ADVERTENCIA:

Hetalia no me pertenece. Notas al final.

Éste capítulo contiene lemon. Está marcado con tres asteriscos *** para quien no desee leerlo y sea más fácil saltarlo.


IMBRANATO


VEINTICUATRO

Si se trataba de amistad, Lovina no se consideraba precisamente la peor amiga del mundo… aunque tampoco la mejor; debido a su carácter le costaba simpatizar con la gente, sin embargo una vez la confianza se cimentaba podía a llegar a ser tan buena compañía que no tendría nada que envidiar a amistades tan famosas como la de Lennon y McCartney(*). No obstante al ser una persona tan cerrada, a la hora de tener un problema tenía una clara tendencia a aislarse del resto y aquello no dejaban muy en claro lo mucho que en verdad podía desvivirse por una amistad. Por eso, cuando recogió el correo se sintió particularmente mal al ver una linda tarjeta con el dibujo de dos bebés y la frase: "te invitamos a nuestro bautizo". Se preguntó dónde demonios había estado su cabeza; ella misma había visto a Michelle, la prometida de Arthur, embarazada de cinco meses y era un hecho que ya había pasado más de los cuatro meses faltantes para el nacimiento de los gemelos. Suspiró y no pudo evitar hacer cálculos… había ido a casa de su amigo inglés a mediados de Enero… los niños entonces habían nacido en Mayo… ¿sería entonces esa la razón por la cual Arthur apenas y se limitó a llamarla por su cumpleaños? Si bien éste había sido en Marzo, tal vez el rubio había estado demasiado ocupado… ¡tal vez incluso los niños habían nacido antes de los nueve meses! Y ella que hasta cierto punto se había enojado con él. Se sintió una egoísta total; aunque en su defensa, Arthur tampoco le había dicho algo y no podía pretender que estuviera al pendiente de su vida, ¡no era una acosadora!

Leyó bien la bonita invitación, recordó que su amigo le había dicho que conoció a Michelle en una exposición de arte… seguramente las habían escogido juntos y es que conocido era el buen gusto del anglosajón. "Henry Kirkland y Nicholas Kirkland te invitan a su bautizo" Entonces le llegó una duda, ¿había alguna iglesia anglicana cerca de ahí? Sinceramente lo dudaba, porque hasta donde recordaba Arthur profesaba esa creencia religiosa y era ilógico que los bautizara bajo otra fe, ¿no? Aunque tal vez Michelle… Prefirió dejar sus especulaciones de lado y rápidamente tomó el teléfono; al ser su día libre podía darse el lujo de estar aún con pijama y en verdad lo agradecía. Se acostó en su cama y comenzó a rodar en tanto esperaba que le contestaran… porque sí, ella podía rayar en lo infantil, aunque sólo a veces.

Hello?

—¡Arthur! Maldición, tardaste mucho en atender.

Estaba haciendo dormir a Nicholas, no me reclames —el tono cansado fue palpable incluso a la distancia. Casi inmediatamente Lovina recordó las veces que terminaba agotada luego de atender a su pequeño Adamo… a veces le parecía que apenas había sido ayer cuando aún le cambiaba los pañales y tenía que bajarse el sujetador para darle de comer; casi, casi le daban ganas de tener un hijo nuevamente… entonces recordaba lo agotada que terminaba cada día y descartaba automáticamente su deseo—. ¿A qué debo el milagro de tu llamada? ¿Pasó algo con Fernández?

—No —frunció el ceño; le molestó que Arthur pensara que sólo lo llamaba por algo relacionado con Antonio, aunque si era realista, en verdad así era. Suspiró—. Me llegó una invitación… por el bautizo. Debo decir que me siento algo ofendida porque no me avisaste cuando nacieron los gemelos… me hubiera encantado ir a verlos al hospital, porque no creo equivocarme al decir que no nacieron en el que trabajo.

Hay uno más cerca de donde vivimos —el rubio se mantuvo en silencio un par de segundos antes de volver a musitar palabra—. Ese día fue de locos, la verdad cada día desde que nacieron ha sido demasiado movido… si no te dije antes no fue adrede, menos después de lo que hablé con Michelle.

—¿De qué se trata?

—Es simple: ella elige el padrino, yo la madrina… así que, ¿qué dices? Eres mi primera opción y a decir verdad pensaba pasar por el hospital dentro de la semana para hablar directamente el tema contigo.

—¿Ya tienes la fecha del bautizo y no a los padrinos? Eres un desastre.

La elección de Michelle ya confirmó —se encogió de hombros, aún cuando la italiana no pudiera verlo—. Así que… ¿escuché un sí?

.

.

.

Antonio pareció especialmente molesto esa mañana y no, no se trataba debido a que se había quemado la lengua con el café, ni porque con éste mismo había manchado unos documentos y tenía que reponer él mismo las copias pues su secretaria se había reportado enferma, sino más bien por su ya no tan querida hermana pequeña. Lo cierto era que ya había pasado un buen tiempo desde que había roto con Emma, ¡si había sido justo luego de su cumpleaños! Pero claro, María tuvo que hacerle un escándalo en la oficina, siete meses después —sentía pena por el informante de su hermana, era malísimo… o tal vez sólo demasiado lento— Suspiró y acarició sus sienes; tenía que tranquilizarse si quería que las cosas comenzaran a salir bien, porque claramente a nadie le gusta hacer desastres y que el trabajo se acumule hasta el punto de ya no tener espacio en el escritorio. Se había encerrado en su oficina y le había pedido a la secretaria de la entrada que si alguien le solicitaba, inventara que estaba en el juzgado de garantía o donde sea… y es que aquel, era el día en que todo le salía mal y no quería arruinar su prestigio sólo por haber despertado con el pie izquierdo.

Dejó imprimiendo una copia de los documentos que había manchado y apoyó la cabeza contra el respaldo de su cómoda silla negra; incluso se permitió soltar levemente el nudo de su corbata… sabía que a Roderich, su jefe, le gustaba que todos los trabajadores de la firma estuvieran impecablemente presentados, pero si no lo veía, no tendría por qué reclamarle. Pensó entonces en sus amigos… ¡vaya que sí le había costado arreglar sus problemas con Francis! Aún cuando su pelea había sido casi a la par que el asunto de Emma, se había gritado tantas cosas hirientes que ambos tardaron bastante en volver a hablar como si nada… y debía agradecer a Gilbert por eso. Un día simplemente los había citado en el bar al que tanto que gustaba ir y les anunció que Elizabeta estaba embarazada… el albino estaba tan feliz por nuevamente ser padre que bebió cerveza —alemana, por supuesto— hasta perder el conocimiento, y ayudar a su amigo, ebrio de felicidad y de alcohol, había sido la instancia clave para por fin, luego de varias semanas, dejar de lado por fin la tensión. Claro que eventualmente comenzaron a reclamar por quién sería el mejor padrino.

Sonrió levemente y procuró dejar la taza con café lo más alejada de los documentos de su escritorio… tenía bastante papeleo que hacer y no permitiría que todo su trabajo se arruinara por aquella sustancia que tanto apreciaba, sobre todo por las mañanas.

Faltando más o menos diez minutos para las una de la tarde, Antonio se acomodó el saco al igual que la corbata y, maletín en mano, salió de la firma, informando a las secretarias de la entrada que iría a tribunales porque necesitaba completar unos asuntos. Sintió la mirada de María justo en su espalda… y es que no podía ser otra, era la única que tenía la puerta de su oficina abierta; apenas y le prestaba atención a su interlocutor. El español rodó los ojos y caminó hasta su auto. Si bien era cierto que debía ir a los tribunales de justicia debido a trabajo, pensaba hacerlo después de almuerzo… ahora sólo tenía en mente comer y no precisamente solo. Tras acomodarse tras el volante, se puso el manos libres del teléfono celular y llamó a Lovina… no podía evitar recordar con una risilla esa vez que le pidió a Gilbert buscar en el teléfono de su esposa el número de la italiana… y es que era más que evidente que la italiana lo enviaría por un tubo si se lo preguntaba personalmente. Puso su auto en marcha y se mantuvo atento al audífono en su oreja derecha.

De su cabeza no salía la imagen de la siempre fuera Lovina Vargas, completamente vulnerable, llorando en sus brazos, pidiéndole que no la dejara. Se le había roto el corazón con ello. Lovina en tanto tomó su teléfono celular y se extrañó al ver el número desconocido, por lo general no atendía esas llamadas, sin embargo esa vez hizo una excepción… ¡y qué buena excepción! Sintió que sus mejillas ardían nada más al escuchar el simple: "Hola Lovi, soy Antonio" se sentía como una de esas estúpidas adolescentes que se vuelven aún más estúpidas cuando están enamoradas. Dio gracias al cielo, mar y tierra que el español no pudiera verla y es que aún estaba en pijama, con el cabello enmarañado… aún más, su nerviosismo saltaba a la vista, aunque por suerte para ella el tono de voz seguía como siempre. Apenas el ojiverde musitó que le gustaría invitarla a almorzar, la italiana corrió a su clóset, gritando internamente por no tener nada "apropiado" para ir a almorzar con Antonio. Reprimió un suspiro y, tratando de sonar lo más indiferente posible, aceptó la invitación, aludiendo entonces que estaba en su departamento debido a su día libre, que la buscara ahí.

Se tomó unos segundos para asegurarse que la llamada se había cortado —aún cuando había sido ella misma quien lo había hecho— para luego comenzar a buscar como loca algo apropiado en su clóset. No quería algo demasiado formal, tampoco algo muy elegante, aunque menos quería algo provocativo… jaló su cabello, desesperada y enojada consigo misma. Era Antonio… ¡sólo era Antonio! Definitivamente NO era una cita, cualquiera te puede invitar a comer así que vestiría como todos los días, aún cuando su sentido común le reclamaba que debía hacer un esfuerzo por verse un poco mejor que todos los días. Como no estaba segura de cuánto tardaría en la ducha, llamó al conserje y le pidió que le diera unas copias de su departamento a un hombre alto, de piel tostada, cabello castaño y ojos verdes que respondiera al nombre de Antonio, pues ella estaría muy ocupada como para abrirle la puerta. Procuró llevar al baño la ropa que se pondría, ya que si bien estaba acostumbrada a ir sólo con una toalla alrededor de su cuerpo hasta su habitación, no se arriesgaría a que el español la viera desnuda… aún cuando en el pasado lo hubiera hecho un sin número de veces, las cosas ahora eran diferentes.

Se sintió automáticamente relajada cuando el agua caliente impactó contra su cuerpo; pronto comenzarían nuevamente el invierno y el frío ya se hacía presente. Procuró hacer lo más corta posible su instancia en el baño, tampoco quería que Antonio se tomara la confianza de inspeccionar el departamento y já, por supuesto que ella sabía cómo era el español, no podía quedarse quieto demasiado rato. Se puso un jean azul ceñido a las piernas y una bonita blusa color crema con dibujos en los bordes antes de salir del baño; por supuesto que procuró ir a su habitación lo más rápido posible… sería un golpe para su ego si alguien —además de su hijo— la veía desarreglada. Suerte para ella, seguramente el ojiverde estaba demasiado entretenido viendo las fotografías de cuando Adamo era niño que tenía acomodadas sobre un mueble en la pequeña sala de estar. Se secó bien el cabello, se maquilló, se calzó botas, uno que otro accesorio, un abrigo, su bolso y solo entonces salió de su cuarto; se notó ligeramente avergonzada cuando divisó al español, sin embargo su orgullo le impidió ser demasiado demostrativa, le saludó no todo lo cariñosa que en verdad podía o pudo haber sido.

—Estás tan bonita, Lovi —aquel había sido, cómo no, el saludo de Antonio, quien no dudó en acercarse a la italiana en tanto hablaba y la abrazó, tal como la última vez que se habían visto… claro, agradeció el hecho que la mujer no estuviera llorando—. ¿A dónde te gustaría ir a comer? Yo invito…

—Si no lo hicieras no habría aceptado salir contigo en primer lugar —bufó, mirando hacia otro lado con las mejillas levemente sonrojadas. Por supuesto que le molestó cuando el español comenzó a reír; ella no sabía que el hombre frente a ella había rememorado una de las tantas veces, durante su juventud, que había salido con Lovina antes de ser novios… era casi el mismo diálogo de aquella primera vez que por fin había aceptado una invitación de su parte—. Y no sé… quiero pasta, con muchos tomates.

Antonio pensó entonces que si hubiera contado con un poco más de tiempo —un fin de semana, por ejemplo— habría invitado a Lovina a su departamento y le cocinaría la pasta que tanto le gustaba tal y como ella la prefería, pero sabía que aquel era el único día libre de la italiana y tampoco quería entorpecer su trabajo en el hospital. Mientras estaban en el ascensor, la mujer sugirió ir a un restaurante que estuviera cerca del trabajo de Antonio, pues si se le hacía tarde no estaría tan apurado… entonces sintió el rostro arder cuando el español, luego de una de sus tan características tontas, pero adorables, sonrisas le dio las gracias por ser tan considerada y le comentó sobre un lindo lugar que estaba cerca de los tribunales de justicia; le constaba que la comida ahí era buena ya que por lo general almorzaba ahí cuando estaba con algún cliente.

Lejos de lo que cualquiera hubiera pensado, el almuerzo estuvo lejos de silencios incómodos y miradas de reojo. Lovina tuvo que reconocer que Antonio seguía siendo tan buena compañía como recordaba, aburrirse con él era casi imposible y tuvo que admitir, muy dentro de sí, que se sentía otra vez como una chiquilla cuando estaba en su compañía. La comida había estado muy bien y como habían acabado con tiempo de sobra, el español se ofreció a llevar nuevamente a la mujer a su departamento… aún cuando este no estaba demasiado lejos, Antonio se estaba esforzando, de verdad quería hacer bien las cosas así que lo propio era dejar a la italiana en su casa sana y salva. Cuando ambos estuvieron frente a la puerta del departamento, recién entonces las cosas se tensaron un poco entre ambos y es que a decir verdad ninguno de los dos quería dar el pie a una despedida. Lovina se debatía internamente entre sí hacer o no la pregunta que venía rondándole desde la última vez que vio a Jett, pero temía tanto la respuesta del español frente a ella que se sentía en la necesidad de reunir valor. Alzó la cabeza y vio a Antonio sonriéndole… ¿Por qué demonios siempre tenía que ser así de adorable? ¿Acaso no se daba cuenta que se sentía peor?

—¿Por qué?

—¿Por qué? ¿Qué cosa Lovi?

—¿Por qué estás aquí? ¿Por qué me invitas a comer? ¿Por qué demonios siempre me buscas? —bajó la mirada, sintiéndose peor a medida que hablaba. Si bien a causa del hombre frente a ella las cosas estaban como estaban, ella no había colaborado mucho marchándose y perdiendo el contacto con toda la gente que la quería. Cualquier persona se habría aburrido, quizás formado una familia y con suerte dirigiría un saludo cordial a la otra persona… como Jett, él se aburrió y dio un paso al lado, pero Antonio… a pesar de todos los rechazos, a pesar de todo lo que ha pasado él seguía ahí, Lovina se sentía tan vulnerable cada vez que lo veía, como si estuviera a punto de llorar.

—Porque quiero estar contigo —sonrió—. Porque quiero hacer las cosas bien, porque te amo, porque quiero que llegue el día que me pidas que nunca más me vaya… porque… —se acercó a ella, levantándole la barbilla con cuidado para así verla a los ojos. Con su mano libre le acarició la mejilla, disfrutando a plenitud lo nerviosa que estaba la italiana; sobra decir que era rarísimo que ella estuviera en ese estado—. Porque quiero que seamos una familia… como siempre debió ser.

Un segundo. Apenas bastó un segundo para que Lovina estallara en llanto, aferrando con fuerza y en el acto el cuerpo de Antonio; por supuesto que el aludido le correspondió de inmediato, acunándola entre sus brazos. Gracias a que la puerta estaba entre abierta, caminó junto a la italiana hasta la sala de estar, Antonio medio rió burlón al caer en cuenta que aquella era la primera vez que ingresaba al departamento sin que con ello alguno de los habitantes se enojara. Se sentaron en el sofá más grande y el español se quedó ahí, con ella, hasta que se tranquilizó. Claro que le mojó la ropa y su maquillaje quedó completamente arruinado por las lágrimas… tontamente el hombre pensó que tal vez así las mujeres conseguían tan buenos maquillajes para la noche de brujas. Con cuidado le apartó el cabello del rostro y volvió a sonreírle.

—Lovi, preciosa deja de llorar… no m…

***En el aire quedó la frase: "no me gusta verte así" ya que la italiana arremetió contra los labios de su compañero. Antonio se mostró visiblemente sorprendido, sus ojos se habían abierto de par en par, sin embargo, ni tonto ni perezoso, correspondió lentamente el beso. Pasó sus manos por la espalda femenina y sintió estremecer cuando la mujer comenzó a deshacer el nudo de la corbata y abrir su camisa. Decir que estaba nervioso era decir poco… si iba a pasar precisamente lo que creía que iba a pasar… hizo más pasional el beso e incluso se atrevió a meter las manos bajo la ropa de la italiana. Creyó que se volvería completamente loco cuando la escuchó jadear apenas por esa caricia. Ya hasta había olvidado esa tontería del maquillaje de noche de brujas. Lovina sólo atinó a pasar los brazos alrededor del cuello de él y corresponder el contacto. Lo quería, lo adoraba con toda su alma, no podía seguir mintiéndose. Volvió a jadear cuando los labios masculinos se deslizaron por su cuello y las manos de él, grandes si las comparaba con las propias, bajaron desde su cintura a su cadera. Deshizo completamente el nudo de la corbata roja. Y la lanzó por ahí. Ambos eran adultos, sabían muy bien a dónde conducían sus acciones y ambos parecieron de acuerdo con éstas.

Lovina se separó de él, se puso de pie y luego le tomó la mano para guiarlo a su habitación. Antonio, sonriente, él apenas y se tomó un segundo para inspeccionar el lugar… era la primera vez que estaba ahí después de todo. Asió a la italiana por la cintura y la pegó contra la puerta; la besó con urgencia, mas nunca dejó de ser cándido. Sus caricias se hicieron febriles y la ropa pronto comenzó a estorbar. La italiana desabrochó con tortuosa lentitud los botones que le faltaban hasta dejar el pecho expuesto. El español no se quedó atrás y apenas se permitió separarse lo suficiente para quitar la blusa de su amante. En un rápido movimiento, hizo que las piernas de la italiana se enroscaran en su cintura; la sujetó con fuerza para que no resbalara y continuó con las íntimas caricias. La mujer sonrió apenas al sentir el creciente bulto entre las piernas del hombre, y en un acto que consideró juguetón, movió sus caderas de arriba a abajo, estimulándolo y provocando que jadeara a causa del placer, acto seguido mordió el lóbulo de la oreja contraria y se dio el lujo de fingir que gemía —no que la situación no la estimulara, pero aún no llegaba a tal estado—; sabía que eso a él le encantaba. Aquella sin lugar a dudas no era como su primera vez; para empezar, Lovina era virgen y bueno, la torpeza fue quien dominó en aquella oportunidad. Ahora sin embargo… los años no habían llegado solos y si bien no es correcto ni de buen gusto alardear de la experiencia, ésta queda de manifiesto en situaciones tan íntimas como la presente.

Se soltó del agarre español y terminó de sacarle la camisa. Antonio hizo lo propio y le quitó el sujetador para dejar expuestos sus senos, con los cuales no dudó juguetear un poco; los besó, lamió y mordió con tanta calidez que el gemido de Lovina ahora sí fue real. Arqueó la espalda y hundió sus dedos en el cabello castaño del español. Éste volvió a sus labios y pronto la temperatura comenzó a subir peligrosamente en la habitación. Ella le desabrochó el cinturón y la pretina del pantalón… él hizo lo mismo con el de ella, rápidamente le quitó las prendas, dejándola sólo con interiores. Se relamió los labios al pensar en cuánto tiempo había deseado estar así con la italiana. Mojó dos de sus dedos con saliva y los deslizó por debajo de la prenda íntima y comenzó a estimular aquella parte tan sensible. Lovina gimió en el cuello de Antonio y se pegó a su cuerpo… luego exigió sus labios con fiereza, tratando de reprimir los inevitables gemidos de placer. Pero ella no se podía quedar atrás; torpemente deslizó una de sus manos y sonrió victoriosa al sentir como el cuerpo de él se tensaba al sentir la caricia por sobre la ropa, sin embargo, contrario a lo que la italiana pensó, los movimientos de Antonio se intensificaron al punto de hacer que se corriera en su mano.

Él limpió apenas un poco su mano en el pantalón, acto seguido cargó a la italiana y la acomodó en la cama; se tomó unos segundos para posicionarse sobre ella… quería grabar en su retina ese momento; verla jadeando, casi completamente desnuda, sobre su cama y con las mejillas sonrojadas… era el mejor espectáculo que podía pedirle a la vida. Se quitó el pantalón y la abrazó con fuerza para luego nuevamente deleitarse con sus labios. Una de sus manos se entretuvo con los pechos de ella y sus oídos se deleitaron ante la nueva ola de jadeos que sólo él provocaba. Cuando sintió que ya no podía aguantar más, sacó la última prenda que impedía la completa desnudez de la mujer, se acomodó entre sus piernas y, tratando de ser lo más delicado posible, introdujo su miembro en la entrada de Lovina. Sintió calor en todo su cuerpo y no reprimió ni un gemido a medida que aumentaba el ritmo de las estocadas; abrió un poco los ojos para contemplar los gestos de placer de la fémina bajo él, sentía enloquecer con cada uno de los gemidos de ella y es que pudo jurar, sin miedo a equivocarse, que desde la última vez que había estado con Lovina no hacía el amor con alguien… porque salta a la vista que sexo y amor no es precisamente lo mismo.

Al igual que él, Lovina dio rienda suelta a sus jadeos, sus uñas se enterraron en la piel morena; hacía tanto tiempo que no sentía aquello que la penetración le causo un malestar en sus partes bajas... porque si bien en el pasado había estado con otros hombres, había pasado un buen tiempo desde la última vez, Jett y ella nunca llegaron a esta instancia. A cada estocada sentía que su cuerpo se iba acostumbrando a la sensación, por lo cual sus gemidos nuevamente se comenzaron a oír. No tardó en participar en aquel acto, sus piernas de aferraron con mayor fuerza a la cintura del español, mientras sus manos lo recorría desde la espalda hasta el trasero y viceversa, y a su vez, sus labios besaban desesperadamente los ajenos. Por supuesto que Antonio correspondió a cada uno de ellos, aunque lamentó un poco, pues con ello los gemidos de placer eran interrumpidos y él quería escucharla, sin embargo no por ello los besos le desagradaban. Estaba ahí, luego de tantos años con el amor de su vida… enserio no exageraba cuando pensaba que podía explotar de felicidad en cualquier momento. Mantuvo el ritmo de las estocadas hasta que sintió estremecer dentro de ella, la placentera sensación de orgasmo inundó cada rincón de su cuerpo; escuchó a Lovina gritar de placer y claro, su orgullo de hombre creció exponencialmente. Acomodó a la mujer entre sus brazos y le acarició la espalda… a pesar de que la personalidad de la italiana muchas veces rayara en la altanería, sabía a la perfección lo mucho que le gustaba ser mimada, más aún luego de hacer el amor. Depositó un beso en su cabeza y sonrió al ver que ella ya se había dormido… habían sido muchas emociones en tan poco rato.***

Cerca de treinta minutos después, cuando el español recién comenzaba a dormitar, se escuchó el insistente sonido de su teléfono celular. En primera instancia dejó que simplemente sonara, pues su pantalón estaba en el piso, bastante alejado de la cama y no quería despegarse del agradable calor que desprendía el cuerpo de Lovina; sin embargo cuando el ringtone comenzó por cuarta vez, a regañadientes y por supuesto que molesto, se levantó para cogerlo y… el alma se le fue a los pies, no sólo por ver la hora —casi las cuatro de la tarde— si no porque el que llamaba era Roderich. Atendió la llamada y los gritos no se hicieron esperar; el austriaco estaba furioso pues se suponía que precisamente esa tarde Antonio tenía cita con unos importantes clientes y éstos ya llevaban quince minutos esperando. El español se deshizo en excusas, ¡había olvidado completamente a esos clientes! Juro que de no ser por Lovina, ese día enserio sería el más desastroso que había tenido. Rápidamente comenzó a buscar su ropa para vestirse… una mueca de horror se hizo presente cuando vio que su pantalón estaba levemente manchado en la entrepierna, aunque si mantenía su saco cerrado no se notaba. Lovina despertó debido al ruido y sonrojó completamente al encontrarse desnuda… más aún cuando Antonio se acercó a ella.

—Lo siento, mi amor. Surgió algo en la oficina y tengo que irme volando —acarició la ahora caliente mejilla femenina y es que nada en el mundo iba a mermar el sonrojo en el rostro de la italiana. Se metió bajo las sábanas en tanto el español se acomodaba la cortaba y, con la vista, recorría la habitación para ver si no se le olvidaba algo. Nuevamente se reclinó sobre el cuerpo de Lovina, esta vez para besarla y sonreírle, musitó que la llamaría apenas terminara con lo que tenía pendiente y salió corriendo, no dando lugar a la mujer para que replicara… aunque mucho en verdad no podía reclamar, pues fue ella la que había dado el primer paso, nadie la obligó en ningún sentido.

—Antonio…

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Adamo reclamó, maldijo y volvió a reclamar. Golpeó la almohada y luego resopló. Si lo pensaba bien, no sabía cómo había pasado de estar en la sala de estudio de la facultad, a un salón de clases, luego a la cascada que estaba en el último rincón del campus, una cafetería y finalmente en una habitación viendo una película… ¡y todo en compañía de ese idiota de Christian! Maldito, maldito, mil veces maldito, se había aprovechado de él, lo había besado tantas veces y él estúpidamente apenas y podía reclamarle. ¡No le gustaban los hombres! Maldita sea, odiaba a ese estúpido español cada vez un poco más. ¡Si hasta le había llamado amor! O bueno, no les todo… ¿Cómo demonios iba a saber él que ese era el segundo nombre de la hermana del idiota y que a Christian le gustaba llamarle por ese y no por el primero porque obvio, le gustaba molestarla. Se había escabullido apenas se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Cuando llegó a su habitación, Martín le había dicho que habían venido varios de sus compañeros para estudiar juntos… apenas unos días habían bastado para que los demás cayeran en cuenta de lo rápido que el ítalo-español captaba conceptos, así mismo se dieron cuenta de lo bueno que era explicando y resumiendo contenidos y es que por más que le molestara, lo tenía en los genes.

—Che pibe, ¿ya terminaste de tortura a esa pobre almohada? —el rubio salió del baño ya listo para dormir y Adamo le vio de mala manera; a decir verdad no sabía qué tanto ruido había hecho, pero sí sabía lo mucho que le gustaba al argentino molestarlo. ¿Acaso tendría un letrero en la frente que sólo él no podía ver? "Moléstenme por favor" Era tan tonto que le causaba risa.

—¿Tan entretenido es joderme?

—Te enojas tan fácil que sí, es gracioso —se encogió de hombros y a los pocos minutos pareció recordar algo, por lo que agregó—: ¿Estabas con Christian? Me pareció verlos en el campus —Adamo sintió entonces que la sangre se acumulaba en sus mejillas. Musitó un escueto: "debiste haberme confundido" Tomó su pijama, una toalla y se encerró en el baño, había sido un día muy largo y debía admitir que necesitaba hablar con Alexis; si mal no recordaba Francia tenía la misma zona horaria que Italia, así que luego de su baño la llamaría y luego le pediría que se metiera a internet… sería mucho más cómodo para él escribir que decir algunas cosas, además no quería que Martín se enterara.

Se duchó lo más rápido posible, ya para cuando salió del baño el reloj marcaba las diez de la noche con un par de minutos… esperaba que no fuera demasiado impropio llamar a su amiga a esa hora o peor, que estuviera ocupada. En el último segundo decidió mejor enviarle un mensaje por wasap Martín aún estaba despierto y si decía a viva voz que necesitaba hablar con ella, sabía que el rubio comenzaría a molestarlo con Alexis, tal vez incluso diciendo estupideces como que extrañaba a su novia. Sobresaltó al escuchar el sonido de mensaje recibido e inmediatamente buscó su computador al leer que la francesa había respondido que estaba conectada en hetabook, apenas ingresó una ventanilla en la parte inferior derecha apareció. Adamo suspiró pesadamente antes de proceder a escribir, aunque agradeció que la rubia no pudiera verlo.

Adamo Vargas: Hoy pasé toda la tarde con el idiota…

Alexis Françoise Bonnefoy: ¿Christian?

Adamo Vargas: Sí.

Alexis Françoise Bonnefoy: No le veo lo malo, podrían ser amigos y que lo de la biblioteca sea un recuerdo gracioso.

Adamo Vargas: No entiendes. Me besó tantas veces que perdí la cuenta. Me invitó a cenar y terminé en su habitación viendo una película.

Alexis Françoise Bonnefoy: ¿Te gusta?

Adamo Vargas: ¡No! ¡Maldita sea no soy gay!

Alexis Françoise Bonnefoy: ¿Y qué si lo fueras? Tu tío lo es y no veo que tenga problemas al respecto.

Adamo Vargas: No me compares con Paulo.

Alexis Françoise Bonnefoy: Yo sólo decía. Deberías calmarte, Adamo. Sólo era un comentario.

Adamo Vargas: Lo siento.

Alexis Françoise Bonnefoy: ¿Estás bien?

Adamo Vargas: No.

Alexis Françoise Bonnefoy: Bueno, podrías pensar en por qué aceptaste salir con él, ¿por qué dejaste que te besara tantas veces? Porque si la primera vez le hubieras reclamado, no creo que hubiera intentado otra vez.

Adamo Vargas: No sé…

Alexis Françoise Bonnefoy: Adamo, no lo afirmo del todo, pero tal vez Christian no te es indiferente del todo.

Adamo Vargas: No sabes lo que dices.

Alexis Françoise Bonnefoy: Lo sé, por eso no lo afirmo, sólo estoy especulando.

Adamo Vargas: Estás loca.

Alexis Françoise Bonnefoy: Sólo un poco jajaj

Adamo Vargas: Mejor cambiemos el tema, me pone de mal humor hablar de ese idiota. ¿Cómo te ha ido en la escuela de modas? ¿Se te ha roto alguna uña? ¿Lloraste como esa vez que estabas en mi casa?

Alexis Françoise Bonnefoy: Eres de lo peor.

A eso de la media noche la rubia se despidió de él aludiendo que al día siguiente tenía clases a las ocho de la mañana; Adamo sólo tenía clases en la tarde así que podía darse el lujo que acostarse tarde. Tal vez podría adelantar un capítulo de su clase del día siguiente, pero a decir verdad le daba flojera… luego de todo lo que había hecho en la tarde sólo tenía ganas de estar acostado en su cama. Desvió la vista al escritorio de Martín y recién entonces cayó en cuenta de la elaborada maqueta que estaba haciendo… seguro llevaba todo el día en ella pues no recordaba haberla visto el día anterior. El argentino le comentó que el profesor había dado dos semanas de plazo para tenerla lista, sin embargo el había comenzado a hacerla de inmediato, pues tenía otras clases para las cuales estudiar. Adamo se reconoció sorprendido… en primera instancia había catalogado al latino como el estereotipo de estudiante universitario que se mostraba en las películas estadounidenses, ese que se la pasa de fiesta y el último día hace sus cosas, pero no… W exigía a sus alumnos y claramente para mantenerse en este lugar había que esforzarse; era una gran verdad cuando decían: no juzgues un libro por su portada. Inevitablemente Christian apareció en su cabeza y sonrojó en el acto. Maldijo.

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El día del bautismo de los hijos de Arthur llegó en un abrir y cerrar de ojos. Los días entre medio —vale decir, desde que se había acostado con Antonio— el español la llamó sin descanso; no podía ir a verla al hospital e interrumpir su trabajo, si bien habían casos menores, también existían otros bastante graves en los que se debía actuar rápido y obvio, sin distracciones. Lovina debía admitir que le hubiera encantado estar aunque sea un momento abrazada a Antonio, pero ya había pedido libre para poder asistir al compromiso y eran sólo seis días al año(*) los que podía excusarse del trabajo, no debía desperdiciarlos. Se duchó, peinó y puso un lindo vestido acorde a la ocasión. Le había sorprendido saber que efectivamente había una iglesia Anglicana en Roma(*)… desde que era niña le habían inculcado el cristianismo y bueno, si bien conocía las otras religiones nunca había ido a alguna de sus iglesias, mucho menos luego de entrar a la clásica etapa rebelde en lo que todo relativo a la religión te hace vomitar. Al ser la madrina, Arthur le pidió estar una hora antes en la iglesia pues podía surgir un imprevisto. La italiana ahogó un grito de sorpresa cuando, a lo lejos, divisó la iglesia. Como estaba lejos del centro de la ciudad no le sorprendió el hecho de nunca antes haberla visto, después de todo Roma es muy grande, pero aquella iglesia no tenía nada que envidiar a alguna de las católicas. Su buen amigo estaba en la entrada… como buen inglés, adicto a la puntualidad y maniático del orden, seguro estaba viendo que todo estuviera en su lugar.

—¿Sabías que si te preocupas mucho te salen canas?

—¿Y tú sabías que existe la tintura para cabello? —ambos rieron a causa del comentario y acto seguido se abrazaron, después de todo hace muchísimo que no se veían. Ocuparon el tiempo restante para ponerse al día e incluso el rubio se excusó por haber dejado pasar tanto tiempo y sin que Antonio firmara el divorcio. Lovina se incomodó de pies a cabeza, mas se excusó en el hecho que no era momento para hablar de eso, que lo único importante ahora eran sus gemelos. Suspiró apenas el británico se fue, había mencionado que iría a ver si el sacerdote necesitaba algo; sabía que se enojaría con ella si le decía que las cosas con Antonio no estaban del todo mal… seguro la trataba de estúpida y no quería pelear justo ahora con él.

Faltando veinte minutos para comenzar con la ceremonia, apareció Michelle con los gemelos y la última persona que pensó estaría ahí ese día. Él igualmente se sorprendió y esbozó una sonrisa burlona al tiempo que se acercaba a Lovina, la italiana frunció el ceño y se cruzó de brazos… ¿qué demonios se suponía que hacía ahí ese pervertido? Con su historial debieron haberle prohibido el acceso a la iglesia. Francis acomodó un mechón que se desprendía de su elegante coleta y comenzó a reír, misma risa que tanto molestaba a la mujer frente a él.

—¿Qué demonios haces aquí, bastardo pervertido?

—No deberías hablar así en la casa de Dios —mofó, no disimulando ni un poco lo mucho que disfrutaba molestando a la italiana—. Aunque podría hacerte la misma pregunta, ¿qué haces aquí?

—Soy la mejor amiga de Arthur, es obvio que me invitara —rodó los ojos y volvió a gruñir. Hasta donde recordaba el inglés no se llevaba nada de bien con Francis y enserio dudaba que lo hubiera invitado. Tal vez vivía cerca y al ver movimiento se había colado, sí, eso debía ser. De reojo vio a los gemelos… eran los bebés más adorables que había visto en la vida (aunque su hijo se ganaba el primer lugar, obvio) ¡y eran igualitos a Arthur! Iba a derretirse de ternura en cualquier momento, mas pronto recordó al indeseable frente a ella y volvió a gruñir.

—Pues yo soy el padrino, tengo todo el derecho de estar aquí.

Espera… ¿qué? ¡¿Qué?! ¿Cámara escondida? ¡Seguro se trataba de una broma! Un inútil como Francis no podía cargar con la responsabilidad de dos niños… si Arthur y Michelle morían él sería el responsable de las criaturas, ¿es que su amigo había perdido completamente el juicio? Ella no quería nada que ver con el francés, aunque no podía dejar a los niños a su cuidado. Sin disculparse se alejó de él y caminó directamente al ojiverde de grandes cejas. Le reclamó el haber escogido a semejante… ser humano para ser el padrino de sus hijos; Arthur suspiró pesadamente y añadió a que de un principio había estado en desacuerdo con ello, pero Francis es el primo más querido de Michelle y ella tenía más de un truco para convencerlo. La italiana sonrojó ligeramente ante la última frase y sólo se limitó a gruñir. Si ese pervertido era familia de la novia de Arthur no podía reclamar… aunque era una suerte que Michelle no se pareciera ni un poco a él. El mundo era tan pequeño.

Poco tiempo después la ceremonia dio inicio. Francis igualmente se sorprendió al saber que Lovina sería la madrina, aunque disimuló ello mucho mejor que la mujer; cuando le había preguntado a su querida prima ella sólo había mencionado que muy probablemente no la conocía e incluso tuvo el descaro de decir que tal vez sería su siguiente novia… hizo una mueca de asco, ¡ni en un millón de años estaría con una mujer tan arisca! Lovina ignoró durante toda esa hora al francés, tenía muchísima más curiosidad por saber cómo eran los bautizos anglicanos y sí, se notó levemente decepcionada al ver que eran casi iguales a los católicos… no esperaba que saliera un perro con un tutú bailando cancán, pero… bueno, creí que sería distinto. Todos los invitados aplaudieron cuando el sacerdote presentó ante Dios a los gemelos Kirkland y ya afuera, Arthur invitó a sus padres, los padres de Michelle y claro, a los padrinos a ir a su casa para celebrar con un almuerzo. La italiana sonrojó debido a lo conmovida que se había sentido cuando uno de los niños estiró los brazos hacia ella para que lo cargara, inevitablemente recordó cuando Adamo era pequeño y es que a pesar de todo lo malo que pasó, su hijo era, sin lugar a dudas, lo más maravilloso de su vida.

—Le gustas a Nicholas —rió el orgulloso padre. Lovina se vio en la necesidad de regresarle el bebé a Arthur cuando su teléfono celular comenzó a sonar. Sonrió al ver la pantalla y se alejó un poco para contestar. Gracias al cielo todos hacían lo mismo a la hora de estar entre un grupo grande de gente, de otro modo se hubiera visto raro.

—Dame un segundo —habló por el teléfono para después decirle a Michelle que ella los seguiría en el auto, que iba enseguida. Caminó hasta su coche y una vez tras el volante, retomó la llamada—. Disculpa, ahora si puedo hablar.

Hola Lovi preciosa, ¿tienes libre esta noche para ir a cenar conmigo?

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¿Hola? ¿Alguien vivo por aquí? Lo siento, volví a tardarme y no sólo por el hecho de ser vacaciones :( hace poco murió una de mis primas, tuve que viajar para hacer unos trámites en la universidad (de hecho aún no vuelvo a mi casa) y lo más importante, el pasado martes 21 fue mi cumpleaños jajaj :') En fin, traigo capítulo fresquito, recién salido del horno.

Hay varias cosas que tuve que investigar para que quedara bien, principalmente todo lo que corresponde a la religión Anglicana. Si hay algún error por favor díganme para que lo arregle.

Otra cosa, para las fans de Adamo, ¿recuerdan que hace tiempo había mencionado algo sobre el facebook de él? Bueno, aún existe y tiene muchas cosas, entre ellas muchos, muchos roles que se irán revelando a medida que avance la historia. Por ejemplo, el resumen que di respecto al día de él y Christian es un rol bastante largo... obvio no entré en detalle porque, obvio, éste es un fic Spamano, ustedes se meten aquí porque quieren leer sobre ellos y no otros, así que por eso en mi perfil dejaré un link para que, quien quiera, lea el rol (ROL 1). Estará para vista pública así que no es necesario que lo tengan agregado como amigo para leerlo.

Respecto a los hijos de Arthur, pondré un dibujo en mi perfil. Está basado en el web cómic de Himaruya: BARJONA BOMBERS.

Algunos puntos para tomar en cuenta:

(*)Amistad de John Lenon y Paul McCartney: Sin lugar a dudas una de las más famosas de la historia. En una oportunidad, ante una pregunta sobre la amistad, John Lennon declaró: " En mi vida solo he tenido dos amigos...Yoko y Paul ". En efecto, la amistad entre ambos compositores puede ser definida como la dupla creativa más complementaria de la historia

(*)Religión Anglicana: "El término anglicano, y su derivado anglicanismo, provienen del latín medieval ecclesia anglicana, que significa iglesia inglesa, se utiliza para describir a las personas, las instituciones e iglesias, como asimismo a las tradiciones litúrgicas y conceptos teológicos desarrollados tanto por laIglesia de Inglaterra" Por lo anterior hice que ésta fuera la religión profesada por Arthur.

(*)Iglesia Anglicana en Roma: "St Paul" o simplemente "San Pablo" fue la primera iglesia no-católica que se construye dentro de las murallas de Roma. La iglesia fue diseñada por el arquitecto Inglés George Edmund Street y construida en 1873.

(*)Seis días libres: Según la ley, todo trabajador dependiente dispone de seis días hábiles al año para poder excusarse de sus obligaciones como trabajador.

Y ya, creo que no se me olvida nada. Lo del link estará en la noche, a más tardar mañana porque yo no controlo la visibilidad de ese rol.

¡Saludos!