa: dónde y cómo está Michelle, y si mañana el sol va a brillar para ustedes dos, si van a lograr salir de allí, de entre los escombros, o van a quedar entre ellos atrapados.
Son las once en punto de la mañana del que podría ser el último día de tu vida.
Son las once en punto de la mañana y, tapado por los escombros, solamente podés pensar en una sola persona y suspirar adolorido un solo nombre, como si estuvieras llamándola para asegurarte de que está bien, como si estuvieras llamándola para pedirle que venga a rescatarte, como si estuvieras llamándola para que su voz te asegure que mañana el sol va a brillar para los dos.
Michelle.
