Lo siguiente tiene lugar entre las 3:00 y la 4:00 de la tarde del 4 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Tarda en llegar y al final,

Al final hay recompensa

En la zona de promesas.

Cualquier tipo de dudas que alguna vez pudieras haber llegado a tener acerca de qué tan lejos se arriesgaría a ir Jack Bauer y cuántas líneas de fuego sería capaz de cruzar en la febril obsesión por concretar exitosamente un cometido se disiparon más o menos una hora atrás, cuando recibiste un llamado telefónico: el avión que se suponía trasladaría a Nina Myers hasta Visalia había sido abordado por la susodicha como convenido, sí, pero el agente que Mason había asignado para acompañarlos a ella y a Jack y mantener a éste último a raya, controlado y dentro de las líneas de comportamiento protocolares nunca llegó siquiera a acercarse al avión: en el camino a la pista de despegue, Bauer lo drogó, dejándolo así fuera del juego y teniendo él total y absoluto dominio sobre Nina sin nadie en el medio poniendo trabas en caso de que se le ocurriera que alguna de sus ideas descabelladas necesitaba ser llevada a cabo para avanzar casilleros en el tablero.

El gesto que se dibujó en el rostro de George y la forma en que dijo "Estás cargándome, ¿no?" cuando lo encontraste al pie de la escalera que conduce al despacho del director y le comunicaste lo sucedido podrían haberte resultado graciosos en circunstancias diferentes, pero dado el ritmo que lleva el día no pudiste hacer más que expresar tu preocupación: demasiadas vidas en juego, demasiados riesgos que tomar, demasiadas decisiones que hacer, y Jack Bauer podría echarlo todo a perder si en lugar de atenerse al plan de acción ideado por la CTU maneja las piezas a su antojo haciendo que las cosas den giros bruscos de ciento ochenta grados.

"¿Qué puedo decir?, el tipo está un poco loco, es por eso que no lo quería acá en primer lugar" te reconoció Mason, luego de chasquear la lengua en lo que podría considerarse una señal de rendimiento "pero obtiene resultados, y eso es lo que necesitamos, ¿verdad?"

También previamente te había dicho que esperaba el deseo de venganza por la destrucción de su familia no tomara de pronto control sobre él y nublara sus capacidades... Esa sí que era, en tu opinión, una preocupación fuerte. Pero por otro lado George dijo cosas ciertas: Jack Bauer obtiene resultados que otros tardan en conseguir, resultados que quizá nadie más estaría en condiciones de sacar. Y tal vez – pensaste – drogar a uno de los agentes de la CTU era parte del camino a emprender si el objetivo es que esos resultados se logren.

El fin justifica los medios, ¿no?

Nadie dijo que los medios no podían ser bruscos.

Por otro lado, Jack y Nina no estarían solos en el avión, otros agentes estarían dentro de él esperándolos e irían con ellos, así que no existían razones para creer que – utilizando términos metafóricos – el tren sería desviado.

Pero aún era temprano para llegar a cualquier clase de conclusiones.


Einstein alguna vez expuso la teoría de la relatividad usando como ejemplo al tiempo, y es cierto que los segundos vuelan cuando los niveles de adrenalina corriendo por el cuerpo son elevados y la mente se mantiene ocupada; los minutos que pasaste encargándote de supervisar la activación de las cámaras y el audio para seguirle el rastro a Nina una vez que sus pies estuviesen firmes en el suelo de Visalia se escurrieron como agua entre los dedos. Cuando quisiste darte cuenta, las agujas del reloj habían avanzado bastante y la traductora pedida para interpretar lo que dijera Faheen una vez que lo encontraran ya estaba allí, sentada junto a vos frente a la computadora y con los correspondientes auriculares puestos, lista para empezar a trabajar.

Era de suponer, claro está, que Nina no les diría el paradero de Faheen hasta no haber aterrizado el avión, y así fue; se negó a decir palabra hasta que arribaron a Visalia, y sólo entonces les dio la ubicación del escondite: una tienda de antigüedades perteneciente a una mujer de origen musulmán.

Con sus ropas de la prisión reemplazadas por otras normales (una blusa floreada, un blazer negro y pantalones de vestir) que hasta le daban el aspecto de una mujer humana y atractiva, e instrucciones para contar a Faheen una historia inventada acerca de cómo había logrado escapar de la cárcel para reunirse con él, la condujeron hasta el punto en cuestión.

El plan era simple: Nina entraría allí, hablaría con la dueña de la tienda, le explicaría quién era y qué estaba haciendo, y luego la llevarían hacia donde fuera que Faheen estuviese. Tanto Jack como la CTU y los miembros del Equipo de Ataque de Armas Especiales que se encontraban apostados en la parte de atrás del edificio recibirían las imágenes del recorrido a través de la pequeña cámara de video camuflada en el enorme dije que dieron a Nina para que llevara colgando alrededor de su cuello, y podrían así llegar ellos también a Faheen, atacar cuando menos lo esperarse, apresarlo y llevarlo de vuelta a Los Angeles para que fuera interrogado.

La CTU y Jack – todo el tiempo comunicados – siguieron atentos los movimientos de Nina desde el instante en que ingreso a la tienda y durante la conversación que mantuvo con la mujer que la recibió, quien a través de un intercomunicador y en árabe anunció su presencia antes de recibir la orden de dejarla pasar.

Cuando las dos comenzaron a dirigirse hacia el escondrijo de Faheen, escuchaste la voz de Jack en tu oído avisándote que la pequeña pantalla por la cual estaba recibiendo las imágenes acababa de dejar de funcionar.

De ese momento en adelante, te convertiste en sus ojos, describiéndole todo lo que veías: la dueña de la tienda comenzó a guiarla por un corredor hacia el fondo de ésta, y al llegar a la puerta que conducía a la siguiente habitación hizo que se detuviera para revisarla por completo y asegurarse de que no estuviera portando ninguna clase de armas. Se produjo, luego, un intercambio de palabras en árabe, por lo cual debiste esperar a que los dedos de la traductora se deslizaran ágiles sobre el teclado y transcribiera al Inglés lo dicho antes de informarle a Jack que la dueña de la casa de antigüedades le hizo preguntas acerca de cómo había logrado escapar de la cárcel, y Nina las respondió con la historia inventada de acuerdo al plan.

No pudiste evitar sorprenderte un poco ante qué tan lejos llegó Nina (aprender un idioma nuevo, tan difícil, tan diferente al suyo propio) para poder negociar con las grandes cabezas de los grupos terroristas sin necesidad de terceros interfiriendo y metiendo las narices en sus asuntos.

Es inteligente, sí. Inteligente y macabra.

Vuelven a emprender camino; la puerta que creíste conducía a otra habitación en realidad los lleva a un nuevo pasillo, más corto, el cual llevaba a su vez a un cuarto pequeño y oscuro al que Nina entró casi con cautela y hablando en un árabe suave y pausado a una figura que – debido a la falta de luz – era imposible reconocer.

¿Sería Faheen? Tal vez sí, tal vez no, ¿qué lo garantizaba?

El diálogo entre ambos se desarrolló de manera tal que era imposible saber si estaba hablando con el objetivo a capturar o con algún otro de sus secuaces, ya que jamás pronunció el nombre de su interlocutor; se limitó simplemente a responder las preguntas hechas en torno a su supuesta fuga de la prisión.

Jack, por supuesto, no ordenaría a los equipos irrumpir y atacar hasta no tener la seguridad de que Nina había llegado a Faheen, por lo cual sería necesario mantenerse escuchando (o más bien leyendo las traducciones) con atención.

El plan iba marchando perfecto y sincronizado cual reloj suizo, hasta que de golpe sucedió un imprevisto: todos los emisores de audio y video dejaron de funcionar.

Nina estaba dentro de ese edificio, quizá con Mamud Faheen, y ustedes acababan de quedarse ciegos y sordos a lo que fuera que estuviera aconteciendo.

Jack, desprovisto de opciones, se vio obligado a ordenar a los Equipos de Ataques Especiales que dieran el golpe final.

Tu vía de comunicación con Bauer seguía abierta, por lo cual pudiste escucharlo todo: los gritos, los disparos, las balas rozando el aire, las órdenes dadas por los agentes a cargo, más gritos, más disparos...

Hasta que finalmente Jack logró llegar al lugar al que Nina había sido conducida y donde había estado hablando con ese hombre antes de que la comunicación se cortara. Y en ese cuarto más sorpresas estaban aguardándolos: Faheen desmayado en el suelo y Nina desaparecida, borrada del mapa.

El momento cargado de drama y tensión no duró más de diez minutos: el edificio fue asegurado y cada salida sellada herméticamente, vigilado el perímetro de punta a punta, para evitar que llegara demasiado lejos en su intento de fugarse. Prestaste atención especial a cada sonido que escuchabas, y cuando tus oídos se llenaron de un silencio cargado de rigidez, nerviosismo y respiraciones agitadas en las cuales podía leerse la furia siendo expresada por los cuerpos, supiste que Jack había logrado apresarla.

Tenían a Faheen, tenían a Nina.

El tiempo corría insolente y veloz, pero al menos la mano de cartas esta vuelta era mucho mejor que en las anteriores, y estaban obteniéndose resultados.

George estaba en lo cierto: de alguna manera, Jack Bauer siempre sabe cómo obtener resultados.


El reloj marca un poco más de las tres de la tarde cuando sos víctima de un síntoma muy común del enamoramiento cuando dicha 'enfermedad' se halla en su etapa más avanzada, aquella en la que la cura es un sueño imposible si es que alguien se atreve a soñar con curarse: el mundo entero se detiene y las rodillas se te vuelven de gelatina y se doblan bajo el peso de tu cuerpo cuando lo ves a él cruzar las puertas de la CTU, esas mismas puertas por las que se fue tres horas atrás.

No viene solo; sabías por lo que te dijo George que el empresario del Medio Oriente que presuntamente mantuvo contacto reiterado con Syed Alí y su suegro serían trasladados a la CTU para que se los interrogara por separado y así averiguar cuál de los dos estaba siendo sincero y cuál un mentiroso. Vos misma preparaste las salas de interrogación que se utilizarán; Jack aún está esperando que Faheen se despierte antes de comenzar a cuestionarlo, por lo cual tu ayuda leyéndole vía comunicación telefónica las transcripciones que haga la traductora no será necesitada hasta dentro de un rato.

Antes de que lo sepas, te levantas de tu escritorio y tus pies están llevándote hacia él.

Si bien estuviste tapada de trabajo y carcomida por la ansiedad y por tus pensamientos con todo lo que la llegada de Nina, la muerte de Paula y la operación en Visalia implicaron, durante su período de ausencia no pudiste evitar sentir física y emocionalmente su falta.

Tenerlo lejos, allá afuera, fue un calvario, y recién tomas conciencia de lo terrible de ese calvario en el momento de su regreso, cuando una oleada de alivio tan fuerte como para hacerte caer de rodillas te recorre el cuerpo, provocando que por un segundo se te detenga el corazón y te olvides de respirar.

Saber que él está ahí, en el mismo lugar que vos, cerca, es un consuelo, una bendición, una fuente para calmar la sed, un sedante para el dolor, alguien de quien absorber tranquilidad.

Es como un oasis en el desierto.

Te acercas despacio, con pasos lentos, en su dirección. No está solo, lo acompañan dos hombres – uno cuya edad debe rondar los cincuenta y otro jovencito de inconfundible origen musulmán – y agarrada del brazo de éste último una muchacha rubia y de piel blanca como la leche, a quien – cuando estás a una distancia lo suficientemente corta – escuchas preguntar en tono inseguro mientras sus ojos verdes se pasean curiosos e inquietos por el piso principal de la CTU, o las ruinas de lo que alguna vez fue:

"¿Este es un lugar seguro?"

"Manténgase lejos de las áreas acordonadas y va a estar bien" contesta Tony, y su voz es para tus oídos como una droga clavada directamente en las venas. Aún cuando ni siquiera está dirigiéndose a vos, aún cuando lo que está diciendo no tiene nada de romántico y es una simple oración, esa voz profunda, suave y ese acento tenue te deshacen.

"¿Este es el edificio que atacaron esta mañana?" el mayor de los dos hombres – aquel de cabello entrecano, piel dorada por el sol y ojos azules – comenta, mientras horrorizado hecha un vistazo alrededor.

"Sí" cuando la seca y cortante respuesta se cae de sus labios, se encuentra frente a vos, a escasos centímetros tu cuerpo del suyo, mirándote directo a los ojos.

"Hola" es la única palabra que tu cerebro y tu lengua se ponen de acuerdo para articular. Te hace sentir estúpida, tonta, insignificante, casi infantil, como una nena de cinco años que tiene vergüenza delante del chico que le gusta.

Soy una tonta de veinticuatro años que deja de funcionar en cuanto el hombre del que está enamorada le respira cerca.

"¿Preparaste las salas de interrogación?" te pregunta, y por un momento te sentís decepcionada y desilusionada. Una parte de vos albergaba en el más secreto de los rincones de tu alma un globo gigante de color rojo inflado con tus ganas de que, al regresar, él dedicara al menos dos minutos a preguntarte por tu estado; esperabas poder compartir con él tu dolor por la muerte de Paula – de la que aún no sabe nada – y que te consolara del mismo modo en que vos lo consolaste varias horas atrás cuando estaba destrozado y tuviste prácticamente que rogarle que siguiera resistiendo porque temías se desplomara víctima del dolor y la culpa ahí mismo.

Ese momento había sido tan íntimo, tan dulce, habías sentido que te amaba tanto como vos a él y que quería cuidarte tanto como vos querés cuidarlo a él. Sin embargo, ahora ese globo gigante se pincha, se desinfla y se convierte en un bollito arrugado e inservible: está tratándote como a cualquier empleada, como a cualquier otra agente, yendo directo al punto clave e ignorando todo lo demás.

Tragas saliva y haciendo gala de todos tus atributos profesionales respondes su pregunta:

"Sí, siguen un poco desordenadas pero están en condiciones lo suficientemente buenas como para que sean utilizadas"

Mira a los costados como hace siempre que está a punto de abordar cualquier tema delicado antes de volver a hablar:

"¿Cómo andan las cosas por acá?"

Y esta vez te consuela un poco notar el cambio en la forma de pronunciar las palabras y en las facciones de su rostro, pero tu ánimo interior no mejora mucha: no está preguntando cómo estás vos, está preguntando cómo están las cosas en la CTU. Lo sabés: es un pensamiento un tanto egoísta y casi propio de una adolescente de quince años, y deberías estar con la cabeza completamente puesta en ayudar a prevenir la crisis que se avecina, pero además de una agente federal sos un ser humano y por mucho que hagas el intento a veces no podés separar a la Michelle que trabaja para el gobierno de la Michelle que está enamorada y por momentos no sabe manejarse; hay instantes en los que ambas personas se ven forzadas a convivir las dos encerradas en el mismo cuerpo al mismo tiempo, y este es uno de ellos.

Lo que vas a decir a continuación es fuerte de poner en palabras y seguramente para él será fuerte de escuchar. Te gustaría no tener que ser vos la que lo informara; no querés ver la preocupación, el dolor y la culpa dibujados en su cara, no querés sentir vos en carne propia cómo el corazón de él se contrae de dolor y como la impotencia y frustración lo dejan abatido nuevamente. Pero de alguna manera tiene que enterarse, y no podés evadir la pregunta ni sabés cómo hacerlo, así que la única opción que queda en tus manos es contestar con la verdad.

Respiras hondo, volvés a tragar saliva y tratas de sonar lo más compuesta posible, sin mostrar cuánto te afecta lo que pasó, y al mismo tiempo queriendo – inconcientemente – que él sea capaz de ver que en realidad estás emocionalmente despedazada.

"El conteo final arroja un saldo de treinta muertos y diecisiete heridos. Davidorff y Lindauer se encuentran en estado crítico"

"¿Qué pasó con Paula?" dispara enseguida, y a eso, a eso no podés contestar.

No sabés qué decir, es como si te hubieras quedado sin capacidad de hablar. No se te ocurren las palabras, te cuesta pensar, te cuesta hacer que tu cerebro dé a tu boca la orden de abrirse y emitir sonidos. Sin embargo, en las expresiones de tu cara puede leerse claramente la respuesta a esa pregunta.

Un instante de silencio en el que no te atreves a mirarlo a los ojos por miedo a los sentimientos que puedas encontrar nublándolos hace que el único sonido audible sea el de tus pulsaciones martillándote los oídos. Pasados esos segundos, él decide retomar la conversación y llevarla de vuelta al plano estrictamente laboral como si ni Paula ni los otros caídos en servicio hubieran sido mencionados, como si ese medio minuto que pareció eterno compartido en elipsis y durante el cual no quisiste nada más que abrazarlo y una parte de vos se odió por atajarte e impedir que lo hicieras jamás hubiera existido.

"¿Podrías hacerme un favor y llevar a estas personas a las salas de interrogación?" te pide.

Asentís. A él no le podés decir que no. A nada. No podes negarle nada.

"Síganme, por favor" decís enérgicamente a los dos hombres y a la jovencita rubia, que habían permanecido a un costado no muy lejos de ustedes custodiados por dos guardias de seguridad mientras Tony y vos hablaban. Con un gesto de la cabeza les señalas la dirección a tomar, y los conducís por el polvoriento pasillo hacia la siguiente parada, esforzándote por no ceder a la tentación de girar y robarle a él una última mirada antes de doblar la esquina y desaparecer.

Cómo me hubiera gustado que preguntaras por mi.

Cuánto bien me hubiera hecho un simple '¿cómo estás vos?'.

Cómo te hubiera gustado robarle una última mirada y tratar de comunicarle con tus ojos cuánto lo necesitas, si es que todavía no se dio cuenta.


Las tres de la tarde con siete minutos te encuentran sentada nuevamente frente a tu ordenador y con la intérprete a tu lado, ambas con los auriculares bien puestos, escuchando agudamente y con suma atención la conversación en tonos para nada calmados que está teniendo lugar entre Mamud Faheen y Nina Myers, quienes han sido llevados a una oficina del Departamento de Policía de Visalia donde en estos momentos un grupo de agentes están mirándolos bien de cerca mientras 'conversan', por llamarlo de alguna manera.

A medida que cada cual va concluyendo sus oraciones, la traductora se apresura a escribir en la computadora lo que ha sido dicho y vos procedes a leerlo en voz alta a Jack, quien se halla en la habitación contigua a la que alberga a Nina y a Faheen.

"Nina: '¿Con quién estás trabajando en Los Ángeles?'" lees "Faheen: 'No voy a darte ninguna información'"

En tono más fuerte y elevando la voz, Nina repita la pregunta, a lo cual un para nada alterado Faheen responde: 'Es muy tarde ya, no pierdas tiempo. La operación será concluida'.

Escuchas del otro lado de la línea a Jack suspirando como un rinoceronte enfurecido antes de irrumpir en el cuarto.

"Esto no está funcionando" dice, y por dentro pensas que tiene razón: Nina dijo que podía lograr que Faheen hablara, y eso no está sucediendo. Faheen está dispuesto a ser torturado e incluso quizá asesinado por agentes norteamericanos, pero por nada del mundo va a decir lo que sabe sobre la bomba nuclear.

"Va a funcionar" Nina insiste "Sólo necesito algo más de tiempo"

Pero ya es tarde para pedir tiempo, y tiempo no es algo que pueda serle dado: Jack ha decidido volver a la ciudad de Los Angeles, a la CTU, y seguir con este asunto allí, en vez de estar en Visalia, a kilómetros de distancia, en el Departamento de la Policía local, dejando que una convicta y traidora a la patria maneje un interrogatorio del cual necesitan obtenerse resultados a como dé lugar si se quiere llegar al núcleo del asunto.

Pronto Bauer, los otros agentes, Nina y Faheen se encuentran camino al aeropuerto, listos para tomar el avión de regreso, donde veinte minutos más tarde sigue intentando – en vano – persuadirlo para que dé información.

"Nina: 'Reconsidéralo, Mamud, están llevándote de vuelta a Los Angeles" obviamente quiere jugar la carta de 'si la bomba explota vos también vas a sufrir las consecuencias de ello', y se entiende la indirecta, porque lo siguiente que el terrorista árabe dice – inmutable como siempre - es ": 'No tengo miedo de morir'"

Más preguntas que no hallarán respuesta siguen a esa: dónde está la bomba, qué tamaño tiene, cuándo va a explotar. Se repiten una y otra y otra vez como si fueran parte de una danza en círculos, pero nada surte efecto.

Te distraes un momento cuando la línea dos suena.

"Dessler" contestas.

Y la sorpresa que te espera del otro lado del tubo te deja helada.

Quien llama es un alguacil, para informar que Kimberly Bauer se encuentra bajo arresto.

"¿Kimberly Bauer?" repetís, sin poder dar crédito a sus oídos.

De acuerdo a los registros de visitantes la chica había llegado a la CTU en compañía de una menor de unos nueve años pero no había llegado a ingresar al edificio porque la bomba explotó; luego, una ambulancia las había llevado a ambas al hospital porque la nena tenía convulsiones, y hasta allí habías averiguado.

¿Ahora te enteras que está detenida?

"Necesitamos hablar con su padre cuanto antes" te explica, y por la manera en que habla deducís que se trata de algo serio.

"Su padre no está" informas

Está a miles de metros de altura, en un avión, con una criminal consumada y un terrorista tratando de descubrir pistas que nos lleven hasta el dispositivo nuclear que va a hacernos volar a todos por los aires hoy. Dejeme un mensaje y yo se lo comunico pensas en un momento de amargo y sarcástico pesimismo digno de alguien del estilo de George Mason.

"Tenemos a su hija bajo custodia, es importante que hablemos con él" y, como si el cuadro ya no estuviera suficientemente complicado ": Es sospechosa de asesinato"

Eso sí que no te lo esperabas, y eso sí que puede ser un total inconveniente en un día como hoy.

"Un momento, por favor" inmediatamente cambias de línea y pronto te encontras hablando con tu jefe "Señor Mason, es la oficina del alguacil. Tienen detenida a Kim Bauer"

"¿Por qué?" el tono de George denota tanta sorpresa como el tuyo propio.

No hay manera fácil de decirlo, y tampoco crees que un tipo como Mason necesite que le edulcoren las cosas.

"Están acusándola de asesinato" la simple y plana verdad.

"Llama a Jack" es la instrucción que recibís, y antes de que la frase termine de ser pronunciada ya tus dedos están moviéndose para agregar a la conversación a Bauer, quien arriba de un avión a cientos y cientos de pies de tierra firme va a enterarse de una noticia de peso suficiente para noquear a cualquier padre.

Luego de algunos segundos de espera, su canal de comunicación entra en el tuyo:

"Bauer"

"Jack, es Michelle" no estabas segura de que haya aprendido tu nombre de pila o de que se lo acuerde, pero al parecer sabe quién sos.

"¿Qué pasa?"

"No sé cómo decirte eso" ¿por qué hoy te toca dar mensajes tan difíciles a todo el mundo? "pero en la otra línea tenemos a un alguacil que ha detenido a tu hija Kim"

Se vuelve enseguida presa de la preocupación y la incertidumbre:

"¿Por qué está detenida?"

"Cargos criminales" te limitas a decir.

"¿De qué estás hablando?"

Ni siquiera vos misma sabés de lo que estás hablando, ¿cómo vas a poder darle a él una respuesta profunda y detallada para una interrogante que también te pertenece?

"La tengo en una segunda línea, ¿te comunico con ella?"

"Sí, y que Mason se ocupe de arreglar eso ahora mismo"

George, que se ha quedado en el canal de comunicación también, responde:

"Ya estoy hablando con la comisaría, nos estamos encargando"

"Obviamente esto es una clase de error" insiste Jack "Necesito que lo aclaren y que saquen a Kim de Los Angeles"

"Voy a encargarme de que así sea" promete George.

Lo siguiente que escuchas es la voz cargada de miedo, ansiedad y presión de una adolescente asustada que ha pasado las últimas horas llorando y que se enfrenta a la acusación de haber acabado con la vida de otra persona.

"¿Papá?"

"Kim, ¿qué pasó?"

"Me estaba yendo de la ciudad con Megan, la nena de la que soy niñera, y con mi novio Miguel, como me dijiste que hiciera" cada palabra resuena temblorosa, y no podés evitar sentir pena por la pobre muchacha; después de todo, es una criatura de menos de veinte años y ya la vida se ha encargado de mostrarle qué tan cruel puede ser y cuán fuerte puede pisotearlo a uno "Un patrullero nos detuvo por exceso de velocidad. Encontraron un cuerpo en el maletero" solloza ahogadamente.

"Vamos a arreglar todo esto" Jack le promete, y te sorprende un poco escuchar en él algo así como un rastro de humanidad: ya no es el agente robótico, violento y resentido dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de lograr resultados; ahora es el padre de una joven que se encuentra en aprietos, un padre angustiado por no poder estar con su hija en el momento que más lo necesita.

"Él les pegaba" dice de pronto, y la curiosidad te muerde un poco: ¿quién será él? "Por eso tuve que llevarme a Megan" quizá está refiriéndose al padre de la nena que cuida "Estaba lastimándola a ella también"

"CTU va a enviar a alguien a sacarte de ahí"

Ante esto, Kim pierde el poco autocontrol que le queda y reacciona de manera histérica:

"No quiero que manden a nadie, quiero que vengas vos a ayudarme" podría sonar como el capricho de una adolescente malcriada, pero no lo es en absoluto: ¿qué chica no querría a su padre para consolarla y sacarla de apuros en un momento como aquel?

No podés evitar divagar un poco en el océano de pensamientos que se agita en tu cabeza: ¿habrán sido siempre así las vidas de Kimberly y Teri Bauer?, ¿habrá estado Jack siempre muy ocupado poniéndose al servicio de su país cada vez que su esposa e hija lo necesitaban, sea para algo grave como esto o para algo pequeño como ayudar con una tarea escolar o con un quehacer de la casa como pintar la cerca del jardín?, ¿serían esos momentos de ausencia y abandono obligado parte de los remordimientos que lo carcomen hoy que su mujer ya no está y su vida y la de su hija no dejan de ser constante y drásticamente sometidas a cambios?

"Quiero que vengas y que me ayudes, papá. Creen que mate a Carla" Carla, Carla debe ser la otra persona que el hombre al que Kim se refirió estaba lastimando. Probablemente su esposa, la madre de esa nena, Megan "Te necesito acá ahora, papá"

Para tu sorpresa, Jack deja de prestarle atención y se dirige a vos:

"Michelle, ¿estás ahí?" pregunta.

Te avergüenza un poco admitir que te quedaste en línea escuchando una conversación tan privada:

"Sí"

"¿Qué está diciendo Faheen ahora?"

Prestas atención al audio que llega proveniente de los puertos de sonido instalados en el avión, y notas que – en susurros – Nina y Faheen están hablando.

Lees lo transcripto por la intérprete.

"Nina está diciéndole a Faheen que tiene un plan para salvarlo"

En cuanto el nombre de la asesina de su madre es mencionado, Kim interviene en la conversación, sonando confundida y desorientada, más que antes:

"¿Papá?"

"Kim, espera, por favor... ¿Qué están diciendo ahora?" la pregunta va dirigida a vos, por supuesto.

"No podemos captarlo, el audio está muy bajo" es apenas un largo murmullo que con mucho esfuerzo puede distinguirse.

Jack vuelve a hablar:

"George, necesito que ayudes a Kim ahora. Invalida la autoridad local, sacala de Los Angeles"

"Considéralo hecho"

Y luego de las palabras de tu jefe, se sucede rápida e inesperadamente una serie de eventos difíciles de comprender si se cuenta con audio pero no con imagen, pero los gritos pidiendo ayuda, las respiraciones agitadas y la discusión a viva voz no dejan lugar a dudas: de alguna manera, mientras Jack estaba distraído tratando de manejar la situación de su hija, Nina asesinó a Mamud Faheen, pero no antes de que éste le dijera dónde está la bomba.


Te enteras luego de cómo sucedió, cómo aprovechando la ocasión Nina, después de haberle sonsacado a Faheen lo que necesitaba saber, se abalanzó sobre él y utilizó una tarjeta de plástico que probablemente tomó cuando estuvo en la tienda de antigüedades sin que nadie la viera para cortarle el cuello. Faheen murió desangrado, y con él se fue también a la sepultura la información sobre la bomba, información que ahora recae pura y exclusivamente en manos de Nina, información que seguramente quiere utilizar para obtener algún otro beneficio a cambio además del perdón presidencial que le concederá la libertad.

Obviamente, que Faheen esté muerto no es bueno para la CTU, y que Nina tenga en su poder claves fundamentales y posiblemente ganas de negociar es aún peor, por lo cual dedicas los siguientes minutos a escuchar con detenimiento las grabaciones de los últimos minutos de vida de Mamud Faheen.

Lo único que puede distinguirse es ruido, ruido y más ruido, mezclándose con susurros que en realidad son más ruido que otra cosa. Sin embargo, luego de un rato, logras descifrar algo que podría serles útil.

"Señor Mason" llamas a George luego de haberte segurado que lo que encontraste sirve; se acerca a tu escritorio "creo que encontré algo en la grabación de Faheen" te mira con ojos curiosos "Un nombre" explicas "Marko Khatami" le das los auriculares para que él mismo escuche entre la maraña de palabras inteligibles como Faheen claramente se refiere a esa persona.

"¿Lo verificaste" pregunta.

"Sí, y está conectado con Syed Alí"

Tanto vos como él están pensando lo mismo: cada vez más flechas apuntan a Syed Alí.

Justo en ese momento, el joven empresario musulmán que un rato antes llegó a la CTU para ser interrogado aparece en escena, custodiado por dos guardias, y al verlo, sucede algo que jamás pensaste verías acontecer: George Mason, por alguna razón, se sale completamente de sí, pierde los estribos, pierde cualquier autocontrol y como una fiera enfurecida se arroja sobre el muchacho, lo toma de las solapas de la remera deportiva gris que viste, y – ante la mirada sorprendida de todos – empuja su cuerpo contra la pared y comienza a gritarle desesperado a la par que lo zarandea con violencia:

"¡¿Dónde está la bomba?!"

Los gritos siguen, y a los de George se suman los del joven.

"¡Suélteme, déjeme en paz! ¡Está loco, yo no sé nada!"

"¡¿Dónde está la bomba?!"

Antes de que George pueda hacerle más daño atrapado como está en su repentino e inexplicable estado de incontenible ira, Tony interviene, los separa y cruza con Mason una serie de palabras que no llegas a captar.

El comportamiento de tu jefe te preocupa, y mucho. Hay algo raro; lo notaste antes. Algo está sucediendo con él. Hace una hora un joven rubio y fornido fue a verlo, subió a su oficina y estuvieron hablando por lo menos unos quince minutos, y luego de que se fue George estaba bastante irritable. Además, pueden verse señales físicas de que no se encuentra bien: su rostro está enrojecido, de tanto en tanto su cuerpo completo se baña en sudor, sus estados de ánimo están a la deriva, y ahora de golpe se desata de esta manera...

Algo anda mal.

Jack te dijo que estaba empezando a dudar de la capacidad de George para dirigir la CTU en un día como hoy, y estás empezando a pensar lo mismo.


Son las tres de la tarde con cincuenta y cuatro minutos de un día que no acaba, y de un día que bien podría ser el último.

Sentada en tu escritorio, frente a la pantalla de la computadora, con un auricular en una mano y la cabeza apoyada en la otra, largas un suspiro cargado de emociones que ni siquiera tenés fuerzas para separar, clasificar y analizar y solamente podés tragártelas junto con las lágrimas que quisieras poder llorar o tratar de eliminarlas de a poco de tu cuerpo mediante suspiros.

Ves por el rabillo del ojo a Tony acercándose hacia tu estación de trabajo. Cuando llega y su cuerpo está a sólo medio metro del tuyo, sentís como tus músculos se tensan y la garganta y el corazón se te contraen. Cuando da la vuelta para posicionarse a tu lado y se inclina de forma tal que su respiración se mezcla con la tuya, todos los síntomas del enamoramiento agudo que ¿sufrís? se intensifican.

"¿Pudiste sacar algo más de esa grabación de Faheen?" por el tono de voz que emplea y lo obvio de la pregunta te das cuenta que en realidad no fue hasta ahí para hablar de esto.

Quizá estés imaginando cosas, quizá es tu necesidad de sentir que le importas y que te tiene en consideración, pero la verdad es que algo te dice que si está ahí es porque quiere verte, estar cerca, ver cómo estás vos.

"Es 99% ruido" comentas de manera casual, rogando que no se manifieste fácilmente lo que estás sintiendo por dentro, las ganas que tenés de abrazarlo, de tenerlo cerca siempre, de confesarle todo de una buena vez por todas, de que muestre algo de interés por vos y te haga sentir tan amada como vos querés hacerlo sentir a él.

Y entonces, sucede. Tardó en llegar, tuviste que esperar, pero al final, sucede:

"¿Cómo estás?"

Ahí está. Lo que querías escuchar. Lo que llevabas esperando escuchar desde que regresó casi una hora atrás. Está preguntándote cómo estás vos, está interesándose por vos, teniendo en cuenta tus sentimientos, queriendo ver dentro de tu alma.

Tardó en llegar el momento en que se acercara y entablara la misma clase de conversación dulce, íntima y privada que vos iniciaste cuando él fue a refugiarse a la pequeña sala de descanso después de enterarse que Paula no sería trasladada al hospital y - presintiendo que necesitaba cariño y contacto humano - lo seguiste y te quedaste a su lado acariciándole la espalda hasta que se calmó un poco y se sintió mejor.

Tardó en llegar este momento, sí, el momento en que de a poco desnudara aún más sus sentimientos delante de vos.

Pero llegó.

Ahí está, preguntándote por tu estado, interesándose por vos, queriendo escuchar lo que sea que tengas para decir, dándote la oportunidad de abrirte, de sincerarte, de aliviar un poco el peso que cargas en los hombros. No es una pregunta de cortesía, no es una pregunta trivial ni de esas que se hacen porque deben hacerse, y eso podés sentirlo en la manera en que te habla y en la forma en que te mira.

Tardó en llegar, pero ahí está: el momento en que él con sus acciones te demuestra que se preocupa por vos tanto y tan profundamente como vos te preocupas por él.

Al final, llegó.

Tardó, pero llegó.

Al final, llegó.

Ladeas la cabeza a un lado, apoyando la mejilla derecha en tu mano sana, y clavas tu mirada en la de él; si los ojos son la ventana del alma, querés asegurarte de que sepa que esa ventana para él siempre está abierta.

"Estoy quedándome sin energía" confesas en un susurro débil y esbozando el fantasma de una casi-sonrisa que más bien es una mueca delicada cargada de cansancio.

El cuerpo te duele demasiado; vos también sos una de las víctimas de esa explosión, y si bien saliste con secuelas menos graves que otros, lo cierto es que no hay uno solo de tus músculos que no esté gritando en agonía. La cabeza se te está partiendo, la mano lastimada late con fuerza contra el vendaje y sentís la sangre acumulándose en las venas surcadas por las heridas. Estás cubierta de polvo y no lucís para nada atractiva, tenés el cabello lleno de hollín, la piel de color marfil amarillento – tan exótica, tan rara tu piel – ennegrecida por el humo. Estás haciendo todo lo posible por resistir, pero lo cierto es que ya no aguantas más.

Estás quedándote vacía, de a poco y dolorosamente.

"¿Por qué no vas a comer algo?" sugiere, y su consejo es uno que sin lugar a dudas podrías seguir; lo último sólido que ingeriste fue esa rebanada de pan con manteca para acompañar el café con leche de esta mañana, y desde ese entonces no volviste a comer nada más. Pero no tenés hambre, no podrías tragarte nada, no al menos sin después ir y vomitarlo como te sucede cada vez que tu anatomía entera está a merced de tu sistema nervioso. Estás tensa, preocupada y con cantidades excesivas de ansiedad corriéndote por las venas, por lo cual tu estómago y garganta están cerrados.

"No, estoy bien" decís suavemente, con la mirada aún clavada en la suya, tratando de encontrar tu reflejo en tu espejo favorito - sus ojos -; aún cuando sabés que la imagen que ese espejo devolverá no te va a gustar, reflejado en sus ojos cualquier mal puede parecer mil veces más leve, se te ocurre.

"Está sangrándote el cuello" comenta de pronto, y lo próximo que sentís quemándote la piel es su dedo moviéndose en forma de caricia en tu cuello, muy despacio y con dulzura, tal y como lo hizo sobre tus nudillos hace un par de horas.

Te gustaría quedarte quieta y ver qué tan lejos es capaz de llegar con los mimos, pero en un gesto estúpido de tu parte levantas tu mano y la llevas al cuello para acariciar el dorso de la suya, logrando que el movimiento brusco haga que las caricias se detengan y el contacto se rompa.

Tocas la sangre seca, y sentís un gusto amargo en la boca.

"Es la sangre de alguien más" decís, sintiéndote de pronto incómoda: no querés hablar de esto con él, no acá, no ahora, no cuando tenés que mantenerte compuesta y no podés quebrarte y dar rienda suelta a lo que llevas dentro.

Debe ser la sangre de Paula. Debés haberte manchado con ella cuando te le acercaste para escucharla decir en balbuceos los volúmenes de los códigos cifrados. Pero no se lo vas a decir, porque sabés que la mención de Paula sólo le haría mal.

Lo oís suspirar pesadamente.

"Michelle" te enternece escuchar tu nombre cuando él lo pronuncia, especialmente si es con preocupación y ese algo que podría definirse como 'ganas de cuidarte' "Tomate unos minutos, andá a lavarte, cambiate de ropa... Vas a sentirte mejor" tus ojos están a punto de llenarse de lágrimas y los labios te tiemblan, lo sabés, pero no podés evitarlo: hace mucho tiempo que nadie te cuida de esta manera, y es una emoción tan linda y tan conmovedora que te puede en todos los sentidos.

Él también debe notar como las lágrimas pugnan por salir y el llanto grita para ser liberado, porque lo siguiente que te dice es exactamente lo que necesitas escuchar, lo que venís necesitando: una promesa, algo más a lo que aferrarte para no hundirte, otro salvavidas arrojado justo a tiempo.

"Michelle, vamos a sobrevivir a este día" sonríe tenuemente, y al ver la sonrisa que sin querer se forma en tu rostro, la suya propia se vuelve mucho más grande y hermosa.

No sabés qué decir, porque estás demasiado abrumada por sus palabras, por los fantasmas de sus caricias, por las vibras que emite, por todo lo que él representa. Simplemente seguís sonriendo y muy despacio te pones de pie, decidida a hacerle caso y a la vez necesitando dos minutos a solas para poder procesar tus pensamientos y tus sentimientos sin el riesgo de derrumbarte delante suyo.

Con el corazón latiéndote de manera desaforada te dirigís a los vestuarios de la CTU, con lo que Tony acaba de decirte repiqueteando en tus oídos con fuerza.

Vamos a sobrevivir a este día.

¿Y mañana qué?, ¿qué va a pasar cuando llegue mañana?

No sabés, pero algo te dice que si mañana llega, si los dos sobreviven, existe la posibilidad de que lo que sea que exista entre ustedes funcione.

Si sobreviven, van a tener la oportunidad de construir algo, cualquier cosa, lo que sea, lo que dé, lo que se pueda, juntos.

Vamos a sobrevivir a este día.

Tardó en llegar, pero llegó.

Esa promesa es lo mejor que te pasó en mucho, mucho tiempo, y es a lo que vas a abrazarte de ahora en más para seguir peleando, como si abrazando sus palabras emocionalmente estuvieras abrazándolo a él físicamente.

Vamos a sobrevivir a este día.

Mientras te duchas, las lágrimas corren libres por tus mejillas y se mezclan con el agua hirviendo que cae sobre tu cabeza y sobre todo tu cuerpo desnudo. La sensación de alivo físico y emocional te produce un placer casi tan grande como el que te causa él cuando tan inocentemente te toca.

Con el sonido de cada gota que cae al piso de cerámica o salpica en las paredes, sentís su voz llenándote, repitiéndose no en el interior de tu cabeza si no en las profundidades de tu alma, como si esa voz estuviera dentro tuyo, como si esa voz, esas palabras y esa promesa te pertenecieran y fueran parte de cada fibra de tu ser:

Vamos a sobrevivir a este día.