Lo siguiente tiene lugar entre la 1:00 y las 2:00 de la tarde del 4 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Las horas no tienen principio ni fin.

El tiempo es algo de lo que perdiste noción durante los últimos sesenta minutos. Por momentos los segundos parecen siglos para después convertirse en arena deslizándose entre tus dedos para después tomar la forma de milenios interminables y luego mutar en estrellas fugaces que nacen, brillan y mueren tan rápido que ningún ojo humano por más entrenado que esté es capaz de detectarlas.

Nunca creíste que en el transcurso de una hora pudieran suceder tantas cosas, decirse tantas otras y vivirse emociones lo suficientemente fuertes como para sacudirte entera, pero juzgando por la forma en que tu corazón está latiendo en estos momentos y la manera en la que cada músculo - por más pequeño e insignificante que sea - tiembla involuntariamente al compás del ritmo de tus desaforadas pulsaciones, podría decirse que tus opiniones han sido todas metidas dentro de una gran bolsa de consorcio negra y arrojadas por la ventana, por describirlo de alguna forma.

En una hora pasó lo inimaginable, lo inconcebible si de una cantidad de tiempo tan poco importante se trata, y todavía estás tratando de entenderlo, de procesarlo, de asimilarlo, de incorporarlo.

Pero no podés. Está costándote un esfuerzo grandísimo. Tratas, tratas, tratas, le das vueltas al asunto, pero no podés. Es como si hubiera sido nada más el fantasma casi corpóreo de una gran pesadilla, o un largo momento de ensimismamiento que te llevó a delirar, o una fantasía, o un sueño lejano y distante olvidado y rescatado de entre el polvo, pero no una realidad que pertenece al pasado más inmediato de todos: la hora anterior, la que acaba de terminar, la que a penas un minuto atrás conoció su muerte cuando las agujas del reloj se posicionaron anunciando la una de la tarde.

Una hora en la que los tableros se dieron vuelta y las piezas de esta partida de ajedrez tomaron formas y valores nuevos.


Estabas ayudando a los técnicos a reparar la red y ponerla en funcionamiento de nuevo cuando Jack Bauer llamó a George Mason para decirle que quien había vendido a Wald la información necesaria para detonar la bomba en la CTU (planos del edificio, detalles de los sistemas de seguridad, manuales de organización, códigos de acceso a las cámaras de seguridad, datos del personal) fue nada más ni nada menos que Nina Myers.

El nombre resonó en tu cabeza con la fuerza e intensidad de un martillo eléctrico.

Nina. Nina Myers. Ella tiene algo que ver con todo esto. La mujer que dejó a Tony destrozado es parte de esto. La mujer que le rompió el corazón y arrojó el resto a los buitres para que se lo comieran.

Con Nina involucrada en el medio, las cosas están destinadas a ir de mal en peor, cuesta abajo, irrefrenables y en picada salvaje.

Porque Nina es sinónimo de problemas.

Nina es sinónimo de muerte.

Nina es sinónimo de traición.

Nina es sinónimo de maquinaciones retorcidas y enfermizas.

Nina es sinónimo de una mentalidad maquiavélica.

Nina es sinónimo de espanto.

Nina es sinónimo de falta de escrúpulos y conciencia.

Nina es sinónimo de juegos peligrosos que implican lujuria, engaños y abusos.

Nina es sinónimo de todo lo malo que un ser humano pueda imaginarse.

De todo lo malo y de mucho, mucho más.

Y Nina, te enteraste durante el transcurso de la hora que pasó, juega un papel en todo esto: ella le vendió información a Wald dieciocho meses atrás, justo antes de ser descubierta y encarcelada no sin antes haberse cobrado la vida de unos cuantos (Teri Bauer incluida) y marcado la de muchos otros (Jack, Kim, Tony... Dios, la lista es interminable).

Eso significa que en su mente perversa puede se hallen los nombres de los titiriteros que están jalando de las cuerdas que manejan a las marionetas y con sus manos hábiles manchadas de sangre mueven a los peones que han estado ejecutando y ejecutarán los actos que sean necesarios para llegar a destruir la ciudad de Los Angeles y las vidas de quienes la habitan.

Eso significa que si Wald es un pez de ínfimo tamaño en este océano, entonces Nina puede tener la clave que los lleve a los peces más grandes.

Por eso la gente de División – más precisamente Ryan Chappelle – no tardó en ceder cuando, una vez mesurada la situación en la balanza, se decidió pedir autorización para que Nina fuera trasladada desde la prisión de alta seguridad en la que lleva dieciocho largos meses recluida hasta las oficinas de la CTU para ser exhaustivamente interrogada y presionarla bajo todos los medios posibles hasta que se quiebre y empiece a hablar, hasta que dé la información necesaria para empezar a destejer el hilado y llegar a la bomba – sea donde sea que está oculta - con el tiempo necesario para desarmarla y evitarle a la Nación una catástrofe.

Continuaste dando diversas órdenes a los técnicos para que reinicien los sistemas de antivirus mientras un paramédico ponía vendajes en tu mano derecha; las heridas causadas cuando el impacto de la bomba te arrojó al suelo y te clavaste un par de vidrios rotos pertenecientes a alguno de los ventanales eran más profundas de lo que pensabas y habían empezado a sangrar, por lo cual debieron ser resguardadas del contacto con los gérmenes que andan dando vueltas por el aire para evitar una infección. Aún en esos momentos tu cerebro seguía maquinando con fuerzas, tratando de asimilar el hecho de que nada más y nada menos que Nina Myers haría pronto su entrada. Esa mujer, causante de tantas muertes y de tanto dolor, pronto cruzaría las puertas de la CTU, y vos realmente no sabías qué pensar al respecto, ni qué esperar, ni qué sentir. Nunca la conociste en persona, pero sí llevas meses experimentando en carne propia lo que sus actos han hecho en la vida de otros: después de todo, Nina es la arpía despiadada que dejó el corazón de Tony hecho pedazos, la que mató su autoestima, la que dejó reducida a cenizas su capacidad de confiar en las personas y abrirse a otros, la que lo dejó sangrando y moribundo, la que lo dejó plagado de esas heridas sin cicatrizar que esperas poder curar.

Durante el transcurso de esa hora, agentes de otros turnos llegaron para ayudar, y a medida que veías como iban ingresando y trataban de dar crédito a sus ojos al ver a la CTU derribada, llena de polvo y humo y tratando de renacer de sus cenizas, notaste que Jack Bauer había vuelto de su misión en casa de Joseph Wald, y lo que viste en sus ojos te hizo sentir mucha pena por él: temor, sufrimiento, cólera, angustia, culpa, todo mezclado y a punto de estallar dentro de la misma persona, todo resonando en la misma cabeza, todo acribillando al mismo corazón. Es demasiado para una sola alma, es demasiado para un solo ser humano.

Estuviste a punto de ir hacia él, acercarte a él y ver si necesitaba algo, pero las circunstancias fatídicas y trágicas de la vida se impusieron en el medio: sentiste la voz de Mason llamándote, y no tuviste otra opción que dejar a Jack de lado e ir junto a tu jefe, que se encontraba de pie frente a la camilla de una moribunda Paula.

Los paramédicos le aplicaron la epinefrina, y viste como si de una película de terror se tratara como los ojos de esa mujer que estaba al borde del fin de la existencia se abrían, viste cómo sus pulmones luchaban por respirar, viste como un hilo de sangre corría por la comisura de su boca y – lo peor de todo – viste el espanto, el dolor físico, el miedo y la confusión contorsionando su cara en una mueca indescriptible en el momento en que su mirada buscaba desesperada la del señor Mason, tratando de preguntar sin usar las palabras qué había sucedido.

Brevemente y con un tono de voz suave atípico de él George le explicó que la CTU había sido atacada y que necesitaban con urgencia los códigos cifrados para acceder a la información que ella estaba enviando a los servidores de las Oficinas de Seguridad Nacional cuando todo sucedió. El aire se tornó tenso en ese instante, cargado de ansiedad y de expectativa, y mientras Paula hacía su mayor esfuerzo por hablar sentiste como tu corazón se contraía con cada segundo que pasaba.

Con la voz entrecortada y haciendo acopio de cada gramo de potencia que aún le quedaba en el cuerpo, Paula Schaeffer dio breves instrucciones acerca de dónde se encontraban los códigos cifrados y sus volúmenes, y tus dedos corrieron veloces y desesperados sobre el teclado del ordenador tratando de acceder a los portales indicados por la joven analista.

Cuando lo lograste, no te percataste de la mirada de triunfo y alivio que cruzó la cara de George, ni del alivio que tu propio cuerpo estaba experimentando ni de cómo los paramédicos intercambiaban los unos con los otros órdenes concisas mientras se llevaban a Paula hacia la salida, ya listos para trasladarla al hospital donde tratarían de salvarle la vida. No te percataste de nada, fue como si estuvieras suspendida en el tiempo, flotando, colmada de un sentimiento difícil de explicar, como si hubieran vaciado tu cerebro, como si no pudieras sentir nada en realidad, como si fueras una expectadora mirándolo todo desde afuera.

Esta chica va a tener una posibilidad de salvarse, y lo que acaba de hacer es heroico podrías haber pensado, pero no.

Gracias a Dios no perdimos la información enviada a los servidores, podrías haber pensado, pero no.

No pensaste en nada.

En nada.

Simplemente te quedaste muy quieta y silenciosa durante los segundos posteriores a que Mason dijera que podían llevarse a Paula. Te quedaste muy quieta y muy silenciosa y quieto y silencioso sentías era el ambiente que te rodeaba a pesar de ser - en realidad - uno lleno de humo, de gente yendo apurada de un punto al otro y de técnicos ocupados trabajando y agentes haciendo lo mismo. Quieta y silenciosa la atmósfera, hasta que cinco segundos más tarde los monitores y diversos aparatos conectados al cuerpo de Paula empezaron a sonar, indicando un fallo cardíaco, el fallo cardíaco que los médicos habían dicho podía sufrir si se le aplicaba la dosis de epinefrina.

De pie ahí, mordiéndote el labio inconcientemente, con el corazón retumbando en tu estómago entre tus costillas, viste con tus propios ojos cómo trataban de revivirla, viste con tus propios ojos cómo fallaban, viste con tus propios ojos cómo se rendían, viste con tus propios ojos cómo la vida abandonaba ese cuerpo y con tus propios ojos viste cómo declaraban la hora de la muerte y luego cubrían su rostro con una sábana blanca.

Tony había dicho a Mason antes de irse a interrogar a ese joven del Medio Oriente que le parecía absurdo perder el tiempo quedándose para ver morir a Paula. Se lo había dicho en tono de reproche, recriminándolo, culpándolo.

Tony no vio morir a Paula - Gracias a Dios que no estabas acá, mi amor - pero vos .

Quieta y silenciosa observaste la cara de George contraerse expresando diferentes sentimientos que no tenías ganas de analizar: ya los conocías bien, estabas sintiéndolos en carne propia.

Lo siguiente que hiciste fue algo que podría considerarse tonto e infantil y a la vez es algo que podría ser considerado como un acto entera y puramente digno de cualquiera capaz de llamarse a sí mismo ser humano: fuiste al baño, te encerraste dentro de una cabina y pasaste los siguientes cinco minutos sentada sobre la tapa del váter con las rodillas contra el pecho y los brazos alrededor de las piernas, esperando a que las lágrimas que pugnaban por ser expulsadas de tu cuerpo salieran, pero ninguna cayó de tus ojos. Simplemente se amontonaron ahí, nublándolos, oscureciéndolo todo, produciéndote la sensación previa a un dolor de cabeza fuerte, pero no cayeron.

No era el día ni el momento para llorar.

Saliste del baño, volviste al piso central de la CTU, y los siguientes hechos tuvieron lugar de manera tan rápida que aún tratas de entenderlos y asimilarlos.

De repente George te pidió que lo ayudaras a sacarse a Jack de encima, que lo convencieras de que se fuera antes de que llegara Nina, que trataras de apurarlo para que en el momento en que la asesina de su esposa pusiera los pies en el suelo de la Unidad Antiterrorista de Los Angeles él ya no estuviera en ese mismo edificio, que de ninguna manera los caminos del agente federal y de la convicta se cruzaran.

Te acercaste a Jack mientras en un costado escribía su informe acerca de los hechos de esa mañana en el depósito de autos abandonados y en casa de Wald y te ofreciste a ayudarlo para que la tarea se aligerara; te dijo que no. Volviste luego e insististe en llenar la montaña de papeleo para que él no tuviera que ocuparse de eso, y volvió a rechazar la oferta. Para la tercera vez, su mirada azul y fría como el hielo se encontró con tus cálidos ojos asiáticos, como cuestionándote.

"Se supone que tengo que hacer que te vayas" anunciaste como quien no quiere la cosa, para luego agregar "No va a suceder, ¿no?"

De manera amable se limitó a decirte que no tomaras partido en esto y dejaras que él sólo se las arreglara con George.

Te hubiera gustado dedicarle un par de minutos o al menos unos cuantos segundos a meditar acerca de esto de tomar partido o quedarse neutra en un costado, pero tiempo no es precisamente algo que sobre, y cuando quisiste darte cuenta a las palabras de Jack Bauer se las había llevado el viento y todos tus sentidos estaban enfocados en la misma cosa, la misma persona, el mismo ente al que cada alma presente estaba observando con fijeza cuando las puertas de la CTU se abrieron de par en par y escoltada por un grupo de no menos de seis guardias armados hasta los dientes entró caminando por ella Nina Myers, vestida con su uniforme color azul oscuro de la prisión estatal de máxima seguridad de la ciudad de Los Angeles, con el cabello teñido de un color rojo oscuro largo hasta los hombros, el rostro de piel blanca bastante demacrado y esposada de pies y manos.

No supiste si fue una impresión real o sólo algo producto de la sugestión, pero sentiste que su anatomía entera desprendía una vibra oscura, negativa. La mirada desafiante y los ojos brillantes como dos esmeraldas grandes podrían haberse considerado los únicos rasgos propios de un ser humano.

Instantes luego, ya había sido llevada a una de las pocas salas de interrogatorios que no habían sido gravemente afectadas por la bomba.

Por supuesto, era sabido, Nina no aceptaría colaborar sin antes asegurarse de que sacaría algún beneficio de todo aquello. Y por supuesto, dado el tamaño de la amenaza a la que el país se enfrenta el día de hoy, el mismísimo presidente de los Estados Unidos de América, David Palmer, se vio entre la espada y la pared y no tuvo más opción que ceder.

Y así fue como en menos de veinte minutos Nina Myers – traidora a la patria, asesina a sangre fría, mujer inescrupulosa, ser carente de conciencia que ni siquiera califica para ser llamado humano – consiguió el indulto presidencial, la garantía de que si aportaba datos fehacientes y sólidos a la investigación sería puesta en libertad otra vez y su condena a pasar el resto de sus días encerrada y rodeada de guardias abandonada en el olvido para ser cubierta por el polvo, mientras las víctimas directas e indirectas de sus atrocidades llevarían por siempre en la piel de sus almas las marcas y cicatrices de las heridas provocadas por ese monstruo.

Es injusto, lo sabés. Esa mujer debería pasar el resto de su vida aislada del mundo, lo sabés. Pero la única manera de conseguir nuevas pistas que los conduzcan a puntos firmes desde los cuales partir en la búsqueda de un freno para este peligro inminente es negociar con Nina, y eso también lo sabés y lo entendés. Es un sacrificio necesario. Es un medio necesario para llegar al fin.

El fin justifica los medios.

Eso te repetís, eso es lo que tu cerebro repite como disco rayado: el fin justifica los medios, el fin justifica los medios. Es una melodía larga y sin cortes que se enrolla y desenrolla y vuelve a enrollar sin pausa alguna mientras George y vos, expectantes, aguardan el momento en que el interrogatorio dé comienzo.

El fin justifica los medios, pensas mientras ves como la cara de Jack se contrae en rabia, dolor y desilusión cuando el Presidente Palmer mismo lo llama para comunicarle que no ha tenido otra opción más que acceder al pedido de Nina de que se le garantizase el indulto presidencial a cambio de su colaboración.

El fin justifica los medios, es lo que resuena en los confines de tu cerebro mientras observas a Jack tratando de no desmoronarse allí mismo y de no perder el control. Esa es la frase que ocupa tu cabeza mientras escuchas como de los labios de Bauer se escapan palabras envenenadas con rabia y frustración propias del momento, rabia y frustración típicas cuando se sabe ineludiblemente que en este caso el fin justifica los medios y no hay otros medios posibles para alcanzar el fin.

El fin justifica los medios. ¿Habría Nina estado pensando en esa máxima inmortalizada por Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe cuando decidió jugar con Tony para conseguir la información que necesitaba para llevar a cabo su plan? Quizá para ella herir a Tony tan grave y profundamente estaba justificado. Quizá para ella jugar con las emociones y sentimientos de las personas estaba justificado. Puede que para Nina Myers Tony Almeida no fuera más que un medio para llegar al fin. Probablemente así fue, se te ocurrió; después de todo, Nina es maquiavélica.

Las reflexiones en que estabas inmersas mientras trabajabas fueron interrumpidas otra vez cuando Jack Bauer, el mismo Jack Bauer que minutos antes te había aconsejado no tomar partido y quedarte neutral en el terreno de guerra, se acercó a vos y más que pedirte te ordenó que colaboraras con él y sus corazonadas fruto de la paranoia consiguiéndole un seguimiento de los pasos dados por George Mason durante las últimas doce horas.

Aún sabiendo que Jack no confía en Mason, aún sabiendo que Mason no le cae para nada bien, aún sabiendo que Jack es un tipo bastante perseguido que muchas veces ve fantasmas donde no los hay, aún sabiendo que Mason es tu jefe y Jack no, cuando te miro a los ojos y te dijo convencido que tenía firmes motivos para creer que George no se encontraba en condiciones de seguir a cargo de la Unidad, algo te llevó a confiar en él y en sus sospechas.

Sin embargo, nunca llegaste a verbalizar nada, porque antes de que tu cerebro y lengua se conectaran y pudieras hablar de pronto una hora entera se te había escapado por entre los dedos, eran casi la una de la tarde y ya era momento de ir a pararse frente a la pantalla de un televisor para observar un hecho que jamás hubieras soñado presenciar: por algún motivo desconocido George había designado a la persona menos esperada para cuestionar a Nina y tratar de exprimirla hasta que dijera todo lo que estaba en su conocimiento acerca de Segunda Ola, el ataque a la CTU y los atentados terroristas por venir.

Si los sesenta minutos anteriores a estos que están a punto de comenzar fueron difíciles, sobrecargados e hicieron mella en vos, entonces el resto del día probablemente terminé por dejarte vacía y agotada.

¿Adónde se van las horas?, ¿adónde se van los segundos?, ¿qué pasa con los minutos cuando mueren?, ¿existe la morgue del tiempo?, ¿existe realmente el tiempo o es algo que el hombre inventó para complicarse la vida en su búsqueda de hacerse la vida más organizada y más fácil?

No es tiempo de ponerse filosóficos. El tiempo es lo que es, sea real o no, y el tiempo corre o vuela o se arrastra o galopa o camina o se desliza lenta y dolorosamente según le viene en gana. No es algo que se pueda comprender, no es algo que se pueda analizar, no es algo que se pueda controlar, así que simplemente consideralo algo que debe ser dejado en paz.

Son, oficialmente, la una de la tarde del día 4 de septiembre cuando llega a tus manos el expediente de la mujer en cuestión para que se lo entregues a quien será encargado de llevar las riendas del interrogatorio: Jack Bauer.


"El expediente de Nina" le decís cautelosa a la par que extendés la mano que sostiene el manojo de papeles prolijamente abrochados y seguramente depositados dentro de una carpeta de cartón color amarillo con el logo de la CTU impreso en tinta negra.

"No lo necesito" es la fría contestación que recibís, y preferís hacerte a un lado sin discutir.

Está demasiado ocupado observando a Nina, cuya imagen aparece en la pantalla del televisor. Luce despreocupada, expectante, casi como si la situación le resultara divertida, como si estuviera aguardando a ver qué viene a continuación.

Pero hay algo de mujer desquiciada debajo de aquella fachada en apariencia serena, y no podés evitar que te asuste un poco, aunque tratas de no demostrarlo.

Los minutos, para variar, pasan lentos y parecen de plomo. Han pasado apenas ocho minutos de la una cuando George se acerca a ustedes con una copia del indulto presidencial en la mano.

"Bien, aquí está" deposita en la mano de Jack lo que en apariencia es un insignificante trozo de papel impreso con unas cuantas palabras redactadas y una firma alterando su blancura inmaculada pero que en realidad se trata del pase a la libertad para una criminal altamente peligrosa "Prosigamos"

A ver a dónde nos lleva todo esto. A ver a dónde nos llevas, Nina. A ver si el fin justifica los medios.


Tu cuerpo se tensa mezcla de los nervios y de la ansiedad cuando como si de una película se tratase ves como las imágenes de algo que está ocurriendo en tiempo real y siendo captado por las cámaras de seguridad entran a tus ojos a través de la pantalla del pequeño televisor.

La habitación donde ella se encuentra es bastante simple: cuatro paredes formando un cuadrado, una silla en la cual fue sentada y una mesa sobre la que Jack deposita casi desafiante el indulto presidencial firmado por David Palmer.

El silencio reina entre ambos hasta que es roto por su voz.

Nunca antes habías escuchado la voz de la mujer que destrozó al hombre de tu vida y te duele pensar que esa voz alguna vez susurró palabras en su oído mientras que ese es un lujo que vos todavía no alcanzas. Te sorprendes observando a Nina y a sus movimientos no como una agente observa a un sospechoso si no como una mujer observa a otra cuando la considera su rival, pero rápidamente tratas de sacarte eso de la cabeza y de concentrarte en lo que está siendo dicho entre ella y Jack.

"Vamos a mantener las cosas simples" anuncia "Si quieren que los ayude a detener la bomba necesito tener asegurado un avión a Visalia ahora"

"¿Elegiste Visalia por alguna razón en especial o simplemente porque cualquier lugar fuera del radio de explosión de la bomba te viene bien?" el tono de Jack es sarcástico.

"Mi contacto está en Visalia"

"¿Quién es?"

"Es la única persona que puede decirnos dónde está la bomba. No voy a decirte su nombre hasta que no lleguemos acá"

Aún en estas circunstancias, aún en esta situación, puede notarse la tensión sexual entre ambos cuerpos, incluso si tan sólo estás viéndolos interactuar el uno con la otra en una pantalla de televisión. Puede notarse que ha habido cierto grado de intimidad y confianza entre ellos, que se conocen, que se atraen como dos magnetos y que se odian tanto como alguna vez posiblemente hayan llegado a desearse.

"Bien, entonces vamos a quedarnos acá a esperar que la bomba explota" es la manera de Jack de dejarle en claro que su viajecito a Visalia no sucederá.

"Deja de perder el tiempo" ahora su tono es de impaciencia "Estoy acá sentada mirando la firma del presidente"

Es verdad: el indulto ya ha sido conseguido, está a escasos pasos de la libertad. ¿Por qué no habría de ayudarlos, entonces?

"Pero el que está acá soy yo, no él, y no pienso hacer ningún movimiento hasta no convencerme de que lo que decís es verosímil"

"Solamente voy a obtener el indulto si los ayudo a encontrar esa bomba. ¿Por qué no haría todo lo posible para lograrlo?"

"Porque sos peor que una traidora, Nina" la voz de Jack comienza a quebrarse, llena de odio y de resentimiento como está, y el fuego refulgiendo en su mirada es casi tan peligroso como la frialdad que resplandece en los ojos de Nina dejando entrever su maldad "Ni siquiera tenés una causa en la que creer. Venderías a cualquiera y a cualquier cosa al mejor postor"

Vendiste a Tony al mejor postor. En cuanto te pusieron la valija con millones de dólares en frente no dudaste en engatusarlo, nublarle los sentidos y traicionar su confianza para exprimirlo.

Tus pensamientos son interrumpidos cuando el video muestra a Jack Bauer perdiendo cualquier rastro de estribos que le quedase, tomando la mesa con sus manos y arrojándola con violencia a un lado, dejando entre él y Nina un espacio físico lleno de nada más que aire, un espacio físico que puede ser acortado simplemente dando unos cuantos pasos.

Obviamente, el movimiento la ha tomado de sorpresa, y eso puede ser leído en su rostro con facilidad. Entonces, te das cuenta, si hay alguien en este mundo a quien Nina Myers considera un igual, un rival, teme o al menos respeta lo suficiente, ese alguien es Jack Bauer.

"¡Así que dejemos de perder el tiempo y dame un nombre!" grita feroz como fiera enjaulada.

"Ni te molestes, Jack" trata de conservar la compostura y de demostrar que nada de esto la ha afectado, que no está conmocionada, que Jack no le mete miedo en lo absoluto. Trata de comportarse como si aún fuera ella quien está en control "Si me pones una mano encima, van a sacarte del caso" comenta burlona, y por la mueca que se forma en la cara de Mason y que tus ojos captan por el rabillo, se deduce que está en lo cierto "Vas a tener que seguirme a mi"

Lo siguiente sucede demasiado rápido como para que alguien pueda frenarlo: antes de que tu cerebro sea capaz de procesarlo, Jack se ha abalanzado sobre ella y está atacándola. Sus manos rodean el cuello de la mujer y sus dedos oprimen con fuerza en los lugares correctos para dejarla sin aire, y ves como la cara de facciones marcadas por el paso del tiempo se torna morada debido a la falta de oxígeno, casi azul. Las palabras que Jack grita son casi ininteligibles, pero por la expresión en el rostro de Nina es bastante obvio que ahora sí ya no le queda manera de hacer de cuenta que Bauer no la intimida ni atemoriza.

Mientras tanto, Mason ha salido corriendo camino a la sala donde el interrogatorio estaba teniendo lugar y donde ahora Nina está siendo atacada.

"¡Vas a decirme todo lo que quiero saber o te juro que voy a lastimarte antes de matarte y nadie me detendrá, ¿entendido?!" es lo último que Bauer le grita antes de que la puerta se abra y un grupo de guardias lo separen y lo lleven afuera.

Respiras hondo y te preguntas qué va a pasar ahora. Jack Bauer puede serles extremadamente útil en un día como hoy, y el hecho de que haya perdido la compostura es una lástima: van a sacarlo del caso, a él, al único agente capaz de hacer que Nina se quiebre y hable sin tener que – en el camino – ceder a sus caprichos y peticiones para justificar los medios y llegar al fin.

Los ves volver a ambos, a Mason y a Bauer, caminando rápidamente y discutiendo encolerizados pero en susurros apremiantes, y a medida que van acercándose a vos captas el final de la conversación.

"La ataqué para que piense que me importa más vengarme que detener esta bomba"

"¿Ah, y no es así?" el sarcasmo de George ha vuelto.

"No, sólo tenía que dar esa impresión" Jack sostiene su teoría, la defiende, la mantiene.

Pensándolo bien, no fue una mala idea, se te ocurre. Ahora Nina está débil y asustada y piensa que a nadie le importa si Jack regresa a esa habitación y la golpea hasta matarla. Ahora Nina ha perdido un poco de control. Ahora Nina ya no tiene todos los ases bajo la manga, y no podés evitar sonreír al pensar en que con Jack allí Nina va a ser mantenida a raya.

Mason no tarda en ser convencido (de alguna manera en el día de hoy Jack se las ha arreglado para que le permitan llevar adelante el interrogatorio y ahora ha logrado que le permitan continuar con él bajo sus propias reglas) y pronto el agente rubio se encuentra de vuelta cara a cara frente a la presidiría, esta vez con un arma en las manos.

Quebrarla lleva tiempo, varios disparos son efectuados al piso y al techo, la cólera de Jack crece y Nina se encoje cada vez más y más en su silla, hasta que finalmente acaba dándoles el nombre de su contacto en Visalia, aquel que puede llevarlos a la bomba: Mamud Faheen.

George sonríe satisfecho, te mira y te dice:

"Comunícame con Visalia"

Te dirigís rápidamente al primer teléfono vacío y en funcionamiento que encontras, y comenzás a marcar para comunicarte con la Unidad activa en esa área de California y durante los breves segundos que pasan entre que terminas de presionar el último número y una voz humana te contesta del otro lado del tubo, se te ocurre que es una suerte Tony no esté allí para presenciar el regreso de Nina, y que tampoco estuvo allí para ver morir a Paula. Tu mente está a punto de ir a lugares más oscuros y ponerse a reflexionar acerca de cómo esos dos sucesos tan grandes – sucesos enormes que ocurrieron en menos de dos horas y uno automáticamente seguido del otro – lo hubieran afectado, cómo lo hubieran marcado, cómo lo hubieran herido, cómo lo hubieran dejado devastado, cómo lo hubieran derribado, pero tu parte racional te golpea con la misma violencia que Jack a Nina y te recuerda que hay trabajo que hacer, especialmente ahora que la pista principal en este caso y Bauer van a ser enviados en un avión a Visalia en busca de este tal Faheen y los preparativos deben ser alistados cuanto antes.

No podés ponerte a pensar en qué hubiera sucedido si esto o en cómo se hubieran desarrollado las cosas si aquello, no en un día en que los relojes de arena se vacían y vuelven a llenarse como locos y las horas se funden las unas con las otras convirtiendo al tiempo en una masa inexplicable de sucesos que no tienen principio ni fin.

Las horas de este día no tienen principio ni fin.


Nota de la autora: Dejen un comentario, sea en Inglés, en Español o en Portugués (entiendo esos tres idiomas), o simplemente una carita feliz o un simple "Estoy leyendo" para confirmar lo que me dicen los gráficos de tráfico de lectores de , que hay gente detrás del monitor leyendo esto. Gracias anticipadas por los comentarios que sé esta vez sí me van a dejar.